La urgente necesidad de vengar la afrenta del 18 de abril de 1942 sobre Tokio, la forma en que se debía devolver el golpe psicológico en el territorio metropolitano estadounidense, chocaba con la extraordinaria distancia a recorrer, ya que desde la capital japonesa hasta San Francisco hay en línea recta del orden de 8.500Km. Dos hechos se hallaban entonces contrapuestos para los sueños vengativos de los mejores estrategas navales y aéreos de Japón; de un lado, la lejanía del objetivo que se debía alcanzar con el máximo secreto, y, también, los medios a utilizar en ese ataque. Existía, además, el agravante de no contar con ninguna base de apoyo a mitad de recorrido, todo lo contrario que el enemigo, que se hallaba fuertemente asentado en las estratégicas islas Hawai.
Un experto meteorológico nipón, el doctor Fujiwara, buscaba en el verano de 1942 una forma efectiva de devolver a EEUU la afrenta de los aviones de Doolitle, que había significado algo más que una fortuita acción bélica contra el corazón de Japón. Fujiwara encontró la solución en el descubrimiento hecho por un colega suyo, el profesor Nakayama, dos lustros antes. En efecto, en 1932 y desde el observatorio de Takao (en la ocupada isla Formosa, hoy Taiwán) se había descubierto una corriente de aire que a gran altura iba desde el mismo Japón a las costas de Oeste de Canadá y EEUU., y que fue bautizada como “jet-stream”.



El doctor Fujiwara propuso entonces utilizar ese fenómeno de la naturaleza para el bombardeo del continente americano por medio de globos transoceánicos. Este experto había observado varias veces la fuerza real de la “jet-stream”, dedicando parte de su tiempo también al estudio detallado de las condiciones climatológicas del suelo metropolitano norteamericano en las cuatro estaciones del año. De esta forma elaboro un informe oficial, de lo que se podía leer como más significativo “Durante el verano, en el periodo en que la “jet-stream” es más débil, un globo necesitaría entre 7 y 10 días para atravesar el Pacifico. El porcentaje de los que alcanzaría su objetivo no sería superior al 20% de los globos lanzados. Durante el invierno, la travesía no duraría más de 2 o 3 días, y podría calcularse que un 60 o 70% de los globos alcanzaría el objetivo. La dificultad está en que durante el invierno impediría la propagación de los incendios. Tanto en primavera como en otoño el lanzamiento es prácticamente imposible.



Ensayos previos

Entre los 10.00 y 11.500ms de altitud, los vientos dominantes atravesaban el Pacifico de Oeste a este, en una velocidad que siempre varia en la época de mayores turbulencias entre los 150 y 300Km/h. La cuestión que se planteaba a los técnicos nipones era aprovechar al máximo ese autentico “regalo” de la naturaleza, ya que, lógicamente, de ser puesta en marcha la operación suponía no perder ni una sola vida propia al tratarse de globos libres. Entre Tokio y San Francisco, la corriente pasaba al Norte de las Hawai y a unos 1.500Km de la costa de California ascendía hasta Canadá, penetrando de forma irregular poco a poco en tierra metropolitana de EEUU. La idea en si, por lo insólita que era, cayó casi como una bomba en el sorprendido Estado Mayor Imperial. No obstante, y aunque pudiera parecer hasta infantil, era la única que permitía un ataque masivo sin riesgos a las mayores reservas forestales del enemigo.



Sobre cálculos teóricos, se pensó que bastaría con situar un globo libre a la altura media precisa para que el mismo viento los trasladara por si solo desde el territorio nipón a la costa occidental estadounidense. Era preciso entonces que cada globo llevara cargas explosivas capaces de provocar daños apreciables en su caída, sobre todo en los inmensos bosques que el Hidroavión I-25 había atacado en un par de ocasiones. Aunque desde el punto de vista militar no se esperaban grandes resultados, era preciso mantener una campaña intensa y continua de bombardeo aerostático para dar al pueblo norteamericano la sensación de estar siempre bajo el peligro de las bombas japonesas. Había que esperar que, dado la ley de posibilidades, algún artefacto provocara incluso incendios de mucha importancia o daños en una fábrica vital.



