John Winston Lennon
a 28 años de su muerte
a 28 años de su muerte

Love is real , real is love
Love is feeling , feeling love
Love is wanting to be loved
Love is touch, touch is love
Love is reaching, reaching love
Love is asking to be loved
Love is you
You and me
Love is knowing
we can be
Love is free, free is love
Love is living, living love
Love is needed to be loved
Love is feeling , feeling love
Love is wanting to be loved
Love is touch, touch is love
Love is reaching, reaching love
Love is asking to be loved
Love is you
You and me
Love is knowing
we can be
Love is free, free is love
Love is living, living love
Love is needed to be loved
John Winston Lennon nació en Liverpool el 9 de octubre de 1940, mientras los aviones nazis bombardeaban la ciudad.
Su madre Julia Stanley fue quien le enseñó a John los primeros acordes en un viejo banjo del abuelo de éste.
John creció escuchando discos de Little Richard, Chuck Berry, Ray Charles y Buddy Holly, ilustres representantes de las corrientes musicales de aquella época. Durante unos años estudió en la escuela de Bellas Artes y al cumplir los quince decidió seguir con la música. En 1956 conoce a James Paul McCartney. Con Paul formó su primer grupo amateur, The Quarrymen, dando comienzo a un período de aprendizaje acelerado de los ritmos del rock and roll.
John y Paul se dedicaron a componer sus propias canciones. Dos años después se les unió George Harrison y se atrevieron a actuar en algunos pequeños locales. Se denominaron sucesivamente Johnny and the Moondogs y The Nurk Twins. Fueron tiempos difíciles: la madre de John murió en 1958 atropellada por un policía borracho franco de servicio.
A principios de 1960 el grupo renació con el nombre de Long John and the Silver Beatles, y se redujo a The Silver Beatles para terminar como The Beatles. El término provenía de un juego de palabras inventado por el propio Lennon: el grupo de acompañamiento de Buddy Holly se llamaba The Crickets (saltamontes) y John se inspiró en ellos para mezclar el término musical beat, característico de toda una generación, y la palabra beetles (escarabajos).
En su ciudad natal se convirtieron en el grupo habitual de The Cavern, club subterráneo donde pudieron exhibir las tablas adquiridas durante sus peculiares giras.
En 1961, el propietario de una tienda de discos llamado Brian Epstein los descubrió en ese antro. A partir de ese momento, la carrera de los Beatles se disparó hacia el éxito. Con la incorporación como batería de Ringo Starr en 1962, el grupo ya estaba completo.
1961, Julio 25, En the Cavern, 10 Mathew Street, Liverpool
1962
1963
1964
Sus canciones, editadas por el sello EMI, empezaron a copar las listas de superventas. Los conciertos de los Beatles provocaban escenas de histeria entre las groupies y la policía se veía incapaz de contener a la juvenil masa vociferante. La "beatlemanía" se difundió por Europa, luego por Estados Unidos y más tarde llegaría al resto del mundo, incluidos los países socialistas.
1965
McCartney era el apuesto romántico, Harrison el serio y Ringo el gracioso de la banda. En cuanto a Lennon, ejercía de rebelde con inquietudes y era sin duda el más incisivo. Después de ser nombrados, en 1965, Caballeros de la Orden del Imperio Británico, John desencadenará una escandalosa polémica con una de sus célebres frases: "Los Beatles son más populares que Jesucristo". Éxitos, drogas, disputas y reconciliaciones se sucederán a lo largo de los años sesenta. Y también películas, entre otras A hard days night y Help!, ambas dirigidas por Richard Lester.
1966
Brian Epstein falleció en 1967 por sobredosis de barbitúricos. Lennon contrajo matrimonio en Gibraltar al año siguiente con la japonesa Yoko Ono, enigmática mujer cuyo nombre significa "Hija del Océano".
Brian Epstein en el Shea Stadium, 15 de Agosto, 1965
Brian
Jugando un pikadito
En la premiere de Yelow Submarine junto a Joko Ono (17 de Julio, 1968)
En 1970 The Beatles se separa. Lennon pronunciará el epitafio del grupo y de la llamada "década prodigiosa" con otra frase escueta y expresiva: "El sueño se ha acabado".
30 de Enero de 1969, The Apple Studio
Para Lennon, los años setenta iban a ser de una enorme vitalidad. Por un lado, se convirtió en un activista del pacifismo. Las fotos de su luna de miel en la habitación de un hotel de Amsterdam, donde aparecía desnudo con su esposa en un gesto de elemental naturalidad, dieron la vuelta al mundo.
