El reciclaje de un náufrago de la historia del rock

El reciclaje de un náufrago de la historia del rock
A VEINTE AñOS DE TANGO FEROZ SE ESTRENA SU VERSION TEATRAL HOMONIMAEl musical que dirigirá Ariel Del Mastro recreará el espíritu de la película de Marcelo Piñeyro. El estreno reaviva la polémica generada en su momento, planteada por quienes sostienen que el film no refleja la verdadera vida de Tanguito.
El reciclaje de un náufrago de la historia del rock
Tanguito con otros hippies en Plaza Francia, símbolo de la contracultura de los ’60.

El musical se estrenará mañana en el teatro Tabarís.


Por Facundo Gari

En ocasiones alcanza una ojeada para reducir una sentencia a una zoncera. Es lo que pasa con el mantra de que no hay ideas en el arte. Un paliativo recurrente en los últimos años ante esta hipotética merma creativa –chivo expiatorio de una crisis industrial– ha sido reversionar o refritar viejos éxitos comerciales antes que invertir en producciones vírgenes de buena acogida. Sobre todo en el cine, pero a veces con saltos de disciplina a disciplina, como ocurre con Tango feroz, la película de Marcelo Piñeyro, que tendrá su versión teatral homónima con dirección de Ariel Del Mastro desde mañana en el teatro Tabarís, a 20 años de su estreno cinematográfico. Para más aniversarios, el musical protagonizado por Fernando Dente y Florencia Otero comenzó a ser publicitado en el año en que se cumplieron 40 de la muerte de José Alberto Iglesias, alias Tanguito. Es sabido porque la biopic fue un “éxito de taquilla”: suya es la historia abordada. Pero también se ha dicho que el Tanguito que se ve es una “distorsión” del que Litto Nebbia, Pipo Lernoud y Omar Serra conocieran en el amanecer del rock argentino, allá por los años ’60. Y que un grupo de amigos del retratado no sólo prohibió la utilización de sus composiciones y hasta de sus identidades para el film –por no verse reflejados en el guión finalmente escrito por el director junto con Aída Bortnik–, sino que luego decodificó el audiovisual como una “venganza”.
El amor es más fuerte

Lernoud compuso con Tanguito la canción “La princesa dorada” una noche primaveral de 1967. Miguel Abuelo, Javier Martínez, Moris, Marcela Pascual, Graciela Dellepiane, Silvia Washington y otros miembros de la contracultura porteña armaban ronda en el arenero de Plaza Francia. Hablaban de escritores beatniks, de poesía surrealista, de hippismo, de cantar en español en pleno auge de Los Beatles; también de sus peleas familiares por llevar el pelo demasiado largo o la falda demasiado corta. Cada uno tenía un cuaderno para escribir y dibujar lo que las musas les dictasen. Las dos que rondaban la cabeza de Lernoud por eso días llevaban bucles sobre las orejas: castaños los de Lewis Carroll y rubios los de Sonia, novia del poeta y periodista. Del primero, releyó las maravillas de Alicia (“Yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata” es una evocación al gato de Cheshire); de la segunda, absorbió su panóptica presencia. Esa noche, Tanguito se arrimó y le pidió su cuaderno. “Le gustó y empezó chingui-chingui con la guitarra –reseña Lernoud–. Como era en prosa, en el tema él alarga las palabras para que entren en tiempo.” Al final de la primera estrofa, deja constancia de su deseo de que ese tema fuera “una balsa nueva”, porque el señalado como track fundacional del rock argentino era ya un flamante éxito.

Casi veinte años pasaron hasta que tuvo entre sus manos un “preguión” de Tango feroz, la leyenda de Tanguito. Era todavía un “proyecto” que incluía entre sus potenciales intérpretes a Fito Páez o Germán Palacios para el papel que finalmente actuó Fernán Mirás, y a Miguel Angel Solá, Lorenzo Quinteros, Patricia Sosa y Fabiana Cantilo en otros roles importantes. “Para nuestra sorpresa –le cuenta a Página/12–, en ese preguión había un personaje ‘Pipo’, uno ‘Litto’, uno ‘Mario’ (por Rabey); todas las personas reales estaban con sus nombres y se cantaban nuestras canciones. Tuvimos un acuerdo muy grande en que contaba la historia de una manera tenebrosa y comercial, con un Tanguito decadente y drogón. Nosotros lo recordamos como un tipo divino y alegre. Como distorsionaba la historia, le negamos a Piñeyro usar nuestros nombres, y Javier, Moris y yo mandamos una carta en la que prohibíamos el uso de nuestras canciones.” Por eso en el film nadie canta: “La dorada princesa del verano entre los iluminados,/ su sol amarillo, caleidoscopio de hojas de oro,/ y lágrimas que ríen”.
El dinero es más fuerte

