Los Samurai en España (s XVII)

Este es un interesante artículo sobre la llegada de guerreros japoneses a España:

Los Samurai en España (s XVII)


Samurais Católicos en la Sevilla del S.XVII

Jonathan L. Shinzō


Los misioneros jesuitas españoles y portugueses llegaron a Japón en 1549, con la intención de llevar la fe cristiana a ese territorio recién descubierto, de la misma forma que lo habían hecho por todo el imperio español. Quiso la casualidad que llegasen a Japón cuando el país se encontraba inmerso en el turbulento periodo Sengoku, por lo que muchos señores feudales se mostraron encantados con la llegada de los occidentales, que, además de su nueva religión, podían ser unos magníficos aliados de cara a alcanzar el puesto de shōgun gracias a sus armas de fuego y un posible comercio que aportase grandes beneficios.

Es así como muchos daimyō autorizaron a los misioneros a pregonar su fe entre sus súbditos. Uno de ellos fue Date Masamune, un importante daimyō del noreste, que unas décadas después, ya a inicios del periodo Edo, se mostró muy interesado en poder participar del comercio español y portugués, del que hasta entonces se habían beneficiado sobre todo los señores de Kyūshū, al suroeste. Para conseguir este comercio, no dudó en otorgar favores a la Iglesia, promoviendo la conversión de sus súbditos e incluso convirtiéndose él mismo a la fe cristiana.

Como parte de este interés, Masamune decidió enviar una expedición que, pasando por México y España, llegase a Roma y poder así establecer relaciones directas tanto con la Corona Española como con el Papa. Esta expedición contaba con el beneplácito del shōgun, pariente de Masamune, y estaba capitaneada por su hombre de confianza Hasekura Tsunenaga, quien, acompañado de algunos religiosos españoles y centenar y medio de japoneses, se hizo a la mar a finales de 1613.


España


De Japón a México
La expedición, que llevaba a bordo de la nave San Juan Bautista al fraile franciscano Luis Sotelo y otros religiosos, a un delegado del virrey de México llamado Sebastián Vizcaíno y a casi centenar y medio de japoneses liderados por Hasekura Tsunenaga, zarpó de la provincia de Miyagi (zona tristemente famosa en la actualidad por el tsunami de marzo de 2011), al norte de Edo, el 28 de octubre de 1613. Llevada por las corrientes del Pacífico, llegó a California, desde donde se dirigió al sur para llegar a Acapulco el 25 de enero de 1614, en las crónicas del lugar se explica así la llegada de la expedición:

“Un barco que lucía un hermoso emblema real llegó al puerto de Acapulco. Así, el embajador de Japón venía a entrevistarse con el Santísimo Papa del cristianismo y con la Majestad Católica de España. El presidente de la administración y de la justicia de ese puerto decidió que le daría la bienvenida con toda la cortesía posible que corresponde a su título de embajador. Conforme este barco se acercaba a la playa, se dispararon muchas salvas en señal de paz. Desde el puerto, dispararon un gran cañón y mucha fusilería.”

Allí les recibió el gobernador de México, el marqués de Guadalcazar, quien les aprovisionó de caballos y todos los suministros necesarios para hacer camino hasta la ciudad de México, a aproximadamente 400 km., donde llegaron el 24 de marzo de 1614. Fueron recibidos por el gobernador en el Palacio Real, donde los japoneses llegaron ataviados con vestidos de gala de corte occidental y donde, tras una solemne ceremonia y toda clase de celebraciones, les fue otorgado el permiso para continuar su viaje hasta España. Por su parte, Hasekura Tsunenaga hizo entrega al gobernador de una carta escrita por su señor Date Masamune así como diversos regalos.

