La inflación y los salarios: un análisis de la realidad

2014 ha comenzado con incipientes polémicas en el ámbito político y económico. Sin duda, la mayor preocupación de los trabajadores estriba en el creciente ciclo inflacionario y las intrincadas negociaciones salariales que, en la mayoría de los casos, no alcanzan a atenuar la inflación o lo hacen por tiempo limitado. En tal círculo vicioso, impera el mito que los ajustes salariales refuerzan las escaladas inflacionarias o incluso, según fuentes más liberales, éstos son el motor de la inflación. Un análisis desbancando tal falacia haciendo foco en los motivos de fondo: los monopolios, la producción y la redistribución de la riqueza.

No queda duda que la inflación como fenómeno económico es un rasgo inherente al actual modelo político-económico. A priori, podría inferirse que la Argentina adolece de un mal recurrente que podría catalogarse de “crecimiento inflacionario”: cada vez que el país se halla en un período de bonanza económica, ésta se ve acompañada por escaladas en el nivel general de precios. Sin embargo, concluir que la inflación per se está originada en el crecimiento económico es un reduccionismo de lo más absurdo. En todo caso, el génesis del problema está en sintomatologías enraizadas en la producción, la cadena de valor, la monopolización de sectores estratégicos y la consecuente aparición de formadores de precios, y finalmente, como mayor factor de peso, la redistribución de la riqueza.

El crecimiento “a tasas chinas” dado en la última década no fue acompañado en similar ritmo por la inversión en infraestructura productiva, energía y transporte. Irremediablemente, la economía iba a llegar a un cuello de botella donde se haría cada vez más notoria y dificil de controlar la distorsión entre precios y salarios. Ello, sumado a la especulación y psicósis desatada por el dólar tras la reciente devaluación del peso, catapultó los precios. Pero en aras de aclarar un panorama que para muchos parece difuso, es preciso ahondar en ciertos conceptos como inflación, devaluación y distribución de la riqueza.

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Inflación vs. paritarias: la velocidad con la que ascienden los índices inflacionarios deterioran en tiempo récord los logros obtenidos en las negociaciones paritarias de los sindicatos. El caso informático muestra un diagnóstico peor al no haber aún convenios colectivos de trabajo para el sector.

¿Qué es la inflación?

En breves líneas, la inflación es un aumento del nivel general de precios en forma generalizada y sostenida durante un período de tiempo, comunmente de un año. Esto significa que la variación porcentual de los precios en un contexto inflacionario no está necesariamente supeditado a la oferta y la demanda de un determinado bien o conjunto de bienes, sino que los precios de todos los bienes y servicios tienen una tendencia al alza. Dicho esto es necesario revisar qué motiva la inflación.

Causas y consecuencias

En función de las diversas corrientes de pensamiento económico, existen diferentes opiniones sobre el orígen de la inflación. Sin embargo, es posible converger que ésta es un fenómeno multicausal dado que existen varios otros motivos que contribuyen a la volatilidad de los precios:

>> Crecimiento explosivo de la demanda y oferta fija o con escaso crecimiento: tal como se mencionó al inicio de este artículo, la Argentina adolece de un problema ya casi aggiornado cuando experimenta ciclos de crecimiento económico: en paralelo al incremento de los niveles de producción y consumo, comienzan a subir los precios. ¿Por qué sucede esto? El problema puede desdoblarse en varios motivos inherentes, comenzando por el rápido crecimiento de la demanda al mejorar el poder adquisitivo de los sectores populares, pero con una oferta limitada en su capacidad de satisfacer dicha demanda, o con un crecimiento a un ritmo muy lento. Podría inferirse que según las leyes de la oferta y la demanda, en una situación así sería natural un incremento de los precios en función de cuales bienes son los más demandados. Sin embargo, es necesario recordar que el aumento de los precios es generalizado. La explicación de ello estriba en que para los bienes de producción autóctona, la producción no aumenta ya que la capacidad instalada es prácticamente la misma gracias a varios factores como la falta de crédito a la industria, inseguridad jurídica, malas expectativas sobre el futuro de la economía, etc.
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El modelo económico de la última década tuvo como motor el consumo: el ingreso de vastos sectores de la sociedad al consumo, apalancada con el crédito al consumo de bienes, principalmente electrónicos, electrodomésticos y automóviles impulsó el consumo de forma meteórica. Pero como se viene mencionando, no así la oferta de esos bienes, con lo cual se habla de un “recalentamiento de la economía”. En la perspectiva de los economistas más liberales, la forma única de disminuir los índices inflacionarios es “enfriar la economía”, es decir, desalentar parcialmente el consumo a través de la disminución del crédito y, no casualmente, retraer el ritmo de crecimiento de los salarios con esa finalidad, y de paso, “aliviar” los costos salariales de las empresas. Sin profundizar mucho en esa lógica, a las claras se trata de una propuesta anti-popular que busca atender los intereses de las empresas, principalmente los capitales transnacionales, la experiencia que arroja la historia demuestra que medidas de esa naturaleza sólo terminan por deteriorar la economía y empeorar la situación. Esto será expuesto como punto central párrafos debajo sobre la falsedad de que los incrementos salariales son la causa principal de la inflación. La clave para contrarrestar la generación de inflación desde ese punto de vista está en crear las condiciones propicias para estimular la inversión y la producción.

