Enfermedades de niños de la A a la D

Enfermedades más comunes en niños, de la A a la D
A:
Absceso:
Es una cavidad cerrada que contiene pus. Su causa primordial es por la lucha de las células defensivas y las bacterias que causan la infección. Una infección se convierte en un absceso cuando ésta queda delimitada por una cápsula, cuyo contenido se denomina pus, que se compone por células defensivas y bacterias muertas. El absceso más frecuente se presenta en la piel. AL comienzo de la infección la zona circundante al absceso se encuentra roja y caliente. Luego, se reblandece y al final, si no se trata el pus puede acabar saliendo al exterior o interior mediante una fístula. Se debe tratar mediante antibióticos, y en los casos más serios se debe de drenar quirúrgicamente.

Una variante de esta enfermedad es el absceso retrofaríngeo, que es la acumulación de pus en los tejidos posteriores de la garganta. El absceso retrofaríngeo es una enfermedad que se presenta en los niños, usualmente menores de cinco años. Los tejidos en la parte posterior de la garganta facilitan la formación de un espacio lleno de pus (lo cual no ocurre en adultos) justo detrás de la parte posterior de la garganta. Esta área puede infectarse durante o inmediatamente después de una irritación de la garganta de origen bacteriano. El niño afectado, que puede tener síntomas de la irritación inicial de la garganta, desarrolla fiebre alta con dolor de garganta muy fuerte, lo cual causa dificultad para deglutir. El absceso en expansión puede causar interferencia con la respiración. Las complicaciones causadas por esta condición pueden ser potencialmente mortales. El absceso retrofaríngeo requiere atención inmediata con el fin de prevenir complicaciones severas.

También se puede mencionar el absceso anal o absceso rectal. Es la colección de pus en la región del ano o recto. Pueden presentarse en un área de fácil acceso para drenaje, o más arriba en el recto. Los abscesos anales superficiales son comunes en lactantes y niños que aún usan pañales y tienen una historia de fisuras anales. El absceso aparece a menudo como una protuberancia inflamada, roja y blanda al borde del ano. El niño puede lucir intranquilo por la incomodidad, pero por lo general no hay otros síntomas sistémicos asociados. La administración de antibióticos y drenaje quirúrgico producen alivio rápido.

Otro tipo de absceso es el absceso en los dientes; absceso periapical o infección dental. Es la colección de material infectado (pus) resultante de una infección bacterial del centro (pulpa) del diente. El absceso dental es una complicación de la caries dental. Puede resultar también de un trauma al diente (como cuando un diente se rompe o es golpeado). Las aberturas en el esmalte dental permiten que las bacterias infecten el centro del diente (la pulpa). La infección puede propagarse desde la raíz del diente hasta los huesos que sostienen al diente. La infección resulta en una colección de pus (tejido muerto, bacterias vivas y muertas, glóbulos blancos) e inflamación de los tejidos internos del diente. Esto causa fuertes dolores dentales. Si muere la raíz del diente, el dolor se puede detener, pero la infección permanecerá activa y continuará expandiéndose y destruyendo el tejido.

Acetona:
Es una sustancia que se produce en el organismo cuando las grasas se queman de forma incompleta. En los niños que tienen fiebre o vomitan es muy común el olor a acetona, parecido al de las manzanas reineta. Su causa principal es por el ayuno o a una aceleración del metabolismo cuando el niño tiene fiebre. En sí mismo se trata de un síntoma que carece de importancia. Para tratarlo se debe tener en cuenta que bajo ninguna circunstancia hay que administrarle al niño agua con bicarbonato, que es una costumbre muy común. Es necesario bajarle la fiebre y tratar los vómitos, en cuanto estos síntomas mejoren, desaparecerá la acetona. Las madres no deben alarmarse si el niño presenta acetona en la orina al levantarse, ya que esto sucede porque el niño ha pasado toda la noche sin comer.

AEROFAGIA:
Es una ingesta de aire durante la comida que provoca eructos, gases y dolor abdominal. Es propia de bebés que comen con ansias o de los cólicos del lactante a consecuencia del llanto. Para ayudar a los niños a eliminar el aire ingerido es útil darles golpecitos suaves en la espalda y, en caso de llanto por dolor abdominal, masajes en la barriga manteniéndolos en la posición de sentados. Existe medicación que reduce la producción de gases por bacterias a nivel intestinal, pero la eficacia de los mismos en los niños es dudosa. El tratamiento más eficaz es prevenir la ingesta de aire mediante una buena técnica de alimentación, por ejemplo no más de 10 minutos en cada pecho, colocar al bebe durante la toma en vertical ligeramente inclinado hacia atrás y hacia la izquierda, dar una expulsión correcta de los eructos, etc.

AMIGADALITIS AGUDA:
Es una inflamación de las amígdalas (órganos de tejido linfoide como los ganglios), de la garganta a ambos lados y detrás del paladar. El tejido linfático constituye la defensa porque es el lugar donde se producen los glóbulos blancos y los anticuerpos. Los gérmenes entran en nuestro organismo por la vía respiratoria y digestiva, las amígdalas están en primera línea de defensa frente al ataque de los agentes infecciosos. La mayoría de las veces la causa es una infección, siendo los virus los gérmenes que con mayor frecuencia la originan, sobre todo en los primeros años de vida. Entre los factores bacterianos, el más frecuente, sobre todo a partir de los tres años es el estreptococo betahemolítico grupo A. El contagio se produce a través del de las gotas de saliva que se producen al toser, por contacto directo con el niño enfermo o por medio de los juguetes.

Los principales síntomas son fiebre alta, dolor de cabeza, dolor abdominal y falta de apetito. El dolor de garganta y el dolor al tragar pueden estar presentes pero no es un síntoma constante. Es frecuente encontrar los ganglios del cuello aumentados de tamaño como respuesta a la inflamación. Las amígdalas se encuentran enrojecidas y con un punteado blanquecino sobre las mismas o con "placas", lo que puede ocasionar un aliento desagradable. Si la causa de la enfermedad es vírica, los síntomas suelen ser menos intensos. El diagnóstico lo debe realizar un pediatra valorando los síntomas clínicos y la exploración de la garganta. El cultivo de exudado de faringe y un test de detección rápida del estreptococo en la garganta permite al pediatra identificar la presencia del único germen importante, el estreptococo. El tratamiento debe dirigirse a la administración de antitérmicos si el niño tiene fiebre y analgésicos si el dolor es importante. Es recomendable ofrecer muchos líquidos y una dieta blanda. En ningún caso los padres deben administrar antibióticos por iniciativa propia. El pediatra indicará la administración de antibióticos durante 10 días para garantizar la completa eliminación del estreptococo beta hemolítico A. Es normal que: El niño tenga menos apetito y refiera molestias al tragar, Tenga fiebre durante uno o dos días. Se debe acudir a urgencias o contactar al pediatra si: La fiebre no cede con antitérmicos, la fiebre persiste más de 3 días, no desaparece la fiebre a las 24-36 horas de iniciado el antibiótico, tiene dificultad para respirar o "babea".

