Envidia "Otros tienen lo que yo merezco"


envidia


"La Envidia"


La envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. Esto es sentirse mal porque otro tiene algo sin necesariamente desear eso que el otro tiene, sino más bien por el mismo hecho de la bonanza en el otro. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

pensamiento


depresión



La envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro posee. Siendo en este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.
Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente.
Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.


Psicología


Deseo



Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad. Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.
José Antonio Marina sostiene cierta nomenclatura afectiva en su obra "El laberinto sentimental", en la que divide los fenómenos afectivos en: afecto, sensaciones de dolor placer, deseos y sentimientos, subdividiendo éstos en cuatro grupos según su intensidad como: estados sentimentales, emociones y pasiones. Este último grupo, las pasiones, son definidas como "sentimientos intensos, vehementes, tendenciales, con un influjo poderoso sobre el individuo". Sería en este grupo en el que la envidia quedaría configurada.
Se asocia la envidia al color verde o amarillo y existe incluso la frase hecha "verde de envidia" o "amarillo de envidia".


autoestima


maldad


Significado Psicológico:

Una de las peculiaridades de la actuación envidiosa es que necesariamente se disfraza o se oculta, y no sólo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega ante los demás y ante uno mismo sentir envidia.
La envidia revela una deficiencia de la persona, del self del envidioso, que no está dispuesto a admitir. Si el envidioso estuviera dispuesto a saber de sí, a re-conocerse, asumiría ante los demás y ante sí mismo sus carencias.
La dependencia unidireccional del envidioso respecto del envidiado persiste aún cuando el envidiado haya dejado de existir. Y esta circunstancia –la inexistencia empírica del sujeto envidiado y la persistencia, no obstante, de la envidia respecto de él-descubre el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que posee el envidiado, sino el sujeto que lo posee.
El envidioso acude para el ataque a aspectos difícilmente comprobables de la privacidad del envidiado, que contribuirían, de aceptarse, a decrecer la positividad de la imagen que los demás tienen de él (el envidioso tiende a hacerse pasar por el mejor «informado», advirtiendo a veces que «aún sabe más»). Pero adonde realmente dirige el envidioso sus intentos de demolición es a la imagen que los demás, menos informados que él, o más ingenuos, se han construido sobre bases equivocadas.


necesidad


Rencor



Ahora vemos dónde está realmente el verdadero objeto de la envidia. No en el bien que el otro posee, sino en el (modo de) ser del envidiado, que le capacita para el logro de ese bien.
El envidioso es un hombre carente de (algún o algunos) atributos y, por lo tanto, sin los signos diferenciales del envidiado. Sabemos de qué carece el envidioso a partir de aquello que envidia en el otro. Pero, además, en este discurso destaca la tácita e implícita aseveración de que el atributo que el envidiado posee lo debiera poseer él, y, es más, puede declarar que incluso lo posee, pero que, injustificadamente «no se le reconoce». Ésta es la razón por la que el discurso envidioso es permanentemente crítico o incluso hipercrítico sobre el envidiado, y remite siempre a sí mismo. Aquel ha quien podríamos denominar «el perfecto envidioso» construye un discurso razonado, bien estructurado, pleno de sagaces observaciones negativas que hay que reconocer muchas veces como exactas.
No sólo el sujeto envidioso es inicialmente deficiente en aquello que el envidiado posee, sino que el enquistamiento de la envidia, es decir, la dependencia del envidioso respecto del envidiado perpetúa y agrava esa deficiencia. Decía Vives: «Con razón han afirmado algunos que la envidia es una cosa muy justa porque lleva consigo el suplicio que merece el envidioso».
Una de las invalideces del envidioso es su singular inhibición para la espontaneidad creadora. Ya es de por sí bastante inhibidor crear en y por la competitividad, por la emulación. La verdadera creación, que es siempre, y, por definición, original, surge de uno mismo, cualesquiera sean las fuentes de las que cada cual se nutra. No en función de algo o de alguien que no sea uno mismo. Pues, en el caso de que no sea así, se hace para y por el otro, no por sí. Todo sujeto, en tanto construcción singular e irrepetible, es original, siempre y cuando no se empeñe en ser como otro: una forma de plagio de identidad que conduce a la simulación y al bloqueo de la originalidad.


