Tribus de Oceania

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LOS MARDUS
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Los mardus del desierto occidental australiano mantuvieron su forma de vida tradicional hasta bien entrado el siglo XX.

Su nombre significa –gente- y constituyen un pueblo caza-recolector, que vive en pequeños grupos, trasladándose constantemente para aprovechar los recursos del desierto.

Las condiciones climáticas han hecho que los mardus desarrollasen enormes dosis de paciencia. La caza supone horas de espera tras los arbustos, que no siempre dan fruto. Las mujeres se encargan de recoger frutos silvestres y plantas.

Los mardus creen en poderosos seres sobrenaturales y esta creencia impregna todas las actividades de su vida diaria. De hecho, hasta los utensilios de caza y recolección les han sido entregados por estos seres. Asimismo, debido a su mitología, los hombres se sometían a la circuncisión, y debían volver siempre al territorio de su padre y abuelo,, para cuidar la tierra y a sus espíritus.

Con la llegada de los europeos, los mardus fueron desplazados de su territorio y sometidos a control administrativo. A finales de los sesenta más de 300 mardus se hallaban asentados en la población de Wiluna, en la reserva, misión o alguna instalación pastoril.

La vida de estos aborígenes estuvo sumida en la precariedad absoluta, sus hijos eran obligados a ir a la escuela, lo que implicaba la separación total de sus padres y la supervisión de los blancos.

Los misioneros minaron profundamente las creencias religiosas de los mardus, prohibidas a los niños, al igual que los ritos, pinturas y tradiciones. Fuera de la misión, los mardus eran sometidos al toque de queda, a la vez que despreciados por los blancos e inducidos a la marginalidad.

Los mardus lucharon por la igualdad y efectuaban sus rituales en la clandestinidad. Hoy en día, las condiciones en que se encuentra este pueblo es favorecedora, con sus propias viviendas, escuelas, negocios, y personal sanitario aborigen. De todas formas, la asimilación ha producido grandes problemas como el del consumo de alcohol.

La política sigue siendo asimiladora y los aborígenes siguen luchando por la autodeterminación y la autogestión de los recursos.

En 1967 se aprobó en Australia un referéndum que otorgaba al gobierno la capacidad para legislar en nombre de los aborígenes. El resultado ha sido una política que promueve la autodeterminación y autogestión de los nativos australianos.

La financiación gubernamental se ha utilizado para poner en marcha diversos proyectos. Los aborígenes eligen ahora a sus representantes y disponen de cierta autonomía para gestionar programas de desarrollo. Aún así, no ha sido posible erradicar el racismo latente en la población europea, que les niega la entrada a bares y otros locales.

Como sucede con los indígenas de innumerables países, un gran número de los australianos viven de forma marginal, lideran las tasas de desempleo, tiene un alto número de niños no escolarizados, y la asistencia sanitaria es deficiente. Todo ello ha reducido la esperanza de vida de esta población a los 50 – 60 años, veinte años menos que los habitantes no autóctonos.

Las protestas de las asociaciones nativas respecto a esta situación se suceden, ya que aunque en general la vida de los aborígenes ha mejorado en los últimos años, aún queda mucho por hacer.

Los aborígenes de Australia siguen luchando por sus derechos, y por conseguir la autogestión y autodeterminación.

LOS TIWIS
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Ubicación: Islas Bathurst y Melville (Norte australiano) Población: 1,500 (1983 Black). Lengua: Tiwian

Los tiwis han visto influenciada su cultura recientemente por los misioneros católicos y la política gubernamental. Rasgo distintivo de este pueblo es que las mujeres deben permanecer casadas desde antes de su nacimiento hasta su muerte.

Hasta principios del siglo XX, los tiwis habitaban con carácter exclusivo las islas Bathurst y Melville del norte australiano. Hoy en día allí se hallan asentados también algunos misioneros blancos y funcionarios gubernamentales. Salvo estos habitantes, los tiwi han permanecido aislados incluso de las demás tribus aborígenes australianos, por lo que conservan características exclusivas de su cultura.

Uno de estos rasgos característicos se relaciona con el matrimonio. Todas las mujeres deben permanecer casadas desde antes de su nacimiento hasta su muerte. Cuando una niña llega a la pubertad, todas sus futuras hijas le son ya prometidas a un hombre, que ya será adulto cuando nazcan sus esposas. Por ello las mujeres enviudan muy jóvenes y deben volver a casarse enseguida.

Esta costumbre se basa en que los tiwis creen que el embarazo es motivado por el hallazgo del padre de un “espíritu infantil” que envía a la madre y provoca el embarazo. Así, la mujer ha de permanecer casada, ya que el nacimiento de un niño es imposible si no se debe a que el esposo encuentre su espíritu.

