Juventud de Merlo: el desafío es organizarse para la conquista de la libre expresión

La juventud, artistas y estudiantes de Merlo, viene desarrollando una fuerte tendencia a la organización para generar espacios y canales de expresión que les permita difundir libremente sus ideas, opiniones, necesidades, y creaciones artísticas de diferentes disciplinas como la música, la pintura, el teatro, etc.

Esa organización debe ser independiente del poder político local ya que el régimen de Othacehé, de características fascistoides, es lo opuesto a la “libre expresión”. Desde sus más de 20 años en el gobierno, Othacehé ha censurado siempre a la juventud, cerrando sus lugares de reunión, ya sean estos pubs, boliches, centros culturales, etc.

En el último tiempo el intendente ha virado a la estrategia del palo y la zanahoria: por un lado intenta cooptar y regimentar a un sector de la juventud, por el otro persigue a quienes no se someten a esa regimentación.

La zanahoria

Bajo la consigna “Merlo está joven” el municipio viene impulsando actividades para encorsetar a la juventud en aras de un proyecto político que choca de frente con el espíritu de rebeldía de la juventud contra el orden de explotación establecido.

El desembarco de La Cámpora en Merlo fue digitado por Othacehé, está integrada por los hijos de los punteros políticos y su primer actividad fue la presentación de la muestra itinerante de… Nestor Kirchner (represor de la juventud precarizada del Casino flotante)
En los centros culturales la precarización laboral es la regla: la oferta cultural es sostenida por artistas que, con los miserables salarios municipales de $1.200, están lejos de poder vivir de su arte.

Un ciclo de Rock, pomposamente anunciado por el intendente, les da la “oportunidad” a las bandas locales de tocar en espacios públicos. Pero… si el espacio es público, no debería poder tocar cualquier banda que quisiera hacerlo? No, primero tienen que pasar por el filtro ideológico del intendente. Además se espera que toquen…gratis! ¿Qué clase de apoyo a la cultura es aquel que no contempla el sostenimiento material de los artistas? El intendente, que no tiene reparos en pagar los cachet de las bandas “famosas” que tocan en el Tejadito, se los niega deliberadamente a los músicos locales. ¿El “Vasco” usa a los artistas locales y los agradecidos tienen que ser ellos porque el intendente les permitió el uso del Espacio Publico? Vengan a ver como es… el reino de Othacehé.

El Palo

Othacehé persigue a todo tipo de expresión que escape a su mano regimentadora. No permite los festivales en espacios públicos como ocurrió con la prohibición de Rock en la Escuela organizado por estudiantes y docentes, o la prohibición de un festival contra los agrotóxicos en la Plaza Rosmi. El argumento es que está “terminantemente prohibido realizar cualquier tipo de espectáculo público, evento, fiestas, etc. sin el correspondiente permiso municipal” (notificación municipal a la ESB N° 6). Es ridículo. ¿Para festejar, digamos, el 9 de julio, cada escuela del distrito debe pedirle permiso al intendente?

Por lo demás, cuando el permiso se solicita es denegado porque no se comulga políticamente con el intendente. Así ocurrió en octubre, al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra. El permiso para un festival no fue extendido con el argumento de que lo impulsaba el Partido Obrero, que se encuentra “en la vereda opuesta”.

Mariano Ferreyra se ha convertido en ícono de la juventud en lucha contra la precarización laboral y las patotas. Efectivamente se encuentra en la vereda opuesta a la de Othacehé. Pero la plaza no es del intendente, la plaza es de todos.

La regimentación municipal no se limita a los festivales públicos, arremete también contra las fiestas privadas, ya sean estas en centros culturales, locales partidarios o casas particulares. Utiliza para ello el decreto 8751, sancionado por la dictadura militar en diciembre de 1976, que le daba todo el poder a los intendentes militares o colaboracionistas, para acallar cualquier aspecto independiente de la vida política, social o cultural en esos años de plomo. Ha montado un sistema de espionaje contra los vecinos (se infiltra en los facebook, etc.)

Ray Bradbury un poroto: el autor de “Fahrenheit 451″ imaginó un mundo donde estaban prohibidos los libros; las brigadas del Estado los quemaban y perseguían a quienes los poseían y eran los propios vecinos quienes denunciaban a los lectores. Othacehé ha montado un sistema de alcahuetería en relación a las fiestas particulares y convoca a la población a denunciar anónimamente a través de un 0-800 a sus vecinos. Bradbury es un maestro de la ciencia ficción, lo del Vasco pertenece, claramente, al género de terror.

Ladran Sancho…

La arremetida de Othacehé contra la juventud no es casual. Está dando cuenta de los golpes que esta, con su libre accionar, le viene asestando al régimen autocrático: los artistas, que se niegan a la regimentación, no se han quedado de brazos cruzados y con movidas under dan la pelea por recuperar los espacios que les pertenecen: se organizan festivales, se rechaza a las patotas y a la prepotencia policial y municipal. El año pasado se han recuperado dos centros de estudiantes que estaban en manos del PJ y está pendiente la lucha contra el intento golpista del intendente en el Instituto 29.

La propia experiencia les ha enseñado que la lucha por la reivindicación de la cultura y la educación, por espacios y canales públicos de expresión de la juventud plantea necesariamente la lucha contra el régimen de Othacehé, contra sus intentos de regimentación ideológica y sus métodos fascistoides. La tarea de la hora es poner en pie una organización que permita profundizar esas luchas, ampliar el debate a todos los trabajadores de la cultura y avanzar en la elaboración de un programa de reivindicaciones.

Ese es el desafío que los artistas y estudiantes de Merlo tienen por delante: la conquista de la libre expresión. Por un arte sin censura y la plena vigencia de las libertades democráticas en Merlo.


Merlo: la lucha por la Libertad de Expresión
Y aca vemos a Raul Othacehe aterrorizando los niños combativos de Merlo en un grabado del siglo XVII