Con Yoko había formado la Plastic Ono Band y con ella publicó una docena de discos de larga duración. Su talento como compositor y letrista siguió manifestándose en temas como "Give peace a chance", "Power to the people" o "Some time in New York City". Pero su éxito indiscutible fue Imagine, un elepé intensamente personal, editado en 1971, que contenía la canción del mismo nombre cuyo texto llegaría a ser todo un manifiesto pacifista en aquella década conflictiva.
Plastic Ono Band
En 1975, cuando termine felizmente su batalla contra la administración del presidente Nixon empeñada en expulsarlo de los EE UU por "extranjero indeseable" y nazca Sean Ono Lennon, único hijo del matrimonio, John desaparecerá totalmente de la circulación y se dedicará a la vida familiar.
En 1980 Lennon salió de su mutismo para grabar con Yoko el álbum titulado Double Fantasy. En él pregonaba su eterno amor por su esposa y su hijo con los simples y pegadizos estribillos de siempre.
En otoño de ese año, al explicar los motivos de su regreso a los estudios, Lennon aseguraba: "Hay gente irritada conmigo porque no hago música. Si yo hubiera muerto en 1975, sólo hablarían de lo fantástico que era y cosas así. Lo que les enfurece es que yo seguí viviendo y decidí que lo más importante era hacer exactamente lo que me apetecía. En estos cinco años de silencio he aprendido a librarme de mi intelecto, de la imagen de mí mismo que yo tengo. Las canciones que hago surgen de forma natural, espontánea, sin pensar conscientemente en ellas. En cierta forma, es como volver al comienzo. Tengo la sensación de que estoy ante mi primer disco."
1980
Días después, el 8 de diciembre de 1980, las balas asesinas de un adorador perturbado terminaron con su vida y lo convirtieron, si es que aún no lo era, en un dios de la modernidad. Como reacción inmediata a su muerte, los seguidores de Lennon llevaron póstumamente "Imagine" al número uno de las listas. Nunca tal número de seres humanos habían llorado tanto al escuchar una canción.
Su muerte
Cuando se analiza su muerte, inmediatamente surgen diversas hipótesis. Como en tantos otros magnicidios, aparece la duda, la desconfianza, se disparan las interpretaciones. ¿Fue obra de un demente aislado que en el fuego sagrado de su propia soledad elaboró el plan de un crimen horrendo? ¿Fue, acaso, un complot fraguado por esa clase de grupos, por esa especie de sectas que contemplan con desconfianza a los espíritus libres, como indudablemente lo era John Lennon? Son preguntas que eternamente quedarán flotando en el pozo negro de los misterios.
Los que opinan que la muerte de Lennon se debe a la acción solitaria de un único individuo se alinean con la versión oficial que han difundido las autoridades estadounidenses. Los que abogan por el complot proyectan sus acusaciones sobre una administración a cuyo frente se hallaba Richard Nixon, intransigente con todo lo que oliera a hippies, a impugnadores de la política militarista desarrollada en Vietnam y a apologistas de Fidel Castro, durante aquellas décadas considerado enemigo público número uno de Estados Unidos. Era una época en la que cualquiera podía ser considerado una manzana podrida. John Lennon era esa manzana podrida y su influencia entre los jóvenes resultaba nefasta para los intereses que desde el poder defendían los EE.UU. Ya en la Grecia Clásica, Sócrates fue juzgado y condenado a morir por considerársele un corruptor de jóvenes. Las canciones de Lennon podían resultar tan peligrosas como una plática filosófica o como una doctrina religiosa. Desde el poder alguien podría tener el pulgar inclinado hacia abajo. Y en ese caso, la suerte del ex–Beatles estaría ya decidida de antemano.
Sea como fuere, los hechos ocurrieron del siguiente modo:
El día 6 de Diciembre de 1980, Mark David Chapman había acudido al aeropuerto de Hawai y había cogido un vuelo con destino a Nueva York. Su semblante era apacible, tranquilo; pero por el interior de su cabeza resonaban unas palabras que le ordenaban algo terrible: ¡Mata, mata! Chapman había dejado su empleo de fotógrafo y de circunstancial detective privado en Hawai. Portaba consigo un leve equipaje. En su interior, oculta, un arma: una pistola del calibre 38 perfectamente cargada. Cuando Chapman llegó a la ciudad de los rascacielos sabía a qué dirección encaminarse: Manhattan, edificio Dakota. Caminó por las inmediaciones y observó. Tomó nota mental de entradas y salidas. Allí vivía gente famosa a la que buscar con los ojos, a la que retener en la mente, a la que rendir homenaje de admiración desde la distancia. Aunque Chapman no tenía ojos, sino para Lennon; no tenía mente, sino para escuchar el martilleo incesante de esa voz interna que le ordenaba matar; no pensaba en otro homenaje, sino en el que le iba a ofrecer a esa dama vestida de negro y con la guadaña en sus manos.