Con el tiempo la práctica ha evolucionado de forma que se suele seleccionar a los jóvenes prometedores para ser padres de las futuras hijas. Un hombre de éxito dentro del grupo puede llegar a tener en su vida unas 20 o 30 esposas, aunque hoy en día no se llega a estas cifras ancestrales. Es obvio que la poligamia es una práctica también común en la cultura tiwi.

En la actualidad, las tradiciones tiwis están cambiando debido a la influencia misionera que ha conseguido la instauración casi total de la monogamia. Los tiwis están asentados en la misión de Bathurst, y en dos emplazamientos gubernamentales de Melville. Debido a que los alimentos llegan del exterior, los tiwis están abandonando su vida nómada y caza-recolectora. Algunos trabajan en Darwin, lo que proporciona dinero a la tribu para obtener objetos de hierro, comida y tabaco.

Lo que aún conservan los tiwi son sus ceremonias funerarias y estacionales. Los funerales o pukimani se celebran semanas o incluso meses después del fallecimiento. Durante este tiempo los familiares no pueden realizar ninguna actividad más que tallar las lanzas ceremoniales y pintar los cestos de corteza. Los demás preparan los postes funerarios y el lugar de la tumba para el rito, que durará dos días. Los postes funerarios, de hasta 6 mt de altura, se tallan y pintan con sumo cuidado, cuando están listos comienza la ceremonia.

Las ceremonias funerarias están llenas de colorido, música y danzas. Los parientes se despiden del muerto y le piden que no interfiera en las vidas de los vivos.


LOS TASMANOS
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Ubicación: Tasmania Población: Extinta

Los aborígenes tasmanos, al igual que los australianos, vivían a la llegada de los europeos en una etapa paleolítica como caza-recolectores. No estaban tan avanzados como los aborígenes continentales, que ya pulían piedras para utilizarlas como armas.
En 1876 moría Truganini, el último tasmano puro, recluido en la reserva de Oyster Cove. Los tasmanos fueron descritos por los europeos como hombres del paleolítico, e incluso algunos les negaron la condición de seres humanos.

El origen de los tasmanos es incierto. Se cree que pudieron llegar a la isla australiana procedentes de Asia. Hasta hace 11.000 años Tasmania estaba unida al continente, pero con su separación, los tasmanos quedaron totalmente aislados, lo que provocó que viviesen en la Edad de Piedra en pleno siglo XVIII y XIX.

La información que existe sobre los tasmanos parte de los primeros colonos y estudiosos franceses e ingleses que se establecieron en la isla. Según estas fuentes los aborígenes eran poco agraciados y de estatura baja, con una media del 1,60 mt. Andaban desnudos y llevaban el cuerpo cubierto de cicatrices simétricas. Su forma de vida nómada no incluía la domesticación de animales y no conocían el uso de la agricultura, y ni siquiera los tasmanos de la costa se alimentaban de pescado, ya que no sabían pescar.

Su sociedad no conocía rangos jerárquicos y los hombres más valientes en la guerra o caza se convertían en jefes. Practicaban la poligamia y sus refugios consistían en refugios de ramas.

Tras un primer contacto amistoso con los colonos, su territorio se fue reduciendo en gran manera. Los tasmanos se retiraron al interior y hacia el 1825 solo se acercaban a los colonos para atacarles. El gobernador y coronel George Arthur, proyectó un plan para capturar a todos los aborígenes y recluirlos en un espacio limitado. La “guerra negra” había comenzado, pero no fue productiva, y los 5000 hombres armados que persiguieron a los aborígenes solo consiguieron capturar a una mujer y su hijo. Entre 1831 y 1836, George Robinson, un misionero amigo de los aborígenes, logró congregar a los tasmanos y convencerles de que se establecieran en la isla de Flinders, al nordeste de Tasmania.

El resultado de la amigable acción fue desastroso. Se les obligó a vestirse, se les impuso la educación religiosa, y los niños fueron escolarizados. Privados de sus tradiciones los aborígenes fueron incapaces de adaptarse al impuesto cambio y se consumieron. En 1847 solo quedaban 47 supervivientes de los 2000 instalados en la reserva. En 1865 murió el último varón, y Truganini, la última mujer, lo hizo en 1876.

LOS PALAWAS
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Los palawas, habitantes tradicionales de Tasmania, fueron sometidos, a la llegada de los europeos a incontables abusos y matanzas. Hoy poseen su propia escuela y personal sanitario.

Los palawas sufrieron grandes problemas con la llegada de los británicos. Los aborígenes fueron expulsados de sus territorios y tuvieron que sufrir el exterminio que produjeron las enfermedades importadas por los europeos, además de las frecuentes matanzas. La caza de aborígenes se convirtió en un entretenimiento patrocinado por los colonos, aún con la oposición del gobernador y la Oficcina Colonial.

