Las religiones de Oriente
Historia de las Religiones: China
Si en Occidente la relación con la divinidad siempre se ha entendido como una relación del hombre con algo superior y externo -llámese Dios, dioses o con cualquier otro nombre-, la religiosidad oriental se percibe mejor como una relación del individuo con lo más profundo de sí mismo. En las cosmogonías asiáticas existen, claro está, los dioses, los genios, los seres sobrenaturales, los conceptos trascendentes, la búsqueda de la inmortalidad, lo eterno, la lucha del Bien contra el Mal, lo infinito... Pero el matiz distintivo quizás no se encuentre tanto en el sometimiento del hombre a un Creador incomprensible y exterior a él, como en la búsqueda incesante del equilibrio en el interior de la persona, como señal y medio de comprender y alcanzar ese mismo equilibrio entre la propia persona y su entorno natural, entendiendo como tal el universo, el cosmos, el Todo, incluidos los dioses creadores y eternos y la pirámide de los seres sobrenaturales. En definitiva, la paz interior establecida como camino necesario para el encuentro con la divinidad.

Esta percepción puso en camino a numerosos occidentales rebeldes hacia los monasterios del Himalaya, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX. Es probable que la cultura occidental no pueda ya dar mucho más de sí a quienes advierten que la felicidad íntima está más allá de la posesión de bienes, del liderazgo social, del crecimiento económico sin límites o de la cultura de la prisa. Pero el hecho de maldecir la propia cultura y peregrinar a Oriente en busca de la paz interior volvería a indicar, paradójicamente, esa dependencia que experimenta el occidental con respecto a lo exterior a sí mismo.

A lo largo de su historia religiosa, Asia enseña, sobre todo, el camino del peregrinaje interior hacia lo más profundo de la paz con uno mismo y con el entorno.

El Tao
religion
Dioses, iluminados y místicos en la religiosidad asiática
Situada entre la India con el budismo y el hinduismo, y el ecléctico Japón, China ha desarrollado una tradición religiosa propia que adapta las distintas influencias a sus características sociopolíticas, que son únicas. La religión popular ha coexistido con las oficiales desde los primeros tiempos imperiales. Estos cultos locales (de los que el más conocido fue el de la Nube Blanca) se basaban en el culto a dioses concretos -a menudo espíritus de personas carismáticas del lugar- y han sobrevivido a las formas oficiales impuestas por el Estado. Estas han sido cambiantes a lo largo de los siglos: el taoísmo, el confucianismo y hasta un período budista, pero siempre han respondido a las necesidades del régimen imperial. Buda, Lao-tsé y Confucio han sido utilizados indirectamente por los emperadores para legitimar su poder y ejercer un férreo control ideológico sobre sus millones de súbditos. La llegada del comunismo suprimió la religión de los actos oficiales, pero no consiguió erradicar sus costumbres entre el pueblo.

Una religión de antihéroes
El secreto de la felicidad reside en vivir con naturalidad, sin intentar distinguirse de los demás y renunciando a cambiar radicalmente los destinos del mundo.

Tao significa "camino". El Tao es el camino a través del cual los individuos recorren una vida de moderación y evitan cualquier exceso.

El inspirador del taoísmo fue el filósofo chino Lao-tsé, que vivió hacia el 600 a.C. Dejó una obra compuesta por sentencias breves y crípticas, abiertas, por tanto, a diversas interpretaciones. Para él la noción del Tao es esencial; no puede ser nombrado, pero es la fuente de todo lo que existe y el principio inmutable que subyace al universo. El secreto de la vida es vivir de acuerdo con el Tao. Es el camino llano y espontáneo que deben seguir los gobernantes y los gobernados, de modo que unos y otros puedan regirse a sí mismos y a los demás y vivir en armonía con la naturaleza.

Contemporáneo de Confucio, le separaron de él profundas divergencias doctrinales.
El Tao gira alrededor de dos ejes primordiales: Tao-chia, que desarrolla la idea política según la cual un gobernante sabio dirige a su pueblo a través de la sabiduría y no de la fuerza, y Tao-chiao, que promueve una visión mística del mundo según la cual los individuos pueden liberarse de las pasiones y las ambiciones, y descubrir la liberación en un estrato espiritual que culmina en la inmortalidad.

