Oesterheld y El Eternauta



Oesterheld y El Eternauta




Si nos damos la licencia de poder discernir cuales son las obras fundamentales del mundo del cómic, generalmente coincidiremos en nombres. Quién no recuerda la incursión de Frank Miller en el mundo del caballero oscuro, ese que supiera demostrarnos las miserias humanas que un héroe puede demostrar; o la humanización del concepto de “superhéroe” que supuso The Watchmen (que, por cierto, está muy bien analizado aquí en Pixfans); o la excelente representación gráfica que supo imprimir en sus páginas V de Vendetta, simplemente espectacular. Coincidimos, generalmente, que un buen cómic es una unidad de aspectos a desentrañar y analizar; tanto en su dibujo, sus ideas, sus diálogos, y demás aspectos que en sus hojas podemos encontrar. Pero casi de manera particular, al referirnos a los grandes exponentes del cómic, siempre empezaremos por reseñar a aquellos que han sido desarrollados en la cuna del cómic contemporáneo, es decir, Norteamérica. No por ello debe suponerse que no se puede disfrutar de grandes obras fuera de lo que este ámbito supone: prueba de ello es que podemos encontrar grandes historietas desarrolladas en otras partes del globo- Paso a comentar una de las mejores historietas que he tenido oportunidad de leer, tanto por su desarrollo en el papel, como por las ideas que de ella se desprende. Estoy hablando de El eternauta.

eternauta


Comencemos hablando un poco de sus creadores. El eternauta fue lanzada en la revista semanal Hora Cero (así es, como el cómic de DC) que le perteneciera a la Editorial Frontera. La misma tuvo como guionista a Héctor Oesterheld y fue dibujada por Francisco Solano López. Es considerada, por mucho, como la mejor historieta jamás lanzada en Argentina, no pudiendo encontrar punto de comparación alguno con otras obras autóctonas que se han publicado, a pesar de haber sido lanzada por primera vez en el año 1957. La historia se desarrollaría por espacio de dos años, hasta su última publicación en el año 1959. La estructura de la misma difería de la del cómic tradicional argentino, pues como fue concebida como una historia corta, de menos de 80 cuadros, se decidió en su momento publicar una sola página por semana, generalmente organizada en no más de 14 viñetas. Debido a su gran éxito, la historia se extendería por espacio de más de 350 páginas, siendo uno de los primeros éxitos editoriales de Argentina que se integraba de lleno en el mundo de la ciencia ficción; aunque con anterioridad varias obras del cómic argentino habían tocado este tipo de temática. Cabe destacar que Oesterheld fue dueño de la Editorial Frontera, aquella que fundara junto a su hermano, y que se encontrará en quiebra poco tiempo después, a pesar del éxito que supuso esta revista.



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La historia nos introduce en la propia casa de Oesterheld, que se pone a sí mismo como un personaje más de la historieta. Se halla trabajando en un proyecto cuando, de repente, un hombre se materializa en el asiento de su escritorio, presentándose a sí mismo como “El eternauta”. Explica al escritor su condición de navegante errante del tiempo, razón que lo llevara a encontrarse en su despacho, aprovechando la situación para contarle los sucesos que lo llevaron a buscar en el tiempo a sus familiares desaparecidos. El relato se centra en Buenos Aires, Argentina (toda una novedad para la época), y cuenta la historia de Juan Salvo, el mismo que ahora se halla relatándola. Una noche se encuentra reunido en su casa con tres amigos (Favalli, Herbert y Polsky) jugando una partida de Truco, al mismo tiempo que su esposa y su hija, Elena y Martita, duermen en el piso inferior. En ese momento, las luces de la casa se cortan, al mismo tiempo que, súbitamente, comienza a caer una extraña nieve, de color fosforescente. Al parecer, al mínimo contacto con esta extraña sustancia, cualquier organismo muere inmediatamente. Gracias a la divina providencia, la casa se halla totalmente cerrada en el momento de este suceso, por lo cual ninguno de sus habitantes muere; a excepción de Polsky, que decide volver a su casa para cuidar a su familia, y perece en el intento. La búsqueda de alimentos y suministros para sobrevivir a la catástrofe se hace necesaria, razón por la cual comienzan a diseñar trajes herméticos con la ayuda de elementos que poseen en casa. En las primeras incursiones en las calles del barrio, logran rescatar a una persona más, Pablo. A partir de este momento, todo parece indicar que la extraña nevada se trata de una invasión de seres extraterrestres, que sumado a la desesperación y la “ley de la selva” que supone este panorama, hacen que Juan y los habitantes de la casa comiencen a pensar en huir. Pronto se darán cuenta de que no todos los humanos perecieron, y que hay gente organizando una resistencia contra los invasores, a la que se unirán hasta el final.



