Mas De 30 Mitos y Leyendas De Arqentina... parte 1

Hola aca les dejo un compilado con algunas leyendasd de argentina saludos


Leyendas
De las incontables leyendas anónimas que hacen referencia a nuestro árbol y que fueran recopiladas por autores de diversas latitudes, hemos seleccionado las dos que siguen a continuación por varios motivos. En ambas, el algarrobo es el "personaje" central del relato y no una mera decoración o "personaje secundario". En las dos leyendas su fruto cumple la misión de salvar de una situación límite a los actores de los dramas, poniéndose énfasis así en el valor nutritivo de la algarroba. Pero, además, ambas historias marcan dos eras de América: la primera leyenda, que pertenece a nuestra región cordobesa, está ambientada en época de la conquista; la segunda, en cambio, se sitúa en los tiempos precolombinos. El algarrobo, así, parece significar un elemento de unión para dos realidades históricas que nosotros, los habitantes actuales de América, tenemos desvinculadas.

Leyenda del Algarrobo
Esto sucedió hace mucho tiempo, en la época en que los españoles comenzaron la conquista de estas tierras en América.
Un día, los indios comechingones, muy asustados, vieron que unos hombres de piel blanca, cargados de armas, avanzaban sobre ellos. Venciendo su temor, los hombres del cacique comechingón Ipachi Naguan lucharon contra los hombres blancos.
La lucha fue larga, y el hambre y el cansancio fueron debilitando a los comechingones. Ipachi Naguan, entonces, decidió guiar a su pueblo hacia un bosque de algarrobos y allí pidió a los dioses que protegieran a sus mujeres y niños.
En un momento, todo pareció perdido, pero entonces sucedió lo inesperado.
Las ramas de los algarrobos comenzaron a sacudirse y desde las alturas cayó una lluvia de frutos que se abrieron y dejaron ver sus semillas.
Esas algarrobas fueron el mejor alimento para los indígenas, que comieron hasta hartarse.
Después se sintieron con más fuerzas, volvieron a la batalla y vencieron a los españoles.
El fruto de los algarrobos había salvado a los habitantes de esta tierra.
(Anónimo)

La algarroba (Leyenda Quichua)
Era en tiempos de los Incas.
Los quichuas adoraban con las principales honras a Viracocha, señor supremo del reino. También adoraban a Inti, a las estrellas, al trueno y a la tierra.
Conocían a esta última con el nombre de Pachamama, que es como decir "Madre Tierra" y a ella acudían para pedir abundantes cosechas, la feliz realización de una empresa, caza numerosa, protección para las enfermedades, para el granizo, para el viento helado, la niebla y para todo lo que podía ser causa de desgracia o sinsabor.
Levantaban en su honor altares o monumentos a lo largo de los caminos.
Los llamaban apachetas y consistían en una cantidad de piedras amontonadas unas encima de las otras, formando un pequeño montículo.
Allí se detenía el indio a orar, a encomendarse a la Pachamama, cuando pasaba por el camino al alejarse del lugar por tiempo indeterminado o simplemente cuando se dirigía al valle llevando sus animales a pastar.
Para ponerse bajo la protección de la Pachamama, depositaba en la apacheta, coca, llicta, o cualquier alimento que tuviera en gran estima, seguro de conseguir el pedido hecho a la divinidad.
Respetuoso de la tradición y de las costumbres, el pueblo quichua jamás había olvidado sus obligaciones hacia los dioses que regían sus vidas.
Pero llegó un tiempo de gran abundancia en que los campos sembrados de maíz eran vergeles maravillosos que daban copiosa cosecha, la tierra se prodigaba con exuberancia y la ociosidad fue apoderándose de ese pueblo laborioso que, olvidando sus obligaciones, abandonó poco a poco el trabajo para dedicarse a la holganza, al vicio y a la orgía.
Se desperdiciaba el alimento que tan poco costaba conseguir, y con las espigas de maíz, que las plantas entregaban sin tasa, fabricaban chicha con la que llenaban vasijas en cantidades nunca vistas.
Fue una época sin precedentes.
El vicio dominaba a hombres y mujeres. Ellos, en su inconsciencia, sólo pensaban en entregarse a los placeres bebiendo de continuo y con exceso, comiendo en la misma forma y danzando durante todo el tiempo que no dedicaban al sueño o al descanso.
Los depósitos repletos proveían del alimento necesario y nadie pensó que esa fuente, que les proporcionaba granos y frutos en abundancia, se agotaría alguna vez.
El desenfreno continuaba y nada había que llamara a ese pueblo a la reflexión y a la vida ordenada y normal.
Llegó la época en que se hacía imprescindible sembrar si se pretendía cosechar, pero nadie pensaba en ello.
Inti, entonces, al comprobar que el pueblo desagradecido olvidaba los favores brindados por la Pachamama, queriendo darles su merecido, resolvió castigarlos.
Con el calor de sus rayos, que envió a la tierra como dardos de fuego, secó los ríos y lagunas, los lagos y vertientes y, como consecuencia, la tierra se endureció, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, los tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los árboles, resecos y polvorientos, parecían brazos retorcidos y sin vida.
En los géneros aún quedaban alimentos, y en los cántaros, chicha. ¿Qué importancia tenía, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y que el río hubiera dejado de correr, y seco y sin vida, mostrara las paredes pedregosas de su lecho?
Mientras durara la chicha no podría desaparecer la felicidad ni la alegría.
Pero un día llegó en que, con asombro, comprobaron que los graneros no eran inagotables y que, para servirse de sus granos y de sus frutos, era necesario depositarlos primero. El alimento comenzó a escasear, y con ello las penurias, la miseria y el hambre hicieron su aparición.
Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los campos y a sembrarlos.
Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla, y así era imposible poner la semilla. La desolación y la miseria fueron soberanas de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus obligaciones con la vida.
Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira que esos campos, que al presente se asemejaban al más desolado de los páramos, hubieran podido ser, alguna vez, praderas alegres cubiertas de hierbas y de árboles o de extensas plantaciones de maíz, en las que los frutos se ofrecían generosos.
Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación de los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían sus bocas resecas para pedir algo que comer. Los más débiles morían sin que nadie pudiera hacer algo por ellos.
El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada.
Era Urpila que, enloquecida porque sus hijos morían de hambre y de sed , arrepentida de las faltas cometidas en los últimos tiempos, demostrando a todos su vergüenza, su pecado y su olvido de Inti y de la Pachamama, corría a la primera apacheta del camino a pedir protección a la Madre Tierra y a depositar su ofrenda de coca y de llicta, últimas porciones que había podido conseguir.
Llegó a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenzó a implorar:
Pachamama,
Madre Tierra,
Kusiya... Kusiya...
Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y sacrificios.
Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas ramas secas parecían retorcerse en el espacio.
Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la cabeza y no tardó en quedarse profundamente dormida.
Tuvo sueños felices. La Pachamama, valorando su arrepentimiento, llenó su alma de visiones de esperanza y acercándose a ella, con toda la grandeza que como diosa le concernía, le habló generosa:
No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, arrepentido como tú misma de su ocio y desenfreno, retornará a su existencia anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacerá sobre la tierra que volverá a brindar sus frutos y su belleza.
Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que ha de regalarte este "Arbol", desde hoy sabrás. Que las coman tus hijos y los hijos de otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su sed. Tu humildad y tu arrepentimiento han hecho posible este milagro que Inti realiza para ti.
Cuando Urpila despertó, creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de la tierra en nada había variado y la visión había desaparecido.
Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño. Pero, recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó al "Arbol".
Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación como una esperanza de vida.
Cambió en un instante su estado de ánimo dándole fuerzas extraordinarias. Se levantó ansiosa y cortó... cortó los frutos generosos hasta que entre sus brazos no cupieron más.
Entonces corrió al pueblo, hizo conocer la nueva y todos se lanzaron a buscar las milagrosas vainas color castaño, mientras ella repartía entre sus hijos el tesoro que encerraban sus brazos de madre y que le había concedido la Pachamama.
El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al "Arbol Sagrado" que fue su salvación y que ha partir de ese día les brinda pan y bebida que ellos reciben como un don.
Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las nombradas, de ser, en tiempos grandes sequías, el único alimento de los animales.
(Anónimo)
Recopilada por Leonor Lorda Perellón


