Los guaraníes

Los guaraníes
Los guaraníes son un grupo de pueblos sudamericanos, cuyos habitantes viven en el Noreste de Argentina, Suroeste de Brasil, Paraguay , sureste de Bolivia y parte de Uruguay . Su autodenominación étnica es avá, que significa "hombre". Fueron llamados por los españoles carios, chandules, chandrís y landules. Son un pueblo nativo sudamericano, originario de la región amazónica, que se estableció en distintas regiones del continente, especialmente en Brasil, Paraguay y Argentina.

Las causas de su migración hacia el sur fueron principalmente la necesidad de ocupar nuevas tierras aptas para el cultivo y la presión de otros indígenas.

El pueblo guaraní poseyó desde un inicio, un carácter intrusivo en la región platense. Su entrada fue violenta y determinó una existencia constantemente ofensiva y defensiva respecto a las poblaciones aborígenes no guaraníes que habitaban la región.

Los idiomas hablados por estos pueblos (guaraní) pertenecen a la familia tupí-guaraní. El guaraní paraguayo es lengua oficial en el Paraguay y su dialecto correntino es co-oficial junto con el castellano en la provincia de Corrientes en Argentina.

La mezcla del idioma guarani con el castellano es conocido en Paraguay como una tercera lengua (guarani jopara o jehe‘a). unos dos millones de paraguayos en el exterior hablan en guaraní.

Los hombres prácticamente no usaban ropa, en cambio las mujeres usaban una especie de tapa triangular de plumas o algodón tejido por ellas mismas. Desde la llegada de los misioneros los hombres comenzaron a utilizar un chiripá y una especie de taparrabos (baticolas) confeccionadas con la chala u hojas del maíz, fibra de ortiga o algodón; las mujeres comenzaron con el uso del typoi, una túnica del algodón sin mangas, hasta los tobillos.

Los ataques se realizaban en forma masiva. Previo al ataque, se hacia caer sobre las fuerzas adversarias una lluvia de flechas y piedras. Luego venía la embestida directa con lanzas, macanas o garrotes.

Organización religiosa
Desde el mismo momento de la conquista hispánica, llamó la atención de los conquistadores y colonizadores el hecho de que los guaraníes no poseyeran templos, ni ídolos o imágenes para venerar, ni grandes centros ceremoniales.

No dudaron en concluir que se trataba de un pueblo sin ningún tipo de creencias religiosas. La verdad era otra, la religiosidad existía y era profundamente espiritual, a tal punto de no necesitar de templos ni de ídolos tallados.

Ñanderuvusú, nuestro padre grande, o Ñamandú, el primero, el origen y principio, o Ñandejará, nuestro dueño, eran los nombres que hacían referencia a una divinidad que era concebida como invisible, eterno, omnipresente y omnipotente. Una entidad espiritual concreta y viviente que podía relacionarse con los hombres, por ejemplo bajo la forma perceptible de Tupâ, el trueno. Se manifestaba en la plenitud de la naturaleza y del cosmos, pero nunca en una imagen material. Ñamandú no era el dios exclusivo de los guaraníes, era el dios padre de todos los hombres.

Frente a Ñamandú, el padre bondadoso, el dador de vida y sustento del equilibrio del orden universal, estaba la otra dimensión de la realidad espiritual, el mal, expresado en el concepto de Añá. Esta fuerza maléfica era la generadora de la muerte, la enfermedad, la escasez de alimentos y las catástrofes naturales.

Fundamentaron el origen y la existencia de los dioses, los hombres y la naturaleza, mediante mitos. Creen en la continuidad de la vida después de la muerte. Por eso a sus muertos le proveen todo lo necesario para que pueda realizar sin carencias, el largo y peligroso viaje a la tierra sin males.

La Tierra sin Mal no constituía un mito para los guaraníes. Era un lugar real, concreto, que se ubicaba imprecisamente hacia el este, más allá del Gran Mar (océano Atlántico). Esta creencia en la Tierra sin Mal generaba periódicamente grandes migraciones en su búsqueda, inspiradas por el mesianismo de algunos chamanes o payés.

