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Sexo y videojuegos, esa relación estúpida

Es difícil catalogar las primeras experiencias sexuales lúdicas de la historia, pero es más que probable que las viniesen firmadas por Swedish Erotica en Atari, una serie de juegos de lamentable gusto y peor factor jugables. Ni siquiera la potencia de la máquina americana podría justificar semejante descalabro: la única intención de mostrar a un tipo fornicando con indígenas americanas mientras esquivábamos flechas del cielo era suficiente para vender cartuchos a las puertas del crash del videojuego americano de 1983. Luego pasó lo que pasó, pero creo firmemente que no pagaron suficientes por ese pecado mortal que pudo sepultar la industria doméstica, pero ese es otro tema.



Otra manera de ofrecer sexo en nuestro ocio ha sido mediante el uso del erotismo como recompensa por cumplir nuestros logros. No son pocos los programas basados en Poker en el que las damiselas perdían prendas según avanzaba la partida, pero hay ejemplos japoneses del todo rimbombantes en ese factor sexual por recompensa que no podemos pasar por alto. Un ejemplo sería Variable Geo, un fighting en el que camareras (importante) vírgenes luchaban por ser la mejor de Japón a palos. Una vez vencidas obteníamos galerías de imágenes de las chicas perdiendo su virginidad con trepidante simpleza. Gals Panic es un clásico: tomando las bases de QIX, completa el cuadro sin que te toquen y obten recompensas, si logras un 90% del dibujo de la chica la verás en top-less, si haces un 100% verás una animación.

Precisamente, de Gals Panic salieron docenas de copias piratas en las que se cambiaban las chicas con toques eróticos por mujeres mostrando sus genitales en todo su esplendor. ¿Qué motivaba a los dueños de los recreativos a comprar esos pérfidos homenajes a lo grotesco? Primero por lo baratas que resultaban esas copias, segundo por los propios genitales de las damas. El nivel de absurdo llegó a cotas de libro cuando se añadieron personajes para elegir en el juego, y entre otros nos encontrábamos a Michael Jackson, Robocop o Arnold Schwarzenegger. Incluso llegaron a salir copias de esos mismos juegos añadiendo a hombres con penes imposibles. Para todos los gustos.



De copias y producciones piratas podríamos abarcar mucho también. A veces, de hecho, el propio juego es una excusa para colar vídeos porno, y en el caso de Jan-Ken-Pon, software no firmado para PSX que jugábamos a Piedra, papel y tijera contra chicas, si las vencíamos veíamos fragmentos de streptease de la nipona. Otros discos piratas que volaban por el Mercado de San Antonio de Barcelona se dejaban de tonterías y ofrecían, directamente, escenas de películas porno sin mayores dolores de cabeza.
Y con Japón hemos topado, un país en el que sexo animado de lo más creepy y weirdo campa a sus anchas por tiendas y convenciones. Las aventuras conversacionales y las novelas gráficas con temática hentai son habituales, y algunos autores como Tony Taka se han hecho un nombre con obras como Genmukan, After o Mitama. De ahí a ilustrar las franquicias más contemporáneas de la serie de rol Shining en Sega, que no es moco de pavo. Os he hablado de un autor, pero si me diese por hablaros de doujinshis hentai (parodias eróticas de todo tipo de material audiovisual en el que los videojuegos, por supuesto, no se salvan) o los vídeos eróticos 3D tan en voga últimamente, tendríamos un artículo prácticamente inabarcable.

estupida

Mientras tanto, en Occidente, el apartado sexual es tonto e infantil. Dejando de lado ejercicios simpáticos como el de Al Lowe y su serie Larry, el sexo en Occidente está satanizado hasta límites insospechados. A lo largo de los años hemos tenido docenas de casos de censuras, cortes y eliminación de contenido susceptible al apetito sexual de los chavales y no tan chavales usuarios de videojuegos en el otro eje del mundo. De hecho, y volviendo a la trayectoria de Larry, ¿ha sufrido un tijeretazo más grande alguno de los personajes de vidoejuegos famosos que el que sufrió con el último juego lejos de la autoría de Lowe? Cualquier crítica se queda corta ante semejante esperpento.
Recuerdo polémicas del todo surrealistas con GTA San Andreas o un olvidado de la desaparecida Acclaim: BMX XXX. Al final, la sexualidad en Occidente, como decía en líneas anteriores, es tonta e infantil, y el juego de bicicletas y postureo lo era más que nadie. Una supina pérdida de tiempo de la que se habló más de los pezones de la de las coletas de la portada que del propio juego. Lo de San Andreas y el Hot Coffee llenó páginas y páginas en todo el mundo: se trataba de un contenido oculto dentro del título en el que CJ podía practicar sexo con su novia en un mini-juego de lo más tonto y simple. La broma acabó saliendo cara a Rockstar, pero también tuvo una propaganda con la que no habría ni soñado. Se acabó devolviendo el dinero a los jugadores ‘ofendidos’ con el ‘despiste’.



Nos dejamos cosas en el tintero actuales como God of War o Heavy Rain, con una Quantic Dream reincidente; pero también nos dejamos producciones del pasado como el Tetris X, el material erótico pirata que salió a espuertas en micro-ordenadores o un producto patrio como Sabrina, que pretendía sacar rendimiento a cierto despiste televisivo de la popular cantante para sacar beneficio vendiendo cintas, pero creo que si algo he aprendido escribiendo el presente texto es que para lo poco que hay de sexo en videojuegos, resulta sorprendente lo mucho que podríamos hablar de ello. Prometo retomarlo con mayor calma y centrándome en puntos más concretos en el futuro. Nos divertiremos, seguro.


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