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El Combate de Calama del 23 de marzo de 1879 y la hazaña de Eduardo Avaroa

Escribe: Edgar Oblitas Fernández (*)


Guerra del pacífico, lo que no sabias.

El ejército expedicionario chileno se movilizó en cuanto volvió el emisario en son de combate. Las ocho piezas de artillería vomitaron fuego para intimidar a los defensores. Cabrera instruye que no debía dispararse hasta que los enemigos estuviesen al alcance de sus armas, para no desperdiciar munición. Dando por seguro que el objetivo principal del invasor sería el vado del Topáter para desplazar su caballería, escoge un selecto contingente de valientes para que cuiden el punto. Jefe del grupo fue designado el Coronel Fidel Lara y segundo comandante Eduardo Avaroa. Para la defensa del vado de Huayta, otro lugar estratégico, fue elegido jefe el Coronel Emilio Delgadillo.

Eran las siete de la mañana y comienza el asedio chileno. El objetivo principal, como estaba previsto, es el Puente de Topáter. Un fuerte contingente arremete con furor, pero choca con la heroica resistencia de los bolivianos, que les causa muchas bajas. Sorprendidos los chilenos se retiran para volver con nuevos refuerzos. Entretanto, una gruesa partida de la caballería chilena también es rechazada del vado de Huayta, dejando varios muertos y heridos. El combate se generaliza. El fuego es recio, aunque desigual, pero nadie abandona su puesto de combate. Ante tanta temeridad el enemigo se desorienta y vacila. El coronel chileno Eleuterio Ramírez y sus inmediatos cambian miradas en busca de alguna idea. Nada se les ocurre y sin salir del pasmo ordenan un nuevo ataque con todos los efectivos. El combate se intensifica reciamente, la artillería suena atronadoramente, la caballería ataca intrépidamente, pero los bolivianos se mantienen en sus puestos defendiéndose como leones. Yalquincha, Topáter y Huayta son los puntos más asediados, pero la resistencia no cede, pareciera que la superioridad del enemigo los enfurecía más para hacer tanto derroche de valor. Pero todo tiene su límite. El número de defensores comienza a ralear y la munición a agotarse. A las once de la mañana, después de cuatro horas de combate increíble, las filas bolivianas estaban ya casi diezmadas. Todo era ya inútil. Los parques se habían agotado y los disparos aislados eran la señal de que el sacrificio habíase consumado. Ese momento, Cabrera, Zapata y algunos sobrevivientes, emprenden la retirada al interior de Bolivia. A tiempo de hacerlo han debido escuchar todavía el insolente eco de un solitario rifle que seguía disparando en alguna trinchera. Era que Eduardo Avaroa rubricaba en el puente la máxima epopeya del Pacífico.

En efecto, cuando todo ya estaba consumado y el ejército chileno era dueño de la situación, había todavía un lugar al que no tenían acceso. Un hombre ensangrentado y malherido, que apenas podía ponerse en pie, no permitía acercarse al puente al enemigo, disparando de rato en rato su rifle, entretanto un contingente del ejército invasor había vadeado ya el Huayta. Era Eduardo Avaroa que, rodeado de cadáveres, seguía luchando solo, sin ceder un palmo. Agitando en una mano su rifle y en la otra su revólver, seguía provocando al enemigo con palabras duras. Sus ojos cargados de odio también disparaban destellos fulminantes contra los rotos más audaces que se aproximaban con gran precaución. Había llegado la hora del sacrificio total. Un escuadrón de soldados chilenos avanza al lugar, decidido a acabar con la solitaria resistencia. Le intiman rendición, pero Avaroa por toda respuesta dispara su arma. Una nueva descarga a quemarropa de los chilenos hace impacto y su cuerpo se tambalea. Apoyado en una rodilla sigue agitando su rifle. Los chilenos avanzan y lo rodean.


- "Por última vez, ríndase..."- suena la palabra encolerizada del invasor. Y Avaroa, haciendo un supremo esfuerzo, se agita y logra ponerse de pie y a tiempo de disparar por última vez su rifle al enemigo, le lanza aquel terrible apóstrofe:

- "¿Rendirme yo? ¡Que se rinda su abuela carajo!"

Los chilenos que recibieron la terrible afrenta, el máximo desafío, respondieron con una nueva carga cerrada de sus fusiles y lo ultimaron con sus bayonetas, porque Avaroa parecía tener siete vidas. Cuando los invasores comenzaron a festejar el triunfo alrededor del héroe al grito de ¡Viva Chile!, todavía escucharon el último aliento del héroe: - "¡Muera...!".

Lo que no sabias:

UNA GUERRA DESIGUAL

La historia cuenta que, mientras el poder de la escuadra chilena se basaba en las fragatas blindadas gemelas como Cochrane y Blanco Encalada de 3.560 toneladas, 6 cañones, blindaje de 9 pulgadas, velocidad de 11 millas a su máxima capacidad y tenía naves de madera como: las corbetas Chacabuco, O’Higgins y Esmeralda, la cañonera Magallanes y la goleta Covadonga, los bolivianos contaban solo con buques de guerra como el guardacostas Bolívar, el guardacostas Mariscal Sucre y las embarcaciones Laura y Antofagasta.

El 14 de febrero de 1879, Bolivia contaba con 34 gendarmes. Chile trasladó a esa costa 200 soldados en navíos blindados.