Los dos textos clásicos del taoísmo son el Tao-te-Ching y el Chuang-tzu. Enseñan que a través de la armonía de las fuerzas del yin y el yang (interior-exterior, femenino-masculino, mente-cuerpo), una persona puede alcanzar un estado mental que le aleje de la buena o la mala fortuna sin necesidad de que sea consciente de ello.

La recompensa del Tao es una larga vida y la inmortalidad, entendida ésta de dos maneras: la vida eterna en un cuerpo transformado, y, en un sentido más simbólico -y a la vez más literal-, la liberación espiritual que existe más allá del tiempo.

El Tao enseña que para progresar en la virtud es necesario practicar el procedimiento de la "inactividad activa" (wu-wei), es decir, la incansable búsqueda de la perfección con la superación pacífica, constante y serena de la imperfección. Se trata de no luchar contra el flujo de las energías universales, sino de moverse con ellas y aprovecharlas para progresar en una existencia equilibrada, como el marinero que, en provecho de su ruta, recoge hábilmente el viento en las velas de su barca.

Las creencias del taoísmo
Los taoístas creen que una energía pone en marcha el universo. Dicha energía está presente en todos los elementos de la naturaleza y en los seres humanos.

El crecimiento armonioso de esta energía vital (con el equilibrio entre el yin y el yang) es la clave para una vida larga y feliz. La falta de equilibrio entre el yin y el yang puede causar numerosas enfermedades, que sólo podrán curarse cuando se haya restablecido el equilibrio perdido.

Para comprender la doctrina taoísta de la armonía personal, es necesario tener en cuenta el permanente antagonismo entre el confucianismo y el taoísmo. El confucianismo parte de la educación individual y presta una atención especial a las virtudes del hombre: la justicia, el amor al prójimo, la relación interpersonal y las formas de cortesía; en cambio, el taoísmo trata de educar a la sociedad desde sus cimientos y de un modo global, de modo que a los ojos del taoísmo aquellas virtudes del confucianismo no pasan de ser actitudes más o menos superficiales, e incluso hipócritas, destinadas al engaño mutuo en el seno de una sociedad íntimamente egoísta.

El taoísmo es un sistema filosófico surgido de la contemplación de la evolución ordenada del cosmos, y no tiene nada que ver con la cultura y la filosofía chinas, basadas siempre en las tradiciones. El confucianismo, al poner el énfasis en la organización del estado ideal, se enfrenta al taoísmo, más preocupado por el desarrollo personal e individual. Algunos taoístas interpretan el concepto de inmortalidad como literalmente pretenden alcanzarla, para lo cual incorporan elementos de la alquimia, la adivinación y la magia junto con los poderes equilibrantes del yin y el yang.

El Tao y la medicina natural
El taoísmo afirma que nada es inamovible. La vida es un flujo constante y la humanidad se añade a este flujo.

En el taoísmo se advierte una gran influencia de los principios en los que se basa la medicina natural china. El cuerpo es un escenario natural, atravesado por invisibles canales de energía vital que controlan las funciones corporales. En determinados puntos a lo largo de estos canales, existen una especie de diques o compuertas que permiten interrumpir o controlar la energía para poder restablecer la correcta combinación del yin y del yang. Es en estos puntos donde los maestros de la acupuntura, por ejemplo, insertan finas agujas para tratar las diversas dolencias. Existen "mapas" con la ubicación exacta de estos puntos y canales de energía para facilitar la práctica de terapias naturales.

El taoísmo, con sus estudios sobre los misterios biológicos del cuerpo, los ejercicios que ha puesto en práctica y los conocimientos que ha desarrollado sobre cuestiones psicosomáticas y fisiológicas, ha realizado importantes contribuciones a la ciencia tradicional y moderna.

