Historias, leyendas y mitos de Argentina

Nuestro saber popular es muy rico y cuenta con historias increíbles.
Les presento algunas de ellas.


Las luciérnagas

Historias, leyendas y mitos de Argentina

Isondú fue el hombre más hermoso entre todos los guaraníes. El más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los payés (médico hechicero).
Cuando era chico, no había madre en su tevy (familia extensa de los guaraníes que configuraba una unidad social y ocupaba una única gran vivienda) que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le llegó la hora del tembetá (amuleto guaraní que llevaban los hombres adultos. Consistía en un palito en forma de T que atravesaba el mentón) ya había muchas indiecitas que querían casarse con él. A todas les gustaban sus manos diestras, su mirada penetrante y su perfume a madera.
Junto con el amor que despertó en tantas muchachas, se despertó también la envidia de los hombres. Los que habían jugado con él sobre las hojas de palmera y más tarde en los claros o en el río ahora le tenían rabia. Por eso prepararon la emboscada.
A Isondú lo esperaron un atardecer. Temprano habían cavado el pozo en el camino y lo habían disimulado bien: ya se sabe que los guaraníes eran especialistas en cazar con trampas, y esta ya estaba lista. Después se sentaron a esperar, y a tomarse la chicha de maíz que habían llevado.
Isondú volvía de la aldea vecina, donde tenía parientes. Venía solo, pensando en una chica que había conocido allí, la única muchacha que estaba seguro de poder querer. Sin duda pronto se casaría con ella, ya se la imaginaba junto a él, con el cuerpo adornado con pinturas y una flor - la orquídea más hermosa que él pudiera encontrar - en su largo pelo negro. Contento y cansado iba por los caminos de la selva, espantándose los mosquitos de tanto en tanto. A él, tan grande y fuerte, se lo veía pqueño al lado de los árboles inmensos.
Cuando faltaba poco para llegar a su aldea, empezó a escuchar las risas y los gritos de sus enemigos. Pero no se inquietó, porque era joven, no le tenía miedo a nada y había sido siempre demasiado dichoso como para suponer que se acercaba la desgracia. Cuando escucharon sus pasos, los otros se quedaron callados. De pronto, Isondú tropezó entre unas lianas y cayó en el pozo.
Los otros salieron enseguida de sus escondites y empezaron a reírse y a burlarse de él:
- ¡Isondú! ¡Isondú! ¡Te cazamos como a un tapir!
- A ver, ¿de qué te sirve ahora ser tan valiente?
- ¡Isondú! ¡Ahí va un anzuelo para que muerdas! ¿O querés que llamemos a tu mamita para que te salve?
Y mientras tanto le tiraban palitos, frutos y unas bolitas de arcilla dura con las que cazaban ratones y los pájaros.
Isondú les gritaba:
- Pero, ¿qué hacen? ¿qué les pasa? ¿qué les hice yo, cobardes? - Y desde abajo les devolvía los proyectiles.
Uno de los agresores le contestó:
j- Ya vas a ver si somos cobardes. - Y agarró su maza y le pegó a Isondú en un hombro, en la cabeza, en la espalda... Los demás se envalentonaron y entre insultos hicieron lo propio: el cuerpo de Isondú se fue llenando de cardenales y de sangre, y allí quedó, acallado, caído sobre un costado en el fondo del pozo.
En la selva era casi de noche. Los asesinos seguían en el borde de la trampa, paralizados por el miedo. De pronto vieron confusamente que Isondú se movía, que su cuerpo tomaba de a poco la forma de un insecto y que en el lugar de cada herida se encendía una lucecita. Isondú agitó sus alas y salió volando: ya estaba libre.
Un momento después centenares de Isondúes se dispersaban en la selva, debajo del techo que forman allí los árboles, los helechos y las lianas, iluminando intermitentemente la noche guaraní. Muchos de estos insectos traspusieron los ríos, dejaron atrás la selva y se perdieron en el campo. En la Argentina, algunos le siguen diciendo "isondúes", otros los llaman "bichos de luz, otros "tuquitos" y otros luciérnagas. En las noches más oscuras vuelan a nuestro alrededor, y, cuando creemos que se han ido, se encienden otra vez unos metros más allá, como estrellas terrenales.

El Lobisón o Lobizón

historias

Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Según Elena Bossi, para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.
- una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).

La Laguna del Tesoro

Mito

Nos transcribe el genial Octavio Cejas en su "Tukma Mágico" una anécdota recopilada en Alpachiri, Tucumán, a Delicia de Cabrera:
"Una vez mandaron a un hombre algo inocentón a campear unos bueyes que se habían refugiado entre las malezas del bosque, en las lomas y cerrilladas de más arriba de Arcadia. A los días volvió con el cuento de que había dado con una laguna de gran tamaño rodeada de alisos y nogales, saúcos y totoras; que él, oculto entre unos helechos gigantescos, vio en el agua, sentada en una piedra que sobresalía, a una mujer muy bella que se hacía pasar un peine de oro por sus cabellos que rebrillaban con luces de ese metal. Dijo el hombre que las aguas se habían agitado bravamente cuando comenzó a emerger un toro de astas doradas que llegó hasta la orilla arrastrando una pesada cadena de oro. El caso se difundió rápidamente. Los hombres más corajudos y codiciosos se fueron en expedición. Llevaban oculta intención de enlazar a la bella y al toro a quien consideraban su guardián. Se cansaron de deambular entre montes y cerros y no hallaron ni rastros de la laguna y sus moradores".
Se cuenta que de todo el imperio inca se llevaba oro a Cajamarca, Perú, para pagar la recompensa que liberaría al Inca Atahualpa, pero al enterarse de que Pizarro mató al Emperador indio, los tesoros se arrojaron en el camino, pero bien ocultos. una de esas cargas fue a parar a una laguna que luego se denominó Laguna del Tesoro; en dicha laguna, en el fondo, junto a los invaluables tesoros, se encuentra un gigantesco toro de astas doradas (algunas versiones representan al toro color negro) que hace enloquecer las aguas y sale al encuentro de todo aquel que intente recuperar el oro allí oculto.

