El club del fuego infernal



Francis Darshwood (1708-1781) supo hacer convivir su pasión satanista con sus inclinaciones filantrópicas. A él se le atribuye la creación de un grupo paracultural muy extraño llamado el Club del Fuego Infernal (Hell Fire Club). Una organización que tenía menos que ver con tenebrosos rituales satánicos y mucho con una tendencia filosófica que utilizaba el satanismo como símbolo de trasgresión cultural.

La fundación y presidencia de un club de semejantes características no sería tan polémica si Francis Dashwood no hubiese sido miembro de la Cámara de los Lores en el Parlamento Británico, miembro activo del Partido Conservador y tesorero de las arcas reales.

Vale decir que El Club del Fuego Infernal era un apodo más bien despectivo. Su nombre real era Los Monjes de Medmenham, a causa del establecimiento de su sede en en una vieja abadía de de Medmenham. El lema del Club estaba inscripto sobre las puertas de la abadía. El mismo sería recogido y sublimado por el ocultista Aleister Crowley en el raro sistema ético de El libro de la ley (Liber AL vel Legis), ambos inspirados en un pensamiento de Rabelais a propósito de la abadía de Thelema en su obra Gargantúa y Pantagruel:


Fais ce que tu voudras.
(Haz tu voluntad)



Existe poca evidencia sobre las actividades del Club del Fuego Infernal. En este sentido sus miembros fueron dignos conservadores de sus secretos. El lema de la organización hace pensar en un humanismo exagerado, que acaso despreciaba las formalidades morales y éticas en favor de la concreción inmediata y libre de burocracias del deseos.

El único testimonio que logró trascender el férreo silencio del Club del Fuego Infernal proviene de John Wilkes, un hombre que nunca fue admitido dentro de las órdenes inferiores pero que sí conoció algunos de sus ritos iniciáticos.

De este modo denunció John Wilkes las actividades del Club del Fuego Infernal.


... un grupo de honorables y alegres compañeros, felices discípulos de Afrodita y Dionisos, que se reúnen ocasionalmente a celebrar a las mujeres, el vino y los excesos. Libres de todo prejuicio, se sumergieron en el ideal del lujo clásico para enriquecer una serie de placeres más bien modernos.


Para otros el Club del Fuego Infernal no sólo tenía propósitos lúdicos, sino que también se trataba de un templo oracular dedicado al dios Dionisos. Nathaniel William Wraxall acusó a los "monjes" de practicar aberrantes rituales satánicos; pero el poder político del grupo deshizo estas conjeturas aplastando la credibilidad del pobre Wraxall. El investigador paranormal Gerald Gardner conjetura que el Club del Fuego Infernal adoraba una variante siniestra de una entidad a la que llamaban La Diosa; acaso similar a la Diosa Blanca (The White Godess) de la que habla Robert Graves.

Concretamente sabemos que el Club del Fuego Infernal operó entre los años 1749 y 1766, y que muchos de sus miembros pertenecían a la elite económica y política de su tiempo. Entre ellos cabe destacar a Benjamín Franklin, William Hogarth, Edward Thompson, Paul Whitehead, Robert Vansittart, Thomas Potter, Francis Duffield, entre otros.

Los pocos historiadores que se han aventurado a explorar la historia del Club del Fuego Infernal señalan que las reuniones originalmente se llevaban a cabo en tabernas públicas, y que luego se mudaron a la mansión de Francis Dashwood. La primera reunión oficial en esta mansión se produjo la noche de Walpurgis de 1752. Para despistar a los curiosos la orden cambió varias veces de nombre. Se la llamó: La Hermandad de San Francisco de Wycombe (Brotherhood of St. Francis of Wycombe) y Orden de los Caballeros de West Wycombe (Order of Knights of West Wycombe), aunque su apodo se conservó sin modificaciones.

Las acusaciones que pesan sobre el Club del Fuego Infernal son las habituales en este tipo de organización: reuniones amorosas grupales y clandestinas, ritos tenebrosos en donde no faltaba el alcohol e incluso el asesinato ritual, etc. Pero lo cierto es que quizás esto sea una mirada incompleta sobre sus intenciones, más afines a parodiar y blasfemar la sacralidad cristiana, y sobre todo su ética, que practicar realmente una fe genuina en el mal.

El Club del Fuego Infernal finalmente se desintegró cuando Francis Dashwood se tomó a pecho su tarea en la Cámara de los Lores. Otras historias señalan que el Club continúa activo, aunque sus reuniones ya no causan el asombro y el estupor de antaño.


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