“Mi amor, no te sientas mal… es que con ella tengo una fuerte conexión emocional!”, le dice Javier a su esposa, a la hora de justificar su infidelidad…
“Querido, no te preocupes… fue simplemente sexo salvaje”, se excusa Natalia con su novio, cuando él la encontró con su personal-trainer!


La infidelidad ¿sólo deseo o conexión emocional?


En cada uno de los casos: ¿Creen ustedes que Javier o Natalia dieron con la respuesta correcta?
Al unísono, y de manera intuitiva, es seguro que todos gritemos un contundente “NO!!!”.
¿Y por qué ambos se equivocaron? Porque Javier dejó en claro una conexión espiritual con su amante; mientras que Natalia, una meramente sexual… Y estos argumentos, a los oídos de sus parejas formales, resultan devastadores. Si Javier le hubiera dado a su mujer, la excusa de Natalia; y Natalia hubiera usado el argumento de Javier, no hubiera sido tan dramático! Porque al parecer, las mismas excusas funcionan diferente, si quien la dice y quien la escucha es hombre o mujer.
Un estudio reciente, realizado por los psicólogos Kenneth Levy y Kristen Kelly de la Universidad de Pennsylvania en Estados Unidos, parece sugerir que a la hora de la infidelidad y los celos, los hombres y las mujeres nos molestamos por sentimientos muy diferentes.
La investigación ha documentado que la mayoría de los hombres se sienten mucho más celosos cuando de infidelidad sexual se trata; mientras que para las mujeres es exactamente lo opuesto: los celos son mucho más fuertes cuando la traición involucra lo afectivo.
La primera explicación para este comportamiento es de tipo evolutiva: Los hombres aprendieron a lo largo de las eras a ser hiper vigilantes con el sexo de sus parejas, ya que nunca pueden estar absolutamente seguros de que son los padres de sus hijos. Por su parte, a las mujeres les preocupa mucho más que sus parejas estén absolutamente comprometidas en el cuidado y la crianza de su familia.
Si bien la teoría evolutiva nos brinda una respuesta, no es del todo completa. También, entran en juego nuestra personalidad y la forma en que concebimos la pareja.
Levy y Kelly le preguntaron tanto a hombres como mujeres, qué les resultaba peor: si la infidelidad sexual o la emocional.
Los resultados fueron que aquellas personas (tanto hombres como mujeres) que priorizaban la autonomía personal antes que el compromiso con sus parejas, sentían un enojo mucho mayor cuando la infidelidad era de tipo sexual. Por su parte, quienes basaban sus relaciones en el compromiso afectivo (incluso los hombres), encontraron que la traición emocional era mucho peor que la sexual.
Es decir, que la biología y la evolución no lo es todo… Y las razones por las que una infidelidad llega a molestarnos, también dice mucho de nosotros: de nuestra personalidad y de los aspectos que priorizamos a la hora de armar pareja.