El Hornero

leyendas

El Hornero es un pajarito que arma su nido, por lo general, en la cercanía de los humanos, el nido tiene dos compartimentos, en el cual el más protegido es el de la hembra. Se dice que romper nido de horneros atrae a la tormenta. Cuando llueve se pasea por el nido, alborozado, dejando sus huellas.
Esta leyenda, de origen, nos cuenta que Jahé, hijo único de su padre, salió a cazar un carpincho, luego de una larga jornada, el cansancio lo hizo dormirse a orillas del río. Al despertar vio salir de las aguas a una hermosa joven y quedó totalmente enamorado, para poder pretender a la joven debía someterse a una prueba como el resto de los jóvenes: se envolvían en cueros mojados de animales (retobar) que a medida que se secaban iban achicharrando a los muchachos. Al final sólo quedaron 2: Jahé y Aguará. Cuando Aguará pidió que lo sacaran, todos acudieron a ayudarlo y por unos segundos se olvidaron de Jahé. Al ir a aflojar su tortura, vieron que de adentro del cuero salía un pajarito pequeño, esta avecita hizo su nido con paja y barro y que la joven de la cual Jahé se enamoró, se convirtió en pájaro y fue su compañera.
Anécdota:
nos contó el querido Hipólito Marcial, que en su Santa María natal, vio de niño cuando un tordo se adueñó del nido de una pareja de horneritos. Al no poder correr al intruso, las laboriosas aves empezaron a revolotear el horno en forma infructuosa, entonces, aprovechando que el tordo se encontraban en el interior, directamente comenzaron a tapiar la entrada a gran velocidad hasta que la cerraron casi por completo; de inmediato se dirigieron a otro árbol y comenzaron una nueva vivienda.
Nacimiento de la Guitarra
Hilario no conocía más que la soledad. Y al principio no le importaba. ¿Qué podía faltarle a un gaucho joven, si tenía un rancho donde cobijarse, un caballo incansable y unas cuantas ovejas que atender? Andar por esos campos interminables que su caballo tan bien conocía, hilvanando y deshilvanando un silbido que corte el silencio del campo que se aquieta...
Así fue como comenzaron Hilario a cansarse de su soledad y las cosas a suceder. El aborrecía el silencio. Por eso buscaba el rumor del arroyo, o se entretenía escuchando el canto de los pájaros. Azuzar las ovejas, el "vamos bonito" mientras picaba con el rebenque el anca sudada del caballo, eran los pocos diálogos de su vida solitaria.
Una tarde que anunciaba lluvia, Hilario se fue a dormir, lo hizo de a ratos sobresaltado por los rayos y relámpagos, hasta que al fin se durmió profundamente. Soñó con la lluvia de voz serena y melodiosa. Cuando despertó, Hilario ya sabía: necesitaba compañera.
La tarde siguiente lo encontró a Hilario con camisa limpia, domando su pelo tieso. Llegó al pueblo y no la vio al principio, entre la gente que se juntaba frente a la pulpería.
Fue cuando dio vuelta a las casas para buscar el pozo que la escuchó cantar un aire alegre inclinada sobre el fuentón. Era la muchacha con la que había soñado, con su voz, su cara y su cuerpo, y se llamaba Rosa. El la llevó al rancho y allí se acabó su soledad. El, ahora, apuraba el regreso de su trabajo. Rosa resumía toda su felicidad.
La desgracia vino un día en que Amuray, el cacique de una tribu indígena, también se enamoró de esa criolla tan graciosa, tan amante y tan fiel. El indio esperó la oportunidad, primero quiso seducir a Rosa, inútilmente, finalmente, una tarde, un rato antes de que Hilario regresara, asaltó el rancho y se la llevó.
Hilario se extraño de que su mujer no saliera a esperarlo. Al llegar al claro el viejo silencio volvió de pronto, pero esta vez era un grito. El gaucho comprendió, no tuvo más que ver el desorden del rancho, el agua volcada en el patio y las manchas de sangre sobre la tierra. Al galope y con el corazón apretado, siguió el rastro.
La persecusión duró poco, pero la lucha fue feroz. Al ver a Rosa herida, Hilario se avalanzó sobre Amuray y con un certero puntazo de cuchillo hizo que soltara a la cautiva. A duras penas pudo sostener a la desmayada Rosa, que, antes de llegar al rancho, ya estaba muerta.
Hilario, abrazado al cadáver, llamó a su amada con el sinfín de palabras que ella le había enseñado y lloró con toda la pena mientras caía la noche.
El gaucho se quedó dormido bajo las estrellas con la cabeza sobre el cuerpo querido, sólo con el sueño llegó el alivio.
No lo despertó el alboroto de los pájaros ni el resplandor del sol, sino una música desconocida y tan cercana que parecía brotar de su propio cuerpo. Cuando tomó conciencia, llegó la pena del recuerdo y la sorpresa de ver que sus brazos ya no rodeaban el cuerpo de su compañera sino una caja de madera con forma de mujer apenas perlada por el tenue rocío del amanecer.

El Tordo

urbano

Pájaro de plumaje negro que vive en la mayor parte de nuestro territorio y países vecinos. Una leyenda guaraní dice que para establecer su superioridad en el mundo, gavilanes y halcones mandados por el águila emprendieron terrible lucha contra cuervos y chimangos capitaneados por el carancho, y contando con la ayuda de los últimos vencieron los primeros y la derrota fue total para los vencidos. El tordo se hallaba dentro de su casa cuando la misma fue quemada por los cuatro costados. A punto estuvo de perecer el tordo, y el color negro que posee le quedó desde entonces. El cardenal se tiñó de sangre su copete. Y los cuatros fueron atados de a dos y remitidos prisioneros. Cuando recuperaron su libertad, por costumbre siguieron marchando así.
El tordo es un ave que suele apropiarse de los nidos de las demás aves. Así, tuve la oportunidad - nos narra Hipólito Marcial - de ver a un tordo que corrió a una parejita de horneros de su "hornito". Los pobres desalojados revoloteaban alrededor de la puerta de su nido, sin producir ningún efecto intimidatorio en el azabache usurpador. De repente, ambos pajaritos bajaron al borde de la acequia, y sin tardanza comenzaron a juntar barro y al cabo de una media hora, habían enterrado vivo al tuco invasor, para luego formar su casa en otra rama del mismo nogal.

Leyenda del río Agua de Oro

Argentina

Caminaron durante largo rato hasta llegar a un claro.
Los sonidos parecían diferentes y de pronto todo quedó bajo una luz casi mágica; allí, entre una base pedregosa, brotaba un líquido dorado que se perdía en un río salpicado de brillos de oro puro y despedía reflejos en todas direcciones.
Hace muchos años, tanto que ni las montañas abuelas lo recuerdan, un visitante llegó a la tribu.
Según dijo, era sobreviviente de una guerra cruel desatada entre la gente de su padre, un gran cacique, y una tribu de costumbres guerreras. Es decir que era un príncipe y solicitaba amparo, pues no le quedaba nadie en la Tierra.
El cacique ordenó inmediatamente que se le diera alojamiento y comida y solemnemente anunció que sería nuevo habitante de sus dominios. Y desde entonces, cada uno fue aceptando al joven, que con ellos compartía los días tranquilos de la vida.
Pero no se trataba de un muchacho como todos; pasaba largos ratos espiando las chozas de los demás. Juntaba pequeños objetos que encontraba por ahí, no hablaba con nadie, ni siquiera con la hija del jefe, que se había enamorado de él.
Un día, el cacique de la tribu lo mandó a llamar. Invitándolo a conocer los alrededores, prometió mostrarle un sitio secreto, una especie de tesoro.
Caminaron durante largo rato hasta llegar a un claro. Los sonidos parecían diferentes y, de pronto, todo quedó bajo una luz casi mágica; allí, entre una base pedregosa, brotaba un líquido dorado que se perdía en un río salpicado de brillos de oro puro y despedía reflejos en todas direcciones.
El príncipe indio pareció enloquecer con tanta riqueza a sus pies. Agredió repentinamente al cacique, quien cayó al suelo sobresaltado. El joven corrió hasta las aguas, mientras gritaba juntando cuanta piedra podía en sus ropas.
El cacique le advirtió que tuviera cuidado pero, ensordecido por su ambición, el muchacho se internó entre las piedras y desapareció arrastrado por la corriente.
Momentos después, todo era calma en el valle y el cacique, espantado, volvía a la tribu a contarle a su gente la historia del presunto príncipe.
El río se encuentra en el departamento de Colón, a pocos kilómetros de la capital de Córdoba.
Tiene apariencia de oro porque corre sobre lechos de sílex y arenisca, de los cuales los rayos del sol arrancan centelleantes destellos.