En 1803, año en que llegaron los colonos, se estimaba la población entre 5000 y 10000 tasmanos. Antes de un siglo, moría el último tasmano puro.

Aún así, los descendientes aborígenes han sobrevivido. Han resurgido las antiguas lenguas, han conseguido recuperar sus lugares sagrados, y poseen una escuela aborigen propia. En ella, los niños palawas aprenden mediante narraciones orales, cuentos y cantos, su ancestral cultura.

LOS ABELAM
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Ubicación: Nueva Guinea

Los abelam, de espíritu independiente y competitivo, basan su economía en el cultivo del ñame, propio de los hombres y con rígidas normas relacionadas con sus creencias. Sus espectaculares celebraciones rituales se caracterizan por los tocados de plumas

Los abelam habitan la cuenca del río Sepik. Los habitantes de las zonas costeras han visto debilitadas sus tradiciones debido al contacto con los europeos, pero en el interior se mantienen. Los abelam del río Sepik se alimentan principalmente de pescado y la recolección de ñame. También se dedican a la crianza de cerdos.

Los poblados son grandes, pudiendo llegar a los 1.000 habitantes. Entre sí son independiente y adoptan sus propias decisiones, generalmente en forma de debates abiertos. El mayor puesto de jerarquía política lo ocupan los "grandes hombres", quienes poseen buenas dotes oratorias y se les reconoce especial prestigio e influencia.

Su sociedad es muy individualista. Los hombres se enfrentan para conseguir mayor prestigio, lo que supone mayor poder. Son orgullosos y agresivos y defienden de forma férrea su dignidad. Por ello son frecuentes las disputas y luchas entre los poblados. Aún dado este carácter violento, no suelen ocasionarse heridos, y en caso de que los haya, el atacante debe compensar a la víctima.

La rivalidad no se expresa solo en enfrentamientos personales. Se establecen luchas simbólicas e incluso resuelven sus rencillas con intercambios de regalos, los cuales desempeñan un importante papel en la organización social abelam.

Un logro de este pueblo ha sido su capacidad para cultivar gran cantidad de especies de ñame, del que conocen al menos 100 variedades que adaptan según el terreno. En este producto se halla la base de su alimentación y se relaciona con sus creencias. El crecimiento de los tubérculos implica una serie de tabúes y cultos fálicos. Desde la siembra hasta la recolección, los hombres deben purificarse de los contactos sexuales que hayan mantenido, por lo que practican la abstinencia sexual y de ingestión de carne durante 6 meses.

En los huertos solo pueden entrar los hombres purificados. Dentro de cada huerto hay una choza para los ritos, con calaveras de los antepasados, piedras y tallas de madera que representan a los muertos. La finalidad de los ritos es obtener plantas mayores. Cuando se recoge la cosecha, los hombres decoran sus tubérculos más hermosos con máscaras y adornos. Se exponen al público y se celebra una fiesta. Estos ñames sagrados no pueden ser comidos por su propietario, sino que debe ser intercambiado.

Durante este intercambio se anotan las longitudes de las plantas, que, al cabo de los años se comparan. Se trata de ofrecer siempre un ñame más largo del recibido para demostrar superioridad. La competición es dura y si no se consigue mantener el puesto, en pocos años, se pierde el prestigio adquirido.

Toda la vida del poblado gira en torno al ñame. Un hombre puede mostrar a otro un gran tubérculo como signo de que sospecha de que es amante de su propia mujer, y acusándole de su interés en el sexo, lo que le privará de conseguir una buena cosecha. Las mujeres se mantienen totalmente apartadas de este culto y por supuesto no pueden entrar a los huertos.

Ambos sexos poseen ritos y subculturas separadas. El rito de la menstruación, exclusiva de las mujeres proporciona cicatrices en el vientre, senos y brazos de la muchacha. La ceremonia posterior se celebra en la gran casa ceremonial del poblado, pero los hombres están excluidos. Al día siguiente la muchacha aparecerá con el pelo rapado y profusamente decorada. Su vida, desde ese momento hasta el matrimonio consiste en visitar las casas de los parientes y vecinos, que procurarán agasajarla con generosidad. Hasta el día de su matrimonio no puede ejercer trabajo alguno.

Igualmente el rito de iniciación de los muchachos es ritualmente complejo. Para estos ritos se confeccionan máscaras y objetos artísticos que han comenzado a ser valorados en todo el mundo. Sus espectaculares danzas se hallan igualmente intrínsecamente relacionadas con su mitología.