>> Exceso de emisión monetaria: el monopolio legal de la emisión monetaria pertenece al Banco Central. El volumen de emisión es en función de la demanda de dinero según el ritmo de crecimiento económico, transacciones comerciales, ahorro, etc. Cuando la emisión supera la demanda de dinero, por ejemplo, para financiar el déficit fiscal del Estado, el exceso de divisa se evidencia en el excedente volcado a la sociedad, lo cual debilita el valor real de la base monetaria: al haber más dinero disponible en términos nominales pero no en términos reales, incrementa el costo de los bienes y los servicios. En el contexto actual, existe una emisión casi descontrolada de pesos para compensar el déficit fiscal y para poner en circulación billetes de mayor denominación ante la caída del valor de los billetes de menor denominación.
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>> Especulación con los precios y la producción: así como la inflación puede depender de la disonancia entre oferta y demanda, también existe un juego de doble filo en torno a la especulación con los precios donde los oferentes oportunistamente aumentan precios para obtener beneficios extraordinarios, por un lado, y también las espectativas del consumidor sobre “aumentos esperables” que pueden traducirse en una evidente resignación a la hora de adquirir un determinado bien, por el otro. Esas espectativas devenidas en -verdades reveladas- son otro de los factores que suman puntos a la escalada inflacionaria dando lugar a un círculo vicioso donde diversos actores económicos aumentan precios “por las dudas”.
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Por otra parte, también hay especulación en la producción y distribución de bienes: a sabiendas del precio que puede tener determinado producto si se ofrece tanta cantidad, los oferentes pueden mantener un nivel bajo o moderado de abastecimiento para no satisfacer íntegramente la demanda, asegurándose un determinado nivel de precios y rentabilidad por encima del precio de equilibrio (balance idóneo entre oferta y demanda).

>> Monopolios y formadores de precios: de la mano del punto anterior en lo referente a la especulación con el subabastecimiento, existe un foco de conflicto alrededor de los monopolios y los formadores de precio. En los últimos 40 años se ha dado en la Argentina un proceso de concentración de la riqueza donde paulatinamente fue y sigue siendo eliminada la libre competencia, factor que contribuye al equilibrio de precios. Tal es así que un puñado de empresas dominan sectores estratégicos de la economía, monopolizando o acordando entre sí los precios de determinados productos. A modo de ejemplo, en la industria lechera hay tan sólo dos grandes empresas que determinan los precios de la leche y los productos lácteos, perjudicando tanto al consumidor como a los pequeños productores que no pueden competir dada la diferencia sustancial en la estructura de costos. Ese ejemplo puede trasladarse a numerosas industrias, donde además el proceso de concentración de la riqueza se ve empeorada por una extranjerización de la economía codo a codo con la -cartelización- de sectores estratégicos.
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>> Exportaciones en perjuicio del abastecimiento interno: el auge de las exportaciones que gozaron vastos sectores industriales y agroexportadores desde la devaluación posterior a la crisis de 2001/2002 contribuyeron a la recuperación de la economía y al crecimiento de las reservas por la liquidación de exportaciones, las cuales generan el ingreso de dólares. Sin embargo, tomando como ejemplo el sector agropecuario, el boom sojero dió lugar a un frenesí de producción y exportación de la oleaginosa que si bien fue beneficioso en materia impositiva, desplazó cultivos tradicionales como el trigo para expandir la siembra de la soja con un doble efecto negativo: el descenso del volumen de esos otros cultivos naturalmente disminuyó la oferta de los mismos, haciendo subir el precio de éstos y sus derivados; a la par, la siembra de soja destinada casi exclusivamente para la exportación mermó el abastecimiento interno, teniendo como consecuencia el mismo efecto.
La inflación y los salarios: un análisis de la realidad

