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"El ala" de Alta Gracia - Amor y Misterio [Cba.]

UNA HISTORIA DE AMOR Y MISTERIO



El segundo monumento al amor más grande del mundo está en Alta Gracia, Córdoba, Argentina. Una historia de película, pasión y misterio.


"El ala" de Alta Gracia - Amor y Misterio [Cba.]


Contradictorio y fascinante, depresivo, violento y pasional, Raúl Barón Biza fue un hombre polifacético con un aura de escritor maldito que habría de sobrevivirlo. A más de 40 años de su muerte, sigue envuelto en una bruma de misterio.

Cordobés de Villa María, había nacido en 1899. Su padre, Vilfrid, había amasado una fortuna con el comercio de cereales a fines del siglo XIX, y había sido uno de los colonizadores de La Pampa, donde un busto lo recuerda todavía en uno de los pueblos que fundó: Colonia Barón.

Catalina Biza, la esposa de Vilfrid, era una tucumana hija de españoles que había puesto su fortuna al servicio de la ayuda social, y tenía raíces en una familia tradicional y católica de la alta burguesía. Por privilegios de cuna, además de méritos propios, había recibido la Orden Franciscana, la Cruz Pontificia y la nominación de Comendador del Santo Sepulcro.

Como correspondía a su condición social, Raúl fue llevado a Europa para su educación y pasó su juventud entre viajes y una vida cómoda en el despreocupado París de la belle epoque. A comienzos de los años ’20 estaba en la Unión Soviética observando la nueva situación surgida tras la revolución, y para 1928 ya había recalado repetidamente en los puertos más exóticos.

Eran los años siguientes a la Gran Guerra, y los empobrecidos europeos miraban envidiosos y atónitos a esos argentinos ricos que daban la vuelta al mundo en sus propios barcos, con sus vacas a bordo para tener leche fresca, derrochando los pesos fuertes que parecían inagotables.

Boca para mentir y besar. Iba a ser en Viena, una de las etapas de esa fiesta inacabable, donde Raúl Barón Biza conocería a Myriam Stefford. En El derecho de matar, una de las novelas que le harían la fama de escritor maldito, la describiría así: "Boca pequeña de labios pintados, tibios, húmedos. Boca de carmín, tenía ese rictus embustero, delicioso y un poco canalla de todas las divinas bocas nacidas para mentir y besar".

Bella starlet del cine alemán de los años ’20, la Stefford era hija de padres italianos y había nacido en Berna, Suiza, en 1905. Su verdadero nombre era Rosa Margarita Rossi Hoffmann, su padre trabajaba en una fábrica de chocolates, y su madre era ama de casa. A los 15 años se había escapado para vagar por las calles de Viena y de Budapest y, a principios de los años ’20, se transformaría en una actriz sin más talento que su belleza. Para cuando conoció a Barón Biza, su mayor mérito había sido que la dirigiera Emil Jannings, y su currícula empezaba y terminaba en tres películas que la contaban en el reparto: Póquer de ases, Moulin Rouge y La duquesa de Chicago. Ni qué decir que era joven, desprejuiciada y hermosa, y se dejó seducir por el joven millonario argentino.

Corría 1925 y la rutina de la pareja, desde el primer encuentro, estuvo llena de bellos lugares comunes: esquí en Saint Moritz en invierno, baños en la Costa Azul y la Riviera italiana en verano, Capri y Venecia todo el año, y así sucesivamente en unas largas vacaciones que, sin saberlo, Vilfrid Barón financiaba desde Córdoba con su negocio de cereales.

A mediados de 1928, cuando la pareja llegó al puerto de Buenos Aires en la primera clase del Cap d’Ancona, Myriam Stefford y Raúl Barón Biza, jóvenes, ricos y despreocupados, parecían los dueños del mundo. La necesidad de pompa de algunos periodistas hizo que la chica no fuera starlet, sino baronesa, y una revista escribiría sobre ella: "Sólo los encantos de su belleza, la majestad de su porte, la delicadeza de sus líneas, recordaban su condición de aristócrata".

amor

Mientras tanto, presagiando al escritor en que se transformaría, Barón Biza y su amante manejaban a discreción una historia que ellos mismos habían inventado. Habían hecho creer que el viaje a Buenos Aires era sólo una escala en el camino de la dama a Hollywood, donde debía firmar un multimillonario contrato para filmar una película: "En Europa se habla mucho de este país; se dice que Buenos Aires es la París de América. Vine sólo por tres semanas, lo justo para conocer una estancia, bailar unos tangos y tomar mis buenos mates, porque en United Artists me manifestaron el deseo de filmar una película sobre gauchos".

