Tribus nativas de México

Tribus nativas de México
Tribus nativas de México

LOS AZTECAS
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Cultura azteca. Período postclásico. (1250-1521 d.C.) Capital Tenochtitlán.

Los pobladores nativos de la actual América Latina desarrollaron, durante 3000 años, culturas y civilizaciones cuyos logros son equiparables a los del mismo período en la antigua China, India, Mesopotamia o el Mediterráneo.

Las leyendas aztecas cuentan que su pueblo se asentó en el lago Texcoco debido a una premonición. Allí fundaron la capital de su imperio: Tenochtitlán.

Los Aztecas o Mexicas crearon una importante civilización en México, entre los siglos XIV y XIV. A la creación de este imperio contribuyeron un gran número de inmigrantes que se reubicaron alrededor del lago Texcoco, tras la caída de la civilización tolteca que fue la cultura dominante de los siglos X y XI, y cuya capital había sido Tula.

La palabra azteca, mexica o tenochca, se emplea para designar a los siete pueblos que llegaron al valle de México, los cuales provenían, según la leyenda de un lugar mítico llamado Aztlán.

En un principio los aztecas sólo ocuparon la tierra de los islotes del lago, y seguramente, pagaban tributo y estaban sometidos a otros pueblos que dominaban la región. Aún así, los aztecas lograron construir un enorme imperio en poco tiempo (dos siglos), que fue destruido por Hernán Cortés y sus aliados tlaxcaltecas (enemigos de los aztecas), en 1521.

Las leyendas mexicas vaticinaban que este pueblo fundaría una gran civilización en una región pantanosa, en el lugar exacto donde vieran un cactus que creciera de una roca, y, sobre él, un águila devorando a una serpiente. A la llegada de los aztecas a la zona del lago, en el año 1325, sus sacerdotes afirmaron haber visto lo que indicaba la premonitoria leyenda. Allí, mismo se construiría Tenochtitlán, la capital mexica, sobre la cual se edificaría más tarde la ciudad de México.

Gracias a esta leyenda, hoy, la imagen del águila que devora a la serpiente es el símbolo oficial de México impreso en billetes y monedas.

Las alianzas militares que establecieron los aztecas con los pueblos vecinos, fueron fundamentales para su expansión y el mantenimiento de su soberanía.

Los aztecas crearon un imperio que se extendió desde méxico hasta Guatemala. Ello fue debido, en parte al sistema de alianzas militares que establecieron con los pueblos vecinos. A principios del s. XV, la capital azteca, Tenochtitlán, gobernaba conjuntamente con Texcoco y Tlacopan en una alianza triple.

Menos de 100 años después todo el poder estaba en manos de los mexicas. En 1520, con Moctezuma II, 38 pueblos pagaban tributo al Imperio de Sol, pero otros querían conservar su independencia, como los tlaxcaltecas, y se unieron a Hernán Cortés para derrocar a Moctezuma y su tipo de gobierno.

Quizá sin los nuevos aliados le hubiese resultado más difícil a los conquistadores someter a los aztecas, pero Moctezuma fue confiado al igual que lo sería Atahualpa diez años después en Perú frente a Pizarro.

El gobernador azteca dio una bienvenida pacífica a los españoles y los instaló en sus mejores palacios, desde donde tomaron la ciudad. Es posible que la interpretación de antiguos presagios sobre el regreso del dios Quetzalcóatl indujera a Moctezuma a confundirlo con Cortés, si bien lo que más interesaba al emperador era colmar de regalos a los españoles para que se retiraran.

La sociedad azteca estaba dividida en tres clases: esclavos, plebeyos y nobles. El estado de esclavo era similar al de un criado contratado. Aunque los hijos de los pobres podían ser vendidos como esclavos, solía hacerse por un periodo determinado. Los esclavos podían comprar su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente.

A los plebeyos o macehualtin se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que construían su casa. Sin embargo, a las capas más bajas de los plebeyos (tlalmaitl), no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los guerreros).

En la religión azteca numerosos dioses regían la vida diaria. Entre ellos Huitzilopochtli (deidad del Sol), Coyolxauhqui (la diosa de la Luna que, según la mitología azteca, era asesinada por su hermano el dios del Sol), Tláloc (deidad de la lluvia) y Quetzalcóatl (inventor de la escritura y el calendario, asociado con el planeta Venus y con la resurrección).

Los sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes. Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra.

Los aztecas utilizaban la escritura pictográfica grabada en papel o piel de animales. Todavía se conserva alguno de estos escritos, llamados códices. También utilizaban un sistema de calendario que habían desarrollado los antiguos mayas. Tenía 365 días, divididos en 18 meses de 20 días, a los que se añadían 5 días ‘huecos’ que se creía que eran aciagos y traían mala suerte. Utilizaban igualmente un calendario de 260 días (20 meses de 13 días) que aplicaban exclusivamente para adivinaciones. La educación era muy estricta y se impartía desde los primeros años.

A las mujeres se les exhortaba a que fueran discretas y recatadas en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia. A los hombres se les inculcaba la vocación guerrera. Desde pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo.

A la manera de los atenienses de la Grecia clásica, se procuraba fortalecer el carácter de los niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales como amor a la verdad, la justicia y el deber, respeto a los padres y a los ancianos, rechazo a la mentira y al libertinaje, misericordia con los pobres y los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes marciales, escritura y conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.

LOS MAYAS
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Cultura maya. Península del Yucatán. Período clásico. (300 y el 900)
Lugares: Chichén Itzá, Palenque, Tikal, Tulum, Uxmal.

Los mayas formaron una importante civilización, que nos ha dejado grandes muestras arquitectónicas y artísticas.

Se cree que la cultura maya se formó aproximadamente hacia el 1500 a.C. Su período de esplendor coincidió con el período clásico (300 y el 900 d.C.). En esta época se construyeron las grandes edificaciones mayas como Palenque, Tikal y Copán. Los centros maya fueron abandonados de forma misteriosa hacia el año 900 y algunos individuos emigraron al Yucatán, donde establecieron su centro en el norte de la península creando las ciudades de Chichén Itzá, Mayapán, y Uxmal.

El declive del imperio maya sigue suponiendo un enigma. Las ciudades vieron mermada su población hasta ir desapareciendo, y a la llegada de los españoles apenas quedaba en pie la costera Tulum. Hay varias teorías acerca de este colapso: guerras, sobreexplotación del ecosistema, sequías prolongadas, superpoblación, rivalidades santuarias entre ciudades..., pero lo cierto es que es uno más de los misterios de la historia.