Leyenda del Champaquí

Historias, leyendas y mitos de Argentina

Se dice que arriba mismo del Champaquí hay una laguna con aguas coloradas que tiene muchos encantos. Un toro negro de astas doradas que le rebrillaban con el sol y que echa fuego por la boca, la nariz y ojos, cruza las aguas nadando. Y a la orilla, una niña de cabellos de oro, por cierto, hermosa, se sienta, dejando su medio cuerpo de pez en las aguas, y se pone a cantar canciones muy tristes y atractivas, mientras se peina con un peine de oro. Esta sirena siempre se aparece a medianoche y el toro suele aparecer y bramar fuerte a las doce del día.
Cuentan -según Julio Viggiano Esain, en “Leyendas Cordobesas”- que esta mujer, para atrapar a los viajeros siempre está a la orilla de la laguna con la mitad linda del cuerpo para afuera y la otra mitad debajo del agua, y que canta unos hermosos cantos en los atardeceres, envueltos en hermosas nubes, dorada por el sol, y que el viento lleva lejos su canto de sirena.
En una reunión de arrieros se contó lo del toro de astas de oro, entonces uno de ellos, le pidió a la mujer que cebaba mates que le prestara el Rosario. Lo besó y dijo: “Ahurita sí le juro que de volver traigo el toro o no vuelvo más… te lo juro…”.
Ahí nomás preparó su caballo, se colocó los guardamontes, se armó de un largo lazo y sin despedirse de nadie, salió.
-Volvete, Amaranto, volvete…
-No m’hi volver nada…
Amaranto montado toda la noche llegó a la orilla del lago o laguna en la cumbre del Champaquí. Estuvo espiando entre las sombras de la noche. No vio nada, pero se escuchaban unos hermosos cantos de sirena, que emborrachaban de placer al oírlos. Pero no veía nada…
Por ahí, nomás, ya muy de noche y a eso de las 12 vio que del medio de la laguna salía el cuerpo de un hermoso toro, brillándole las astas y echando fuego por los ojos, narices y boca.
Amaranto, ahí nomás, montó en su caballo, se acercó a la orilla, preparó el lazo y cuando estuvo a tiro, largó el lazo al toro, enlazándolo… Cuando el toro sintió el lazo en el pescuezo pegó un terrible bramido que hizo temblar toda la sierra…
Las aguas empezaron a revolverse y a volcarse por la falda de la montaña, inundando el valle…
Amaranto, bien afirmado a su caballo tiró del lazo y el toro pegó otro bramido. Entonces se hizo un gran hoyo en las aguas y en él cayó Amaranto con su caballo.
Cuando la laguna ya volcada en las serranías se secó, no quedó rastros de Amaranto ni de su caballo…

Leyenda de Camin Cosquín y Cosco-Ina

historias

En las primeras décadas del año 1500, después de producirse el derrumbe del Imperio de los Incas, provocado por la fuerza que impusieron los conquistadores españoles que llegaron a América, se produjo la inmigración masiva de esa raza milenaria, rumbo al sur, hacia nuevos horizontes, en busca de paz y tranquilidad, cargando en las alforjas de sus mulas, todo lo que pudieron de sus fabulosas riquezas, desconociéndose hasta hoy su destino. A partir de entonces, los españoles destacaron una expedición al mando de Jaime de Aragón, según datos históricos, hacia la avanzada más austral del imperio; se dice que fue con el propósito de arrebatarles las riquezas y tesoros que llevaban consigo en el éxodo.
Esa avanzada más austral se enclavó en un vallecito atravesado por el río Yuspe, que nace en las Sierras Grandes (Los Gigantes), y coronado al este por el majestuoso cerro Supaj Ñuñu (Seno de Virgen), hoy Pan de Azúcar. Los paisajes, la frondosidad de sus algarrobos y su reconfortante clima la convertían en un oasis, hecho que explica porqué esta raza indígena, pobladora de esta zona, era extremadamente pacífica.
Fue así que en el año 1526 comienzan a llegar a Cosquín, por medio de “chasquis”, las primeras noticias, que desde el Alto Perú venían bajando seres humanos de otros continentes, vestidos con ropas brillantes y acorazadas; ésta situación despertó la preocupación y el alerta los habitantes de ese poblado, los que, comandados por el Camin (jefe), implantaron una severa vigilancia, que duró nada menos que nueve años. “Hasta que una mañana - dijo el historiador Aníbal Montes - de primavera, mientras alegres muchachas se bañaban y jugaban en la desembocadura del Ampato Mayo (arroyo que baja del cerro) se produjo lo que se temía”… ¡Por primera vez llegaban a Cosquín los conquistadores españoles, bajando por el noroeste después de haber pasado por el pueblo de Ayampitín, en pampa de Olaen, hoy en ruinas…!
Durante el primer período de permanencia en dicha expedición de este lugar, los indígenas tuvieron que soportar cualquier cantidad de abusos, malos tratos, explotación y sometimiento de sus mujeres, creando un clima de disconformidad y reacción en Camin Cosquín, hombre alto y robusto quien vivía con una hermosa india llamada Cosco-Ina, su esposa. La belleza de Cosco-Ina despertó la codicia de un oficial español, componente de la expedición, quién no perdía ocasión de cortejar con sus pretensiones amorosas a dicha india. Y fue así que, al enterarse Camin, se enfrentó con el oficial en franco duelo, dándole muerte. La reacción de la patrulla expedicionaria fue inmediata; ordenando la captura del Camin, quien fue perseguido por las sierras varios días. Por la Quebrada de los Leones trepó la sierra y enfiló hacia el cerro Supaj Ñuñu, donde posteriormente fue acorralado. En desventaja para la lucha se defendió arrojando grandes piedras por las pendientes, que tuvieron en jaque a los españoles por varias horas. Esta situación no podía durar mucho tiempo, hasta que al final tomando la determinación más extrema, prefiriendo la liberación a cambio de su vida; tomando por la pendiente en desenfrenada carrera, llega al borde de los enormes despeñaderos ubicados en la ladera norte y, como si fuera un cóndor que inicia un raudo vuelo, con ímpetu se arrojó al vacío, para luego desplomarse en el abismo, donde encontró la muerte, muerte que lo reviviría en el tiempo, como un símbolo redentor de la libertad.
Por unos instantes todo fue silencio. Sólo se oía el viento entre los riscos y el murmullo del arroyo en el fondo de la honda quebrada, donde yacía su cuerpo inerte. Cosco-Ina, con la esperanza de volverlo a ver, permaneció expectante durante varios días, con su mirada hacia el cerro, que con su muda imponencia, parecía dictarle la sentencia de un mal presagio. Entre tanto se producía el regreso de los perseguidores del Camin, con los cuáles esquivó el encuentro presintiendo una mala noticia, que no quería escuchar ni concebir.
Fue así que Cosco-Ina decidió alejarse del lugar encaminándose, hacia las montañas con la esperanza de su amado y escapar juntos hacia otros lugares lejanos donde rehacer sus vidas.
Durante varias jornadas deambuló por los cerros y quebradas, exclamando a cada paso, con toda la fuerza de sus pulmones, el nombre de su hombre, sin obtener respuesta alguna; hasta que en las postrimerías del tercer día, se dirigió hacia la cumbre del Supaj Ñuñu, con el fin de obtener más campo de observación; al tiempo que se derrumbaba esa esperanza y una idea se iba encarnando en ella; encontrarlo vivo, o morir junto a él.
Largo y escabroso fue el sendero que le tocó recorrer, y así, mientras ascendía la empinada cuesta, una ansiedad infinita la impulsaba a subir más y más rápido; cuando de pronto, una bandada de jotes, que planeaban en círculo sobre un punto fijo y al norte del cerro la hizo estremecer, y presintiendo la tragedia, corriendo bajó hasta el borde de los abruptos de los empinados espeñaderos, con el fin de observar mejor, o atraída por una intuición y, agudizando la mirada, pudo ver horrorizada, el cuerpo de su amado que yacía en el fondo de la honda quebrada. Abatida y sin consuelo, permaneció inmóvil durante largo tiempo, mientras el dolor le carcomía el alma, y entrecortados sollozos la ahogaban, la aferrada idea se convertía en decisión: morir junto a su amado y en el mismo sitio.
Ya era muy tarde, el sol en el ocaso caía detrás de las Sierras Grandes, cuando Cosco-Ina a manera de despedida, observaba por última vez su terruño, y en un lastimero y largo grito, exclamó: “¡Camin…! y abriendo los brazos como intentando un planeo, saltó al vacío para ir al encuentro de su amor perdido. Esta vez no hubo silencio. ¡El eco en las montañas repitió por mucho tiempo aquel grito lastimero de Camin… Camin… Camin…! Mientras la penumbra de la noche iba cubriendo con su poncho, aquel lugar. Allá en lo alto, dos cóndores se elevaban circundando el cerro, cada vez más hasta perderse en la inmensidad celeste de ese diáfano cielo de las Sierras cordobesas.
Desde entonces, al llegar la primavera. A orillas del arroyo de cantarinas aguas que vierten del majestuoso Supaj Ñuñu, las acacias rojas se cubren con sus racimos granates, como si fueran gotas de sangre, que se derramaron aquella vez, en aras de la libertad del amor y la fidelidad.

