"Soy clase media y trato de vestirme bien ¿Debería avergonzar​me?"


En esta nota, el economista destaca que la mayoría de los argentinos aspira a la movilidad social y no a la lucha de clases

Alguien lo dijo: "Soy clase media ¿Debería avergonzar


Con su permiso les voy a contar una pequeña historia. Corría el año 1919 y en Tomiño, un pueblo cerca de Vigo, Galicia, vivía una familia formada por un matrimonio y 7 hijos. Como se encontraban en una muy crítica situación económica, el padre decidió hipotecar su humilde casa para comprar un pasaje a su hijo mayor -de tan solo 14 años- para que vaya a la Argentina.

Debía encontrar a un tío que vivía en una ciudad llamada Necochea, quien lo ayudaría a encontrar un trabajo que le permitiera enviar dinero para colaborar a alimentar al resto de la familia. Así fue como ese niño de 14 años se subió a un barco y se vino a Argentina. Por supuesto no encontró a su tío y terminó trabajando en un tambo en Lobería.

Pasó el tiempo, se casó y tuvo 4 hijas, de las cuales algunas fueron profesionales y otras no, pero todas lograron convertirse en clase media. Todos los nietos de quien fuera el niño de 14 años tuvieron acceso a formación universitaria.

Ese señor estaba orgulloso de que, pese a no haber terminado tercer grado, había logrado que la mayoría de sus hijas fueran universitarias y sus nietos también.
Ese hombre se llamaba José y era mi abuelo. Ese casi analfabeto fue el hombre que me enseñó valores, conductas y respeto. La admiración que tengo por él es enorme y yo soy de clase media gracias a él. Gran parte de lo que soy, y de lo que puedo ofrecerles a mis hijos, se lo debo a él.

Mi abuelo siempre me habló con orgullo de su esfuerzo, de su lucha, no exenta de frustraciones o resentimientos, pero sabiendo que le había dejado una mejor situación a sus hijos y a sus nietos gracias al trabajo de toda una vida.

Lo interesante de mi abuelo es que siempre hablaba de esfuerzo (palabra hoy casi olvidada) y nunca de sacrificio (tan de moda últimamente).

Soy clase media
Yo soy clase media argentina, me recibí en la universidad pública, milité al final de la dictadura, participé en todas las marchas, voté. Mientras estudiaba trabajé part time; luego de recibirme gané una beca para estudiar en Brasil.

Viajé, estudié, conocí Rio de Janeiro. Volví desempleado y estuve haciendo changas hasta que ingresé en una empresa como joven profesional. Luego conseguí otro trabajo en la Auditoria General de la Nación y logré una media beca en una universidad de Inglaterra para una maestría en economía.

Ahora soy lo que soy. Nadie me regaló nada, pero mucha gente me ayudó. Familiares, amigos y jefes. Nadie logra todo solo en la vida. Hoy -como tantos otros en nuestro país- trabajo cerca de 12 horas por día. Tengo el placer de hacer lo que me gusta, y me pagan por ello. Pero lo tengo ahora, no fue siempre así.

Nunca pasé hambre, mi abuelo sí. El estaba orgulloso de que sus hijos no pasaran por lo mismo que él y, a la vez, sus hijos estaban contentos de poder darles más ayuda y más formación a sus propios hijos.

Movilidad vs. Lucha
Movilidad social lo llamábamos en Argentina. Donde cada generación estaba contenta por sus logros, pero sobre todo por las posibilidades que le dejaba a la generación siguiente. Que fueran más cultos, que tuvieran más mundo, que vivieran mejor.

Muchos de esos valores ya no son parte de la Argentina. Hay una clase media vergonzante. Hay quienes se avergüenzan de ser lo que son. Disfrutan con culpa sus logros y ya nos le parece un modelo a seguir. El pobre que sale de la pobreza nunca es modelo. Lo es el que sigue en la pobreza y en el círculo vicioso que ella implica.

¿Qué modelo emular?
En lugar de alegrarse porque cada vez haya menos planes sociales -que significaría que cada vez más gente se gana su sustento mediante su trabajo- se festeja que haya más planes. Se siguen inaugurando cada vez más hospitales cuando lo ideal sería tener cada vez menos enfermos. Se siguen pidiendo más cárceles en lugar de menos delincuentes. Cada vez más pobres que necesitan más lástima, más planes y más beneficencia; y menos pobres que necesiten más trabajo, más dignidad y más futuro.

Yo soy clase media y orgulloso de ello. Laburo todos los días para serlo. No soy perfecto ni lo pretendo, pero no ando pidiendo todo el tiempo ni llorando culpas. Si puedo, me visto mejor, también espero que mi próximo auto sea mejor que el actual. Si puedo, viajaré a conocer el mundo y disminuir mi ignorancia y la de mi familia. Ese era el sueño de mi abuelo y hoy es el mío.

El ideal de la gran mayoría de los argentinos es la movilidad social, no la lucha de clases. Peronistas o radicales siempre tuvieron por finalidad mejorar la vida de los trabajadores y si se opusieron a los conservadores, no era por una lucha de clases, sino porque estos impedían la movilidad social. Dificultaban el acceso al voto, impedían el ejercicio de los derechos laborales y la seguridad social. Así el país fue avanzando y retrocediendo, pero nunca se había cambiado el ideal. La movilidad social era el objetivo.

Nacemos en cunas distintas y es el rol del Estado darnos la igualdad de oportunidades (educación, salud y promoción del trabajo) Para desde allí, cada uno mediante su talento, su esfuerzo y su decisión, ir haciendo su camino.

La clase a la que pertenecemos no debería ser un estigma. Los pobres deben poder ser clase media o ricos y los ricos deben poder ser pobres. Movilidad, no estigmatización.

En la Argentina la movilidad social era también el símbolo del crecimiento económico del país. Trabajando, estudiando, creando empresas era como se mejoraba la calidad de vida de las personas. Hoy la movilidad social ascendente se busca en el deporte, en la televisión o en la política.