La verdad de vivir en Japón

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Porque la vida es como una flecha rota, he conocido gente obsesionada con Japón. Sí, los famosos otakus criollos. Gente con colores de pelo a contramano de la naturaleza, mochilas y morrales repletos de pins gigantes y esa malsana idea de que el país del sol naciente y sus habitantes son el epítome de la perfección humana.

Pues bien, afortunadamente la flecha rota que es la vida también me ha hecho conocer otra gente que, sin siquiera desearlo, ha conocido Japón y ha tenido que vivir allí. Y la realidad, como siempre, es muy diferente a lo que muestran los animes.

A continuación, un tour por el lado más mundano de la nación niponna que nos demuestra, entre otras cosas, que nadie puede tirar Kame-Hames.

Todo funciona con una tecnología terriblemente anticuada.

Una pregunta rápida: ¿Cuándo fue la última vez que tuviste que utilizar una máquina de fax? ( "¿Qué es una máquina de fax?" es una respuesta completamente aceptable).

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Bueno, si querés recuperar la magia de la máquina de fax y la tecnología de la década de 1990, Japón es el lugar que tenés que visitar.

"¿Me estás jodiendo, Adler? Japón es conocido mundialmente por sus empresas tecnológicas. Toda la última tecnología ha salido y sale de ahí, desde el CD hasta las capas de invisibilidad".

Y es así, pero que fabriquen alta tecnología no quiere decir que la usen. Los empleados de muchísimas compañías tienen que usar un fax dos veces al mes para enviar sus facturas de trabajo, ya que muchas de las empresas japonesas no aceptan documentos por e-mail. Y las pocas que lo hacen, requieren que sus archivos de Word y Excel sean compatibles con su versión de 1998 de Microsoft Office, algo como requerir que un blu-ray sea compatible con una máquina de Betamax.

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¡Un finde de pelis en Japón!


El punto es que, mientras que en el conocimiento popular de occidente, Japón es la tierra del futuro y es cierto que tienen su sistema de bolsa de valores enteramente informatizado y el Wi-Fi es trasmitido desde las máquinas expendedoras de gaseosas, la realidad es que muchas cosas se sigue haciendo de manera muy anticuada. Y con anticuada no hablo de usar el Windows 98, sino de hacer trabajo de oficina... ¡en papel y tinta! "Los bancos, correos, y oficinas gubernamentales tienen de tres a cinco empleados más que en cualquier lugar del mundo, porque tienen que hacer cualquier proceso primero en papel y después en computadora", comenta Taro Hitachi, un editor técnico que, como su nombre lo indica, labura en Hitachi.

¿Cómo puede ser esto? Bueno, Japón está todavía principalmente en manos de la vieja generación. Más de una cuarta parte de la población tiene más de 60 años, y, como suele suceder con los ancianos, no tienen ninguna prisa en adoptar nuevas tecnologías (en particular, los productos de Apple. Por alguna razón, a los ponjas les cae muy mal la marca de la manzana).

Otro ejemplo es que muchas empresas todavía no aceptan tarjetas de crédito. Una aerolínea japonesa puede llegar a cualquier rincón del mundo sin ningún problema, siempre y cuando pagues en efectivo, incluso si los pasajes cuestan varios miles de dólares cada uno (cosa muy frecuente, dado que es un país caro como la mierda). Esta política del dinero en efectivo es todavía más complicada si se tiene en cuenta que en Japón no hay cajeros automáticos que funcionen las 24 horas.
Así es, la mayoría de los bancos japoneses mantienen sus cajeros automáticos en sus edificios, por tanto, cuando el banco cierra (por lo general, alrededor de las 6 pm), también lo hacen las máquinas, olvidando que la razón de ser de estos aparatos no es no tener que lidiar con cajeros humanos, sino estar disponibles en cualquier momento que haga falta.

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De más está decir que ni sueñes con pagar con tarjeta en el supermercado, el kiosco o un taxi (esto último es algo que ya se está empezando a implementar en Buenos Aires). Al salir a la calle en Japón, sobre todo si vas a volver de madrugada, más te vale llenarte los bolsillos con billetes y monedas.

Las casas no tienen calefacción

Todos vimos a Homero Simpson disfrutando la última tecnología japonesa aplicada al comfort hogareño, al disfrutar de unas maravillosas aguas danzantes en un inodoro equipado con cámara. Si bien esto es una parodia, no está tan alejada de la realidad.

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Pero los hogares japoneses fallan en cosas mucho más básicas y necesarias, como una calefacción central. Tradicionalmente, las casas niponas están construidas para dejar pasar la mayor cantidad de aire posible, dado que las temperaturas en verano oscilan de 25 a 31 grados. Pero esta estrategia arquitectónica te jugará en contra en invierno, donde en ciudades como Sapporo la temperatura nocturna puede llegar a -8 grados.

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Esa cara blanca no es maquillaje, es hipotermia.


Podés intentar algunas cosas para suplir esta falta de calefacción, como un sistema eléctrico, cuyo equipo, sumado a la instalación, te va a costar una cantidad de yenes similar a la que podrías usar para irte a vivir a Aruba. Y aún así, gastarías una fortuna en electricidad, para calentar sólo una habitación, no la casa entera.

Otra opción más barata es calefacción a querosén, pero es algo que no podés tener prendido durante toda la noche, a menos que te atraiga la idea de morir envenenado o que tu casa se incendie y vuele en pedazos.