Dos días después de su llegada a Nueva York, Mark David Chapman ya había tomado una determinación. Sabía que el 8 de diciembre Lennon saldría de su casa entre las 5 y las 6 de la tarde. Chapman se paró en una tienda de discos. Compró el último ejemplar que había sacado al mercado el ex–Beatles tras cinco años de silencio musical, “Double Fantasy”. Necesitaba una coartada, alguna excusa que le permitiera acercarse al gran divo. Chapman llegó hasta la acera del Dakota House. El vigilante del edificio miraba desde el portal. Observaba a los transeúntes. Aunque sobre todo su mirada se quedaba prendida de dos o tres mujeres jóvenes que aguardaban la salida de John para pedirle autógrafos, y de Mark D. Chapman, otro fan, seguramente, puesto que portaba entre las manos un disco, el último disco de aquel inquilino tan popular que ya bajaba por el ascensor.
Cuando John Lennon y Yoko Ono accedieron a la calle, las dos o tres jóvenes casi se les echan encima. Portaban pequeños cuadernillos donde John pudiera estamparles su firma. Chapman también se acercó, aprovechando ese pequeño desconcierto. Estaba a un paso del cantante que había forjado con su música todos sus sueños, el dios ante el cual tantas veces se había arrodillado llorando de emoción y de gratitud por el bálsamo de sus mensajes. Podía tocarlo, contemplaba de cerca el vaivén rítmico y sosegado de su respiración. Tenía que averiguar si resultaba accesible, le alargó el disco, le hizo un ademán con los ojos, pidiéndole un autógrafo, sonriéndole con esa sonrisa helada que se le había quedado petrificada en el rostro desde el día en que decidió matar a su héroe, sacrificar a su dios, a un dios falso que le ponía afeites a la vida para que pareciera hermosa, embaucando a toda una generación de ilusos y reconduciéndola hacia el redil de una sociedad ordenada y tranquila. John Lennon firmó sobre aquel cuadrado de cartón plastificado y se lo devolvió al joven que se lo había tendido. Luego se giró hacia Yoko Ono y le cogió la mano para subir a la limusina que les esperaba aparcada junto al bordillo de la acera.
Cuando el coche desapareció por la avenida, Chapman ya había hecho varias comprobaciones. El vigilante de la finca se limitaba a vigilar la entrada, sin ejercer labores de guardaespaldas. Lennon atendía cuantas peticiones de autógrafos le solicitaban y su comportamiento con los desconocidos era distendido y confiado.
La caza, pues, había comenzado. Chapman era el cazador; John Lennon sería la víctima.
Chapman se apostó a pocos metros de la entrada de la finca. Todo cazador sabe que la espera es uno de los componentes de la caza. Si te precipitas, si te exhibes demasiado, levantas sospechas y fracasa el plan. Chapman sabía hacer las cosas. Extrajo de uno de sus bolsillos un ejemplar del libro: “The catcher in the Rye” y paseó su mirada una y otra vez por sus renglones. Al dios Lennon, le había sustituido en el alma de Chapman el autor de este libro, J.D. Salinger. En sus páginas, el hombre que acariciaba el revólver de calibre 38 oculto en uno de sus bolsillos, había encontrado la auténtica verdad. En esta obra se hablaba sin tapujos de la muerte de la inocencia, de las mentiras de los ideales, del rostro verdaderamente podrido de la sociedad. Cada línea que leía le servía a Chapman para ratificarse en sus propósitos de matar a quien él consideraba como el gran embaucador.
Cuando la limusina de Lennon regresó eran ya las 11 de la noche. Su asesino lo había estado esperando 5 horas. El coche se había detenido y Lennon puso sus pies en el suelo. Chapman arrojó sobre la zona ajardinada el disco que había mantenido cogido todo el tiempo de espera. Sin perder ni un segundo, se dirigió a toda velocidad hacia donde se hallaba el cantante. Antes de que éste pudiera darse cuenta, Chapman le descerrajó 5 balazos por la espalda. Uno le entró directamente en los pulmones, otro le dio en la cabeza y un tercer disparo lo hirió en un brazo. Esos tres tiros hicieron blanco en aquel que tanto odiaba Chapman, lo libraban de una pesadilla que se le había vuelto insoportable. A la humanidad, en cambio, la privaban de una voz comprometida con la paz, con la libertad, con los ideales y con los más hermosos proyectos. La voz de John Lennon quedó apagada para siempre; su obra futura, la que aún estaba por escribir, se fue rodando al hoyo de las frustraciones.
