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La revolución de Octubre (1917-1921) - Part 1

La Revolución de Octubre (1917/1921)

Osvaldo Coggiola

El réquiem del comunismo viene siendo pronunciado sistemáticamente desde los acontecimientos de 1989/1991. La contribución específica de cierta historiografía reciente parece ser la de pretender poner una lápida definitiva sobre el bolchevismo, señalando no tanto el ‘mal’ que produjo (tarea dejada para políticos e ideólogos de todas las especies) sino sobre todo, buscando explicar cómo ese ‘mal’ pudo haber existido, o sea, qué condiciones históricas favorecieron su vigencia (e, implícitamente, cuales deberían ser evitadas para que ese fenómeno no se repita en el futuro).

Ningún gran descubrimiento histórico abona esa pretensión (la suposición, por ejemplo, de que antes de la revolución Stalin habría sido un agente de la Ojrana, la policía política del régimen zarista, expuesta en los últimos tiempos, ya es bien antigua) (1), para lo cual bien sirven platos viejos recalentados, como hizo el sovietólogo americano Richard Pipes, que condensó en un único volumen su extensa trilogía sobre la Revolución Rusa (2). La Escuela de los Anales también entró con fuerza en esa disputa, con los trabajos de Marc Ferro y, sobre todo, del ya fallecido François Furet, que pretenden ser una generalización y profundización de investigaciones anteriores.

El antibolchevismo

La novedad consiste en la ‘amplitud’ del frente historiográfico antibolchevique, que incluye ahora también a notorios comunistas arrepentidos, ante los que se destaca el autor de una trilogía sobre Lenin, Stalin y Trotsky, recientemente fallecido Dimitri Volkogonov, ex director del Instituto de Historia Militar de la URSS (para quien “Lenin es la fuente de la ideología totalitaria de la intolerancia”), pero que también incluyen a buena parte de la antigua extrema izquierda occidental, no sólo la reciclada dos décadas atrás en la “nueva filosofía”, sino también otro sector referenciado hasta hace poco en el trotskismo, que ahora declara “cerrado el ciclo histórico abierto por la Revolución de Octubre”, cuyo “modelo”, de cualquier manera, habría sido siempre inadecuado (3). Entre los recientes trabajos de síntesis, pocos escapan a la norma apuntada (4).

Claro está, ninguna investigación histórica puede ser reducida a su componente político. Pero por otro lado, tampoco puede ser considerada “en sí” totalmente al margen del universo histórico-político en el que se halla inserta. Desde este punto de vista no hay duda de que la investigación originada “en la izquierda” rinde un visible tributo al balance histórico extraído por un hombre tan político como Mijaíl Gorbachov. Para él, “en el siglo XX, tanto el sistema socioeconómico capitalista, occidental, como el sistema considerado socialista, mostraron su incapacidad para resolver los problemas básicos de la humanidad contemporánea” (con la pequeña diferencia, no apuntada por Gorbachov, de que el primero está en pie, mientras el segundo no). Con respecto a la URSS, Gorbachov piensa que “una de las principales lecciones de esos 80 años que concluyen, es el papel decisivo de la democracia como el principio más sustancial de garantía de una constante vitalidad social. La URSS… llega a un impasse justamente por la falta de democracia” (5). Para Gorbachov, por lo tanto, la “democracia” se situaría en un peldaño superior al capitalismo y al socialismo y, sobre todo, al conflicto de clase envuelto en la confrontación entre los dos sistemas.

La revolución de Octubre (1917-1921) - Part 1


¿Un poder antidemocrático?

El punto de vista expuesto está ampliamente difundido. Para Richard Pipes, el “Octubre Rojo (fue) un golpe de estado clásico, conducido no por los soviets sino por los bolcheviques”. El propio “gobierno soviético —dice— es una idea anarquista. Es preciso tener un gobierno. Los bolcheviques, cuando perdieron apoyo popular, simplemente ignoraron las elecciones. Era sólo un slogan. Nunca sería posible gobernar el país por medio de soviets” (6). El “gobierno imposible” se sustentó gracias al “control de la economía y la máquina de terror político”: en la medida en que lo primero es un atributo de cualquier gobierno, lo esencial es lo segundo.