Este ambiente de alegría y cordialidad se truncó cuando al poco de la llegada de la expedición a México, llegaron noticias alarmantes desde Japón, donde el shōgun Tokugawa Ieyasu acababa de prohibir el cristianismo en todo el país, expulsando a los sacerdotes extranjeros, obligando a los japoneses a abandonar la doctrina católica, quemando iglesias y ejecutando a todo el que se resistiese a acatar las órdenes. Como curiosa respuesta a esta situación, decenas de los japoneses que formaban parte de la comitiva decidieron convertirse al cristianismo bautizándose en México. El cambio drástico en la situación política japonesa acababa de condenar a la expedición, pues lógicamente habían perdido toda autoridad para establecer relaciones comerciales con los mandatarios españoles o de otros países, por lo que quizá éstos ya no tuviesen ningún interés en recibirles. Prueba de ello es este informe oficial de México:

“El gobernador recibió el embajador para establecer el intercambio comercial entre México y Japón. Sin embargo, los japoneses persiguieron a los cristianos en su país. Por eso, los japoneses no pudieron obtener resultados.”

japón


Pese a los intentos del padre Sotelo de mantener el apoyo de las autoridades de México, la comitiva acabó quedando olvidada y marginada. Finalmente, decidieron dejar tierras mexicanas y partir hacia España, zarpando el 29 de mayo de 1614, apenas dos meses después de su llegada. Hicieron escala en Vera Cruz y en La Habana, Cuba, desde donde partieron cruzando el Atlántico.

De México a Madrid
El 5 de octubre de 1614, casi un año después de su salida de Japón, la expedición llegó a España, tocando tierra en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, desde donde remontaron el Guadalquivir hasta llegar a Coria del Río, antepuerto de Sevilla. Unos días después fueron recibidos con grandes festejos en la capital sevillana por el alcalde, el conde de Salvatierra, así como por las autoridades eclesiásticas. En una de estas cenas de gala celebradas en honor de la expedición japonesa, Hasekura Tsunenaga hizo entrega al alcalde de una carta de Date Masamune, otra en su mismo nombre y dos parejas de katanas. El 25 de Noviembre de 1614, el alcalde de Sevilla hizo entrega a la expedición de varios coches de caballos para que pudieran hacer camino hasta Madrid, donde tenían pensado entrevistarse con el rey Felipe III, tras visitar a diversas autoridades religiosas en su paso por Córdoba y Toledo. Pero las noticias sobre la prohibición del cristianismo en Japón habían llegado también a Madrid, como prueba este informe del 30 de Octubre de 1614 escrito por el Consejo de Indias para Felipe III:

“El objetivo de la delegación es pedir misioneros para la evangelización en su territorio, y abrir el paso entre él y México. Tenemos que dilatar este paso hasta que se aclare la situación y dar buen trato a los japoneses. Porque como los japoneses son valientes, y hay posibilidad de armas en México. Esta vez, más de ciento cincuenta japoneses han venido aquí. Además, están armados (...). Se aumentará la cantidad de plata de México que los japoneses llevarán a sus país. Sobre la religión, el gobernador japonés (Ieyasu Tokugawa) condenó a muerte a muchos cristianos e impidió a la evangelización. Además el hijo del gobernador (Hidetada Tokugawa) expulsó a los Padres de su Corte.”

Cuando la expedición japonesa llegó a Madrid, el 20 de diciembre de 1614, y entraron en el monasterio de San Francisco, no hubo ninguna celebración de bienvenida ni recibieron permiso de audiencia con Felipe III. No fue hasta pasado mes y medio, el 30 de enero de 1615, que pudieron reunirse finalmente con el monarca. Es en este encuentro cuando Hasekura Tsunenaga hace entrega a Felipe III de la carta en la que Date Masamune explica el objetivo de la expedición:

“1º Construí este barco (el San Juan Bautista) para que los franciscanos pudieran venir a Japón todos los años. Voy a transportar los productos japoneses a Nueva España. Por eso, quisiera que enviara los productos de España para mi uso.
2º Pido el ofrecimiento de los pilotos y marineros necesarios (para el envío de los misioneros). En el caso de que el barco sufra daños y sea necesario su arreglo, quisiera que nos ofrecieran todas las comidas y equipos. Me haría cargo de todo su coste (...).
5º Cuando los barcos españoles vengan a Japón, serán recibidos con entusiasmo y acogidos con cordialidad. He ordenado a los japoneses que los españoles pueden hacer negocios comerciales libremente, sin que se les imponga ningún impuesto.
6º A los españoles que quieran residir en mi territorio, les concederé tierras para sus casas. En el caso de que haya pleitos, disputas y problemas entre españoles y japoneses, mandaré que haya que se entregue al encausado a los responsables o a los mediadores españoles, y que se solucionen éstos según la ley de España.
7º Cuando los ingleses, los holandeses y cualquier otro que son enemigos del Rey de España vengan a mi territorio, aplicaré las oportunas sanciones (...).”


