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Club Premier Solei Antigua -- Cuidado

Que onda jovenes tiempo sin poner temas, ni postear, pero siempre vigilando.

Pongo este tema para que los que utilizamos tarjetas de Credito, no nos traten de meter el huevo ciertas
empresas que se encargan de aprovechar de la ingenuidad de la mayoria de personas, asi
de gente honesta y humilde.

Hace no mas de 1 Hora me llamaron del tal Club Premier Solei Antigua, que tiene filiales en muchas partes de Guatemala y el Mundo que ofrecen estadia en Hoteles 5 Estrellas, que era una de las persona afortunadas en recibir un 1 gratis en el dichoso Hotel Solei la Antigua, lo unico que deseaban saber era si tenia tarjetas de Credito, no te piden el No. de Tarjeta, solo que vayas y escuches la charla de promocion y podes gozar un desayuno Buffet y el uso de las piscinas climatizadas y todas las instalaciones hasta las 5 p.m.,
Putsss. me dije puta alguien que te llegue a ofrecer algo asi, o es extorsion o es ESTAFA,
y que creen mucha, les dije que lo tenia que consultar con la dueña del pisto o sea mi esposa, y que me llamaran en aprox 1 hora y media, cuando colgaron llame al No. y en efecto te contesta una secretaria que te dice "Club Premier Solei, Buen dia",. puta y cuelgo, ya asi descarte lo de la extorsion pero todavia con dudas, y me dije esto es estafa, y me puse a investigar en el Todo Poderoso Google. y encontre el siguiente articulo es largo, pero vale la pena leerlo y que estemos enterados de este tipo de empresas, talvez no nosotros, pero algun pariente, amigo, o vecino, o si alguien nos cae mal no se lo enseñamos (modo HDP ON)

Club Premier Solei Antigua --  Cuidado


El club de los ESTAFADOS

Empieza con una invitación a almorzar y el ofrecimiento de una estadía gratuita en un hotel y termina con un deuda para el resto de la vida y una interminable batalla en la que el cliente lleva todas las de perder.

Todos conocemos a alguien al que han llamado por teléfono para darle la noticia de que se ganó una estadía en un hotel paradisíaco. No le indican cuándo se hizo el sorteo ni cómo llegó su nombre a la góndola, sólo lo invitan a una comida o cóctel para entregarle el premio. La condición: ninguna. Bueno, apenas dos: llegar con la esposa y las tarjetas de crédito.

“No las olvide, señor, por favor”.


Detrás del regalo –la historia también la conocemos– hay una presentación de varias horas en la que un grupo de persuasivos ejecutivos intentará venderle al visitante un paquete vacacional que le costará –no se lo dicen así, por supuesto– varios miles de dólares y lo atará a un contrato por un puñado de años. Hay historias con finales felices.

Viajeros que recorren el mundo con convenientes descuentos. Y también hay relatos de compradores que firmaron, se arrepintieron o se desencantaron con el servicio y resultó más fácil deshacerse de una maldición gitana que de la deuda y los compromisos adquiridos para buena parte de su vida.


Las llaman empresas de tiempo compartido y son compañías con un equipo de ventas que ya quisieran tener los políticos para ganarse adeptos con la misma efectividad que enganchan a los clientes. La diferencia es que en la política el precio de un mal voto se paga durante cuatro años. Con estos paquetes vacacionales, las personas contraen deudas hasta por medio siglo. Cincuenta años atadas a un contrato al que se adhirieron en un momento de inexplicable convicción o grave desesperación, y salir de ese atolladero bien librado será imposible. Aunque logre rescindir el contrato y cancelar el pagaré, le descontarán miles de quetzales por “gastos administrativos” que van desde la comisión por el uso de la tarjeta de crédito hasta el precio de las bebidas y la comida que consumió mientras oía la presentación, la comisión del vendedor que lo atosigó por varias horas y las llamadas telefónicas que le hicieron para invitarlo a escuchar la presentación.

estafa.


Bienvenidos al club de los estafados.
Sin registro y con quejas

Hace un par de semanas comenzó una campaña del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) para advertirle a la población de estas empresas, que aunque no son nuevas y tienen más de una década de operar en el país, se han mantenido a la sombra de las regulaciones y las sanciones. Las cuñas radiales conminan a leer bien los contratos antes de firmar y de asegurarse que la empresa esté registrada. Sólo una, de las seis que se sabe operan en el país, tiene permiso del Inguat para funcionar.


