Los tiempos cambian, pero los tontos permanecen. Para que no lo pisotee si tropieza accidentalmente con él, detallaremos las características del tonto contemporáneo.

En primer lugar, no es un delincuente que descarga -roba- películas de la red. Paga 6.5 euros para ir al cine incómodo y frío, donde se reúnen a hablar las personas que no saben ver la televisión en silencio. Su tontería llega así al extremo de sufragar el vicio ajeno. Avergüenza confesarlo, pero este triste mamífero tampoco obtiene la música ilegalmente de internet. Compra los CDs, ya les advertimos que el animalejo exhibe un comportamiento pornográfico.

El tonto contemporáneo se dirige al quiosco para satisfacer su sed de información. Allí adquiere periódicos y revistas, porque no considera abusivo pagar una cantidad módica a cambio de escuchar el rumor del planeta. Es tan tonto que no posee ni casa, porque no quería endeudarse o porque no se la podía permitir. Ni siquiera los persuasivos mafiosos, disfrazados de ejecutivos de instituciones financieras, le convencieron con la vana promesa de que ellos avalarían la operación. Simultáneamente, el estúpido pagaba las desgravaciones tramposas por la compra de vivienda -delincuencia de Estado, denunciada por la UE y la OCDE- que han llegado a sumar el uno por ciento del PIB. Por si esto fuera poco, el muy tonto da hoy su dinero a los bancos que concedieron hipotecas irresponsables a quienes se las podían permitir todavía menos que él.

El tonto contemporáneo es religiosamente pagano, paga por todo. Deposita sus ahorros en una caja que se los regala a un imprudente insolvente, y que después amenaza al tonto con guillotinarlo si entra en números rojos. Después vota al partido que mantiene en sus cargos a los autores del atropello anterior. Paga el precio real de billetes aéreos y habitaciones de hotel, sin salirse del presupuesto -los amigos de las gangas que el tonto equilibra siempre tienen el agua al cuello-. El muy imbécil siente la obligación moral de restituir una deuda, así que empieza por no endeudarse. El tonto contemporáneo, antes llamado ciudadano.

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