ANEMIA:
Es la disminución del volumen de los glóbulos rojos (hematíes) debajo de los límites considerados normales. La formación de glóbulos rojos es un proceso complejo que requiere de la presencia de determinados nutrientes (hierro, cobre, aminoácido) y de algunas hormonas (eritropoyetina). La proteína contenida en los glóbulos rojos de la sangre y encargada de transportar el hierro se encuentra en su mayor parte en los glóbulos rojos de la sangre y transporta el oxígeno, permitiendo que las células puedan respirar. La aparición de la anemia se ve favorecida en los niños por la presencia de infecciones, problemas en su alimentación, enfermedades heredadas y hasta por el mismo crecimiento. En el caso de los recién nacidos poseen una reserva de hierro que han obtenido de la madre en las últimas semanas de gestación y que son suficiente para cubrir sus necesidades los primeros 5 meses de vida. Posteriormente necesita hierro que procede de la dieta. Particularmente los niños entre 6 meses y los 2 años de edad, la falta de hierro se puede deber a mala alimentación, pérdidas intestinales de hierro secundarias, mínimas hemorragias, etc. La característica más reseñable es la palidez de la piel, de los labios y de las conjuntivas. Suele ir asociada con cansancio, decaimiento y falta de apetito. Se puede diagnosticar con un análisis de sangre (hemograma) que permitirá el diagnóstico de anemia. La observación con el microscopio de una muestra de sangre permite detectar anomalías en las estructuras de los glóbulos rojos que pueden orientar el diagnóstico del tipo de anemia. Para diagnosticar la causa de la anemia se debe realizar un estudio especial.

Una de las variantes de la anemia es la anemia ferropénica, es la forma más común de anemia. Aproximadamente 20% de las mujeres, 50% de las embarazadas y 3% de los hombres son deficientes en hierro. El hierro es un componente esencial de la hemoglobina, pigmento que transporta el oxígeno en la sangre. El hierro normalmente se obtiene a través de los alimentos de la dieta y por el reciclaje de glóbulos rojos envejecidos. Las causas de deficiencia de hierro son: muy poco hierro en la dieta, poca absorción corporal de hierro y pérdida de sangre (incluyendo el sangrado menstrual abundante). También es causada por intoxicación por plomo en niños. La anemia se desarrolla lentamente, después de agotadas las reservas normales de hierro en el cuerpo y en la médula ósea. En general las mujeres, al tener depósitos más pequeños de hierro que los hombres y pérdidas aumentadas por la menstruación, presentan un riesgo mayor para la anemia. Los grupos de alto riesgo son: mujeres en edad fértil con pérdidas de sangre por la menstruación, mujeres embarazadas y lactantes con requerimientos aumentados de hierro, lactantes, niños y adolescentes en fase de crecimiento rápido y personas con una ingesta deficiente en hierro ocasionado por una dieta carente o deficiente en carne o huevos durante varios años.

Lógicamente el tratamiento dependerá de la causa de la anemia. El pediatra debe indicar el tratamiento en cada caso concreto. El niño que nace prematuro, para prevenir la anemia ferropénica, el pediatra deberá de administrar un preparado de hierro, ya que la transferencia de hierro de feto se realiza fundamentalmente durante el tercer trimestre del embarazo. La dieta que debe tener el paciente es de gran importancia. EL hierro es el protagonista en la producción de la hemoglobina porque permite al glóbulo rojo fijar los gases que acarrea. La vitamina B12 y el ácido fólico son necesarios para que todas las células maduren sin ser los glóbulos rojos una excepción. Una alimentación balanceada con verduras verdes, frijoles, lentejas, hígado y todo tipo de carnes, y cereales fortificados. Es importante señalar que la leche no previene la anemia por deficiencia de hierro.

ANGINA:
Es la infección de la faringe y las amígdalas, acompañadas (casi siempre) de fiebres altas y placas o puntitos blanquecinos. Lo que produce una angina es el germen estreptococo betahemolítico. En este caso la mucosa faríngea se vuelve color rojo vinoso y se observan placas purulentas. Debido a que este tipo de angina puede producir complicaciones reumáticas y renales, deben ser tratadas durante diez días con penicilina o algún derivado de este antibiótico. De todas formas, es recomendable consultar al pediatra, aunque las madres no deben alarmarse por una simple garganta congestionada.

ANOREXIA:
Es un trastorno de la alimentación que se caracteriza porque el niño, aunque tenga apetito, se niegue a comer. Inapetencia. Las causas son mayormente psicológicas (sobre todo cuando hay relaciones conflictivas con la madre), pero también pueden ser orgánicas, debido a una enfermedad subyacente que provoca la inapetencia. También puede presentarse por causas funcionales que son alteraciones en el desarrollo del hábito alimentario. En cualquiera de los casos se debe trata por medio de la reeducación de los hábitos alimentarios del niño, y si persiste consultar a un médico especialista.

APENDICITIS:
Es la inflamación del apéndice, un divertículo que se encuentra libre en la cavidad abdominal. Esta inflamación se produce cuando se obstruye el apéndice vermicular y el contenido fecal retenida daña e infecta las paredes del apéndice. Si se llegara a perforar, el contenido intestinal saldría por la cavidad intestinal, causando una peritonitis o la formación de un absceso. Aunque puede aparecer a cualquier edad, la mayoría de los casos son en niños mayores y adolescentes. Se caracteriza por un dolor abdominal que inicialmente está poco localizado y que el niño señala al lado del ombligo. Progresivamente se hace más intenso y el niño lo localiza en la parte inferior, especialmente del lado derecho. Se presentan náuseas y los vómitos posteriores al inicio del dolor. La fiebre no es un síntoma constante. Mientras los niños son más pequeños es más difícil de diagnosticar. Para tratarla se debe proceder quirúrgicamente, es una intervención sencilla que conlleva pocos riesgos y se debe realizar por emergencia para evitar complicaciones.

APERT:
Se trata de una anomalía craneofacial, denominada Acrocefalosindactilia Tipo I, que produce malformaciones en cráneo, cara, manos y pies, además de diversas alteraciones funcionales como: aumento de presión intracraneal, problemas cardiorrespiratorios, deficiencia mental, ceguera, pérdida de la audición, otitis, entre otras. Las causas están entre una mutación durante el período de gestación, en los factores de crecimiento de los fibroblastos (FGFR2) que se produce durante el proceso de formación de los gametos. Se desconocen las causas que producen esta mutación. Para arreglar estas alteraciones, se requieren varias intervenciones quirúrgicas para descomprimir el espacio intracraneal, mejorar la función respiratoria, permitir el desarrollo normal e impedir que las distintas áreas cerebrales queden afectadas. Cuanto antes se haga la cirugía es mejor, ya que si la hipertensión intracraneal no se trata, puede producir atrofia óptica, ceguera y apnea, además de poner en riegos la vida del niño.