El confucianismo
filosofia
Confucio, maestro y sabio
El confucianismo se caracteriza por utilizar la cultura como un medio para promover los sentimientos humanos y mantener la integridad y el bienestar de los individuos.

Confucio, que vivió aproximadamente entre el 550 y el 479 a.C., es una de las grandes figuras de la historia del pensamiento humano, un pionero de la pedagogía, crítico social e investigador de la política. Se consagró al estudio de las antiguas tradiciones y de los ritos y tratados religiosos contenidos en los Cánones o King, y se propuso recuperar las antiguas normas de buenas costumbres morales, sociales y de convivencia.

La recopilación de sus Conversaciones, que supone la existencia de una fuente escrita básica, es un amplio abanico de consejos referidos a los asuntos humanos, desde el gobierno de las naciones y la dirección de empresas, hasta el trato social, las relaciones entre amigos y de familia, y el autoconocimiento.

La doctrina de Confucio
Confucio atisbó un orden social conducido por sensibilidades razonables, humanas y justas, no por las acciones arbitrarias de gobernantes entronizados de forma hereditaria, y advirtió las consecuencias sociales si los hombres que ostentan el poder obran sólo en beneficio propio, pasando por encima de la piedad y de la justicia.

Creía en la regeneración de las conciencias pública y privada mediante la educación y la influencia de ideales culturales unificados. La educación en su conjunto constituía el valor general del individuo y de los grupos en los cuales éste se integra de forma activa: la familia, la comunidad y la nación. Su objetivo era la restauración de un gobierno justo y la revivificación de la sociedad a través del cultivo de las virtudes de la persona. Pensaba el maestro que la eficacia de un planteamiento como el que él proponía residía en el ejemplo personal; por ello, la clase gobernante debía cultivar las virtudes de la persona ejemplar.

Para ello, elaboró las herramientas necesarias para que el desarrollo humano fuera más asequible mediante la transmisión de la historia y de la cultura a todos los individuos, incluso a los más desheredados, y no sólo a aquellos que tuvieran acceso a las mismas por su pertenencia a una clase social privilegiada.

Confucio no fue un preceptor dogmático, sino que por lo general sus enseñanzas básicas fueron bastante diáfanas para poder generar nuevas interpretaciones a través del tiempo, por lo que diferentes culturas y sociedades pudieron, a lo largo de la historia, aplicar su mensaje a las realidades de los tiempos cambiantes y en los lugares más distantes.

A ello se debe tanto la presencia durante siglos de sus ideas en las variantes del neoconfucianismo, como su influencia posterior en culturas ajenas a China: el I-King se ha convertido en un best-seller en el mundo occidental.

Principios básicos del confucianismo
Confucio afirmaba que las virtudes fundamentales del noble son tres: la bondad, que produce alegría y paz interior; la ciencia, que disipa todas las dudas; y la valentía, que ahuyenta todo temor. El pecado original es inconcebible para Confucio, para quien el hombre se encuentra inmerso en un orden meramente natural.

La verdad (es decir, el principio verdadero y racional que se halla en el interior de todos los hombres y en todos por igual) es el camino del cielo, y el principal deber del hombre consiste en meditar sobre ella y descubrirla en todo su contenido y significado. Existe un solo medio para ser sinceros y veraces en todo: alcanzar la virtud, porque sin virtud no existe veracidad ni sinceridad verdadera. Es decir, la virtud en el ser humano es natural y fruto de la propia y precisa voluntad de ser virtuoso. Esto puede conseguirse por medio de la corrección en el trato fraterno, entre otras actitudes y cualidades que son connaturales al hombre.

El confucianismo afirma que no basta con cumplir con los deberes personales y familiares, porque cuando alguien puede ser útil en el desempeño de un cargo público, falta a su deber si se aleja de la política.

Respecto a su vertiente religiosa, debe advertirse que el confucianismo sólo se desarrolló y expuso como una doctrina religiosa mucho tiempo después de la muerte de Confucio y, al parecer, por intereses creados y prescindiendo de la auténtica obra del maestro.