La leyenda de “La pelada de la Cañada” - Córdoba
Corría el año 1885, año en que se implantaba la Ley Nacional del Servicio Militar Obligatorio. Además en ese mismo año, Leopoldo Lugones fundaba el primer Centro Socialista.
Por esos tiempos, todavía Córdoba se alumbraba por las noches, con farolitos a gas de carburo de calcio y la ciudad se constituía en una aldea esencialmente religiosa, que se acostaba con murmullos de rezos y se despertaba al tañer de las campanas de sus iglesias.
Se vivía en una época de duendes y fantasmas. La superstición o la credulidad del pueblo, se entremezclaba con creencias esotéricas, donde proliferaban sucedidos y leyendas que corrían en las tertulias familiares llegando esos comentarios a atemorizar las mentes infantiles, hasta en las horas de “las inevitables siestas”, creando duendes y fantasmas, merced al clima propicio de aquella sociedad.
En cada baldío o zanjón, la imaginación de aquellos habitantes creaba un fantasma, nos atreveríamos a pensar. Los lugares mas aprensivos por lo sombrío del panorama, solía ser La Cañada, culpable también de las inundaciones traicioneras.
Fue justamente en La Cañada, especialmente en el trayecto desde Las Cinco Esquinas hasta su desembocadura con él rió, que empezó por aquellos años a aparecer un fantasma, que durante largo tiempo provocó el temor de muchos cordobeses, para después convertirse en una leyenda.
Las características de este aparecido, según los comentarios, de los que decían que lo vieron: “Era movediza, tenía una lustrosa pelada, vestía de blanco y crecía y sé encogía con facilidad”. Tratábase de “La Pelada de la Cañada”. De Pronto se aparecía cerca de la Capilla del Niño Dios (que se ubicaba en la intersección de la calle San Juan y La Cañada), como por las inmediaciones de la vieja fábrica de porcelana, por la calle Rioja.
Tal vez aprovechando la fama de “la Pelada de la Cañada”, sin dudas, habrían aparecido algunos imitadores. Pero lo cierto es, que entre los asaltados por este fantasma, habría un comerciante “turco” que decía se le había aparecido por la fabrica de porcelana. Lo interesante del caso, era que del susto recibido, no podía bajarse del caballo que montaba, y pretendía por ese inconveniente, hacer la denuncia desde su cabalgadura. Cuentan que el comisario no encontraba la manera de hacer descender del animal al denunciante y al preguntarle el “por qué de su actitud”, contestole el turco de marras:
>Pasar señur comesario, que la Belada de la Cañada, ha asustado al caballo mío y ahora no dejar bajar al pobre turco…
Preguntando en la oportunidad el Comisario:
>Usted, ¿no se asunto, amigo?
Respondiendo el turco:
>Yo simplemente ensuciar pantalones, señur comisario.
Para terminar de contar esta anécdota, diremos que tiempo después unos soldados del Regimiento 4 de Ingeniería que tenían sus cuarteles precisamente en la vieja fábrica de porcelana entre la calle Rioja y La Cañada, le hicieron una celada al fantasma. No se sabe si fue el autentico o no, lo que sí se sabe es que le dieron una soberana paliza.

LA SERPIENTE Y LA SANTÍSIMA VIRGEN
CORDOBESA

En los primeros tiempos la serpiente volaba por los aires. Un día yendo la Santísima Virgen en una burrita con el Niño Dios en brazos por un camino que iba a Nazaret a la casa de su prima Santa Isabel, dicen que en el camino por donde iban había una higuera blanca.
Al ver pasar la Santísima Virgen, una serpiente voladora que estaba en la higuera voló y espantó la burrita, volteando a nuestra Señora, y haciéndole golpear al Niño.
Entonces la Virgen dolorida por el golpe exclamó:
- Maldita serpiente que te verás para siempre arrastrándote con tu vientre, no volarás más y que todos mis descendientes te persigan...
Y mirando a la higuera la maldijo, para que no diera su fruto en ese tiempo.
Por eso es que la higuera nunca da brevas blancas, sino el higo, segundo fruto...

La Salamanca
Es una fiesta organizada en honor al macho cabrío en algún socavón de roca alejado del poblado. En ella se sirven exquisitos manjares y bebidas y se baila y canta hasta la primera luz del amanecer.
En la Salamanca se encuentran brujas, almas condenadas, y demonios de los infiernos.
En Tucumán se han encontrado Salamancas en las localidades de Las Cejas, Monteros, Tafí (Salamanca del Siambón) y en otros lugares no tan conocidos (Valles Calchaquíes). Se dice que a la Salamanca pueden ingresar todos aquellos que deseen hacer un pacto con el Diablo o adorarlo. Al ingresar al socavón se debe besar los cuartos traseros de un carnero y luego entregarse a la orgía.
En las noches suele oírse el estruendo de la música y carcajadas de los condenados. Si alguien pasa cerca de la Salamanca y no desea ser tentado a ingresar, debe llevar un Rosario en la mano o bien ser un hombre de mucha Fe. La gente que participa de la Salamanca puede estar varios días sin dormir y no se les nota el cansancio, además son "agraciados" con algunas virtudes como la ejecución de instrumentos, la capacidad de canto, la oratoria, etc. signos estos característicos de haber firmado un contrato con el Diablo.