El problema es que los bolcheviques carecieron de cualquier “máquina de terror” (y hasta de cualquier fuerza armada propia) hasta después de la toma del poder. ¿Cómo llegaron, entonces, al poder? Los anarquistas de carne y hueso resolvieron este problema histórico de la siguiente manera: “¿Cómo y por qué Lenin y su partido se mantuvieron en el poder, sobre todo en los primeros meses? Simplemente porque nadie, entre sus adversarios y enemigos, creía en ellos. La reacción estaba desamparada y desorganizada, los anarquistas y socialistas revolucionarios de izquierda —escisión reciente del partido socialista revolucionario— los apoyaron hasta que ellos mismos fueron violentamente desplazados. En cuanto a los socialistas revolucionarios, cuando quisieron manifestarse, al día siguiente de la dispersión de la Asamblea Constituyente, y una buena parte de la guarnición militar les propuso apoyarlos para expulsar a los bolcheviques, Victor Tchernov, presidente de la Constituyente, rechazó su oferta porque, según él, no quería que “siquiera una gota de sangre del pueblo fuese derramada” (7).

El poder bolchevique sería entonces producto de una inédita situación de imbecilidad histórica colectiva, incluyendo desde “la reacción” (¡desamparada!) hasta los “socialistas y anarquistas”, situación en la cual fueron los únicos que actuaron “astutamente”.

La “astucia maligna” de Lenin y sus camaradas sería entonces el factor clave, como reconoce honestamente un sovietólogo de derecha: “La concepción convencional, que partía de la eficiencia de la dictadura del proletariado y que remitía a la organización centralista del partido de cuadros bolcheviques, fue sometida a notables correcciones. Los bolcheviques no se afirmaron en el poder en virtud de la capacidad de acción de un sistema omnipotente de partido que se habría impuesto en el manejo de las instituciones de los consejos y en otros aspectos del Estado, porque en la época aún no existía tal sistema. Recién en el transcurso de la guerra civil puede surgir una burocracia del Partido, separada de las instituciones políticas estatales mediante un sistema de órdenes y control que mantiene el país bajo tensión” (8).

No faltaron historiadores, en el pasado y hoy en día, que afirmaran que los bolcheviques usaron astutamente una mayoría circunstancial en los soviets para lanzar la consigna “todo el poder a los soviets”, encubriendo su plan de una dictadura unipartidaria, engañando al resto de la izquierda y a los propios trabajadores, convenciéndolos de que serían ellos mismos quienes gobernaran. El anarco-sindicalista Maximov declaró, por ejemplo, que después de la revolución “los bolcheviques se transformaron en una especie de anarquistas”, lo que habría llevado a los anarquistas, ingenuamente, a apoyarlos.

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¿Un “golpe” multidireccional?

Pasado el período “revolucionario” la máscara podía caer y, como dice el “anarco-marxista” Daniel Guérin, “el alineamiento audaz a la cabeza del instinto y la temperatura revolucionaria de las masas dio a los bolcheviques la dirección de la revolución, pero no correspondía a su ideología tradicional ni a sus verdaderas intenciones. Desde siempre ellos eran ‘autoritarios’, con ideas de Estado, de dictadura, de centralización, de partido dirigente, de gestión de la economía ‘por arriba’, todo en contradicción flagrante con una concepción realmente libertaria de la democracia soviética” (9) (itálicas nuestras). Se le escapa a Guérin la noción elemental de que todo partido político se constituye, justamente, con el objetivo de ‘dirigir’ políticamente a la sociedad.

En verdad, como lo notó Leonard Schapiro, las “verdaderas intenciones” de Lenin habrían engañado, o por lo menos “tomado por sorpresa”, no sólo a la izquierda y a los trabajadores sino también al propio partido bolchevique: “Una encuesta realizada entre los delegados bolcheviques al IIº Congreso de los Soviets demostró que la gran mayoría deseaba un gobierno de coalición entre bolcheviques y socialistas. (Después de la toma del poder) la política de coalición de Lenin, así como las medidas de represión tomadas contra los socialistas, desencadenaron una breve crisis en el partido, durante la cual un cierto número de líderes presentó su renuncia. Aparentemente, la crisis tuvo su origen en la incomprensión, por parte de los miembros del partido, de la política de Lenin (en sí bastante clara). De todos modos, tal como estaban las cosas, los escépticos del partido no podían dimitir, por estar comprometidos” (10).