La historia que se nos plantea, en un principio puede parecer otra muestra más de los clichés que se desprenden de cualquier historia de ciencia ficción de la época; sin embargo, hay diversos puntos de su desarrollo que conviene analizar con detenimiento, para entender la importancia de esta obra. Para empezar, es todo un acierto la ambientación en Buenos Aires, ya que este recurso pocas veces fue explotado en la historieta argentina. Generalmente, se vinculaba la espectacularidad de una historieta con su ambientación en otros parajes, como los westerns norteamericanos. Seremos testigos de muchos de los iconos de la ciudad porteña, como las barracas de Belgrano o la rotonda de la avenida General Paz, el derrotero de la resistencia por distintas calles emblemáticas de Buenos Aires (incluso se puede ver el Luna Park, lugar en donde numerosos boxeadores se consagraron campeones mundiales), o la plaza del Congreso de la Nación, base de operaciones de los invasores. Lo mejor de toda la ambientación es la inclusión del estadio Monumental de Núñez (o Antonio V. Liberti, como guste) que le pertenece al descendido River Plate. En él tiene lugar una multitudinaria batalla contra los invasores, siendo la espectacularidad de sus imágenes y lo colosal del estadio una experiencia visual excelente. A decir verdad, si algún extraterrestre invadiera Buenos Aires, no se me ocurre mejor lugar para organizar una contraofensiva. Si no, miren lo que es el estadio.


Argentina



Pero no todo son marcas geográficas en esta historia, pues gran parte de la ambientación porteña se debe al uso de las costumbres argentinas que podemos encontrar en la historia. Nada más empezar, los personajes se encuentran enfrascados en una partida de Truco, popular juego de naipes españoles que solo se practica en Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, a pesar de haber sido creado en Valencia. Otra de las costumbres implícitas podemos encontrarla en el lenguaje que utilizan sus personajes. Si bien Oesterheld trata en todo momento de mantener cierta neutralidad a la hora de escribir el guión, hay ciertas cosas que solo un argentino puede decir. Como llamar a los invasores “cascarudos”, por su semejanza con insectos.



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Más allá de estas características, lo que más impresiona de la historia es el mensaje que puede llegar a transmitir. Para empezar, en esa época nos encontramos invadidos por una ola de superhéroes invencibles e individualistas (más que nada, los provenientes del comic norteamericano, como Superman), que luchan ellos solos por la justicia. Nada más alejado de esto en El eternauta, pues Juan Salvo se aleja bastante de este cliché de héroe. En todo momento pone especial énfasis en el cooperativismo de los involucrados en la lucha, pues al tratarse de una especie superior y extranjera la que se combate, no sirven de nada las individualidades. Ponernos frente a personas comunes, vecinos que cualquiera puede encontrarse en la calle, sirve para dejar de lado el papel de héroe que debería tener el personaje principal. La solidaridad es requisito fundamental para la supervivencia en crisis, para sobrevivir del yugo de los inesperados visitantes; el verdadero acto heroico es aquel que proviene de un acto comunitario, de una ayuda entre integrantes, y no desde un solo individuo.



Cabe destacar que en Buenos Aires, casi nunca nieva. La última nevada de la que se tuvo constancia, anterior al tiempo de la historia (1959), sucedió 1918; la siguiente no tendría lugar hasta 2007. La idea de la nevada mortal proviene de otra gran historia de la literatura universal: la que tiene como protagonista a Robinson Crusoe. Recordemos que este último es un náufrago, por lo cual todo cuanto acontece en su vida se halla envuelto en el misterio, el miedo a lo desconocido, la supervivencia del más apto y el mar, que delimita su accionar. Esta misma idea se halla impresa en la historia, reemplazando al mar por la nevada mortal, haciendo ver las miserias a la que las personas pueden someterse en situaciones desesperadas como éstas.



Oesterheld y El Eternauta




Los pocos supervivientes de la nevada comienzan a matarse entre ellos, o por sobrevivir o por locura, demostrando la dificultad de una solución cuando se trata de una emergencia desesperada. Se cazan como lobos, sobrevive el más apto y no importan los demás: una muestra de la idea de “supremacía de uno mismo” por encima del resto. El terror que despierta hallarse en el completo desconocimiento de los invasores hace que todo plan, todo pensamiento, tropiece inmediatamente con la inoperancia, con el miedo más profundo, con la desesperanza. Sencillamente magistral la manera en que Oesterheld retrata todo lo que una persona puede ser cuando se halla atrapado en uno mismo, a causa de una situación de fuerza mayor. La nieve, siempre presente, hace que los personajes se aíslen en sí mismos, haciendo que el concepto de “isla” que se veía en la historia de Robinson, esta vez se aplique de una manera mucho más desesperada.




