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Gustavo Santaolalla, un tipo descabellado

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Gustavo Santaolalla, un tipo descabellado


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Gustavo Santaolalla es un tipo raro. Pero la afirmación va más allá del aforismo de Caetano Veloso ("Visto de cerca nadie es normal" ). El creador de Bajofondo se sale de los parámetros de la sensatez y de la moderación con ese sentido desestabilizador atribuible sólo a los genios.


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Santaolalla fundó su primera banda, Arco Iris, en los convulsionados años 70, cuando tenía apenas 16 años. Luego vinieron épocas de creación en solitario, y más tarde, a partir de los 80, explotó su veta como productor y el mundo descubrió que este músico argentino era capaz de moldear discos atemporales, marcados con el designio de ser mucho más que el sabor del mes. Y de la mano de la composición llegó la invitación a ponerle sonido a algunas historias de la pantalla grande y, maravillado, Santaolalla escuchó su nombre ternado (­y ganador!) en dos ceremonias de los Premios Oscar. Todo pintaría hasta aquí como el interesante relato de una carrera exitosa, si no fuera porque Santaolalla no sabe leer ni escribir música. Y si no fuera porque Santaolalla tiene dos Oscar guardados, no en un armario vidriado a la vista de todos, sino en el fondo de un bolso, dentro de un placard. Y si no fuera, finalmente, porque este hombre inquieto que el 19 de agosto cumplirá 62 años, redefine y redescubre los universos musicales más sutiles cada vez que pone a vibrar su guitarra con Bajofondo (Los salteños fuimos testigos el pasado 30 de julio, cuando la formación rioplatense vino a presentar su disco "Presente", en el Teatro Provincial).
Santaolalla hace música ?impensada?, así como Cortázar pergeñó ?Rayuela?, la novela más asombrosa y descabellada. Ambos experimentan, plantean rupturas, multiplican polifonías, fusionan, recrean... Además, invitan al viaje interior. Es una norma que los sentidos humanos, por sí mismos, no estén diseñados para reconocer lo que se oculta en los pliegues del mundo... Hasta que aparece una excepción.
Gustavo Alfredo Santaolalla nació en El Palomar, ciudad ubicada al oeste del Gran Buenos Aires. Fue el hijo único de una familia de clase media. Tuvo en su padre a un referente en cuanto al significado del trabajo y del esfuerzo (don Santaolalla empezó como cadete en una agencia de publicidad y terminó siendo el gerente de esa misma empresa). Y sigue el relato en primera persona:"?Mi mamá era ama de casa. Mi papá se mataba laburando. Siempre me mandaron a escuelas muy buenas, con gran sacrificio de su parte. Hice la primaria en un colegio británico y la secundaria en un colegio alemán, pero no nazi, sino más bien liberal", contó Gustavo en una entrevista radial.
"Empecé a estudiar la guitarra a los cinco años. Me la regaló mi abuela. Mi madre siempre tuvo una especie de frustración con la música porque toda su vida soñó con tocar la guitarra y no pudo. Entonces pensó que yo podría hacerlo en su lugar. Y tuve esa habilidad a pesar de que nunca pude congeniar con la parte académica y hasta el día de hoy no sé ni leer ni escribir música".
"Tomaba clases con una maestra, pero cuando yo tenía diez años me abandonó porque era muy frustrante para ella que yo no pudiera captar la teoría y el solfeo. Me ponía la partitura adelante y yo fingía leerla pero en realidad la sabía de memoria. Así estuvimos algunos años hasta que finalmente un día le dijo a mi madre: El oído de Gustavo es más fuerte que mis estudios de música. Me voy".
En 2005 Santaolalla fue considerado por la revista Time como uno de los 25 latinos más influyentes en los EEUU.