Creen con firmeza que son muchos los peligros que acechan al viajero. Los niños gozan de protección divina quedando exceptuados de todo peligro.

El alma proviene del paraíso de Tupá Rueté, dios de la lluvia. Al morir, el espíritu del muerto vuelve a su lugar de origen.

Los entierros se realizan en un pozo, o en urnas de barro y el túmulo en la misma casa del muerto. Quien además, lleva consigo armas, ropas y trofeos.

La costumbre obliga a una práctica rígida de culto permanente a los antepasados, manteniendo una relación estrecha y continua entre la comunidad de los vivos y los muertos que se traducen en ayuda recíproca. Estas relaciones implican prácticamente derechos y obligaciones recíprocas: Por ejemplo los muertos proveen de alimentos a sus deudos, les envían lluvia que favorece las plantaciones, velan constantemente por su bienestar. Los deudos, a su vez, deben tributarles ofrendas; además celebran en honor a los muertos una gran fiesta cada año. Los espíritus se mantienen vivos en el corazón de la comunidad.

La práctica espiritual
El chamán o payé, posee poderes sobrenaturales y desempeña una función directriz, conductor de su pueblo en todos los actos comunitarios.

El chamán mediante su gran poder entra en comunicación con los espíritus buenos y con los malignos, defendiendo a su comunidad contra estos últimos. El intermedia entre el hombre y Dios, además de ser adivino, hechicero, médico, sabio, profeta, jefe espiritual, director de las danzas y ceremonias de la comunidad. A diferencia del cacique, cuyo poder era temporal, el payé se imponía al grupo por sí mismo.

El consumo de hierbas y hongos de propiedades alucinógenas era utilizado por el payé y generaba una atmósfera que arrastraba a los integrantes de la comunidad a vivenciar experiencias semejantes a los de tipo místico.

Se detalla todo lo relacionado a la organización religiosa y la práctica espiritual en presente y no en pasado, debido a que aún hoy se siguen manteniendo dichas tradiciones.

El estado de Agujé
Los guaraníes necesitaban, perentoriamente, encontrar la Tierra Sin Mal. Que no es un lugar físico como se cree, si bien se supone que tiene existencia en una realidad física, y puede encontrarse sin morir (no es como el paraíso cristiano). La Tierra Sin Mal es un estado de un individuo o un grupo. Un estado que se obtiene a través de la acumulación de energía. Este estado se llama Agujé y cuando uno llega a él, el daño (lo malo) "no lo alcanza". Cuando una persona o grupo llegan a este estado pueden desaparecer de este mundo (también pueden permanecer), pueden incluso quedarse en este mundo durante mucho más tiempo que un simple mortal. Existen muchos ejemplos de personas que alcanzaron el aguyé (véase Curt Nimuendaju en Brasil o el Capitán Chikú en Argentina).

Ahora bien, la búsqueda del agujé para llegar a la Tierra Sin Mal, guiaba —y guía— la vida cotidiana de los guaraníes (guaraní no es solo el pueblo originario, sino también el miembro de su religión). Hay muchos caminos para lograrlo y uno de ellos es sin duda, arrebatárselo a quien ya lo tiene. Los grandes guerreros acumulan gran cantidad de energía fruto de sus hazañas, y por lógica es posible tomarla de ellos —a través de la astucia y la fuerza— indistintamente. El ciclo de guerras entre guaraníes antiguos, demuestra que ellos jugaban un juego para obtener poder con el fin de Cruzar el Umbral hacia la Tierra Sin Mal. La energía se acumula en las dos almas de la persona (el ser espiritual —la palabra— y el alma animal, la sintaxis o el ciclo vital) y por supuesto también en su cuerpo percibible. Comerse la carne de un guerrero no es más que el fin de un festín energético que comienza mucho antes del acto físico de comer, comienza por ejemplo, hablando, invocando, cantando, festejando la próxima ingesta del poder acumulado en la personalidad del otro.