Los españoles conquistaron fácilmente a los grupos mayas que habitaban la región a su llegada, formados por unos 100.000 individuos, pero las últimas comunidades independientes no serían subyugadas por el imperio mexicano hasta 1901. Actualmente los mayas forman la mayoría de la población campesina en Yucatán y Guatemala.

La lengua maya (también llamada yucateca) se halla extendida entre unas 350.000 personas en Yucatán, Guatemala y Belice.

La sociedad maya ha vivido tradicionalmente y sigue haciéndolo de la agricultura. Los días de mercado las poblaciones se llenan de gente y productos.

La agricultura ha constituido la base de la economía maya desde la época precolombina y el maíz es su principal cultivo. Los mayas cultivaban también algodón, fríjol (poroto o judía), camote (batata), yuca y cacao. Las técnicas del hilado, el tinte y el tejido consiguieron un elevado grado de perfección. Como unidad de cambio se utilizaban las semillas de cacao y las campanillas de cobre, material que se empleaba también para trabajos ornamentales, al igual que el oro, la plata, el jade, las conchas de mar y las plumas de colores.

Los mayas formaban una sociedad muy jerarquizada. Estaban gobernados por una autoridad política, el Halach Uinic, jefe supremo, cuya dignidad era hereditaria por línea masculina, y el Alma Kan, sumo sacerdote.

El jefe supremo delegaba la autoridad sobre las comunidades de poblados a jefes locales o bataboob, capataces de explotación agrícola que cumplían funciones civiles, militares y religiosas. La unidad mínima de producción era la familia campesina, que cultivaba una ‘milpa’ (parcela de una 4-5 hectáreas) mediante el sistema de rozas, para atender a sus necesidades y generar, a veces, un excedente del que se apropiaba la clase dirigente.

La astrología regía muchos de los aspectos de la vida en la civilización maya. Su preciso calendario solar y su observatorio astrológico dan fe de ello.
Los estudios sobre los astros que realizaron los mayas hoy siguen sorprendiendo a los científicos. Su obsesión por el movimiento de los cuerpos celestes se basaba en la concepción cíclica de la historia, y la astronomía fue la herramienta que utilizaron para conocer la influencia de los astros sobre el mundo.

El calendario solar maya era más preciso que el que hoy utilizamos. Todas las ciudades del periodo clásico están orientadas respecto al movimiento de la bóveda celeste. Muchos edificios fueron construidos con el propósito de escenificar fenómenos celestes en la Tierra, como El Castillo de Chichén Itzá, donde se observa el descenso de Kukulkán, serpiente formada por las sombras que se crean en los vértices del edificio durante los solsticios.

Las cuatro escaleras del edificio suman 365 peldaños, los días del año. En el Códice Dresde y en numerosas estelas se encuentran los cálculos de los ciclos lunar, solar, venusiano y las tablas de periodicidad de los eclipses.

Entre los mayas, la cronología se determinaba mediante un complejo sistema calendárico. El año comenzaba cuando el Sol cruzaba el cenit el 16 de julio y tenía 365 días; 364 de ellos estaban agrupados en 28 semanas de 13 días cada una, y el año nuevo comenzaba el día 365. Además, 360 días del año se repartían en 18 meses de 20 días cada uno. Las semanas y los meses transcurrían de forma secuencial e independiente entre sí. Sin embargo, comenzaban siempre el mismo día, esto es, una vez cada 260 días, cifra múltiplo tanto de 13 (para la semana) como de 20 (para el mes). El calendario maya, aunque muy complejo, era el más exacto de los conocidos hasta la aparición del calendario gregoriano en el siglo XVI.

Una característica maya era su total confianza en el control de los dioses respecto de determinadas unidades de tiempo y de todas las actividades del pueblo durante dichos periodos.

La lengua maya es hablada hoy en día en Guatemala por muchos de sus habitantes. De su literatura destacan dos obras: El Popol Vuh y el Chilam Balam.

La Lengua Maya consiste en un tronco lingüístico que comprende unas 30 lenguas. Se hablan desde México a Honduras, y están vigentes en México, el tzeltal, el tzotzil, el tojolabal, y yucateco entre otras.

Sin embargo, la mayoría de ellas (21) se hablan en Guatemala, de las cuales cabe destacar el quiché (la lengua del Popol-Vuh); el mam, el kakchikel, el pokomam, y el k´ekch´i, entre otras.

El quiché se habla en el oeste del país, por cerca de medio millón de personas. Presenta, eso sí, muchos dialectos (14). El mam tiene también alrededor de medio millón de hablantes, y el kakchikel, unos 350.000. El conjunto de las lenguas mayas es hablado por más de dos millones de personas.

La literatura en lenguas de la familia maya es muy rica. Hay centenares de inscripciones de contenido histórico en estelas de piedra, vasos de cerámica, objetos de hueso y otros materiales, y algunos códices, de los que sólo existen tres muestras de estos códices: el Dresdensis (Dresde), actualmente en Dresde; el Perezianus (Peresiano o de París), en París; y el Tro-cortesianus (Tro-Cortesiano o Matritense maya).

Al finalizar la conquista por parte de los españoles se tradujeron alfabéticamente muchos textos. Los más importantes son el Popol Vuh de los quichés, (con relatos acerca de la creación del mundo, los seres humanos y animales, y los hechos legendarios e históricos), y los libros de los Chilam Balam, que incluyen profecías, poemas y narraciones.

El Popol Vuh data del siglo XVI (Guatemala) y fue traducido al español por el fraile dominicano Francisco Jiménez (comienzos siglo XVIII); al alemán por Carl Scherzer (Viena, 1857), al francés por el abate Brasseur de Bourbourg (París, 1861), que lo llevó a Europa. Hoy se encuentra en la Biblioteca Newberry de Chicago. Según el erudito Adrián Recinos, especialista y traductor de una nueva (1946): "El documento… contiene las ideas cosmogónicas y las tradiciones de este pueblo, la historia de sus orígenes y la cronología de sus reyes, hasta el año 1550".

El Chilam Balam, es un libro sagrado maya (Yucatán, México), del que hay diferentes versiones. De contenido religioso, destacan fragmentos relativos a mitos cosmogónicos; otros son rituales, los katunes, fórmulas simbólicas de iniciación religiosa; textos calendáricos e históricos sobre los principales grupos de Yucatán y la devastación causada por la conquista española. La última parte transcribe las profecías de algunos sacerdotes como Chilam Balam, que todavía tienen una gran importancia entre los grupos mayas actuales. El manuscrito ha sido examinado por diversos eruditos y fotografiado; luego fue robado, destino frecuente de estos documentos. Existen varias traducciones al español y otras lenguas.

Los mayas están formados por varios grupos como los tzeltales, los quichés, los itzáes, los choles, los cakchiquel o los lacandones de Chiapas.