De Los Cerrillos al altar. Después de pasar unos días en Los Cerrillos, la estancia familiar cerca de Alta Gracia, la pareja regresó a Europa y, el 28 de agosto de 1928, en lo que las crónicas mundanas calificarían como "el acontecimiento social del año", Myriam Stefford y Raúl Barón Biza se casaban en Venecia, en la basílica de San Marcos.

Muchos de los invitados figuraban en las nóminas reales: la princesa Lucinge de Faucigny, la baronesa Neily de Rotschild, la condesa Albrizzi, la duquesa Di Sangro y el príncipe Alessandro Ruspoli. Todos vestían trajes típicos venecianos, y el cortejo nupcial, en góndolas, acompañó a los esposos hasta el Hotel Cipriani.

Después de tres años de vivir en París, el matrimonio regresó a la Argentina. Se quedaron en Buenos Aires, aunque de tanto en tanto viajaban a la estancia, a la que Barón Biza había rebautizado con el nombre de su mujer, y alimentaron las páginas sociales de las revistas porteñas. El diario La Prensa publicó una fotografía de Myriam, "retirada del mundo del espectáculo por expreso pedido de su marido", en la que se la veía paseando por el Tiergarten de Berlín con un leopardo amaestrado, llamado Gaucho.

Cuando llegaron a Buenos Aires en el verano de 1931, Stefford ya se había olvidado del cine. Vivían en una casona frente a la plaza Francia, en Recoleta, y las cabalgatas por los bosques de Palermo se alternaban con las galas en el Colón, en la que la ex actriz se lucía con pieles y gasas, brazaletes de oro de Cartier y un anillo que llevaba engarzado un diamante de 45 kilates, llamado Cruz del Sur.

La pasión de volar. Para entonces, Myriam había empezado a cultivar una pasión que le devoraría la vida: volar. En dos meses había conseguido el brevet de piloto civil y había elegido como instructor a Ludwing Fuchs, un alemán veterano de la Primera Guerra. "Quiero iniciar un vuelo de largo aliento y llegar con mi avión donde nunca llegó otra mujer", decía. Barón Biza le había regalado un pequeño monoplano biplaza de ala baja, un BFW con motor de 80 caballos construido en madera de pino, y en ese avión, al que había bautizado Chingolo, comenzaría el raid que la llevaría a la muerte.

Al principio, Stefford había planeado un vuelo que la conduciría hasta Río de Janeiro, como parte de un proyecto más ambicioso que la convertiría en la primera mujer que uniera en avión la Argentina y los Estados Unidos. Fuchs, sin embargo, había conseguido que desistiera del proyecto, y la joven había accedido a intentar un itinerario más modesto que uniera las 14 capitales de provincia de la Argentina de esa época.

El 18 de agosto de 1931 el raid comenzó en el aeródromo de Morón, y la primera etapa acabó esa tarde al llegar a Corrientes. Al día siguiente, Stefford y su instructor Fuchs como acompañante viajaron a Santiago del Estero, y la tercera etapa los llevó a Jujuy, donde al aterrizar chocaron contra un alambrado que les destruyó parcialmente el avión.

Era una advertencia que nadie hubiera desoído, pero Myriam aceptó el avión que otro piloto, Mario Debussy, les ofreció para continuar, y desde allí volaron a Salta, a Tucumán y después a La Rioja.

El 26 de agosto de 1931, cuando estaban en camino hacia San Juan, el motor de la aeronave se paró para siempre sobre los campos de Marayes y se incendió al caer. Ludwing Fuchs y Myriam Stefford murieron instantáneamente. Ella tenía 26 años.

Aunque una pericia policial determinó que el accidente había sido provocado por la limadura de una chaveta en el motor y el mecánico del avión denunció a Barón Biza por el crimen, nada se pudo probar y la pena del viudo adquirió características monumentales.

Una tumba faraónica. A Myriam Stefford la velaron a cajón cerrado en el Centro de Aviación Militar, y al entierro concurrió una multitud. A los pocos días, en el lugar del accidente, su viudo hizo colocar un monolito con una placa que recogía una frase de cuño mussoliniano: "Un bel morir tutta la vita onora". Cuatro años más tarde, pondría en marcha el proyecto de la tumba faraónica.