Tanto el ejército de Tierra como la Armada se mostraron de acuerdo en lanzar globos a la inmensidad del océano Pacifico y ver qué resultados prácticos se lograban. En noviembre de 1943 era efectuado el primero de los ensayos desde la base de Osawara, aunque nunca se logro descubrir el resultado de este intento previo. Cundía el desaliento entre los promotores de la idea, y hasta abril de 1944 no de realizo la segunda prueba. Para verificar la eficacia real del vuelo, un avión de gran autonomía siguió al nuevo globo en parte del recorrido, y, hasta ese límite, si fueron satisfactorias las pruebas del arma aerostática. El proyecto logro de esta forma el visto bueno del alto estado Mayor Imperial, dando al general Sueyoshi Kusaba plenos poderes. Este prestigioso militar se rodeo de un escogido equipo de científicos, técnicos industriales y expertos en explosivos.



Dos tipos de globos

Para hacer frente a los primeros gastos del proyecto, Kusaba recibió un presupuesto de 9 millones de yens (equivalentes a 2 millones de dólares de la época) además de ciertas prioridades en la industria de su país. Esa cantidad se quedaría pronto pequeña a medida que se elevaban los costos y que la investigación fue avanzando, hasta transformarse en la fabricación en serie y comenzar la acción operativa en masa. El general Kusaba se enfrento al problema técnico más serio de la cuestión, cual era impedir que los globos pudieran sufrir pérdidas de hidrogeno apreciables. El siguiente suponía que de una forma automática debían permanecer en vuelo entre 10.000 y 11.500 ms de altura. Para solucionar el primer obstáculo, la industria nipona comenzó a fabricar globos libres de 10m de diámetro (con un volumen de 18.000pies cúbicos en total) capaces de llevar 90Kg de lastre, un ingenioso mecanismo automático para mantener la altitud media deseada y un total de 50Kg de material agresivo. Suponía hasta cierto punto una revolución en el campo aerostático, ya que en esos globos no se producía la más mínima fuga de gas.



La envoltura especial que los cubría se componía de una serie de capas de un papel de pergamino tratado con cola vegetal (Sucedió entonces que todo el hielo y las existencias de “Konnyaku” –un condimento gelatinoso utilizado para cocinar- desaparecieron del área metropolitana de Tokio. El segundo servía de cola para la envoltura de los globos, y el hielo era preciso para proceder a la fabricación de aquellos a -55º C, la temperatura más extrema a soportar en el largo vuelo. Como, por otra parte, los globos debían ser muy sólidos, el general Kusaba dio orden de requisar todo el papel de buena calidad que fuera posible) elástico e impermeable, suficiente para no dejar pasar la menor cantidad de hidrogeno con que se debían inflar los globos. De este modo, eran capaces de aprovechar al máximo las excelencias del mecanismo automático. La solución al segundo problema técnico, antes apuntado, llego mediante este sistema, basado en soltar 3Kg cada vez que se descendía por debajo de la cota de 10.000ms, al dar la correspondiente alarma un aparato que diferenciaba las capas barométricas. Nada mas perder peso, el globo podía ascender a la apropiada capa atmosférica. En el caso inverso, esto es, si subía más allá de los 11.500ms, el mecanismo automático abría una válvula que dejaba escapar una pequeña cantidad de gas.



La distribución de material agresivo era la siguiente: tres bombas explosivas de 15Kg cada una y otra de 5Kg, de tipo incendiario. Según lo calculado por los técnicos japoneses, el sistema de bombardeo a utilizar se basaba en la necesidad de que cuando el lastre se acabara los globos debían estar ya sobre territorio continental de EEUU. De esta forma, la regulación estaba pensada calculando la velocidad media de desplazamiento del inmenso Pacifico. El Ejército inicio la fabricación de globos con el modelo A y la Armada con el B. Básicamente eran dos tipos iguales, ya que se diferenciaban solo en la forma de ser manufacturados. Un total de 9.000 globos fueron preparados por el Ejercito, y la otra arma tradicional desde siempre se quedo en la modestia cifra de 300 unidades, concediendo de hecho mucha menos importancia al proyecto que, dicho sea de paso, fue llevado con absoluto secreto por ambas parte.



Primeras ofensivas

Bien avanzada la primavera de 1944, en mayo, el general Kusaba ordeno el lanzamiento de la oleada inicial, compuesta por 200 globos, y en un mismo día. Por causas que aun hoy se desconocen por completo, el experimento fue un rotundo fracaso, ya que ni uno solo de los globos llego al continente americano. Al haberse perdido por el camino todas las armas aerostáticas enviadas, Kusaba mando revisar a fondo el proyecto, lo que le obligaba a un aplazamiento del mismo por tiempo indefinido.