El pueblo más conocido, el maya propiamente dicho, que da nombre a todo el grupo, ocupa la península de Yucatán. Entre los demás pueblos significativos se hallan los tzeltales de las tierras altas de Chiapas; los choles de Chiapas; los quichés, cakchiqueles, pokonchis y pokomanes de las montañas de Guatemala y los chortís del este de Guatemala y el oeste de Honduras. Todos estos pueblos formaban parte de una civilización y cultura comunes que, en muchos aspectos, alcanzó las más elevadas cotas de desarrollo entre los indígenas de todo el área mesoamericana.

Los Cakchiquel, pertenecen al grupo lingüístico quiché y habitan en los departamentos de Chimaltenango, Sololá y Sacatepéquez en Guatemala. Junto con los quiché, es el grupo más numeroso dentro de los maya ya que ascienden a más de un millón de personas. Iximché, su antigua capital, es hoy un sitio arqueológico.

Su documento histórico más conocido es el llamado Memorial de Sololá. Anales de los Cakchiqueles, una genealogía de sus héroes. Guerrearon contra los españoles entre 1524 y 1530, en concreto contra Pedro de Alvarado, quien intentó fundar la ciudad de Santiago de Guatemala. Su economía se basa en el minifundio y en la migración estacional como mano de obra, debido a que menos del 30% de su territorio les pertenece.

Desde finales de la década de 1970 sufrieron el genocidio perpetrado por el Ejército guatemalteco (no menos de 30.000 masacrados), lo que les obligó a exiliarse. Crearon organizaciones adheridas al conglomerado maya, como el Centro Maya Saqb’e, y también algunas específicas de su etnia. Demetrio Cojtí, uno de los principales líderes mayas, es de origen cakchiquel.

Los Chamula también conocidos como tzotzil, habitan en la zona de los Altos de Chiapas, al noroeste del nudo de Huitepec, México, en una zona de clima templado y, en tiempo de lluvias, frío. Sus principales pueblos son: Simojovel, Mitontic, Zinacantan, Pentalhó y Chamula. En razón de este último lugar, los tzotziles se conocen frecuentemente como chamulas. Constituyen un grupo que mantiene viva su lengua y cultura tradicional. Durante cerca de cincuenta años han recibido atención del Instituto Nacional Indigenista. El 1 de enero de 1994 formaron parte en una rebelión conocida como la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (véase Zapatistas). Según el censo de 1990, había 285.000 hablantes de lengua tzotzil. Son, por consiguiente, el grupo indígena más grande de Chiapas, al lado de sus vecinos tzeltales y otros más distantes como los choles, tojolabales y zoques.

Los Choles pueblan la región noreste del actual estado de Chiapas y zonas vecinas del de Tabasco. En el Popol Vuh (Las antiguas historias del Quiché) se narran los encarnizados enfrentamientos entre choles y quichés. Durante el periodo clásico maya (300-900 d.C.), florecieron en la cuenca del río Usumacinta choles, lacandones y tojolabales. En 1564, fray Pedro Lorenzo inició su reducción atrayendo al jefe de Pochula y a su gente para establecerlos en Ocosingo, Bachajón, Petalzingo, Tila, Tumbala y Palenque. Sin embargo, en su mayoría los choles se mantuvieron irreductibles y habitaban selvas y montañas inaccesibles a los españoles, constituyéndose en uno de los grupos más numerosos de la familia mayense.

Según los datos del censo de 1980, en la República Mexicana había 96.776 personas mayores de cinco años que hablaban la lengua chol; en el censo de 1990 se registraron un total de 157.525 personas con esas características.

Los Itzá, pertenecen a la familia lingüística maya-yucateco que vivía en la actual península de Yucatán en México. Los arqueólogos creen que, en sus orígenes, los itzáes eran miembros del grupo de lenguas chontales, que habitaban los estados de Veracruz y Tabasco del actual México. Los itzáes eran un grupo tolteca que emigró hacia el sur hasta la ciudad de Chichén, a la que desde entonces se le llamó Chichén Itzá, en el moderno estado de Yucatán, México. Según los documentos mayas que se pudieron conservar después de la masiva destrucción ordenada por algunos evangelizadores, hacia el siglo X los itzáes se hacen con el poder y ejercen su dominio en el norte de Yucatán hasta el siglo XII.

En ese periodo se levantan las grandes estructuras de Chichén Itzá, como el Juego de Pelota, el Templo de los Guerreros, el Castillo y el Patio de las Mil Columnas, entre otras. Pero además, introducen elementos culturales y religiosos de Mesoamérica, como el culto a la serpiente emplumada, que pasa de ser Quetzalcóatl (como se le conoce en el Anáhuac), a llamarse Kukulcán. La ciudad se convirtió entonces en el centro más importante de la cultura maya. Sin embargo, los mayas originarios de la región lucharon por librarse de los invasores y fundaron un pequeño núcleo en Mayapán, en donde asentaron su capital. Con el tiempo, Mayapán adquirió fuerza, pero el centralismo político originó levantamientos y se proclamó una guerra civil entre las ciudades-estado mayas y los itzáes abandonaron Chichén Itzá.

Fundaron la ciudad de Tayasal, cerca del lago Petén Itzá (hoy Flores, Guatemala), como su nueva capital. El fin de la influencia de Chichén Itzá llegó al mismo tiempo que la constitución de gobiernos independientes en cada región, lo que precipitó la debilidad cultural y política de una serie de estados enfrentados entre sí. Todo ello contribuyó a que los españoles consiguieran dominar sin dificultad a todas esas culturas disgregadas. Los itzáes fueron el último pueblo maya en rendirse a los españoles, que conquistaron Tayasal en 1697.

Los Lacandón, están localizados en el noroeste del estado mexicano de Chiapas, en la selva que lleva su nombre. Fue uno de los pueblos más reacios a entrar en contacto con los españoles, en 1564 fray Pedro Lorenzo creó reducciones en Ocosingo, Bachajón, Tila, Tumbalá y Palenque. Fieles a sus tradiciones y organización, muchos de ellos huyeron a la selva por su oposición a la cristianización. En la época colonial hubo varios intentos de concluir la reducción, sin éxito.

En el siglo XIX su territorio fue invadido por buscadores de maderas preciosas y por ‘chicleros’, provocando la continua disminución de su población. Viven en rancherías (caribales) aisladas e independientes entre sí. En cada una reconocen la autoridad del hombre de mayor edad, que rige la vida diaria y los rituales religiosos, manteniendo muy poco contacto con otros pueblos. Viven del maíz, cultivado con el método de roza, tumba y quema. Hoy es un grupo en extinción, no supera los quinientos habitantes.