De hecho, cuando capturaban un guerrero, éste no escapaba, vivía libre en la aldea de sus captores, engendraba un hijo con alguna mujer de sus futuros devoradores, le cambiaban de nombre (se pasaba a llamar "Futura Comida" y en definitiva se paseaba libre por la aldea, hasta que un año después moría en combate —él, sólo, atado a un pie, contra todos los guerreros que lo habían capturado. No huía, porque al aceptar su destino, seguía su lucha por conservar poder, hasta el final. Jugaba su carta a traspasar el umbral luchando (llevándose su poder o tal vez "llevado" por su poder, conseguía el aguje (o no) en un juego de paciencia y entrenamiento físico. Si perdía, sus captores se llevaban la energía y el podía volver en su hijo (creían en la reencarnación) y seguir buscando el aguje a través de ese juego —ahora emparentado a sus devoradores. Si ganaba, llegaba a la Tierra Sin Mal.

La mitología guaraní
Abaangui
Abaangui es el dios de la Luna de la mitología guaraní. De acuerdo con la leyenda, Abaangui tenía una nariz enorme. Se cortó la nariz y la lanzó al cielo, y ésta se convirtió en la Luna. En otra versión de la leyenda, Abaangui era el abuelo de los guarayús y tenia dos hijos, cada uno de ellos tiró una flecha hasta el cielo, donde quedó fija, luego cada uno tiró otra flecha que entró en la primera y así siguieron hasta formar dos cadenas que iban del cielo hasta la tierra. Por esta cadena treparon los dos hijos de Abaangui hasta llegar el cielo y allí se quedaron, transformándose en el sol y la luna

Añá
Añá, Anhá o Añag es la principal figura maligna de la mitología guaraní. En guaraní, la palabra AÑÁ también significa mal, maldad, maligno, maléfico, malvado.

Asemejado al diablo o satanás, sin embargo reconoce un origen muy distinto al Satanás de la tradición judeocristiana, y que fuera introducida por los primeros evangelizadores españoles de la Provincia del Paraguay y especialmente por los misioneros jesuitas en sus reducciones para enseñar el Catesismo dentro de las Reducciones, a fin de que los indígenas guaraníes comprendieran con más facilidad las enseñanzas cristianas.

Una de las leyendas guaraníes que nos cuenta el origen de Añá dice que "una vez que Tupâ (Dios) hubo creado divinidades, genios, gigantes, monstruos y variedad de animales, puso a prueba a uno de sus actores: Aña (Diablo) genio del mal. Hallabase Tupâ a orillas del Para (mar), bajo la forma de su criatura más perfecta, el hombre, entretenido en hacer figuras de ñai'û (arcilla negra), que iba colocando en fila.

De pronto surgió Aña con intención de destruirlas, pero antes de poder cumplir sus maléficos fines, Tupâ que aparentaba ser un simple mortal, dio unos palmoteos y en ese instante todas aquellas figuras inanimadas cobraron vida y antes de que Aña las alcanzara, empezaron a volar. Tupâ había creado al mbyju'i (golondrina). Aña sintió arder en su sangre la envidia y comenzó también a hacer figuritas de ñai'ü, colocándolas en fila. Tupâ lo contemplaba sin decir palabra. Aña terminó su tarea y dio unos palmoteos imitando a Tupâ, pero aquellas figurillas, en vez de volar, empezaron a saltar, Aña había creado a kururu (sapo) y a ju'i (rana).

Nuevamente Tupâ modeló otra figurilla y al soplarla ella quedó aleteando en el aire, convirtiéndose en un tornasolado pajarito; superando la primera obra, había creado al mainumby (colibrí), Aña no se dio por vencido y modeló a su vez una nueva figura que, al animarla, se convirtió en el ser volátil más raro y repugnante; había creado al mbopi (murciélago)".

Luisón
El Luisito, Juicho o Lobizón es el séptimo y último hijo varón de Taú y Kerana y uno de los monstruos legendarios de la mitología guaraní.