De allí en adelante, consumado este ‘engaño’ a escala histórica y continental (en verdad, mundial, si consideráramos la repercusión universal de la Revolución de Octubre), la dictadura leninista, verdadero objetivo de Lenin, podía avanzar sin obstáculos, dándose incluso el lujo de conservar su simbología inicial, como lo afirmó el historiador ex bolchevique Arthur Rosenberg en la década del ‘30: “Los bolcheviques no abolieron los soviets, cosa que en Rusia habría sido técnicamente imposible. En realidad, los mantuvieron y explotaron como símbolo decorativo de su propio dominio. Sólo en razón del simbolismo bolchevique de 1918 y de los años posteriores es que el sistema de los consejos entró en contraste con la democracia: los verdaderos y vitales soviets son la más radical democracia que se pueda imaginar. Pero los soviets bolcheviques, a partir de 1918, constituyeron el símbolo de la dominación de una pequeña minoría sobre la masa del pueblo. Algo semejante sucede con el concepto de “dictadura del proletariado”. Para la antigua teoría, la dictadura proletaria no era sino la dominación de la gran mayoría de los pobres y trabajadores sobre una pequeña minoría de ricos y explotadores: concepto idéntico al de democracia proletaria. A partir de 1918, los bolcheviques llamaron dictadura del proletariado a su forma de Estado ruso cuando, en realidad, se trataba de una dictadura ejercida sobre el proletariado y el resto del pueblo por el partido bolchevique o, mejor dicho, por el comité central de ese partido” (11).

Lo demás, Gorbachov dixit, es mera consecuencia. Para sustentar esa tesis, se mezclan en una sola lista críticas al bolchevismo provenientes de las más diversas fuentes políticas: de la socialista de izquierda Rosa Luxemburgo, del socialista de derecha Karl Kautsky, de los mencheviques y anarquistas, de los partidos burgueses y de derecha, de historiadores de todos los colores y matices, etc. Las conclusiones se resumen en una serie de propuestas básicas: 1) la Revolución de Octubre fue un golpe de estado ilegítimo contra las instituciones (real o potencialmente) existentes; 2) su alegada pretensión de instaurar una “dictadura del proletariado” basada en la democracia obrera no pasó de una máscara para imponer una dictadura de partido único, verdadero objetivo de los bolcheviques; 3) el “Terror Rojo” fue ilegítimo, brutal e innecesario, pero consecuencia lógica de las premisas anteriores; 4) la ilegalización de otros partidos y la prohibición de las fracciones dentro del bolchevismo (en el Xº Congreso del PCB, en 1921) se derivaron de la propia naturaleza del golpe de Octubre; 5) la dictadura de Stalin fue la consecuencia natural de ese proceso: el stalinismo fue un hijo legítimo del bolchevismo (como también lo habría sido Trotsky, en caso de que se hubiese impuesto en la “lucha por la sucesión” de Lenin: según algunos, una “dictadura de Trotsky” habría sido peor que la del propio Stalin, debido al carácter más autoritario de aquél) (12).

trotsky


Los “dos demonios”

Durante décadas, entonces, se pavimentó el camino que llevaría al general (ex comunista) Dimitri Volkogonov a lamentar que los “blancos” (la reacción) no fuesen victoriosos en la guerra civil de 1918/1921: “En 1918, la mayoría de la población rusa rechazaba la revolución bolchevique, pero los bolcheviques vencieron a pesar de todo. Esto se explica en parte porque sus adversarios no tenían ideas claras ni atrayentes, y porque respondiendo al Terror Rojo con el Terror Blanco, se alejaron de los campesinos y los ciudadanos comunes tanto como los rojos. En el verano de 1919, Kerensky, que no era rojo ni blanco, dijo a los periodistas extranjeros: “No existe crimen que los blancos del almirante Kolchak no hayan cometido. Ejecuciones y torturas fueron cometidas en Siberia, la población de aldeas enteras fue apaleada, incluso profesores e intelectuales”. El Terror Blanco fue tan repugnante como el Rojo, pero con la gran diferencia de que surgió espontáneamente de la base y fue local, mientras que el Rojo fue ejercido como instrumento de una política de Estado, revelándose por eso más eficaz” (13).

El círculo se cierra: el terror blanco habría sido ‘democrático’ (“de base”), a pesar de ser reaccionario, antisemita, apoyado por todas las potencias extranjeras. Probablemente no era ahí donde Marc Ferro quería llegar cuando postulaba que la “dictadura bolchevique” estuvo siempre detrás del “gobierno soviético”: “Ese sistema nunca se afirmó plenamente en la práctica del Estado soviético, aun cuando estaba vivo su fundador. Siempre hubo sectores importantes del poder y de la administración conducidos según principios diferentes, excepcionales. El gobierno de esos sectores fue prácticamente sustraído a la competencia de los soviets y confiado a organismos diversos, extraordinarios, dotados de plenos poderes. Fue así para la economía (en los años del llamado comunismo de guerra, y también después), para las cuestiones militares y para las de seguridad. Las decisiones reales eran preparadas y, por fin, tomadas por una parte restringida de cuadros revolucionarios” (14).