En julio de 1944 caía en poder de los estadounidenses el archipiélago de las Marianas, desde donde sus B29 iban a atacar el Japón a partir de noviembre por medio de la XX Fuerza Aérea. Los nipones se hallaban ya en una desesperada lucha defensiva en todos los frentes, y el asunto de los globos parecía olvidado por los altos jefes. No obstante, Kusaba logro autorización para un nuevo lanzamiento. El 1 de noviembre se enviaba otra serie de armas aerostáticas, medio centenar en total. El general japonés y sus colaboradores esperaron ansiosamente el resultado del perfeccionado globo, creyendo que la prensa de EEUU se haría eco de ciertos incendios y desastres. Calculando una velocidad media de 200Km/h, Kusaba estimo que los primeros globos debían caer con su mortífera carga alrededor de 48h después de salir de Japón.



El 4 de noviembre, un buque de vigilancia de la US Navy recogió cerca de la costa californiana un gran trozo de tejido flotando en la superficie del agua. Un marinero trato de recuperarlo con un gancho, y al no lograrlo por exceso de peso de la extraña envoltura, corto los cabos e izo el tejido a bordo, lo que provoco, sin saberlo aun, el hundimiento de la carga agresiva y el mecanismo para mantener la altitud. Diversos caracteres japoneses se veían en lo que parecía ser un globo libre, y ello puso sobre aviso a la armada, que a su vez paso la novedad de forma confidencial al FBI y al servicio de Guardia Forestal. Era preciso que se avisara inmediatamente desde puntos desde puntos donde debían caer los globos enemigos, a fin de recuperarlos si ello era posible, incluso intactos. Se trataba de estudiar con detenimiento lo que debían estar tramando los nipones con aquellos extraños envíos.

Dado que su única fuente de información era la prensa de EEUU el general Kusaba aguardaba nervioso el mas mínimo dato, y ese llego por fin el de 5 de noviembre cuando un periódico informo del descenso de ciertos “extraños globos” en las montañas del estado de Montana, en unos puntos geográficos situados a 850Km en tierra adentro desde la costa del pacifico. Aquella novedad lleno de entusiasmo a los nipones encargados de la extraordinaria guerra aerostática. No obstante, a partir de esta noticia nunca mas apareció la mas mínima mención a las bombas que portaban los globos enviados por el Japón, y lo mismo en las emisoras de radio, las autoridades de EEUU., fue a larga la que anulo todos los efectos sicológicos de la ofensiva aérea enemiga.




Temor a la guerra bacteriológica

Cuando comenzaron a producirse algunos incendios de origen misterioso en diversas regiones del Oeste de EEUU., tanto el FBI como los servicios de inteligencia del Gobierno de Washington tomaron cartas en el delicado asunto por orden del presidente Roosevelt. Enseguida se comprendió que los japoneses dependían por completo de la importancia cierta que pasaba con sus globos. Se imponía, pues, un cerrado mutismo a todos los medios de difusión de la época: prensa y emisoras de radio, que de inmediato colaboraron en la medida de los esperado. Los expertos estadounidenses se resistían a creer que sus enemigos amarillos pudieran emprender un plan tan costoso para hacer estallar una ridícula carga de bombas explosivas e incendiarias sobre territorio continental de la Unión. Luego, se entendió que era simplemente el orgullo herido del Imperio del sol naciente el que estaba en juego, para poder ofrecer alguna novedad ofensiva aceptable a su atribulado pueblo tras los continuos reveses del Pacifico. A un tiempo, se temió que los globos fueran portadores de terribles gérmenes patógenos, como inicio de una imprevisible guerra bacteriológica. Sin embargo, las draconicas medidas de seguridad tomadas demostraron que alrededor y dentro de los globos no habia cultivos microbianos altamente nocivos.



El miedo a una ofensiva con bacterias mortales fue precisamente lo que mas movió a los asesores del presidente Roosevelt a recomendar la prohibición expresa de todo tipo de noticias sobre el caso, y, tras lo ofrecido el 5 de noviembre por un diario, nadie más se atrevió a tocar la noticia, para desesperación de los técnicos nipones. De este modo, la censura resulto asombrosamente eficaz, llegando a ocultarse a la opinión publica incluso los escasos muertos que provocaron las armas aerostáticas. En efecto, el primer domingo de mayo de 1945 tuvo lugar un desgraciado accidente en la localidad de Lakeview, estado de Oregón. Ocurrió que unos excursionistas descubrieron un globo intacto, y, al ser manipulado de forma harto imprudente en un descampado por uno de los escolares, la explosión de las pequeñas bombas mato en el acto a una mujer y 5 niños. Realmente no es de extrañar la curiosidad infantil, ya que, en teoría, nadie debía saber nada del asunto, y de ahí ese trágico balance total de la ofensiva aerostática del Japón. El caso fue tapado, y ni una sola línea de lo sucedido llego a conocimiento del general Kusaba y su equipo.



