Ignorance is bliss (La Ignorancia es la Felicidad)

Si este artículo empieza de una manera seria y termina siendo un relato cómico, no es coincidencia, fué a propósito.

Es algo curioso, pero siempre se ha dicho que las personas con un alto cociente intelectual sufren más que las personas con un cociente intelectual promedio. Y no solo es que se diga, sino que se tienen pruebas fundamentadas para comprobarlo. Muchas de las personas “inteligentes” tiene más problemas emocionales, y una menor capacidad de adaptación al mundo social, lo que hace que muchos de ellos no logren destacar, ni siquiera logran puestos decentes en el mundo laboral, cuando tienen la capacidad intelectual de desarrollar mejor ciertas actividades que los demás.

Generalmente a la gente inteligente se le ve como rara por sus dotes intelectuales. No se comportan igual que los demás y eso a veces ocasiona rechazo por parte de los demás, y aislamiento por parte de ellos mismos, lo que provoca que su desarrollo emocional quede rezagado y tengan más problemas de adaptación que las demás personas.

Daniel Goleman por lo mismo quiso hacer una distinción entre la inteligencia racional (que es de la que estamos hablando) y la inteligencia emocional. Y el hace énfasis en darle importancia a la inteligencia emocional, porque según dice, los inteligentes emocionales tienen más probabilidades de sobrevivir en la competencia diaria de la vida, que los inteligentes racionales (que precisamente, suelen sufrir de una baja inteligencia emocional).

También la gente inteligente suele tener una mayor percepción de la realidad que la gente común, y eso no suele ser muy agradable en la mayoría de los casos. De ahí que generalmente se diga que la ignorancia es la felicidad. Y mientras la gente inteligente se la pasa teniendo crisis existenciales, meditando sobre el significado de la vida, la gente que no tiene un alto grado de inteligencia se la pasa de juerga, viendo el futbol, clavándose mujeres. Y es cuando yo digo, ¿Dios, porque no me hiciste pendejo?.

Serio, una vez un especialista me dijo que la gente que suele tener una vida llena de amoríos, de sexo con mujeres y de alcohol, suelen tener un cociente intelectual, cuando mucho, del promedio. Otra vez, ¿Dios, porque no me hiciste pendejo?.

Pero aguas cuando un inteligente logra sortear todas esas barreras emocionales que la vida le impone. Ese tipo de inteligentes suelen arrasar con todo, destacan más que los demás y logran hacer cosas que casi nadie logra hacer. Ahí tenemos a gente como Einstein que tuvo problemas en su infancia donde todos decían que no iba a llegar a nada, y terminó descubriendo la teoría de la relatividad. Y esa clase de inteligentes pues llegan a tener tal reconocimiento, que si quieren pueden conseguir el dinero que quieran y las mujeres que quieran. ¡Bueno Dios, que bueno que no me hiciste pendejo!.

Pero también lo malo de esos inteligentes es que a pesar de su fama, sus millones, y sus excesos, siguen siendo perseguidos por sus “vacíos existenciales”, tal que llegan a darse un tiro, tal y como lo hizo el escritor Ernest Hemingway, que a pesar de haber tenido mujeres y un Premio Nobel, se dió un escopetazo. El mismo llegó a decir: “Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa mas rara que he visto.”

Por mi parte, cuando me toque mi turno, prometo dejar mi nota de suicidio en este blog. Tambien pensaba videograbarlo, pero a parte de lo asqueroso que pudiera llegar a ser, prefiero pedirle a una de las tres mujeres con las que voy a estar…, que se encargue de dar el escopetazo final.