ASMA:
ES la enfermedad crónica más frecuente en la infancia y consiste en un trastorno crónico de las vías respiratorias, lo que da a lugar, en individuos predispuestos, recurrentes de tos, dificultad respiratoria y sibilancia (pitidos). Las causas del asma son complejas y depende de múltiples factores que pueden ser predisponentes o desencadenantes. Los primeros (la predisposición a ser asmáticos) son hereditarios y es frecuente encontrar que los pacientes asmáticos tienen antecedentes familiares (padres, hermanos, abuelos...) con asma y/o enfermedades alérgicas. Además también se conoce donde se localiza el gen del asma, aunque en la actualidad no tiene una aplicación terapéutica. Los factores desencadenantes son de distintos tipos: infecciones respiratorias, polen, ácaros del polvo domestico, hongos (mohos) y levaduras, partículas de la piel de gatos y perros, humo, aire frío u otros agentes climáticos, ciertas comidas o aditivos alimenticios y determinados medicamentos. Otras veces aparece a causa del contacto con agentes irritantes (humo del tabaco) o como consecuencia o complicación de otra enfermedad. También es relativamente frecuente que aparezca después de haber realizado un ejercicio, tras emociones o cambios climáticos, etc. Independientemente del estímulo desencadenante, en todos los episodios de asma los bronquios se cierran (bronco espasmo), la pared bronquial se inflama y su luz se llena de secreciones (hipersecreción bronquial). El asma se caracteriza por episodios recurrentes de tos seca, persistente, habitualmente nocturna, sensación de opresión en el pecho, ahogo y dificultad para respirar. El pitido o sibilancia es la manifestación clínica típica de la dificultad a la salida del aire. Si se trata de un ataque severo, el niño no podrá hablar y puede aparecer cianosis (color azulado de la piel). El diagnóstico se basa fundamentalmente en una historia clínica cuidadosa Las pruebas complementarias (análisis de sangre y radiografía de tórax) servirán al pediatra para apoyar la sospecha diagnóstica y/o descartar otras patologías respiratorias que cursan con clínica semejante. Las pruebas funcionales respiratorias son necesarias para objetivar y cuantificar la severidad del asma y para el manejo terapéutico. Para la prevención es importante realizar un buen control ambiental evitando factores desencadenantes: humo del tabaco, pelo de animales, polvo domestico, evitar la exposición a infecciones víricas (retrasar su ingreso en la guardería). Por supuesto deberemos evitar fumar durante el embarazo y una vez que ha nacido el niño ya que ha sido demostrado que el humo del tabaco es un gran factor desencadenante. Un factor protector es la lactancia materna prolongada, particularmente en los niños con antecedentes familiares de enfermedades alérgicas. El objetivo del tratamiento del niño asmático es conseguir que pueda realizar una vida normal con todo lo que ello significa. Ello incluye:1) medidas ambientales evitando factores desencadenantes; 2) Tratamiento farmacológico; 3) educación al niño asmático y su familia. Entre las medidas ambientales es importante que la habitación del niño tenga un mobiliario sencillo y fácil de limpiar, retirar alfombras, moquetas, cortinas, peluches y cualquier objeto que almacene polvo. Usar aspiradora y no limpiar delante del niño. No es bueno que el niño asmático conviva con animales domésticos con pelo o plumas. Está prohibido fumar en casa o en el coche El tratamiento farmacológico depende de la severidad y frecuencia de las crisis y se basa fundamentalmente en broncodilatadores y anti inflamatorios. El pediatra nos indicará el tipo de fármaco y las dosis adecuadas para cada situación concreta. Una parte importante del tratamiento consiste en la educación al niño asmático y su familia, que debe iniciarse desde el principio. Deben de entender el concepto de asma, reconocer los primeros síntoma, cómo se trata, cómo y cuándo utilizar los medicamentos, conocer el manejo de los distintos aparatos para la administración de los medicamentos inhalados, conocer cuáles son las actividades que no debe realizar el niño y cómo efectuar un adecuado control ambiental. Se debe de acudir a emergencia o consultar al pediatra si: Persiste la dificultad respiratoria tras la dosis de broncodilatador inhalado. El niño tiene mal color (azulado). El niño tiene una tos persistente. Es un bebé menor de 3 meses.

ALERGIAS:
Es una forma de reacción alterada que tienen algunas personas cuando se exponen a algunas substancias del medio ambiente o cuando ingieren ciertos alimentos o medicamentos. Esta reacción puede manifestarse en la piel, a nivel de los bronquios, a nivel de los ojos, en la nariz, etc. Y los alergenos son las substancias que inducen la alergia. Los alérgenos pueden inhalarse (polen), ingerirse (leche de vaca, chocolate, algunos antibióticos, etc.) o ponerse en contacto con la piel. También causan las alergias el polco, hongos, ácaros, insectos y caspa animal. No existe una cura para la alergia. Los síntomas pueden ser controlados, pero con la ayuda de un médico especialistas, quién tomará un historial de la enfermedad y le hará un examen físico para establecer el tipo de alergia y las substancias que as causan. El tratamiento consiste en la aplicación de métodos para protegerse contra alas substancias que provocan la alergia, la aplicación de vacunas, o prescripción de medicamentos para controlar los síntomas.

B:
BALANITIS:
Es una inflamación del prepucio y del glande (la punta del pene). Se quedan enrojecidos, hinchados y sensibles al tacto. Además se puede observar pus procedente del interior de la abertura, lo que provocará dolores al niño al orinar. En algunos casos puede que el niño sienta escalofríos y fiebre, y escozor al orinar. Se causa por una infección bacteriana bajo el prepucio que afecta al glande. El tratamiento se basa en el control médico con pomadas antibióticas y en caso de que el niño presente prepucio muy tirante una circuncisión que puede practicarse cuando el niño cumpla los 6 años de edad. En casa, lo que se puede hacer es mantener el pene del niño o el bebe siempre limpio, con cambios más frecuentes de pañales, y aplicar una crema antiséptica ante cualquier inflamación, además de crema protectora. Se debe de enjuagar bien toda la ropa para eliminar los restos de detergentes.

BLEFARITIS:
Es una inflamación de los bordes de los párpados. Aparecen enrojecidos, escamosos e inflamados. Se pueden encontrar costras de pus seco en las pestañas del niño, principalmente en la primera hora del día. No existe gravedad en esta enfermedad y se debe consultar al médico si los ojos del niño aparecen pegajosos o si el estado no desaparece en una semana. El mejor tratamiento es por la mañana y por la noche humedecer un trozo de algodón en una solución hecha con agua hervida y tibis, y media cucharada de sal. Se debe limpiar cada ojo (cerrado) desde la parte interior hacia la exterior. Se repite esta operación siempre cambiando el algodón. En caso de alguna infección, el médico recetará un colirio o una pomada antinflamatoria.