El servicio Forestal de los estados Unidos de América anuncio después de finalizada la guerra que sus vigilantes habían recogido 334 globos con su carga de material agresivo aun intacta por fallos del sistema. A pesar de ello, no cundió precisamente el pánico entre la población civil, quedando todo en comentarios sueltos sobre ciertos incendios misteriosos que “alguien” provocaba en días sin tormenta… Un técnico nipón del frustrado ataque declaro, a finales de 1945, lo que habia señalado meses antes sobre la no difusión de noticias alarmistas en EEUU: si un pueblo acostumbrado a hacer grandes alborotos por las cosas más simples no habia dicho nada, significaba que los globos no habían llegado (No obstante, el servicio secreto de Japón logro captar el 19 de febrero de 1945 un comunicado de radio Shanghai que decía textualmente: El FBI americano ha hecho saber que unos globos que llevaban inscripciones japonesas han aterrizado en las tierras de Montana).


Todo un fracaso

En la Navidad de 1944 los expertos americanos habían logrado reconstruir por completo un globo enemigo, dibujando incluso detalles más significantes en varios planos. Así se sabía el peligro exacto que representaban. De forma esporádica, decenas de esas armas aerostáticas llegaban cada mes al territorio continental estadounidense, sin que ellos provocaran daños apreciables en bosques y propiedades. Con el nuevo año, como inocente “replica” del horror de los B29, los nipones seguían lanzando sus globos a la travesía del pacifico, aun ritmo que en abril de 1945 ascendió a 100 diarios, lo máximo de la ofensiva. El principal problema era la falta de información, e incluso saber si algunos globos llegaban al continente americano. Para solucionar en parte el obstáculo se inicio la construcción de varios globos de seda engomada, que debían acompañar a los de papel, portadores de bombas. De esta forma, cada lanzamiento masivo de globos fue acompañado por uno o dos especiales que llevaban un transmisor que emitía señales de radios. Pero la urgente medida hizo que casi todos los nuevos globos “vigilantes” cayeran al mar por filtraciones de hidrogeno. Los defectos de fabricación no fueron subsanados, y después del conflicto se descubrió que solo tres globos transmisores habían sido capaces de alcanzar la costa Oeste de EEUU.



El continuo fracaso en la comprobación de resultados hizo que Kusaba cayera en desgracia ante sus superiores, e incluso llego a ser formalmente acusado de derrochar el dinero del estado Imperial. Un comunicado del alto mando de Tokio señalo en un mensaje, que daba carpetazo final al asunto: Los globos no llegan a América. Los periódicos habrían hablado de ello en caso contrario. Los americanos no pueden mantener durante mucho tiempo el secreto.


1945

A comienzos de 1945 empezaron a reportarse en Norteamérica la presencia de globos y ruidos de extrañas explosiones desde California hasta Alaska. Un objeto parecido a un paracaídas cayó en Wyoming. Se encontró el cráter de una explosión rodeado de metralla. Un cazabombardero derribó un globo en Santa Rosa, California, otro fue visto en Santa Mónica y se encontraron restos de papel washi en las calles de Los Ángeles. Otros reportes comenzaron a llegar desde los estados de Washington , Oregón , Arizona , Idaho , Montana , Utah , Colorado , Texas , Kansas , Nebraska , Dakota del Sur , Dakota del Norte , Michigan , Iowa , incluso desde las afueras de Detroit , así como también desde México y Canadá . La Armada de Estados Unidos reportó el hallazgo de globos flotando en el océano.

Se calcula que de los 9 000 globos que se lanzaron, 1 000 llegaron a territorio norteamericano, aunque sólo se tiene registro de 285. La prensa comenzó a escribir sobre los "Globos Misteriosos", pero la Oficina de Censura del gobierno estadounidense les ordenó guardar silencio, de igual manera lo hizo con las radioemisoras. Los japoneses no deberían enterarse de la extensión de su ataque. Lamentablemente uno de los globos bomba fue descubierto por unos niños que acampaban en los bosques de Oregón, el cual explotó cuando trataban de arrastrarlo hacia su campamento, matando a 5 de ellos más un adulto. Fue de ésta forma que el público comenzó a enterarse del ataque.