FUENTE:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lennon.htm
http://mundomisterio.portalmundos.com/la-muerte-de-john-lennon-el-5-un-numero-tragico-para-el-gran-mito/
Su madre Julia Stanley fue quien le enseñó a John los primeros acordes en un viejo banjo del abuelo de éste.
John creció escuchando discos de Little Richard, Chuck Berry, Ray Charles y Buddy Holly, ilustres representantes de las corrientes musicales de aquella época. Durante unos años estudió en la escuela de Bellas Artes y al cumplir los quince decidió seguir con la música. En 1956 conoce a James Paul McCartney. Con Paul formó su primer grupo amateur, The Quarrymen, dando comienzo a un período de aprendizaje acelerado de los ritmos del rock and roll.
John y Paul se dedicaron a componer sus propias canciones. Dos años después se les unió George Harrison y se atrevieron a actuar en algunos pequeños locales. Se denominaron sucesivamente Johnny and the Moondogs y The Nurk Twins. Fueron tiempos difíciles: la madre de John murió en 1958 atropellada por un policía borracho franco de servicio.
A principios de 1960 el grupo renació con el nombre de Long John and the Silver Beatles, y se redujo a The Silver Beatles para terminar como The Beatles. El término provenía de un juego de palabras inventado por el propio Lennon: el grupo de acompañamiento de Buddy Holly se llamaba The Crickets (saltamontes) y John se inspiró en ellos para mezclar el término musical beat, característico de toda una generación, y la palabra beetles (escarabajos).
En su ciudad natal se convirtieron en el grupo habitual de The Cavern, club subterráneo donde pudieron exhibir las tablas adquiridas durante sus peculiares giras.
En 1961, el propietario de una tienda de discos llamado Brian Epstein los descubrió en ese antro. A partir de ese momento, la carrera de los Beatles se disparó hacia el éxito. Con la incorporación como batería de Ringo Starr en 1962, el grupo ya estaba completo.
1961, Julio 25, En the Cavern, 10 Mathew Street, Liverpool
1962
1963
1964
Sus canciones, editadas por el sello EMI, empezaron a copar las listas de superventas. Los conciertos de los Beatles provocaban escenas de histeria entre las groupies y la policía se veía incapaz de contener a la juvenil masa vociferante. La "beatlemanía" se difundió por Europa, luego por Estados Unidos y más tarde llegaría al resto del mundo, incluidos los países socialistas.
1965
McCartney era el apuesto romántico, Harrison el serio y Ringo el gracioso de la banda. En cuanto a Lennon, ejercía de rebelde con inquietudes y era sin duda el más incisivo. Después de ser nombrados, en 1965, Caballeros de la Orden del Imperio Británico, John desencadenará una escandalosa polémica con una de sus célebres frases: "Los Beatles son más populares que Jesucristo". Éxitos, drogas, disputas y reconciliaciones se sucederán a lo largo de los años sesenta. Y también películas, entre otras A hard days night y Help!, ambas dirigidas por Richard Lester.
1966
Brian Epstein falleció en 1967 por sobredosis de barbitúricos. Lennon contrajo matrimonio en Gibraltar al año siguiente con la japonesa Yoko Ono, enigmática mujer cuyo nombre significa "Hija del Océano".
Brian Epstein en el Shea Stadium, 15 de Agosto, 1965
Brian
Jugando un pikadito
En la premiere de Yelow Submarine junto a Joko Ono (17 de Julio, 1968)
En 1970 The Beatles se separa. Lennon pronunciará el epitafio del grupo y de la llamada "década prodigiosa" con otra frase escueta y expresiva: "El sueño se ha acabado".
30 de Enero de 1969, The Apple Studio
Para Lennon, los años setenta iban a ser de una enorme vitalidad. Por un lado, se convirtió en un activista del pacifismo. Las fotos de su luna de miel en la habitación de un hotel de Amsterdam, donde aparecía desnudo con su esposa en un gesto de elemental naturalidad, dieron la vuelta al mundo.
Con Yoko había formado la Plastic Ono Band y con ella publicó una docena de discos de larga duración. Su talento como compositor y letrista siguió manifestándose en temas como "Give peace a chance", "Power to the people" o "Some time in New York City". Pero su éxito indiscutible fue Imagine, un elepé intensamente personal, editado en 1971, que contenía la canción del mismo nombre cuyo texto llegaría a ser todo un manifiesto pacifista en aquella década conflictiva.
Plastic Ono Band
En 1975, cuando termine felizmente su batalla contra la administración del presidente Nixon empeñada en expulsarlo de los EE UU por "extranjero indeseable" y nazca Sean Ono Lennon, único hijo del matrimonio, John desaparecerá totalmente de la circulación y se dedicará a la vida familiar.