Para el historiador “revisionista” Ernest Nolte, el nazi-fascismo no fue, al final de cuentas, sino una reacción al “extremismo” comunista (por lo tanto, históricamente legítima, aunque lamentable) (15). Más recientemente, Mark Katz (en Revolutions and Revolutionary Waves) también ataca a Octubre como un simple golpe de estado, y hace una simetría entre comunismo y nazismo, “reacciones ambas a la quiebra de la socialdemocracia durante la Primera Guerra Mundial” (pero Katz poco se interroga sobre las razones de esa quiebra y nada sobre el vínculo de la misma, la crisis del capitalismo y la guerra mundial). En la medida que el comunismo precedió al nazi-fascismo —aquel fue el “origen del mal” en la definición del folletinesco Paul Mourousy—, el segundo acaba siendo legitimado ante la historia: lenta, pero seguramente, se va trazando el camino que lleva de la justificación del “terror blanco” a la ‘comprensión’ del nazismo (y los neonazis agradecerán, seguramente, este inesperado “soporte científico”). Richard Pipes, en una entrevista reciente, puesto a optar entre Lenin, Mussolini y Hitler, no vaciló: “Mussolini”.

Revolucion Rusa


Octubre y los Anales

Tal vez, estuvo vinculada a esa derivación inesperada del debate histórico sobre Octubre, la última intervención de Marc Ferro, que registró Le Monde (16), destinada probablemente a equilibrar las cosas, aunque alcanzando el objetivo contrario (Ferro afirma, por ejemplo, que en Italia los “excesos” de Alemania y de la URSS “fueron contenidos por la sobrevivencia de la monarquía y por la presencia del papado”!). De acuerdo con Ferro: “Octubre es al mismo tiempo la toma del poder por una mayoría relativa —la representada por el Segundo Congreso de los Soviets—, una rebelión armada y, también, un microgolpe de Estado de Lenin en el seno de los organismos soviéticos, que posibilita a un comité militar provisorio retirar la victoria tanto del Segundo Congreso como del soviet de Petrogrado (del cual depende ese comité) y proclamar la caída del gobierno provisorio”.

Una “mayoría relativa” es, como se sabe, una minoría absoluta (por lo menos de acuerdo con las matemáticas), con lo que la “toma del poder” se transforma en un golpe, dentro del cual se produce el “microgolpe” leninista, que sería así doblemente golpista, o sea, sería un ‘macrogolpe’. Ferro intenta también relativizar la ‘culpa’ bolchevique por el terror, atribuyéndoselo al… pueblo ruso, en especial al campesinado (“empezaron a tomar posesión de propiedades o a incendiarlas a partir del mes de mayo (de 1917)”, esto es, antes de Octubre). La violencia “antecede a la guerra civil y a la intervención extranjera”, la ‘culpa’ de Lenin habría sido generalizarla: “El aparato comunista, así, legitima y estimula el terror venido de las profundidades. Sus agentes se encontraron en la base de un aparato de Estado en vías de formación desde el verano de 1917 que, con múltiples comités, soviets, etc., sustituyó a la antigua burocracia zarista”. ¿Por qué desde el verano? Para los bolcheviques, existía un “doble poder” ya desde el invierno, con la Revolución de Febrero…

Para Ferro, las clases dominantes rusas tuvieron, claramente, buena parte de la culpa por lo acontecido, dada su negligencia secular y coyuntural. “Después de meses de decepciones, después del golpe frustrado del general Kornilov, la memoria de las represiones se reavivó y el resentimiento madurado durante siglos fue liberado. Solamente los bolcheviques lo asumieron, arrastrados ellos mismos por la corriente, pero dispuestos a todo para mantener el control. Habían anunciado la decadencia del gobierno provisorio y la historia les dio la razón. Por haber sabido, mejor que sus colegas, establecer ese diagnóstico, Lenin puede ejercer a partir de ese momento una especie de dictadura de opinión”. La dictadura stalinista no habría sido otra cosa que el resultado de esa interacción eficaz entre el fanatismo político de Lenin y el fanatismo secular de los rusos. “De 1918 a 1940, esa base popular subirá poco a poco en el aparato de Estado, subvirtiendo las ideas socialistas que debían encarnan el régimen nacido en Octubre, lo que algunos denominaron “reacción stalinista”. Ella incorporó su propia violencia a aquélla de los dirigentes”.