El lugar que eligió para emplazarlo fue su estancia Los Cerrillos, en Alta Gracia, que había rebautizado en homenaje a su mujer, y convocó al ingeniero Fausto Newton y a un centenar de obreros polacos para que pusieran manos a la obra. Seis meses después, cuando estuvo terminado, el monumento resultó imponente: era un ala de avión de hierro y cemento de 85 metros de altura –cinco más que el obelisco porteño– hueco por dentro, y coronado por un faro.

misterio

En la cripta, a seis metros de profundidad, Barón Biza había hecho colocar los restos mortales de su mujer, y metros más abajo, entre los cimientos, una caja de acero donde guardó sus joyas, incluido el diamante Cruz del Sur.

El sepulcro estaba rodeado por cariátides y cubierto por una lápida de mármol negro, donde rezaba: "Maldito sea el que profane esta tumba". A la entrada del monumento, en una vitrina, estaban el casco de Myriam Stefford, su reloj de vuelo y el timón del Chingolo II, debajo de una losa con la siguiente leyenda: "Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que en su audacia quiso llegar hasta las águilas".

obelisco

Último capítulo. Raúl Barón Biza había puesto distancia con el recuerdo de su primera mujer y su tumba faraónica. Se había vuelto a casar con Clotilde Sabattini, hija de el ex gobernador radical Amadeo Sabattini, y había dilapidado su fortuna. Acabaría sus días en Buenos Aires, administrando los locales del Pasaje Obelisco, bajo la avenida 9 de Julio.

El 17 de agosto de 1964 le pondría el punto final a la novela de su vida, suicidándose tras una violenta disputa con su segunda ex mujer, y los hijos que había tenido con ella decidieron por él cuál sería su último destino: hoy Barón Biza está enterrado bajo un olivo, a metros del ala funeraria donde yace Myriam Stefford.

Fuente


cordoba


INFORME DE TV SOBRE LA HISTORIA



link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Y80Kzut7hSI&feature=related


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=8QjCcZCOWUs&feature=related






ala

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14 comentarios - "El ala" de Alta Gracia - Amor y Misterio [Cba.]

@motoglamm Hace más de 5 años
interesante, siempre quise saber la historia del ala... te dejo puntos CHEE!!
@CarlitosFapFarc Hace más de 5 años
una mina de aca de cordoba escribio un libro con la historia de ese monumento, el chabon estaba re loco la esposa anterior a esa la habia agarrado cuando tenia 15 encima la mato era un hdp zarpado en realidad...
@elgus114 Hace más de 5 años
Yo conocí cuando era chico el monumento por dentro y todavía tenía la famosa lápida que rezaba Maldito sea el que profane esta tumba...

bastante julepera la frase, pero igual le afanaron todo, luego(creo que la familia) se llevaron todo lo que quedaba a otra parte, lápida incluida.............

te dejo 5 porotos
@jmgui Hace más de 5 años




Exelente viejo!! = ya conocia la historia. +10!!



y una pregunta, ¿Cual es el otro monumento al amor?
@jmgui Hace más de 5 años
caritotomas dijo:
jmgui dijo:



Exelente viejo!! = ya conocia la historia. +10!!



y una pregunta, ¿Cual es el otro monumento al amor?




mmm a mi criterio creería que es el Taj Mahal... me diste la idea de postear esa historia, pero ya la encontre en Taringa, asiq si te interesa...

http://taringa.net/posts/info/1628179/Taj-Mahal:-Una-Historia-de-Amor.html

Me encanta leer estas cosas!




Leyendo... y mis 10 que me olvide, creo
@quinoto Hace más de 4 años
Excelente post!! Anoche vi una obra de teatro independiente muy buena, sobre Baron Bisa que me llevó a esta pagina. Si andan por Cordoba se las recomiendo. Se llama Torrente de Baron.
A vos te dejo los 10 por el laburo y la calidad.
Gracias por postear esto.
@alexg673 Hace más de 4 años +2
elgus114 dijo:Yo conocí cuando era chico el monumento por dentro y todavía tenía la famosa lápida que rezaba Maldito sea el que profane esta tumba...
bastante julepera la frase, pero igual le afanaron todo, luego(creo que la familia) se llevaron todo lo que quedaba a otra parte, lápida incluida.............
te dejo 5 porotos

Estas hablando gansadas.
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@nihilismus Hace más de 2 años +1
Como descendiente de Fausto, informo que la historia está muy distorsionanda... Elucubren, nomás...
@tobines Hace más de 1 año
Hay muchisimo verso en la historia salvo en que termino laburando cerca del obelisco en bs as como el que el construyo, jajajaja