El don de fortaleza

El don de fortaleza


El don de fortaleza


“Sé para mí una roca de refugio,
un alc√°zar fuerte donde me salve;
pues mi roca eres t√ļ, mi fortaleza,
y, por tu nombre, me guías y diriges.
S√°came de la red que me han tendido,
que t√ļ eres mi refugio‚ÄĚ (Sal 31, 3-5).


Es la invocación del salmista en los momentos de peligro. Se dirige a Dios, y lo llama, de todas las formas posibles, como fortaleza.

S√© T√ļ mi roca, mi alc√°zar, mi baluarte, mi pe√Īa, mi refugio, mi apoyo, mi masada. ‚Äú¬°Dios m√≠o, l√≠brame de la mano del imp√≠o, de las garras del perverso y del violento! Pues t√ļ eres mi esperanza, Se√Īor, Dios m√≠o, mi confianza desde mi juventud. En ti tengo mi apoyo desde el seno, t√ļ, mi porci√≥n desde las entra√Īas de mi madre; ¬°en ti sin cesar mi alabanza!

Esp√≠ritu Santo, rev√≠steme con tu auxilio, s√© T√ļ mi escudo, no s√≥lo en la guerra que me hagan desde fuera, sino sobre todo en la guerra contra m√≠ mismo; que no decaiga en mi esperanza y me f√≠e de que T√ļ eres mi auxilio, quien me sostiene cuando voy a caer.

Guarda mi pie de caer en la trampa, la que me tiende el orgullo, el amor propio, la vanidad. Fortaléceme con la sencillez, la humildad, y si por mi frágil condición pruebo el sabor amargo de la infidelidad, tiende tu mano hacia mí y da fuerza a mis huesos y a mi voluntad para que siempre me levante.

Se necesita m√°s fuerza para levantarse que para no caer, es mayor la gracia que se experimenta cuando, humillado, surge la necesidad de volver al Se√Īor, que cuando se cree uno invulnerable.

Espíritu Santo, que nunca magnifique mi debilidad hasta el extremo de desconfiar de tu fuerza; que siempre, al menos, confíe en que contigo puedo volver a empezar.

Me impresiona la ense√Īanza del Papa Benedicto: ‚ÄúQueridos amigos, Cristo no se interesa tanto por las veces que flaqueamos o caemos en la vida, sino por las veces que nosotros, con su ayuda, nos levantamos. No exige acciones extraordinarias, pero quiere que su luz brille en vosotros. No os llama porque sois buenos y perfectos, sino porque √Čl es bueno y quiere haceros amigos suyos. S√≠, vosotros sois la luz del mundo, porque Jes√ļs es vuestra luz. Vosotros sois cristianos, no porque hac√©is cosas especiales y extraordinarias, sino porque √Čl, Cristo, es vuestra, nuestra vida. Vosotros sois santos, nosotros somos santos, si dejamos que su gracia act√ļe en nosotros.‚ÄĚ (Benedicto XVI, Homil√≠a en Friburgo, 2011)

Ven, Espíritu Santo, concédeme el Don de fortaleza para que al menos, siempre tenga el valor de levantarme.

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