Los Quiché actualmente viven en las montañas de Guatemala occidental. Los quichés son un pueblo muy antiguo que ya era preeminente en Guatemala antes del siglo XVI. Su capital era la ciudad fortificada de Utatlán (hoy Santa Cruz de Quiché). Gozaban de una evolucionada organización social y política, que comprendía una compleja estructura de clases, un sistema de escritura y una religión. En 1524 fueron conquistados por los españoles. Hoy en día la población quiché, superior a las 300.000 personas, es el mayor grupo indígena de Guatemala. Su medio de vida procede de la agricultura, los tejidos y la alfarería. En 1992, la activista quiché Rigoberta Menchú fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a su lucha en favor de los derechos civiles de los pueblos indígenas en Guatemala.

Los Tzeltal, hablan una lengua cuyo nombre se identifica con el de su etnia. Vecinos de los tzotziles, conocidos también como chamulas, la lengua de éstos es la más cercana al tzeltal. Como ellos, viven también en las tierras altas del estado mexicano de Chiapas en las que han mantenido celosamente sus tradiciones y antiguas formas de cultura.

Los tzeltales, al igual que los tzotziles, han promovido rebeliones en varias ocasiones. Una de ellas ocurrió en 1572-1573. En esa ocasión llegaron a poner en pie de guerra a muchos miles de hombres. Tras haber logrado varias victorias fueron al fin vencidos y sus cabecillas ejecutados. Los tzeltales fueron evangelizados originalmente por frailes dominicos. En la actualidad trabajan entre ellos miembros de dicha orden y también jesuitas. El Instituto Nacional Indigenista tuvo un centro en la ciudad de San Cristóbal para atender las necesidades de tzeltales y tzotziles. De acuerdo con el censo de 1990, ascienden aproximadamente a 245.000 personas.

A la llegada de los españoles, sólo 100.000 mayas habían sobrevivido a la desintegración de su millones de su imperio. Hoy en día, forman una comunidad de 7 millones de personas en Guatemala, México, Belice y Honduras.

Muchos de ellos mantienen una economía eminentemente agrícola, que complementan con trabajos “al jornal”, cortando caña, algodón o maíz. Son pueblos pobres y, en Guatemala, llevan 35 años padeciendo las consecuencias de una guerra interminable.

En este país, donde los mayas suponen el 69 % de la población, se distribuyen en veintidós comunidades lingüísticas. El grupo de los mayas lacandones de Chiapas es uno de los grupos más aislados. Suman alrededor de 500 individuos y se han resistido a la invasión moderna.

La guerra que enfrenta a las guerrillas, cuyas filas se integran mayoritariamente por indígenas, y al ejército del país, se ha cobrado 150.000 muertos, 100.000 refugiados y un millón de desplazados. Muchos de los mayas que escapaban de la guerra se refugiaron en México, por ello, durante las últimas décadas, Chiapas ha sido el lugar donde se han reencontrado gran número de mayas, que todavía sueñan con volver a Guatemala.

Estas comunidades, cualquiera que sea el territorio que hoy ocupan, se siguen basando en la espiritualidad y el bien común. Su cultura no es individualista, y el futuro se basa en los antepasados que actúan como confidentes y compañeros. Creen en el poder de Jesucristo y conservan prácticas religiosas inculcadas por los misioneros, pero sus santos son mayas y se les aparecen en visiones y sueños.

Sus organizaciones activistas luchan por la integración. Han revalorizado sus tradiciones, su lengua y sus celebraciones. Según el Chilam Balam, uno de sus textos sagrados, ha terminado un período de oscuridad de 400 años (Katum de la Noche), y ahora se inicia el Katum del Amanecer.

Para algunos, la concesión del Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú, y el resurgir de la religiosidad maya, son signos de esta profecía.

La población maya actual ronda los 7 millones de personas. En Guatemala llevan inmersos muchos años en una guerra civil. Los más aislados viven en Chiapas.

LOS OLMECAS
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Olmecas. Período preclásico. México

Los olmecas son la civilización más antigua de Mesoamérica. Son muy conocidas sus cabezas colosales, talladas en piedra, que llegan a medir hasta casi cuatro metros.

Los Olmecas habitaron el sur del golfo de México y son la más antigua civilización en Mesoamérica. Su esplendor se fecha desde aproximadamente el 1500 hasta el 900 a.C. Su área central ocupó unos 18.000 km2, en las pantanosas selvas de las cuencas ribereñas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. Su influencia se extendió gradualmente hasta las tierras altas de México, esto es, el valle de México, conocido como el Anáhuac, y los actuales estados de Oaxaca y Guerrero, por lo que influyeron en otras culturas posteriores como la mixteca y zapoteca.

Los olmecas iniciaron su andadura, durante el denominado periodo olmeca I (1500-1200 a.C.), con pequeñas aldeas costeras que practicaban una agricultura incipiente y mantenían el importante aporte de la caza y la recolección. El periodo olmeca II (1200-400 a.C.) comprende San Lorenzo, su centro más antiguo conocido, que fue destruido en torno al año 900 a.C. y sustituido por La Venta, una ciudad creada según un patrón axial que influyó en el desarrollo urbanístico de América Central durante siglos.

Una pirámide de tierra apisonada de 30 m de altura, una de las más antiguas de Mesoamérica, estaba situada en el centro de un complejo de templos y patios abiertos. El periodo olmeca III (400-100 a.C.) se caracteriza por su marcada decadencia, ubicado en los centros de Tres Zapotes y Cerro de las Mesas y que reflejan ya las influencias de las culturas de Teotihuacán y maya, que comenzaron su expansión en los primeros siglos de la era cristiana.

La sociedad estaba compuesta por distintos grupos. Mientras unos cultivaban, otros gobernaban u organizaban ritos para el culto a los dioses.

El arte olmeca, como el de los mayas, se caracteriza por un alto grado de naturalismo. Predomina lo curvilíneo por encima de lo rectilíneo, lo cual crea formas rítmicas y fluidas que parecen mantener una armonía con un entorno tropical, en contraste con el arte estilizado y anguloso que suele encontrarse en los valles relativamente austeros de las montañas del centro y sur de México.

Los olmecas, cuyo nombre significa ‘país del hule’ (del azteca ulli, hule o caucho), fueron los primeros en emplear la piedra en la arquitectura y escultura, a pesar de tener que extraerla de los montes de Tuxtla, a 97 km al este de Tula.