BRONQUIOLITIS:
Es una infección respiratoria aguda que afecta fundamentalmente a niños menores de dos años. Durante los 6 primeros meses de la vida, la enfermedad cursa con una mayor gravedad. Su máxima incidencia tiene lugar durante el invierno y al inicio de la primavera. La presentación es esporádica, aunque frecuentemente aparecen brotes epidémicos. Se localiza en la mucosa respiratoria, siendo el virus sincitial respiratorio (VRS) el agente causal más frecuente. Al irritarse los bronquiolos comienzan a segregar un moco denso y difícil de expulsar, con lo que se estrecha aún más el interior de su diámetro, lo que dificulta la respiración. Se trasmite de persona a persona y se contagia a través de las manos, de determinados objetos contaminados o por las gotitas que se desprenden en la respiración. Habitualmente comienza con síntomas propios de un catarro de vías altas: mocos, tos, estornudos a lo que se asocia posteriormente dificultad para respirar, rechazo de alimentación y fiebre, aunque no muy alta. La tos, siempre presente, es intensa y recurrente y habitualmente se acompaña de vómitos. Muy frecuentemente escucharemos ruidos respiratorios: son las sibilancias (pitidos) que expresan la dificultad que tiene el aire para ser expulsado, de forma similar al asma bronquial. La historia clínica y la exploración física habitualmente son suficientes para llegar al diagnóstico. En ocasiones, el pediatra solicitará un estudio de las secreciones nasales para identificar el virus. Otras veces realizará una radiografía y/o un análisis de sangre sobre todo si se asocia fiebre alta. El tratamiento depende de la gravedad. Un 5% de los niños aproximadamente necesitarán ingreso en el hospital. La mayoría se tratarán en casa con cuidados especiales: humedad ambiental, fisioterapia respiratoria, lavados nasales. Es recomendable ofrecer la alimentación de forma fraccionada: tomas más frecuentes y de menor volumen y darle de beber mucho agua u otros líquidos. El empleo de sedantes para la tos están contraindicados porque la tos es un mecanismo para eliminar las flemas y las secreciones bronquiales. Se debe acudir a urgencias o consultar al pediatra si: Se asocia fiebre alta. Rechaza totalmente las tomas y /o vomita. El niño está apagado. Si respira muy deprisa y/o tiene dilatación de las alas de la nariz,
y/o tiene un color azulado.

BRONQUITIS:

Es una inflamación de los bronquios, concretamente de la parte más gruesa del tramo bronquial. Durante los primeros años de la vida, en la mayoría de los casos, es de causa infecciosa, fundamentalmente vírica. Sin embargo, también puede tratarse de una alergia o aparecer como consecuencia de la inhalación de determinados productos químicos, de la contaminación atmosférica o del humo del tabaco. Si el niño de forma repentina, presenta un ataque de tos, hay que sospechar en una aspiración de cuerpo extraño y hay que preguntar si tenía al alcance objetos pequeños: frutos secos o sus cáscaras y haya podido atragantarse con ellos. Estas situaciones son potencialmente graves y requieren asistencia en servicio de Urgencias. Se inicia con un catarro de vías altas, mocos y tos, al principio seca y posteriormente productiva (con "flemas". El niño sobre todo si es pequeño, no sabe expectorar y es frecuente que se trague las flemas que posteriormente expulsa con los vómitos o con las heces (deposiciones con "moco". Se queja que "le duele el pecho" y se encuentra cansado, con malestar general y algo de fiebre. Aunque suele mejorar rápidamente, la tos puede persistir durante una semana o más. El pediatra suele diagnosticarla con la historia clínica y la auscultación pulmonar por lo que en pocos casos será necesario realizar otro tipo de pruebas. Lo más efectivo es dar al niño muchos líquidos para ayudar a expulsar las secreciones bronquiales lo que se consigue además mediante ejercicios de fisioterapia respiratoria: cambios de postura, golpecitos rítmicos en la espalda o en el pecho, etc. Si se asocia fiebre, se administrarán antitérmicos. Los antibióticos no deben utilizarse, y menos sin consultar con el pediatra,salvo en los casos en los que se sospeche una infección bacteriana sobreañadida. Se debe acudir a urgencias o consulta a tu pediatra si: La tos se acompaña de fiebre alta y malestar general. Presenta tos de forma brusca, con o sin evidencia de atragantamiento.

C:
CARIES DENTAL:

Es una enfermedad que destruye las estructuras de los dientes. Es muy frecuente en los niños, incluso en los dientes de leche. De hecho, existe un tipo de caries conocida como caries del biberón que se produce en los niños que mantienen durante mucho tiempo el biberón en la boca o que tienen la costumbre de utilizar chupetes impregnados en azúcar, miel o leche condensada. Se cree que existen tres factores esenciales para la aparición de las caries: la presencia de determinadas bacterias, la dieta y las características del propio diente. Por otra parte, el hecho de que esta enfermedad no afecte a todos los individuos por igual está condicionado por una diferente predisposición hereditaria al desarrollo de la caries. Las bacterias presentes en la superficie de los dientes fermentan los azúcares de los alimentos produciendo ácidos que atacan el esmalte protector del diente formándose la lesión inicial que es la placa dental. La caries comienza afectando a la parte más superficial del esmalte, para ir profundizando en capas y terminar afectando también a la raíz y a la destrucción total del diente. Cuando lo que está afectado es el esmalte, apenas hay síntomas. El niño se quejará cuando la caries ha afectado ya a capas más internas. El dolor aparece cuando se afecta la pulpa y se manifiesta al beber bebidas frías o calientes o sin ninguna causa aparente. Con frecuencia se inflaman las encías (enfermedades periodentales) y sangran con facilidad. La caries debe ser tratada (empastada y ocluida) en el momento en que se detecta, pero lo más importante y eficaz es su prevención. Las medidas más adecuadas para la prevención de la caries son: Prescindir del biberón de leche por la noche, y si no se consigue, evitaremos que lo mantenga en la boca, una vez que haya terminado de chupar. No untar el chupete con miel o azúcar. Higiene bucal correcta. Suplementos de flúor. Evitar alimentos que favorecen el desarrollo de caries (sacarosa). Visitas periódicas al odontopediatra. Se deberá consultar al pediatra si: Observas una caries a cualquier edad, incluso y también en la primera dentición (dientes de leche). Le duele la boca al beber o al comer. Se notan manchas oscuras o una pigmentación distinta en los dientes

CANDIDIASIS:
Es una infección que afecta a la mucosa bucal, dando lesiones blanquecinas parecidas a granos de sémola. También puede afectar la zona del pañal. Esta infección es causada por un hongo llamado candida albicans, que es muy extendido en la naturaleza. Puede alojarse en las tetinas de los biberones y contagiar al bebe. Otra forma de contagio suele ser durante el paso por el canal del parto, si la madre padecía vaginitis candidiástica. El tratamiento en el último caso mencionado, debe ser inmediatamente después del nacimiento con un antimicótico. Las lesiones en la boca y los glúteos desaparecen, por lo general con soluciones típicas de violeta de genciana.