Sus espíritus o nggwalndu se representan en forma de figurillas talladas. Son los mismos espíritus a los que se representa en las danzas ceremoniales, ataviándose los hombres de enormes tocados de plumas, que llegan a alcanzar los 7,5 mt de altura. Los abelam creen que las danzas son imprescindibles para la supervivencia y prosperidad del poblado.

LOS DANI KURELU
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Ubicación: Nueva Guinea

Los kurelu mantienen curiosas tradiciones, sorprendentes para el extranjero, como su afán desmedido por la guerra intertribal o sus ritos funerarios

Los Kurelu son una tribu que pertenece al pueblo Dani. Su hábitat, formado por un gran valle en la región de Irian Barat, se caracteriza por las frecuentes guerras que mantienen los pueblos que allí se ubican. Esto hace que las tribus de la zona posean un importante sentido corporativista.

Los combates se organizan de manera que simulan un deporte, con estrictas reglas establecidas. Para los dani, una batalla con pérdidas equilibradas es un éxito.

Los Kurelu mantuvieron escaso contacto con el mundo exterior antes del 1961. Su atuendo típico consiste en en un calabacín de forma alargada que recubre el pene y es tan largo que les llega hasta los hombros. Decorado con borlas de piel y otras fibras, se sujeta al pecho con una cuerda. Sirve de protección en la batalla y es símbolo de fertilidad. Las mujeres casadas visten faldas de fibras vegetales, y las de las solteras se elaboran con paja.

Es muy usual, hasta en los niños, el portar una serie de redes tejidas que cuelgan de una cinta atada a la frente. Estas redes tienen diversos usos y sirven para portar todo tipo de objetos, animales e incluso niños.

Este pueblo, básicamente cazador, utiliza flechas y arco. Una característica distintiva de las flechas utilizadas en la guerra es que éstas tienen forma de sierra, de forma que no es fácil extraerlas del cuerpo del herido. Dentro de su estructura social patrilineal, es muy valorado el individualismo. La cobardía es repudiada por el grupo.

Los poblados se caracterizan por poseer altas atalayas, donde siempre hay un guerrero situado en su cima, a 8 mt. de altura, para vigilar el territorio. Las parcelas, estrictamente divididas para su cultivo, ofrecen a los kurelu su forma básica de sustento, aunque también se dedican a la crianza de cerdos para el intercambio comercial y las celebraciones.

Los guerreros son fundamentales en la sociedad kurelu. Al igual que otros grupos dani, la guerra es su principal ocupación. Las continuas batallas producen enfrentamientos cuerpo a cuerpo de los que resultan gran número de heridos. Cuando el número de bajas es satisfactorio para ambos contendientes, la batalla cesa.

Llama la atención la compleja mitología dani, que gira en torno a los ritos funerarios. A los heridos graves en batalla se les practican cortes en el estómago y se colocan fetiches en el poblado para avisar a los fantasmas enemigos de que el moribundo está protegido. Si el hombre fallece, los hombres y mujeres de su clan se reúnen en señal de duelo y se ofrecen regalos. Se prepara un cerdo asado y la pira funeraria. El espíritu del difunto volará a territorio enemigo para molestar a sus habitantes.

Al final de la celebración las niñas son sometidas a un rito de mutilación del dedo meñique izquierdo en señal de honra al difunto. Si éste ocupaba un lugar social importante es necesario también cortar la tercera parte de la oreja de un muchacho. Con los huesos quemados del difunto y los dedos mutilados de las niñas, se confecciona un paquete que se entierra fuera del poblado.

Entre otros ritos de este pueblo se hallan los de iniciación de muchachos y muchachas, a partir del cual ya se les considera miembros activos de la tribu. Tras el rito se celebran los matrimonios de las niñas en edad de casarse. Los kurelu son polígamos, por lo que el estado de soltería les es desconocido.

LOS ASMAT
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Ubicación: Valle de Asaro (Nueva Guinea) Población: Varios miles (1993) Lengua: Asmat

Los asmat, que se autodenominan "cazadores de cabezas", poseen una rica mitología relacionada con su hábitat natural. Los árboles poseen una gran importancia en su cultura. Sus frutos, medio de subsistencia, se identifican con las cabezas de sus enemigos

Los asmat viven la costa suroccidental de Nueva Guinea, una zona boscosa inaccesible por mar dado su alto grado de pantanosidad. En este hábitat repleto de barro es muy difícil encontrar piedras por lo que los asmat han desarrollado el comercio con tribus del interior de las montañas para obtener las pocas armas de las que disponen.

La base de su economía es la madera, de lo que se proveen en abundancia, tanto para asar la comida, como para viviendas, canoas y útiles de todo tipo. Uno de los árboles de la zona, el Sagú, es su principal fuente de alimento. Dada esta conexión, para los asmat, un árbol tiene la misma importancia simbólica que una persona. Alrededor de los árboles han desarrollado una compleja mitología. Así como las raíces y tronco se identifican con los pies y cuerpo humano; los frutos son el símbolo de la cabeza. Para este pueblo, cazador de cabezas, todos los pájaros y animales que se alimenta de frutos, posee una gran importancia.