Confucio no fundó en realidad una nueva religión, sino que fue un estudioso, crítico y reformador político, aunque, claro está, no se dedicó a predicar una moral atea. En resumen, podría decirse que el confucianismo es una doctrina en la que se reconoce a un Supremo Señor (al que se da el nombre de Schng-li), pero como religión carece de ideales y de espiritualidad, en el sentido en que entienden ambos conceptos las demás religiones. Además, esta impropiamente llamada "religión" rechaza explícitamente la petición de favores y milagros al filósofo divinizado, lo cual resulta sorprendente, hablando de religiones, ya que la gran mayoría con el tiempo proceden a divinizar a sus fundadores y, en sus plegarias, se incluyen sistemáticamente diversas fórmulas impetratorias.

Pese a su influencia en muchas actitudes religiosas, el confucianismo debe considerarse más bien una doctrina ética; y pese a que en ella se tenga en cuenta la existencia de un principio regulador del universo y de un ser supremo, los conceptos básicos de la doctrina son esencialmente referentes al ser humano y a cómo debe relacionarse con sus semejantes. Confucio fue mucho más un humanista que un místico.

Confucio y los seguidores de la virtud
Para Confucio, la virtud esencial es una fuerza interior innata en el hombre, a la que llamó ren. El ren presenta un aspecto negativo, representado por la máxima "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti", y un aspecto positivo, representado por la máxima inversa: "Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti".

"No hacer" significa pasividad, y en términos chinos, una actitud negativa.

"Hacer" significa actividad, una actitud positiva.

El ren no tiene un contenido definible al modo occidental, sino que forma parte de la persona, es una fuerza propia y natural de cada uno que le impulsa en la dirección adecuada para el correcto desarrollo y aprovechamiento de la propia vida. Siempre se entiende de un modo positivo y loable, es decir, el ren o es bueno o no se tiene; el ren malo no existe.

Una persona que tiene ren significa que está capacitada para actuar del mejor modo posible según sus propias potencias morales e intelectuales, siempre y cuando escuche su propia conciencia.

La influencia religiosa de Confucio
oriente
La armonía entre los pueblos
La influencia de Confucio en la religiosidad posterior sorprende si se tiene en cuenta que él no era un profeta ni un místico. Se consideraba más bien un caballero civilizado y su búsqueda de una sociedad armoniosa y ordenada se basó más en criterios sociales y éticos que en principios religiosos.

Aunque no restaba importancia al culto de los antepasados y creía en el cielo, Confucio evitó siempre la especulación religiosa. Sus enseñanzas eran muy pedagógicas y en ellas estaba excluido el sentido del humor. Por tanto, era más un sabio amable que un gurú o un santón. Durante su vida, no lo siguieron muchos discípulos, pero los tres siglos posteriores a su muerte vieron el desarrollo del confucianismo como un sistema de valores filosóficos, éticos, sociales y -aunque no fuera su intención- religiosos.

De Mencio a los jesuitas
El seguidor más importante de la doctrina de Confucio fue Mencio, que vivió dos siglos más tarde que el maestro. Mencio se centró en la parte más moral de la doctrina confuciana y elaboró una teoría basada en la metáfora de que las semillas del bien existen en todo ser humano, pero deben ser regadas para que crezcan. Otro confucianista, Xun Zi, basándose en la doctrina de Confucio, llegó a conclusiones opuestas a las de Mencio: puesto que la gente no es innatamente buena, se han de prevenir -siguiendo los libros confucianistas- las conductas malvadas para evitarlas.

La tradición humanista inaugurada por Confucio en China sufrió períodos de silencio coincidiendo con las dinastías autoritarias y las grandes guerras. Pero la paz que siguió al siglo II a.C. estableció las condiciones idóneas para que el confucianismo se convirtiera poco a poco en la doctrina oficial del estado. Esta doctrina perduró tantos siglos que sólo la llegada del comunismo consiguió acabar con ella.