Leyenda del hornero - Versión II

Mito

Frente a la entrada de su choza el indio transformaba el barro en hermosas vasijas y pulidos platos. No en vano era el mejor alfarero de su pueblo.
Su alegría era grande, al día siguiente iba a casarse con la joven más hermosa de la tribu, también alfarera.
Esa noche, como todas las noches previas a un matrimonio, se reunieron en consejo las familias de los novios con el cacique y el hechicero para la ceremonia de presagios.
El hechicero bailó, como siempre lo hacía, cantó… como siempre lo hacía y luego… arrojó al fuego un puñado de bayas como siempre. Y fue entonces… cuando sucedió lo que nunca ocurría… el fuego se apagó, un viento muy fuerte tiñó con cenizas a los concurrentes y cuando todos miraban horrorizados lo ocurrido, el hechicero presagió grandes desgracias derivadas de aquel matrimonio.
Bajo tal influencia el cacique prohibió su realización.
Los enamorados convinieron fugarse a la selva donde establecerían su hogar.
A la noche siguiente huyeron, pero los indios los persiguieron lanzando flechas con agudas y e envenenadas puntas. Cuenta la vieja leyenda que cuando los jóvenes caían mortalmente heridos, un revuelo de plumas y trinos surgió en el lugar. Cuenta la vieja leyenda que ambos se transformaron en esas hermosas y simpáticas avecillas que empleando su habilidad para modelar hacen, cantando, su nido de barro.
Cuenta esa vieja leyenda que así nació el hornero, pájaro laborioso de los campos argentinos.

Leyenda del Algarrobo

leyendas

Hace mucho tiempo había un pueblo aborigen que vivia muy feliz, comían de los frutos de la tierra y estaban sanos porque usaban las plantas como medicinas.
Pero la gran riqueza les hizo olvidar sus deberes cotidianos, dejaron de levantar los altares a sus dioses, permitieron que las herramientas de trabajo se enmohecieran y se olvidaron de sus campos. Se dedicaron solamente a las fiestas y las diversiones.
Tuca, la hija del gran cacique, rezaba para que la desgracia no cayera sobre ellos, pero el dios sol, enojado por la pereza del pueblo, arrojó sobre ellos sus poderosos rayos y quemó la tierra, convirtió sus reservas en granos de polvo y escaseó el agua.
Tuca corrió hasta un altar y dejó alimentos, encendió un fuego para quemar hierbas olorosas y rezó a la Pachamama.
Vencida por el llanto se quedó dormida, tuvo un sueño en el cual la diosa Pachamama se le aparecía y le decía: “levántate Tuca, y junta los frutos del árbol que te cobija, y así tu pueblo se salvará y lo llamará con tu nombre.
Tuca se despertó y miró hacia arriba, un árbol gigantesco le había prestado su sombra y de sus ramas colgaban vainas marrones cuya forma nunca haría pensar que servían de alimento. Tuca juntó las vainas y corrió a llevárselas a su gente.
Así conocieron al algarrobo que los salvó del hambre y la perdición.
Fuente: Web de la municipalidad de Mina Clavero
Gran parte de los pueblos existentes desde los inicios de la cultura humana, nos ha dejado en herencia, miles de artefactos arqueológicos indescifrables, de carácter sagrado, como representaciones de animales, humanos y objetos, pinturas y grabados, etc... Además nos han legado extrañas leyendas de enfrentamientos entre seres Divinos y humanos. También rituales sagrados y misteriosos, celebrados a la luz de las estrellas.
En todos los casos: lugares, obras de arte, y rituales de carácter secreto, que nuestros ancestros hacían por alguna importantísima razón, ya que dedicaban gran parte de su tiempo y esfuerzo en su elaboración, pero cuyos significados y finalidad última han permanecido ocultos. Por ello La Guarida le ofrece una serie de Leyendas del Lugar, para que las conozca, las comprenda y las lleve junto a su corazón….

Capilla del Monte

urbano

En 1585, se le concedió a Don Bartolomé Jaime las tierras que hoy ocupan Capilla del Monte y sus alrededores.
La merced entregada al colonizador español, provincia india de Yaque Sequis, fue repartida a su muerte en seis partes, correspondiéndole cada una de ellas a cada una de sus seis hijas. Las tierras que hoy ocupa la población fue heredada por doña Lucia G. Jaime, devota de San Antonio, en 1617.
Esta dama española hace construir un oratorio de pobre arquitectura colonia, con piedra y adobe, que abundan en el lugar, y a partir de entonces, en los documentos cartográficos aparece el nombre de “Estación de San Antonio del Monte”. La antigua capilla, estaba enclavada en la parte baja de la actual, a la altura de las hoy calles 25 de Mayo y Pueyrredón. La rodeaban bosques inmensos de palmeras, plagados de vizcacheras y cuevas de pumas. La imagen central del oratorio era una talla en madera de San Antonio de Papua, imagen que aun se conserva, no así la capilla que en 1924 es demolida para dar paso a la nueva Capilla.
En esta época ya era párroco de la localidad un cura gaucho, paralela sus andanzas al otro de tras la sierras, el cura Brochero. Este cura, venido enfermo, y para buscar salud en el Pueblo de San Antonio, ahora Capilla del Monte, no era otro que el recordado Padre Gómez. Que en 1921, llegó a Capilla del Monte, con intención de quedarse poco; hasta que el clima de la región le devolviese la salud que había perdido por Morón, sus pagos, en la provincia de Buenos Aires. Y a propósito del cura Gómez, todavía, y creemos que por mucho tiempo, los viejos capillenses recuerdan sus andanzas por la zona.

