678 el programa de los K

El programa se llama 6-7-8 y quizás no es el de mayor audiencia, pero seguramente es el más polémico y el más seguido en las redacciones de Argentina. Lo emite la televisión pública, Canal 7, financiada conimpuestos y publicidad oficial, y se dedica todos los días, sin disimulo y en horario estelar, a descalificar a la oposición y a desacreditar a los periodistas críticos con el Gobierno. 

Se presenta como un "resumen crítico de lo que pasa en los medios" y utiliza un amplio archivo audiovisual para subrayar las contradicciones de políticos y periodistas, manteniendo, en general, un tono jocoso. El problema es que no tiene, ni pretende tener, la menor ecuanimidad. Las únicas voces que se oyen son las que defienden al Gobierno y las únicas críticas que se emiten, las que afectan a los enemigos de los Kirchner. Es obra de una productora llamada Pensando para Televisión, que dirige Diego Gvirtz, de 45 años, un experto en televisión que se ha convertido, según escribe Esteban Schmidt en la revista Rolling Stone, en el "superhéroe inesperado" de los Kirchner. EL PAÍS intentó contactarle, sin éxito. 
"Somos la mierda oficialista", dice en tono jocoso el presentador 
Luciano Galende, presentador del programa, lo defiende sin empacho. "¿Un programa de apoyo explícito al Gobierno? Sí, claro que sí. Muy explícito. 6-7-8 se califica a sí mismo jocosamente de mierda oficialista, y en eso somos más honestos que otros. Decimos lo que somos". Mierda oficialista es una canción chistosa que emite el programa. "Nosotros compensamos el mensaje hegemónico contra el Gobierno y divulgamos su pensamiento", insiste. 

¿No le incomoda que un programa así se emita en una televisión pública, financiada por todos los ciudadanos? "Primero, yo trabajo para la productora, no para el canal. Y después, un programa como este no podría ser emitido por ninguna televisión privada", asegura. Así que, a su juicio, lo que hace el Gobierno es "garantizar la libertad de expresión". Galende niega las informaciones publicadas sobre el elevado coste que paga el Gobierno. "No sé lo que cobra la productora, pero nuestros salarios son un 20% de lo que ganaríamos en un canal privado", mantiene. Se trata, pues, de un trabajo vocacional. 

María Julia Oliván, la periodista que se hizo cargo del programa cuando nació, en 2009, y que lo abandonó antes de cumplir un año, prepara ahora un libro sobre el tema y matiza su posición. "El programa se planteó como un análisis de los medios, y estoy de acuerdo, porque creo que la televisión pública es la única que puede criticar a las privadas, pero progresivamente se fue haciendo más virulento y menos gracioso" y "aumentó el sesgo a favor del Gobierno". "Pregunté si podía abrir el arco de tertulianos y bajar el tono, pero no fue posible", explica. Su sucesor, Galende, mantiene que si el programa no se abre a otros interlocutores es porque no quieren venir, "por más que les invitemos". 

6-7-8, que tiene un espacio en Facebook desde el que, en ocasiones, ha convocado a sus simpatizantes para manifestarse en la calle contra medios críticos con los Kirchner, es percibido por muchos periodistas como parte de una operación de "hostigamiento" que puede llegar a alcanzar niveles peligrosos para la integridad física de los profesionales atacados. "Se trata de un uso intensivo de la televisión pública con fines de propaganda política. A mí me da vergüenza", aseguró recientemente Jorge Lanata, ex director del diario Crítica. 

"Es un formato televisivo logrado. Es el primer gran acierto de un Gobierno muy cerrado desde el punto de vista de la comunicación, porque repercute en el resto de la prensa, genera malestar en los medios y refuerza la simpatía del núcleo duro pro Kirchner", asegura Pablo Sirvén, especialista en medios del diario La Nación. "Los que trabajamos en los medios privados tenemos mucho que corregir, pero no parece que el Gobierno sea el más indicado para dar lecciones de periodismo, una materia cuya sola mención les produce urticaria", ironiza. 

En los últimos meses 6-7-8 (seis tertulianos, en el canal 7 a las ocho de la tarde) ha dedicado una atención preferente al grupo Clarín, con ataques sobre su silencio durante la dictadura. La mayoría de los diarios argentinos no denunciaron las desapariciones de aquella etapa y, restaurada la democracia, tampoco pidieron perdón por haber faltado a su obligación. Los Kirchner, que tampoco presentan un historial de lucha contra la dictadura, no tuvieron malas relaciones con la prensa durante su primera etapa. De hecho, fueron apoyados por el Clarín y por muchos periodistas, encantados con su decisión inicial de suprimir la vía penal para el delito de calumnias e injurias. 

El deterioro galopante de relaciones (y el nacimiento de 6-7-8) surge a raíz de la llamada "guerra del campo", cuando muchos medios criticaron a los Kirchner y su popularidad empezó a caer. "Todo lo que hace Magnetto [directivo de Clarín] es una mentira, como su séquito de alcahuetes". Quien habla así es Aníbal Fernández, jefe del Gabinete de la presidenta, que dedica parte de su jornada a alimentar Facebook con igualmente matizados análisis de la situación argentina. 



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