Envidia "Otros tienen lo que yo merezco"


El tratamiento eficaz de la envidia cree verlo el que la padece en la destrucción del envidiado (si pudiera llegaría incluso a la destrucción física), para lo cual teje un discurso constante e interminable sobre las negatividades del envidiado. Es uno de los costos de la envidia, un auténtico despilfarro, porque rara vez el discurso del envidioso llega a ser útil, y con frecuencia el pretendido efecto perlocucionario –la descalificación de la imagen del envidiado- resulta un fracaso total.
Su deficiencia estructural en los planos psicológico y moral aparece a pesar de sus intentos de ocultación y secretismo.


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Cómo actuar contra la envidia:

La envidia es un sentimiento que con diferentes intensidades ha rozado a todos en algún momento de sus vidas. Solemos escuchar que existe envidia sana y de la otra, dando por entendido que la no sana es mala palabra y que con esa no se tiene nada que ver. ¿Se puede cortar la envidia? ¿Qué puede provocar un envidioso?
Antes que nada, el envidioso se provoca daño a sí mismo y en segundo lugar malestar en los demás. La energía que emana este sentimiento es muy fuerte, negativa y destructiva. No es para nada una enfermedad, es un defecto de carácter, que se une a la venganza, la ira, la autocompasión, el resentimiento, la desconfianza, el culpar a los demás, la crítica, el pesimismo y la falta de amor y de preocupación por el prójimo.
Son generalmente las personas no contentas consigo mismas o las que tienen complejo de inferioridad las que siempre expresarán envidia hacia los demás, ya sea por aspectos físicos o intelectuales, posibilidades de éxito o por bienes materiales.
Reconocer que se siente envidia por algo o alguien y que eso es lo que domina nuestras actitudes, deseos y pensamientos es el punto de partida para revertir esa situación. No es fácil, pero tampoco imposible. El entorno cercano será muy importante para marcar este defecto con amor y motivar un cambio positivo.
Para quienes se sientan el blanco de envidias de compañeros de trabajo, vecinos, compañeros de estudio, amigos y hasta familiares, lo más importante es preservarse, no exponerse a situaciones que provoquen y agudicen ese sentimiento, entender que el envidioso en la mayoría de las veces no puede dominar lo que le pasa, que es una situación que le genera sufrimiento, insatisfacción y por lo tanto la mejor manera de reaccionar es detectar aquellas cosas de nuestra conductas que actúan como disparador y evitarlas con determinadas personas. Desde ya, que si se animan a dialogar con cuidado sobre este tema, será muy productivo para todos.


pensamiento


* Utilizar carbón natural para absorber la energía de los lugares habituales. Un procedimiento de defensa muy simple y que da muy buenos resultados. Colocar todos los días y durante una semana 3 trozos de carbón en un plato, en el ambiente deseado y tirar cada mañana los trozos en un curso de agua.
* Tener cerca del escritorio o lugar de trabajo una copa o vaso de vidrio con agua, verán cómo se carga de burbujas al absorber la energía del entorno, no tomar esa agua, tirar el agua y renovarla todos los días.
* Encender un incienso y pasarlo por todas las habitaciones en las que se consideren necesarias. En la oficina, si fuese posible, se puede encender un hornito, tomando los cuidados del caso, con apenas unas gotitas de lavanda, ruda o romero.
* Baño de inmersión para descargas. Se llena la bañadera de agua tibia y se mezcla en el agua sal gruesa (dos vasos). Se pueden agregar unas hojitas de romero. No estar en el agua más de 20 minutos. No hacer más de una vez por semana.


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