LA NIÑA DE LOS CABELLOS DE ORO
CÓRDOBA

En San Carlos Minas, Piedras Anchas, El Sauce, Talainí (Minas), dicen que hace muchos años vivía por ahí una niña muy bonita, que tenía un hermoso cabello rubio y ondeado, y por ello, todas las mujeres le tenían envidia.
Un buen día una señora fue de visita a su casa y al ver el cabello tan hermoso de la niña, le dijo:
- ¡Qué hermoso cabello!...
Al otro día, de mañana, al levantarse temprano, notó que le faltaba el cabello, pues durante el sueño se lo habían cortado.
La curiosidad de los vecinos dice que son los duendes quienes durante la noche entran por el ojo de la llave y despacito se lo deben haber cortado, llevándose consigo los hermosos cabellos y escapándose, otra vez, por el ojo de la llave. Dicen que los duendes son chiquititos y con un gran sombrero en la cabeza y que los ven bailar, reír y dar vueltas en torno a la pieza mientras cortan los cabellos durante el sueño.
Así como a la niña le robaron los hermosos cabellos de oro, los duendes por el ojo de la llave penetran en las casas y hechizan a las niñas hermosas entregadas al sueño, les roban sus encantos y las flechan con sus malos conjuros...
Dicen que estos duendes o duendecillos son los lobizones o duendes chicos.

La Mulánima
También llamada Alma-mula, este engendro es una mujer condenada por pecados muy graves en contra del pudor. Galopa por los campos haciendo un ruido metálico estruendoso - como si arrastrara cadenas -; echa fuego por la boca, los ollares y los ojos y mata a la gente a dentelladas o a patadas. Se la ve sólo de noche y su apariencia es la de una mula envuelta en llamas..
En Tafí del Valle se ha encontrado, en la "Ruta de Birmania" (camino que lleva al Ojo de Agua y que pasa por detrás de la Loma del Pelao), una piedra con una pisada de este animal.
Se comenta que sólo un hombre con mucha Fe o muy valiente puede escapar de su infalible ataque. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y José".
Algunas personas dicen que el Alma-mula es el Diablo mismo.

La Mujer tigre
Antiguamente no existía la muerte sobre la tierra, los hombres toba no conocían su miedo, hasta que un niño que había nacido sin padre trajo el conocimiento de la muerte y el fuego.
En esa época salió un día a mariscar el hombre-loro acompañado de su mujer, el hombre no sabía que su mujer era una mujer-tigre, que comía a las personas. Cuando llegaron al monte el hombre subió a un árbol a buscar nidos de loros, desde allí fue tirando pichones para que su mujer los guardara en una bolsa, pero al mirar hacia abajo vió que ésta comía los pichones crudos y tuvo mucho miedo, trató de escapar pero la mujer lo alcanzó y se lo comió, solamente guardó su cabeza en una bolsa.
Cuando regresó a la casa sus hijos extrañaron la ausencia de su padre, buscaron entonces en la bolsa porque tenían mucho hambre, cuando encontraron la cabeza se asustaron mucho y corrieron a dar aviso al hombre carancho, los tres corrieron a esconderse pero la mujer-tigre los perseguía, en tanto iba comiendo a toda la gente que encontraba.
Los tobas se escondieron en lo alto de un árbol yuchán, muy alto para que la mujer-tigre no pudiera alcanzarlos.
El hombre-carancho sabía que el poder de la mujer estaba en sus uñas, entonces cuando la mujer-tigre los encontró y saltó para agarrarlos, este hombre le cortó las uñas y la mujer cayó muerta.
Bajaron del árbol y quemaron el cuerpo de la mujer, de sus cenizas creció la planta del tabaco.

LA MACHÍ
Para los araucanos de Argentina y Chile, médico hechicero. Consiste en una especie de casta. En cada tribu la machi es una especie de concejero del caudillo. Dice Ramón Pardal que funda su poder en sus conocimientos de medicina y en sus relaciones con los espíritus.
Según Pardal "reunían en su persona los atributos del médico y sacerdote, sirviendo en tal carácter para las enfermedades del cuerpo y del alma". "El MACHI -agrega- era el oráculo, el consejero de la paz o de la guerra, el que impetraba las lluvias en tiempo de sequía y el mediador entre los hombres y los demonios. Usaba vestiduras especiales, hacía vida solitaria y por temporadas se retiraba a vivir en cavernas, dedicándose a prácticas ascéticas".
Casi siempre es de sexo femenino, siendo el MACHITUN la ceremonia tradicional en que ejerce como médica o hechicera.
Por su parte Renato Cárdenas Alvarez aporta lo siguiente:
MACHI: Oficio comunitario que en Chiloé fue desempeñado por un hombre y tardíamente por mujeres. El machi ha sido el curandero local, a través de plantas medicinales y de otras técnicas heredadas ancestramente. Pero, además, ejerció el rol de chamán y animador del panteón mágico-religioso de su cultura, pues, así como hoy la ciencia busca el control de la naturaleza, así entonces la magia -cuyos secretos manejaba el machi- pretendía igual fin. Fue, además el animador principal del nguillatún. Hoy la machi no es más que una curandera o consejera, en relación a males provocados por brujos.
["Un ser supremo o un espíritu le revelaba a través de gestos exteriores -un sueño, u otro llamado interior- que estaba determinada por fuerzas sobrenaturales para ser chamán. A partir de entonces, se iniciaba un largo proceso de instrucción por parte de una machi anciana, proceso que se acentuaba a medida que se acercaba el proceso de consagración. Si bien la función cotidiana básica era la de curar enfermos, debería, a su vez, lograr los conocimientos que le permitieran descubrir al brujo o a quien causara la muerte. También debía conocer los secretos para controlar el clima, predecir hechos futuros o descubrir cosas ocultas. Y junto a esto, todo un repertorio de fórmulas, oraciones, ensalmos, conjuros, cantos, bailes y una gran destreza en el uso del cultrún o cultrunca, como se llamó en Chiloé a este tamborcillo. (R. Cárdenas et Al. Los Chono...)]
[Gusinde registró -a comienzos de este siglo- 324 plantas, usadas como purgantes, vomitivos, sudoríferos, abortivos, afrodisíacos, etc. Demuestran -agrega- un profundo conocimiento de la anatomía, llegando a efectuar lavados intestinales con una vejiga llúa). Dowling, señala:"...tiene un conocimiento exacto del valor medicinal de cada planta y de cada substancia (pero no le interesa la composición química de la planta o de una determinada substancia, como tampoco su efecto medicinal o su acción medicinal). Todo esto involucra una acción divina en la que siempre está presente Ngenemapún durante la elección de la planta o substancia y Ngenechén durante la curación, con sus simbólicas ramas de canelo." ]

EL PLUMAJE DE LOS PÁJAROS
LEYENDA CALCHAQUÍ

VOCABULARIO
Inti: Sol
Mama-Quilla: Luna
Pachamama: Madre Tierra.
Tumiñico: Picaflor.

