Adela Segarra, la madre del relato setentista


Jueves, 3 de julio, 2014



Calculo que nadie se imaginó que se le prestaría tanta atención al Congreso mientras la Selección Nacional avanza en el Mundial cortando clavos con el culo. Es cierto: declarar emblema nacional al pañuelo de las Madres casi por unanimidad y establecer que el Estado es omnipotente para decidir sobre nuestras vidas pero impotente para hacerse cargo de la responsabilidad, no es algo que pase desapercibido, pero el milagro ocurrió de todos modos y continuó con la Comisión de Juicio Político al Vicepresidente.


Adela Segarra, la madre del relato setentista



Esta mañana, parecía que Adela Segarra había padecido un ataque cerebro-vascular al aire, mientras era entrevistada por Marcelo Longobardi. La pregunta que la descolocó era si, al momento de votar a favor de la expropiación de Ciccone Calcográfica, sabía a quién se la estaba comprando. La pregunta no era menor, dado que la misma mina que había votado a favor de la expropiación, ahora preside la comisión que podría enjuiciar a uno de los principales beneficiados por la joda. Sin embargo, la vinculación de Segarra con el negocio va más allá de ser marplatense y del Frente para la Victoria.


Eráse una vez un señor llamado Mario Montoto. Montoto tuvo relación con los Ciccone: a través de su gestión, durante la década de los noventas, lograron todos los contratos para documentos, diplomas de diferentes centros universitarios, y otras yerbas. Ese es el nexo al que Boudou apunta y se hace el pelotudo cuando quiere hacer tiros por elevación hacia Daniel Scioli o Sergio Massa: Montoto es el que vendió las famosas cámaras de seguridad del municipio de Tigre y es un habitué de Villa La Ñata.
Lo que le hecha sal a todo este asunto, es que la presidenta de la Comisión de Juicio Político de la cámara de Diputados, Adela Segarra, fue pareja de Mario Montoto, y no terminaron precisamente en buenos términos.


Un cachito de historia. Mario Montoto es un exmontonero devenido en exitosísimo empresario de insumos para fuerzas de seguridad. En sus tiempos en la orga, Montoto -Pascualito- ofició como secretario de Mario Firmenich. Acabada la joda, pasó a ser el apoderado legal del líder montonero y fue quien le acercó a Carlos Menem el proyecto de los indultos.


[N.delA: Joven argentino, si tienes entre 15 y 125 años y te creíste el verso de que el indulto fue insulto de la derecha hacia la izquierda, no sé, fijate que podés quedar como un pelotudo]
Católico religioso -como casi todos los Montoneros originales- y devoto de la Virgen de Luján, en 1990 Montoto peregrinó, junto con varios compañeros, a la Basílica para agradecer los indultos e iniciar el cumplimiento de su promesa: no volver a tocar el tema de los setenta.
 
Adela Segarra primero tuvo un hijo con Joaquín Areta, un correntino militante que fue desaparecido en 1978 con 22 años. Areta es el autor del poema “Quiero que me recuerden”, que Néstor Kirchner leyó en la Feria del Libro en 2005 y que la militancia usó como epitafio presidencial a partir de 2010.
Y este no es un dato menor: Kirchner no eligió el texto al azar, sino que se lo dio Adela Segarra. A la Diputada con poca cintura para responder preguntas le debemos la gran colaboración de haber sido autora de gran parte del pasado ficticio construido por el matrimonio Kirchner.


El mecanismo era sencillo: les contó anécdotas de cosas que pasaron durante los años de la resistencia, cuando era algo lógico que el matrimonio hotelero no participaba. O sea, cuando el marido de Segarra desapareció en 1978, los Kirchner tenían cosas más importantes para hacer, como aprovechar la resolución 1050 recién, recién firmada. Muchas de las anécdotas tenían como participantes a otros militantes muertos que, por razones que hacen a las leyes de la biología, no podían dar fe ni refutar lo que se decía de ellos.
Segarra llegó a los Kirchner gracias a Giselle Fernández, la hermana de Cristina y cuñada de Néstor, de quien fue compañera en sus años de la Unión de Estudiantes Secundarios.