Para sanjar este problema, uno de los pilares de la polémica Resolución 125 debatida en el Congreso en 2008 con la cual se incrementarían las retenciones móviles a las exportaciones de granos, era desalentar la exportación de soja, consecuentemente disminuir las superficies destinadas a la siembra de esa oleaginosa en favor de otros cultivos y equilibrar los precios de los granos en el mercado interno. Amén de la derrota parlamentaria sobre la resolución, resolución que a pesar de sus discutibles cláusulas y la nula publicidad que se había realizado sobre las implicancias de la misma, guardaba mecanismos que salvaguardaban la producción, el abastecimiento y los precios.

>> Los controles de precios: una de las medidas “parche” con las que el Gobierno busca hacer frente al problema de la inflación son los controles de precios, que más allá de impopulares por la falta de cumplimiento de los mismos, no hacen sino empeorar el panorama. Lejos de su espiritu de fijar los precios de determinados bienes de consumo de primera necesidad, terminan por generar una distorsión en el equilibrio entre la oferta y la demanda, entrando muchas veces en juego nuevamente la especulación: los oferentes colocan en el mercado una cantidad limitada de bienes que no satisfacen la totalidad de la demanda de acuerdo a la presión del Estado para garantizar un mínimo de stock de productos, a veces a través de mecanismos de presión como por ejemplo, la Ley de Abastecimiento. Esto no significa que el abastecimiento esté siempre garantizado, en la práctica cuando se da una situación de estas características abundan los faltantes de mercadería, principalmente en supermercados, y paralelamente se gestan mercados paralelos o “mercados negros” donde los stocks de bienes son puestos a la venta a precios muy superiores a los del acuerdo de precios. Un ejemplo tradicional de ello son los cortes de carne vacuna y los vegetales, aunque también podría tomarse como ejemplificación del fracaso de los controles de precio el caso del dólar: las restricciones impuestas para la compra de la divisa estadounidense terminó por gestar un tipo de cambio paralelo conocido como “dólar blue”. Finalmente, como consecuencia última, los controles de precio, funcionen o no, no alivian la inflación sino que la retienen hasta que culmine el plazo del mismo, momento en que la inflación reprimida durante ese período deviene en una escalada muchas veces peor que si no se hubiera puesto acuerdo alguno. En resumen, tanto la experiencia histórica como los libros de macroeconomía demuestran que los controles sobre los precios tienen una utilidad escasa o nula.

>> Devaluación de la moneda nacional: ¿qué es? Se trata de una pérdida del valor nominal (cantidad) de la moneda local frente a otras monedas extranjeras. Una de las causantes puede ser el exceso de demanda de la divisa extranjera lo cual genera a su vez un aumento del precio de la misma. Paradójicamente, cuando se sospecha o especula sobre la inminente devaluación de la moneda local, esto provoca una corrida cambiaria donde crece en forma abrupta la demanda de la divisa extranjera, hecho incrementa sensiblemente su precio generando una -profesía autocumplida-. El tema de la devaluación, recientemente tratado en la publicación ‘La devaluación, su impacto en la sociedad y en la industria IT‘, como toda temática de índole económica posee numerosos matices a estudiar. Este fenómeno, como una de las causantes de la inflación tiene que ver en el entorno actual con temas principalmente especulatorios: los principales interesados en que se devalúe la moneda son los sectores empresarios y agroexportadores dado que sus ganancias son en dólares. Sin embargo, pese a la inicial reticencia oficial en devaluar el peso, comenzó un lento proceso de devaluación encubierta al imponer retenciones a las compras con tarjetas de crédito en el Exterior o vía internet. Luego, en enero pasado, hubo una suerte de cuasi-sinceramiento al acercar la cotización oficial del dólar al precio del mercado paralelo. Volviendo a la premisa que la devaluación de la moneda contribuye a reforzar la inflación, en el relato de los economistas liberales, la “fórmula mágica” para aliviar la inflación era la devaluación, otra grotesca contradicción. Sin embargo, el verdadero objetivo reside en la mencionada especulación sobre las exportaciones de los sectores economónicamente dominantes de nuestro país, las cuales cotizan en dólares. Finalmente, el brutal impacto en la economía doméstica está en el hecho de que el precio de los alimentos, la energía y los commodities se cotizan en dólares, por lo que podemos afirmar que la economía se encuentra dolarizada. Yuxtapuestamente, otro de los efectos clásicos de una devaluación son los tristemente célebres “tarifazos” ya que las tarifas se ven atrasadas con respecto al costo real. En suma, con una devaluación a cuestas, el poder adquisitivo de los salarios, que son en pesos, se ve sensiblemente menguado.
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Si a la devaluación del peso le sumamos la fiebre por la compra-venta de dólares, tenemos un factor más que pondera la ecuación inflacionaria. A modo de resumen, tenemos otro ejemplo más de medidas de cuestionable efectividad que en los antecedentes históricos no han terminado sino en graves perjuicios a los sectores populares, como lo fue el fenómeno conocido como ‘Rodrigazo‘ en 1975 a manos del entonces Ministro de Economía Celestino Rodrigo, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. En esa instancia de nuestra historia, se devaluó la moneda en el orden del 160% para eliminar la distorsión de los precios. Como consecuencia, la tasa de inflación alcanzó el 183% para finales de ese año. Aunque el contexto histórico de 2013 es diferente al de 1975, los problemas tienen una misma raíz, y para ambos casos es más que evidente que la devaluación no es la solución sino más bien echar más leña al fuego.