Cuéntase que en épocas muy remotas ya existían, en nuestros campos y bosques, plantas que ostentaban flores de preciosos y variados colores; fuesen éstas grandes o pequeñas, de corolas múltiples o sencillas, de exquisito perfume o sin él. Pero si las flores podían lucir sus hermosos colores, no sucedía lo mismo con nuestros pájaros, cuyo plumaje era en todos igual: es decir, del color de la tierra con que los hicieran el dios Inti, Mama-Quilla y la Pachamama.
-Nosotros -pensaron con toda justicia nuestros pájaros- también podemos, como las flores, lucir en nuestras plumas esos mismos colores con que ellas llaman la atención, haciéndose admirar tanto.
Y como era deseo de todos los pájaros poder lucir en su cuerpo plumas de bonitos y vivos colores, resolvieron reunirse para pensar en el medio de conseguirlo.
¡Qué divina algarabía hubo en el bosque aquella mañanita a la salida del sol!...
Apenas disipadas las sombras de la noche, se dejó oír entre el ramaje el bullicio de los pajaritos al despertar en sus nidos y la inquieta charla de los que, en ligero vuelo, se ubicaban a la espera de las deliberaciones.
Cantos melodiosos, trinos delicados, agudos silbidos, voces alegres, murmullos ligeros, mil rumores y grandes cuchicheos llenaban de vida el verde follaje.
Los más madrugadores, como la calandria, el hornero, la cachila, el churrinche y el jilguero, fueron los primeros en abandonar sus nidos, recomendando a sus pichoncitos mucha obediencia y cuidado mientras durara su ausencia.
Millares de pájaros, cantando todos a la vez, llegaban poco a poco, y aumentaban el regocijo de aquella hermosa madrugada, prestándole animación con su revolotear inquieto sobre las plantas y las flores. Jamás habíase visto reunión más llena de alboroto y alegría.
El sol despuntando en el oriente, el reflejo de su luz sobre las hojas tiernas de las plantas, la frescura de la brisa, la fragancia y belleza de las flores, el grato albergue a la sombra de los árboles y la delicada armonía de los cantos de las aves: he ahí el indescriptible cuadro de aquella notable asamblea de pájaros de nuestra tierra, que querían para sus plumas los colores de las flores.
Cada uno de los concurrentes manifestó su modo de pensar, y las opiniones fueron discutidas en el mayor orden y con perfecta educación.
Algunos deseaban poseer un solo color en su plumaje, mientras otros aspiraban a muchos diferentes; éstos ansiaban tonos suaves, aquellos los pretendían muy vivos y brillantes.
-Pero, ¿cómo conseguiremos dar color a nuestras plumas? -se preguntaban. En esto consistía el más importante de los problemas y la mayor dificultad para resolverlo.
Después de discutir varias opiniones, algunos propusieron hacer un viaje al cielo para pedir al dios Inti la gracia de que pintase sus plumitas con los colores con que había pintado las flores. A todos les pareció magnífica la idea, y batieron sus alitas en señal de aprobación. También idearon la forma de manifestarle su contento, en el caso de que les concediese la gracia: elevarían en su honor un himno de gratitud, uniendo todos sus más melodiosos cantos; himno que sería mucho más solemne y hermoso que aquel con que cada uno lo saludaba en la alborada de cada nuevo día.
Sin pérdida de tiempo, comenzaron a prepararse para realizar el viaje. Lo suponían largo y peligroso; pero estaban decididos a realizarlo, con tal de lucir el hermoso plumaje con que tanto soñaran.
Reunidos nuestros pájaros en bandadas numerosísimas, emprendieron su viaje en una mañana hermosa, pensando regresar antes de la entrada del sol.
Dejémoslos en viaje, camino del reino del dios Inti y, mientras tanto, veamos por qué algunos se quedaron en la tierra, sin volar al cielo en busca de color para sus plumas.
Uno de ellos, nuestro laborioso hornerito, se quedó construyendo su nido. Ya sabemos que su plumaje está muy de acuerdo con su arte de humilde y sabio constructor. Desde entonces e hornero orienta siempre su nido hacia el sol.
La tacuarita o ratona no viajó, porque sus pichoncitos eran aún muy pequeños y estaba enseñándoles a volar. Desde entonces sólo canta cuando brilla el sol, y lo hace mirando hacia él.
El pirincho o pirirí tenía la tarea de ser útil en unos sembrados; y como siempre fue tan cariñoso y buen compañero del hombre, desde aquella época se lo quiere más por bueno que por bello.
La calandria tuvo por misión alegrar la soledad del bosque con su cantar maravilloso. Y lo hizo con arte tan exquisito; puso en su canto tanta gracia y armonía, que desde entonces es el pájaro cantor que no tiene rival en toda América.
Y hubo uno pequeñito, que por ser tan pequeñito no pudo volar al cielo. Era el tumiñico. Este diminuto pajarito quedó volando, inquieto y ligero, sobre las flores del bosque. Parecía una grácil mariposa visitando las corolas más bonitas y vistosas. Era tal su impaciencia, esperando el regreso de los pájaros viajeros, que no se quedaba quietecito ni un instante, ni asentaba sus patitas en el suelo (como ahora). Así anduvo todo el día, de flor en flor, volando delicada y sutilmente.
Llegó la hora del crepúsculo. Los viajeros no aparecían. Y pasó también la noche sin que ellos regresaran.
El alba de un nuevo día animó el bosque con el despertar de los pájaros que habían quedado en él. Llenos de ansiosa curiosidad revoloteaban de rama en rama, preguntándose la causa de semejante demora.
El tumiñico no cesaba de volar entre las bonitas flores que tenían sus corolas salpicadas de gotitas de rocío, que brillaban a la luz del sol con destellos de piedras preciosas.
¿Qué había ocurrido allá lejos, muy cerca del reino del Dios Inti, hacia el que se dirigían contentos y optimistas los pajarillos de la selva?... ¿Habrían ofendido a los dioses con su audacia, y tal vez recibido por ello algún castigo?... ¿Volverían con sus plumitas pintadas?... ¿O habrían perecido en el largo viaje?...
Éstas y otras mil preguntas se oían entre el susurro de la fronda, en forma de trinos entrecortados y murmullos confusos.
Lo que había ocurrido, no lo imaginaban los pajarillos del bosque. Fue algo tan magnífico y sobrenatural; tan digno de alabanza y de gratitud, que el recuerdo de aquel hecho extraordinario nos llega a la memoria cada vez que admiramos los bellísimos colores que lucen la mayoría de nuestros pájaros.
Inti, Dios supremo que dominaba el aire, la tierra y el agua, considerando muy justas las aspiraciones de sus alados hijitos, decidió que ellas se convirtieran en realidad. Y la realidad fue hermosa. Veréis cómo:
-Estas tiernas avecillas no podrán llegar a mí-, se dijo Inti. Con el calor de mis rayos se quemarán sus alitas y no podrán volar. Es preciso que pinte sus plumitas suavemente y con dulzura. ¿Y qué hizo?... Reunió algunas nubes que había en el cielo, les ordenó que lo ocultasen y que hicieran caer una copiosa lluvia, justamente en el lugar por donde viajaban las aves en su busca.
Éstas encontraron el refugio de un bosque para resguardarse del aguacero que tan inesperadamente parecía detenerlas en su valiente ascención.
Luego Inti hizo que las nubes se apartasen para dar paso a sus hermosos rayos. ¡Y cuál no fue la sorpresa y la alegría de nuestros pajaritos, cuando vieron aparecer en el cielo el más espléndido arco iris que jamás se haya visto!...
Atraídos por la hermosura de sus divinos colores, todos volaron presurosos y se posaron dulcemente en él a fin de que les diese un poquito de belleza para sus deslucidos plumajes.
Cada uno quería elegir el color que más le agradaba.
Y así fue como ellos iban de acá para allá, recorriendo el arco iris en procura del encanto de sus siete colores.
El cardenal metió su cabecita con copete en la franja roja, y con eso se quedó muy contento.
El dorado se paseó largo rato por la amarilla. Por eso sus plumitas son ahora de ese tono.
Al jilguero también le gustó el amarillo y se paseó un ratito por él, quedando negra su cabecita, porque la noche llegó y borró el arco iris.
El churrinche se tiñó casi todo de color rojo vivo, y dejó sus alitas oscuras como las sombras de la noche.
Tantos colores eligió el sietevestidos, los recorrió tanto en todas direcciones, que consiguió para sus plumas todos los que le dio el arco iris. Por eso lo llamamos también "sietecolores".
Y así como éstos, todos eligieron libremente el color de su plumaje. Luego decidieron regresar.
Por la noche volaron sin descansar. Deseaban llegar al bosque lo más pronto posible, para mostrar a sus compañeros el color de sus plumas como prueba de la bondad del dios Inti. Por eso, al amanecer del día siguiente, instantes después de que los pájaros del bosque abandonaran sus nidos, mostrándose inquietos y afligidos por la tardanza de sus valientes amigos, se vio algo así como una lluvia de flores que caía sobre el verde follaje de los árboles: eran las bandadas de mil pájaros que traían en sus plumas los bellísimos colores del arco iris.
Y otra vez, ¡qué divina algarabía la del bosque aquella mañana de primavera!
Los recién llegados trataban de lucir en toda forma sus nuevos y vistosos plumajes. Mientras algunos se paseaban coquetones dando saltitos sobre el verde césped, otros desplegaban sus alitas con toda gracia y donaire, y otros levantaban el copete de sus pintadas cabecitas.
Ante tanta belleza, ¡cuántos trinos de alabanza!; ¡cuántos gorjeos de admiración!; ¡cuántos gorgoritos de alegría!; ¡cuántos murmullos de asombro!...
En el barullo y confusión de la llegada de los felices viajeros, por los revoloteos de todos y los saltos y piruetas de los pichones ante fiesta tan completa, ninguno había advertido que entre ellos faltaba el picaflor.
¿Dónde estaba? ¿Por qué no compartía el regocijo de todos? ¿Por qué no concurría él también a la fiesta de la gracia y del color?
Inmensa, indescriptible fue la sorpresa de todos los pájaros instantes después, cuando, en rapidísimo, vivaz, inquieto e incesante vuelo, llegó hasta ellos el diminuto tumiñico; el más pequeñito de todos; ¡el más lindo entre los lindos!
Una sola exclamación salió de todos los piquitos.
-¿Cómo tienes esas plumas tan brillantes y preciosas si tú no has volado hasta el arco iris?
Picaflor oyó esta pregunta y otras muchas que le hicieron sus amiguitos del bosque, y no supo responder.
Vino en su ayuda una flor, que dijo:
-Tumiñico tiene ahora los colores del iris, los de nuestros pétalos y los de las piedras preciosas, porque ama la luz, la miel de los cálices y las gotas de rocío...
Picaflor se miró en el agua tranquila de un arroyito cercano, voló de una flor a otra, y lanzando al aire su gritito, dijo:
-¡Cantemos a Inti el himno prometido!
Y el coro de las mil voces armoniosas de la selva se elevó hasta el cielo.