La campaña surgió por la presión de los clientes inconformes. Hay 182 denuncias de usuarios de tiempo compartido presentadas de enero al 3 de noviembre en la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor (Diaco). Hay decenas de denuncias en el Ministerio Público (MP), 18 quejas en la Oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH) y 60 casos registrados por una asociación de usuarios y consumidores cuyo caldo de cultivo para su formación fueron precisamente los inconformes con estos servicios turísticos.


Encontrar a los dueños de algunas de estas quejas no fue complicado. Además de la gente que yo conocía, integré una lista nutrida por medio de una convocatoria en Facebook y en Twitter. Los llamaré por su nombre de pila porque la mayoría me pidió que no mencionara sus apellidos y comenzaré por la historia de Cesia, una joven de 31 años cuya queja encontré en el portal en Facebook llamado “Yo quiero quejarme de”, que abrió la Comisión del Consumidor del Congreso.

Cesia es clienta de VCA, Vacaciones Centroamericanas, S.A., o Vacación Club of America, la empresa que más quejas tiene y que administra los hoteles Clarion Suites (capital) y Amatique Bay (Izabal).


Cesia llegó a la presentación del club sola y con dos tarjetas de crédito. Le preguntaron si le gustaba viajar y cada cuánto lo hacía, si le gustaría disfrutar con su familia de destinos inimaginables. Vio videos y fotos. Había música de fondo. El vendedor era sonriente y amable. Vio cómo algunos visitantes firmaban el contrato y les aplaudían. Todo era fiesta.


Cesia se sentía a gusto, pero sabía que no tenía los ingresos para comprar un servicio de ese tipo. Sin embargo, el tiempo avanzaba y el vendedor seguía al pie del cañón. Y ella nunca dijo “no”. Cuando eran casi las 11:00 de la noche le pidieron las 2 tarjetas de crédito “para darte el premio”. Cesia creía que no podían hacerle ningún cargo porque tenía poca disponibilidad de crédito. Pero para su sorpresa y susto, el vendedor volvió con los vouchers emitidos. En cosa de minutos, el banco había aprobado 4 extra financiamientos en cada tarjeta, en total Q20 mil 790. La joven asegura que no entiende dónde tenía la cabeza, pero finalmente firmó un contrato por 50 años y firmó un pagaré a VCA por Q49 mil 500 cancelables en 36 meses, además de otros gastos. En total, esta chica que no tiene casa propia y gana unos Q6 mil mensuales como optometrista debía pagar Q256 mil 680 por unas vacaciones que, en verdad, no soñó.


“Esa noche no pude dormir”, narra. Al día siguiente llamó a VCA para pedir que le cancelaran todo. Era sábado y le indicaron que debía solicitarlo el lunes. El lunes le dijeron que no había nadie disponible. A mitad de semana la comunicaron con un abogado que le pidió una carta dirigida a la junta directiva para que consideraran su petición.

Finalmente le contestaron que no era posible la cancelación ni la devolución del dinero. Cesia lo denunció en el MP, sus tarjetas están al límite y VCA la llama para recordarle las cuotas atrasadas y que pueden embargarle bienes.


El presidente de la Comisión del Consumidor y el Usuario del Congreso, Juan Alcázar, ha insistido en que se deben regular las operaciones de los que venden tiempo compartido. “No estoy en contra de estos negocios, pero que no lo hagan abusando de la gente”, afirma el diputado del Partido Patriota. Guatemala se suma tarde a estas peticiones. En otros países latinoamericanos estas empresas han sido denunciadas masivamente y sus actividades están bajo la lupa de las autoridades turísticas.


El Inguat descubrió este año que una resolución de 1991 obliga a registrarse a las empresas que venden tiempo compartido. La multa para los infractores es temeraria: Q1 mil y nunca se había impuesto. Ni siquiera cuando el diputado patriota Alejandro Sinibaldi fue director del Inguat, poco después de haber renunciado de VCA donde fue presidente.


Alcázar conoce de cerca las quejas de los que compran estos paquetes vacacionales. Su propia asistente, cuenta, cayó en la red de los arrepentidos. Entre las irregularidades detectadas por la comisión del Congreso se encuentra la rapidez con la que los bancos autorizan, fuera de horas hábiles y sin consultarlo con los usuarios, los extrafinanciamientos en las tarjetas de crédito. El ex y actual Superintendente de Bancos fueron citados por Alcázar en el Congreso para dar explicaciones. Ambos le ofrecieron indagarlo.