Casi mil años más tarde de la muerte de Confucio, los jesuitas establecieron misiones en China. Estos cultos clérigos se plantearon, antes de empezar a cristianizar a los chinos, la posible compatibilidad de la doctrina confuciana con los dogmas católicos. La conclusión positiva fue rápida: no sólo lo era, sino que Confucio fue llamado el "Aristóteles chino" y como había hecho santo Tomás con el filósofo griego, procedieron a la cristianización de las ideas del sabio chino. A partir del trabajo del padre Matteo Ricci (1552-1610), Confucio fue estudiado en Occidente y ello explica que nos haya llegado la versión occidentalizada de su nombre: tanto Confucio como Mencio son latinizaciones de los nombres Kong Fuzi y Mengzi y son las denominaciones que se han popularizado.

El neoconfucianismo
Sin embargo, quinientos años antes de que llegasen los cristianos, las ideas de Confucio ya habían dado lugar en el imperio chino a varias reelaboraciones que los historiadores han llamado neoconfucianismo.

Fue durante la dinastía Song (siglos X-XIII) cuando los estudiosos empezaron a establecer una tradición confuciana que se caracterizaba por contrastarla con pensamientos de mayor raigambre religiosa, como el taoísmo o el budismo. No obstante, la distinción no siempre fue precisa; el pensador del siglo IV Mouzi ofrece una clara visión al respecto: "Los sutras dicen que todos los seres sintientes pertenecen a Buda, así que le honro: pero ¿por qué debería rechazar el camino de los sabios confucianistas? El oro y el jade no se dañan el uno al otro". El confucianismo rara vez ha sido excluyente.

Las dos escuelas confucianas que surgieron de esta perspectiva en los siglos siguientes fueron la del Principio y la de la Mente. La escuela del Principio, liderada por Chu XI en el siglo XII, aboga por la importancia del estudio intelectual. Por el contrario, la escuela de la Mente, fundada por Wang Yangming en el siglo XV, se basa en el valor de la intuición. Pero detengámonos un poco más en ellas.

Chu XI basa su sistema en que todo el universo se fundamenta en un elemento material adornado por un principio subyacente llamado Li. Asimismo, pensaba que era necesario estudiar los antiguos textos (especialmente los de Confucio) para alcanzar la sabiduría, cuya posesión otorga al ser humano un estado de plenitud. Chu XI superó las ideas algo retrógadas de los fundadores -cien años antes- de la escuela del Principio, Cheng Hao y Cheng Yi.

Wang Yangming, con su escuela de la Mente, ofreció un camino menos académico y elitista a quien quisiera acceder a la sabiduría. Sus dos vías principales eran la meditación y la reflexión moral. Sus ideas triunfaron en un primer momento, pero tras la invasión manchú del siglo XVII la reacción típica de los tiempos de guerra acabó con la visión idealista de Wang y fue sustituida por otra más conservadora y basada estrictamente en los textos clásicos.

Sin entrar en consideraciones doctrinales profundas, es fácil comparar, por un lado, la divergencia confucianista entre la escuela de la Mente y la del Principio, por un lado, y el budismo Mahayana y Theravada, por otro. La escuela de la Mente y el Mahayana son abiertos y reformistas, mientras que la escuela del Principio y el Theravada se caracterizan por su concepción elitista y cerrada.

Hasta el fin del imperio, ya entrado el siglo XX, el confucianismo y el neoconfucianismo tuvieron tal importancia en la estructura ideológica, política y social de China que su tradición era cumplida en ritos palaciegos y de estado, cuyo más famoso exponente son los complicados exámenes de temática confuciana que los aspirantes a cargos públicos debían superar.

Cuando en 1949 el partido comunista de Mao Zedong declaró al gobierno chino ateo, el budismo y el taoísmo perdieron su importancia, aunque algunas asociaciones internas del propio partido consiguieron integrar algunas de sus costumbres en el sistema revolucionario. Bajo Mao, también el confucianismo cayó en desgracia (pese a que se reconoció la importancia de Confucio como educador histórico de la nación), pero a su muerte Deng Xiaoping recuperó cuando menos al personaje: a mediados de la década de 1980 se empezaron a celebrar tímidamente ceremonias en honor de Confucio.