Sus danzas típicas provienen del mito de la creación, según el cual el héroe Fumeripits creó la primera casa y a los primeros hombres de la madera, además de un tambor. Al hacerlo sonar los hombres cobraron vida y adoptaron su baile tradicional que consiste en bailar con los pies algo separados y moviendo las rodillas para avanzar lentamente.

Fumeritpits es el "gran cazador de cabezas" y de ahí que los que se consideran sus descendientes corten las cabezas de sus enemigos a modo de trofeo. Además de los guerreros, los escultores ostentan un gran poder social. Las tallas en madera de representaciones humanas se consideran sagradas, y todo el pueblo encarga sus tallas al artista que recibe además de herramientas, comida o tabaco, un gran reconocimiento por su trabajo.

Los asmat no creen en la muerte natural. El fallecimiento de algún pariente siempre se deberá a un conjuro o a una lucha. Con una ceremonia pública y la confección de la estatuilla tallada que representa al difunto, se contrae la obligación de vengar al fallecido. Además de en las celebraciones mortuorias, los asmat se reúnen en la casa ceremonial o yeu, con los clanes vecinos en señal de amistad. Esta reunión es la más importante de sus celebraciones.

LOS JALÉ
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Ubicación: Nueva Guinea Población: 20.000 (1993) Lengua: jalé

Los jalé ocupan la mayor parte de su tiempo en practicar la guerra, actividad fundamental de su forma de vida. Asociada a ella, ejercen la práctica del canibalismo. Todo ello se rige por estrictas normas.

Los jalé son un pueblo guerrero. La guerra está tan integrada en su forma de vida que luchan incluso con vecinos de su mismo poblado. Se puede decir que viven en guerra constante, un mismo enfrentamiento puede prolongarse durante generaciones, con escasos períodos de tregua.

Para los jales, los tabúes alrededor de la guerra y la muerte son muy importantes, lo que hace que se suela limitar el número de muertos. La mayor venganza que puede ejercer un jalé es comerse el cuerpo del enemigo muerto.

Muchos antropólogos han intentado explicar los comportamientos tan violentos de éste y otros grupos similares. Posiblemente influya en los muchachos el hecho de que viven apartados de los demás hombres del poblado -incluido su padre- hasta una edad avanzada. También se cree que la guerra es un medio socialmente aceptado en estas comunidades como forma de resolver los conflictos.

Lo curioso de estas sociedades es que la guerra no se lleva a cabo para defender un territorio ni por la consecución de alimentos, sino como forma de solventar una ofensa (un adulterio, un robo...).

Las escasas ceremonias de paz y reconciliación reúnen a los habitantes de los poblados y clanes vecinos. Las treguas exigen el intercambio de cerdos y suponen negociaciones que pueden durar años.

Los jalés son caníbales. La alimentación de carne humana es para ellos una costumbre muy arraigada, y ante la incomprensión occidental a tal práctica alegan que lo que es verdaderamente degradante es alimentarse de animales menos evolucionados, como pollos, vacas.... El canibalismo de los jalés tiene una única excepción. Está prohibido comerse a las personas conocidas. Sólo llevan a cabo tal práctica en los enfrentamientos con poblados que se ubican fuera de su mismo valle. Si el difunto es de la misma zona, permitirán que sea recogido por sus parientes.

Su dieta se basa en el cultivo de tubérculos y plantas, a excepción de la carne de cerdo, su único animal doméstico. En cuanto a sus poblados, hombres y mujeres viven separados, excepto cuando contraen matrimonio y hasta el nacimiento del primer hijo. En ese momento la mujer y los hijos se trasladan de la casa paterna a otras que se sitúan alrededor de ésta. No admiten ningún tipo de relación extramarital, y tampoco las relaciones prematrimoniales. Los ritos y el linaje generan gran número de celebraciones, marcadas por severas normas, como todo lo que rige la vida social.

LOS ASARANOS
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Ubicación: Valle de Asaro (Nueva Guinea)

Los asaranos, ubicados en el Valle de Asaro, integran a diversos pueblos que se caracterizan por su expresividad teatral. Sus danzas y celebraciones son una muestra de ello.

Los pobladores del Valle de Asaro se caracterizan por su gusto por la expresión teatral. De entre los grupos denominados comúnmente asaranos, se conoce bien a los Gururumba. Dentro del grupo tiene gran importancia la obtención de objetos y bienes materiales. En esta búsqueda ocupan gran parte de su tiempo y el hallazgo de algún nuevo objeto se refleja en las muestras teatrales de su dueño.