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Los Beatles tuvieron en Gustavo un impacto inmenso. Todavía hoy los considera sus padres musicales.
Santaolalla se fue a conocer al Dalai Lama después de ganar sus dos Oscar, en una búsqueda espiritual.
Apenas le soltaron la mano, Santaolalla comenzó a componer sus primeras canciones. "A los 12 mis padres me regalaron una guitarra eléctrica. Al año siguiente salieron los Beatles y me cambiaron la vida. Entonces supe lo que quería hacer de mi vida", contó.
Los Santaolalla eran un par de melómanos, así que era habitual que en su casa de El Palomar, sonara todo tipo de música. "Mis padres eran ávidos consumidores de discos. Escuchaban desde tango y folclore hasta música orquestal, clásica y rock", comentó Gustavo. En ese eclecticismo se formó el argentino que en 2005 fue considerado por la revista Time como uno de los 25 latinos más influyentes en los EEUU.
"Los primeros álbumes que me compré a los 10 años fueron de Elvis Presley y de los Teen Tops. Puro rock and roll. Pero cuando salieron los Beatles, el impacto que tuvieron en mí fue inmenso. Todavía hoy los considero mis padres musicales. A partir de ahí me armé una banda, The Crows, que fue el germen de Arco Iris", rememoró.
Esta banda, considerada fundacional en el rock argentino, le aportó al paisaje musical de aquel entonces la idea de que era posible la fusión entre el rock y los ritmos folclóricos. Esto la diferenció de otros referentes de la época como Los Gatos, Almendra, Manal o Vox Dei. "Eso que buscaba desde Arco Iris, que era hacer música que tuviera identidad y reflejara quién era yo y de qué lugar del mundo vengo, lo logré entonces y ahora tengo la oportunidad de hacerlo junto a Bajofondo", comentó el productor argentino, trazando una continuidad que habla claramente de sus anhelos y convicciones.
Pero Arco Iris fue mucho más que un grupo de rock. Sus integrantes formaron una comunidad en El Palomar que se regía por estrictas normas naturistas: estaba prohibido el consumo de carne, alcohol, drogas y también el sexo. "Arco Iris fue la antítesis de ese concepto generalizado que reinaba en la sociedad con respecto al hippismo, que se vincula con una vida desarticulada, anárquica. Nosotros llevábamos una vida extremadamente disciplinada. Yo era vegetariano. No consumíamos alcohol ni drogas y además éramos célibes. Esto se relacionaba con una búsqueda espiritual. Fui criado dentro del catolicismo y hasta tuve vocación sacerdotal. A los nueve años era monaguillo, pero a los 11 tuve mi primer crisis espiritual y me alejé de la Iglesia", relató Santaolalla.
Y compartió la anécdota completa: "Entre los 10 y los 11 me dije: si Dios es infinitamente bueno, no puede existir el castigo eterno. Además, pensé: si Dios es todopoderoso, ¿cómo es que existe Satanás si podría eliminarlo de un plumazo? Y deduje: si no lo elimina, debe ser porque lo tiene de empleado. Se lo dije al párroco y llamó urgente a mis viejos. Me querían exorcizar. Pero mi papá, que era un tipo muy piola, me apoyó. No hubo reproches de su parte. A partir de ahí me separé de la Iglesia, pero nunca abandoné mi búsqueda espiritual".
A fines de los 60 y comienzos de los 70 el mundo estaba en plena ebullición. Era un tramo de la historia en el que habían confluido Los Beatles, el Che Guevara, las filosofías orientales, la experimentación con las drogas, el Mayo Francés... Difícil no subirse al tren. Y así como Los Beatles se fueron a la India en busca de respuestas, Santaolalla se fue a conocer al Dalai Lama después de ganar sus dos Oscar. Porque las búsquedas espirituales, por lo general, son como la utopía: no se terminan y sirven para caminar.
Volviendo a la música: con Arco Iris, Santaolalla consiguió su primer contrato profesional a los 16 años. El sello RCA le propuso sacar un disco recopilación de los simples editados por la banda hasta ese momento. "Ahí comenzó mi carrera como artista y como productor, porque a mí siempre me interesó mucho el fenómeno de cómo hacer un disco. Existe el arte de escribir una canción, el arte de arreglarla y de interpretarla, pero también existe el arte de convertir eso en un disco, en una grabación. Yo siempre miraba la parte de atrás de los discos y en el de los Beatles decía "producido por George Martin'. Y me fascinaba la idea de poder hacer eso", contó.
Hacia 1976 Santaolalla formó el grupo Soluna, que terminó editando un solitario disco porque en 1977 se disolvió, cuando Gustavo tomó la decisión de emigrar a EEUU debido al clima de terror que imperaba en el país. "Fueron años espantosos relató el músico-. Desde que era chico viví golpe militar tras golpe militar. Por lo tanto, desde los 15 años fui detenido y llevado preso muchas veces, simplemente por llevar el pelo largo, por tocar una guitarra o por estar en un recital de rock. La situación empezó a ponerse más radical y comenzó a desaparecer gente. Además del miedo nos agobiaba la certeza de que ya no podíamos crear: nuestra música no sonaba en la radio y se nos perseguía en los conciertos. Entonces decidí empezar de nuevo".

Gustavo Santaolalla, un tipo descabellado

El lugar elegido fue la ciudad de Los Ángeles. "Me fui con la idea de no irme. Eso lo hice siempre porque adoro mi país y siempre quise mantener el contacto", aclaró el músico que vuelve tres o cuatro veces al año a la Argentina y que tiene un emprendimiento de vitivinicultura en Mendoza.
Hacia 1982, Santaolalla editó su primer álbum solista, pero casi paralelamente se dedicó a producir discos, entre ellos el célebre álbum triple "De Ushuaia a la Quiaca", de León Gieco. En 1995, continuó su carrera con un segundo disco propio y retomó su trabajo de productor guiando a músicos como Divididos, Maldita Vecindad, Café Tacuba, Juanes, Molotov, Julieta Venegas, Jorge Drexler, Bersuit Vergarabat, La Vela Puerca y los discos del propio Bajofondo, entre otros. Bajo este rol obtuvo 14 premios Grammy.
"A la hora de producir, para mí es muy importante la disciplina. Adhiero a la frase de Picasso: la inspiración te tiene que encontrar trabajando. Yo no soy de los que se sientan a esperar que se les prenda la lamparita; me siento a laburar y eventualmente conecto", explicó.
Gustavo Santaolalla ha producido más de cien discos que a esta altura ya conforman una especie de mapa de música alternativa latinoamericana. En el medio, fundó su propio sello, Surco. En 2005, compuso y editó la banda de sonido de la película "Secreto en la montaña" y obtuvo su primer Oscar a la mejor banda sonora. En 2006 ganó su segunda estatuilla con la música de "Babel".
"Los dos Oscar están dentro de un placard, dentro de un bolso. Mi casa en Los Ángeles no es tan grande y no tengo una habitación exclusivamente dedicada a exhibir los premios. Por ahora no tengo dónde ponerlos. Y no da ponerlos sobre la chimenea", confesó el músico entre risas, sin ponerse colorado.
Actualmente, Santaolalla se encuentra recorriendo el país con Bajofondo, la banda que creó hace casi diez años junto a los uruguayos Juan Campodónico y Luciano Supervielle. Con este colectivo, el hombre que a los 16 años se empeñó en darle un giro al rock nacional continúa indagando en las traducciones musicales, culturales y estéticas del Río de la Plata, pero desde una perspectiva universal. El mismo motor, la misma búsqueda y el mismo resultado imperecedero.


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