Cerro Uritorco

Argentina

Cuenta la leyenda, que vivía, hace muchos siglos, una tribu de los comechingones, llamada Timbres. Su cacique, pacifico pero temido por su fuerza, desposase con un india, con quien se profesaban un entrañable amor. De ellos nacieron dos niñas mellizas, y luego otros hijos que vinieron a dar más felicidad a su vida de paz y trabajo. Envidioso de tanta felicidad, un cacique de otra tribu vecina pretendió robar la esposa del Thimbu. Enterado éste, se trabó en ruda lucha; pero quiso el destino que el demonio se posase sobre el brazo del indio ladrón y diese muerte al jefe Thimbu. Lucho luego con la amante esposa para poseerla, pero ésta para no traicionar a su marido muerto, se transformó en agua y comenzó a correr entre cerros y valles.
El cacique Thimbu, muerto, es Utiroco, y quedó tendido mirando al cielo para siempre. Observando el cerro, veremos su semejanza con el perfil de un hombre yaciente. Y su compañera transformada en agua cristalina, entre cerro y quebradas, es el Río Calabalumba. Las hijas mellizas de este fiel matrimonio son Las Gemelas que nunca se alejaron de sus padres muertos. Uritorco, transformado en el actual cerro, siguió protegiendo a su pueblo; y a la verdad que su mole granítica, protege a la zona de tempestades y ventiscas. Calabalumba sirvió para refresco y alegría de su tribu, que siguió viviendo en sus riberas. Todo el Uritorco derrama sus aguas en él; tempestuoso en épocas de lluvias, oradó la piedra formando cavernas y refugios para su gente y, manso en épocas de sequía, trajo fecundidad para sus cultivos.
Dicen los turistas que en él se bañan, que notan que sus aguas acarician y producen una sensación de infinita paz.

Cerro Uritorco 2

Historias, leyendas y mitos de Argentina

Nos cuenta que viril Cerro fue un joven indio enamorado de la bella hija de un hechicero, que se convirtió en una satánica figura para perseguir el amor maldecido de Uritorco y Calabalumba.
Huyeron, fugitivos y acosados por el negro demonio de muerte, hasta que alcanzados por el Uturunco, se transformaron ambos… El, en el magnifico Cerro y Ella, en ese río de lagrimas que brota de su pecho de piedra. Pero el hechizo de ese amor perduró en conjuro para siempre. Por eso es que, el que contempla el Cerro queda embuido de ese halito de amor que irradia, hermoso y raro, sus camaleónicas tonalidades embriagan los sentidos y mareados de sensaciones, solo deseamos su presencia eterna en nuestra retina y el nunca acabar de mirarlo. Los que nacimos bajo la protección de su magnética influencia o aquellos que como turistas se plantaron asombrados por primera vez a la vista de su secular figura pétrea, jamás retrotraerse a su atracción que emana bienestar. Al Uritorco lo serpentea un camino que posibilita una vibrante emoción sobre los precipicios.

El Comienzo

Antes de la conquista de América, que concluyó con la muerte de casi todos los aborígenes y el robo de sus pertenencias, el Cerro Uritorco era considerado sagrado por los indígenas de la época.

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La tradición oral que llega a nosotros a través de las creencias populares de los ancianos lugareños, nos dice que estas tribus contemplaban extasiados las luces o entidades cósmicas que surcaban los cielos, atribuyendo ente fenómeno a los espíritus de los muertos milenarios que emergían de sus tumbas, cuanto mas grande era la luz, mayor energía demostraba tener el espíritu visitante. Los grupos aborígenes consideraron al Cerro Uritorco un centro de convocatoria energético y religioso donde se tuvieron lugar los rituales de acuerdo a sus calendarios, como la mayoría de las civilizaciones indígenas de todo el continente Americano. En cuanto a los indígenas de la zona, en este punto destacamos que realizaban bailes tomados de las manos y entonaban cantos llamados mantras (cantos especiales para llamar a entidades astrales).
De acuerdo a estudios de expertos se puede determinar que los morteros que están en diferentes zonas cercanas al Uritorco, fabricados por los indígenas, eran empleados en rituales mágicos y sagrados, y con el uso de estos pozos en las piedras podían ver diferentes constelaciones, se ha determinado que en la parte inferior de los morteros estaba representado el cosmos con sus campos de fuerza.
De acuerdo a la historia narrativa es posible afirmar que los indígenas de esas zonas podían ver hombres que caminaban, algunos sin tocar el suelo, por las sierras y desaparecer de forma imprevista, seres que tal vez venían de la profundidad del planeta o de planetas vecinos, es mas aceptada la versión que estos entes divinos provenían del interior de la tierra, tal vez desde una población intraterrena llamada ERKS.

Ciudad de Erks. “El Misterio de la Ciudad Oculta”

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Los estudiosos del tema opinan que no todos los seres humanos comunes tenemos la suficiente capacidad para VER lo que esta ante nuestros ojos o bajo nuestros pies, esa capacidad solamente la tienen algunos elegidos o quienes se inclinan hacia el campo de la fe, que no solamente puede mover montañas sino que quizá logre que podamos VER lo que nuestros ojos no perciben y lo que nuestros pies no pueden pisar.
Si bien nuestro planeta no es hueco ya la ciencia ha demostrado que está surcado por grandes túneles y amplísimas cavernas, cuya formación no se ha podido determinar si fueron producto de los cambios geológicos o construidos por antiguas civilizaciones hoy desaparecidas. Las entradas a este mundo subterráneo son innumerables y se encuentran en todos los continentes y aún bajo el agua.
La existencia de lagos de profundidad desconocida, o cavernas con accesos que aparecen y desaparecen inexplicablemente dan origen a infinidad de historias.
La leyenda del cerro Uritorco cuenta que hace mucho tiempo hubo un cacique de la tribu de los comechingones, que gobernaba con justicia a su pueblo y que dominaba las fuerzas de la naturaleza y del cielo porque poseía conocimientos que había obtenido en una profunda cueva que solo él conocía. También se cuenta que el caballero Parsifal custodio del Santo Grial viajó a esta Montaña Sagrada buscando el Bastón de mando o Piedra de la sabiduría. Y es esta historia del siglo XII la que indujo en este siglo a científicos, místicos, aventureros, e incluso expediciones militares a la búsqueda de la Ciudad de ERKS.