Las principales manifestaciones artísticas de los olmecas fueron la escultura y la cerámica. Sus obras escultóricas incluyen tanto las colosales cabezas masculinas de basalto de 2,7 m de altura y 25 t de peso como pequeñas estatuillas de jade y obsidiana. Es un arte oficial, propio de una sociedad muy desarrollada, donde la demanda de las élites ha fomentado la aparición de artesanos de dedicación completa sumamente especializados en distintas tareas. La escultura monumental pertenece al ámbito de los centros ceremoniales.

Encontramos las famosas cabezas colosales de La Venta y Tres Zapotes que pueden alcanzar 3 metros de altura por 3 de diámetro y hasta 65 toneladas de peso. Son representaciones de hombres con nariz achatada y labios gruesos, cubiertos con una especie de casco circular. Los altares son composiciones iconográficas sobre bloques paralelepípedos de piedra en uno de cuyos lados aparece un nicho del que emerge una figura antropomorfa. Las estelas son bloques alargados tallados por un lado con personajes de alto rango.

Además de estas enormes esculturas encontramos hachas y estatuillas de jade, jadeita o serpentina, de formas muy diversas donde predominan las representaciones de la divinidad hombre-jaguar.

La cerámica se caracteriza por los vasos escultóricos, cilíndricos, platos de fondo plano y ollas globulares de cuello recto, decorados con motivos incisos o raspados y por figurillas. Unas son macizas y están modeladas a mano, a la manera del periodo formativo, y otras, de arcilla blanca, están huecas y representan los rasgos faciales del llamado niño jaguar.

Esta gran variedad de manifestaciones artísticas se encuentran en un amplio ámbito de expansión mesoamericano formando un compendio de rasgos comunes que se manifiestan en un estilo poderoso y uniforme.

Su sistema de escritura fue el precursor de los jeroglíficos mayas, y es probable que el famoso calendario maya se haya originado en la cultura olmeca. La civilización olmeca dejó establecidos patrones de cultura que influyeron en sus sucesores en los siglos venideros; por ello está considerada como la cultura ‘madre’ más importante de México.

LOS ZAPOTECAS
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Los Zapotecos México. Período clásico.

Los zapotecas, contemporáneos de los olmecas, constituyeron una de las culturas "madre" de México en el actual estado de Oaxaca. Quedan restos de su civilización en Monte Albán.

Los zapotecas pertenecen al tronco lingüístico otomangue, y se establecieron desde el I milenio a.C. en la sierra, valle central y en la parte del istmo de Tehuantepec de lo que es en la actualidad el estado mexicano de Oaxaca, que tuvo una destacada importancia durante el periodo precolombino y recibió la influencia de los olmecas, es decir, de los creadores de la cultura madre que comenzó a florecer en las costas del golfo de México, en la región limítrofe de los actuales estados mexicanos de Veracruz-Llave y Tabasco.

Hacia el siglo VI a.C., los zapotecas estaban en posesión de un sistema calendárico y también de una forma de escritura. De ello dan testimonio las centenares de estelas con inscripciones que se conservan en el centro ceremonial de Monte Albán. Dichas estelas se conocen como de ‘los danzantes’, ya que las posturas de las figuras humanas con las que se registran tales inscripciones, mueven a pensar que están bailando. En esa primera etapa del desarrollo zapoteca comenzaron a construirse tumbas de cajón o rectangulares en las que aparecen ofrendas y representaciones del dios de la lluvia Cocijo, deidad que habría de tener un lugar muy importante en el panteón zapoteca.

En los siglos siguientes, según los datos proporcionados por la arqueología, pueden distinguirse varios periodos de ulterior desarrollo. En el que abarca desde el 300 a.C. hasta el 100 d.C., se dejó sentir la presencia de algunos elementos que más tarde se desarrollarían con mayor fuerza entre los mayas. De esa época provienen asimismo edificaciones más suntuosas, entre ellas las de varios juegos de pelota (los lugares donde se practicaba el tlachtli) y algunos templos en Monte Albán y en otros lugares de Oaxaca como Yagul, Teotitlán y Zaachila.

A ese periodo siguió el del auge de la cultura zapoteca, entre el año 100 d.C. y el 800 d.C., que coincidió con el esplendor de Teotihuacán en la región central. Fue entonces cuando el centro de Monte Albán llegó a su máximo florecimiento. De ello dan fe los templos, palacios, adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones que allí pueden contemplarse. Además de Cocijo, dios de la lluvia, se adoraba a la pareja de dioses creadores llamados Pitao Cozaana y Pitao Nohuichana, representación de la dualidad que también aparece en las otras regiones de Mesoamérica. En este periodo de esplendor se consolida la presencia zapoteca en los ya mencionados Yagul y Zaachila, y en otros muchos lugares como Huajuapan, Juchitán, Piedra Labrada y algunos ya situados en los actuales territorios de los estados de Puebla y Guerrero.

En Monte Albán (fl. alrededor del 500 a.C. y el 500 d.C.), que es el mayor conjunto urbano zapoteca, se aprecia que esta civilización mantuvo lazos primero con los olmecas y después con Teotihuacán. Dado que concedían gran importancia a la adoración de sus antepasados más ilustres, los zapotecas tienen una gran producción artística relacionada con los ritos funerarios. Las tumbas de Monte Albán y de toda la zona de Oaxaca poseen elaboradas urnas funerarias con figuras que representan divinidades asociadas con fuerzas naturales como la lluvia y el viento.

En los templos de Monte Albán se aprecia la influencia del sistema de talud y tablero utilizado en la arquitectura de Teotihuacán, al igual que en las espaciosas plazas rodeadas de escaleras monumentales que conducen a los basamentos de los templos. También hay estelas con relieves e inscripciones jeroglíficas diseminadas por la zona. Las tumbas tenían antecámaras y numerosos nichos y estaban decoradas con frescos que denotan la influencia de los murales de Teotihuacán.

Al periodo de esplendor siguió uno de franca decadencia. Otro grupo étnico, el de los mixtecos, ocupó su principal centro ceremonial y se impuso en gran parte del territorio oaxaqueño. Los zapotecas, a veces sometidos a los mixtecos y en ocasiones aliados con ellos, establecieron su ciudad principal en Zaachila. A pesar de su decadencia, los zapotecas lograron conservar en parte su independencia y salir victoriosos en varias guerras que tuvieron contra grupos vecinos, así como oponer resistencia a los intentos de los mexicas o aztecas que trataban de sojuzgarlos. Tan sólo la conquista española, en las primeras décadas del siglo XVI, puso fin a la existencia autónoma zapoteca.