CATARRO:
Es una infección aguda de las vías respiratorias altas (nariz, ojos y garganta) que pueden presentar los niños en cualquier época del año pero especialmente en invierno y en primavera. Es la enfermedad más frecuente en los niños y una de las principales causas de absentismo escolar. Es muy contagiosa, capaz de pasar de un niño a otro con una gran facilidad. Los niños de 1 a 6 años presentan de seis a ocho catarros al año y esta frecuencia es mucho más alta en los niños que acuden a guardería. La inmensa mayoría de las veces se produce por un virus. Hay más de 150 ó 200 virus que pueden causar el resfriado. Los virus presentes en las secreciones nasales pasan a otros niños fundamentalmente a través de los estornudos, la tos o de la saliva que permanece en los objetos que los niños pequeños se llevan a la boca. El periodo de contagio se inicia 48 horas antes de que comience la sintomatología y la duración de la enfermedad suele ser de 7 a 10 días. Dependen de la edad del niño son los síntomas que presenta. Los bebés menores de 3 meses, presentan dificultades para la alimentación y para conciliar el sueño debido a la obstrucción nasal. Los niños entre 3 meses y 3 años habitualmente tienen fiebre, irritabilidad y estornudos. A las pocas horas se asocian mocos, obstrucción nasal y tos. La tos puede impedir que coman o duerman bien. Más raramente tienen problemas intestinales (vómitos o diarrea). Los niños mayores de 3 años presentan irritación y obstrucción nasal, dolor de garganta, tos, lagrimeo e irritación ocular, y en ocasiones algo de fiebre y malestar general. No existe un tratamiento específico para el catarro. De hecho los médicos dicen que un catarro con medicamentos dura siete días y sin medicamentos una semana. Solamente se puede actuar mejorando los síntomas. Para la obstrucción nasal se recomienda lavados nasales con suero fisiológico y para la fiebre, antitérmicos. Es aconsejable beber muchos líquidos e ingerir una dieta blanda. Al ser una enfermedad producida por virus, tampoco están indicados los antibióticos. Es aconsejable que el niño se quede en casa durante unos días para que no contagie a los compañeros de guardería y de colegio, pero también para evitar posibles complicaciones (otitis, neumonías). Es normal que: El niño se encuentre decaído sobre todo si tiene fiebre. Presente varios catarros durante el invierno sobre todo el primer año que acude a la Guardería o al Colegio. Se debe acudir a emergencia o al pediatra si: La fiebre no le cede con el antitérmico o le dura más de 3-4 días. Se asocia dificultad respiratoria. Le supura el oído.

CIANOSIS:
Es la coloración azul violáceo de la piel y las mucosas, sobre todo en los labios, alrededor de la boca, en las manos y en los pies. En los recién nacidos, es frecuente una ligera cianosis sobre todo cuando tienen frío. La cianosis generalizada se debe a enfermedades respiratorias graves, así como a malformaciones cardíacas en las que se mezcla la sangre venosa con la arteria. Se observa cuando la piel presenta tonos azulados y esto se debe a que los glóbulos rojos están mal oxigenados. Para el tratamiento en todos los casos se debe consultar al pediatra inmediatamente.

CONJUNTIVITIS:
Es la inflamación de la conjuntiva, que es la membrana transparente que recubre el blanco de los ojos y el interior de los párpados. Pueden ser de causa infecciosa, bacteriana o viral, alérgica (polen, epitelio de animales, ácaros del polvo...), irritativas (sol, cloro de las piscinas...). En los bebés puede deberse a una obstrucción del conducto lacrimal, un canal que se encuentra en el ángulo interno del ojo y que comunica la conjuntiva ocular con las fosas nasales. Los principales síntomas son que las conjuntivas están enrojecidas (el típico ojo rojo), irritadas, y con sensación de cuerpo extraño. Las conjuntivitis de causa bacteriana, al menos inicialmente, afectan a un solo ojo que tendrá una secreción purulenta y el párpado estará "pegajoso" y legañoso. En el caso de (las conjuntivitis alérgicas) es típico el picor y el lagrimeo intensos. El pediatra puede diagnosticar con una simple inspección del ojo, el tipo de conjuntivitis. Cuando lo crea necesario, remitirá el niño al oftalmólogo. Hasta que el niño sea visto por el pediatra, es recomendable limpiar las secreciones oculares con gotas de suero fisiológico. El pediatra nos indicará el colirio más adecuado según la causa que haya provocado la conjuntivitis. Cuando existe una obstrucción del conducto lacrimal, el pediatra enseñará a la madre a en el ángulo interno del ojo para ayudar a desobstruir el conducto. Si esta medida no fuera suficiente, recurrirá a la ayuda del oftalmólogo.

CONVULSIONES FEBRILES:
Es un proceso benigno que se manifiesta con pérdida de conciencia, rigidez y/o una serie de movimientos anormales, coincidiendo con fiebre. Afecta a niños menores de 5 años de edad, y excepcionalmente después de los 5 años, existiendo algunas familias con mayor predisposición para presentarlas. A pesar de no ser peligrosas, provocan una gran alarma y angustia en los padres. Las convulsiones febriles son distintas de la epilepsia. Se produce por la especial susceptibilidad de estos niños a reaccionar mediante una crisis convulsiva ante la existencia de fiebre, lo que origina una serie de descargas nerviosas que se traducen en unos movimientos especiales y en pérdida de conciencia. La convulsión febril se manifiesta con pérdida de conciencia y con rigidez del cuerpo del niño, alternando con flojedad, o con sacudidas musculares rítmicas de todas las extremidades o de las de un lado, movimientos de los ojos, de la mandíbula etc. Esta situación se prolonga durante unos segundos o minutos, finalizando con cansancio y sueño. En casos excepcionales la duración de la convulsión febril se prolonga más de 15 ó 20 minutos, situación que debemos evita. La convulsión febril se diagnostica por la coincidencia simultánea de las manifestaciones anteriormente descritas y la fiebre. En las convulsiones febriles no es necesario realizar un electroencefalograma. No hay que confundirlas con los escalofríos, tiritonas, o delirios. Tampoco son convulsiones febriles los síncopes febriles que son episodios que cursan con fiebre y pérdidas de tono muscular (se queda flácido), condicionadas por defecto de la oxigenación cerebral o alteraciones del sistema nervioso vegetativo. La convulsión febril no es una epilepsia: enfermedad crónica en la que el cerebro produce descargas nerviosas que se manifiestan de diferentes formas que pueden variar entre los ataques de gran mal (muy aparatosas con pérdida de conciencia y movimientos anormales) y breves ausencias que pueden pasar desapercibidas. Las personas epilépticas se controlan muy bien con medicamentos específicos que deben tomar diariamente durante varios años. Las convulsiones febriles no son peligrosas y en la mayoría de los casos cesan por sí solas, sin tener que recurrir a ningún tratamiento específico. Cuando le da la convulsión debemos situar al niño boca abajo con la cabeza vuelta hacia un lado para evitar que el niño aspire en caso de vómito. Debemos intentar bajar la temperatura quitándole la ropa y administrando un antitérmico. No debemos nunca emplear agua fría porque los escalofríos podrían hacer aumentar la temperatura.
Si se produce una convulsión se coloca al niño sobre una superficie blanda sin intentar impedir sus movimientos convulsivos. Si la crisis no pasa se debe trasladar inmediatamente la niño al Servicio de Urgencias. Es importante que la convulsión dure el menor tiempo posible porque cuando se prolonga durante más de 15 ó 20 minutos existe el riesgo de secuelas, especialmente retraso en el aprendizaje o de epilepsia. Aproximadamente la mitad de los niños que han tenido una primera convulsión coincidiendo con fiebre, vuelven a tener convulsiones febriles. Aunque habitualmente, la convulsión es la primera manifestación de la enfermedad febril, si el niño tiene fiebre, es conveniente intentar bajar la temperatura lo antes posible, pero no es conveniente hacerlo de forma muy brusca. Para ello, hay que quitarle la ropa y administrarle un antitérmico, preferentemente paracetamol. Se debe acudir a urgencias: Si la convulsión ha durado más de 15 minutos. Si la convulsión ha sido breve pero se ha repetido. Si la convulsión ha sido de una pierna o de un brazo y no generalizada. Si la fiebre que ha originado la convulsión no cede con antitérmicos.