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La literatura hermética habla de ciudades subterráneas comunicadas entre sí habitadas por seres muy evolucionados algunos de origen terreno y otros no.
Encuentro de Remanentes del Cosmos Sideral es una ciudad de sabiduría con una energía especial que la llaman energía ono ozone, los seres que la habitan saben utilizarla y nos ayudan a recibir esos conocimientos. La clave es la armonía en el movimiento, debemos ser coherentes con lo que hacemos, decimos y sentimos.
La Ciudad de ERKS existe en un plano de vibración más elevado que el del hombre actual por eso podemos verla con los ojos físicos pero, sólo si nos preparamos para ello. Aún así el cielo nocturno nos regala diariamente un espectáculo de energías en movimiento, esferas, tubulares o formaciones de naves que responden a nuestros pensamientos. Desde el plano espiritual ERKS será el refugio de la nueva raza en los difíciles tiempos de los cambios por venir.

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Cuando se visita esta zona aún desconociendo los efectos de la actividad del lugar, todo se redimensiona, aceptamos el mensaje y no cuestionamos al mensajero.


Erks puede ser vista y visitada!!

En la sierra del Pajarillo, ladera norte del Cerro Uritorco, por la acción del tiempo se acumularon distintos sedimentos que formaron extrañas formas en sus piedras y esta razón podemos encontrar distintas figuras relacionadas a los seres humanos, tales como obeliscos y hasta la silueta difusa de una ciudad perdida. Es un conjunto de piedras color rojo y el lugar se lo conoce con el nombre de “Los Terrones”, desde ese lugar y con la experiencia necesaria para el caso, podría ser divisada en una noche clara la ciudad perdida, o la ciudad que se encuentra en otra dimensión , cuya vista esta destinada par pocos mortales.

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Cientos de personas dicen haber ingresado mental o físicamente a esta ciudad, a la que describen como enorme y espaciosa, cruzada por canales secos por donde transitan naves de luminosas y etéreas, en el centro de la ciudad se encuentra el Templo de la Esfera o de los Tres Espejos, en estos espejos, los habitantes de Erks intercambian datos cósmicos.

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De tanto estudios que se han realizado, muchos estudiosos del tema afirman que se trata de una ciudad que sirve fundamentalmente para concretar una comunicación cósmica y contribuye al intercambio de sabiduría, por estas razones, la zona es considerada única en el planeta tierra ya que seria el primer epicentro energético cósmico comunicacional. ERKS significa: ENCUENTRO DE REMANENTES COSMICOS SIDERALES.

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Hay cientos de hipótesis tratando de explicar la razón de los fenómenos respecto de la ciudad ERKS y un “Bastón de Mando” o “Bastón del Mando”. Se hablo de que la estructura interna del cerro Uritorco, Cerro Macho o Cerro de los Loros, por contener elementos naturales (pirita, azufre y otros similares), es una fuente de abastecimiento extraterrestre, lo que llevo a pensar que la base de la montaña, en su interior, es una gran base construida por seres de otro planeta.
Existen pruebas que en la década del 30, en las cercanías del Cerro Uritorco fue encontrado un elemento con forma de bastón. Este bastón es de piedra y recibió el nombre de “Bastón de Mando” o “Piedra que habla”

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La leyenda de este bastón se remonta, según los investigadores, a unos 8000 años, un jefe indio (cacique) llamado Volcán de la tribu de los Comechingones lo mando a construir y en este reside la forma mágica la gran sabiduría de la humanidad toda. Algunas mitologías muy antiguas de la India, Afganistán, Persia, Parir y el Tibet, extrañamente hablan de este hecho hace 7 u 8 mil años.

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Tales leyendas tomarían realismo en el siglo 12 con la aparición en Germania de un caballero que desempeñaba tareas en la corte Real Inglesa del Rey Arthur. Aparentemente, este hombre llamado Perdifal, y trajo además una cruz de un templo y los depositó en las montañas denominadas de Viaravá en las llamadas Sierras Chicas de Córdoba. La leyenda está sostenida por un relato épico con escasa credibilidad histórica, pero en este caso, la existencia de una serie de textos aporta a este enigma, un carácter de realismo. Involucrando a las tierras de Argentina y fundamentalmente a Córdoba. Una de estas culturas indígenas fue llamada Ampajango con más de 10.000 años de antigüedad.

Acerca del Bastón de Mando
De acuerdo a datos encontrados en la Red, en 1948, el arqueólogo alemán Jorge von Hauenschild, estudioso de la tradición del Grial y el Bastón de Mando, examinó meticulosamente la pieza concluyendo que: -“El pulido es característico del período neolítico por lo cual se calcula su antigüedad en 8.000 años AC”. El Bastón tiene una longitud de 1,10 m., está trabajando de forma cónica, con 4 centímetros en su parte mas ancha en la base. El peso total es de cuatro kilos. Por estudios realizados con detectores electromagnéticos y espectrales, se comprobó que el mismo genera intensos campos electromagnéticos de origen desconocido. Se supone que estos campos podrían generar en alguien con ciertas condiciones energéticas específicas, una “conexión” parafisica con otras realidades o conocimientos extras. Otros opinan que este bastón es la “llave” para ingresar al Santo Grial, que no sería otra cosa más que un camino al conocimiento supremo y al cual se accederá únicamente teniendo el “Bastón de Mando”.
“Únicamente es necesario tener fe para ver los que otros no pueden apreciar y poseer un tacto espiritual para tocar lo que otros no pueden palpar”.

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Los Terrones

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Entre los peñascos, vemos uno que es llamado por los lugareños como el Terrón Hablador.
Así se lo denomina por la claridad con que repite -en eco- la palabra de sus visitantes. Los lugareños saben la historia triste de este Terrón hablador.
Cuando los descendientes de Don Bartolomé Jaime, lugarteniente de Jerónimo Luis de Cabrera-fundador de Córdoba- estaba poblando esas comarcas, un criollo pobre pero muy trabajador, a quien la leyenda le llamó Eudoxio, se enamoró locamente de una china, trenzada y cariñosa: La Clemira. Juntos edificaron el rancho y lo rodearon de un corral de chivos, alguna vaca y caballada como para arar en el valle y sembrar el maíz de su mazamorra. Pero al tiempo, la Clemira, que resulto ser ligera como galgo y demasiado querendona, se le fugó con el Criaco, gaucho compadrito y vago, pero guitarrero, famoso por ladrón de chinas ajenas. Herido en su corazón de gaucho bueno, Eudosio, lloró a su prenda perdida y la busco por cerro y valles.
A los años, flaca, clinuda y con mucha hacienda, pero toda sobre su cuerpo, volvió la Clemira; había sido reemplazada por el ladino ladrón, así como ella en su época reemplazó a otra. Estaba Eudoxio leñando en el monte unos quebrachos para subsistir sin tanto hambre –aunque todavía con dolor- al verla, su amor de antes se le transformó en sangre y brotó por sus ojos negros.