En 1968, Jorge Alvarez fundó Mandioca, la primera compañía discográfica del rock argentino: grabó a Manal, Miguel Abuelo, Moris, Vox Dei, Almendra, Sui Generis, Pappo’s Blues, Billy Bond & La Pesada del Rock’n’Roll y Crucis, entre otros. Antes de su exilio bajo amenaza por “ayudar a crear una juventud contestaria”, destierro del que regresó recién el año pasado (la editorial Eloísa Cartonera encabezó en octubre una colecta para evitar que el además editor de Walsh, Viñas, Quino, Puig y Piglia quedase en la calle), publicó en 1973 –con el subsello Talent, heredero de aquél, bajo la tutela de Microfón– un puñado de canciones que Tanguito había grabado tres años antes en los catedralicios estudios TNT. Por ese álbum titulado Tango las masas no se volvieron locas, al menos no hasta su reedición en 1993. Sí Litto Nebbia, porque de allí es la frase de Martínez con la que lo chicanearon hasta el cansancio: “En la Perla del Once compusiste ‘La Balsa’”; cita para colmo loopeada en un eco marketinero que mantuvo la herida abierta por décadas. Más tarde, el cantante y baterista de Manal contaría que fue “editado” y “malinterpretado”. “El periodismo y el mundo del espectáculo –acusaría en una columna– funcionan con controversias, y por eso se malinterpretó aquella frase que dije (...). No quise decir que él fuera el único autor; ése es un mito.” Lo que pasó en verdad es archiconocido: una madrugada de 1967, escapando de los mozos de La Perla, Nebbia y Tanguito llevaron sus guitarras al toilette, donde el primero terminó la canción que el segundo había arrancado. Meses después la grabarían Los Gatos y volaría de las bateas cual medialunas calientes.

En cuanto al refutado robo de Nebbia, el déficit documental de Tango feroz “no colaboró en nada y cristalizó tristemente el mito de Tanguito”, da en el clavo el periodista Mariano del Mazo, en uno de los tantos artículos en los que menciona el episodio. Es que allí los compadritos náufragos de Mirás hacen eso: aprovechan el encierro carcelario del protagonista, le malversan su hit (“El amor es más fuerte”) y lo condenan a una locura que deviene claustro, sedantes, electroshocks y muerte bajo un tren. “Los padres del rock nacional no se entregaron a multinacionales; grabaron en Mandioca o de manera independiente –vindica Lernoud–. Que los pinten sin nombrarlos de una manera tan distorsionada es muy grave. Me dio un ataque al hígado cuando oí por la tele a uno de los actores del musical decir que hacía de un amigo que se entrega a las discográficas.” Además confía: “Por lo que me pude enterar, los realizadores de la película decidieron vengarse. ‘Si no nos dan permiso para contar la verdadera historia, vamos a hablar de su leyenda y a hacer mierda a sus amigos, los vamos a poner como traidores que lo dejan morir’”.

Nebbia también acusa a Piñeyro (a quien Página/12 intentó sin éxito contactar) de haber tratado de ensuciarlos: “La personalidad de Tango y los sucesos que describe el film son exactamente al revés de como fueron. Es una película encarada directamente para hacer dinero pegando duro en la piel de los adolescentes. El libro está escrito como si la biografía de John Lennon fuera abordada por Bernardo Neustadt”. Como a Lernoud, al cantante y compositor le fue acercado el “preguión”, un texto que dice conservar, “peor que el que finalmente se utilizó” y con “docenas de cuestiones apócrifas”.
La leyenda es más fuerte