Esta leyenda fue adaptada de la Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda Perellón, Ed. Peuser, Bs. As. 1952 y de "Antología Folklórica Argentina", del Consejo Nacional de Educación, Kraft, 1940.

EL PECHO COLORADO Y EL GORRIÓN
Ésta leyenda se refiere al origen del Gorrión y del Pecho Colorado o Estornino Fueguino. Hace muchos años hubo entre los Onas un guerrero de corta estatura, pero muy ágil, fuerte y valiente, que desafió a luchar a todos los hombres de una tribu vecina. Éstos eligieron como campeón a un gigante de poderosa musculatura que doblaba en estatura y peso al desafiante.

Llegado el momento de la confrontación de las dos tribus reunidas rodearon a sus campeones y comenzó el torneo. De pronto el gigante agarró a su rival con una mano de los cabellos y con la otra del cuello, comenzando a tirar y apretar con fuerza creciente amenazando ahogarlo. No por eso se amilanó el pequeño, en un momento oportuno, propinó a su rival un feroz golpe de puño en la nariz obligándolo a soltarlo, en tanto la sangre manaba en abundancia.

Cuando se separaron, el gigante con el pecho manchado de sangre se convirtió en el hermoso estornino fueguino, en tanto que el pequeño, con su copete y su mancha en el cuello, quedó transformado en el gorrión.