historia de los samurai
Facsímil de la carta entregada por Hasekura a Felipe III


Esta carta tan amistosa y a favor de un beneficio para ambas partes, escrita antes de la salida de la expedición, contrasta de forma brutal con la actual postura oficial de Japón acerca del cristianismo y las influencias extranjeras en general, como podemos ver en el informe público del monje budista Konchiin Suden en el que explica a la población la situación:

“Los cristianos han evangelizado a los japoneses y han profanado a los Dioses sintoístas y budistas. Tras ello, han intentado cambiar el sistema político de Japón. Los Padres cristianos se han opuesto al régimen político japonés, han despreciado el shintoismo, criticando las doctrinas ortodoxas, menospreciando la moral y perdido el sentido del bien. Cuando los cristianos japoneses ven a los mártires, súbitamente se acercan y les rezan. Ellos dicen que sus actos eran justos. Es, pues, verdad que ellos son unos herejes, enemigos de los Dioses y de Buda.”

Por tanto, se hacía imposible pensar que Date Masamune pudiese conseguir las condiciones que prometía en su carta a Felipe III, quedando todo en papel mojado. El Consejo de Indias aconsejó al monarca que lo mejor sería oponerse a cualquier tratado comercial con Japón y acceder únicamente al envío de más misioneros. El 27 de febrero de 1615 Hasekura Tsunenaga se bautizó en Madrid, adquiriendo el nombre de Felipe Francisco y asistiendo a la celebración Felipe III y gran parte de la nobleza de la capital, en un acto orquestado por el sacerdote Luis Sotelo con la intención de propiciar las relaciones con el rey. Pero no fue suficiente, y nunca recibieron respuesta por parte de Felipe III, abandonando Madrid con las manos completamente vacías. El rey, a regañadientes, acabó autorizando el viaje de la expedición a Roma.


De Madrid a Roma
El 22 de agosto de 1615 la expedición salió de Madrid con destino Roma. Tras pasar por Zaragoza, Fraga, Lleida, Cervera, Igualada, el monasterio de Montserrat, Martorell y Esparraguera, el 3 de octubre llegaron a la ciudad de Barcelona. De allí partieron por mar haciendo escala en Saint Tropez, Savona, Génova y Chivitavecchia para llegar a Roma a finales de octubre. Antes de que ellos llegasen a la capital italiana, había llegado una carta de Felipe III al embajador español en la ciudad en la que le decía que, si los japoneses proponían al Papa las mismas peticiones que le habían hecho a él, había que impedir cualquier posible acuerdo entre ellos.

La expedición fue recibida con desfiles y festejos en la ciudad, y se vieron en audiencia con el Papa en varias ocasiones, algunas de forma oficial y otras extraoficial. En una de estas audiencias, Hasekura pronunció un discurso y entregó al pontífice una carta escrita por Date Masamune en la que éste pedía su protección, el envío de misioneros franciscanos a Japón, la mediación con Felipe III y ayuda para establecer relaciones de tipo comercial con México. El Papa alabó a Date Masamune pero no dijo nada acerca de las peticiones de éste. El 20 de noviembre de 1615, como agradecimiento por la visita viniendo desde tan lejos, la ciudad de Roma concedió la ciudadanía tanto a Hasekura como al resto de delegados. Finalmente, el 4 de enero de 1616, fueron recibidos de nuevo por el Papa, quien les aseguró que enviaría más misioneros a Japón y les dio una carta para Felipe III en la que le pedía que se encargase de ello. Con esta promesa, la delegación emprendió el camino de vuelta.


