Encantador de caballos

Argentina


equitacion



Encaramados en la cerca del corral, los rudos y fogueados paisanos de piel curtida apenas disimulan una sonrisa desdeñosa ante la extraña demostración que están presenciando.

Encantador

Dentro del corral, en una estancia de 600 hectáreas situada en las cercanías de la sierra de la Ventana, al suroeste de Buenos Aires, Martín Hardoy, de 41 años, uno de los mejores domadores de caballos de Argentina, escoge al más indócil de diez potros salvajes. Se dispone a probar que puede hacerse obedecer hasta por el animal más arisco con sólo usar una voz suave pero firme. "No hay caballo que se resista al buen trato", afirma. "Aun el más salvaje necesita afecto".

de caballos

En Argentina, país de campeones de polo y de otros deportes ecuestres, era más habitual dar fuetazos que hablar con dulzura. Según la creencia tradicional, escatimar los azotes echa a perder al caballo.

Encantador de caballos

Después de atar al potro a un poste, Hardoy le pasa una larga rienda de nailon alrededor del costillar y las patas. Tirando con firmeza, lo tumba suavemente de costado; luego le amarra las patas con unas cintas de hule que no lo lastimarán.

Argentina

"Si un caballo percibe que le tenemos miedo, no nos dejará acercarnos", explica Martín. "La única forma de aproximarse sin temor a un caballo salvaje es atarle las patas para que no dé coces". Se le sienta entonces sobre el cuello y empieza a frotarle vigorosamente la frente, los belfos, las orejas y alrededor de los ojos. El animal está bañado en sudor y los ruidos que salen de su garganta parecen más gruñidos que relinchos.


equitacion


El masaje dura unos 15 minutos. Hardoy pasa otros 10 trenzándole, destrenzándole y acariciándole la cola. El potro muestra entonces un cambio notable: está tan relajado, que ronca. El domador le desata las patas y se las frota para restablecerle la circulación. Le echa un poco de agua en los ollares. El animal despierta sobresaltado y se vuelve a poner en cuatro patas. "Es un truco viejo", añade Martín. Le sopla en las narices y el potro responde con un fuerte resuello. "Estamos intercambiando olores... Digamos que es el apretón de manos de un caballo".

Encantador

El siguiente paso es acostumbrar al animal a llevar una persona en el lomo. Muy despacio, Hardoy se acerca oblicuamente al potro. Después de acariciarle el costado y el anca, le apoya el pecho contra el costillar. Quiere que lo vea, pero sabe que si se coloca frente a él, se pondrá nervioso. El domador da varios brincos cortos, rozando el cuerpo del animal. Cuando por fin lo monta, se inclina totalmente hacia delante. "No me enderezo hasta que lo siento relajado", explica. "Si se pone tenso, vuelvo a inclinarme. Así, en caso de que se encabrite, puedo deslizarme al suelo".

de caballos

El caballo está listo para ser ensillado. Martín le muestra los arreos que va a colocarle. El potro apenas se estremece mientras el domador le pone lentamente las bridas y la silla; sin embargo, en vez de montarlo, usa unas riendas de ocho metros para enseñarle a andar, doblar y detenerse. "Al animal le resulta mucho más fácil aprender esto sin llevar a nadie a cuestas", afirma.

Encantador de caballos

Al llegar a este punto, hasta los paisanos que observaban la demostración con franco escepticismo manifiestan su asombro. Lo mismo hace el dueño de la estancia, quien mueve la cabeza con incredulidad. "¡En un par de horas está domando al potro para que haga lo que a mí me llevaría semanas enseñarle!", exclama. "Parece mentira que haya tratado con caballos toda mi vida".

Argentina

De joven, Hardoy no tenía la extraordinaria relación con los caballos de la que hoy hace gala. Nació en el seno de una tradicional familia de estancieros. Su padre era dueño de una finca agrícola y ganadera de 1000 hectáreas ubicada cerca de Junín, a unos 260 kilómetros al oeste de Buenos Aires. Envió a sus cinco hijos a estudiar en la capital, con la esperanza de que se convirtieran en profesionales y ampliaran sus horizontes.

equitacion

Martín confiesa haber sido el peor estudiante de los cinco hermanos. Debido a sus malas calificaciones, su padre lo obligaba a volver a la estancia en las vacaciones y lo ponía a trabajar con los paisanos. Sin embargo, para él no era ningún castigo. Aprendió a reparar cercas, arrear ganado y amansar potros.