En resumen

Tal como ha sido expuesto líneas arriba, la inflación no tiene un sólo motivo que la cause, sino más bien es la convergencia de todas o algunas de ellas. En el caso de la devaluación, sería hipócrita decir que no era necesaria, porque en un mercado de divisas donde el tipo de cambio no es fijo sino que queda sujeto a la oferta y la demanda, es natural que hayan fluctuaciones en ambos sentidos, y en rigor de ello el Banco Central puede influir para evitar corridas cambiaras o también por el contrario, revaluaciones excesivas de la moneda local.

En el modelo económico vigente, donde el tipo de cambio se denomina ‘tipo de cambio administrado’ o ‘flotación sucia’, los errores del intervencionismo se reflejan en un sinnúmero de aspectos. Inclusive, cuando en pro de evitar la sobrecotización del dólar, el Banco Central sale a vender de sus propias reservas. Recientemente ha perforado el piso de los USD 30.000 millones, poniéndose en riesgo la frágil solidez financiera del país: acompañado del déficit fiscal in crescendo y la emisión de títulos públicos para inyectar liquidez de divisa al Banco Central, el endeudamiento interno y externo crece ostensiblemente; a la par, es necesario tener en cuenta que las reservas del Central no son de total propiedad del mismo, sino que está compuesta por caja en dólares del Estado, depósitos a la vista en dólares de los ahorristas privados, encajes bancarios de los bancos privados (tasa de retención porcentual que el Central exige a bancos privados para salvaguardar la solvencia de los mismos evitando especulación a través del exceso de préstamos y así regular la creación secundaria de dinero), entre otros. En resumidas cuentas, no todo el dinero de las reservas internacionales son de total propiedad del Banco Central. El descontrol en las finanzas contribuyen a impulsar los rebrotes inflacionarios.

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Banco Central de la República Argentina: responsable de la política monetaria del país y de la emisión de moneda. Sus reservas van en retroceso ante la compra-venta especulativa de dólares.

En este punto se puede decir que el gobierno actual ha fracasado en su calidad de administrador, e incluso la demora de medidas tendientes a evitar este tipo de embates se evidencian en “parches” que, como antes dicho, empeoran la situación. Lo mismo se evidencia en la política impositiva. Más allá del debate sobre su carácter de regresivo, aunque la presión estatal sobre los contribuyentes dió lugar a años consecutivos de superávit fiscal mostrándose una especie de “manodurismo impositivo”, también fue laissez-faire con grupos económicos sobre los que se debió también poner presión para que simplemente paguen los impuestos que corresponde. A último momento, cuando el sistema ya mostró sus grietas, se libró una “cacería de brujas” persiguiendo a pequeños y medianos contribuyentes que en un importante número hallan deficiencias para mitigar la presión impositiva en un contexto de costos operativos crecientes. Podemos decir que ésta es una forma indirecta de empujar hacia arriba la inflación. En resumen, estamos en condiciones de afirmar que uno de los factores de mayor peso en la cuestión inflacionaria reside en la incapacidad gubernamental para ejercer su función de “policía” al no controlar ámbitos estratégicos para el correcto curso de las cuentas públicas y los destinos de la economía, como lo son el cumplimiento de los acuerdos de precio, la persecución del mercado paralelo de divisas, garantizar el abastecimiento, etc..

