El guitarrista y su grupo presentan hoy, en el Opera Citi, su tributo a los de Liverpool.


“Los Beatles son sagrados”


En los tempranos ‘60, la infancia de Al Laurence Dimeola transcurría de una manera no muy distinta a la de cualquier otro niño de New Jersey con una hermana seis o siete años mayor. Sólo que la suya, un día llegó a su casa con el LP Meet The Beatles (1964) bajo el brazo, lo puso en el tocadiscos, y su vida cambió para siempre.

“Me impresionó mucho, cuando lo escuché. Y recuerdo que apenas agarré la guitarra que alguno de los amigos de mi hermana traía a casa, para probar tocar esas canciones, sentí un amor inmediato por el instrumento”, cuenta casi 50 años después Al Di Meola (59), mientras sus músicos (Kevin Seddiki, guitarra; Peter Kaszas, batería; Fausto Becalossi, acordeón) toman por asalto el escenario del Roxy palermintano para ensayar el repertorio de su último álbum, All My Life. Un tributo a The Beatles-, que hoy a las 20.30 horas presentará en el Teatro Opera Citi.

Sin embargo, a pesar de haber sido parte de alguna banda teen que hacía covers de The Beatles y de The Rolling Stones, el guitarrista esquivó la fórmula banda de colegio - banda de rock adolescente - banda de rock profesional. “Quería saber más que unos pocos y simples simples acordes, y desarrollar lo que había aprendido con mi primer profesor, un jazzero de la vieja escuela”, explica.

Y agrega: “Además, una vez que Los Beatles se separaron, sus carreras individuales ya no me resultaron tan interesantes. Lo de John y Yoko y John era muy raro. No era un fan de lo que hacían, más allá de que amara a John. Como también amaba a Paul, pero nunca fui fan de Wings. A esa altura, el jazz tenía elementos más interesantes para mí.”

A partir de entonces, el guitarrista se metió de lleno en el mundo del jazz, y de su embrionaria fusión con el rock. Un breve lapso de tiempo en Berklee fue la antesala de su ingreso a Return to Forever, grupo seminal de esa combinación, con el que grabó los indispensables No Mystery y Romantic Warrior; y de una carrera solista que a fines de los ’70 tomó impulso con los álbumes Elegant Gypsy y Casino, que en los ’80 se disparó a partir de la sociedad que formó con John McLaughlin y Paco de Lucía, y que en los ’90 tuvo a la música de Astor Piazzolla como una de sus grandes fuentes y a la llamada World Music como una extenso terreno de exploración y producción.

¿Qué lugar ocuparon los Beatles durante todo ese tiempo?

Era apenas algo que estaba en algún lugar de mi memoria.

¿No tocabas sus canciones?

Nunca, excepto algunas veces que estaba sonando alguna, y la acompañaba. Pero estaba inmerso en una música muy distinta.

¿Por qué, entonces, que decidiste volver a su música?

Mientras hacía mi álbum anterior, Pursuit of Radical Rhapsody, se me ocurrió grabar una versión de Strawberry Fields Forever. Cuando lo hice, todos mis recuerdos de aquellos tiempos lejanos se reavivaron de golpe, y lo disfruté mucho. A esa sensación, se sumó la sugerencia de muchos amigos de que hiciera un disco completo con canciones beatles, y la idea terminó de tomar forma definitiva. La única condición que me impuse fue que lo que hiciera tendría que ser algo único.

¿Cómo fue el proceso de realización?

Comencé en mayo del año pasado. Mientras entre concierto y concierto de mi tour europeo mis músicos regresaban a sus hogares, yo me propuse encontrar un estudio de grabación. Pensé en Praga, en algún estudio en Alemania, hasta que se me cruzó qué sería de Abbey Road. Era una idea muy loca, porque yo ni sabía si seguía funcionando.

McCartney sigue grabando algunas partes de sus discos allí.