El lobisón (también conocido en otras regiones sudamericanas como lobisón, lubisonte y luizon), es el sinónimo sudamericano del hombre lobo europeo. La leyenda dice que el lobisón es el séptimo hijo varón de una familia (esto ultimo, mas difundido en la zona litoral Argentina),que en las noches de luna llena de los Viernes; y/o Martes se transforma en un "animal” que mezcla las características de un perro muy grande y un hombre(otras veces, también, mezcla las características de un cerdo). Para la transformación, el meldesido, comienza sintiéndose un poco mal; por ejemplo comienza sintiendo dolores y malestares, luego , presintiendo lo que va a venir, busca la soledad de un lugar apartado, como la partes frondosas del monte, se tira al piso y rueda tres beses de izquierda a derecha, diciendo un credo al revés. El hombre-lobisón se levanta con la forma de un perro inmenso, de color oscuro que va del negro al marrón bayo(dependiendo del color de piel del hombre portador de "la maldición",ojos rojos refulgentes como dos brasas encendidas ,patas muy grandes que son una mezcla de manos humanas y patas de perro, aunque otras beses, también tienen forma de pesuñas y que despide un olor fétido, como a podrido. Luego se levanta para vagar asta que caiga el día. Cuando los perros notan su presencia lo siguen aullando y ladrando ,pero sin atacarlo, por donde valla. Se alimenta de las de eses de gallinas (por eso se dice que cuando el granjero ve que el gallinero esta limpio, es porque el lobisón anda asechando por el lugar), cadáveres desenterrados de tumbas y debes en cuando come algún bebe recién nacido que no halla sido bautizado. El lobisón es reconocido por: -los lobisones son hombres flacos y enfermizos, que desde niños, fueron personas solitarias y poco sociables -el lobisón cae siempre en cama enfermo del estomago los días después de su transformación. -el hechizado vuelve a su forma de hombre al estar en presencia de su misma sangre, así, al ser cortado , recuperara su verdadera forma. Pero se vuelve enemigo a muerte de quien descubre su sagrado secreto y no se detendrá asta verlo muerto. Para matar a un lobisón se tiene que hacer con un arma blanca o con una bala bendecida. Para alejarlo, ante su presencia, se debe arrodillar y rezar un padre neutro, realizar la señal de la cruz, arrojarle agua bendita o un tizón al rojo vivo y/o también botellas rotas. EL hombre-bestia puede volver a pasar su maldición, pasando por debajo de las piernas de otra persona, así el queda curado y el otro hombre queda maldecido .Al matarlo el se transformara el humano nuevamente y así podrá ser liberado del mal que lo acosa. Se cree que la historia vino con las colonización europea, como una degeneración del relato folklórico europeo del hombre lobo, pero hay evidencia que demuestra que los aborígenes autóctonos ya contaban historias de los hombres-bestias; en los que se encontraba el hombre-tigre, hombre-puma, etc., siendo estas las bestias mas temidas por la zona. Las diferentes historias, por lo general, no muestran al ya nombrado lobisón como una bestia agresiva con los humanos, si no que mas bien pacifica aunque hay que estar siempre alerta ante un posible ataque, ya que no es una bestia amigable

Mbói Tu'i
Segundo hijo de Taú y Kerana y uno de los siete monstruos legendarios de la mitología guaraní.

Mbói Tu'i se traduce literalmente por "víbora-loro", lo que describe la morfología de esta criatura.

Este ser tenía la forma de una enorme serpiente con un gran cabeza de loro y un pico descomunal. Tenía una lengua bífida roja como la sangre. Su piel es escamosa y veteada. Su cabeza está emplumada. Tiene una mirada maléfica con la que asusta a todo aquel que tiene la mala suerte de encontrarse con él.

Ronda por los esteros y protege a los anfibios. Adora la humedad y las flores. Lanza terribles y potentes graznidos que se escuchan desde lejos y provocan terror en las personas que lo oyen.

Se lo considera el protector de los animales acuáticos y los humedales.

