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La suerte de la fea

La suerte de la fea

Dicen que la suerte de la fea la bonita la desea. El dicho es tontísimo y no hace más que reforzar estereotipos misóginos, pero explica muy bien lo que acaba de suceder con la Señorita Huila y su equivocada respuesta sobre Nelson Mandela. Los medios y su audiencia se relamieron: ¡Ya tenemos la perla del reinado de este año!, exclamaron, una perla que se sumará a las miles de ‘pruebas’ de que las ‘bonitas’ son ‘brutas’ y entrará al hall de la fama de Youtube junto con “yo salvaría al perro”, “hombre con hombre, mujer con mujer” y “Confucio”. Todos conocemos estos tropos y nos encantan, porque por alguna razón se volvió ejercicio terapéutico demostrar cuán brutas son las reinas, mientras seguimos el reinado igualmente embrutecidos.

Del infructuoso ejercicio hay que decir que tiene su grado de facilismo: son mujeres que no están dedicadas a la cultura general sino a su cuerpo, a parecerse a eso que en colectivo llamamos “belleza”, y esa tarea toma tiempo y energía. Ellas no nos están retando a nosotros a aguantar horas y horas de gimnasio y si lo hiciesen muchos perderíamos. Tal vez yo sea buena contestando trivia de eso que arbitrariamente hemos elegido llamar ‘cultura general’ pero estoy segura de que la Señorita Huila está más versada en temas que yo ni alcanzo a imaginar. Pero las reinas no vienen a mí a exigirme demostraciones de ejercicios de pilates para después burlarse de mí. Y tampoco, jamás han dicho o se han vanagloriado de su amplísima ‘cultura general’. Antes, yo supongo que como todos los colombianos, se enteran de lo que pueden en un contexto donde la educación es mediocre, los medios de comunicación superficiales y ser un sabihondo está muy mal visto.

Es claro que la única razón por la que le hacen a las reinas de oficio estas preguntas (mientras bailan hula hula) es para burlarse de ellas. Porque, claro, ya que son así de ‘bonitas’ seguro no son inteligentes, “de eso tan bueno no dan tanto”, decimos para nuestros adentros a manera de bálsamo a nuestros complejos. La actitud juega con esa disyuntiva de que las mujeres son: bonitas o feas, inteligentes o brutas, y que ninguna puede tenerlo todo. Pues resulta que las mujeres (como todas las personas) somos muchas cosas y podemos ser todas las cuatro características a la vez según el contexto en que estemos. Además, la disyuntiva parte de una comprensión bastante limitada de lo que es belleza o inteligencia.

A mí no me gustan los reinados de belleza y la sola premisa de pasear a mujeres en vestido de baño para calificarlas como productos me parece horrible. Pero me parece aún peor estar burlándose de otras mujeres y reducirlas a estereotipos. Les pedimos a las mujeres que sean como las reinas: elegantes, guapas, suaves, sonrientes, y después las castigamos por serlo. Es una lástima que con todo lo que sucede a diario en Colombia, una porción importante de la prensa le dé tanto despliegue a un reinado anacrónico, en vez de dedicar su arsenal de ‘preguntas incisivas’ a los políticos y servidores públicos cuyos comunicados repiten de pe a pa. Tampoco le dan el mismo trato a otros profesionales hombres que viven de su cuerpo como los deportistas, a quienes nadie increpa sobre cultura o política. Mucho menos devuelven estas preguntas al gremio de los periodistas y audiencia del reinado, que aquí cometen la mayor brutalidad: creer que la inteligencia de una persona se puede medir con preguntas de trivia.

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