En 1941 hedonistas de las clases altas del nazismo se dedicaron a rodar filmes de porno duro para consumo privado. Pese a su cruzada contra el arte degenerado, el régimen las usó para comprar petróleo extranjero. El autor alemán de este reportaje investigó durante dos años

El cine porno nazi

Con el nombre de Películas de Sachsenwald (Sachsenwald, es una región alemana cercana a Hamburgo) se conocen las películas pornográficas rodadas durante el III Reich Aleman para uso y disfrute de algunos de los más importantes gerifaltes nazis.

En los últimos años de la II Guerra Mundial, cuando el régimen nazi estaba más que en serios apuros, estas películas pornográficas fueron un factor estratégico en negociaciones entre mandos alemanes y comerciantes e industriales extranjeros, por poner un ejemplo, todo el hierro utilizado en el tejado del Palacio de Congresos de la ciudad de Nuremberg fue un trueque con un noble sueco, propietario de la compañía minera LKAB, con sede en Kiruna, a cambio de una de estas películas. Tambien existe una pista inequívoca que permite seguir las películas hasta el norte de África, al Mineralölkommandos (comando petrolífero) del Afrika-Korps. Las películas pornográficas, igual que las postales de desnudos, eran unos objetos de intercambio muy cotizados entre los beréberes.

Las Películas de Sachsenwald son un tema tabú en Alemania, el único que se ha atrevido a investigar sobre este asunto ha sido el escritor Thor Kunkel.

Documentándose para su novela Endstufe (Escena final) no solo halló tres de las escasas copias que se conservan de aquellas películas, Der Fallersteller (Cazador con trampas), Frühlings Erwachen (El despertar de la primavera) y Waldeslust (El bosque del placer), de las tres la única rodada en color, todas en manos de un coleccionista privado sino que encontró a uno de los cámaras y a una de las protagonistas.

Según Kunkel, uno de los pocos privilegiados que ha visionado las cintas, las películas son todo un catálogo de pornografía extrema: penetraciones, sexo oral entre más de dos personas, una adolescente atada a un árbol, palizas, escenas de sadomasoquismo...

Las Películas de Sachsenwald nunca fueron exhibidas en público en Alemania, incluso actualmente, en los archivos oficiales no existen copias ni referencia ninguna a los títulos.

Quizás la conciencia alemana, que considera a los nazis poco menos que monstruos, se resista a pensar que pudieran tener un pecado tan humano como la afición por el porno.