Descendientes de los antiguos pobladores de diversos lugares de la sierra, de los valles centrales y la costa de Oaxaca, los zapotecas contemporáneos, a pesar de haber vivido durante siglos marginados y depauperados, han conservado muchas de sus tradiciones, formas de vida, creencias y organización social. Elemento que les confiere profundo orgullo es el hecho de que un zapoteca serrano, Benito Juárez, no sólo haya sido presidente de la República, sino el máximo defensor de ella frente a la intervención francesa que, promovida por Napoleón III, fue victoriosamente rechazada en 1867.

Tanto por las variantes que existen en su lengua como por sus formas de vida y condiciones económicas, los zapotecas ostentan considerables diferencias entre sí. Así, en tanto que perdura su aislamiento y pobreza en muchos lugares de la sierra, hay en cambio zapotecas en la región del istmo de Tehuantepec cuyos niveles de vida son comparables a los de la población no indígena. Entre estos últimos zapotecas pervive, no obstante, su sentido de identidad cultural y el empleo de la lengua que es además objeto de cultivo y vehículo de expresión literaria, tanto en cantos y poemas como en la narrativa. La acentuada fisonomía cultural de los zapotecas del istmo es perceptible de muchas formas. Una de ellas la ofrece la gracia y altivez de sus mujeres, las célebres tehuanas, con sus característicos tocados y sus ricas joyas.

Los zapotecas contemporáneos, herederos del rico legado cultural de sus antepasados, constituyen uno de los mayores grupos étnicos de México. De acuerdo con el censo de 1990, se acercaban al medio millón de personas.

LOS TOLTECAS
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Cultura tolteca. México. Período postclásico. Capital: Tula

Los toltecas lograron imponer su cultura durante años debido a su organización militar. En Tula y Chichén Itzá quedan restos de su glorioso pasado.

Los toltecas (en nahuatl, 'maestros constructores'), emigraron desde el norte de lo que ahora es México, tras la decadencia (en torno al año 700 d.C.) de la gran ciudad de Teotihuacán, y establecieron un estado militar en Tula, a 64 km al norte de la moderna ciudad de México, en el siglo X d.C. Se pensó que su llegada marcó el cenit del militarismo en Mesoamérica, puesto que el ejército tolteca empleó su mayor potencia para dominar las sociedades vecinas.

El pueblo tolteca creó una refinada cultura, que incluía conocimientos sobre la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía.

Se trataba de una sociedad austera de guerreros pragmáticos, que parecían más interesados por la función que por la forma, de modo que produjeron pocos objetos lujosos.

La cerámica más apreciada, por ejemplo, fue la llamada plomiza o plumbate y la anaranjada fina importada de artesanos no toltecas que vivían en la costa del Pacífico, cerca de la actual frontera entre México y Guatemala. La cerámica plomiza, única cerámica vidriada de Mesoamérica, tiene una superficie metálica, habitualmente gris verdosa resultado de la vitrificación de una barbotina de arcilla durante la cocción para obtener el brillo.

La arquitectura y la escultura toltecas reflejan la influencia de la cercana Teotihuacán. Sin embargo, los estetas toltecas pretendían inspirar temor en vez de aspirar a la armonía espiritual que perseguía la civilización de Teotihuacán. El templo que se encuentra en la cima de la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli o de la Estrella Matutina en Tula tiene unas columnas de 4.6 m de alto, modeladas como imponentes guerreros rígidos, conocidos como atlantes, que guardan el recinto sagrado.

Alrededor de la base de esta pirámide existen palacios y recintos ceremoniales, probablemente para la elite militar. Se cree que estaba dedicado a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, deidad que los toltecas adaptaron de culturas anteriores y la adoraron como el dios del planeta Venus.

Al pie de la cara norte de la pirámide hay un elemento arquitectónico ideado por los toltecas que puede haber servido para encerrar un espacio ceremonial secreto que se denomina coatepantli o muralla de serpientes. El coatepantli consiste en un friso labrado en piedra que muestra una sucesión de serpientes que persiguen y devoran esqueletos.

Otro elemento arquitectónico tolteca fue el tzompantli, o altar de cráneos, una plataforma baja, cercana a la pirámide principal, provista de soportes para apilar o ensartar las cabezas cercenadas de los sacrificados. El recio arte tolteca muestra una faceta de vigor en las formas que anuncian el predominio del guerrero sobre el sacerdote, una visión que se mantendría a lo largo del horizonte posclásico mesoamericano.

Según la leyenda, un dios rival tolteca Tezcatlipoca, hizo que Quetzalcóatl y sus seguidores abandonaran Tula en torno al año 1000 d.C. Se desplazaron al sur y posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola en su capital y en un importante centro religioso.

La civilización tolteca decayó en el siglo XII, cuando los chichimecas, junto con otros pueblos indígenas, invadieron el valle central y saquearon Tula. Los toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente.

Hacia el siglo XIII la caída de Tula y del poder tolteca abrió el camino para la ascensión de los aztecas.

LOS HUASTECOS
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Huastecos. México. Período Preclásico.

Los huastecos o huastecas, cuyas construcciones se caracterizan por ser circulares, provenían seguramente de los olmecas. Influyeron notablemente en los toltecas y aztecas.

Se cree que el pueblo huasteco procedía de los olmecas que se asentaron en el años 50 a.C. en el río Pánuco y después extendieron su territorio ampliamente.

Los templos de la cultura huaxteca se caracterizan por ser redondos, así como muchas otras de sus manifestaciones artísticas eran cónicas o circulares.

Este pueblo transmitió muchos de sus elementos teogónicos y teológicos a los toltecas y después a los aztecas. De hecho, algunos elementos de las representaciones mexicas del dios Quetzalcóatl, tienen origen huasteco.

Hoy en día quedan cerca de 150.000 huastecos en México (censo de 1990), y conservan parte de sus costumbres tradicionales.

Su economía se basa en la agricultura de maíz, frijol, yuca, etc., y últimamente se ha introducido el cultivo de café.

LOS MIXTECOS
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Mixtecos. México. Período Postclásico.

La cultura mixteca floreció durante más de 700 años en México. Eran especialistas en el labrado de madera y poseían avanzadas técnicas agrícolas.
Los mixtecos habitaban los actuales estados mexicanos de Oaxaca, Guerrero y Puebla. La cultura mixteca floreció en el sur de México desde el siglo IX hasta principios del XVI y sus miembros fueron los artesanos más famosos de México. Sus trabajos en piedra y en diferentes metales nunca fueron superados.

Se especializaron en el labrado de la madera, destinado principalmente a las complejas decoraciones de los átlatl (instrumento utilizado para lanzar flechas) y en el tallado de los teponaztli (instrumentos horizontales de percusión de forma cilíndrica y ahuecados), de uso ceremonial. Otras de sus especialidades fueron los mosaicos de plumas, la alfarería policroma decorada y el tejido y bordado de telas.