Moñái
Moñái es el tercer hijo de Taú y Kerana y uno de los monstruos legendarios de la mitología guaraní.

Este ser tenía el cuerpo de una enorme serpiente con dos cuernos rectos e iridiscentes que funcionan como antenas.

Sus dominios son los campos abiertos. Puede subir a los árboles con gran facilidad y se descuelga de ellos para cazar a las aves con las que se alimenta y a quienes domina con el hipnótico poder de sus antenas. Es por ello que también se dice que es el señor del aire.

Moñái era aficionado al robo y ocultaba todos las productos de sus fechorías en una cueva. Los continuos robos y saqueo de las aldeas provocaban gran discordia entre la gente que se acusaba mutuamente por los robos y las misteriosas "desapariciones" de sus pertenencias.

Reunidos en una asamblea deciden que poner fin a las fechorías de Moñái y sus hermanos. La hermosa doncella Porasy se ofrece a llevar a cabo dicha misión. Para ello convence a Moñái de que se ha enamorado de él y que antes de celebrar sus nupcias quiere conocer a sus hermanos.

Moñái la deja al cuidado de Teyú Yaguá y parte a buscar al resto de sus hermanos: Mbói Tu'i, Yasi Yateré, Kurupí, Luisón y Ao Ao. Cuando por fin los trae consigo, comienzan los rituales de la boda. La caña circula entre los hermanos a raudales. Pronto éstos están completamente ebrios. En ese momento Porasy trata de ganar la salida de la cueva que estaba tapiada con una enorme piedra.

Moñái advierte el movimiento y saliendo de la penumbra envuelve con su cuerpo de serpiente el cuerpo de la doncella tirándola nuevamente al fondo de la caverna. Porasy alcanza a dar la voz de alarma a su gente que la estaba esperando afuera y sabiéndose perdida les ordena que quemen la cueva, aún con ella adentro.

En recompensa al sacrificio de Porasy, los dioses elevan su alma convertida en un punto de luz pequeño pero intenso. Desde entonces los dioses destinan al espíritu de Porasy de alumbrar la aurora.

Pombero
El Pombero es un personaje multifacético de la mitología guaraní. Se lo conoce también con los nombres de Pyragué (pies peludos), Karaí pyhare (Señor de la noche) y Kuarahy jára (Dueño del sol, tal como se lo conoce en el mito mbyá del sur del Brasil). E igualmente con el nombre de "Chopombe" (abreviatura de Cho - que equivale a la expresión castellana "Don" - y Pombéro.

El pomberoAlgunos sostienen que podría tratarse de un aborigen Guaycurú, pueblo con los cuales los guaraníes tenían continuos conflictos.

Lo definen como un hombre más bien bajo, fornido, muy moreno y retacón, con abundante vellosidad y brazos tan largos que los arrastra. A veces usa un enorme sombrero de paja y luce andrajoso, puede llevar una bolsa al hombro. Se cuenta que sus pisadas no se sienten. Sus pies se pueden dar la vuelta, de manera que confunde a aquellos que quieren seguirlo, aunque en ésta se una característica de una población indígena del Chaco paraguayo denominados pyta jovái (Talones Dobles), porque al utilizar unas zapatillas de plantilla rectangular era imposible descubrir hacia donde se dirigía en caminate en el polvoriento suelo chaqueño. La mayoría de las versiones coinciden en describirlo con la boca grande y alargada y los dientes muy blancos; los ojos chatos, como los del sapo, una mirada fija, como la lechuza; y las cejas de pelo largo.

Puede ser amigo o enemigo del hombre, según la conducta de éste. El hombre que quiera tener de aliado a este duende puede dejar ofrendas por la noche como tabaco, miel o "Kaña", una bebida alcohólica originaria de Paraguay. Generalmente, la gente del campo le piden favores como hacer crecer los cultivos en abundancia, cuidar de los animales de corral, etc. Pero después de pedirle un favor no deben olvidarse jamás de hacer la misma ofrenda todas las noches durante 30 días porque si lo olvidan, despertarán su furia haciendo innumerables maldades en aquel hogar.

