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Neorracismo: el “negro de mierda” como característica mental.




Neorracismo: el “negro de mierda” como característica mental




El “otro” es inferior culturalmente porque no ha llegado a los niveles de “civilización” occidentales, viven atrasados, combatiendo el hambre y la enfermedad, con regímenes políticos dictatoriales, sumidos en la oscuridad de la religión, y Occidente es el único que les ayuda, con sus multinacionales explotadoras de recursos y hombres, y sus ONG’s solidarias. Esta actitud, que ya no se basa en las dimensiones del cráneo o en el RH de la sangre, es lo que se ha llamado “neorracismo cultural”, igual de peligroso que el anterior porque sustituye el elemento físico por simplemente la inferioridad cultural, que es tan infranqueable como la física. Desde esta postura se puede llegar a aceptar la multiculturalidad más como una diferencia que redunda en lo anterior, que como una actitud de convivencia, respeto e igualdad entre los colectivos.



Roberto Sánchez Garrido, en http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/8/rsgarrido.htm



A finales del año pasado, recibimos en una clase un fragmento del texto de Sánchez Garrido donde hacía uso de dicho término (que atribuye el autor a Danielle Provansal). Me llamó bastante la atención, principalmente por encontrar un texto (destinado a criticar la discriminación Europea hacia otras culturas, principalmente provenientes de América del Sur, África y Europa Central) tan aplicable a la realidad Argentina contemporánea. Aquí, ese neorracismo se podría resumir en un insulto conocido por todos: negro de mierda (por resumir, ya que hay variables de la misma expresión). Me propongo desde mi *humilde* posición a explicar, desarmar y soberbiamente destruir este concepto que tanta repulsión me produce. Y si bien el análisis podría ser extremadamente largo, lo resumiré porque se puede explicar fácilmente sin ser tan tedioso, y porque también pretendo presentar mi opinión personal, y no una tesis.

La primer cuestión a resolver es complicada: ¿quién y/o qué es el “negro de mierda”? La respuesta obvia y fácil sería “la gente de clase baja”, y es un error. Los neorracistas argentinos consideran que quien recibe tal insulto es (1) aquel sujeto de clase baja o media-baja cuyas actitudes son desagradables para su conservadora cultura; (2) que evita el progreso capitalista por mantenerse en lo que llaman “el camino fácil” (entiéndase como “filosofía de vida por la cual se pretende vivir realizando siempre aquello que genere dinero fácil y menor esfuerzo), y por eso prefiere mantenerse en su precario establecimiento; (3) que puede disfrutar una vida de delincuencia sin remordimientos (o con ellos, pero eligiéndolo de todas formas porque es fácil); (4) que pertenece a una determinada tribu urbana; (5) cuya forma de hablar es propia de los suburbios de bajos recursos, de cárceles y asentamientos de emergencia (villas); (6) que escucha música de origen primordialmente latinoamericano; (7) cuya apariencia es característica de los descendientes de pueblos originarios americanos; y finalmente (8) cuyo trabajo no es de oficina, ni requiere estudios o “grandes conocimientos”.

¿De dónde proviene dicho término? Hace no mucho tiempo, el neorracismo estaba atado, incluso, a una “cuestión de piel”. Con el tiempo se alteró, y para pasar como sujetos no-discriminadores, los neorracistas aclaran siempre luego de decirlo “pero cuando digo negro de mierda me refiero a negro de acá” mientras que gesticulan señalando su cabeza (si proviene de su cabeza refiere a su mente > se hace alusión a formas de actuar y de pensar > éstas son generadas por una aprehensión de su sociedad y cómo respondió ante ella > por lo tanto, su cultura). Quienes han leído un poco de historia, saben que los nefastos próceres locales de la generación del ’80, y principalmente Mitre, Roca y Sarmiento son quienes comenzaron desdeñando esta cultura popular. Y lo que en la actualidad se considera parte del “ser nacional”, antes era desdeñado: el tango, el folk lore (llama la atención que es más aceptable decir cultura popular en inglés)…

Hoy día este patrón de odio hacia lo popular y local sigue vigente. En épocas de Perón se utilizaba también el adjetivo calificativo cabecita/cabeza. Esa cultura fue siempre degradada, tanto por las clases conservadoras como por las clases medias pretendientes; éstas últimas siempre quisieron ser (y lo creyeron eficazmente) parte de una sociedad sofisticada, de buen gusto y buenas costumbres, razón suficiente para ser obsecuentes con los grupos dominantes de la burguesía. Lo que afirmo no es nuevo ni desconocido (excepto para la obsecuencia de estos sujetos, aunque en realidad lo saben pero prefieren negarlo), por lo cual prefiero continuar.