Curiosamente, tras la revolución comunista en China, las tradiciones confucianas han tenido una clara continuación en la sociedad y el gobierno del país vecino, Corea.

Ideas, textos y autores del confucianismo y del neoconfucianismo

Canon confuciano: Extensa colección formada por cinco textos (llamados los Cinco Clásicos) de índole diversa. Confucio los compiló, pero también incluyó ideas propias. Pretendía que los interesados pudieran hallar en ellos un reflejo de la edad de oro de China, para utilizarlos como modelo social, político, ideológico y religioso.

Chong Yong: Literalmente, "doctrina del significado". Es un libro cuya autoría se atribuye al nieto de Confucio. Versa sobre las relaciones entre la naturaleza humana y el orden moral del universo.

Chu XI: Máximo exponente de la neoconfuciana escuela del Principio. Vivió en el siglo XII y su pensamiento se basa en la existencia del Li como principio del universo y en la capacidad de alcanzar la sabiduría.

Chun Qiu: El último de los Cinco Clásicos. Es una crónica de Lu, lugar de origen de Confucio. También se denomina Anales de primavera y verano, y es considerado por su compilador como un paradigma del desarrollo histórico.

Daxue: Atribuido a Zeng Chen, discípulo de Confucio. Su título significa "gran aprendizaje" y forma parte de la colección Li-Ki de rituales. Su tema es la relación entre el desarrollo espiritual y la mejora social.

Edicto sagrado: Texto de inspiración confuciana redactado en 1670, que pretende extender las normas de conducta del emperador a todos los súbditos.

Han: Período de la historia de China comprendido entre los siglos II a.C. y II d.C., en el que se empezó a aplicar por primera vez el canon confuciano en la administración pública. Un funcionario no era aceptado si no cumplía estrictamente determinados principios de la doctrina de Confucio. Las siguientes dinastías, Tang y Song, también lo aplicaron.

I-King: También conocido como I Ying, I-Ching o Libro de las mutaciones. Es el más conocido de los Cinco Clásicos. Planteado como un libro de adivinación, sus partes más importantes son las filosóficas, y su autoría se atribuye a Confucio. Podrían haber sido completadas algunos siglos más tarde.

Ju-chia: Literalmente, "escuela de los literatos". Es uno de los nombres dados al confucianismo.

Kowtow: Reverencia que practican los confucianos y que es un gesto de respeto hacia un semejante. La más practicada es la que se hace delante de la autoridad paterna. El respeto filial estaba claramente recogido como norma en el Edicto sagrado.

Li-Ki: Uno de los Cinco Clásicos. Reúne una serie de escritos sobre los rituales y sus distintas características, por lo que es conocido también como Registro de ritos.

Lunyu: También llamado Analectas, es el libro que contiene los dichos de Confucio y fue el más consultado desde la muerte del maestro.

Memorias históricas de Suma-chien: Documento histórico del siglo I a.C. del que se han extraído la mayor parte de los datos para elaborar la biografía de Confucio.

Mengzi: También llamado Mencio. Aunque vivió doscientos años después de la muerte del maestro, es el discípulo más aventajado de Confucio. Mengzi es también el título de un libro que contiene los dichos de este autor y que ha ejercido gran influencia en el confucianismo posterior.

Movimiento de vida nueva: Organización de filiación confuciana con que el régimen del Kuomintang intentó hacer frente en la década de 1930 a la creciente influencia de las teorías marxistas sobre la política y la sociedad china.

Relaciones sociales: Según Confucio, hay cinco tipos de relaciones entre los miembros de la sociedad, que sirven de paradigma para todas las demás: soberano-súbdito, padre-hijo, hermano mayor-hermano menor, marido-mujer y amigo-amigo. Ninguna de estas relaciones es paritaria (incluso la última contempla que el amigo mayor está por encima del más joven), lo cual da una imagen jerárquica del pensamiento social confuciano. No obstante, Confucio reconoce que no todo es inmutable y la persona que hace méritos para estar por encima de los demás lo estará sin que importe su estatus previo.