Las autoridades estadounidenses temían además de las explosiones, la posibilidad de un ataque bacteriológico, ya que conocían el desarrollo de esta terrible arma en las fuerzas del Eje. Se hizo urgente localizar el origen de estos globos bombas que parecían venir de ningún lado.
Al principio de desechó la posibilidad de origen desde el Japón, por la gran distancia existente. Se especuló con la posibilidad del lanzamiento de globos desde submarinos japoneses, cuyo uso, presencia y ataques en la costa oeste ya había ocurrido en tres oportunidades. También se pensó en una acción de agentes alemanes o de estadounidenses de origen japonés.

Los servicios de inteligencia y propaganda japoneses comenzaron a emitir programas donde se hablaba de grandes incendios, de 10.000 muertos y del pánico existente en la población estadounidense. La Fuerza Aérea estadounidense seguía tratando de interceptar los globos, con poco éxito, debido a la gran altura y la sorprendente rapidez con que se desplazaban. Lograron derribar alrededor de 20 globos.
La Unidad Geológica Militar (MGU) dependiente de la Inspección Geológica de los Estados Unidos comenzó a investigar el origen de la arena que contenían los sacos de lastre de algunos globos recuperados, llegando finalmente a ubicar unas playas en la isla de Honshū , en el archipiélago japonés, como su lugar de origen. Seguidamente la Fuerza Aérea estadounidense reconoció fotográficamente el área, descubriendo las instalaciones industriales de producción de hidrógeno para los globos, las que fueron rápidamente bombardeadas y destruidas. Esto significó el fin de la producción de globos bomba. El último fue lanzado en abril de 1945, terminando así un ataque que duró 5 meses.



Efectos del bombardeo

La efectividad de los bombardeos no fue alta. El hecho real es que de entre los globos que lograron penetrar en el territorio metropolitano estadounidense hubo demasiados fallasen las bombas que portaban, por no estallar al tomar contacto con el suelo. El hecho de haber sido lanzados al comienzo del otoño tuvo casi ningún efecto de incendios en los bosques norteamericanos como se esperaba, al estar éstos húmedos. Sin embargo el área que alcanzaron fue notable. Las víctimas reconocidas alcanzaron a 6 civiles, y solo por descuido de éstos.
Las cifras conocidas son incongruentes. Japón reconoce haber lanzado cerca de 900 globos, mientras su propaganda hablaba de 9.300 lanzamientos efectuados entre el Ejército de Tierra y la armada, los técnicos de esas dos armas calcularon que al menos un 10% tendría que haber alcanzado el territorio enemigo. Los Estados Unidos por su parte registran 285 casos.

Los más sorprendente es que así coincidieron con el informe definitivo que hizo público el FBI en 1946. A pesar de los esfuerzos hechos en abril y mayo del año anterior, cuando los bosques del Oeste estaban secos y son muy inflamables, la realidad es que apenas hubo incendios de verdadera importancia económica en las grandes reservas forestales de Montana y Oregón.
A pesar del tiempo transcurrido todavía se han encontrado bombas sin explotar, una en Diciembre de 1955 y otra en 1992 ambos en Alaska denunciado por cazadores que las descubrieron, todavía estaban activadas para explotar siendo aún un peligro potencial para la población.



La "estrategia del silencio" en la prensa y radio sobre los bombardeos tuvo efecto entre los militares japoneses, que solo se enteraron de la explosión de una bomba en Wyoming, comenzando a dudar de su efectividad.
Una de las bombas explotó en las cercanías de las instalaciones del proyecto Manhattan en el Laboratorio Nacional Los Álamos causando destrozos los que fueron reparados rápidamente. El 6 de agosto de 1945 la Fuerza Aérea estadounidense lanzó la primera bomba atómica en Hiroshima , lo que significó el fin de la guerra para Japón.
Aparte de los costos que llevaba la fabricación y lanzamiento de cada globo (a 800 dólares por unidad) para vengar la afrenta del primer bombardeo aéreo sobre Tokio, esa insólita forma de hacer la guerra supuso para el Japón una lamentable pérdida de tiempo y esfuerzos que podía muy bien haber dirigido hacia otras necesidades menos fantásticas, hasta constituir una operación tan curiosa como olvidada por la mayoría de los historiadores de pacifico

Fuente: Hazañas y secretos de la IIGM. Ediciones Mensajero/ J.M. Romaña




Espero les haya gustado el post, saludos!!