Los gururumba entienden la expresión corporal como forma de liberarse del estado de ansiedad, y ello les lleva a sorprender a los extranjeros con sus extrañas costumbres como los recibimientos plagados de saltos, gritos y empujones de los que generalmente obtienen objetos que enterrarán o guardarán para su posterior intercambio.

Otro grupo asarano, los kiminive, celebran un famoso ritual: "el hombre de barro". Consite en que los hombres se disfrazan de fantasmas envolviendo su cuerpo en barro y portando una curiosas máscaras. Consiguen ocultar de tal forma sus rasgos físicos que resultan irreconocibles. Según este pueblo, la festiva costumbre surgió de la forma en que antaño espantaban a los enemigos, que huían atemorizados ante la presencia de los hombres recubiertos de barro.

Las mujeres del poblado se adornan el cuerpo y la cabeza con plumas de casuario. Cuidan su aspecto físico, aunque no son tan dadas a la teatralidad como los hombres. La mayor fuente de alimento de los asaranos procede de la agricultura, aunque en fechas señaladas matan y asan cerdos que todos comparten.

LOS KIRIBATIES
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Ubicación: Islas micronesias. Población: 58,320 en Kiribati (1987), 644 en las islas Solomon (1976 ), 1,700 en Nauru (1986); 5,300 en Fiji (1988); 870 en Tuvalu (1987); 370 in Vanuatu (1982) Lengua: Ikiribati, dialecto banaban.

Los kiribaties poseen una rica mitología que se entrelaza con la magia y los conjuros. Su culto a los huesos de los muertos, costumbres matrimoniales y tradiciones, se van perdiendo progresivamente con el contacto europeo

Para los kiribaties el paraíso está en la Tierra de Matang, donde viven los dioses y los antepasados. El paraíso está guardado por Nakaa, que está sentado a la puerta y estrangula a los muertos que no han preparado su camino ritualmente.

La vida de los kiribati está plagada de simbología ritual y espiritual. Su mitología es muy rica y compleja. Según la leyenda los dioses se alimentaban de un alimento llamado terenga y que en realidad es una droga conocida como betel, con la extraña propiedad de enrojecer los dientes. Por ello los primeros inmigrantes llamaron a los kiribaties "comedores de betel".

Su dios principal se representa como un enano negro de cabello ensortijado, seguramente porque los primeros que habitaron las islas fueron pigmeos de tez oscura. Éstos se mestizaron con una siguiente ola de inmigrantes mongoloides, que introdujeron en la zona el uso de las canoas.

Para los kiribaties, los primeros europeos representaban a los legendarios hombres de Matang, por lo que recibieron un excelente trato. A ello también contribuyó que los ingleses, recién llegados, instauraron la paz en las islas que llevaban años enfrentadas. En 1915 las islas Kiribati (antes llamadas Gilbert) fueron proclamadas colonia británica.

Un inglés, sir Arthur Grimble, (kurimbo para los kiribaties) recogió gran cantidad de datos de esta cultura con la que pasó los años precedentes al empeoramiento de las relaciones entre los dos pueblos. Los isleños tienen diversas características dado que los 16 atolones e islas de las Kiribati se extienden en una zona de 750 metros cuadrados.

Este pueblo se caracteriza por su humor, retórica y gusto por las discusiones. Poseen un lenguaje ceremonioso y sus larguísimas asambleas están plagadas de formulismos corteses. Igualmente sobresale su gusto por las danzas religiosas y el trato social es extremadamente respetuoso. Así si una persona interrumpe una conversación o se coloca delante de otra, siempre preguntan si por ello se ha ofendido a alguien.

Aunque sus tradiciones se han visto influenciadas por los misioneros cristianos, la magia pagana sigue presente en su cultura, así como los ritos y hechizos. Sus creencias recogen que las cosas y las palabras tienen espíritus gobernables por medio de encantamientos. Hay ritos para proteger los cocoteros, para inutilizar un horno, para conseguir una mujer, para volverla loca, para proteger las canoas de los tiburones, para producir esterilidad... Las muchachas en la pubertad son especialmente vulnerables a estos hechizos, por lo que su cabello, uñas y orina se debe guardad para que no sean robados.

Los kiribatíes también muestran un gran respeto por los huesos de los antepasados. No es infrecuente encontrar restos o calaveras en las casas de los isleños, a los que tratan con sumo cuidado. Deshonrar a los antepasados y no respetar los huesos era un crimen solo comparable con el incesto.

La influencia cristiana varió muchas de estas practicas, como la costumbre de compartir la esposa con un hermano o amigo íntimo. Con la prohibición de la poligamia las mujeres se convirtieron en adúlteras y los niños en bastardos. Esto provocó numerosos suicidios.

