Esta familia de banqueros constituyó un verdadero símbolo del poder capitalista en el siglo XIX, al punto que sus miembros sirvieron de modelo a numerosos novelistas y se convirtieron fácilmente en chivos expiatorios tanto rara los anticapitalistas como para los antisemitas.

 

Esta familia de banqueros constituyó un verdadero símbolo del poder capitalista en el siglo XIX, al punto que sus miembros sirvieron de modelo a numerosos novelistas y se convirtieron fácilmente en chivos expiatorios tanto rara los anticapitalistas como para los antisemitas.

Fundación de una gran familia de banqueros:

Fue Mayer Amschel Rothschild, nacido en Francfort en 1743, quien dio origen a la fortuna de la familia. Destinado a ser rabino, tras la muerte de sus padres se vio obligado a entrar como aprendiz al banco Oppenheim en Hannover. En 1764, de regreso en Francfort estableció junto a sus tres hermanos un pequeño y próspero negocio de antigüedades y de intercambio de monedas y otros objetos de valor. En la década de 1780 era ya un negociante acomodado.


Su reciente fortuna le permitió en 1785 convertirse en intermediario financiero del príncipe elector de Hesse-Kassel, Guillermo IX, iniciando así una estrategia de alianza económica con las monarquías europeas. Como ocurrió con otras grandes familias burguesas, las guerras de la Revolución francesa y del imperio fueron una oportunidad extraordinaria de enriquecimiento para los Rothschild. Mientras Mayer Amschel y su hijo mayor Anselmo permanecieron en Francfort, los demás hijos se establecieron en las grandes capitales europeas: Nathanen Londres desde 1804, James en París, en 1811, Salomon en Viena, en 1820, y Karl en Nápoles.

En estas diferentes plazas se dedicaron al comercio de productos esenciales en tiempos de guerra, como algodón, textiles y armas. Pronto, gracias a un sistema de correo sumamente eficaz, consiguieron transferir fondos por Europa y pudieron otorgar préstamos a todos los príncipes.

Del "Gran Banco" a la burguesía comercial:

En 1817 Metternich ascendió a los Rothschild a la nobleza y luego, en 1822, les concedió el título de barón. Gracias a los vínculos privilegiados que mantuvieron con el gobierno austríaco, los Rothschild se convirtieron en »banqueros de la Santa Alianza» (integrada por Francisco 1 de Austria, el rey Federico Guillermo III de Prusia y el zar Alejandro I de Rusia). Pero pronto los hermanos intervinieron también en compañías de seguros y participaron entonces del crecimiento económico europeo, especialmente en Inglaterra, al multiplicar sus inversiones en diferentes sectores (minas, metalurgia y ferrocarriles). Así, entre 1837 y 1848, James de Rothschild se convirtió en un magnate de los ferrocarriles en Francia, aunque conservó la prudencia característica del «gran banco» familiar. Sin embargo, el banco Rothschild perdió su posición monopólica ante el auge de los bancos de negocios o de depósitos en toda Europa, y dejó de ser el primer banco europeo ya en el último tercio del siglo XIX.

La tercera generacion:

Los Rothschild de la segunda generación, los hijos de Mayer Amschel, permanecieron como extranjeros en los países donde se instalaron. James, por ejemplo, pese a su gran apego por Francia, nunca adquirió la nacionalidad francesa. Sus hijos, por el contrario, educados en los mejores colegios, adoptaron plenamente las costumbres de los países en los cuales hicieron prosperar sus negocios. Nathaniel se convirtió en lord Rothschild en 1885, Philippe adquirió un dominio vitícola en la región bordelesa, donde se embotella el famoso Mouton-Rothschild. Modelados por el medio cultural de adopción, los Rothschild ejercieron una considerable influencia sobre la economía y la política del país que los acogió. Así, Alphonse de Rothschild presidió el sindicato de banqueros que le permitió a Francia pagar rápidamente las indemnizaciones de guerra tras la derrota contra Alemania. Lionel, que en 1858 fue el primer judío en ingresar a la Cámara de los comunes, concedió en 1875 un enorme préstamo al gobierno inglés, lo que le permitió convertirse en el principal accionista de la Compañía del canal de Suez.


Para los grandes coleccionistas de arte de fines del siglo XVIII, el papel de los Rothschild fue fundamental en la constitución del patrimonio cultural europeo decimonónico. En efecto, en un siglo donaron más de 65.000 obras de arte los museos franceses. Charlotte de rOthschild (1825-1899), LA hija mayor de James, legó a su muerte gran parte de su colección de originales italianos al museo del Louvre, así como "La lechera" de Greuze, heredada de su abuelo. Gracias a ella, la colección del compositor Isaac Strauss constituida por objetos dedicados al culto judío, pudo entrar al Museo de Cluny. Adolphe, hijo de Karl, jefe de la rama italiana, tenía una colección de orfebrería religiosa (de los siglos XII-XVI) que legó al Louvre en 1901. Por la misma época, su primo Ferdinand (1839-1898), nieto de Salomón (1843-1922) y jefe de la rama austriaca, dejó una notable colección de orfebrería al Museo Británico.

El sentido de familia:

Una de las claves del éxito de los Rothschild radica en la solidaridad indefectible que siempre manifestaron y que posteriormente, en el siglo XX, los salvó del exterminio durante el régimen nazi. En el siglo XIX, los Rothschild estuvieron a la cabeza de la comunidad judía de su país, tanto en Inglaterra como en Francia. En este último, el apoyo financiero fue considerable: además de otorgar una subvención anual equivalente a la del gobierno, sus donaciones permitieron la construcción de la sinagoga de la rue de la Victoire, en París, así como de otras numerosas instituciones judías. Durante la década de 1880, el barón Edmond de Rothschild, tercer hijo de James, patrocinó las colonias judías establecidas por los "Amantes de Sión" en Palestina.

Por otro lado, los Rothschild, que los antisemitas consideraban como un verdadero símbolo de las grandes finanzas judías, no se comprometieron tanto con aquellos correligionarios que fueron víctimas del mismo antisemitismo, como el caso del capitán Dreyfus. A Los Rothschild, así como los Worms, los Lazare o los Pereire, fueron blanco favorito de los antisemitas, aunque en Paris uno de cada cinco bancos pertenecía a judíos.