En 1980 Lennon salió de su mutismo para grabar con Yoko el álbum titulado Double Fantasy. En él pregonaba su eterno amor por su esposa y su hijo con los simples y pegadizos estribillos de siempre.
En otoño de ese año, al explicar los motivos de su regreso a los estudios, Lennon aseguraba: "Hay gente irritada conmigo porque no hago música. Si yo hubiera muerto en 1975, sólo hablarían de lo fantástico que era y cosas así. Lo que les enfurece es que yo seguí viviendo y decidí que lo más importante era hacer exactamente lo que me apetecía. En estos cinco años de silencio he aprendido a librarme de mi intelecto, de la imagen de mí mismo que yo tengo. Las canciones que hago surgen de forma natural, espontánea, sin pensar conscientemente en ellas. En cierta forma, es como volver al comienzo. Tengo la sensación de que estoy ante mi primer disco."
1980
Días después, el 8 de diciembre de 1980, las balas asesinas de un adorador perturbado terminaron con su vida y lo convirtieron, si es que aún no lo era, en un dios de la modernidad. Como reacción inmediata a su muerte, los seguidores de Lennon llevaron póstumamente "Imagine" al número uno de las listas. Nunca tal número de seres humanos habían llorado tanto al escuchar una canción.
Su muerte
Cuando se analiza su muerte, inmediatamente surgen diversas hipótesis. Como en tantos otros magnicidios, aparece la duda, la desconfianza, se disparan las interpretaciones. ¿Fue obra de un demente aislado que en el fuego sagrado de su propia soledad elaboró el plan de un crimen horrendo? ¿Fue, acaso, un complot fraguado por esa clase de grupos, por esa especie de sectas que contemplan con desconfianza a los espíritus libres, como indudablemente lo era John Lennon? Son preguntas que eternamente quedarán flotando en el pozo negro de los misterios.
Los que opinan que la muerte de Lennon se debe a la acción solitaria de un único individuo se alinean con la versión oficial que han difundido las autoridades estadounidenses. Los que abogan por el complot proyectan sus acusaciones sobre una administración a cuyo frente se hallaba Richard Nixon, intransigente con todo lo que oliera a hippies, a impugnadores de la política militarista desarrollada en Vietnam y a apologistas de Fidel Castro, durante aquellas décadas considerado enemigo público número uno de Estados Unidos. Era una época en la que cualquiera podía ser considerado una manzana podrida. John Lennon era esa manzana podrida y su influencia entre los jóvenes resultaba nefasta para los intereses que desde el poder defendían los EE.UU. Ya en la Grecia Clásica, Sócrates fue juzgado y condenado a morir por considerársele un corruptor de jóvenes. Las canciones de Lennon podían resultar tan peligrosas como una plática filosófica o como una doctrina religiosa. Desde el poder alguien podría tener el pulgar inclinado hacia abajo. Y en ese caso, la suerte del ex–Beatles estaría ya decidida de antemano.
Sea como fuere, los hechos ocurrieron del siguiente modo:
El día 6 de Diciembre de 1980, Mark David Chapman había acudido al aeropuerto de Hawai y había cogido un vuelo con destino a Nueva York. Su semblante era apacible, tranquilo; pero por el interior de su cabeza resonaban unas palabras que le ordenaban algo terrible: ¡Mata, mata! Chapman había dejado su empleo de fotógrafo y de circunstancial detective privado en Hawai. Portaba consigo un leve equipaje. En su interior, oculta, un arma: una pistola del calibre 38 perfectamente cargada. Cuando Chapman llegó a la ciudad de los rascacielos sabía a qué dirección encaminarse: Manhattan, edificio Dakota. Caminó por las inmediaciones y observó. Tomó nota mental de entradas y salidas. Allí vivía gente famosa a la que buscar con los ojos, a la que retener en la mente, a la que rendir homenaje de admiración desde la distancia. Aunque Chapman no tenía ojos, sino para Lennon; no tenía mente, sino para escuchar el martilleo incesante de esa voz interna que le ordenaba matar; no pensaba en otro homenaje, sino en el que le iba a ofrecer a esa dama vestida de negro y con la guadaña en sus manos.