Pero las quejas que rodean al tiempo compartido comienzan previo a la venta, cuando invitan a la gente a la presentación. ¿Cómo consiguen los teléfonos? VCA, Full Service y Club Premier, las tres empresas con más quejas (en ese orden), aseguran que obtienen el contacto por medio de referidos o con promociones en centros comerciales. ¿Tienen acceso a las bases de datos de las tarjetas de crédito? Lo niegan rotundamente.


La subdirectora de la Diaco, Mónica Gramajo, coincide con las sospechas de muchos tarjetahabientes: que utilizan información recopilada por los emisores de tarjetas de crédito para contactarlos. Pero es una mera suposición, dice la funcionaria, porque no tienen pruebas.


Cuando era adolescente trabajé como vacacionista en una empresa de tiempo compartido. Se llamaba Royal Holiday.

Tenía que llamar por teléfono a la mayor cantidad de personas posible, con base en un manojo de hojas que me daba el supervisor. El listado detallaba el nombre, los teléfonos y las direcciones de las personas e incluía su límite de crédito en dólares. Era, en efecto, la base de datos de un emisor de tarjetas de crédito. A los 17 años yo me hacía pasar por licenciada y le decía a la gente que se había ganado una estadía de tres días en Cancún. Eran finales de los noventa, muchos se creían fácilmente el cuento. La empresa me pagaban Q800 al mes si lograba que 20 parejas de esposos, con sus respectivas tarjetas de crédito, escucharan la presentación de varias horas. Si no llevaban tarjetas, no contaban para mi registro. Y si compraban uno de los paquetes, yo ganaba Q400 de comisión por cliente. Los dos meses que trabajé para los mexicanos gané casi el triple del salario mínimo de aquella época. Que me perdonen los insatisfechos que aún tienen vigentes sus contratos.


Ricardo, un padre de 30 años, es otro inconforme con su contrato del tiempo compartido que le vendió VCA. Por teléfono me contó que en el momento de la negociación el vendedor le pintó otro panorama. Le dijo que el enganche de Q17 mil 470, que le debitaron una tarde de sábado, también por medio de varios extrafinanciamientos, se lo cobraría el banco “en 10 cuotas” y que los pagos de Q900 que accedió a hacer durante 36 meses se pagarían solos si les refería a una treintena de amigos que se hicieran socios. “De 10 que vienen, 6 se quedan con nosotros”, le aseguraron.


Lo primero era mentira y lo segundo, irreal. Firmó un contrato por US$8 mil, a 50 años, y como Cesia tuvo que contratar a un abogado y hacer una denuncia en el MP porque no le autorizaron la anulación a pesar de que no usó los servicios. La constante en las entrevistas para este reportaje fue la frase de los arrepentidos “no sé cómo me convencieron”. A menudo en la Diaco se escuchan comentarios como “creo que me hipnotizaron o me echaron algo en el trago”. El extremo es negado por los empresarios y no encuentra eco en las instituciones que reciben las quejas. Lo que hay detrás, aseguran, es una exhaustiva labor de ventas.


Los contratos y los pagarés son legales y válidos. Todo está en orden, resalta Mauricio Bosch, el delegado de la Defensoría del Medio Ambiente, Consumidor y Usuario de la PDH, que ha dado acompañamiento a 18 denuncias. Pero la gente, especifica, se queja de lo que sucede antes de firmar: “Los acosan, los intimidan, los cansan”.


Las personas entran a las presentaciones a las 19:00 horas. Es casi medianoche y el discurso no se acaba. “Y el guatemalteco, que no sabe decir no, accede, firma y después cae en la cuenta”, lo describe Bosch. La mayoría de guatemaltecos también desconoce que la ley de la Diaco, decreto 06-2003, en el artículo 51, permite el derecho de retracto hasta 5 días después de firmado el contrato. Pero las empresas no están interesadas en hacerlo valer y, una vez pasado ese plazo, la denuncia en la Diaco es casi inútil y la empresa lleva las de ganar.


La Diaco, al recibir la queja, cita al cliente y al empresario para promover la conciliación. Si no se logra, el caso pasa al departamento jurídico y, si ahí no se consigue nada a favor del cliente, este tendrá que recurrir a la vía judicial y el trámite será eterno. La Diaco puede multar a la compañía, pero esta puede impugnar. Este año la Diaco ha multado por más de Q300 mil a VCA, pero ninguna sanción está firme ni ha sido pagada.