Encantador

Francisco Taborda, el viejo capataz de la finca, trataba a los caballos con los métodos tradicionales. "Recuerdo la primera vez que monté un potro salvaje, a los 16 años", dice Hardoy. "Aunque para entonces Taborda ya había muerto, al enderezarme en la silla seguía oyendo su voz: "Bien. Ahora azótalo con fuerza'".

de caballos

La intención era infundirle al animal un temor profundo y permanente. Martín no cuestionaba este método y castigaba sin piedad a los caballos hasta que se sometían. "Los trataba con rudeza para ganarme el respeto de los peones", recuerda. "Me consideraban un debilucho. Al fin y al cabo, era el hijo del patrón". A los 18 años era ya un consumado domador que ganaba campeonatos en los rodeos de la región.

Encantador de caballos

La vida de Hardoy sufrió un vuelco poco después de cumplir 20 años. Se lesionó gravemente la espalda mientras jugaba al rugby y tuvieron que operarlo. Tras una larga convalecencia, el médico le prohibió seguir participando en los rodeos. Renuente a dejar los caballos, buscó alternativas a las técnicas tradicionales de doma. Se leyó muchos libros sobre amansamiento de caballos y pronto concluyó que los severos métodos que se practicaban en Argentina eran un legado del periodo de expansión territorial posterior a la independencia.

Argentina

Durante el siglo XIX, el gobierno argentino se lanzó a una prolongada guerra contra los indios a fin de llevar la colonización hasta las actuales fronteras del país. A los militares poco les importaba la calidad de sus monturas. Muchos de los llamados "caballos patrios" no sobrevivieron a las duras técnicas de entrenamiento, cuyo fin era amansarlos en el menor tiempo posible.

equitacion

"Esto se convirtió en nuestra herencia ecuestre", comenta Hardoy. "Al acabar la guerra, cuando los soldados regresaron a casa, siguieron utilizando esos mismos métodos, que poco a poco se volvieron parte de la tradición y aún perduran. Calculo que quizá siete de cada diez caballos en este país se siguen amansando en forma violenta y obsoleta".

Encantador

Las lecturas de Hardoy lo convencieron de que los indios usaban métodos más humanos, tal vez porque tenían menos caballos que el Ejército y no podían darse el lujo de perder tantos como sus enemigos. "Los indios dedicaban mucho más tiempo a la doma, y eran bastante más sensibles", señala Hardoy. "Usaban la voz más que el garrote. Conocían el efecto calmante del agua, así que, para amansar a los animales, solían meterlos hasta el corvejón en charcas o arroyos".

de caballos

Su objetivo era volverlos obedientes, capaces de burlar a las tropas enemigas. En Martín Fierro, el poema épico gauchesco del siglo XIX, se cuenta que los indios a caballo salían "como maíz frito" de la tierra. Jinetes y animales se ocultaban bajo el heno y entre los matorrales, lo cual era la única manera de esquivar o de tender emboscadas a los soldados en la desolación de la pampa. "Se requerían una paciencia y una dulzura inmensas para enseñar a los caballos a hacer eso", añade Hardoy.

Encantador de caballos

Aunque hace mucho que los indios desaparecieron de la pampa, algunas de sus técnicas de amansamiento sobrevivieron entre algunos criollos conocidos como "domadores de palabra".

Argentina

Estos misteriosos hombres parecían capaces de hipnotizar a los potros salvajes susurrándoles al oído. Hardoy piensa que sus métodos eran más teatro que realidad. "Una voz firme y suave es lo que calma a los caballos, no las palabras", asevera. "Pero en la campiña argentina, a quienes recurrían a la amabilidad para amansar a los caballos se les consideraba tímidos o cobardes. Por eso, fingían tener poderes mágicos sobre los animales".

equitacion

En cuanto se recuperó de la lesión de espalda, Hardoy reanudó su educación formal, pero al poco tiempo dejó la escuela de veterinaria. Más adelante se preparó para ser subastador de ganado, aunque nunca se dedicó a este oficio.

Encantador

Se dio cuenta de que su mayor talento era domar caballos usando los métodos racionales que había aprendido en los libros, así como su inventiva y capacidad de observación. Descubrió también que tenía un don especial. "No creo que se trate de un poder mágico", expresa. "Es como tocar bien la guitarra: se necesita talento, pasión y mucha práctica".

de caballos

Al enterarse de las técnicas que usaba, algunos estancieros lo desafiaban a domar sus caballos más indóciles. "Para cualquiera es difícil admitir que la forma en que su abuelo y su padre le enseñaron a amansar caballos no es la correcta", añade. "Así que me daban los animales más huraños e intratables. Y en cuanto los domaba, no faltaba quien dijera que todo era un truco, que había embrujado o hipnotizado al potro haciéndolo mirar el sol, u otro disparate. Hay sitios donde aún me consideran un hechicero".