De los kiribaties también cabe destacar sus cualidades de navegación y el gusto por la poesía. En cuanto a la pesca utilizan prácticas curiosas también relacionadas con la magia. Nadar entre tiburones para abrirles el vientre y obtener el trofeo de los genitales del animal (poderoso potenciador de virilidad), matar pulpos de un mordisco entre los ojos....

ISLAS CAROLINAS
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Ubicación: Islas micronesias. Población: 120.000 Lengua: Dialectos Micronesios y Polinesios.

Los habitantes de las islas Ponape y Yap, en las Carolinas siguen manteniendo curiosas costumbres ancestrales.

El archipiélago de las Islas Carolinas recorre más de un millón de km cuadrados. La extensión se halla salpicada por más de 500 pequeñas islas. Aunque todos los pueblos que las habitan son de origen micronesio, se distinguen cinco grupos definidos, con costumbres e idiomas diferentes que se corresponden con 5 grupos de islas, en los que domina la de mayor extensión (Yap, Palau, Truk, Ponape y Kusaie). Los dos grupos más significativos son los correspondientes a la isla de Yap y a la de Ponape.

Los habitantes de Yap mantienen un curioso sistema monetario. El intercambio se realiza con piedras de diversos tamaños, llegando incluso a los cuatro metros. Algunas piezas pesan hasta cinco toneladas. El valor varía en función de su tamaño, así, con una moneda de 10 cm se puede comprar por ejemplo un cerdo, y con una de dos metros se podría adquirir todo un poblado. Los habitantes de la zona conocen el nombre, propietario e historia de todos los propietarios de las grandes piedras.

Según la historia local, los moradores de Yap eran dueños de un imperio, en el que se producía una intensa actividad comercial. El resto de las tribus les rendían tributo, para aplacar a sus poderosos brujos y seguir manteniendo su protección. Cierto es que hasta la llegada de los europeos eran el pueblo más avanzado de la región, y de donde surgió el arte de la navegación que luego se extendió a las demás islas. Son los habitantes de las Carolinas más apegados a sus tradiciones.

Los pueblos del grupo de las Ponape poseen dialectos cerrados, por lo que los habitantes de una isla no se entienden con los de la vecina, aunque todos los dialectos proceden del mismo tronco. Esta diversidad se ha visto facilitada por el hecho de que la zona ha servido durante siglos como centro comercial.

Los habitantes de Ponape, su cultura gira alrededor de la mitología. Son abundantes sus centros ceremoniales, tumbas y construcciones religiosas, aunque las investigaciones arqueológicas se vieron obstaculizadas durante mucho tiempo por la creencia local de que no se pueden tocar los restos de los antepasados. Algunos nativos todavía creen hoy que el gobernador alemán de las Carolinas Orientales en 1907 -Berg-, murió en Ponape por penetrar en las tumbas de los antiguos reyes. Aún así la mayoría de los habitantes se declaran cristianos.

Aún así, las ruinas han demostrado que en Ponape existió un poder lo suficientemente avanzada para establecer un gobierno centralizado y una jerarquía social claramente definida. Según la tradición de la región, la isla de Ponape y sus 23 adyacentes fueron construidas por dos magos extranjeros, Sihpa y Sohpa. Ellos decidieron que la capital fuese Deleur, que llegó a conquistar todo Ponape.

Ponape fue descubierta en 1828 por un velero ruso. Rodeado por canoas con 14 hombres nativos, su capitán describía así a sus pobladores: "Sus rostros salvajes, llenos de desconfianza, sus grandes ojos inyectados en sangre, el primitivismo y la barbarie de estos isleños nos produjeron una impresión muy desfavorable". Si bien es cierto que los primeros contactos debieron ser muy sorprendentes para los isleños, poco a poco se acostumbraron a las visitas extranjeras, aunque han seguido manteniendo muchas de sus costumbres tradicionales.

La poder social en Ponape es ostentado por los dinastía de jefes, elegidos por su rango y valía. La propiedad privada -casas, tierras- sigue perteneciendo a las familias y no a los individuos, y las viviendas se siguen levantando a la manera tradicional. La pesca sigue siendo la gran proveedora de alimentos, y el oficio de maestro de canoas, al igual que en el resto de las Carolinas, es socialmente importante, además de guardar celosamente muchos secretos acerca de construcción de naves y de pesca.

LOS MAORI
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Ubicación: Nueva Zelanda Población: 310.000 Lengua: Malayo-polinesia

Los maoríes, antaño caníbales y guerreros, se han integrado en la cultura impuesta por los europeos. Algunas de sus tradiciones están renaciendo, como los espectaculares tatuajes de su rostro

Los Maoríes habitan en la isla polinesia de Nueva Zelanda. Se cree que llegaron a Nueva Zelanda procedentes de las islas Cook alrededor del 800 d. C.