Las contribuciones más importantes de los mixtecos son: los registros pictográficos en códices hechos sobre piel de venado de la historia militar y social que narran aspectos del pensamiento religioso, de los hechos históricos y de los registros genealógicos de su cultura (ejemplificada en el códice Nuttall) ; la orfebrería, cuyas muestras como pectorales, narigueras, anillos o aretes, demuestran que manejaron con maestría el oro trabajado con la técnica de la cera perdida, así como el labrado del alabastro, el jade, la turquesa y la obsidiana, entre otros.

Las piezas más notables que se conocen proceden de los enterramientos de Monte Albán, descubiertos por el arqueólogo Alfonso Caso, y que se exhiben en el Museo Regional de Oaxaca. Otros legados mixtecos son: un calendario análogo al utilizado por los aztecas y sus técnicas agrícolas.

Entre los siglos XI y XII de nuestra época, los mixtecos adoptaron una influencia tolteca cuya característica civilizadora los motivó a buscar asentamientos más estables que los que habían tenido; se dedicaron a dominar a los zapotecas por medio de invasiones de sus tierras, guerras y alianzas políticas por matrimonios. De ese modo se apoderaron, por ejemplo, de Monte Albán, que había sido abandonada por los zapotecas y los mixtecos convirtieron en necrópolis, enriqueciendo notablemente sus monumentos funerarios.

Tanto en esa ciudad, como en Mitla, aportaron conceptos arquitectónicos evolucionados como las grecas geométricas de piedras ensambladas que adornan los palacios. Otras ciudades zapotecas de las que se apoderaron los mixtecos son Zaachila y Yagul, también en el estado de Oaxaca, con las que se complementa el conjunto del impresionante legado de estas culturas. Los mixtecos influyeron en el declive de la civilización maya en el sur, y permanecieron independientes de los aztecas en el norte. Es posible que la población mixteca actual ronde el medio millón de personas, distribuidas en 3 regiones principales: la Mixteca Alta (en las zonas frías de la sierra Madre del Sur), la Mixteca Baja (siguiendo el curso del río Atoyac) y la costa (estados de Oaxaca y Guerrero).

LOS CHICHIMECAS
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Los chichimecas. México. Período postclásico.

Se conoce por pueblos chichimecas a los indígenas, considerados primitivos, asentados en el centro de méxico. Estos pueblos se dividen en tres grupos, en función de su etnia. Unos eran otomíes, otros nahuas y los demás eran chichimecas propios. A éstos últimos se les consideró bárbaros ya que eran seminómadas que vivían de la caza y recolección. Hoy en día sobrevive un pequeño grupo, los chichimecas-jonaz en el pueblo de la Misión (Guanajuato).

Los chichimecas comprendían a tres grupos étnicos: otomíes, nahuas y los propios chichimecas.

Según el codice de Xolotl a mediados del s XIII d.C., el caudillo Xolotl de los chichimecas migró con ellos al valle de México. Allí se establecieron y asumieron muchas de las tradiciones de los pueblos circundantes, llegando a constituir señoríos como los de Azcapotzalco, Texcoco (Tezcoco), Huexotla y Coatlinchan.

En Texcoco se estableció una población considerable (aprox. 1200), y la ciudad fue la capital del reino de Acolhuacan, uno de los reinos aliados a los aztecas. El mayor auge del lugar ocurrió entre 1430 y 1518, bajo el reinado de Nezahualcóyotl (hijo del señor de Texcoco, Ixtlilxóchitl ).

Este monarca declaró la guerra a Maxtla, descendiente de Tezozómoc, a quien logró vencer con ayuda de los aztecas. Así pues, toda la hegemonía del valle de Mexico quedaba en manos de la Triple Alianza (Texcoco, Tenochtitlán y Tacuba) alrededor del 1431. La ciudad, antes de su decadencia llegó a tener numerosos habitantes y fue el centro espiritual de toda la altiplanicie mexicana.

En cuanto a los otomíes y nahuas, permanecieron en el norte, subsistiendo de su forma de vida tradicional y practicando el asalto a pueblos y visitantes. En 1541 se produjo un gran levantamiento (la guerra del Miztón), tras la cual el virrey Antonio de Mendoza consiguió una paz temporal. Para hacer frente a estos grupos chichimecas hostiles, los españoles levantaron presidios y fuertes, de los que más tarde algunos, llegarían a constituirse en ciudades.

A finales del período colonial la mayoría de los chichimecas se habían mestizado con los tlaxcaltecas y españoles, o habían sucumbido a las enfermedades importadas por los extranjeros, como la viruela.

LOS OTOMÍES
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Los Otomíes. México. Período postclásico.

Asentados en varios lugares de la región central de México, en particular en los estados de Hidalgo, noroeste de Puebla, estado de México, municipio de Ixtenco en Tlaxcala y región noroeste de Veracruz, los otomíes llegaron a formar hacia el siglo XII d.C. un señorío cuyo centro principal fue Xaltocan.

El centro más importante de la cultura otomí fue Xaltocan. Fueron contemporáneos de los mexicas y los toltecas, con los que intercambiaron influencias.

Con frecuencia convivieron al lado de pueblos de cultura más desarrollada como los toltecas y los mexicas. Se conservan algunos antiguos cantares atribuidos a los otomíes, así como el códice de Huichapan.

Junto con los pames, mazahuas, matlatzincas y los chichimecas-jonaz, integran la familia lingüística otomiana que a su vez forma parte del mencionado tronco otomangue. Según el censo de 1990, hay cerca de 400.000 otomíes.

LOS TLAXCALTECAS
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Cultura Tlaxcalteca. México. Período postclásico.

Los tlaxcaltecas pertenecen al grupo nahua, y habitaron la altiplanicie Mexicana en el periodo precolombino, teniendo su máximo apogeo hacia el siglo IV a.C. El eje primordial de su sociedad estaba formado por la clase sacerdotal que tradicionalmente adoraba al todopoderoso Huehueteotl.
Los Tlaxclatecas se aliaron con los españoles, ayudando a provocar la caída del Imperio Azteca, sus tradicionales enemigos.

Organizados desde aproximadamente el siglo XIII como una república de carácter confederal, se asentaron entonces en los territorios que configuran el actual estado de Tlaxcala ("lugar del pan" o "lugar de la tortilla del maíz". Dependientes del comercio de la zona mantuvieron una larga situación de enfrentamientos con los vecinos aztecas, debido a la expansión del control comercial de éstos últimos.

Cuando, en agosto de 1519, los conquistadores españoles al mando de Hernán Cortés llegaron a los dominios tlaxcaltecas fueron inicialmente recibidos con rechazo. Poco después pasaron a ser considerados evidentes aliados frente al dominio azteca.