Queriendo moderar tal vez sus conceptos, Marc Ferro los radicalizó en su lugar: el stalinismo no sería sólo hijo legítimo de Octubre sino también del pueblo ruso (y estamos aquí a un paso del “alma eslava” y de su inclinación por la tragedia): “Habiendo penetrado desde décadas antes en el aparato del Estado, la población se integró al régimen, que fue también su expresión. Al defenderlo durante la ‘Gran Guerra Patria’, se defendieron a sí mismas”. El “heredero de Fernand Braudel” refleja —seguramente en forma inconsciente— herencias menos nobles: las de la “vocación al sometimiento de los pueblos eslavos”, supuestamente adeptos históricos del látigo. Parece claro que la historia y la propia inteligencia deben trazarse otro camino.

revolucion de octubre


Guerra y Revolución

La Revolución de Octubre fue, en primer lugar, una consecuencia de la crisis mundial del capitalismo, que tuvo su expresión clara (y trágica) en la Primera Guerra Mundial. Analizar aquélla sin tener ésta en cuenta, como factor desencadenante, es hacer historia en el vacío: ése era, entonces, el punto de partida de una testigo como Rosa Luxemburgo (“La Revolución Rusa es el acontecimiento más importante de la guerra mundial”: así comienza su famoso panfleto crítico sobre esa revolución) o de un historiador riguroso, incluso no marxista, como Edward Hallet Carr: “La Revolución constituyó el primer desafío claro al sistema capitalista, que alcanzó su punto culminante en Europa a fines del siglo XIX. Su aparición durante la Primera Guerra Mundial, y en parte a consecuencia de ésta, fue más que una coincidencia. La guerra descargó un golpe mortal en el orden capitalista internacional, tal como existía antes de 1914, y reveló su inestabilidad inherente. La revolución puede ser considerada, al mismo tiempo, como una consecuencia y una causa de la declinación del capitalismo” (17).

A comienzos de 1917 la revolución rusa es una ‘revolución anunciada’. Con la abdicación del zar Nicolás II, se crea una situación de “doble poder”: de un lado, el gobierno provisorio, constituido por la oposición burguesa de la Duma (asamblea de poderes limitados por el zarismo), que busca mantener la autoridad del Estado y de la administración pública; de otro lado, el Soviet de Petrogrado, al cual se agregan luego otros soviets constituidos en los centros industriales del resto del país. En el Soviet, la mayoría inicial corresponde a los socialistas moderados (mencheviques, socialistas revolucionarios (SR), trudoviques de Kerensky) que defienden el carácter burgués de la revolución, sin cuestionar el Estado ni a la propiedad capitalista, contentándose con el “control” del gobierno por los soviets.

Los bolcheviques, que inicialmente aprueban críticamente esa orientación, sufren una revolución interna con las Tesis de Abril de Lenin (vuelto del exilio), que se pronuncian por el poder soviético, único capaz de realizar las tareas políticas urgentes así como las “tareas democrático-burguesas” que la historia dejó pendientes. En poco tiempo, esa orientación converge con las aspiraciones populares: los obreros reclaman aumentos salariales y mejora de las condiciones de trabajo, el control obrero de la producción, elecciones constituyentes y una paz sin anexiones de ninguna potencia beligerante; los campesinos inician más tarde su movilización, que se radicaliza en dirección de la posesión de la tierra en la que trabajan; los soldados manifiestan su hostilidad a la guerra, en especial a las operaciones suicidas y a los castigos impuestos por la oficialidad.

En el mismo mes de abril, una crisis política favorece la orientación de Lenin, cuando Miliukov emite una nota del gobierno provisorio garantizando la continuidad de la participación rusa en la guerra, sin mencionar el reclamo de paz sin anexiones ni indemnizaciones. Obreros y soldados manifiestan para imponer al soviet una actitud intransigente de oposición: Miliukov renuncia, formándose un gobierno de coalición entre el principal partido burgués (los kadetes, o “demócratas constitucionalistas”, KDT) y los partidos socialistas, con excepción de los bolcheviques.

El nuevo gobierno fracasa, pues los aliados de Rusia rechazan cualquier programa de paz democrática. A pesar del establecimiento de la disciplina, la ofensiva del socialista Kerensky es derrotada en junio. La crisis se agrava, con huelgas y lock-outs patronales, radicalización de los trabajadores, que van alejándose de los conciliadores (y aproximándose a los bolcheviques), la ocupación de tierras, combatida por el gobierno, sucediendo lo mismo con las rebeliones de las nacionalidades oprimidas por el imperio ruso (polacos, ucranianos, bielorrusos, etc.). En junio, las manifestaciones obreras evidencian la influencia bolchevique y de su consigna “abajo los ministros burgueses”.