Si bien es cierto que los edificios más nuevos en ciudades como Tokyo tienen sistemas de calefacción central que calientan todo tu departamento en segundos, no es menos cierto que, insisto, Japón es un país caro como la mierda, y vivir en uno de esos edificios es algo que se pueden permitir personas con tanta guita como para abrigarse con frazadas hechas de piel de unicornio.

Los hospitales cierran a la tarde y durante todo el fin de semana

En Japón, los Hospitales tiene horarios casi comerciales (o menos que eso). Abren a las 9 y cierran a las 18. Y eso es los días de semana. Los fines de semana, va a ser mejor que no te enfermes ni se te ocurra tener un accidente, porque están cerrados. Para colmo, los pacientes sólo son atendidos por la mañana, no se pueden reservar turnos, y los que acuden por primera vez son relegados ante pacientes ya registrados.

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Los japoneses afrontan una nueva jornada laboral con voluntad, profesionalismo... y una neumonía mortal.


Obviamente, como en cada oportunidad que salís a la calle, tenés que llevar efectivo y cuando hayas cumplido la odisea para entrar al consultorio de un doctor, asegurate hablar fluidamente japonés o estar acompañado por alguien que lo haga, porque...

La mayoría de los japoneses no hablan otros idiomas, ni siquiera inglés.

Los ponjas, a pesar de recibir seis años de inglés como parte de su currícula escolar, son terribles hablando inglés (bueh... seamos justos y digamos que lo mismo pasa en muchas escuelas de acá). Pero en el caso de Japón, el mal uso del inglés, incluso por gente que debería hablarlo fluidamente, como publicistas, relacionistas públicos o hasta traductores, llevó a frases tan ridículas y graciosas que se acuñó el término "engrish" o "janglish" para designar estas garrafales burradas idiomáticas. Por ejemplo...

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Y si bien esta ignorancia del inglés puede resultar graciosa mirándola en nuestros monitores, sentados en nuestra silla en nuestra casa en nuestro hispanoparlante país, en Japón se vuelve preocupante cuando de comunicarse cotidianamente se trata.

Basicamente, el país no es apto para gente que no hable ni lea japonés. Si no aprendés el idioma (cosa que es bastante difícil) te va a resultar complicado hacer cosas como comprar comida o ir de un lugar a otro, a menos que tengas una novia/novio/amigo/rehén nipón que sepa inglés y te sirva de intérprete mientras estés despierto.

Y estas cuestiones idiomáticas nos llevan a la parte más fea de la sociedad japonesa.

Nunca vas a dejar de ser un extranjero en Japón

Japón es una de las sociedades más homogéneas del mundo. El 98% de la población es etnicamente japonesa y eso no es casualidad. Son cerrados a lo extranjero como culo de muñeco, y eso incluye inmigrantes. Si bien son gente muy respetuosa con cualquier ser humano en lo protocolar, la realidad es que los ponjas son bastante xenófobos, aunque no en el sentido de ser racistas o atacar a otros. Simplemente no integran a su sociedad ni a su nación a extranjeros. Según Charlie Jones, un norteamericano que vive en el país asiático, "estuve viniendo a Japón por casi una década, mi esposa es japonesa, hablo el idioma con fluidez, conozco la cultura japonesa profundamente y aún así, para la mayoría de la gente de acá sigo siendo 'ese tipo extranjero' (incluso para gente que hace diez años que me conoce)".

No es para sorprenderse, entonces, que para un extranjero (sea cual sea su origen) es casi imposible obtener la nacionalidad japonesa, salvo que se case con un ponja o tenga ascendencia nipona. En el improbable caso de lograrlo, el extranjero deberá renunciar a su nacionalidad original, ya que no se admite la doble nacionalidad. Y aún así, lo seguirán tratando como sapo de otro pozo, por no ser etnicamente japonés.

Uno de los casos que más revuelo causó ultimamente en el país asiático es el tema de los descendientes de coreanos, o como los llaman allá, Zainichi. Son los coreanos que nacen y residen permanentemente en Japón y el gobierno calcula que actualmente hay 650000, pero se estima que hay 2 millones, si se incluye a los que lograron conseguir la nacionalidad japonesa y sus descendientes.

A pesar de haber nacido en el país, hablar el idioma, conocer la cultura y haber recibido una educación idéntica a la de los japoneses "puros", los Zainichi son considerados extranjeros y poseen derechos limitados (no pueden votar ni acceder a cargos públicos, entre otras cosas). Lejos de reveer esta actitud, la Justicia japonesa reafianzó esta política en 2005.

Como pueden ver, Japón es un país como cualquier otro y lejos está de ser una nación más avanzada y civilizada en cualquier aspecto. Simplemente, tienen una industria de comics y dibujos animados copada y una atención al protocolo ya exagerada. Esta afectación a los buenos modales y el respeto por el otro, si bien a primera vista puede parecer muy positiva y exquisita, termina condenando a los japos a ser muy reprimidos e inseguros. Para dar un ejemplo, 6 de cada 10 jóvenes japoneses no tienen pareja. Y lo peor es que esto no se da sólo por timidez (o por el afamado pito chico de los ponjas), sino por liso y llano desinterés en el sexo.
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"¿Mujeres? ¿Quién las necesita con almohadas como esta?"
El archipiélago japonés puede ser un lugar curioso para visitar como turista, comprar tecnología (que ellos no usan) o consumir sus mangas y animes, pero eso es todo. En lo que a sociedad respecta, es igual o peor que cualquier otra nación occidental.


Y me despido con este tema...



NOTA: Las fuentes están en el texto, en links marcados en azul, para facilitar su acceso.

Y para los que no me creían y me cuestionaban por no vivir en Japón, les dejo esto:

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