Hegemonía y medios de comunicación

Hegemonía y medios de comunicación


Gramsci sostenía que la penetración ideológica era uno de los elementos fundamentales para la dominación del bloque hegemónico de una sociedad sobre el resto de la población. Dicha dominación se realizaba en el ámbito de la sociedad civil y tenía como finalidad que los dominados identificaran sus intereses con los de sus dominadores. A diferencia de la sociedad política, donde el medio utilizado para la dominación era la coerción, lo que se intentaba aquí era buscar el consenso. La dominación era, en parte, coercitiva, y, en parte, consensual (a partir, como dijimos, de la penetración ideológica). Por el lado de la coerción, se encontraba el aparato estatal (poder jurídico, legislativo y penal), por el lado de la dominación ideológica se hallaban la Iglesia, el sistema educativo y los medios de comunicación.

Hegemonía y medios de comunicación


Acabamos de mencionar a los medios de comunicación. Gramsci ya señalaba el poder de influencia de los medios de comunicación en los años ´20 y ´30. Ochenta años después, nos encontramos con que ese poder creció exponencialmente. El desarrollo técnico ha traído aparejado el desarrollo de dichos medios a tal grado, que es casi imposible sustraerse a ellos. Formadores de la opinión pública, (casi podríamos decir del “se dice” heideggeriano) invaden tanto el ámbito privado como el público. No sólo están en los hogares, sino también en bancos, bares, hospitales, colectivos, etc. Se presentan a sí mismos como informadores “imparciales” y, a partir de dicha “imparcialidad”, se vuelven intocables, amparándose, las más de las veces, en la “libertad de expresión” como derecho absoluto e inalienable.

Sin embargo, los comentarios de los presentadores de noticias, la manera de recortar imágenes, la elección de qué hechos transmitir y qué hechos obviar, la manera de posicionarse frente a los acontecimientos políticos y sociales, los títulos mismos con los que se refieren a estos, evidencian que la mencionada “imparcialidad” es, al menos, cuestionable. Tanto en nuestro país como en el resto de América Latina, los medios de comunicación han jugado históricamente un rol muy importante en el proceso de dominación llevado a cabo por los bloques hegemónicos. En la Argentina, los ejemplos son cientos, tan sólo basta recordar la primera plana de “La Prensa” donde se llamaba “Apoteosis de la libertad” al golpe de 1955, o las publicidades televisivas de la última dictadura (tal vez las más recordadas sean las de la silla argentina que se rompía y la de las vacas siendo atacadas por la plaga de la “subversión”), como así también los programas que, durante los ´90, avalaban de una forma u otra las políticas del menemismo (tanto los programas de “periodismo político”, como los de carácter farandulesco, como incluso los de “humor”).

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En América Latina el bloque histórico que se constituyó como hegemónico se encuentra conformado, principalmente, por sectores agroexportadores nacionales y grupos financieros extranjeros. La realización de los intereses de dichos grupos implicó, además de las acciones coercitivas tan conocidas (valga recordar hechos en nuestro país como la “Conquista del desierto”, la “Liga Patriótica”,el bombardeo a Plaza de Mayo, la cantidad de golpes de Estado, etc.), la consolidación de un “liberalismo-conservador” como ideología hegemónica. Es decir, por un lado, defensa del libre mercado y de la propiedad y la consiguiente condena al proteccionismo económico; por otro lado, el rechazo a toda forma de manifestación política de carácter popular, las cuales a lo largo de las décadas fueron catalogadas como “subversión”, “terrorismo”, “populismo”, “demagogia”, etc. Igual que en la Italia de Gramsci, la Iglesia, el sistema educativo y los medios de comunicación han sido los encargados de pregonar la ideología del bloque dominante.

En los últimos años, la estructura de poder de nuestro continente sufrió grandes transformaciones. Tras los desastres acontecidos como consecuencias del modelo impuesto por las clases dominantes, surgieron gobiernos que ya no representaban los intereses de estas clases, sino que, unos más radicalmente que otros, comenzaron a enfrentarlos, o al menos, a limitar su poder. La lista es conocida: Chávez, Evo Morales, Correa, Kirchner, Lula, la gran mayoría (con excepción de Colombia y Perú, estados “cuña” que merecerían un análisis aparte). Esto implicó un cambio en la constitución del Estado ya que este pasó de ser el ejecutor de las políticas requeridas por el bloque dominante, para convertirse en el mediador de exigencias sociales más amplias. Es decir, se abrió un proceso de democratización popular en lo que Gramsci llamaba “sociedad política”.

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Ante este nuevo contexto, los medios de comunicación se mostraron, desde un principio, como abiertamente opositores. La manera en que fue manipulada la información durante el golpe al gobierno de Chávez en el 2002 (manipulación que está muy bien documentada en el filme “La Revolución no será transmitida”), la complicidad con la revuelta de los “cívicos” y el asesinato de los collas en Bolivia el años pasado, la forma en que hoy mismo se encuentran apoyando el gobierno de facto de Honduras, evidencian a los intereses que responden. En nuestro país, también está bien claro, los medios de comunicación defienden a rajatabla los intereses de las corporaciones, y es por ello, que constantemente atacan al Gobierno de Cristina Fernández, no privándose, para ello, de hacer uso hasta de las calumnias más groseras.

Si se comienza a investigar, puede verse que los medios de comunicación se encuentran íntimamente ligados a los grupos de poder económico que ven amenazados sus intereses por estos gobiernos de características democráticas y populares: empresas de soja transgénica que sirven de sponsors, sectores agroexportadores que son los principales accionistas de diarios y canales de televisión, alineamientos político-económicos con potencias que se veían beneficiadas con los antiguos regímenes ya que tenían, al mismo tiempo, los mercados donde insertar sus productos y la manera de conseguir materia prima a precio bajo. La información está, por tanto, en manos de estos grupos económicos, y esa información está teñida con la intención de hacer prevalecer la ideología a partir de la cual se legitiman los intereses ya mencionados. Y lo peor de todo es que, a partir de convenios y leyes dictados por gobiernos anteriores, esa propiedad que poseen los bloques dominantes sobre los medios de comunicación es exclusiva.

gramsci


Como dijimos al comienzo del artículo, para Gramsci, a diferencia de cierto marxismo dogmático que reduce todo al plano estrictamente económico (y que tiene más que ver con el materialismo clásico del siglo XVIII que con el pensamiento del propio Marx), el aspecto ideológico es un elemento fundamental en la lucha entre los distintos bloques históricos. En este sentido, y teniendo en cuenta los intereses que intentan legitimar los medios de comunicación, el proyecto de Ley de Medios Audiovisuales que se debatirá en el Congreso de nuestro país en las próximas semanas será el objeto de una importante lucha. En esta lucha, se enfrentarán dos formas de comprender la información. Una, como forma de legitimar los intereses de las clases dominantes. Otra, como aquello que pueda articular y expresar los deseos de la población de una sociedad más justa y democrática, donde la voz de los dominadores no sea la única que pueda ser escuchada.


Medios comunicación, cultura hegemonía 1/3:

1 comentario - Hegemonía y medios de comunicación

@Chiesita
Gracias por el aporte buenisimo!