En la mayoría de acuerdos el cliente accede a perder el pago inicial (enganche) a cambio de que lo libren del contrato y el pagaré, explica Gramajo. Igual pasó en los casos que recibió la PDH. Gramajo calcula que la gente pierde en promedio Q5 mil. El contrato que firma el cliente, de hecho, faculta a la empresa a quedarse con todo el dinero entregado.


Emílser Cruz, el presidente de la Asociación de Consumidores y Usuarios de Guatemala (Acusgua), cuenta que su oficina ha conocido 60 quejas: 28 se resolvieron porque la gente aceptó perder el pago inicial. Otros aceptaron que les compensaran el dinero con pases de cortesía en algún hotel, y 12 personas siguen pidiendo el reembolso total. Entre los afectados hay mercadólogos, abogados, psicólogos, jubilados. Capitalinos y gente que viajó desde el interior. Jóvenes y adultos mayores.


Emílser (que en octubre obtuvo la autorización de la Gobernación Departamental para que funcione su asociación) azuzó el mes pasado a varios quejosos para plantarse frente a las oficinas de VCA y exigir la resolución de los casos.

Amenazaron con ingresar a la fuerza. VCA supone que el muchacho de 27 años cobra comisión por los casos resueltos, pero no tiene pruebas. El joven, cuya oficina también alberga al sindicato de albañiles, admite que recibe “pequeñas colaboraciones voluntarias”.
inconformes

Todas las empresas que venden tiempo compartido documentan con grabadoras de voz las negociaciones con los invitados a las presentaciones. Manuel Alejandro Castillo, representante de Corporación de Servicios Integrales Latinoamericanos (la comercializadora de Full Service), asegura que está por instalar cámaras de video para cubrirse doblemente las espaldas por las quejas.


Pero ¿por qué las quejas? ¿Por qué incluso hay un grupo en Facebook cuya fundadora lo llamó “Estafados por VCA” y es un rosario de quejas contra los tiempos compartidos? Hugo Ángel, el gerente y representante de VCA, dice que las estadísticas de su industria demuestran que el 10 por ciento de los que compran se arrepiente al día siguiente.


Ricardo Estrada, gerente de servicio a socios de Club Premier (hoteles Soleil en Antigua Guatemala y el Pacífico), afirma que la explicación es que hay personas que se dan cuenta de que no salen de vacaciones tan seguido y prefieren gastarse el dinero en otra cosa. Manuel Castillo –o Édgar, como se presenta ante los clientes– asegura que las quejas contra Full Service fueron generadas por la campaña de la Diaco y del Inguat.


Según Ángel, VCA tiene 500 invitados a sus presentaciones al mes, de los cuales de 100 a 150 se hacen socios (el 30 por ciento). El año pasado, cifra, la empresa logró 1,500 ventas, así que la cantidad de 90 quejas en la Diaco incluso es menor que el 10 por ciento que tienen previsto.


Según sus directivos, VCA tiene cinco mil socios; Full Service, mil; y Club Premier, 6 mil 150. Las tres empresas aseguran que resuelven todas las quejas e inconformidades con prontitud, que “a la fuerza no tienen a nadie”, pero a juzgar por los testimonios recabados para este reportaje, los clientes encuentran más trabas que facilidades para rescindir el contrato.


En la búsqueda de quejosos también apareció gente como Carol, una mamá que aunque nunca intentó retractarse, no pudo usar el servicio. “Nunca conseguimos juntar el dinero para los boletos”, cuenta. “Estábamos recién casados, con una hipoteca. Fue una pésima compra: no teníamos el nivel económico para este tipo de vacaciones”. Patsy sí lo usó hace varios años en Alemania. El hotel disponible más cercano quedaba en “Gemünd”, un rincón del mundo al que sólo se llegaba en tren y estaba lejos de los atractivos turísticos. Fue su debut y despedida del tiempo compartido.


Hugo Ángel, de VCA, subraya que el tiempo compartido es una industria que ha invertido US$100 millones en Guatemala, que promueve el turismo local y externo, y genera más de 650 empleos directos.


Detalla que el perfil del que se hace socio de su club es un guatemalteco de 30 a 45 años, de nivel socioeconómico medio con ingresos (por núcleo familiar) superior a US$2 mil mensuales, que vacaciona 2 veces al año internamente y una vez cada 2 años en el extranjero. Como destinos nacionales busca las playas del Pacífico, Panajachel, Antigua y Puerto Barrios, y afuera, prefiere Orlando, Cancún y Las Vegas.


