Muy pocas han sido las naciones que desde su nacimiento hasta la actualidad han sido ininterrumpidamente democracias. Países como EE.UU., Canadá, Australia e Israel han nacido democracias y nunca dejaron de serlo. El caso israelí es peculiar, ya que se ha visto envuelto desde su creación en un conflicto bélico continuo que amenaza su supervivencia y en una constante búsqueda de la paz.


Israel, Una Democracia Arraigada

Para conocer los orígenes de una democracia como la israelí podemos remontarnos a la vida que realizaban las grandes comunidades pioneras establecidas antes de la creación del Estado, y la fuerte conexión de éstas con una tradición eminentemente democrática. Póngase como ejemplo el establecimiento de comunidades judías en la época del Talmud, gobernadas por dirigentes electos por la ciudadanía, con independientes cortes judiciales, con una profunda lealtad a la misma y con unos principios inspiradores que se han ido conservando desde tiempos remotos hasta nuestros días. No podremos, pues, comprender la democracia israelí sin conocer su legado, sus libros y su historia.

Israel

Actualmente Israel es una democracia parlamentaria con una división de poderes formada por un Ejecutivo elegido cada cuatro años por los electores, un Legislativo dependiente del primer poder, y un Sistema Judicial independiente y modelo de muchos otros países. En los primeros años de vida de Israel se tomó la decisión de dotar de rango constitucional la Declaración de Independencia y las leyes básicas del Estado. Se acordaron, entre otras, la ley de la Knesset –parlamento israelí–, la ley sobre las Tierras, la ley que establece las competencias del presidente del Estado y la conocida Ley del Retorno –que concede la nacionalidad israelí a los judíos de todo el mundo que decidan instalarse en Israel a vivir.

Israel, aunque denominado por muchos como etnicista, es un Estado plenamente democrático donde el judaísmo no es la base de la ideología del Estado. El hecho de ser un “hogar nacional para los judíos” no es incompatible con la existencia de una plena libertad religiosa, de una amplia gama de partidos políticos que representan a todos los ciudadanos y de una igualdad de derechos y libertades sin diferenciación de sexo, raza o religión.


democracia

En el Estado de Israel coexisten numerosas fuerzas políticas representadas en el Parlamento que interactúan entre sí: partidos de izquierda, de derecha, de centro, religiosos, laicos o árabes forman un amplio abanico de posibilidades a la hora de formarse un Gobierno de coalición. Debido al sistema electoral proporcional puro existente –heredero de la tradición talmúdica, donde la unanimidad era desconocida–, la mayoría absoluta es algo impensable. Tras quince procesos electorales, ningún partido ha logrado tener la mitad más uno de los escaños (61). Eso hace que los partidos que obtengan mayor número de votos tengan que pactar con formaciones minoritarias para poder alcanzar un acuerdo estable de Gobierno.

Aproximándonos al pluralismo, el Estado de Israel respeta la diversidad cultural, religiosa y social, tal y como indica la Declaración de Independencia: “El Estado de Israel […] asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará la libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones”. Esto se traduce en que cristianos, judíos y musulmanes tienen total libertad para profesar su fe, en que cada comunidad tiene sus propios consejos religiosos con competencia para solucionar determinados asuntos menores, o en que cada confesión tiene garantía de acceso a sus lugares sagrados.

Para mantener los tres principales desafíos nacionales (Zemaj, 2002) –el patrimonio cultural existente, la constante inmigración (Aliyá) y la seguridad– Israel goza de un independiente sistema judicial con una Corte Suprema que garantiza los derechos y libertades de todos los ciudadanos. Miembros importantes, como su anterior presidente de Gobierno, Ehud Olmert, o el jefe del Estado, Moshe Katsav, se han visto implicados en presuntos delitos que actualmente están en el orden del día de la judicatura israelí, los dos por causas muy diferentes, lo que demuestra la firme separación de poderes, la independencia judicial y la esencia democrática del país.

Como toda democracia liberal, tiene factores que merecen ser corregidos. Así, es cierto que el continuo estado de tensión, las dificultades económicas y los excesos políticos que desalientan al ciudadano no agregan facilidad a la vida cotidiana israelí, pero las esperanzas para crecer y prosperar se mantienen intactas en un país moderno y plenamente democrático.