Abandonado del poder político, disminuido bélicamente y acosado por las ambiciones expansionistas de Chile se encontraba el Litoral boliviano en el momento del ingreso de las tropas chilenas.

Chile nació a la vida republicana alargado y estrechado por la cordillera de los Andes y las profundidades del océano Pacífico. Esto despertó en sus habitantes un desenfrenado interés de sacar ventaja de sus vecinos.

Los problemas por los límites entre Bolivia y Chile comenzaron en 1828, cuando la Constitución chilena estableció que su territorio llegaba hasta el despoblado sector de Atacama, disposición que terminó con la invasión del lugar en 1879.

A las 7:00 horas del 14 de febrero aparecieron los navíos blindados Cochrane y O´Higgins al mando del coronel chileno Emilio Sotomayor. El "Blanco Encalada", que fue movilizado con anterioridad a la bahía de Antofagasta, saludó su presencia con salvas de artillería. La escuadra chilena tenía a bordo 27 cañones.

Al escuchar el rugido de la artillería, la población se agitó en las calles de Antofagasta. Era el día fijado por el prefecto de esa región, el coronel Severino Zapata, para rematar los bienes de la Compañía de Salitres por negarse al pago del impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado. El cobro de ese tributo se aprobó en el Congreso boliviano el 10 de febrero de 1878 luego de que Antofagasta, Cobija, Mejillones y Tocopilla sufrieron los efectos de un terremoto.

Casi en forma paralela, 200 soldados chilenos desembarcaron.

Los 34 gendarmes bolivianos que se encontraban en instalaciones de la Policía tomaron camino a Cobija para evitar fricciones. Las fuerzas invasoras tomaron posesión de Mejillones y Caracoles.

El presidente de Bolivia, Hilarión Daza, se enteró de la toma de Antofagasta el 22 de febrero, vísperas de carnavales. Tres días después, el 25 de febrero, interrumpe el festejo carnavalero con cinco decretos que determinaron el estado de sitio, amnistía para los que vivían en el exilio, la organización de la Guardia Nacional y otro que cortó el comercio con Chile.

Los bolivianos rechazaron la ocupación de Antofagasta, Mejillones y Caracoles.

"Hoy se han recibido comunicaciones de allí Tocopilla y avisan que el Blanco Encalada desocupó Tocopilla y Cobija. No han llegado los caballos y refuerzos que esperaban en Caracoles", indica la carta del 5 de marzo de 1879 que escribió Eduardo Abaroa a su amigo José Manuel Quintana.

Los pequeños grupos de las guarniciones de Tocopilla, Cobija y Chiu Chiu hicieron lo propio. En Calama se concentraron a mediados de marzo 135 ciudadanos bolivianos, de los que 126 eran jefes, oficiales y soldados y habían nueve civiles, según cita el escritor boliviano Roberto Querejazu Calvo en su libro “Chile enemigo de Bolivia, antes, durante y después de la Guerra del Pacífico”. Les sobraba coraje, pero carecían de armamento. Contaban solo con 35 rifles Winchester, ocho rifles Remington, 30 fusiles a fulminante, 12 escopetas de caza, 14 revólveres y 32 lanzas.

Hasta el amanecer del 23 de marzo la defensa estaba organizada. Ese mismo día fueron vistos por el camino a Caracoles 544 combatientes de tres compañías del ejército chileno con dos piezas de artillería de montaña y una ametralladora.

Durante la contienda bélica, la Marina boliviana tuvo una actuación mínima, porque no contaba con un dispositivo defensivo propicio para un conflicto prolongado.

El 16 de abril, el general Hilarión Daza salió de La Paz rumbo a Tacna con tres regimientos de línea: Los Húsares, Coraceros y Artilleros. El 2 de noviembre, las naves chilenas Cochrane, O´Higgins, Magallanes y Covadonga pusieron de manifiesto todo su potencial bélico y los bolivianos se replegaron.

Bolivia no contaba con barcos

Las dos naves: María Luisa y General Sucre, adquiridas durante la Confederación Perú-Boliviana, tuvieron un triste final previa a la Guerra del Pacífico y no combatieron.

El ejército chileno, en cambio, contaba con naves imponentes y armadas como el Cochrane y Blanco Encalada.

Las ambulancias bolivianas

Durante la Guerra del Pacífico fueron cuatro los médicos de los ocho convocados que acudieron a dar atención a las tropas.

También atendieron a la gente que huía del lugar dejando atrás los hogares incendiados, huyendo del ultraje y la matanza. Chile por su parte contaba con 53 cirujanos y 118 practicantes.

Sorpresa!!

Despues de haber creido que ya habia llegado el fin de la guerra, los colorados de Bolivia comenzaron a festejar (ya que era carnaval en Bolivia) , cuando derrepente se escucharon tropas chilenas llegando , Eduardo Avaroa llamo al ejercito de la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra que eran mas de 1000 soldados, pero ya era muy tarde ya que las tropas del oriente boliviano hiba a tarda en llegar 3 meses a la ubicacion de la guerra.

Despues te lo sucedido

Llego el ejercito del oriente Boliviano, pero llegaron a enterrar los cadaveres.. Y desde ese momento el ejercito del Oriente Boliviano juro venganza.

Opinen sin insultos-