Luis, un periodista que compró con su esposa el paquete más barato de Club Premier (US$3 mil 250), es de los contentos con el servicio. A menudo usan los dos hoteles de la empresa en el país para pasar el fin de semana. Pero para la gente como Ricardo y Cesia, a quienes endeudaron por varios años con la tarjeta de crédito sólo para cobrarles el pago inicial, pensar en vacacionar raya en lo absurdo.


Otros usuarios como Rodrigo, un veinteañero que firmó un contrato por US$2 mil con Green Way Vacation, también califican de mal acertada la compra. Las 2 veces que intentó comprar los boletos aéreos con los súper descuentos ofrecidos los consiguió más baratos en Internet. Otra vez quiso reservar un hotel y debía pagar más de US$300. Además le cobran US$100 al año por mantenimiento. “Al final hice cuentas que con el dinero que les di pude haber ido a Europa y conseguir los mismos descuentos por mi cuenta”, refiere.


Alcázar ya se ha acercado a directivos de VCA y Club Premier y los ha conminado a hacer valer el derecho de retracto de los clientes sin darles largas. Les pidió que se registren en el Inguat para que este tenga la facultad de fiscalizarlos y que registren sus contratos de adhesión (que los empresarios insistían en llamar mercantiles) en la Diaco para que sean revisados y autorizados o, de lo contrario, no serán válidos.


Según el diputado, las empresas se han mostrado anuentes a atender los requerimientos. La campaña, confía, también tendrá efecto: la gente estará más anuente a leer los contratos que le ofrecen, a meditarlo más antes de firmar y a exigirle los registros a sus proveedores. Las vacaciones, al final, son una compra emocional de algo que sólo está en un catálogo. Es como comprar aire, una imagen pintoresca en la imaginación que puede tornarse en tremendo dolor de cabeza en cuanto la persona baja de la nube y lea lo que acaba de firmar.


El tiempo compartido

Es el pago anticipado del hospedaje a futuro en algún hotel o condominio turístico. Por un precio fijo descontado y una cuota anual de mantenimiento se adquiere el goce de un período vacacional al año. Según el Inguat, en Guatemala funcionan 5 empresas que venden tiempo compartido con oficinas en el país y una sin dirección física. Sólo Club Premier Four Season está registrada. El Inguat ha recibido 17 quejas contra estas empresas y ya impuso 2 sanciones (a VCA y a Full Service).

La Diaco ha recibido 182 quejas distribuidas así:

• Vacaciones Centroamericanas, S.A.

(VCA, Vacation Club of América) 96

• Full Service Vacation Club & Travel
(o Vacaciones Sin Límite/Corporación
de Servicios Integrales Latinoamericanos) 45

• Club Premier Four Seasons/Vacaciones, S.A. 34

• Green Way Vacation 4

• Access CVM Group, S.A. 3

El año pasado la Diaco registró 96 quejas y 41 en 2008.
Lo que se firma

elPeriódico tuvo acceso a un contrato de VCA y a uno de Full Service. Ambos tienen las mismas cláusulas con pequeñas variaciones. Son contratos de opción de compra de acción de uso. Algunos cargos detallados en el de VCA fueron:

• Precio: US$6 mil 500

• Pago inicial: US$1,300

• A cancelarse con pagaré por medio de cargos a la tarjeta de crédito: US$5 mil 200
• Gastos de contrato: US$520

• Vigencia: 50 años

• Puntos asignados anualmente: 325

• Costo anual de socio usuario o mantenimiento: US$1 por punto (obligatorio el pago anual)

• Cuota anual de administración: US$59 (obligatoria)

• Cuota anual de afiliación internacional: US$112 (opcional a uso).

• Cuota por intercambio internacional: US$234 (opcional a uso). El servicio de VCA comienza desde que el usuario acepta su invitación y disfruta de la presentación de venta que puede incluir comidas y bebidas e incluso hospedaje en algún hotel escogido. VCA podrá hacer suyos los pagos recibidos (enganche, costos de contrato, capital más intereses) en concepto de arras, cubriéndose con ello en parte los daños y perjuicios causados.

ahora solo estoy esperando que me llamen para mandralos a la Mierd.......


y para que no sea tan CRAP

YAPAS



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