“La única razón por la que ha existido este film, lo mismo que tanta gráfica, discos y homenajes, es el dinero. Los argentinos estamos acostumbrados a que las historias tarden años en revisarse, si es que se revisan. ¿Cómo es posible que nadie haya podido realizar una investigación periodística sana, inteligente y veraz?”, cierra Nebbia una reflexión que le entra al meollo del asunto. Lernoud no tiene dudas de que esa investigación existe: Tanguito, la verdadera historia (Planeta), libro “coral” de Víctor Pintos. En apariencia ambos productos –el libro y la película– son contemporáneos, pues salieron a la luz en 1993, con apenas dos días de diferencia.

Más atrás, en abril de 1982, El Expreso Imaginario publicaba en la tapa de su número 69 el artículo de Pintos “¿Quién fue Tanguito?”, una nota “larga y profunda, con fotos de cuando era chico, de su primera comunión, con las voces de su madre y su hermana, y la historia de cómo murió”, la resume su autor. A raíz de ese artículo, en 1987 Piñeyro convocó a Pintos y le pidió un “informe” para tomar como punto de partida de su guión, que sería arrancado por el director y Juan Carlos Muñiz, y concluido por el mismo director y Bortnik. “A medida que el proyecto de la película apuntaba cada vez más claramente a recrear la leyenda y no la vida real de Tango –explica el autor en su sitio web–, me fui convenciendo de que alguien tenía que escribir el libro con la verdadera historia. Por eso continué con mi acercamiento al personaje real que había generado el mito.”

“El libro lo escribí yo, es cierto –reafirma Pintos a este diario–, pero no contiene mi opinión o mi óptica sobre Tanguito y la historia de los primeros años del rock argentino, sino que, de punta a punta, presenta los testimonios de sus protagonistas. Por eso es irreprochable. ¿Quién puede decir que lo que cuenta Javier Martínez sobre la grabación del disco de Tanguito no es cierto, si él mismo fue quien la vivió? Me llevó 11 años reunir toda la información, hice 200 entrevistas con todo el mundo, famosos y no famosos, y así en el libro hablan, entre muchos otros, Moris, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, Sandro, Billy Bond, Martínez, Lernoud, Nebbia, la mamá de Tanguito, la hermana, sus amigos del barrio, sus amigos del reviente y el naufragio, sus novias. Ellos son los que cuentan cómo era Tanguito, cómo fue todo. Eso tiene de interesante el libro, porque muchas veces el recuerdo de uno no es igual al que tiene otro; hay datos que no coinciden e incluso hay otros que directamente se contraponen. El libro cuenta la historia tal como me la contaron sus protagonistas, mientras que la película es una recreación de la leyenda de Tanguito. Ahí está la diferencia sustancial.”

Ahí está a su vez la razón de que no conciba a Tango feroz –para la que fue asesor musical– como una “distorsión” de la “historia real”. “La película eligió contar una historia, que nunca dijo que fuera la real. La historia real está contada en el libro”, establece. Incluso clarifica que, dada la cercanía entre el lanzamiento del libro y el estreno de la película, ese “la verdadera historia” del título no tiene nada que ver con una oposición, factible, a una “falsa historia” presuntamente plasmada en el audiovisual, sino a su certeza de que éste es una “recreación de la leyenda”.
La muerte es más fuerte

“La necrofilia en el rock es un muy buen negocio”, arremete Nebbia, sin pelos en una lengua que usó para grabar más de cien discos. Si de leyendas se trata, “explotarlas, mientras más ocupe el lugar de héroe maldito, más vende”. En salas de cine, Tango feroz fue vista por 1.700.000 personas. Continúa: “Tiene que ver con cierta condición humana. Si alguien tuviera el valor y la nobleza de realizar un film que cuente la verdadera historia de nuestro rock argentino, vaya película, súper hilarante y súper taquillera sería; un film lleno de emociones y aventuras, que seguramente inspiraría a las nuevas generaciones para seguir adelante con gran pasión. Pero desgraciadamente es más seguro y vende más rápido contar la historia desde el sacrificio y la violencia”. Lernoud puntualiza que “Tanguito no era el militante que muestran, sino un tipo tímido, nada que ver con confrontar”. Subraya, en ese sentido, la desestimación del héroe grupal frente a la épica de un mesías. “La Cueva (ese otro reducto clave del movimiento artístico de mediados de los ’60) fue una creación colectiva. El primer simple de Tanguito tiene otros dos compositores además de él: Martínez y yo. La idea era siempre componer juntos. En la película es un hombre solitario contra el mundo.” Concede, empero, que tiene sus aciertos, como la existencia del “comisario Lobo y la novia bastante concheta” que encarna Cecilia Dopazo. La labor de Ulises Butrón, voz cantante del protagonista de Tango feroz, es otro punto alto a su gusto.