Una segunda crisis se descarga en julio-agosto. En Petrogrado, los obreros manifiestan, justamente, contra los ministros burgueses, con una combatividad que sorprende a los propios bolcheviques. Pero Petrogrado está aislada: los bolcheviques llaman a una pausa en la movilización. La derecha explota el reflujo aprovechando la ofensiva alemana para lanzar una campaña acusando a los bolcheviques de “agentes del Káiser”: el nuevo gobierno provisorio detiene a Trotsky y obliga a Lenin a esconderse en Finlandia, mientras intenta crear un contrapeso a los soviets con una “Conferencia de Estado”. La extrema derecha (el general Kornilov), con la complicidad del gobierno, tienta a la suerte mediante un golpe militar, que es derrotado rápidamente por las masas movilizadas con una gran participación de los soldados.

La tentativa de Kornilov fue la gota de agua que rebalsó el vaso: precipitó deserciones masivas en el frente, radicalizó la revolución agraria, permitió la extensión de la influencia bolchevique en los soviets, donde por primera vez los partidarios de Lenin obtienen la mayoría. Los obreros exigen el fin del gobierno de coalición y medidas inmediatas. Lenin enfrenta la batalla en el Comité Central bolchevique donde, contra la oposición de los influyentes Zinoviev y Kamenev, consigue hacer aprobar la insurrección. Esta es iniciada victoriosamente en Petrogrado, el 26 de octubre, bajo la dirección del comité militar revolucionario, presidido por Trotsky. Algunas horas más tarde, el IIº Congreso Panruso de los Soviets (con 390 bolcheviques entre sus 673 delegados) aprueba la insurrección y el nuevo Gobierno de los Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin.

La insurrección de octubre concentró todas las contradicciones nacionales e internacionales de la coyuntura (pasando a resolverlas de inmediato), así como toda la experiencia revolucionaria acumulada en más de un siglo y en la revolución de 1905, experiencia concentrada en el partido bolchevique. Considerar a éste como un factor supra-histórico es el peor de los errores del análisis histórico.

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El “golpe” de Octubre

Está claro que la toma el poder fue decidida por el partido bolchevique, no por el soviet (que la refrendó). ¿Se puede caracterizar esto como un golpe, en el sentido estricto del término, o es mejor seguir a E. H. Carr, para quien, después de la conquista de una mayoría bolchevique en las principales guarniciones, “una revolución bolchevique era inevitable”? El bolchevismo ya controlaba, después de conquistarlas a través de la lucha política, las principales palancas del poder; por otro lado, todos los partidos políticos habían desfilado por el gobierno, sin resolver los problemas internos y externos, y esto en el cuadro de una crisis revolucionaria. Un gobierno bolchevique era la única esperanza de las masas movilizadas.

En octubre, con la caída de la influencia de los socialistas revolucionarios en el campo, los bolcheviques habían conquistado la mayoría en los soviets, sobre todo de los sectores más dinámicos. Trescientos mil soldados y marineros de la guarnición de Petrogrado sólo aceptaban órdenes de los soviets bolcheviques. En contrapartida, el gobierno contaba, en la capital, con apenas treinta mil soldados a su favor.

El 16 de octubre, Kerensky había transmitido a la guarnición militar de Petrogrado la orden de desplazamiento hacia el frente. Como la guarnición sólo obedecía al soviet de Petrogrado, Trotsky la conservó en la capital, y justificó el incumplimiento de la orden del gobierno provisorio con la necesidad de defender la ciudad de probables ataques del ejército alemán. La permanencia de la guarnición sellaba la suerte del gobierno de Kerensky, vaciado de base popular e impotente desde el punto de vista militar. La maniobra de Trotsky fue descripta como un “golpe de Estado en frío”.

En verdad, como afirma Moshé Lewin en un reciente artículo, “en setiembre de 1917 los mencheviques y los SR, deseosos de encontrar socios para un gobierno democrático, perdieron el control de la situación. Los bolcheviques intentaron negociar con ellos un programa común, con la condición de que dejaran de buscar las bendiciones de los liberales. Su negativa definió la suerte del ala bolchevique favorable a un gobierno de coalición… y también la de los que rechazaron la oferta. A partir de entonces, la toma del poder por los bolcheviques parecía la única salida realista”. La guerra continuaba: sólo las palabras de Trotsky en el Proletariidel 24 de agosto de 1917 eran realistas: “¡Revolución permanente o masacre permanente! Esa es la lucha de cuyo resultado depende la suerte de la humanidad”.

