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El Viejo Leonidas.

El Viejo Leonidas.

El viejo Leonidas era un hombre cansado, con cabellos blancos que recordaban la nieve de abril, caminaba cada tarde por el malecón guiado hasta el ocaso, sin un rumbo, sin un lugar, como una sombra en este mundo, sin un paradero al final de la calle, y con esa extraña sonrisa que nunca llegue a comprender.

Mi padre me hablaba de él con gran admiración, y la verdad yo no entendía por que, solo veía un viejo callado y triste, solo un anciano a final de cuentas; la gente del puerto hablaba de el entre murmullos, decían que fue un gran hombre, un hombre de mar, un héroe que escapo de una muerte segura al tratar de rescatar a otros marineros, pero, ya casi nadie recuerda esa historia, y parece ser que junto con el, la historia desaparece con el tiempo; hoy en día solo vive de la caridad de quienes lo conocieron, y de quienes escucharon en algún momento su historia, así es el viejo Leonidas.

Esa tarde mi hermana se le acerco, le obsequio dos panes y el viejo sonrió; algo pude ver en su rostro, un brillo, no sabría como explicarlo, su tranquilidad, su nobleza, fue diferente, tanto así que me quede pensando en el cambio de su mirada, en lo profundo de su rostro y la fuerza que ocultaban sus canas, pensé en ello toda la tarde y decidí que al día siguiente visitaría de nuevo al viejo Leonidas.

Me levante temprano esa mañana y tome lo primero que encontré en la cocina, cuando llegue al puerto el viejo caminaba junto a la orilla del mar y observaba el horizonte como perdido en un sueño, me acerque a el gritando ¡Leonidas! ¡Leonidas! El viejo volteo y me sonrió, se sentó en la arena y acepto lo que le ofrecí. Mañana me iré.... - me dijo; “Irte a donde!” Le pregunte; a lo que el respondió: “mañana me voy, porque ellos vienen por mí”, Leonidas solo sonrió, me acaricio el cabello, y se fue caminando, yo no podía comprender a que se refería, Leonidas no parecía loco, pero, ¿acaso lo estaba?

Ya de regreso a casa decidí saber que pasaba, así que no dormí esa noche, si era necesario estaría en el puerto hasta el alba, no me importaba el castigo, tenia que saber de quienes hablaba Leonidas, quienes eran ellos; esa noche espere a que todos en casa durmieran y fui al puerto, espere y espere pero me quede dormido, de repente entre la niebla algo sonó, un sonido lejano pero con la fuerza suficiente para hacerme saltar de la arena, una sirena!!!!, una antigua sirena de mar; pero, mis ojos me engañaban, un barco atracaba en el muelle, era una fragata, como las de la guerra, una fragata como la de mis libros, seguramente estaba soñando, me peñiscaba y no podía despertar, todo era real, era de verdad, pude ver al viejo Leonidas camino a la fragata, ya no tenia sus harapos encima, Leonidas tenia puesto un uniforme militar, el viejo sonreía y lloraba, al fin!!! Gritaba, ¡Al fin llegaron por mí! ¡Al Fin! parecía haber recobrado sus años de juventud y camina a paso firme hacia el barco, subió por la escalinata y volteo, el siempre supo que yo estaba ahí, me sonrió y algo saco de su bolsillo y me lo lanzo.

En un segundo la niebla se volvió tan espesa que no pude verlo más, y todo desapareció, en mis manos tenia un reloj, el reloj del viejo Leonidas, el reloj que de alguna manera creo yo, marcaría las horas, hasta que aquella fragata algún día viniera por mí.

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