Serra –actor y dramaturgo radicado desde los ’80 en Rosario– publica en uno de sus blogs (omarteum.blogspot.com.ar) una autobiografía que va por su juventud. El texto tiene por título Generación descartable. Además de una copiosa aproximación a la intimidad de un adolescente “rebelde” en aquellos años de represión institucional y cultural compartidos con Miguel Abuelo y Tanguito, entre otros, es expresión literaria de la tan refutada experiencia beatnik en la Argentina. Allí, en el capítulo quinto de la veintena que lleva compartidos, narra su primer encuentro con Tanguito, la primera vez que lo escuchó cantar, sobre un colectivo rumbo a Ezeiza. Ese y el que muestra Piñeyro “tienen muy poco que ver”, concuerda. Lo dice desde el vamos, señalando que el verdadero era “muy morocho, a tal punto de que era un desafío caminar junto a él por la calle porque la gente lo miraba mucho y mal, más aún por su provocador aspecto hiposo”. En contraparte, el film “lo blanquea, como la sociedad argentina encubiertamente racista que siempre discriminó al ‘cabecita negra’”.

Más allá de los entreveros por la utilización de las canciones, se pregunta cómo es posible una película de un músico sin su música. “En la excelente Ray, acerca de Ray Charles, el actor es impecablemente negro: se hubiese desatado una segunda Guerra de Secesión si hubieran puesto un actor blanco y rubio. Pero la peli también cuenta con los mejores temas de Charles en sus versiones originales y no hechos en cover por una banda qualunque. En Tango feroz –redondea– la música de Tanguito brilla por su ausencia en lugar de vibrar con su presencia. Resulta, por lo tanto, una historia fraguada, edulcorada y apta para ser consumida y asimilada por el mismo sistema que tanto lo persiguió y que, finalmente, lo eliminó.”
Lo que se verá en escena

El espectáculo basado en el film que en los ’90 batió todos los records de recaudación se estrenará mañana en el teatro Tabarís (Corrientes 831) y tendrá funciones miércoles, jueves, viernes y domingos a las 21 y los sábados a las 20.30 y a las 23. El director Ariel Dal Mastro fue responsable, entre otras obras, de Eva, el gran musical argentino, Cabaret y Por amor a Sandro, y convocó para Tango feroz a jóvenes actores como Fernando Dente, Florencia Otero, Federico Salles, Germán Tripel, Tony Lestingi, Eliseo Barrionuevo, Mariu Fernández, Sofía González Gil y Federico Llambi. La adaptación teatral de la película es de Joaquín Bonet. La dirección de arte está a cargo de Jorge Ferrari (quien también hizo ese trabajo en el film del ’93), la dirección musical corresponde a Alejandro Devincenzi, con coreografía de Gustavo Carrizo, diseño de video de Maxi Vecco y diseño de vestuario de Alejandra Robotti.

Al igual que el film, la obra teatral promete ser un “drama histórico musical”, basado en hechos reales, aunque con un mayor énfasis puesto en la situación política de la época y en el compromiso de los jóvenes. En cuanto a la música, tendrá todas las canciones de la película, más otros temas iconográficos del rock argentino que marcaron esa época.

2 comentarios - El reciclaje de un náufrago de la historia del rock

@HelterSkelter75
La película está buena, pero hubiese sido grandiosa de no haber utilizado el nombre de Tanguito...
@Crisalir +1
Buenas!! Muy buena nota! La mencioné en un post sobre tanguito en mi blog, saludos y suerte!! + 10
@nobrain +1
Gracias por la valoración...