LaCiudad de los erks
Si bien nuestro planeta no es hueco ya la ciencia ha demostrado que está surcado por grandes túneles y amplísimas cavernas, cuya formación no se ha podido determinar si fueron producto de los cambios geológicos o construidos por antiguas civilizaciones hoy desaparecidas. Las entradas a este mundo subterráneo son innumerables y se encuentran en todos los continentes y aún bajo el agua.
La existencia de lagos de profundidad desconocida, o cavernas con accesos que aparecen y desaparecen inexplicablemente dan origen a infinidad de historias.
La leyenda del cerro Uritorco cuenta que hace mucho tiempo hubo un cacique de la tribu de los comechingones, que gobernaba con justicia a su pueblo y que dominaba las fuerzas de la naturaleza y del cielo porque poseía conocimientos que había obtenido en una profunda cueva que solo él conocía. También se cuenta que el caballero Parsifal custodio del Santo Grial viajó a esta Montaña Sagrada buscando el Bastón de mando o Piedra de la sabiduría. Y es esta historia del siglo XII la que indujo en este siglo a científicos, místicos, aventureros, e incluso expediciones militares a la búsqueda de la Ciudad de ERKS.
La literatura hermética habla de ciudades subterráneas comunicadas entre sí habitadas por seres muy evolucionados algunos de origen terreno y otros no.
Encuentro de Remanentes del Cosmos Sideral es una ciudad de sabiduría con una energía especial que la llaman energía ono ozone, los seres que la habitan saben utilizarla y nos ayudan a recibir esos conocimientos. La clave es la armonía en el movimiento, debemos ser coherentes con lo que hacemos, decimos y sentimos.
La Ciudad de ERKS existe en un plano de vibración más elevado que el del hombre actual por eso podemos verla con los ojos físicos pero, sólo si nos preparamos para ello. Aún así el cielo nocturno nos regala diariamente un espectáculo de energías en movimiento, esferas, tubulares o formaciones de naves que responden a nuestros pensamientos. Desde el plano espiritual ERKS será el refugio de la nueva raza en los difíciles tiempos de los cambios por venir.

Cuando se visita esta zona aún desconociendo los efectos de la actividad del lugar, todo se redimensiona, aceptamos el mensaje y no cuestionamos al mensajero.

Ceferino Namuncura
La devoción a Ceferino Namuncurá, a nivel popular, es una de las más importantes de Argentina ya que se ha extendido por todo el país. Para ello juegan, en primer lugar, su condición de aborigen, su bondad, su inteligencia, y también su muerte, acaecida lejos del país, cuando contaba poco más de 18 años.
Nació en Chimpay, en valle del Río Negro, el 26 de Agosto de 1886. Era hijo de Manuel Namuncurá y una cautiva blanca chilena, Rosario Burgos. Pero ya el cacique Manuel era una sombra de su pasado de lanzas, malones y orgullo. Su infancia en el áspero escenario patagónico no puede sospecharse que haya sido muy feliz. Los padres salesianos, Monseñor Caglieto y Padre Milanesio, obtuvieron el permiso de sus mayores para educar al pequeño, a quien sin duda dejaron partir con mucho pesar.
Así paso por el Colegio Pío IX en Buenos Aires en 1897, y por Viedma en 1903. Una cruel enfermedad, la tuberculosis, que en esa época hacía estragos, obligó su traslado a Italia, donde estuvo atendiendo su salud física al mismo tiempo que se preparaba en el orden religioso católico.
Su devoción crecía y su salud decaía, hasta que en 1905, un 11 de mayo, muere. Sus restos regresan al país en 1924 y reposan en Fortín Mercedes, provincia de Buenos Aires, no muy lejos de Bahía Blanca, hacia donde peregrinan muchos fieles para solicitar su intercesión y cumplir promesas con ex votos de ofrenda, los que se multiplican en diversas formas en todo el territorio nacional. En 1945, se inician las gestiones para que Ceferino Namuncurá sea beatificado, teniendo en cuenta el movimiento popular de fe que acompañaba desde la muerte a su figura.
Hasta ahora la iglesia lo reconoció como Venerable, siendo necesario para llegar a la beatificación la comprobación de por lo menos dos milagros, los cuales deberán contar con ciertas certificaciones de cardenales y médicos. Puede verse como una concesión de la Iglesia la venta de sus estampas y oraciones en santerías católicas, y otras imágenes, que se adquieren en cantidades excepcionales, lo que viene a reafirmar la dimensión asombrosa que tiene su culto.
Faltaría mencionar los pequeños y simples "monumentos" que se levantan a la vera de rutas y caminos, frente a los cuales se detienen los viajeros a rezar una oración al "santito", dejándole velas prendidas. El "santito de las tolderías" ha inspirado hondamente a muchos poetas, escritores y artistas, entre otros Osvaldo Guglielmino, José M. Castiñeira de Dios.