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Una de las ideas más fantásticas que tuvo Oesterheld al escribir esta historia, fue la de imprimir en sus diálogos sus impresiones políticas. Recordemos que durante la publicación de esta historieta, Argentina se encontraba en plena dictadura militar, por lo cual cualquier mensaje ofensivo hacia el gobierno podía llegar a censurarse e, incluso, poner en serios problemas a los responsables de tal mensaje. Oesterheld halló la mejor manera de esconder todo lo que pensaba sobre el gobierno de aquel entonces: los retrató a través de los propios invasores. Los “cascarudos” no son más que marionetas de otros seres, los “manos” (humaniodes con gran cantidad de dedos en las manos), que también son capaces de controlar la mente de los humanos. A su vez, los “manos” son controlados por seres superiores, de los que nada se sabe en todo el transcurso de la historia, pero que los controlan mediante el miedo: es decir, si un “mano” siente miedo, muere. En toda la historia no vemos a estos seres superiores, a los que todos llaman “Ellos”. Esto encuentra su analogía en la propia mecánica con la que se desenvuelven los conflictos bélicos en el mundo; personas comunes, soldados controlados, superiores que no son tales, todos manejados por unas pocas manos en la “marioneta universal”. Los cascarudos no son más que indefensas criaturas de un planeta lejano, que disfrutan de la naturaleza de su planeta, sin pensar en invasiones a otros mundos ni nada por el estilo; los humanos pueden ser controlados por una mente superior, desentendiéndose completamente de sus ideales de libertad y de la lucha contra la opresión de los invasores o de las nefastas ideas los más poderosos; los manos no son más que simples marionetas de sus superiores, manejados a través del miedo al miedo, un terror mucho más profundo del que cualquier persona puede llegar a experimentar.



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Ciertamente, de la misma manera es como se desenvuelven las cosas en épocas de guerra y dictadura; solo marionetas, solo soldados de plomo, en medio de una guerra que reporta beneficios a veces ocultos, solo al alcance de unos pocos. Oesterheld supo imprimir de manera excelente este tipo de pensamientos, mucho más a la hora de retratar a los “manos”: a pesar de ser la cabeza de las operaciones de ocupación extraterrestre, mueren en la más profunda infelicidad, obligados a ser algo que ellos no entienden, sorprendidos de la grandeza del universo y de la belleza que los rodea, tristes por ser parte de un terror universal que los aqueja desde el nacimiento y que les reporta la muerte instantánea ante la menor muestra de miedo. Para entender mejor lo que acabamos de escribir, tengamos en cuenta la historia del mismo Oesterheld. Junto a sus hijas, yernos, y nietos, pasaron a formar parte de la lista de 30.000 desaparecidos de la dictadura militar del año 1976, al estar vinculados a la agrupación izquierdista Montoneros. Toda la historia de El eternauta no es más que un presagio de los tiempos venideros, en donde el terror se hace presente en todas las facetas de la vida, esta vez perpetrado por seres conocidos y no por extraterrestres. La lucha contra la opresión, contra la esclavitud, tanto de mente como física, contra la guerra injusta y desmedida, encuentra eco en las propias acciones de Oesterheld. Esta vez él no decidió quedarse callado: decidió ser parte de la gente que resistió, a pesar de que ello le reportara la muerte. Todas y cada una de las acciones desarrolladas en este cómic, así como sus diálogos e ideas, tienen cabida en el mundo real, ese que todavía no ha sido invadido por seres superiores, pero en el que las guerras y los conflictos están a la orden del día, y pasan las mismas cosas.




Acaso Oesterheld se incluyó a sí mismo en la historieta, para dar un mensaje mucho más trascendental que aquel que quiere divertir, que aquel que quiere contar solo una historia fantástica. Es posible que la lectura de El eternauta sirva para entender mejor la mecánica con la que la desesperación y el miedo se desenvuelven en la vida de las personas. Para otro artículo queda el análisis artístico que merece esta joya del cómic. ¿Por qué El eternauta es una obra fundamental en el mundo del cómic? Porque toda su historia puede ser aplicada en diversas situaciones de la vida actual; porque Oesterheld hizo una deseperada llamada a la solidaridad y el cooperativismo en sus páginas; porque todos sus mensajes deben ser escuchados y respetados, más si provienen desde una persona que luchó hasta el último de sus días contra la pérdida de libertad a la que se vio sometido, de la misma manera que Salvo luchó contra los invasores en la historia. Puede que Oesterheld sea el mismo Eternauta: una persona condenada (por voluntad propia) a vagar en el continuo del tiempo, en la memoria colectiva, contando su historia de lucha y sus ideales de libertad, a todo aquel que quiera leerla; una persona tan actual, como el tiempo mismo.




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"Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas."
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