Dos días después de su llegada a Nueva York, Mark David Chapman ya había tomado una determinación. Sabía que el 8 de diciembre Lennon saldría de su casa entre las 5 y las 6 de la tarde. Chapman se paró en una tienda de discos. Compró el último ejemplar que había sacado al mercado el ex–Beatles tras cinco años de silencio musical, “Double Fantasy”. Necesitaba una coartada, alguna excusa que le permitiera acercarse al gran divo. Chapman llegó hasta la acera del Dakota House. El vigilante del edificio miraba desde el portal. Observaba a los transeúntes. Aunque sobre todo su mirada se quedaba prendida de dos o tres mujeres jóvenes que aguardaban la salida de John para pedirle autógrafos, y de Mark D. Chapman, otro fan, seguramente, puesto que portaba entre las manos un disco, el último disco de aquel inquilino tan popular que ya bajaba por el ascensor.
Cuando John Lennon y Yoko Ono accedieron a la calle, las dos o tres jóvenes casi se les echan encima. Portaban pequeños cuadernillos donde John pudiera estamparles su firma. Chapman también se acercó, aprovechando ese pequeño desconcierto. Estaba a un paso del cantante que había forjado con su música todos sus sueños, el dios ante el cual tantas veces se había arrodillado llorando de emoción y de gratitud por el bálsamo de sus mensajes. Podía tocarlo, contemplaba de cerca el vaivén rítmico y sosegado de su respiración. Tenía que averiguar si resultaba accesible, le alargó el disco, le hizo un ademán con los ojos, pidiéndole un autógrafo, sonriéndole con esa sonrisa helada que se le había quedado petrificada en el rostro desde el día en que decidió matar a su héroe, sacrificar a su dios, a un dios falso que le ponía afeites a la vida para que pareciera hermosa, embaucando a toda una generación de ilusos y reconduciéndola hacia el redil de una sociedad ordenada y tranquila. John Lennon firmó sobre aquel cuadrado de cartón plastificado y se lo devolvió al joven que se lo había tendido. Luego se giró hacia Yoko Ono y le cogió la mano para subir a la limusina que les esperaba aparcada junto al bordillo de la acera.
Cuando el coche desapareció por la avenida, Chapman ya había hecho varias comprobaciones. El vigilante de la finca se limitaba a vigilar la entrada, sin ejercer labores de guardaespaldas. Lennon atendía cuantas peticiones de autógrafos le solicitaban y su comportamiento con los desconocidos era distendido y confiado.
La caza, pues, había comenzado. Chapman era el cazador; John Lennon sería la víctima.
Chapman se apostó a pocos metros de la entrada de la finca. Todo cazador sabe que la espera es uno de los componentes de la caza. Si te precipitas, si te exhibes demasiado, levantas sospechas y fracasa el plan. Chapman sabía hacer las cosas. Extrajo de uno de sus bolsillos un ejemplar del libro: “The catcher in the Rye” y paseó su mirada una y otra vez por sus renglones. Al dios Lennon, le había sustituido en el alma de Chapman el autor de este libro, J.D. Salinger. En sus páginas, el hombre que acariciaba el revólver de calibre 38 oculto en uno de sus bolsillos, había encontrado la auténtica verdad. En esta obra se hablaba sin tapujos de la muerte de la inocencia, de las mentiras de los ideales, del rostro verdaderamente podrido de la sociedad. Cada línea que leía le servía a Chapman para ratificarse en sus propósitos de matar a quien él consideraba como el gran embaucador.
Cuando la limusina de Lennon regresó eran ya las 11 de la noche. Su asesino lo había estado esperando 5 horas. El coche se había detenido y Lennon puso sus pies en el suelo. Chapman arrojó sobre la zona ajardinada el disco que había mantenido cogido todo el tiempo de espera. Sin perder ni un segundo, se dirigió a toda velocidad hacia donde se hallaba el cantante. Antes de que éste pudiera darse cuenta, Chapman le descerrajó 5 balazos por la espalda. Uno le entró directamente en los pulmones, otro le dio en la cabeza y un tercer disparo lo hirió en un brazo. Esos tres tiros hicieron blanco en aquel que tanto odiaba Chapman, lo libraban de una pesadilla que se le había vuelto insoportable. A la humanidad, en cambio, la privaban de una voz comprometida con la paz, con la libertad, con los ideales y con los más hermosos proyectos. La voz de John Lennon quedó apagada para siempre; su obra futura, la que aún estaba por escribir, se fue rodando al hoyo de las frustraciones.
FUENTE:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lennon.htm
http://mundomisterio.portalmundos.com/la-muerte-de-john-lennon-el-5-un-numero-tragico-para-el-gran-mito/
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Información del post
#1 -
gachif
| 09.12.2008 04:05:36 dijo:
Lindo muy lindo. Cuando lo lea te comento, ahora me lo llevo a favoritos.
#2 - AgenteProhibido | 09.12.2008 10:32:47 dijo:
muy buen post...
#3 - CarlosVillamizar | 19.03.2009 01:15:16 dijo:
Buen Post..!
#4 - fliters | 26.03.2009 02:09:24 dijo:





#5 - Blackdead85 | 10.04.2009 20:53:10 dijo:
muy buen post, lastima que tambien soy novato, sino te dejaba puntos
#6 - blablogviguay | 10.04.2009 22:16:53 dijo:
FUCKING Yoko Ono.Arruino a los beatles



#7 - daniel_gta | 18.04.2009 00:03:03 dijo:
esta re vakano este post....siga asi...

#8 - JuanPerez94 | 25.05.2009 13:48:14 dijo:
Bien ahi! si tuviera puntos te doy
#9 - Emilio86 | 16.06.2009 22:26:39 dijo:
yo soi un gran admirador de los beatles principalmente de John Lennon mi idolo a la paz y a Paul MacCartney que su muerte le pudo ver un gran dano emocional :S pero John Lennon siempre viviera como sus canciones y su idea sobre la musica
Yoko Ono lo que hiso fue nomas separar a Lennon de los demas
pero abrio una aparte Lennon para hacer Imagine (una de mis favoritas) podria hacer mAS canciones PEROOOOOOOOOOOOOO
TU K MORIR :s
K MAL bueno
chido post !!!
#10 - TuxGNU | 07.07.2009 22:54:38 dijo:


#11 - ellegitimo | 08.07.2009 16:55:59 dijo:
yo no defiendo a yoko pero el que sepro a los beatles fue paul que en 1970 demando a george ,ringo y john porrobarle sus letras
#12 - nikokuri | 23.07.2009 03:10:10 dijo:
La Culpa de todo la tiene Yoko Ono...

#13 - LAION91 | 02.08.2009 04:53:57 dijo:
LENNON ES DIOS , AMIGO ...
HABIA UN POST QUE DECIA QUE ERA EL MEJOR MUSICO DE LA HISTORIA .
Y HABIA GILES , QUE SE ATREVIAN A CONTRADECIRLO .
ESOS , NO ESTUDIARON MUSICA EN SU VIDA . LENNON ERA MELODIA PEROA DEMAS ...
ERA UN POETA ... SUS LETRAS ERAN EXELENTES .
EL ROCK ES MI RELIGION ! Y EN EL EXISTE UN REY , Y CUATRO DIOSES !!!
SALUDOS !!!!!!

