El capitán se divertia con la azafata y el avión se estrel


El capitán se entretenía con una azafata y el avión se estrelló


Cuando el capitán llegó a la cabina, era demasiado tarde. El avión ya estaba descendiendo a gran velocidad en dirección al océano Atlántico. Los dos copilotos estuvieron llamándole durante más de un minuto para que acudiera a ayudarles, pero él no había acudido como le correspondía.


accidente



Era 31 de mayo de 2009 y el vuelo Air France 447 entre Brasil y Francia estaba a punto de convertirse en la peor tragedia de la aeronáutica desde los atentados del 11 de septiembre. ¿Qué fue lo que retrasó al capitán? ¿Podía haber hecho algo para evitar la muerte de los 228 pasajeros y 12 tripulantes?

La primera pregunta parece tener respuesta: según han informado fuentes a la cadena de televisión estadounidense ABC, el capitán Marc Dubois no estaba solo en el fatídico vuelo. Había invitado a estar con él a una azafata que no estaba de servicio llamada Veronique Gaignard.

brasil
Capitán Marc Dubois

Air France
Veronique Gaignard


Es algo que no han mirado las autoridades durante la investigación oficial del asunto, que comenzó el año pasado, cuando por fin se encontró el fuselaje del avión en el océano, y cuyas conclusiones se presentarán el próximo cinco de julio. Afirma Jean-Paul Troadec, el director de la Oficina de Investigaciones y Análisis (BEA por sus siglas en francés), la autoridad francesa a cargo de esta investigación, que "no le interesa la vida privada del piloto".

Es cierto que Dubois no había incumplido ninguna norma: estaba tomándose un descanso, como estaba estipulado, cuatro horas después del despegue. Pero el momento no podía ser peor: el avión se estaba adentrando en una tormenta terrible, ante la cual otros muchos vuelos habían cambiado el rumbo.

Una vez en ella, se rompieron los medidores de las sondas de velocidad, los tubos de Pitot, unos dispositivos con forma de pistola, que informan al piloto de la velocidad que lleva el avión. Cuando estos medidores se estropean, lo peor que se puede hacer es entrar en una tormenta: tanto si se va demasiado rápido como demasiado lento, el resultado suele ser fatal. Y lo que es peor, el avión está programado para que el piloto automático se desactive en cuanto se rompen.

Y no es solo que Marc Dubois no estuviera en la cabina porque estuviera, o no, con Veronique. Quien estaba al mando era un joven copiloto de 32 años llamado Cedric Bonin, inexperto para la tarea (solo tenía 5.000 horas de vuelo). Así que hizo lo que consideró oportuno: izar el morro del avión. Craso error. En cuestión de segundos, el avión empezó a caer verticalmente a 193 kilómetros por hora, hacia un área llamada con tino El Caldero Negro. La cabeza del avión, eso sí, iba ligeramente elevada.

vuelo 447
Cedric Bonin



Entonces fue cuando los copilotos empezaron a llamar a Dubois. Una vez, y otra y otra. Para cuando llegó, había pasado más de un minuto y se encontró con una confusión total: sus compañeros no se habían dado cuenta de que el avión caía a pique. El copiloto Cedric, por lo visto, pensaba que eran los instrumentos los que se habían roto. "¿Qué está pasando?", se pregunta según la caja negra. "¿Estoy descendiendo?".

El capitán se divertia con la azafata y el avión se estrel



No solo descendieron al nivel del mar: una vez bajo el agua siguieron bajando a una planicie abisal a 800 kilómetros de las costas brasileñas. Bajaron a 3.900 metros de profundidad, adonde no llega la luz, donde hasta las bacterias tienen problemas para vivir. Y las 240 personas que iban a bordo, el capitán Budois, la azafata invitada Veronique Gaignard y el bisoño Cedric, murieron.










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