Onganía y el derrocamiento de Arturo Illia


Hijo de pequeños productores agrícolas, Juan Carlos Onganía pasó a la historia como el dictador que se propuso gobernar la Argentina por cuarenta años. Quiso ser un nuevo Perón, ser el “padre” del pueblo argentino, pero la respuesta que recibió fue la pueblada cordobesa y apenas pudo presidir el gobierno nacional durante cuatro años.

Onganía había nacido el 17 de marzo de 1914. Egresado del Colegio Militar como teniente, llegó a general de Brigada a los 45 años, durante el gobierno del radical intransigente Arturo Frondizi. En el país de los golpes militares recurrentes, Onganía se hizo conocer a la opinión pública durante los sangrientos enfrentamientos al interior de la fuerza militar de 1962 y 1963, al encabezar a los llamados “azules”, que se suponía que defendían la legalidad constitucional y aspiraban a que el peronismo perdiera el carácter disruptivo y se integrara al sistema institucional del país, en contraposición de los “colorados”, que buscaban su directa eliminación.

El triunfo de los “azules” le valió a Onganía su promoción a Comandante en Jefe del Ejército. Pero aquéllos no sólo cedieron a las presiones al fomentar la proscripción del peronismo para las elecciones de 1963, sino que terminaron encabezando un nuevo golpe de Estado en 1966. La Doctrina de Seguridad Nacional, inspirada por el temor al enemigo comunista interno y una marcada ideología ultra nacionalista, católica y jerárquica, marcaron los pasos del gobierno autoritario que desplazó al radical del pueblo Arturo Illia de la presidencia.

La represión en las universidades, la censura cultural, la clausura de la actividad partidaria, una política económica ultraliberal que benefició a los grandes grupos económicos y el congelamiento de salarios, fueron los rasgos de la política de la autodenominada “Revolución Argentina”. Lejos de acallar a la sociedad, el rumbo de este proyecto dictatorial terminó por azuzar el caldero social y, muy pronto, estudiantes, obreros, empleados, productores agrarios, endurecieron las tibias protestas iniciales. Incluso la misma burguesía antes beneficiada quitó su apoyo al régimen.

En un país convulsionado en extremo, hacia mayo de 1970, un hecho trascendental terminó por cortar el delgado hilo del que pendía Onganía. Los Montoneros se hicieron conocer públicamente con el asesinato del ex dictador Pedro Eugenio Aramburu. Onganía ya no tenía aire. El 8 de junio era desplazado de su cargo. Desde entonces, se lo vio en algún acto oficial en los años de la Dictadura de 1976 y, tras el regreso de la democracia, recién en 1995 reapareció en los medios lanzando su candidatura presidencial. El sarcasmo terminó antes de comenzar. Pocos meses después, fallecía.

En oportunidad de la fecha de su fallecimiento y también del día en que fue derrocado por sus pares militares, reproducimos las palabras de Arturo Illia sobre los efectos del golpe que encabezara Onganía en junio de 1966, aparecidas en la Revista Inédito pocos meses después de producirse su derrocamiento.

Fuente: Revista Inédito, 26 de octubre de 1966.

"Todo ha sido destruido. Desapareció el sistema republicano, es decir, la República… Actuando como subproductos de cualquier matonismo totalitario, erigen un sistema tribal de gobierno, primitivo e infrahumano. Y casualmente se da como una de las excusas, la de combatir al comunismo. Pero contribuyen, por el contrario, a crear la previa mentalidad totalitaria, sirviendo –como todas las dictaduras- a facilitar el advenimiento de lo que dicen combatir. Como todos los aprendices de brujo, aparecen como mortales enemigos de las construcciones permanentes. Y así las improvisaciones, el aniquilamiento de la seguridad colectiva, la intimación y el miedo…"

Arturo Illia, octubre de 1966