Los salarios y los mitos sobre la inflación y la devaluación

Según el análisis anterior, el fenómeno de la inflación puede deberse a varios factores. Sin embargo, optar por una u otra razón queda sujeto muchas veces a la conveniencia de quien emita la opinión, e incluso las posibles soluciones también quedan sujetas en función de a quien o quienes beneficie. Tal es el caso de la devaluación, por ejemplo: como se explicó líneas arriba, los principales interesados en que se devalúe son aquellos sectores que comunmente tienen costos en pesos pero exportan en dólares. Las excusas generalmente van en torno a cuestiones de competitividad, de que por la creciente inflación con un tipo de cambio “retenido” incrementan los costos salariales, etc.. Sin embargo, uno de los mitos más altisonantes es que “indefectiblemente los incrementos salariales provocan la inflación” (ver nota ‘Sobre los Mitos Corporativos‘). Es preciso discriminar las fuentes de cada línea de pensamiento, o más bien, realidad de tergiversación de la misma. En la teoría de los economistas liberales existe el falso supuesto de que los aumentos de salarios dan lugar a “importantes distorsiones en el mercado” desbalanceando la relación precios de los productos-salario. Es por ello que se hace hincapié en la eliminación de las negociaciones colectivas e incluso atar las variaciones salariales a conceptos tan abstractos como la productividad o “el esfuerzo”, por ejemplo: las odiosas evaluaciones de desempeño en las empresas informáticas, muy en boca por estos días a raíz de la estafa que profesa IBM con su famoso índice ‘PBC’ (Personal Business Commitments). Esto es sólo una arista más de un proyecto del liberalismo de los años 90 conocido como ‘flexibilización laboral‘ donde se buscaba la supresión de derechos, beneficios y conquistas de la clase trabajadora en “beneficio” de la productividad, la libertad de mercado y la supuesta “creación de nuevos puestos de trabajo”. Este esquema de tan dañina transformación de las relaciones y espacios laborales son el corolario de la Argentina de los últimos 40 años al igual que los países hoy afectados por la crisis en la eurozona.
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Ante cualquier teoría, en cualquier índole de la vida es preciso someter los fundamentos de la misma a una examinación para verificar su integridad. De la misma forma que se discriminó en la sección anterior los diferentes fenómenos que motivan la inflación, es necesario analizar cómo influyen los aumentos salariales.

Como primer paso, debe colocarse bajo la lupa la incidencia de los aumentos de sueldo en la estructura de costo de las empresas y en el valor agregado de la producción. Conforme mayor son los márgenes del valor agregado, el impacto de la suba salarial es mínimo en la cadena de valor. Lo mismo sucede si el impacto de dicha suba es ínfimo sobre la estructura de costo: la variación en el valor agregado es también ínfima. En otras palabras, en ninguno de los dos casos hay motivo para una remarcación de precios.
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Dicho lo anterior, podemos volver a las fuentes que justifican la aparición de brotes inflacionarios y repasar que entre las principales no se encuentran las subas salariales. A modo de racconto, es posible cuestionar una de las máximas de la economía clásica: la -escasez- de los bienes. La escasez va en función de los niveles de producción de los mismos. Yendo un paso más allá, si hay capacidad para producirlos, ¿por qué no se los produce? Regresamos entonces al análisis sobre la cadena de valor, y también una vez más sobre si esta cadena tiene como protagonistas oligopolios en su producción, distribución y comercialización. Si para un determinado bien hay uno o unos pocos oferentes, volvemos a hablar de cartelización y formación de precios, lo cual se traduce en dos cosas: concentración de la riqueza, por un lado, y que nuevamente la tendencia al alza de los precios no es responsabilidad de las negociaciones salariales sino de -esa- concentración.


En síntesis

Claves para comprender el tema

>> Los sectores conservadores de la vida política, económica y principalmente corporativo-bancaria insisten que la responsable de la inflación son los ajustes salariales. Eso no es más que un reduccionismo oportunista que no considera temas de fondo intrínsecos a la inflación, por citar algunos: los monopolios, la producción y la redistribución de la riqueza, entre otros motivos de similar o menor importancia.