Ricci, Matteo: Sacerdote jesuita italiano del siglo XVI. Ejerció con éxito su ministerio en la China imperial y sus escritos dieron a conocer a Confucio y Mencio en Europa.

Shi Ying: También llamado Libro de las Odas, es una recopilación de poemas de origen popular y cortesano. Confucio los ponía como ejemplo de la sociedad ideal en la que se suponía habían sido escritos trescientos años atrás.

Shu Ying: Uno de los Cinco Clásicos. Está dedicado a la historia y contiene documentos sobre los legendarios gobernantes antiguos que Confucio tomaba como ejemplo de época esplendorosa.

Song: Dinastía del imperio chino durante la cual las ideas de Confucio empezaron a cobrar vigencia y dieron lugar a las dos tendencias contrapuestas que sintetizan el movimiento neoconfuciano: la escuela de la Mente y la escuela del Principio.

Tres enseñanzas: Doctrina expuesta por Lin Chaoen en el siglo XVI para conciliar las ideas del confucianismo, el budismo y el taoísmo.

Wang Bi: Filósofo chino del siglo II d.C. Pese a haberse formado en parte bajo el taoísmo, consideraba que Confucio era más sabio que Lao-tsé, y se aproximaba más a su doctrina del no-ser, llamada Estudio Oscuro.

Wang Yangming: Máximo exponente de la neoconfuciana escuela de la Mente, cuyos presupuestos constituían el camino hacia la sabiduría menos elitista y compleja y concedían gran importancia a la intuición por encima de lo analítico.

Xing: Según Confucio, término identificable con la naturaleza humana. El budismo chino también adoptó el término.

Xunzi: Uno de los más conocidos seguidores de Confucio. Vivió en el siglo III a.C. y su pesimista conclusión sobre la moralidad humana se opone a la de Mencio. Mientras que para Mencio el hombre es bueno por naturaleza, para Xunzi es innatamente malo, por lo que la única solución es aplicar los principios confucianos para controlar las previsibles conductas malvadas de los hombres.

Yuan: Dinastía mongola que gobernó China en los siglos XIII y XIV. Instauró la costumbre de los rígidos exámenes de ingreso para acceder a determinados cargos, cuyo contenido era la doctrina de Confucio, a través de los textos de Chu XI. Este sistema, con algunas modificaciones, se mantuvo vigente en China hasta el siglo XX.

El mito de la creación del universo en el Asia Central
Asia
Cosmogonías del frío
Buriatos, tártaros, calmucos, beltires, yakutos, teleutes... son pueblos que tienen unas concepciones cosmogónicas prácticamente idénticas. Se distinguen unas de otras tan sólo por unas pequeñas diferencias que atañen a los nombres de las divinidades y a sus atributos.

A lo largo de la cordillera de Altai, que se encuentra en el centro de Asia, se establecieron diversas comunidades que sufrieron las sucesivas invasiones de las tribus guerreras de turcos, hunos y mongoles. Estos pueblos, unidos por una lengua propia (la altaica), se extendieron hacia el norte hasta llegar a la taiga siberiana. Esta expansión les permitió asimilar ideas religiosas de otras zonas, principalmente de China y la India, pero también aparecen influencias iranias, cristianas, tibetanas e islámicas. Aunque los habitantes de esta región abrazaron el cristianismo ortodoxo, en la actualidad todavía persisten algunas de sus ideas religiosas más arcaicas y ciertos mitos ancestrales, como la creencia en el dios celeste y la pervivencia del chamanismo.