COLICOS DEL LACTANTE:
El término "cólico del lactante" hace referencia a un cuadro muy frecuente que afecta a lactantes sanos especialmente durante los tres primeros meses de vida. El cuadro se inicia a los 10 ó 15 días de vida y persiste hasta los 3 ó 4 meses de edad. A pesar de su frecuencia y de haber sido descrito hace 50 años sigue siendo un perfecto desconocido. Se piensa que es de origen multifactorial (debido a muchas causas) y de hecho entre otros se han implicado factores alimentarios (alergia a las proteínas de la leche de vaca) y hormonales (niveles altos de motilina, hormona que aumenta la motilidad intestinal). Así mismo es importante valorar el comportamiento de los padres con el niño y otros factores (tabaquismo, paridad, edad materna, prematuridad, etc.). De cualquier forma, no se sabe con certeza porqué se inicia a los quince días y desaparece a los tres meses. Los síntomas son episodios de llanto repentino, intenso y prolongado de predominio vespertino, de unas 2 ó 3 horas de duración al día, durante un mínimo 3 días a la semana, que se presenta en un lactante sano y bien alimentado. Habitualmente flexiona las piernas sobre el abdomen, que parece tenso, expulsa gases y se oyen ruidos intestinales. Aunque puede parecer hambriento no se tranquiliza con las tomas ni con los intentos de consolarle. El diagnóstico del cólico del lactante siempre es clínico y por exclusión. El pediatra diagnosticará este trastorno excluyendo otros procesos que causan llanto excesivo en el bebé. Se debe de saber que el cólico del lactante no es una enfermedad como tal, y que nuestro hijo a pesar del llanto intenso es un niño sano y que el cuadro se solucionará gradualmente. Algunos bebés se calman en brazos, otros en la cuna, otros colocándolos hacia abajo y dando masajes sobre el abdomen. El chupete también puede ser una gran ayuda, algunos niños se calman con un paseo en coche o en su carrito. Es importante que el padre participe en el cuidado del niño. No se debe interrumpir la lactancia materna, pero se puede probar a retirar temporalmente de la dieta de la madre la leche de vaca y derivados. En los que toman biberón, el pediatra puede sustituir la leche habitual una fórmula exenta de proteínas de leche de vaca. Es normal que: Llore como si le doliera algo. No se calme al ofrecerle el pecho o el biberón. Se debe consultar al pediatra si: Los cólicos continúan después de los tres meses. El niño llora muchas veces al día. Además del llanto intenso se asocian otros síntomas: fiebre, vómitos.

COQUELUCHE:
Es una enfermedad respiratoria infecciosa de las vías aéreas, de alta contagiosidad, que evoluciona entre 4 a 6 semanas y que tiene mayor incidencia en los meses invernales. El período de incubación es de 8 a 14 días y puede atacar al niño desde las primeras semanas de vida. El contagio es por contacto directo, a través de la saliva, la tos o el estornudo; y tiene una duración de 6 a 8 semanas aproximadamente. Esta enfermedad presenta tres fases:

* Fase Catarral: dura de 1 a 2 semanas y se caracteriza por tos, estornudos, apatía, febrícula y falta de apetito.
* Fase paroxística: dura entre 4 y 6 semanas y se caracteriza por accesos de tos repetidos, seguidos por una inspiración profunda y ruidosa (canto de gallo), Los vómitos son producidos por el almacenamiento de mucosidad y la irritación de la faringe. Estos accesos aparecen más frecuentemente durante la noche.
* Fase de Convalecencia: dura de 2 a 3 semanas y se caracteriza por tos persistente, pero sin accesos. Los síntomas van paulatinamente disminuyéndose.

Es una enfermedad producida por un germen. Una vez que se padece deja inmunidad por mucho tiempo pero no de por vida. La duración de todo el cuadro de la enfermedad es prolongado, aproximadamente 45 días. El tratamiento es ambulatorio, y padece sobre todo a los niños más grandecitos. En algunos casos puede requerir hospitalización para administrar oxígeno y alimentación por sonda con aporte de líquidos con suero endovenoso. El uso de medicación broncodilatadora es inevitable. Se indican antibióticos en los casos más complejos de neumonías y otros problemas pulmonares. La prevención del coqueluche se realiza por medio de la vacunación.

COSTRA LÁCTEA:
Se caracteriza por escamas amarillentas, blanquecinas o grises, fuertemente adheridas al cuero cabelludo aunque también aparecen en la frente, entrecejo, las cejas, la parte posterior de las orejas u otras partes del cuerpo. Tienen un aspecto grasiento y, a pesar de su nombre, no tienen nada que ver con la leche. Se relaciona con un trastorno de la piel que se denomina dermatitis seborreica (piel grasienta) que también puede padecer un adulto. En el niño el problema suela ser intrascendente y desaparecer en pocas semanas. El pediatra puede establecer medidas higiénicas y otro tipo de medidas que faciliten ésta buena evolución. En la casa se puede practicar su desprendimiento aplicando sobre la zona aceite (preferiblemente mineral para evitar el olor y la coloración verdosa que adquieren las escamas cuando se usa aceite vegetal), y mantenerlo durante 15 minutos. En los casos rebeldes, que ya son competencia del médico, puede ser necesario el uso de corticoides locales o antimicóticos, que son sustancias que eliminan los hongos que parece se relacionan con el desarrollo de la dermatitis seborreica.

D:
DESHIDRATACIÓN:
Es la pérdida de agua y sales en el organismo de los niños. En los lactantes y recién nacidos el 79 u 80 % es agua, por lo que cuando hay una pérdida de agua y sales por vía digestiva o cutánea en forma de vómitos, diarrea, sudor excesivo, etc. se produce una deshidratación. Las pérdidas de hasta 5 % se consideran leves, hasta 10 % moderadas, y hasta 15 % severas. La deshidratación puede llevar al shock y a la muerte. La causa más frecuente es la gastroenteritis que provoca vómitos, diarreas y fiebres altas que son graves en el bebe, ya que su organismo no es capaz de regular correctamente esta pérdida de agua y, además, no saben pedir agua, por lo que será la madre la encargada de revisar los síntomas característicos de una deshidratación para poner remedio cuanto antes. Ante la sospecha de una deshidratación hay que llevar inmediatamente al niño a emergencias. Los síntomas más llamativos son: el niño está muy irritable y se queja, el pis es concentrado, la piel está muy seca y se forman pliegues con facilidad, en el caso de los bebes más pequeños la fontanela suele estar hundida. Para tratarla se debe buscar como objetivo el equilibrio del nivel de hidratación del organismo, para ello hay que administrar líquidos por vía oral o, tal vez, a través de la vía intravenosa; el pediatra debe decidir cual es el método más eficaz. Se debe acudir a emergencias si: El niño hace muchas deposiciones líquidas. Tiene mucha fiebre. Tiene la piel y los labios muy secos.