COMO NACIERON LOS PICAFLORES
Cerca del lago Paimún, oscuro y silencioso como un estanque, donde el tiempo se amansa junto con la corriente, el preferido de los patos y los juncos, vivían hace mucho tiempo dos hermanas: Painemilla y Painefilu.
Las dos eran jóvenes y hermosas, y un día un gran jefe extranjero se enamoro de Painemilla. La muchacha y el inca se casaron y se fueron a vivir a su hermoso palacio de piedra, construido en la cercana montaña de Litran-Litran.
Pronto Painemilla supo que esperaba un hijo, y el inca convoco a los sacerdotes para que hicieran sus profecías. Uno de ellos dijo que nacerían un varón y una mujer, y que los dos, en señal de distinción, tendrían en el pelo una hebra de oro.
Como se acercaba el momento del nacimiento y el inca tenia que viajar al norte, Painemilla le pidió a Painefilu que subiera al palacio para hacerle compañía.
Así se reencontraron las dos hermanas, pero las cosas ya no fueron como antes, Painefilu sentía una envidia inconfesable de Painemilla, de su vida que parecía tan fácil, tan placida, colmada de abundancia y de amor... Odiaba su facilidad para hacerse querer y su aparente ignorancia de los malos sentimientos... le dolía verla acariciar distraídamente su vientre que crecía, mientras se sentaba a tejer o a trenzar los Kupulhues, y sola, durante muchas noches, no pudo pensar en otra cosa mas que en los ojos amantes con que el inca había mirado a su hermana al despedirse.
Painefilu trataba de disimular sus sentimientos y cuidaba mucho a Painemilla, pero sentía que el mundo se achicaba a su alrededor, que el corazón se le volvía pesado y duro y que ya no podía levantar la cabeza para mirar a nadie a los ojos.
Con el nacimiento pareció enloquecer: convenció a su hermana de que había parido una pareja de perritos y escondió a los hermosos mellizos que habían recibido en sus brazos. Hizo fabricar un cofre, acomodo en él a los bebes y mando que lo arrojaran en la zona más correntosa el lago Huechulafquen. En el palacio Painemilla lloraba espantada, mientras amamantaba a dos perritos.
Cuando el inca estuvo de vuelta, no hubo manera de que perdonara a su mujer. Furioso, dando enormes pasos que resonaban sobre las piedras del piso, con su mano alzada como para castigarla, echo a Painemilla, la mando a vivir a la cueva de los perros e hizo matar a los cachorritos. Painefilu, sombría, siguió viviendo en el palacio, cada vez mas callada, como si todo lo que había pasado pudiera tragárselo el silencio.
El agua del Huechulafquen se abrió para recibir el cofre donde dormían los hijos de Painemilla y sé cerro sobre él cubriéndolo de espuma. Pero la caja se asomo unos metros mas allá y se mantuvo milagrosamente a flote, oscilando entre las olas, nadando en círculos en los remansos, atascándose a veces entre las piedras y las plantas de la orilla... dicen que Antü, el padre Sol, desde le cielo, descubrió el cofre por el brillo de su cerradura de oro y decidió protegerlo, dándole calor o sombra según lo necesitara... hasta que, cierto día, un hombre viejo que pasaba junto al lago vio el cajoncito brillante, muy cerca de la costa. Entonces lo saco del agua y se lo llevo a su casa, admirado de su hermosa cerradura dorada, pero no lo abrió enseguida porque era la hora de comer y no quería hacer esperar a su vieja esposa.
La pareja comía su chaskin cuando escucho unos sonidos extraños, como el entrechocar de huesos, que provenían del cofre. Lo abrieron con cuidado y encontraron a los rubios mellizos de hermosos cabellos entre los cuales se destacaba, mas largo y brillante, un pelo de oro.
Los viejos mapuches se asombraron mucho de los recién nacidos, que se pusieron a crecer ostensiblemente apenas los alzaron del cajón. Y los criaron con amor, aun sabiendo que nunca serian como ellos esos extraños y hermosos niños que nunca comían, y que, sin embargo, se hacían tan grandes como hijos de dioses.
Un día, mientras el inca paseaba tristemente por las inmediaciones del lago, pensando, como siempre, en que era un padre sin hijos, un esposo sin esposa y en que nunca comprendería bien por que, vio a los mellizos que jugaban junto al bosque. Le atrajeron de inmediato esos chicos solitarios, un niño y una niña, que tendrían la edad de los suyos si estos hubieran sido humanos como se esperaba... quiso conversar con ellos y, al acariciar la cabeza del varón, sintió en su palma el pelo de oro. Y de esa manera, en un instante, los tres se reconocieron.
Pero el muchachito enfrento al Inca con violencia:
No podemos llamarte padre!!! Echaste a mama del palacio!!! Pasa frío y hambre entre los perros!!! Se abriga con un cuero pelado y tiene que disputarle la comida a los animales!!! Era una reina y vive peor que un perro, porque piensa y recuerda....!!! Te repito: no podemos llamarte padre!!!
Conmocionado, el inca mando que llevaran a los mellizos al palacio de Litrán. Una vez allí, su hijo volvió a increparlo:
- Queremos ver a mama ahora mismo!!!! No nos quedaremos ni un minuto si no la liberan y le devuelven el respeto que se merece!!! Si no es así, te juro que no mandaras por mucho tiempo!!!!
El inca obedeció, y así fue como Painemilla y sus hijos se reunieron, se conocieron y no se separaron nunca más.
De Painefilu, la traidora, se vengaron sus propios sobrinos. La ataron, la empujaron afuera del palacio y la obligaron a sentarse sobre una roca. Entonces el muchacho saco un objeto que tenia guardado, alzo hacia el sol la pequeña piedra transparente y rogó:
- Ayúdame, Antü!!! Que todo tu calor atraviese mi piedra mágica!!! Que se convierta en rayo, en antorcha, en la llama más azul, para destruir a Painefilu!!!!
El prodigio se cumplió, y de Painefilu solo quedo un montón de cenizas. Pero un pedacito de su corazón no alcanzo a quemarse, y cuando llego el viento a dispersar los vestigios, de entre el remolino ceniciento salió volando un pajarito tornasolado.
Era el Pinsha, el Picaflor, que según los mapuches predice la muerte, que vive inquieto y triste como Painefilu. No se posa en las ramas ni roza con sus alas el follaje como los otros pájaros; tiembla, tiembla de miedo constantemente y, como si esperara un castigo, se esconde en cavernas oscuras o se aferra con desesperación a los acantilados.

El Crespín
Esta leyenda revela un drama conyugal, que habría sido originado por la conducta de una mujer amante del libertinaje, que abandonó a Crespín, el marido, para entregarse a toda clase de diversiones. Un día, aprovechando que Crespín se encontraba trabajando en sus sembradíos, se alejó de la vivienda dejándole un mensaje por intermedio de un vecino, en el que le hacía saber que había resuelto abandonarlo definitivamente, para divertirse libremente en los bailes del lugar. Enterado el marido de tal determinación, resignóse a vivir solo. Un día este enfermó... enterada de lo ocurrido acudió a verlo, mas que nada acosada por un cargo de conciencia. Tomando la misión de ir en busca de la curandera, en el trayecto ésta se encontró con una fiesta de la que no vaciló en compartir, haciendo caso omiso de la misión que traía. En lo mejor de la fiesta, fue avisada por un vecino que había fallecido Crespín. Sin darle mayor importancia respondió: "Hay tiempo para llorar" y siguió bailando.
Pasaron los años, carente de los atractivos de su juventud y arrepentida de su pasado, retornó en busca del marido para pedirle perdón, en la alucinante creencia de encontrarlo vivo. Al comprobar que el rancho estaba deshabitado, se marchó hacia los sembradíos mientras lo llamaba continuamente: "Crespín... Crespín...".
Habría ingresado a los montes convertida en pájaro para purgar sus faltas dejando escapar, año tras año, su grito estival.