Encantador de caballos

Hardoy dirige un centro de doma en las afueras de Buenos Aires, donde además entrena caballos de carrera y de polo. También da cursos intensivos a lo largo y ancho de Argentina.

Argentina

Poco después de empezar estas actividades, se sorprendió al recibir telefonemas de padres que afirmaban que sus enseñanzas les habían ayudado a superar problemas de relación con sus hijos.

equitacion

Así se enteró del caso de Pedro, un adolescente que, al morir su padre, había abandonado la escuela y tenía un comportamiento violento. Después de asistir a uno de los cursos de Martín, "Pedro dejó de estar enojado y encontró algo que hacer con su vida", dice la madre del muchacho. Entró a trabajar como mozo de cuadra y aprendiz de entrenador de caballos de carrera y de polo en una estancia ubicada al norte de Buenos Aires.

Encantador

Otro caso fue el de un conocido abogado que se había distanciado de su hijo adolescente al grado de que no se dirigían la palabra. A instancias de un amigo de la familia, ambos asistieron a uno de los cursos de Hardoy. El muchacho aún piensa que su padre es a veces "demasiado dominante", pero los caballos se han convertido en una diversión que ambos comparten. Les gusta cabalgar juntos casi todos los fines de semana.

de caballos

"La lección más importante que aprendí en el curso fue que la falla es mía si el caballo responde mal", dice el hijo. "Es justo, pues, que sea igual de paciente con mi padre".

Encantador de caballos

Entre los beneficiarios de las enseñanzas de Martín también hay niños que padecen graves discapacidades físicas. Los psicólogos han descubierto que los caballos ejercen un valioso efecto terapéutico en esos chicos. Hardoy es director de la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Discapacitados (AAAEPAD) y ayuda a entrenar a los animales de la institución.

Argentina

La AAAEPAD organiza sesiones de equinoterapia en un centro ecuestre del Ejército ubicado en Palermo, elegante barrio de Buenos Aires. Los casos de los niños discapacitados resultan sobrecogedores. Muchos no pueden ponerse de pie o sentarse sin ayuda; otros apenas mueven los brazos, y algunos que no controlan los músculos faciales son incapaces de sonreír o fruncir el entrecejo. Aun así, mientras los terapeutas caminan junto al caballo y sostienen al jinete en la silla, todos los chicos se turnan para llevar las riendas, con lo cual desarrollan una seguridad en sí mismos que sorprende a los propios terapeutas.

equitacion

Usan caballos criollos, que son de poca alzada, robustos y cuyo temperamento se vuelve aún más dócil con los métodos de Hardoy. Al decir de María de los ángeles Kalbermatter, fundadora y presidenta de la AAAEPAD, "Martín mejora caballos que hemos usado durante años". Esto permite que hasta los niños más incapacitados puedan montar.

Encantador

"La mayoría de estos chicos están siempre en silla de ruedas y tienen que alzar la cabeza para mirar a los demás", dice María de los ángeles. "Pero de pronto se encuentran a lomos de un caballo, mirando por primera vez a la gente desde arriba, y esto les infunde una extraordinaria sensación de poder". La equitación fortalece de otras formas su recién descubierta autoestima. "Muchos tienen hermanos que destacan en el futbol, el rugby o el tenis", agrega. "Los niños, en cambio, pueden decir que son jinetes. Se oye incluso mejor, porque la mayoría piensa que éste es un deporte elitista".

de caballos

Matías, un niño que temblaba como una hoja cuando lo sentaron en la silla de montar, cabalga hasta donde está María de los ángeles, y allí lo ayudan a desmontar. Abraza las patas del animal, y aunque no tiene movilidad en el rostro para sonreír, el brillo de sus ojos es de inconfundible gozo. No suelta al potro sino hasta que lo convencen de que le dé una zanahoria.

Encantador de caballos

--¿No sería formidable que algún día uno de estos niños llegara a ser mozo de cuadra? --pregunta María de los ángeles.
O quizá, ¿por qué no?, un encantador de caballos como Hardoy.



fuente
http://www.selecciones.com.mx/content/21471/



equitacion