Racismo




¿Cómo alejarnos, entonces, de este particular racismo local? Es difícil, pero no imposible. Antes hay que destruir, como dije antes que iba a hacer. Y lo que se debe destruir son mitos y ambigüedades.

El negro de mierda que tanto critican, señoras y señores, es el mismo que se mantiene trabajando por su bella ciudad incluso en días de tormenta, limpiando, realizando trabajos forzosos e incluso insalubres, por un sueldo muy bajo (bien; ahora saben QUIÉNES SON los que tienen el Plan Trabajar).
Nadie es pobre ni roba per se. Desde el principio, un joven vive en una sociedad que lo rechaza por su procedencia social (o sea, por ser villero), por su cultura (forma en la que se crío y respondió en su sociedad individual, la villa), por su condición económica y, generalmente, por su apariencia, crea una actitud defensiva y desarrolla un determinado “odio” hacia aquello que lo rechaza. Si además ve que sus padres se esforzaron y no lograron nada, que por más que lo intente no muchos tienen la suerte de conseguir un trabajo (que incluso por su oficio se lo llega a discriminar) y encima nota que un montón de jóvenes vagos (adinerados gracias a papi y mami), sujetos mediáticos, explotadores y demás oportunistas del capitalismo adquieren siempre mejores condiciones de vida que él y su gente, que trabajan por una sociedad (construyendo, limpiando y un montón de trabajos que las clases “sofisticadas” no se atreverían a hacer)… Pregunto, ¿cómo esperan que reaccione ese mismo joven? Se cansa de buscar mejores condiciones de vida, se cansa de que le cierren las puertas siempre, se cansa de que lo discriminen siempre o lo miren como un negro de mierda. Y reacciona violentamente. Con el tiempo, esa violencia se traduce en un “espíritu socialmente destructor, desinteresado de todo aquello que no beneficie a su persona”. El mismo espíritu que un capitalista prototipo de los que las clases medias pretendientes defienden siempre.
Quiero recordarles que si alguien habla de una forma que ustedes consideran “oh, tan impropia” es patético. El mismo lunfardo que ahora defienden como “cualidad cultural argentina” era parte de una jerga de los bajos y las cárceles. Lo mismo ocurrió con la música: el tango, tan defenestrado en su época por tener un carácter prostibulario. Hoy día es visto como un símbolo nacional.
Lamentablemente, aunque no lo crea, las zapatillas que tanto les critican a los cabezas, por supuestamente valer mucho dinero a comparación de lo que pueden llegar a ganar, y que si ganan eso lo destinan estúpidamente en ropa y no en mejorar su condición social (!), salen muy barato en outlets y en el famoso mercado de La Salada. Y en el caso de que ellos utilicen de dicha forma su dinero, sigue siendo su elección. Lo que ustedes llaman “darse un gusto”, ¿acaso no debe aplicarse a ellos también? ¿O los gustos deben ser SÍ O SÍ limitados a la capacidad adquisitiva?

Resulta curioso que muchas prácticas que realizan las clases medias pretendientes, son las que critican en los discriminados. Será cuestión de comenzar a pasar más tiempo analizando la cuestión social y menos interesándose en el programa de Rial, de Giménez, de Tinelli o de Legrand.

El neorracismo es un peligro en nuestra sociedad. Ha separado a los sujetos del colectivo social situándolos en un campo completamente individual, y les ha ayudado a las clases económicamente dominantes a propagar la creencia de que “el enemigo es el pobre”, cuando los culpables de esta situación violenta son ellos, los pretendientes y las clases altas; los que segregaron al pobre, al descendiente de pueblos originarios y/o a aquel cuya cultura se asemeje más a lo popular que a lo europeo, y lo discriminaron constantemente por su condición, junto a los que generaron las diferencias de clase por su amada planificación estratégica para generar dinero.

Frente a esto, eliminar el neorracismo de la cultura sería un gran paso, ya que produciríamos inclusión y no exclusión. El discurso, al cambiar, puede hacer maravillas…




Argentina




Fuente: www.nihilismoactivo.wordpress.com



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