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Películas basadas en novelas de ciencia ficción



El hombre bicentenario (1999) es una de las pocas películas de ciencia ficción que me encantan. Es que ¿Cómo podría no gustarme esta película tan hermosa, y con mensajes tan importantes?. Creo que nunca olvidaré a este entrañable robot que desarrolla sentimientos e inteligencia que ningún robot debe tener. ¿Cómo olvidar su cariñoso "damita"?.
La película está basada en el cuento homónimo de Isaac Asimov y en la novela basada en el mismo, El hombre positrónico de Asimov y Robert Silverberg.

El juego de Ender (2013)
Tras años paseándose por los despachos de medio Hollywood, la empresa de efectos especiales Digital Domain, propiedad de James Cameron, se lanzó a la aventura de adaptar la novela homónima de Orson Scott Card. Militante mormón y acusado de homófobo por algunos sectores de la industria del entretenimiento, lo cierto es que el escritor norteamericano es uno de los autores sci-fi más reputados del mundo, ganador de varios premios Hugo y Nebula a la mejor novela de ciencia ficción. La saga de Ender, larguísima, supera los diez títulos.

2001: Una odisea en el espacio (1968)
Muchos pensaréis: ¡2001 fue antes película que libro! Y así es, pero una y otro parten de un relato breve de Arthur C. Clarke que lleva por título El centinela y se encuentra entre los relatos más logrados del autor inglés. La novela aclara muchos de los puntos que la película de Kubrick esboza con ideas visuales, como el origen del monolito y su función, y añade además interesantes subtramas argumentales, caso del plan de China para hacerse con el monolito. Clarke siguió exprimiendo el filón con hasta tres continuaciones más de las que solo la segunda, 2010: Odisea dos, llegó al cine.



Minority Report (2002)
Un Spielberg en forma se fijó en un olvidado relato de Philip K. Dick para dar forma a esta contundente reflexión sobre el sin sentido de las estrategias preventivas aplicadas por las fuerzas del orden, en este caso una unidad de la policía del futuro conocida como Departamento PreCrimen. El libreto de Scott Frank y Jon Cohen dulcifica el tono del cuento y prescinde del humor negro de Dick, pero a cambio se atreve a establecer un paralelismo obvio entre la flagrante violación de derechos que constituye detener a alguien sin pruebas y la guerra preventiva contra el Irak de Sadam Hussein.

Desafío total (1990)
De nuevo Philip K. Dick, aquí en manos de un Paul Verhoeven que entendió a la perfección la mala leche y el profundo nihilismo del escritor norteamericano. A partir del grotesco cuento Podemos recordarlo por usted al por mayor, el director de RoboCop lanzó a Schwarzenegger a una aventura espacial que juega maravillosamente con cuestiones como el conflicto de identidad, la delgada línea roja que separa la imaginación de la realidad y la brecha social (y moral) entre ricos y pobres. El remake protagonizado por Colin Farrell en 2012 es un título reivindicable.

Dune (1984)
A cuadros se quedaron los fans de la saga de Frank Herbert cuando vieron el monstruo de Frankenstein creado por David Lynch. Montada y remontada mil veces, el director de Terciopelo azul jamás quedó satisfecho con el resultado de un guion que él mismo había escrito a partir del abundante material literario de Herbert. El universo de Arrakis está mejor adaptado en dos miniseries actuales, Dune (2000) e Hijos de Dune (2003), de las que quizá Juego de tronos tendría que admitir más de un parecido.



El atlas de las nubes (2012)
Los Wachowski no levantan cabeza en taquilla desde que ¿finiquitaron? Matrix, pero creativamente están más activos que nunca. Buena prueba de ello es la adaptación, junto con Tom Tykwer (El perfume), de la monumental novela de David Mitchell. Hablamos de una narración multivectorial que reflexiona sobre las consecuencias de los actos individuales a partir de un entramado de líneas argumentales ubicadas en distintos planos temporales. La potencia de sus imágenes la convierte en una de las cintas más infravaloradas del pasado curso.

Fahrenheit 451 (1966)
El maestro Ray Bradbury tuvo mala suerte con las adaptaciones de sus obras más representativas. Prácticamente solo se salva de la quema (chiste fácil) la adaptación que dirigió François Truffaut de Fahrenheit 451, encomiable carta de amor a la lectura y crítica feroz hacia los totalitarismos y el aborregamiento de las masas. En un futuro cercano, los bomberos no apagan fuegos sino que dedican sus esfuerzos a quemar libros, pues pensar es un acto criminalizado y prohibido por el gobierno. No tiene la fuerza de la novela, pero su evocador final reproduce el mensaje de la misma.