El 24 de octubre, desesperado, Kerensky ordenó la represión policial al soviet de Petrogrado y al partido bolchevique. Al día siguiente debía iniciarse la reunión del IIº Congreso Panruso de los Soviets: el propio jefe del gobierno provisorio dio el motivo formal para su desplazamiento. El comité militar revolucionario ejecutó el plan insurreccional el 26 de octubre y, en cuestión de horas, los ministerios, reparticiones públicas y la sede del gobierno cayeron bajo el dominio de los “Guardias Rojos”. Los combates provocaron una decena de muertos y sesenta heridos. A partir de allí, la transferencia del poder a los soviets se efectuó en pocos días, con pocos choques armados, por todo el territorio del antiguo imperio zarista (a excepción de Moscú, donde la toma del poder costó centenas de muertos a los insurrectos). En total, según estimaciones de Trotsky, solamente treinta mil hombres participaron de la lucha. De un modo general, la conquista del poder se hizo por un camino pacífico, posible en la situación de dualidad de poderes y de amplias libertades democráticas y de organización.

De esta manera, al contrario de la revolución de febrero, la revolución de octubre asumió la forma de un “golpe de Estado”, de la victoria de una minoría conspirativa. Sin embargo, desde el inicio, el contenido que recubría esta apariencia era el de una revolución. Por eso mismo, la propia forma cambió al desencadenarse una guerra civil sangrienta. Octubre fue un golpe de Estado en el sentido en que lo es cualquier transferencia de poder ejecutada fuera de la “institucionalidad” (legalidad) existente (y, en ese sentido, no existe revolución sin golpe de Estado), ejecutado desde afuera de esa institucionalidad, a través de los soviets y sus Guardias Rojos, y no desde adentro, como es el caso de los golpes militares: el golpe de Estado es una forma de acción política; es el contenido de la política que expresa y ejecuta lo que debe ser determinado por la historia.

bolcheviques


El comienzo de la Revolución

¿Y si el gobierno provisorio, Kerensky, hubiese actuado de modo diferente? La historia no se hace en base a suposiciones, pero, aun así, vale la respuesta de Florinsky: “Si en vez de asociarse al fantasma de una contrarrevolución sin tropas, Kerensky hubiese firmado la paz y dado la tierra a los campesinos, es posible que Lenin nunca hubiese entrado al Kremlin. Pero en 1917 ese programa era de hecho bolchevismo y habría chocado con la oposición feroz de los aliados y de los liberales rusos. No obstante, era en la práctica la única política con posibilidades de éxito: los moderados rechazándola, garantizaron, la victoria de sus adversarios” (18).

Pero Octubre estuvo lejos de ser la “victoria final”. Los problemas recién comenzaban. En diciembre de 1917, el gobierno soviético reconoce la independencia de Finlandia: una guerra civil se inicia de inmediato, siendo los obreros masacrados por las tropas del general zarista Mannerheim, apoyado por el ejército alemán (abril de 1918) sin que los rusos puedan tener un papel importante.

En Ucrania, un movimiento nacionalista recién conformado (reducido a la intelectualidad) proclama en junio de 1917 una república autónoma bajo la autoridad de la Rada, especie de asamblea nacional. Después de Octubre, los aliados la apoyan, quedando el país dividido con la proclamación, por un lado, de un gobierno soviético (con Rakovsky y Piatakov) y con el pasaje, por el otro de la Rada (con Petliura) a la órbita alemana. Georgia escapa de la suerte de Armenia y Azerbaidjan, derrotados por el Imperio Turco después de su independencia, aliándose en mayo de 1918 a Alemania. El gobierno bolchevique realiza un gran esfuerzo de propaganda hacia las minorías nacionales, en especial los musulmanes.

En el plano interno, los problemas no son menos importantes. El gobierno soviético lanza dos decretos: el de la paz (democrática e inmediata, sin anexiones ni indemnizaciones), y el de la tierra (confiscación sin indemnización de las grandes propiedades, entrega de las mismas a los soviets rurales). Los grandes centros urbanos se unen al poder soviético, marineros y guardias rojos ocupan los centros de poder: surgen los decretos sobre la prensa, la milicia obrera, el control obrero, los tribunales populares, el derecho de las nacionalidades a la autodeterminación. Los SR de izquierda se integran al gobierno soviético.

El poder pertenece de hecho a los soviets, elegidos en el lugar de trabajo, revocables, estructurados nacionalmente en forma piramidal: locales (o de aldea), de distrito, de ciudad, de provincia. En la cima, el Congreso Panruso, que delega sus poderes al Consejo Ejecutivo y al Consejo de los Comisarios del Pueblo. Con esta estructura, el funcionamiento de los soviets es claramente democrático.

La paz es el problema más urgente. Por el Tratado de Brest-Litovsk, los bolcheviques pierden el 26% de la población, el 27% de las tierras fértiles, el 26% de las vías férreas, el 75% del carbón, el hierro y el acero, el 40% del proletariado industrial.