El Chajá
Nos narra Félix Coluccio en su imperdible "Diccionario Folklórico Argentino" que el chajá habita en zonas de lagunas y ríos, y si bien es un ave con habilidad para volar muy alto como las demás rapaces, vive como animal domesticado. Es un ave monógama y lo único que lo separa de su pareja es la muerte , por ello se las ha llamado aves del amor, aves inseparables.
Esta leyenda tiene influencia religiosa, y nos cuenta que dos jovencitas estaban lavando la ropa en un río cuando llegaron Jesús y San Pedro, quienes habiéndoles pedido agua para beber, las muchachas le alcanzaron agua con jabón y por eso fueron maldecidas, y al querer irse, en lugar de decir yajá (vamos, en guaraní), dijeron chajá y salieron volando convertidas en pájaro.
Desde entonces sus carnes no sirven para comerse pues es pura espuma, y como se dice comúnmente: pura espuma como el chajá.
Nos cuenta Coluccio que en el Chaco hay una versión parecida:
Dos mujeres lavaban su ropa cuando se acercó una anciana para pedir agua, éstas le acercaron agua sucia y con jabón y se dijeron la una a la otra: yajá. La viejita, que era la Virgen María, al darse cuenta de la maldad de ellas, las convirtió en aves para gritar eternamente: chajá, chajá.
Se dice que si se duerme con una pluma de chajá debajo del colchon, se tendrá un oído fino y alerta.

El duende
Se dice que es un niño que murió sin ser bautizado o un niño malo que golpeó a su madre. Es muy pequeño, lleva un sombrero grande y llora como una criatura. Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre con la de hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que en realidad más duele.
Posee unos ojos muy malignos y dientes muy agudos. Suele aparecer a la hora de la siesta o en la noche en los cañadones o quebradas. Tiene predilección para con los niños de corta edad, aunque también golpea sin piedad a los mayores.
En la zona de los Valles Calchaquíes existen dos historias muy curiosas con respecto al duende:
Una cuenta que un arqueólogo, internándose en el cerro a horas de la siesta escuchó el llanto de un niño. Al acercarse vio un párvulo en cuclillas y con la cabeza gacha. Cuando le preguntó si qué le sucedía, el niño alzó su maligno rostro y mostrando sus agudísimos dientes al tiempo que sonreía, le dijo:
- Tatita, mírame los dientes...
El "gringo" salió corriendo tan veloz como las piernas le daban y nunca regresó.
La otra historia, narrada por Lucindo Mamaní, de Tafí del Valle, cuenta que se vió al duende conversando en un zanjón con un niño que estaba a su cuidado (actualmente un prominente médico). Al acercarse don Lucindo, el duende -llamado "enano del zanjón" por los lugareños- salió huyendo.

El palo borracho
A este extraño árbol, con forma de botella, ciertas tribus de la zona del río Pilcomayo, lo llaman "Mujer" o "Madre pegada a la tierra" y esto viene porque...
.En una antigua tribu que vivía en la selva, había una jovencita muy linda, a la cual codiciaban todos los hombres, pero ella sólo amaba a un gran guerrero. Y se enamoraron profundamente... hasta que cierto día la tribu entró en guerra. El partió a la contienda y ella quedó sola prometiéndole amor eterno... Pasó mucho tiempo y los guerreros no volvían... mucho tiempo después, se supo que ya no lo harían.
Perdido su amor... la joven cerró todo sentimiento pues la herida abierta en su corazón ya no podría sanar... Se negó a todo pretendiente... Una tarde se internó en la selva, entristecida, para dejarse morir...
Y así la encontraron unos cazadores que andaban por allí... muerta en medio de unos yuyales. Al querer alzarla para llevar el cuerpo al pueblo, notaron, asombrados que de sus brazos comenzaron a crecer ramas y que su cabeza se doblaba hacia el tronco. De sus dedos florecieron flores blancas. Los indios salieron aterrados hacia la aldea.
Unos días después, se internaron los cazadores y un grupo más al interior de la selva y encontraron a la joven, que nada tenía de muchacha, sino que era un robusto árbol cuyas flores blancas se habían tornado rosas. Comentan que esas flores blancas lo eran por las lágrimas de la india derramadas por la partida de su amado y que se tornaban rosas por la sangre derramada por el valiente guerrero.

17 comentarios - Mas De 30 Mitos y Leyendas De Arqentina... parte 1

@zipxxx8080
el ALMA-MULA, eso porque no conosen a mi mujer cuando me rompe las pelotas q ponga las cortinas o que arregle algo de la casa cuando estos de franco.l..
@julian_CM
Buenos algunos, otros chotos, otros IN-creibles otros muy laaaargoss, pero buen post igual

Saludos

PD:zipxxx8080, que bldo tu comentario xDDDDDDD
@francovv
que loco qu este post no tuvo nada de puntos, cuando uno que se hiso recientemente se lleno de putos
@ricardo_cssr
Lindo tu trabajo, buena recopilación. Qué asco que solo te dieron 1 punto. Pero bueno, los comentarios siempre alientan. Saludos
@Atrax88
zipxxx8080 dijo:el ALMA-MULA, eso porque no conosen a mi mujer cuando me rompe las pelotas q ponga las cortinas o que arregle algo de la casa cuando estos de franco.l..

Mas De 30 Mitos y Leyendas De Arqentina... parte 1

Este es el Alma-burra jajaja buen post
@haefele2009
te aconsejo que leas la biblia y no te guies por estupideses como las que decis. 1º las serpientes dejaron de volar cuando eva comio del fruto.2º fue jesus el que maldijo a la higuera al salir de jeruzalen. y 3º maria visito a isabel (su prima) antes de que nazca JESÚS, despues no la vio mas....lee la biblia
@maiden79
Ooooh si lee la Biblia, ahi si, esta la verdad absoluta.
\"las serpientes dejaron de volar...\"
@L45aFlacaascv
haefele2009 dijo:te aconsejo que leas la biblia y no te guies por estupideses como las que decis. 1º las serpientes dejaron de volar cuando eva comio del fruto.2º fue jesus el que maldijo a la higuera al salir de jeruzalen. y 3º maria visito a isabel (su prima) antes de que nazca JESÚS, despues no la vio mas....lee la biblia


@Lovecraft9731
La virgen no iba rumbo a Nazareth, sino a Belén (Catamarca)... se le saltó la cadena y repartió puteadas para todos, si hubiese ido José seguro q cagaba también
@lorenagabriela
muy bueno, se lo imprimo para mi hijo. gracias
@jorvan
Escribir un comentario...
@El_principe_Inca
Buen Post , me gustaron las leyendas en tiempos del Inca.
@Guille356
muy buen post...mi abuelo me conto una vez que cuando era chico lo atrapo el duende y lo recago bien a palos
@Mexi_israeli
Guille356 dijo:muy buen post...mi abuelo me conto una vez que cuando era chico lo atrapo el duende y lo recago bien a palos


jajajjajaja