La deidad creadora
El dios Tangri (que, según las variantes, recibe los nombres de Tengri, Tengeri, Tingir y Tangere) es la divinidad suprema. La palabra tangri (que tanto en turco como en mongol significa a la vez dios y cielo) da una pista sobre las principales características del dios, entre las que destacan su cualidades de eterno, fuerte, elevado, así como blanco y celeste. Se trata de una deidad creadora que separó el cielo de la tierra, y a quien en algunos casos se atribuye el origen del hombre; sin embargo, no se le considera responsable ni de las enfermedades ni de la muerte, ambas debidas a los malos espíritus (Kormos es uno de ellos). Tangri es omnisciente y no sólo decide el orden cósmico y la organización del mundo, sino que rige el destino individual y colectivo de los hombres. Sus designios tienen un peso específico en la estructura social, por ello todos los soberanos reciben la investidura del cielo: los gobernantes son los representantes en la tierra del cielo divino. Cuando no existe ningún dirigente, esta divinidad se fragmenta en numerosas deidades celestes (Tengri): dios de la tormenta, de la fecundidad cósmica, etc. Aunque no se sabe a ciencia cierta si tuvo templos dedicados a su persona ni se conserva ninguna representación en forma de estatua, Tangri era invocado, se le dirigían plegarias y se le ofrecían sacrificios (caballos, toros y carneros), especialmente antes de emprender una campaña bélica. Los cometas, las carestías y las inundaciones eran considerados manifestaciones de su enojo con los hombres.

Cosmogonía altaica
Por lo que respecta a la concepción del mundo, a pesar de que los pueblos altaicos conservaron varios elementos autóctonos antiguos, asimilaron y reinterpretaron muchas ideas foráneas. Su noción del universo se basa en la unión de tres niveles: el cielo (ámbito de las divinidades y donde tiene su palacio Bai Olgan, "el de arriba", la tierra (ocupada por los hombres) y el infierno (regido por Erlik Khan, el soberano del averno, es el lugar donde van a parar los muertos). La estructura del mundo se concibe como la superposición de estos tres planos, cuyo peso sostiene un animal (una tortuga o un pez, según las tradiciones) para impedir que se hundan en el océano. Existen dos representaciones muy gráficas del cielo: como si se tratara de una tapadera de la tierra (que da origen a los diversos vientos cuando no está bien cerrada) o como si fuera la carpa de una tienda. Las costuras de esta carpa conformarían la Vía Láctea, y el poste principal de la tienda, la estrella Polar. Por este eje (que, según las variantes, recibe los nombres de "columna de oro", "columna de hierro" o "columna solar" los dioses bajan a la tierra y los muertos descienden a los infiernos. Los hombres representan este vínculo con las deidades a través de unas estacas llamadas "columnas del mundo", que colocan en el exterior de sus yurtas (viviendas). En el interior de los hogares, un poste principal o la abertura por la que sale el humo se encargan de simbolizar la unión entre el cielo y la tierra. El centro del mundo se representa mediante el árbol cósmico, elemento fundamental en las ceremonias chamánicas. El árbol une las tres regiones que conforman el universo: se erige en el centro de la tierra, las ramas superiores llegan al cielo y sus raíces se hunden en el subsuelo. Según algunas versiones, los Tengri se alimentan de sus frutos, mientras que otras variantes cosmogónicas sugieren que las almas de los niños que todavía no han nacido reposan como pájaros entre el follaje.

Para los altaicos, el origen del universo se desencadena a partir del acto de creación de un dios que recibe los nombres de Sombol-Burkan, Ocirvani u Ocurman, según la tradición. Esta divinidad ordena a un animal (que en ocasiones es un anfibio, un ave acuática o un cisne blanco) que se sumerja en las vastas aguas primigenias: del fondo de ellas debe extraer un poco de lodo con el que posteriormente el dios moldea al hombre (al que insufla un alma) y todas las cosas del mundo. En algunas versiones de este mito tan universalmente difundido (es conocido incluso en la India y América del Norte), el protagonista de la inmersión se convierte en un perverso rival de la divinidad que ha creado el mundo. Esta variante posibilita una interpretación dualista de la realidad: la figura maligna es muy útil para explicar las imperfecciones de la creación, la condición mortal de los seres humanos y la existencia del mal. Sin embargo, otras veces no es el buceador cosmogónico quien se convierte en antagonista, sino las fuerzas del mal, personificadas en Erlik Khan o en Cholm ("el adversario". A ellos se deben tanto las impurezas de la tierra como las del hombre. El chamán, individuo capaz de descender a los infiernos y tratar con los espíritus, es el encargado de reparar algunas de estas anomalías.

SHALOM