Nunca debe pronunciarse su nombre en voz alta, hablar mal de él o silbar en horas de la noche, porque esto lo enoja. Puede vengarse molestando o ensañándose con esa persona. Un mero roce con sus manos peludas puede producir que la persona se torne zonza, muda o experimente temblores. Se dice que si se le imita el grito, el Pombero puede contestar de manera enloquecedora. Por eso, y para no ofenderle, la gente prefiere nombrarlo en voz baja y se guarda de pronunciar su nombre en las reuniones nocturnas.

Muchos testigos del campo afirman, todavía en la actualidad, que lo han visto. Puede molestar a sus enemigos tirándoles piedras o haciéndose invisible para luego mover las ramas de los árboles o imitar voces de animales salvajes o aparecerce como un asno sin cabeza y cosas por el estilo. Abre puertas y ventanas con violencia. Anuncia su presencia por un silbido agudo en medio de la callada noche. Busca asustar a la gente piando como ciertas aves cuando cae el sol, es otra forma de saber que el Pombero está muy cerca. Se dice que le gusta rondar a mujeres embarazadas porque piensa que es el padre o madres con bebés pequeños que no han sido bautizados y se les anuncia por las formas ya mencionadas.

Inicialmente era considerado un genio protector de las aves de la selva. Sin embargo, a medida que evolucionaba el mito fue "adquiriendo" nuevas habilidades: poder mimetizarse con facilidad o metamorfosearse en cualquier animal, imitar el canto de cualquier ave (en especial las nocturnas), hacerse invisible, deslizarse por cualquier ranura u orificio.

También es descrito como un personaje travieso que desordena la casa, extravía los objetos, rompe o descompone los aparatos, dispersa a los animales, roba tabaco, miel, huevos o gallinas, desparrama el maíz, espanta a las aves de corral y abre las tranqueras dejando escapar al ganado, tira al jinete de su montura y asusta a la cabalgadura.

Es muy atrevido ya que en sus andanzas nocturnas gusta de despertar a las mujeres con el suave y escalofriante roce de sus manos. A veces las secuestra y las posee, y después de saciarse las deja ir, generalmente embarazadas, en cuyo caso el hijo nacerá muy parecido a él(se dice que con sólo tocarles el vientre las puede dejar embarazadas).

El Pombero, como personaje mitológico aparece mencionado en distintas manifestaciones culturales, a parte del Paraguay, también se lo menciona en noreste de la Argentina y suroeste del Brasil Tal vez la más famosa de estas menciones sea en el estribillo de la canción "María va" de Antonio Tarragó Ros y que inmortalizara Mercedes Sosa:

"Mirar rasgado, patitas chuecas, María va, pisando apenas la arena ardiente, María va, calcina al monte un sol de fuego, María va, temor Pombero, palmar, estero, María va, quiso la siesta ponerle un niño a su soledad, de trigo y luna, y de su mano, María va, por el tabacal, tu paso María va, y se bebe el sol, que huele a duende, María va [...]"

Teyú Yaguá
Teyú Yaguá o Teju Jagua es el primer hijo de Taú y Kerana y uno de los siete monstruos legendarios en la mitología guaraní.

Teyú Yaguá significa literalmente "lagarto-perro" y está relacionado con las características físicas del mismo.

Debido a la maldición lanzada por Arasy contra Taú por haber raptado a Kerana, su descendencia será por siempre deforme y monstruosa.

Así, el primer hijo de la pareja es un enorme lagarto con siete cabezas de perro cuyos ojos lanzan llamaradas. Sus siete cabezas de perro dificultaban cualquier tipo de movimiento. En algunas versiones, Teyú Yaguá sólo tiene una enorme cabeza de perro. Pero en todas las varientes coinciden en su escasa capacidad de moverse.

Su aspecto era el más horroroso de los siete hermanos. Sin embargo su ferocidad fue aniquilada por deseo de Tupá. Era dócil e inofensivo. Aún así era temido por su mirada fulgurante.