#14 - fran_p8 | 11.08.2009 22:23:11 dijo:
No era una pistola,tenia un revolver calibre 38, eso dice el informe, en la pelicula de chapman 28, lo asesina con un revolver.
#15 - federeh | 15.08.2009 09:15:37 dijo:
je...un post en el q puedo comentar....suave!!!! Aguante John loco...aguante his music, his lyrics and his voice...simplemente el mejor artista de la historia...en el más amplio sentido
Salutes










#16 - umpacu | 24.08.2009 16:27:27 dijo:
nadie emociona tanto como lennon solista...
#17 - pacheco9264 | 26.08.2009 15:56:07 dijo:
muy bien !LENNON!

#18 - hems1956 | 08.09.2009 11:33:07 dijo:
por ahora a favoritos, y lo leo mas tarde.
gracias
#19 - fer_greenday77 | 28.09.2009 17:05:39 dijo:
Recomendación: leer la parte de los beatles escuchando "Just like starting over"

Muy Buen POST!!!
Lindo muy lindo. Cuando lo lea te comento, ahora me lo llevo a favoritos.
#2 - AgenteProhibido | 09.12.2008 10:32:47 dijo:
muy buen post...
#3 - CarlosVillamizar | 19.03.2009 01:15:16 dijo:
Buen Post..!
#4 - fliters | 26.03.2009 02:09:24 dijo:





#5 - Blackdead85 | 10.04.2009 20:53:10 dijo:
muy buen post, lastima que tambien soy novato, sino te dejaba puntos
#6 - blablogviguay | 10.04.2009 22:16:53 dijo:
FUCKING Yoko Ono.Arruino a los beatles




#7 - daniel_gta | 18.04.2009 00:03:03 dijo:
esta re vakano este post....siga asi...


#8 - JuanPerez94 | 25.05.2009 13:48:14 dijo:
Bien ahi! si tuviera puntos te doy
#9 - Emilio86 | 16.06.2009 22:26:39 dijo:
yo soi un gran admirador de los beatles principalmente de John Lennon mi idolo a la paz y a Paul MacCartney que su muerte le pudo ver un gran dano emocional :S pero John Lennon siempre viviera como sus canciones y su idea sobre la musica
Yoko Ono lo que hiso fue nomas separar a Lennon de los demas

pero abrio una aparte Lennon para hacer Imagine (una de mis favoritas) podria hacer mAS canciones PEROOOOOOOOOOOOOO
TU K MORIR :s
K MAL bueno
chido post !!!
#10 - TuxGNU | 07.07.2009 22:54:38 dijo:


#11 - ellegitimo | 08.07.2009 16:55:59 dijo:
yo no defiendo a yoko pero el que sepro a los beatles fue paul que en 1970 demando a george ,ringo y john porrobarle sus letras
#12 - nikokuri | 23.07.2009 03:10:10 dijo:
La Culpa de todo la tiene Yoko Ono...


#13 - LAION91 | 02.08.2009 04:53:57 dijo:
LENNON ES DIOS , AMIGO ...
HABIA UN POST QUE DECIA QUE ERA EL MEJOR MUSICO DE LA HISTORIA .
Y HABIA GILES , QUE SE ATREVIAN A CONTRADECIRLO .
ESOS , NO ESTUDIARON MUSICA EN SU VIDA . LENNON ERA MELODIA PEROA DEMAS ...
ERA UN POETA ... SUS LETRAS ERAN EXELENTES .
EL ROCK ES MI RELIGION ! Y EN EL EXISTE UN REY , Y CUATRO DIOSES !!!
SALUDOS !!!!!!


#14 - fran_p8 | 11.08.2009 22:23:11 dijo:
No era una pistola,tenia un revolver calibre 38, eso dice el informe, en la pelicula de chapman 28, lo asesina con un revolver.
#15 - federeh | 15.08.2009 09:15:37 dijo:
je...un post en el q puedo comentar....suave!!!! Aguante John loco...aguante his music, his lyrics and his voice...simplemente el mejor artista de la historia...en el más amplio sentido
Salutes











#16 - umpacu | 24.08.2009 16:27:27 dijo:
nadie emociona tanto como lennon solista...
#17 - pacheco9264 | 26.08.2009 15:56:07 dijo:
muy bien !LENNON!


#18 - hems1956 | 08.09.2009 11:33:07 dijo:
por ahora a favoritos, y lo leo mas tarde.
gracias
#19 - fer_greenday77 | 28.09.2009 17:05:39 dijo:
Recomendación: leer la parte de los beatles escuchando "Just like starting over"


Muy Buen POST!!!
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