DERMATITIS ATÓPICA:
Es una afección cutánea crónica que suele acompañar a la atopia (predisposición genética a reaccionar de forma exagerada frente a ciertos estímulos ambientales). Afecta al 3-5% de los niños menores de 5 años. Se produce por un componente genético, de forma que el 70% de los niños con dermatitis atópica tienen familiares de primer grado con algún tipo de enfermedad alérgica. Así mismo va directamente unido a la condición atópica del niño, de modo que el 50-80% de los niños con este proceso padecen al mismo tiempo o posteriormente asma u otras enfermedades alérgicas. Las cuatro manifestaciones principales son picor (siempre presente y síntoma principal), lesiones escamosas y secas, prúrigo (pápulas y lesiones por el rascado) y placas rosadas. En el lactante las lesiones comienzan a partir del segundo mes de vida y se localizan fundamentalmente en las mejillas, frente, detrás de las orejas, cuello y cuero cabelludo. La erupción puede extenderse a tórax, muñecas, zonas extensoras de ambas extremidades y dorso de manos y pies. Además, la piel es áspera y rugosa, característica de una piel atópica. El niño se encuentra inquieto, irritable y duerme intranquilo. Cuando aparecen estas características en la piel del bebé, conviene que lo vea un pediatra cuanto antes. El diagnóstico es relativamente sencillo, pues las lesiones y las manifestaciones acompañantes son muy características, aunque no existe ninguna prueba específica. Es muy importante evitar los factores desencadenantes: fibras artificiales, frío o calor excesivo, sudoración, infecciones de repetición...). Los distintos alimentos se deben de introducir de forma lenta y progresiva con intervalo de varios días entre uno y otro y evitando los alimentos potencialmente alergénicos durante el primer año de vida. Es importante mantener una lactancia materna prolongada. En el tratamiento local es fundamental hidratar adecuadamente la piel. Es preferible la ducha breve al baño, empleando jabones de pH ácido. En la fase aguda el pediatra probablemente recomendará utilizar corticoides tópicos, cuya potencia y dosis dependerán de la gravedad del cuadro. Para el picor se pueden emplear antihistamínicos por vía oral, siguiendo las indicaciones del pediatra. Se debe consultar al pediatra si: Las lesiones son muy llamativas y no responden al tratamiento.

DERMATITIS DEL PAÑAL:
Es una reacción aguda e inflamatoria de la piel de la zona del pañal causada por el contacto prolongado con heces y orina retenidos en los pañales. Afecta a los bebés pequeños, hasta que aprenden a controlar sus esfínteres. Se debe a diversos factores. El amoniaco producido por la descomposición de la urea, la humedad, empleo de productos de limpieza inadecuados para el bebé, impermeabilidad de los pañales, sobre infección por gérmenes y cándidas, enzimas de las heces. Estos factores unidos a una falta de higiene adecuada y a una cierta predisposición individual contribuyen a su aparición. Se ha comprobado que desde que las madres emplean pañales desechables y cambian muchas veces a los niños la incidencia de este problema ha disminuido notablemente. La dermatitis comienza con una irritación o eritema (zona de enrojecimiento) en la zona que roza con el pañal: los genitales, cara interna de los muslos y región glútea. Cuando el proceso es más intenso el color es más rojo y aparecen pequeñas vesículas, erosiones y costras. Es frecuente que se complique con una infección por hongos (cándidas).Es necesario mantener una limpieza adecuada de la zona y realizar el baño diario con jabones ácidos o neutros, siendo desaconsejable el empleo de otro tipo de jabones o perfumes. Se recomienda el cambio de pañales cada vez que se ensucien o se mojen, y utilizar pañales desechables evitando plásticos oclusivos. No emplear polvos de talco, ni pomadas de antibióticos ni corticoides de forma rutinaria. Mantener el área del pañal aireada el mayor tiempo posible. En casos más graves el pediatra probablemente indicará añadir al tratamiento anterior una crema de corticoides de baja potencia y si sospecha infección por hongos o bacterias pomadas antifúngicas o antibióticas. Es muy importante mantener sin pañal el mayor tiempo posible. Se debe consultar al pediatra si: La irritación es muy grande o se extiende más allá de la zona del pañal. Tiene unas características diferentes a lo se ha comentado anteriormente.

DERMATITIS SEBORREICA:
Es una erupción de la piel que afecta a las partes del cuerpo donde hay una gran concentración de glándulas sebáceas (productoras de grasa). Por eso aparece en el cuero cabelludo, en la cara, detrás de las orejas y zona de pliegues. La frecuencia en el recién nacido es del 12 %, ocupando el tercer lugar entre las enfermedades del primer mes de vida. No se conoce la causa que lo origina, pero se cree que puede existir una disfunción en las glándulas sebáceas que producen una secreción diferente, por ello a medida que van madurando, se normaliza la situación. La forma infantil aparece en el cuero cabelludo (costra láctea) durante la primera o segunda semana de vida y permanece localizada, o a partir del final del primer mes progresa y se extiende a frente, cejas, detrás de las orejas, pliegues de las axilas o del cuello, parte superior de la espalda, tronco, región umbilical y zona perineal. Son escamas amarillentas, de aspecto grasiento que se agrupan formando placas redondas u ovaladas. No se acompañan de prurito (picor) ni de síntomas generales. A pesar del aspecto antiestético de las lesiones, normalmente el niño está tranquilo y contento. Dado que el proceso tiene buena evolución y tendencia a la curación espontánea, no es necesario utilizar tratamientos agresivos. Es recomendable añadir al baño alguna sustancia hidratante (aceite de avena, por ejemplo) y aplicar aceite o vaselina en las lesiones del cuero cabelludo. En la costra láctea, también es útil la utilización de ácido salicílico al 4 ó 5% en vaselina, seguido de lociones de corticoides de baja potencia hasta el control del proceso. Si existe sobre infección por hongos (cándidas) el pediatra recomendará pasta al agua con nistatina o un compuesto imidazólico. Hay que consultar al pediatra si: Las lesiones cutáneas se acompañan de diarrea, fiebre o descamación generalizada.

DIABETES:
La diabetes es un trastorno que provoca una elevación en los valores de glucosa en la sangre. Se produce porque el organismo no libera la suficiente insulina (sustancia encargada de regular los valores de azúcar en la sangre) o porque no la utiliza adecuadamente. En los niños es una enfermedad que requiere mucha atención por parte de los padres y del médico. Ellos mismos tendrán que estar muy pendientes de sus cifras de glucosa y de su alimentación. La diabetes es el resultado de un mal funcionamiento del páncreas que origina la destrucción de las células que producen insulina. Sin insulina, la glucosa queda depositada en la sangre en lugar de entrar en las células. El riñón será el encargado de destruir este exceso de glucosa, por eso los niños diabéticos beben mucho líquido y orinan con más frecuencia de lo normal. Los niños diabéticos necesitan inyectarse insulina para poder vivir, además de seguir una dieta adecuada. Cuando aumenta la concentración de azúcar en la sangre, la glucosa pasa a la orina y los riñones producen más agua para diluirla. En consecuencia, se elimina también gran cantidad de agua, lo que explica la sensación de sed y hambre. También pueden presentarse somnolencia, náuseas, cansancio y visión borrosa. Son niños delgados, especialmente si se tiene en cuenta lo mucho que comen. Un análisis de sangre evidenciará valores elevados de azúcar en la sangre. El pediatra suele sospechar el diagnóstico simplemente a través de los síntomas que refiere la madre especialmente si hay antecedentes familiares de esta enfermedad. El principal objetivo es regular los valores de azúcar en la sangre y permitir que el niño lleve una vida normal. Para ello el tratamiento se basará en tres pilares: dieta, insulina y ejercicio. La dieta la establecerá el pediatra así como el tipo de ejercicio a realizar. Los diabéticos tienen tendencia a valores altos de colesterol, por lo que debe considerarse este aspecto al programar una dieta, limitando la ingestión de grasas saturadas. El pediatra también enseñará a los padres y al niño a inyectarse de insulina así como las dosis adecuadas. Una vez establecido el tratamiento adecuado, se establecerá un calendario para acudir a las revisiones periódicas que debe tener un niño diabético. Hay que consultar al pediatra si: Se presenta con cierta frecuencia situaciones de hipoglucemia. Si se debe modificar con frecuencia las dosis de insulina.