Los tlaxcaltecas combatieron junto a Cortés y sus hombres en los principales hechos que precedieron a la derrota azteca y al consiguiente inicio de la colonización española. Así se forjó el mito de la “traición tlaxcalteca”, que llevó a este pueblo a ser denostado por los mexicanos durante años.

Aunque se les concedieron ciertos privilegios durante la colonización, el cambio cultural al que se vieron sometidos, llevó poco a poco a la perdida de identidad de este pueblo. Finalmente a lo largo del siglo XX la integración produjo que la cultura tlaxcalteca se considerase desaparecida.

LOS TOTONACAS
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Los Totonacas México. Período Clásico

Los totonacas estuvieron asentados en tiempos en el sitio arqueológico de Tajín. Hoy en día continúan manteniendo algunas de sus tradiciones, como su ritual de los "hombres voladores".

El pueblo totonaca pertenece al tronco lingüístico maya-totonaco, cuyo más cercano pariente es el tepehua. Al parecer los totonacas tuvieron su primer asentamiento en el norte del actual estado mexicano de Puebla. Ya en el periodo clásico mesoamericano (siglos I-VIII d.C.) penetraron en territorio veracruzano dando lugar a centros tan importantes como los de El Tajín, Zempoala, Papantla, isla de Sacrificios y otros, entre ellos Yohualichan en Puebla.

En la actualidad los totonacas continúan viviendo en las inmediaciones de los lugares mencionados de Veracruz y asimismo en otros de la sierra norte de Puebla. Se caracterizan por haber conservado sus antiguas tradiciones y forma de vida.

Puede citarse a este respecto su danza del volador que mantiene profundas connotaciones religiosas. De acuerdo con los datos del censo de 1990 existían aproximadamente 220.000 personas de filiación étnica totonaca, la mayoría de las cuales seguía hablando su lengua, si bien un considerable porcentaje dominaba también el español.

LOS PURÉPECHAS
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Los tarascos. México. Período postclásico.

Los purepechas constituyen uno de los grupos étnicos más importantes de México. Su cultura, en cierta manera occidentalizada, sigue luchando por sobrevivir. La artesanía que producen es conocida en todo el mundo.

Los Tarascos o Purépechas son el pueblo amerindio de lengua independiente que habita en el estado de Michoacán, en México. Su historia primitiva se conoce a través de escasas fuentes históricas que ubican su origen en la localidad de Zacapu, Michoacán, y que se refieren a la fundación de sus principales asentamientos (Tingambato, Carapan, Ihuatzio y otros, distribuidos en parte de los estados de Guanajuato, Querétaro, Colima, Jalisco, Guerrero y Estado de México).

Se conocen datos sobre su religión, su organización política, sus gobernantes y sus respectivas dinastías, así como sobre los principales hechos históricos que protagonizaron. Existen pruebas de que en el momento de la llegada de los españoles en el siglo XVI, ya habían desarrollado una civilización independiente. La capital era Tzintzuntzan, ‘lugar de colibríes’, junto al lago de Pátzcuaro, en donde construyeron las ‘yácatas’, monumentos únicos que destacan por su forma, pero que no se comparan con otras obras arquitectónicas en cuanto a vistosidad. Consisten en una especie de túmulos en forma de T revestidas de piedras cortadas.

Los tarascos o purépechas eran famosos por sus espectaculares mosaicos, los cuales confeccionaban con plumas de colores, y por sus pipas de barro o arcilla. Hoy destacan por los tejidos, lacados y su artesanía en madera. ). Se cree que los purépechas fueron los primeros que trabajaron el metal en Mesoamérica. Es probable que aprendieran las técnicas de la metalurgia gracias al comercio con las civilizaciones de América Central y las andinas a través del océano Pacífico. Los ornamentos de cobre, oro, bronce y otras aleaciones hechos por los purépechas eran tan apreciados como sus trabajos con plumas y sus telas.

Los purépechas siguen teniendo, como sus antepasados, un gran conocimiento del entorno. Sus métodos de clasificación de tierras llegan a enumerar dieciséis tipos de terreno, para diversas labores.

Durante 500 años han logrado mantener una artesanía rica y variada gracias a su imaginación y técnicas muy depuradas. Hoy en día, todos los integrantes de la vida social se dedican a fabricar productos artesanales durante los períodos de inactividad agrícola. Gracias a ello obtienen unos ingresos que ayudan a que las familias no tengan que abandonar sus pueblos. Los purépechas siguen luchando por no desaparecer y conservar su identidad y rasgos culturales.

LOS NAHUAS
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Los Nahuas. México. Período postclásico.

Los nahuas pertenecen al grupo étnico de filiación lingüística yuto-azteca. Su presencia en la región central de México puede documentarse, por lo menos, desde la época de los toltecas hacia los siglos X y XI d.C., aunque hay indicios de que algunos grupos nahuas habitaron asimismo en Teotihuacán.
Los nahuas poseen una rica literatura, que está resurgiendo hoy en día. Son el mayor grupo indígena de México.

En la actualidad hay comunidades nahuas en 16 estados de la República, desde el sur de Durango hasta algunos grupos que viven en Oaxaca. Las poblaciones nahuas más numerosas se localizan en el territorio conocido como las Huastecas, así como en el estado de Puebla. También hay hablantes de esta lengua en varias poblaciones de la república de El Salvador.

Los nahuas desempeñaron un papel de suma importancia en la historia prehispánica de México, como lo muestra, entre otros, el caso de los aztecas o mexicas. Existe una rica literatura en lengua náhuatl, tanto de tradición prehispánica como producida en el periodo colonial. Actualmente hay un renacer de lo que se conoce como la Nueva Palabra, que se manifiesta en la poesía, la narrativa y algunas composiciones dramáticas. Según el censo de 1990, los nahuas son aproximadamente 1,3 millones por lo que puede considerárseles como el grupo indígena mayor de México.

SHALOM

Fuentes de Información - Tribus nativas de México

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8 comentarios - Tribus nativas de México

@sexdrogsandrocknroll Hace más de 5 años -2
@rixvt Hace más de 5 años +1
buen tema saludos
@Semprom Hace más de 5 años +1
@Christianoidesthen Hace más de 5 años +1
Y son muchas más aún...
Buen post!!!
@folklover Hace más de 3 años +4
no son tribus son culturas
@ElViciosoDelFOF Hace más de 3 años +1
Bestia no son Tribus, son Culturas!
@neiderman Hace más de 8 meses
menzoooooo perdón por la palabra pero hay una gran diferencia entre culturas y tribus indígenas enserio me habías ilusionado con que acabe mi tarea