A través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados Políticos, Segarra se refugia primero en Brasil junto con su hermana, a quien también le desaparecieron el marido, y sus hijos. De Brasil, a España, donde traba lazos con Montoto, quien por esos años, manejaba las finanzas de los Montoneros.
Montoto también venía de una relación anterior con María Inés Raverta, con quien tuvo dos hijas que quedaron en una guardería en La Habana, Cuba, cuando Raverta decidió volver a Argentina para encarar la “contraofensiva”, un espermento que consistía en que lo que quedaba de los Montos podía ganarle a un gobierno dictatorial consolidado en el poder a fuerza de miedo.


En medio de ese quilombo, Raverta es desaparecida/muere. Mario Montoto y Adela Segarra viajaron inmediatamente a Cuba a recoger las hijas de Mario y Raverta. También viajaron a Cuba los padres de Segarra, que se encontraban en Argentina y, evidentemente, tenían ganas de conocer el Caribe con pasajes pagados con guita del terrorismo.


Luego de un embarazo fallido, Segarra queda embarazada de Montoto. Así, los tuyos, los míos y lo nuestros -el hijo de Segarra con Areta, las hijas de Montoto con Raverta y la hija de Segarra con Montoto- viajan de Cuba a la Argentina, donde van a la casa que Firmenich tenía en Isidro Casanova, La Matanza.


Ya más calmada y con cuatro pibes en la casa, la mina que se entrenó en el Líbano para encarar una revolución por la Patria Socialista decidió terminar el secundario y estudiar la Licenciatura en Asistencia Social. De la mano de Hilda “Chiche” Duhalde -hoy arrojada al arcón del gorilaje por decisión del tribunal ideológico kirchnerista-, Segarra se sumó a la joda de Las Manzaneras. El salto final sería obvio, si tenemos en cuenta cómo llegó Kirchner a la Presidencia.


Como lo bueno no dura, el amor entre Montoto y Segarra se acabó. Increíblemente, ella se quedó con su hijo, la hija en común…y las hijas que tuvo Montoto con Raverta. Una de ellas, María Fernanda Raverta Montoto, hoy se desempeña como diputada provincial, aunque no es de utilizar el apellido de su padre. A la otra, que trabaja de médica, nunca más la volvió a ver por esas cosas que al feminismo falopa extremme tanto le gusta.


La incoherencia de Segarra quedó plasmada cuando puso la firma al proyecto para que el pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo se convierta en insignia nacional. Sin embargo, ha aplicado sistemáticamente una red de engaños para privar a su expareja del vínculo fluido con sus tres hijas, de las cuales una sola era de Segarra. De hecho, la madre y la hermana de Segarra -Carmen, la que se refugió en Brasil durante la dictadura- han freezado la relación con Adela, tras enterarse que el empresario Montoto jamás dejó de asistir a sus hijas, quienes no querían saber nada con él presisamente por el abandono que le pintaban en casa.


Pero no todo se queda en el dinero de Montoto. Cuando las hijas de Montoto aún eran menores, Segarra consultó para que las tres llevaran el apellido de ella, para coronar la imagen de mujer martirizada y abandonada que sacó adelante a sus hijas sin ayuda de nadie. Por suerte, a alguien se le ocurrió averiguar un poco y resultó que ni Montoto, ni la familia de Inés Raverta se habían borrado nunca. O sea: pasó a buscar a las hijas de Raverta, se quedó con ellas y las privó de su familia materna. Lo hizo con el padre que estaba vivo ¿cómo no hacerlo con una muerta?


Según relatan sus allegados, la provisión de fondos de las familias abandónicas se convirtieron en una casa -que aseguró le compraron sus padres-, y también en un departamento en La Plata (10 y 50), que le fue cedido por los padres de Joaquín Areta, el que quería que lo recuerden. Sus padres lo recordaron asistiendo económicamente al hijo. La viuda, lo recordó al usarlo para contribuir a la construcción del Relato Madre de todos los relatos de la última década.


Como se puede ver, Segarra dice más por lo que calla que por lo que habla.




madre

Segarra, arriba a la derecha, celebrando junto a Amado Boudou referente de la izquierda peronista que quieren mancillar.