DIARREA AGUDA:
Es un aumento en el número de deposiciones y/o una disminución de su consistencia. Representa el segundo motivo más frecuente de consulta y hospitalización en niños menores de 2 años. La causa más frecuente es infecciosa (gastroenteritis), siendo el rota virus (agente viral) el germen que con mayor frecuencia produce diarrea en los niños de todo el mundo. Afecta sobre todo a niños entre 6 meses y 2 años de edad, especialmente varones, y tiene una mayor incidencia en los meses invernales. Algunos agentes bacterianos también pueden ser responsables de diarreas agudas infecciosas y un porcentaje considerable de niños que asisten los niños que asisten a guarderías infantiles. Los primeros síntomas son los vómitos y la fiebre que preceden a la diarrea en 12 ó 24 horas. Asimismo, las gastroenteritis producidas por rota virus, van generalmente precedidas por un catarro de vías aéreas superiores. Las características de las deposiciones dependen de la causa de la diarrea. Las deposiciones de las gastroenteritis víricas son heces líquidas o semilíquidas, amarillentas, de olores ácidos y ruidosos. Se acompañan de dolor abdominal y de enrojecimiento de la zona del pañal. Las diarreas bacterianas más frecuentes en nuestro medio suelen ser deposiciones verdosas y malolientes y contienen moco y sangre. Las características de las deposiciones y los síntomas acompañantes orientan al diagnóstico. En raras ocasiones es necesario recurrir al análisis bacteriológico de las heces (coprocultivo) dado que en la mayoría de los casos la causa es viral y por otra parte la utilización de antibióticos en la diarrea infecciosa en la infancia es excepcional. Para prevenir la aparición de diarreas la higiene es fundamental. Es necesario efectuar un buen lavado de manos antes y después del cambio de pañales y de preparar los alimentos, medidas que deberemos extremar en las guarderías infantiles. Para prevenir la enfermedad dependerá de la edad del niño y de la gravedad de la diarrea. Los bebés que toman leche materna seguirán realizando la misma toma, sin forzar el apetito del bebé. A los niños alimentados a biberón les ofreceremos la toma más diluida y en menor cantidad, aunque de modo más frecuente. Los bebés más mayores sustituirán el puré habitual de verduras por uno de arroz y zanahoria y el batido de frutas por uno de manzana, plátano y limón. Es importante que cada vez que el niño realice deposición le ofrezcamos para beber soluciones rehidratantes comercializadas (siguiendo las indicaciones de su pediatra) para compensar las pérdidas que se producen por las heces y evitar que el niño se deshidrate. Debemos consultar al pediatra si: El bebé realiza muchas deposiciones y rechaza las soluciones rehidratantes. Si vomita las soluciones y/o el alimento que le ofrecemos. Se asocia fiebre alta o mal estado general. Tiene aspecto tóxico.

DOLOR ABDOMINAL AGUDO:
Es uno de los motivos de consulta más frecuente. Hay que distinguir entre el dolor abdominal agudo en el que el síntoma principal es el dolor abdominal y que no siempre precisa cirugía, y el abdomen agudo que requiere intervención quirúrgica urgente. El dolor abdominal puede tener su origen dentro del abdomen o deberse a enfermedades extra-abdominales, de causa infecciosa, traumática, metabólica o mal formativo. Las causas son diferentes según los grupos de edad: En el lactante: cólico del lactante, invaginación intestinal, diarrea aguda, infección del tracto urinario. En el preescolar: diarrea aguda, infección del tracto urinario, adenitis mesentérica, amigdalitis. En el escolar: diarreas, píelo nefritis, apendicitis, adenitis mesentéricas, neumonías, amigdalitis. La historia clínica, el examen físico completo y la palpación abdominal cuidadosa orientarán el diagnóstico. El pediatra en función de la sospecha clínica solicitará pruebas analíticas, radiológicas, y en ocasiones, ecografía abdominal, para confirmar el diagnóstico. El tratamiento depende de la causa del dolor abdominal. Es importante saber que no debemos dar analgésicos antes de descartar que se trata de un abdomen agudo ya que en estas situaciones hay que intervenir quirúrgicamente y si suprimimos el dolor podemos enmascarar el cuadro y retrasar el diagnóstico y consecuentemente el tratamiento adecuado. En el resto de los casos, el tratamiento del proceso que condicionó el dolor abdominal agudo, conlleva la mejora de los síntomas. Se debe acudir a urgencias o consultar al pediatra si el dolor abdominal: Es intenso y mantenido y/o lo localiza en un punto determinado. Se acompaña de vómitos y/o fiebre. Se observa sangre en las heces. No ha realizado deposición en las últimas 24-48 horas.

DOLOR DE CABEZA (CEFALEA):
Es una sensación de malestar o dolor en la parte superior de la cabeza, difícil de definir sobre todo cuanto más pequeño es el niño y mucho más frecuente de lo que se cree. Para las madres es un síntoma muy alarmante porque invoca enfermedades potencialmente graves como la meningitis. El dolor de cabeza es un síntoma y no una enfermedad y puede ser producido por múltiples procesos. Puede ser una manifestación de una cualquier enfermedad infecciosa que curse con fiebre, de problemas oftalmológicos, de trastornos emocionales, etc. Además del dolor de cabeza, que tendrá unas características propias en función de su origen y que el niño nos sabrá describir mejor o peor según la edad, existirán los síntomas que acompañan al proceso causante de la cefalea (fiebre, nauseas vómitos, síntomas respiratorios, etc.). La historia clínica seguido de la exploración física y neurológica son los primeros pasos para el estudio de las cefaleas. Con los datos obtenidos, el pediatra solicitará, si lo considera necesario, pruebas complementarias para completar el estudio. En la mayoría de los casos el pediatra iniciará un tratamiento farmacológico con analgésicos tipo paracetamol, además de tratar de eliminar los factores desencadenantes si los hubiera. Es normal que: Le duela la cabeza si tiene fiebre o está pasando por un proceso infeccioso. Le duela la cabeza después de correr o de hacer mucho ejercicio. Hay que consulta al pediatra si: El dolor de cabeza es persistente e interfiere con la actividad del niño. Va acompañado de vómitos y de malestar general. Se trata de un dolor muy intenso.



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