historia de japón
Hasekura Tsunenaga durante su estancia en Roma


De Roma a Japón
El 25 de enero de 1616, a su paso por Génova, después de haber estado en Florencia y Livorno, la expedición recibió órdenes de, a su llegada a España, ir directamente a Sevilla sin pasar por Madrid, tal y como el Consejo de Indias había aconsejado a Felipe III. Pero Hasekura y el resto de delegados querían obtener una respuesta del monarca a sus peticiones, por lo que, después de pasar por Savona, Saint Tropez y Barcelona, decidieron desobedecer las órdenes y dirigirse a Madrid, donde llegaron en el mes de abril. Pero la Corte de la capital, debido a las cada vez peores noticias que iban llegando de Japón, ordenó a la comitiva dirigirse a Sevilla, cuando por fin accedieron a recibirles, de forma poco amistosa y fría. Además, el Consejo de Indias había dado ya órdenes a Sevilla para que la expedición partiese cuanto antes de vuelta a Japón. Para evitar esta rápida partida, Hasekura y el padre Sotelo fingieron encontrarse enfermos y así ganar tiempo para poder comunicarse con Felipe III y pedirle una carta oficial donde confirmase el envío de más misioneros a Japón. Un año después, el 13 de junio de 1617, el Consejo de Indias ordenó la partida inmediata de la expedición, asegurando que la tan deseada carta de Felipe III le sería entregada al padre Sotelo a su paso por Filipinas. El 4 de julio, la comitiva salió de Sevilla.

Fue en este momento cuando algunos de los delegados japoneses, atemorizados por la situación en la que se encontraba Japón, no queriendo ser obligados a abandonar la doctrina cristiana o morir, y habiéndose acostumbrado a la vida en Coria del Río, donde habían residido en el último año, decidieron quedarse. Son estos enviados, samurais católicos, los que, al emparejarse y tener descendencia con mujeres de Coria del Río, dieron lugar a la aparición del apellido Japón, una curiosidad propia de esta localidad sevillana.

Tras pasar por México a mediados de septiembre de 1617, la delegación llegó a Filipinas, el 20 de Junio de 1618 y se quedaron allí, en Manila, durante año y medio, sin quedar constancia por escrito de los motivos por los que alargaron tanto su estancia en el lugar. Durante ese tiempo, el padre Sotelo recibió por fin la prometida carta de Felipe III, pero su contenido fue toda una decepción, pues era puramente protocolaria, no decía nada de envío de misioneros ni de ningún acuerdo de tipo comercial. Finalmente, el 20 de agosto de 1620 partieron de Filipinas, donde se quedó el padre Sotelo, para llegar a Nagasaki, en el sur de Japón, al mes siguiente. Cruzaron gran parte del país para llegar al punto de partida, Sendai, territorio de Date Masamune, el 22 de septiembre, prácticamente siete años después de haber empezado la expedición.

Un mes más tarde, Date Masamune envió una carta a la Corte del shōgun Ieyasu Tokugawa, informando de la vuelta a casa de la delegación, y recordando que ésta había sido enviada por el mismo shōgun, encargándose él, Date Masamune, de actuar únicamente como intermediario. Sin lugar a dudas, Date intentaba protegerse en una época en la que el cristianismo estaba en el punto de mira de todo el país, jugando a dos bandas. De cara a Felipe III y al Papa de Roma, se presentaba como un poderoso señor y pedía ayuda y proponía acuerdos comerciales, mientras que de cara al shōgunato, se mostraba a favor de la persecución del cristianismo y se lavaba las manos en el tema de la expedición a Europa. No quedan documentos que nos expliquen qué fue de Hasekura Tsunenaga ni del resto de expedicionarios, muchos de ellos, como el propio Hasekura, convertidos al cristianismo en un país en el que eso se pagaba con la vida.