Sí, pero yo no estaba al tanto. Así que llamé a un amigo músico, que vive en Londres, y le pedí que averiguara si se podía grabar allí. Cuando me llamó y me dijo que había un día disponible, me parecía increíble. Para mí, que siempre había soñado con ir a sacarme una foto en la puerta de los estudios, estar grabando allí era un sueño hecho realidad.

¿Viajaste enseguida a Londres?

Sí. Y les pedí a mi hija y a Hernán Romero, un gran amigo mío argentino, hijo de la cantante argentina Estela Raval, que vive en New Jersey y es mi coproductor, que viajaran hacia allá también. Hernán me trajo varias de mis guitarras, y grabé Blackbird, Because y If I Fell.

¿Y el resto?

En un principio, mi intención era regresar a los Estados Unidos después de la gira, y terminar todo en mi estudio. Pero cuando llegó el momento, cambié de plan, y pensé en hacer algo diferente.

¿Cómo qué?

Me propuse alquilar una casa en una zona de Long Island; un sitio al que mucha gente de Hollywood va durante el verano, en el que nunca había estado antes. De modo que me parecía interesante alquilar una casa, para completar los arreglos de las canciones.

¿Pudiste cumplir el plan?

Sí. Afortunadamente encontré la última casa que quedaba disponible, cuyo dueño me dijo que no solía alquilarla, pero que yo le caía bien. De paso, me comentó que tendría como vecino a un famoso pop star. Así que le pregunté de quién se trataba. ‘¿Billy Joel? ¿Bon Jovi?’, arriesgué. ‘No’, me respondió. Y cuando agregó que se trataba de Paul McCartney, me dieron escalofríos y empecé a lagrimear. Era algo increíble.

¿Lo conocías?

No. Y recién lo pude saludar al tercer día. El pasaba con su auto, un Ford antiguo verde oscuro, y cuando le hice señas se detuvo. Bajó su ventanilla, nos estrechamos la mano y le conté que estaba grabando su música en Abbey Road. ‘Uauh’, me dijo. Hablamos unos cinco minutos más, y eso fue todo. Mi sueño de conocer a Paul antes de morirme se había hecho realidad. Y durante los días siguientes seguí escribiendo los arreglos mientras veía a quien había escrito esas canciones pasar a diario por delante de mi casa.

Y de ahí, a tu estudio.

Sí. Pero intenté grabar lo que faltaba, y no pude.

¿Por qué?

Porque la calidad de sonido no era la misma.

¿La calidad de sonido, o la atmósfera que se respira entre esas paredes históricas?

Ambas cosas. Pero básicamente era la calidad de sonido, que en Abbey Road es la mejor que haya obtenido en una sala de grabación.

¿Cuán difícil te resultó adaptar los temas a tu estilo?

Muy difícil. Porque me impuse la premisa de que las melodías debían ser reconocibles y las armonías respetadas, aunque llevara a mi estilo sincopado algunas canciones, como Penny Lane o Michelle. Para mí, esta música es sagrada, como también lo es la de Astor Piazzolla. Es una música grandiosa, cuya belleza está en su simpleza. Y la idea fue conservarla, agregándole mi sello. Y lograrlo, en algunos casos, me tomó un largo trabajo.

¿En qué medida los Beatles influyeron en tu música?

La cuestión melódica fue una gran influencia, y también la manera de producir de George Martin. Cuando mezclo, siempre pienso en cómo lo hacían ellos. Me encanta escuchar los chelos bien lejos, de un lado, y a Ringo del otro. Puede sonar extraño, pero es un sonido mucho más profundo. De ese modo, las voces suenan más claras. Es algo que se nota especialmente cuando estoy haciendo música muy compleja.

¿Qué lugar tiene tu música en este proyecto?

Mi música sigue ahí. El subtítulo de este show es Beatles y más. Ese ‘más’ es mi música y la de Piazzolla, cuya influencia en mí fue tan grande, que siempre está presente en lo que hago. Reúne lo que yo soy, y dos de mis influencias más importantes.

musica