Se nutría de frutas y su hermano Yasy Yateré le proporcionaba miel de abeja, alimento de su predilección. Fue considerado como el señor de las cavernas y protector de las frutas. Se lo menciona también como genio protector de las riquezas yacentes en el suelo. Su piel adquirió brillo revolcándose en el oro y las piedras preciosas de Itapé.

Yasy Yateré
El Yasy Yateré, Yasí Yateré, Yaciyateré o Jasy Jatere (en la actual ortografía del avañe'ẽ) es una especie de duende o gnomo de la mitología guaraní. Su creencia se extiende por todo el nordeste argentino (incluyendo a las provincias de Misiones, Corrientes, Formosa y parte del Chaco), Paraguay y sur de Brasil.

Algunas fuentes sostienen que Yasy Yateré es una derivación o deformación del nombre original que significaría "fragmento de luna" en guaraní. De allí que inicialmente este personaje tuviera el cabello de color blanco o plateado (por los rayos de luna) y fuera un personaje nocturno. Sin embargo actualmente se lo considera un personaje más bien diurno.

Muchas de las características de este personaje se confunden con las del Pombero. El Yasy Yateré suele ser representado como un enano o un niño pequeño, desnudo, hermoso, de cabellos dorados, (en algunas variantes barbudo), con un sombrero de paja y un bastón de oro donde residen sus poderes mágicos .

Suele recorrer el monte a la hora de la siesta, atrayendo a los niños con un silbido hipnótico que imita al de un ave. Se dice que aparece sobre todo durante la época del avatiky (cosecha del choclo o maíz tierno) que gusta comer.

El Yasy Yateré se vale de su silbido o de su bastón mágico para atraer a los niños, a los que rapta. Los lleva al monte donde los retiene un tiempo para jugar con ellos y alimentarlos con miel y frutas. Luego los abandona o los deja enredados en ysypo (liana).

Antes de abandonarlos, el Yasy Yateré los lame o los besa, dejándolos tontos o idiotas (tavy: akã tavy), mudos (ñe' engu) o sordomudos. Sin embargo, éstos se recuperan después de un cierto tiempo. En algunas zonas se cree que al cumplirse un año del rapto, el niño tiene un "ataque" con convulsiones (epilepsia).

En otras versiones, si el Yasy Yateré se cansa del niño, puede llevarlo al río donde lo ahoga .

Una forma de volver inofensivo a este personaje es quitándole su bastón dorado, sin el cual se carece de poderes. Entonces el Yasy se pone a llorar como un niño pequeño. Para conseguir esto, basta con embriagarlo con caña (aguardiente), bebida a la que es muy aficionado.

Otra forma de congraciarse con él es ofreciéndole pencas de tabaco, que se dejan en zonas aledañas a la casa o bien en los caminos de entrada al monte.

En la versión de Rosicrán de la mitología guaraní, Yasy Yateré es el cuarto hijo de Taú (espíritu del mal) y de Keraná (diosa del sueño).

Este mito es usado por las madres, sobre todo en áreas rurales, para evitar que los niños se alejen de sus casas a la hora de la siesta (obligada en estos sitios por las elevadas temperaturas).

El mito del Yasy Yateré se encuentra aún vivo y con bastante vigor en determinadas áreas rurales. .

Está presente, además, en muchas manifestaciones culturales, tanto del nordeste argentino como del Paraguay:

En letras de canciones populares (chamamés y en un tango titulado precisamente Yasy Yateré ).

En cuentos ("El Yaciyateré" de Horacio Quiroga) y poemas.

En dibujos e historietas (suele ser un personaje habitual de la tira "Gurí Guazú" del humorista Latre, publicado en el diario El Territorio de Misiones, donde aparece con el nombre de "Yasí Tereré", en referencia a la popular bebida paraguaya). También aparece frecuentemente en la historieta Dr. Capo de autor anónimo.

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3 comentarios - Los guaraníes

@Joaco96
gracias lo necesitaba
@aquito1234 -2
cannabis de calidad y baratoo