Yo, Robot (2004)
Otro autor gafado por el cine fue el gran Isaac Asimov, tremendo escritor, científico, pensador y humanista que se fue demasiado pronto de este vulgar mundo. Will Smith le echó el guante a una de sus sagas más potentes, Yo, Robot, aunque los resultados distaron años luz de los planteamientos filosóficos y morales del autor ruso. Huérfana de esa profundidad dramática, la película trata de mantener el tipo como cinta de acción, pero ninguno de los protagonistas cree en lo que hace y se limitan a componer gestos de circunstancia. Una pena.

Guía del autoestopista galáctico (2005)
¿Genialidad o locura? Depende del día o de lo que uno haya bebido, porque esta adaptación de la obra de Douglas Adams es una rayada muy seria que provoca sensaciones encontradas. Vale que la novelita iza la bandera de la anarquía y el cachondeo, pero montar una película sin ningún sentido de lo que se quiere contar es jugar con fuego. Quizá el director Garth Jennings tendría que haber llamado a Terry Gilliam. Queda como curiosidad ver a Martin Freeman articulando mohines antes de convertirse en el Watson del nuevo Sherlock y en el Bilbo del Hobbit.



1984 (1984)
¿Qué año más idóneo que 1984 para adaptar 1984? La obra maestra de George Orwell, fuente de inspiración del V de Vendetta de Alan Moore, es hoy más actual que nunca en su recreación de una sociedad "futura" atada de manos y pies por el Gran Hermano, una suerte de deidad virtual que lanza consignas fascistas y borra de facto las libertades individuales. La película de Michael Radford ha envejecido fatal, pero sintetiza con acierto y sensibilidad la idea de que, cuando todo está perdido, el amor es la única tabla de salvación.

La guerra de los mundos (2005)
El británico H.G. Wells puede presumir de ser uno de los escritores más visionarios e influyentes de la ciencia ficción moderna. Prolijamente adaptado a la gran pantalla, Spielberg llevó a su terreno una de sus novelas más simbólicas, en la que la humanidad hace frente a una devastadora invasión alienígena. El guion de David Koepp y Josh Friedman, concebido a partir de epatantes y espectaculares set pieces, reproduce con mimo el tono individualista y apocalíptico de la aventura literaria, narrada en primera persona por uno de los atemorizados supervivientes.



Inteligencia Artificial (2001)
Kubrick dejó en manos de Spielberg uno de sus proyectos más queridos y largamente gestados, la adaptación de un breve cuento de Brian Aldiss titulado Los superjuguetes duran todo el verano. Retrasado hasta que la tecnología le permitiera rodar las escenas que poblaban su cabeza, Kubrick murió sin ver la película terminada, por lo que no sabemos si habría estado de acuerdo con la visión parcialmente edulcorada del director de E.T. Como un moderno Pinocho, la historia sigue los pasos de un niño robot que aspira a ser de carne y hueso.

La máquina del tiempo (1960)
El inolvidable George Pal se adelantó a su tiempo con esta melancólica y profundamente descorazonadora versión de La máquina del tiempo, novela de H.G. Wells que flirtea con la idea de los viajes temporales. Robert Taylor interpreta a un caballero victoriano que viaja al futuro solo para descubrir que la humanidad prácticamente ha desaparecido y se encuentra a merced de unas criaturas cavernarias conocidas como Morlocks. La pesadilla acaba más o menos bien porque Taylor salva el pellejo, pero dentro le queda la amargura de saber que el futuro es un erial.



Starship Troopers (1997)
Un Verhoeven desatado y con notables dosis de mala baba se sacó de la chistera esta cáustica adaptación de la obra juvenil del polémico Robert A. Heinlein, acusado por ciertos críticos en su época de ser un nazi disfrazado y un paramilitar salvaje. La genialidad del director holandés reside en subvertir el sentido militarista y autoritario de la novela original para convertirlo en una narración irónica que satiriza las jerarquías militares y la estúpida docilidad de las tropas. Probablemente estemos ante una de las películas peor comprendidas de los últimos 15 años.

Solaris (2002)
En el corpus de la ciencia ficción trascendente destaca la figura del escritor polaco Stanislaw Lem, cuya novela más popular y premiada ha saltado al cine en dos ocasiones. La primera, en 1972, bajo la dirección de Andrei Tarkovski, es una correosa e interminable cinta de casi tres horas que confunde profundidad psicológica con ver crecer la hierba. Y la segunda, en 2002, a las órdenes de Steven Soderbergh, es un potente drama que carga las tintas en el concepto de pérdida emocional y su imposible superación. Una joya a redescubrir.