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Su cruza de quietud española y sabiduría india, de nada le sirvieron, y, de un golpe de hacha, partió el cráneo de la china. Atormentado por los demonios que entraron a poseerlo, enfiló para los montes y llegado a Los Terrones se sentó a llorar su desventura. Su pecho, sin él quererlo, empezó a gritar el nombre de su china amada y sentía que alguien le contestaba. Pero su mente atormentada, no sólo oía el eco -que de eso se trataba su audición- sino que también oía voces de llanto de la muerta. Ciego de miedo y dolor se paró sobre sus piernas temblorosas y quiso el destino, o el demonio que lo poseía, que la greda cediera bajo su peso y cayese entreverado con su tierra querida al vacío. Allí quedó en el fondo de una vertiente, hoy hecha arroyo, y su sangre fue abono para plantas que desde ese momento curarían los males físicos y de amor de los vecinos de la comarca.

Ongamira

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A principios de siglo, paseó su desgarbada y mal vestida osamenta, un gaucho, muy rico por herencia en dinero y por experiencia en sabiduría. Anfitrión de muchos artistas argentinos que conocieron y gozaron de su hospitalidad en su tapera. Un hombre que a decir de los pocos que lo conocieron y que aún viven, sólo cambiaba su ropa, cuando estas se le caían de a pedazos. Este gaucho era Don Samuel Córdoba. Su tapera sirvió de recepción a artistas como Mecha Ötiz, Atahualpa Yupanqui y a personajes relevantes de la historia de Córdoba, como Don Deodoro Roca. Todos ellos saborearon sus famosos asados con cuero. Pero el gaucho Don Samuel Córdoba, no dormía en su tapera, sino que lo hacia donde lo sorprendiera la noche; y como sus dominios eran inmensos, la más de las veces lo sorprendía al sereno y hacia su cama con el inseparable apero, un cuero de oveja mal oliente por haberlo curtido el, si saber hacerlo, pues hasta las patas le había dejado y su perro con mas garrapatas de dientes.

El Zapato “Cada trece lunas… en El Zapato”

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Hace cientos de años, los aborígenes, pobladores de la zona, se reunían en el lugar. Cuenta la leyenda que cada trece lunas -un año de nuestro calendario- en la zona al abrigo del “Zapato”, se reunían los caciques, hechiceros, curanderos y jefes guerreros de todas las tribus para meditar y deliberar. Mientras los hechiceros pedían amparo y sabiduría al Zapato; los caciques se reunían rodeando una mesa, que la naturaleza les había colocado a quinientos metros de esta joya de arquitectura natural, que es la mole del Zapato. Sobre uno de los muros naturales del cañón del Río Dolores, lugar elegido para la construcción del Dique El Cajón, más exactamente sobre la barranca del lado oeste, existe una piedra que adopta la forma de una mesa de tres patas. Esta seria la mesa deliberativa de la reunión de caciques de las tribus Comechingones cada trece lunas.
Mientras sus hechiceros, magos y curanderos, pedían también reunidos al pie del Zapato, sabiduría y visión para seguir guando a sus tribus.

Águila Blanca

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Aquí termino sus días el Gaucho Barce, fugitivo de la Justicia por varios años.
Por cuestiones de “miedo reciproco”, según cuanta don Firulete, se cimentó un profundo odio entre el prófugo de la Justicia y quien la esgrimía en ese momento, “el Alcalde” del pueblo, un tal don Juan Manuel Olmos, hombre influyente, rico, justo y leal, muy apreciado por sus dones.
Ambos sabían que eran contadas las horas que restaban para un definitivo enfrentamiento con mal fin.
Una fría y oscura noche de Agosto, el pendenciero quiso madrugar. Armado con un trabuco naranjero y el infaltable facón al cinto, montado en un overo -que era una pinturita-, el gaucho Barce se llego hasta la casa de Don Juan Manuel, ubicada en Corral Viejo, hoy Águila Blanca.
El dueño de casa recién terminaba de cenar y aun estaba en la mesa cuando irrumpió el gaucho Barce, trabuco en mano; asesto el arma sobre el pecho del azorado don Juan Manuel, tomándolo indefenso.-“vengo a verte, así no me seguís buscando”. Milagrosamente, el gatillo celoso y el índice tembloroso hicieron que el tiro se desviara y fuera a impactar en una imagen de San Antonio que estaba sobre una repisa. Ni lerdo ni perezoso, don Olmos, manoteó el machete y de un solo golpe cercenó la mano del agresor. –“Estoy rendido, no me mates…”, gritaba el gaucho Barce. Pero el fin era inevitable. Desde la cocina, la esposa del Alcalde, disparo sobre el maleante y termino con su vida.
Lo importante, que don Juan Manuel Olmos, agradecido por vida de San Antonio, fue uno de los que ayudo a construir la nueva Capilla donde hoy se rinde culto al Santo Patrono..



Río Dolores

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Por las márgenes de este río paseó su figura de gaucho vago y ventajero a mediados del siglo pasado, Don Ceferino Quevedo, el tío Severo, para muchos de sus parientes que aun viven, allá por los altos.
El tío Severo, gaucho mentiroso y embaucador, anduvo cosechando oro extraído por manos ajenas, mas trabajadoras que el. Juntó muy pocas pepitas y más piedras en una alforja y salió a realizar algún cuento del tío por las estancias vecinas. Hasta se afeitó esa vez su dura y poco espesa barba de charlatán
Llego con su mulo y su alforja a un campo de gente rica y trabajadora. Con cara de comerciantes acaudalado, palabra amena y como si supiera, quiso comprar cien vacunos al dueño. Decía que tenía pensado echar mil a su campo. Confiado el hacendado encerró los 100 vacunos en un corral.
El tío Severo le preguntó si sabia de algún otro ganadero que tuviese hacienda de primera para ir a comprarle más. Informole que a diez leguas estaba un amigo de él que tenía lo que buscaba. Entonces el tío Severo ofreció al hacendado dejar la hacienda cuatro o cinco días y le pidió efectivo en préstamo, pues no lo llevaba encima. Le dejaría en garantía la alforja llena de pepitas de oro del río Dolores y además parte de las monedas de oro del tesoro que el con un amigo habían descubierto, y, que en la época se comentaba que los Jesuitas habían escondido al ser echados del país.
Palpó el hacendado el peso de la alforja y creyendo en la seriedad del comprador, entregó una fuerte suma, aceptando quedarse en garantía con la alforja.
A los diez días, y como el tío Severo no volvía, dio parte a la policía para abrir la alforja con el oro, pues no quería demostrar estar aprovechándose.
Cual no seria el disgusto cuando constató que en la alforja había solo piedras y tejuelas juntadas a la orilla del río dolores, y que sus pesos fuertes habían volado con el tío Severo, que le había hecho “El Cuanto del Tío”.

Leyenda de los Molles “árboles sagrados”

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Cuenta la leyenda que había un cacique llamado Alimin, enamorado de la india Miskhi. A la llegada de los españoles, un oficial, Rodrigo de Soria, quiso raptar a la joven india. Los aborígenes enamorados huyen internándose en los bosques de Molles y viéndose rodeados por los perseguidores, se matan. De allí en más los molles, árboles sagrados de nuestra región flechan a los que buscan su sombra vengando así la muerte de los enamorados.