Estatua conmemorando a Hasekura Tsunenaga con la carta al Rey de España


Sin lugar a dudas, el legado principal que dejó la expedición de Hasekura Tsunenaga fue el apellido Japón. El primer caso conocido del uso de este apellido data de mediados del s.XVII en el registro bautismal de la Parroquia de Sta. Maria de la Estrella, donde se encontraron los datos de un niño apellidado así. Este hecho no sólo ocurrió en Coria de Río, ya que sabemos de un mismo caso en la Extremadura de 1620, pero que por su pequeña magnitud no obtuvo tanta relevancia. Unos siglos más tarde, contamos con más de 600 corianos con el apellido en cuestión, e incluso en algunos rostros todavía podríamos adivinar rasgos de tipo oriental. Actualmente podemos citar al conocido árbitro de fútbol José Japón Sevilla y a Juan Manuel Suárez Japón, catedrático de la Universidad Internacional de Andalucía.

En el caso de Japón, en cambio, el descubrimiento de este apellido es muy reciente. En 1989, gracias a la conmemoración de la fundación de la ciudad de Sendai, se empieza a investigar acerca de la misma, hallando así diversos escritos de Date Masamune donde se explicaba el viaje de Hasekura. De esta forma empieza el primer contacto con Coria del Río para conseguir su versión de los hechos e información adicional sobre el viaje. Desde ese momento, se ha trabajado para mantener el respeto y mejorar las relaciones interculturales entre ambos países a través de embajadores tanto en España como en Japón. Además, han sido muchos los encuentros entre ambos lugares. Un ejemplo de ello fue la Expo de Sevilla en 1992, donde se celebró un encuentro entre el embajador japonés y diversas personas descendientes de los antiguos expedicionarios. Un año después fue fundada la Asociación Hispano-Japonesa Hasekura, que aún ahora organiza actividades y propone encuentros. También cabe mencionar que en el Parque Carlos de Mesa, en Coria, se erige una estatua conmemorativa de Hasekura Tsunenaga, atendiendo a una petición del gobierno de Sendai en 1992. De la misma forma se entregó a México otra estatua, ambas copias de la original, situada en Sendai, pues son varias las ciudades que gozan de tal legado: Acapulco, la Havana y Roma, entre otras.


Bibliografía

Alvar, Manuel. “La embajada japonesa de 1614 al rey de España.” Thesaurus, Tomo L 1-2-3 (1995): 518–525.

Falero, Alfonso J. “Política y Cultura en la Historia de Japón. Condicionantes culturales en la historia política japonesa.” Revista de Estudios Políticos (Nueva Época) 109 (2000): 303–315.

Lee, Christina H. “The Perception of the Japanese in Early Modern Spain: Not Quite ‘The Best People Yet Discovered’.” eHumanista 11 (2008): 345–380.

Lisón Tolosana, Carmelo. La fascinación de la diferencia. La adaptación de los jesuitas al Japón de los samurais, 1549-1592. Tres Cantos: Ediciones Akal, 2005.

Takizawa, Osami. La historia de los jesuitas en Japón (siglos XVI-XVII). Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 2010.

10 comentarios - Los Samurai en España (s XVII)

@peipt +2
yo soy sevillano,y ciertamente hay gente en sevilla de apellido Japon,recuerdo un compañero de instituto
@Kayzose
Muy interesante, tal vez si la evangelización hubiese llegado hasta el limite tal de Latino América la cultura japonesa que es hoy se hubiese perdido tal vez para bien o para mal, nunca se sabrá, buen post, saludos.
@Kalinga +1
Es cierto, andá a saber. De todas formas, los japoneses se bancaron la transculturización yankie de la posguerra, encima como perdedores. Y no obstante siguen con muuuuchas de sus tradiciones.
Gracias por el coment
@hhdelhuapi +2
@matheo1 +1
Jajajajaja mientras leía todo estaba relacionado con samurai X
@METAL_FOR_EVER
Ponelo en la comu de Amantes del Japon, te van a amar...
@Kalinga
Gracias por la sugerencia y el coment
@autoblindaje
Excelente POST, muy buena info e imágenes, ¡gracias por compartir!
@Kalinga
Gracias a vos por el coment. Abrazo
@vampirelest
Muy buen post, Tokugawa tenia todo el metal ! +10 y reco
@Kalinga
Muchas gracias. Abrazo
@SosoW
Excelente,van +10