Crónicas marcianas (1980)
Un Rock Hudson ya veterano soportaba bajo sus hombros este intento de llevar a la televisión la mítica colección de cuentos de Ray Bradbury. Cutre y técnicamente horripilante incluso en su momento, el proyecto tenía no obstante la virtud de recrear con bastante tino la atmósfera melancólica y el esperanzador humanismo propios del escritor norteamericano. De fondo, una aterradora reflexión sobre la condición mortal del ser humano y la imposibilidad de reconstruir la Arcadia infantil de nuestros sueños.

Johnny Mnemonic (1995)
Antes de convertirse en Neo, Keanu Reeves fue Johnny Mnemonic en esta olvidada cinta que adaptaba de tapadilo la magistral Neuromante de William Gibson, no por casualidad autor del guion. En un futuro inconcreto de tintes apocalípticos, la mayor fuente de ingresos la proporcionan los "correos virtuales", individuos que utilizan su cerebro como un enorme disco duro para alojar información. Johnny tiene que descargar el suyo antes de que la Yakuka (¡con Takeshi Kitano al frente!) lo atrape y le arranque literalmente el pescuezo.

Contact (1997)
El popular científico y divulgador Carl Sagan, alma mater de la serie Cosmos, murió antes de ver la adaptación de una de sus novelas más exitosas. Contact, la película, apenas quita un par de comas a la historia original de la doctora Eleanor Arroway (Jodie Foster), una astrónoma que trata de desentrañar el mensaje cifrado de una civilización extraterrestre. El código resulta ser un manual de instrucciones que permite construir una suerte de portal galáctico que comunica la Tierra con el mundo de los aliens. Fascinante, pero termina haciéndose pesada.



El planeta de los simios (1968)
El mismo año que Stanley Kubrick pisaba la Luna, Franklin J. Schaffner firmaba una de las obras maestras indiscutibles del género. Inspirada en la novela homónima de Pierre Boulle, El planeta de los simios es una bofetada nihilista y trágica que denuncia el peligro del terror nuclear y su devastador efecto sobre el futuro de la humanidad. Heston lo borda en el papel de Taylor, un astronauta perdido que aterriza en un planeta habitado por monos inteligentes. Y hasta aquí podemos leer. El final perdura como uno de los mejores de la historia del cine.

‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, Philip K. Dick (1968)
‘Blade Runner’, Ridley Scott (1982)
“La novela muestra un deprimente y polvoriento futuro donde la gente está obsesionada con tener mascotas, ya que no hay animales. Los que hay son artificiales y carísimos. Ridley Scott pasó de estas reflexiones como de la mierda, eliminó polvo y lo sustituyó por decorados con lluvia a todo pasto, introdujo en la historia el romance, el ciberpunk y la novela negra sin dejar de preguntarse por la identidad y la búsqueda de redención, cosa que afecta por igual a replicantes y seres humanos de verdad y creó un film inmortal. Philip K. Dick, que no llegó ver la película estrenada, sí estuvo en un pase privado y bailaba sobre una pata. Le encantó la versión del director inglés y la consideró (con gran objetividad) superior a su obra y “una manera nueva de narrar ciencia ficción”. Resultado: todo el mundo cita frases de la película y nadie recuerda una línea de la novela”.

"Le voyage dans la Lune" es una película francesa de 1902, en blanco y negro, muda y de ciencia ficción dirigida por Georges Méliès y escrita en compañía de su hermano mayor Gaston Méliès. Está basada en dos grandes novelas literarias, que son: "De la Tierra a la Luna", de Julio Verne y "Los primeros hombres en la Luna", de Herbert George Wells. Es considerada la primera película de ciencia ficción.

Las de Julio Verne también tienen sus particulares adaptaciones. "Viaje al centro de la tierra" tiene tres adaptaciones en los años 1959,1976 y 2008. "20,000 leguas de viaje submarino" fue dirigida en 1985 en una versión animada de 50 minutos, aunque su mejor versión es la película de 1954.

"La guerra de los mundos" (1958), basada en el libro onomino (1898) de Herbert George Wells.

"La fuga de Logan" de Nolan Y. Johnson tiene su versión dirigida en 1976 por Michael Anderson.

"El día de los trífidos" de John Wyndham tiene una adaptación para el cine bastante casposa y poco recomendable. Mejor el libro, por supuesto.

Isaac Asimov ha visto como "I Robot" y "El hombre bicentenario" han tenido sus versiones cinematográficas. ¿Para cuando una adaptación de la saga de las fundaciones?

"El neuromante" de Gibson podría ser fuente de inspiración de los creadores de Matrix.

Heinlein vio como su "Tropas del espacio" tenía la versión cinematográfica de más dudosa calidad. Algunos la adoran, otros la consideran nefasta. En mi opinión no se le puede considerar ni siquiera una versión.

Finalmente "John Carter" (2012) es una versión del personaje de Edgar Rice Burroughs y sus novelas marcianas de principios siglo XX.

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