El odio enferma

El odio enferma

Odiar es desearle lo peor a otro ser humano. No es adaptativa ante un ataque, sino el recordatorio, la alimentación permanente del sentimiento negativo.
Odiar es muy fácill, amar es un poco más difícil. Desear la destrución del prójimo ocurre con una facilidad incomprensible, considerando sus implicaciones éticas y psicológicas. Lastimar innecesariamente a otros, basados exclusivamente en la idea del "ojo" por "ojo" o en el código antisocial de la venganza, para ir en contra de toda ley natural, y aún así ocurre.
El odio no se extingue ni se agota cuando lo utilizamos, más bien se ahonda y se refuerza a si mismo, durante meses, años o siglos. De manera similar a lo que ocurre con la dependencia de las drogas, el odio no se sacia, el organismo no es capaz de procesarlo y absorberlo hasta alcanzar el equilibrio.
El esquema del odio se autoperpetúa en una espiral infernal. cuando se intenta equivocadamente aliviar la sed de venganza matando a alguien, es posible que la familia o los amigos de la víctima también recurran a la violencia para "resarcir" la cuestión, lo que hará que los nuevos afectados reaccionen nuevamente otra vez con violencia.
La herencia de la muerte que se transmite como un legado de "honorabilidad" , de generación en generación, de momento a momento.
Paranoia, abuso, acción y reacción defenza y ataque, la filosofía de la guerra. El odio es el patrimonio de los depradadores humanos (Los animales no odian, sólo sobreviven), la justificación emocional que legaliza la aniquilación de las víctimas.
El encono emocional extermina el amor, porque se opone a la existencia de la persona. Es lo del amor espinosista, tal como lo define Comte-Esponville: "Amar es la alegría de que el otro exista". En cambio, odiar es negar la existencia ajena, proclamar su " No ser": "Me da rabia que existas".

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El odio también adopta formas menos dramáticas y genocidas. No siempre atacamos a mansalva, no siempre la agresión manifiesta se impone. En ocaciones, la ira se reprime y transforma en rencor, en resentimiento, en furia no resuelta que se instala en la memoria emocional y no nos deja en paz. No hay tranquilidad si mi mente está empeñada en desear el mal. Odiar quita tiempo, exige una gran inversión de recursos y amargarura, por eso es que el aborrecimiento sostenido enferma a quien lo siente.
Y también genera tristeza, degradación de la vida. Nadie puede crecer en el odio ni acercarse siquiera a la felicidad porque se opone al hecho mismo de vivir, a la naturaleza del Universo. La adversión obsesiva hacia otro ser vivo nos quita la opción de convivencia y nos ubica en un campo de batalla minado de negativismo y miserias.
No digo que todo el mundo deba caernos bien. Hay rechazos muy viscerales. De lo que hablo es de la animadversión vital, de la necesidad imperiosa de querer provocar el mal a un semejante, de disfrutar su desgracia, de recrearse en la malevolencia.
¿El tiempo todo lo cura..?. Dudo de que sea así. A veces el tiempo alimenta el sentimiento negativo y lo hace más nocivo. Es mejor estar a favor de la vida, es más saludable disfrutar la paz y más alegre regocijarse en el amor.

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