Después de la Revolución, Rusia se encontraba rodeada de protectorados alemanes: Ucrania, con Skoropadsky; Finlandia, con Mannerheim; el Don, con Krasnov; los japoneses, mientras tanto, ocupan la frontera con la Manchuria china. En mayo de 1918 ataca la Legión Checa, financiada por el gobierno francés. En Omsk y Samara se forman gobiernos antisoviéticos, las tropas inglesas desembarcan al Norte. La retirada alemana otorga un cierto respiro, pero en 1919 las tropas extranjeras están en todas partes: la Legión Checa más allá de los Urales, el almirante Kolchak en el este, el general Denikin en el sudeste, los japoneses en Vladivostok, los franceses en Bakú y en los países bálticos, junto al general Yudenitch, y también en Odesa…

La revolución de Octubre (1917-1921) - Part 1


La Guerra Civil

En esas condiciones, se desata una guerra civil que los bolcheviques no deseaban. Por un lado, 500 mil “blancos”, restos del antiguo ejército, comandados por oficiales reaccionarios o por aventureros divididos por ambiciones y corrupción. Sin ninguna política, a no ser la de apropiarse de las armas y del dinero que viene del extranjero, de países sin ningún entusiasmo por entrar en esta nueva crisis.

Por otro lado, el Ejército Rojo, creado por decreto del 15 de enero de 1918 (Trotsky es nombrado Comisario de Guerra, lo que significa dirigir el Ejército, a partir del 13 de marzo): 5 millones de soldados, controlados por “comisarios políticos”, mal armados, mal abastecidos, mal dirigidos militarmente, pero con una moral superior y con conducción política. Este es el factor decisivo: la masa campesina elige a los bolcheviques, a pesar de las requisas, porque de ellos espera la tierra (la victoria “blanca” supondría el retorno de los antiguos propietarios).

En definitiva, la crisis internacional sumada al apoyo interno de la población (especialmente campesina) explican la difícil victoria “roja” en la guerra civil. El genio militar del jefe del Ejército Rojo, León Trotsky, no fue sin duda un factor menor, pero no llegó a ser lo principal (como tampoco lo fue el “terror rojo”, del que nos ocuparemos más adelante). El propio Trotsky (apoyado en la ocasión por Rykov) no consiguió evitar el que sería el peor error del Ejército Rojo durante la guerra civil (defendido por Lenin): la ofensiva sobre Varsovia en 1920, con la expectativa de que el proletariado polaco se levantaría con la llegada de los “rojos”. Nada de eso sucedió, y la revolución tuvo que soportar la contraofensiva del régimen nacionalista de Pilsudski, que llegó a tomar Kiev y parte de Ucrania para extender las fronteras de Polonia.

El “error polaco” tuvo consecuencias históricas: “La Polonia de Pilsudski salió de la guerra inesperadamente fortalecida. Un golpe terrible fue dado a la revolución polaca. La frontera establecida por el Tratado de Riga separó a la República Soviética de Alemania, lo que tuvo más tarde una importancia excepcional en la vida de los dos países”, concluyó el mismo Trotsky.

lenin



Comentarios Destacados

7 comentarios - La revolución de Octubre (1917-1921) - Part 1

fachhoo

link: http://www.youtube.com/watch?v=U06jlgpMtQs
Paintballero_77 -5
Sobre la autoridad: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1873auto.htm

revolucion de octubre

Trotskistas asquerosos.
SeverinoEntrance
Claro, pero como sólo aceptas lo que dice papá Stalin, no leiste un carajo.
Paintballero_77
@SeverinoEntrance no la diferencia radica que mientras a los Trotskistas, son aplaudidos por la opinion publica y a los que reveindican a Stalin como el caso de este Dr son repudiados, atacados y llenos de criticas como censura. Sino miremos

link: http://www.youtube.com/watch?v=3PbKZaMQ78w


link: http://www.youtube.com/watch?v=KsTRyTzrpfc
Paintballero_77 -2
@SeverinoEntrance "La historia se repite, aunque sobre bases nuevas. Lo mismo que antiguamente, en la época de la caída del feudalismo, la palabra jacobino provocaba en los aristócratas de todos los países horror y repugnancia, también hoy, en la época de la caída del capitalismo, la palabra bolchevique provoca horror y repugnancia en la burguesía de todos los países" Stalin. El trotskismo es lo mas reaccionario que hay. [video]http://www.youtube.com/watch?v=PdajUraK0LM&feature=player_e
BANCAGANDO +4
cultura en taringa!? oh my gad!
Geocidio +1
Excelente documental,te lo expropio para el troskobardo