La mítica máquina de hacer llover


“Que llueva, que llueva, / Baigorri está en la cueva; / enchufa el aparato / y llueve a cada rato…” un bandoneón acompañaba las estrofas dedicadas a un hombre, capaz de lograr que el cielo lloviera en plena sequía



La máquina de hacer llover


Aunque la no poco costosa tecnología de misiles de yoduro de plata sea conocida y utilizada desde hace años, en la década del 1930 ya existía una máquina de hacer llover. Una mítica máquina de hacer llover. Una invención, de la cual probablemente jamás sepamos si realmente funcionó.

El nombre de su inventor era Juan Baigorri Velar; su nacionalidad, argentina. Recibido de ingeniero y especializado en el petróleo, viajó a Italia para estudiar Geofísica en la Universidad de Milán. Según la historia, en estas circunstancias fue cuando Baigorri accidentalmente comenzaría a construir lo que la historia conocería como la “máquina de hacer llover”.

En realidad, su motivación principal era la de fabricar un dispositivo capaz de medir el potencial eléctrico y las condiciones electromagnéticas de la Tierra. Pero en 1938, cuando trabajando en el desván de su casa en Buenos Aires, descubrió que su aparato provocaba una pequeña lluvia que se dispersaba por los alrededores. Baigorri Velar se percató que aquella pequeña máquina con antenas y componentes químicos podría ser el inicio de algo grande. Y así fue.

Comenzando de a poco pero avanzando rápidamente, el invento de Baigorri Velar creció en fama por la Argentina entera, cuando el científico en sus dotes de profeta hacía llover en los lugares más resecos donde se le desafiaba.

Según se cuenta, sus periplos más recordados son las lluvias inducidas sobre provincias en las que la sequía se había prolongado meses o años.

Tanta “evidencia” de tan revolucionaria invención le valieron a Baigorri Velar una lluvia de entrevistas nacionales y extranjeras, el remoquete de “El mago de Villa Luro”, y una tropa de detractores y escépticos entre los que se encontraba el director del Servicio de Meteorología Nacional, Alfredo G. Galmarini. Este último pasaría a ser víctima de su propio yugo, cuando le desafió al “Señor de la lluvia” a que provocara un chaparrón el 2 de junio del mismo año. Aceptado el desafío, la tarde citada de 1939 el milagro comenzó a materializarse. Las nubes comenzaron a concentrarse, se tornaron negras y un aguacero de proporciones diluvianas se extendió hasta el día siguiente.

Con la hazaña, Baigorri Velar y su máquina ganaron un espacio en la historia, pero justamente a partir de ese momento, el prodigio comenzó a quedar en el olvido. Años más tarde el científico tuvo un par de ofertas extranjeras para adquirir la máquina, pero se rehusó de lleno alegando que era “para beneficiar a la Argentina”.

En 1972, a la edad de 81 años, Baigorri Velar murió pobre y sin grandes repercusiones. De la enigmática máquina jamás volvió a saberse nada. Pero el día del entierro llovió de todas formas.

Datos curiosos


Juan Baigorri Velar fue el redescubridor de la ubicación de un meteorito perdido en Chaco, Argentina, llamado el “Mesón de Hierro”. En el momento de negársele el premio por parte del gobierno, el científico amenazó con ocultarlo para siempre.

La hazañas que se le atribuyen a su máquina son: Lluvia en la Estancia "Los milagros", Santiago del Estero, donde la sequía asediaba desde hacía 1 año y 4 meses; estancia del gobernador de Santiago del Estero, Dr. Pío Montenegro, donde no llovía desde hacía tres años (llovieron 60 mm en dos horas); en Carhué, hizo pasar de una sequía de tres años al desbordamiento de la laguna; una zona rural de San Juan en 1951 donde no caía agua desde hacía 8 años (llueven 30 mm).

Antes del 2 de junio de 1939, fecha del desafío por parte del director de Servicio de Meteorología, Baigorri le envió un paraguas con una tarjeta que decía “para que lo use el 2 de junio”

Nadie jamás conoció el funcionamiento interno de la máquina, pero se sabe que tenía un circuito “A” para lloviznas leves, y un circuito “B”, para grandes lluvias.

La fama de Baigorri Velar siempre se vio muy cuestionada. Muchos nunca dejaron de pensar que las lluvias del argentino no eran convincentes, o que eran producto de la casualidad.


Fuente | Helimax