La danza moderna al desnudo
esta es una función a la que parece asistio herni y estaba sentado en primera fila
En la danza experimental moderna, la desnudez es actualmente una situación generalizada. La sorpresa más grande es descubrir que a veces resulta exitosa. Y cuando esto ocurre, cambia nuestra percepción de los músculos y de la carne. Su efecto tiene dramatismo.

La exposición del cuerpo sin adornos nació para alterar el mundo del ballet. Recientemente, varios casos de desnudez empujaron las fronteras de la liberación; la mayoría de los ejemplos que llegaron más lejos tuvieron como protagonistas a hombres.

En 2010, presencié un trabajo de Christopher Williams llamado Gobbledygook, donde el bailarín Adam H. Weinert desnudo en tanto los demás artistas permanecían vestidos se paraba de espaldas al público y se agachaba, permitiendo (u obligando) al público a observar la grieta entre sus glúteos y una visión de atrás de sus genitales.

Al final de "Crotch (all the Joseph Beuys references in the world cannot heal the pain, confusion, regret, cruelty, betrayal, or trauma...)" (Entrepierna: todas las referencias de Joseph Beuys en el mundo no pueden reparar el dolor, la confusión, el pesar, la crueldad, la traición ni el trauma...), su espectáculo solista de 2009-10, Keith Hennessy estaba sentado pero con la ingle cubierta de grasa de cerdo. Nos reunía al público a su alrededor en el escenario. Empujando una aguja con hilo rojo sangre a través de cicatrices en su propia carne, iba cosiendo el hilo a través de la ropa de las tres personas que estaban sentadas más cerca de él. Luego fijaba en nuestros ojos miradas inquisidoras.

Aun para quienes a esta altura hemos visto muchísimos cuerpos desnudos en el escenario, la visión posterior inclinada de Weinert en "Gobbledygook" fue algo nuevo.

No fue un problema, empero. Esa utilización de la desnudez volvía a Weinert memorablemente vulnerable. También nuevo fue lo de Hennessy cosiéndose a otros en "Crotch"; el espectáculo me pareció a la vez horrendo y cautivante elocuente pero asquerosamente manipulador.

Cuando les comento estas cosas a mis amigos, inevitablemente me preguntan: ¿cuál es la frontera entre arte y pornografía? Sin embargo, siempre ha habido una enorme superposición entre ambas cosas; se ven escenas de copulación en los vasos griegos y en los templos indios. Muchas obras de arte han parecido pornográficas aun sin ninguna desnudez.

La superposición entre arte, sexo y desnudez quedó ilustrada magníficamente, en mi opinión en un espectáculo realizado en mayo en New York Live Arts, cuando el coreógrafo John Jasperse presentó su "Fort Blossom Revisited". Dos bailarinas aparecieron todo el tiempo con vestidos cortos; los hombres, Benjamin Asriel y Burr Johnson, estuvieron siempre desnudos. En un episodio, Asriel y Johnson estaban recostados uno sobre el otro, de perfil hacia nosotros, sosteniendo en sándwich una alfombra inflable de vinilo entre ambos. Los hombres comenzaron a mover sus pelvis rítmicamente.

Lo que veíamos era una deconstrucción del sexo anal. La frialdad y la objetividad peculiares de la escena hacían que ésta resultara imponente, poética incluso y singularmente poco sensacionalista.

Al terminar, y después de permanecer inmóviles un momento prolongado, soltaron el aire de la alfombra inflable, como si hubiera sido un condón.

Vengo empleando hasta aquí la palabra "desnudez" antes que "desnudo". El historiador del arte Kenneth Clark inicia su amado libro "The Nude" (1956) con una distinción. "La desnudez es estar privado de la ropa y la palabra implica parte de la incomodidad que la mayoría de nosotros siente en esa situación", escribió. En cambio, la imagen del desnudo "no es la de un cuerpo encogido e indefenso, sino de un cuerpo equilibrado, próspero y confiado: el cuerpo re-formado".

Los héroes y las heroínas del ballet usan ropa, y sin embargo proyectan una imagen del cuerpo que es perfectamente armónica y sin defecto. Al mirar a una primera bailarina en su tutú, sus muslos, sus zapatillas de punta y -lo que es más importante sus arabescos y sus quintas posiciones, se ven aspectos cruciales del desnudo tradicional. En ella, se ve el cuerpo equilibrado, próspero, ideal, radiante y sin incomodidades.

Esta paradoja fue llevada más lejos por Arlene Croce en una reseña de 1974 en "The New Yorker", cuando, refiriéndose a la ilusión creada por el ballet, escribió, "El arabesco es real, la pierna: no".

En los últimos 20 años, sin embargo, ha habido una tendencia a que las mujeres expongan también una superficie mayor de piel. En "After the Rain" (2005) de Christopher Wheeldon, la bailarina, con el cabello suelto, viste únicamente una calza y zapatillas de baile. Durante los años 90, la bailarina francesa Sylvie Guillem comenzó incluso a interpretar partes de su repertorio establecido sin medias largas.

Cuando se quitan las medias, cambia el arte mismo del ballet.

El ballet, género que en su tiempo recapturó la calidad ideal de la desnudez, se transforma por el contrario en estos ejemplos modernos, en el arte de la desnudez.

Detalles musculares del muslo, la rodilla y la pantorrilla se vuelven de golpe elementos de distracción. La pierna se torna real, el arabesco: no.

El ballet, sin embargo, es principalmente una forma musical de la danza. Fue Robert Helpmann, ex estrella de ballet, quien observó estupendamente el problema de bailar desnudo: cuando la música se detiene, no todas las partes de la anatomía se detienen al mismo tiempo. En la danza, por ende, es probable que la desnudez escénica siga perteneciendo al ámbito de la danza moderna experimental.


No se sabe quien fue el creador de este estilo pero se comenta que fueron Herni y Manolo