Huertas Malas

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Detrás del Uritorco, y en un inmenso embudo entre cerros; tierra de una vegetación exuberante.
Duraznillos florecidos en primavera, dan calidez al paisaje serrano. Su vegetación, vertientes y cuevas al pie del Cerro Macho, dan lugar a, pensar que en otras épocas sus pobladores vivían en el lugar como en el paraíso terrenal. La llamada “Cuevas de los Vientos”, curiosamente enclavada al pie del Cerro, produce una corriente de aire que con su fuerza no deja crecer malezas a su entrada.

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Plagada de víboras, -no todas venenosas- y pájaros; en días de verano sin brisa, la corriente de aire que expele produce un bramido, que en la noche, ante el silencio de la oscuridad, parece la boca del Uritorco que suspirase. Es el “bramido” del cerro, que a veces impresiona.
Mas abajo, otra cueva; sus paredes son de un brillante gris acerado y se la conoce como “La cueva de la Plata”.
Los paisanos de la zona, cuentan que sus abuelos, hablaban de un hombre, que bajaba de los Altos y vendía frutas secas a los vecinos del pueblo. Pedía en cambio ropas viejas y algún trozo de tocino o grasa.
Era un hombre alto, muy rubio, de espesa y larga barba y cabello; ojos azules, buen mozo. Vestía pantalones ajustados, chaquetilla larga y calzaba con cuero de guanaco que cazaba en el lugar. Lo llamaban “El Ermitaño de la Huertas Malas”, y era amigo de las víboras, de los pájaros y de los pumas.
Las frutas las cosechaba de plantas que el mismo había sembrado; y no son otras que los duraznillos e higueras, que hoy creemos salvajes y que en el lugar abundan.
Vivía en una casa hecha contra la piedra, al pie del Úritorco. El mismo la fabricó con tino de arquitecto y todavía mantiene sus muros. Se alimentaba de yuyos, frutos y carne de animales salvaje que cazaba con trampas que el mismo fabricaba.
Hacia 1870, dejó de bajar al pueblo; y dicen que fue asesinado por ladrones que lo creían rico en plata y oro, que suponían el había encontrado en la zona. Lo cierto es que los huesos no pudieron encontrarse.
Los menos jóvenes del pueblo, dicen que “El Ermitaño de las Huertas Malas”, era un capitán Español, que lucho en la batalla de Tucumán, y que, en desbande y mal herido, perdió contacto con los suyos que huian hacia Salta y enfiló hacia el Sur. Así llego a las Huertas Malas y se afincó en el lugar hasta el día que lo mataron. Su acento muy castizo, que desentonaba con el serrano de los lugareños; su forma de vestir y su palabra década de costumbrismo español, pueden hacer verdad la leyenda que tras este personaje se ha creado.




Comechingones -pequeña referencia histórica-

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Huárpidos. En español, su nombre significa "morador de cuevas". Había dos grupos lingüísticos: el del norte, que hablaba la lengua benia, y el del sur, o camiares.
Localización: habitaban en cuevas desde la zona de Cruz de Eje hasta la de Achiras en el sur, en la provincia de Córdoba. En San Luis ocupaban el área de Conlara.
Hacia 1543 Diego Fernández, cronista de Diego de Rojas, describe a los Comechingones de las sierras cordobesas.
Lo que más le llamo l a atención a Fernández, fue que estos indígenas usaban barba. La pilosidad es una característica de la raza huárpida y no es común en otros grupos de América. Los describió "de alta estatura y de mayor pilosidad y pigmentación que otros indios...".
Origen

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La antigüedad de los comechingones en las sierras cordobesas parece muy remota; la gruta de Candonga fue habitada desde los primeros tiempos de la era presente; pero son anteriores todavía los aborígenes de los yacimientos de Ongamira y Observatorio, pues todavía no conocían la alfarería y predominaba en ellos el instrumental lítico y de hueso. Alberw Rex González estudió el horizonte precerámico de las sierras cordobesas, el yacimiento de Ayampitin en Pampa de Olaen, el abrigó de Ongamira, la gruta de lntihuasi, en San Luis. Los restos arqueológicos hallados tendrían una antigüedad de cinco milenios, según O. Menghin. Elementos de la época paleolítica como las puntas de lanza o jabalina, de piedra y en forma de hoja de laurel, hallados en varios lugares, perduraron hasta la llegada de los españoles; probablemente aquellas "medias picas" de que hablan los documentos de la época de la conquista fuesen esas antiguas lanzas o jabalies...

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La leyenda de “La pelada de la Cañada”

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Corría el año 1885, año en que se implantaba la Ley Nacional del Servicio Militar Obligatorio. Además en ese mismo año, Leopoldo Lugones fundaba el primer Centro Socialista.
Por esos tiempos, todavía Córdoba se alumbraba por las noches, con farolitos a gas de carburo de calcio y la ciudad se constituía en una aldea esencialmente religiosa, que se acostaba con murmullos de rezos y se despertaba al tañer de las campanas de sus iglesias.
Se vivía en una época de duendes y fantasmas. La superstición o la credulidad del pueblo, se entremezclaba con creencias esotéricas, donde proliferaban sucedidos y leyendas que corrían en las tertulias familiares llegando esos comentarios a atemorizar las mentes infantiles, hasta en las horas de “las inevitables siestas”, creando duendes y fantasmas, merced al clima propicio de aquella sociedad.
En cada baldío o zanjón, la imaginación de aquellos habitantes creaba un fantasma, nos atreveríamos a pensar. Los lugares mas aprensivos por lo sombrío del panorama, solía ser La Cañada, culpable también de las inundaciones traicioneras.
Fue justamente en La Cañada, especialmente en el trayecto desde Las Cinco Esquinas hasta su desembocadura con él rió, que empezó por aquellos años a aparecer un fantasma, que durante largo tiempo provocó el temor de muchos cordobeses, para después convertirse en una leyenda.
Las características de este aparecido, según los comentarios, de los que decían que lo vieron: “Era movediza, tenía una lustrosa pelada, vestía de blanco y crecía y sé encogía con facilidad”. Tratábase de “La Pelada de la Cañada”. De Pronto se aparecía cerca de la Capilla del Niño Dios (que se ubicaba en la intersección de la calle San Juan y La Cañada), como por las inmediaciones de la vieja fábrica de porcelana, por la calle Rioja.

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Tal vez aprovechando la fama de “la Pelada de la Cañada”, sin dudas, habrían aparecido algunos imitadores. Pero lo cierto es, que entre los asaltados por este fantasma, habría un comerciante “turco” que decía se le había aparecido por la fabrica de porcelana. Lo interesante del caso, era que del susto recibido, no podía bajarse del caballo que montaba, y pretendía por ese inconveniente, hacer la denuncia desde su cabalgadura. Cuentan que el comisario no encontraba la manera de hacer descender del animal al denunciante y al preguntarle el “por qué de su actitud”, contestole el turco de marras:
>Pasar señur comesario, que la Belada de la

10 comentarios - Historias, leyendas y mitos de Argentina

@Bloost
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@ricarditotedigo
yo te sigo capo
@MarianoHetfield
Te faltaron las del uñudo y la luz mala.
@gmemoriam
Faltan varias.
Seguramente haga otro posts con más.
@MarianoHetfield
@gmemoriam ok
@Vibora_coja
Buena recopilación. Buen laburo. Gracias por compartir
@pilinfer
"El alma mula" y "La luz mala" ....
@IVANIVX +2
se fueron de putas