>> A la par, entra en juego otro fenómeno económico hoy día en el foco del debate: la devaluación del peso. Los grandes grupos económicos y los agroexportadores pedían “a gritos” la devaluación porque sus costos son en pesos y sus ganancias en dólares, ocultando ese objetivo en cuestiones de “competitividad”. Sin embargo, la devaluación implica una caída del valor real del ingreso de los trabajadores, y dado que los costos de los alimentos y la energía siguen patrones de precios internacionales (en dólares), esto representa un golpe a la economía doméstica, o más bien, una medida oportunista en perjuicio de los sectores populares.

En la industria IT

El panorama ilustrado a lo largo de la presente nota sufre cierto empeoramiento al proyectárselo al ámbito de la industria de software y servicios informáticos. Notoriamente, en numerosas publicaciones de la Unión Informática, como común denominador prevalece la denuncia de la gravísima crisis salarial del sector informático argentino. Para sintetizar el cuadro de situación, al ser la sindicalización algo reciente y que recién comienza a tomar envión, no existen aún convenios colectivos de trabajo que garanticen, entre otras cosas, mínimos salariales y escalas acordes a las categorías. En el artículo ‘Sobre los Mitos Corporativos‘ se realiza una recorrida por el modus operandi y las argucias de las empresas informáticas para remunerar miserablemente y de maneras completamente violatorias a la Ley. Es por ello que si los trabajadores de otros sectores en el mercado sufren el deterioro de su poder adquisitivo a manos de la inflación que en tiempo récord “oxida” los logros de las paritarias, el grueso de los informático vive una situación alarmante, en muchos casos dramática. En el último informe del año 2013, al igual que en otros tantos, la redacción de la Unión Informática destaca tres lamentables hitos en la situación salarial del informático, reiteradas a continuación: “en una primera instancia, el “vivir con lo justo”; en una segunda instancia, optar entre cubrir el costo de vida o pagar un alquiler; y en una tercera instancia, la más actual, lamentables testimonios de informáticos que se quejan de -tener problemas para adquirir la canasta alimentaria- o tener que saltarse comidas para poder llegar a fin de mes” ; (ver nota ‘Un año histórico ha llegado a su fin‘). En el mismo informe se denuncia como el tema es muchas veces tratado por el Gobierno mismo como “inseguridad alimentaria” cuando en realidad se trata de situaciones de hambre. Aunque parezca ficción, es la situación real de muchos en el sector informático que, entre la connivencia del Estado por su pasividad y desidia, y prácticas de inhumanidad y expoliación de las empresas empeoran aún más una situación ya de por sí grave.

"No está de más dejar planteado un cuestionamiento en torno a una de las demandas del empresariado, donde también cabe el caso de la informática: durante los últimos años las empresas se excusaban de la supresión de puestos de trabajo y el estancamiento salarial en base a que gracias a la inflación y al cambio oficial fijo “se perdía competitividad”. Ahora que la inflación está aquí, ¿cesarán los despidos, regresará la incorporación de personal y, por supuesto, subirán los salarios?"


La solución de estas problemáticas no son algo que estén a la vuelta de la esquina, pero si tienen como requisito indispensable la participación de los informáticos dentro del proceso de sindicalización de las empresas para alcanzar las condiciones laborales y salariales que cualquier trabajador merece.

Epílogo

Como reflexión final sobre el mito de que los ajustes salarios causan la inflación podemos inferir que los postulados que culpabilizan a las paritarias como motor de la inflación no son sino pura teoría neoliberal que atiende a intereses de grupos e individuos que buscan ganar tanto en tiempos de prosperidad como de zozobra. A modo de ilustrar la proveniencia de esta clase de teorías “innovadoras”, podemos encontrar resabios de la Escuela de Economía de Chicago y su séquito Milton Friedman, autor y defensor de la teoría del libre mercado, el Monetarismo, y por detrás una urdimbre de economistas y “expertos del pensamiento económico” responsables de teorías similares. Teorías cuya aplicación ha comprobado su fracaso, pero que aún así han sido varias veces premiadas con galardones como el famoso Premio Nobel, premio que, además de ser entregado por un fondo de inversión sueco disfrazado de fundación, si ha de premiar con el Nobel de la Paz a Barack Obama, quien mantiene dos guerras en Medio Oriente, sin reparos premia a los que el editor denomina ‘escribas de la mentira’. En una línea: el stablishment asigna el mote de ‘salarios=inflación’ a una función imprescindible como las paritarias porque balancea la redistribución de la riqueza.