Su sociedad se estamenta en tres grupos jerárquicos, la tribu, subtribu y familia, al igual que otros muchos pueblos polinesios. Asimismo los estratos sociales están formados por los jefes, el pueblo llano y los esclavos. El prestigio de un grupo se relaciona muchas veces con los ganadores de enfrentamientos intertribales.

El capitán Cook tomó contacto con lo maoríes en 1769. En esta época, subsistían del cultivo de Kumara (batata). Recogían raices y bayas, y también se dedicaban a la pesca. Practicaban el canibalismo, engordando a sus víctimas encarceladas en jaulas. El ramaje del bosque servía para fabricar chozas, empalizadas para el poblado y canoas. El trabajo se repartía equitativamente entre hombres y mujeres.

Su mitología era politeísta. Según ella los padres del mundo son Rangi (el Cielo) y Papa (la tierra). Ambos se hallaban unidos en un abrazo del que les separaron sus hijos, provocando la entrada de la luz en el mundo. La lluvia son las lágrimas de la pareja por su separación.

Los hijos de los dioses creadores ostentan diversos poderes. Tane es el dios de la flora,, Rongo de la agricultura y la paz, Tangaroa del mar, Tu de la guerra, Tawhiri de los vientos y Whiro del mal y la oscuridad. Fue Tane quien formó a la primera mujer y le dio vida. La tomó como esposa y del matrimonio nació una hija que se convertiría en la madre del pueblo maorí.

Su sociedad se caracterizaba por las frecuentes disputas, dado que era un pueblo eminentemente guerrero. Se hallaban establecidos en grandes grupos familiares, aunque hoy en día lo hacen en pequeñas familias que mantienen el contacto con los grupos relacionados con ellas por antepasados comunes.

Aunque muchas de sus tradiciones se han perdido con su integración en la sociedad neozelandesa, todavía se reúnen para fiestas y celebraciones en un terreno colectivo al que denominan marae y está formado por una casa de reuniones, un comedor y un patio.

Una curiosidad de este pueblo es la especialización de sus integrantes en diversas expresiones artísticas como la oratoria, el tatuaje, la escultura o la poesía. Toda la cultura maorí está muy impregnada y relacionada con las artes. Sus casas están decoradas con tallas de madera y todavía decoran sus cuerpos con adornos y tatuajes complejamente elaborados.

Los hombres lucen tatuajes en la cara, hombros, muslos y nalgas, con diseños en forma de espiral que representaban el rango social del individuo. Por ello los tatuajes eran signo distintivo de la jerarquía que ocupaba. Cuando alguien accedía a un rango superior, con una demostración de valentía, se le otorgaba un ascenso, y el tatuaje conseguido pasaba a ser hereditario para sus descendientes.

Los maoríes solían guardar las cabezas tatuadas de sus antepasados, y, a la llegada de los europeos se produjo una persecución de estos objetos para su comercio, lo que hizo que la práctica desapareciera. Hoy en día aunque han perdido su simbología jerárquica, existe un resurgimiento del tatuaje entre la población maorí como forma de reivindicación colectiva.

El primer europeo que se encontró con este pueblo fue Abel Tasman (1642). James Cook entabló relación con ellos a finales del siglo XVIII. A partir de ese momento los contactos con los extranjeros fueron frecuentes y los maoríes aprendieron a leer y escribir, interesándose enormemente por tales actividades.

Como en tantos otros pueblos del mundo, la introducción de las armas causó importantes efectos en las relaciones intertribales. Los jefes maoríes firmaron finalmente un tratado con los ingleses que les convertía en sus súbditos, a cambio de la protección de sus tierras. Hoy en día el tratado sigue suponiendo enfrentamientos entre ambos pueblos. Los mayores problemas que se originaron con los ingleses fueron debidos a la propiedad de la tierra.

A mediados del siglo XIX los maoríes eligieron a un rey: Te Kooti como su mayor representante por encima de los jefes tribales. Esto fue entendido como un desafío para los ingleses y comenzaron los enfrentamientos. El nuevo rey fue encarcelado pero escapó y encabezó una guerrilla que luchó contra los ingleses hasta 1872.

Las tierras fueron incautadas, lo que provocó disputas a lo largo de 30 años más. Finalmente, establecidos varios acuerdos los maories se establecieron en pequeños poblados en la tierra que aún les pertenecía y se mantuvieron alejados de los europeos. No recibieron ningún tipo de ayuda, lo que les empobreció sobremanera.

A finales del siglo XIX la población había disminuido enormemente por causa de las guerras y las enfermedades importadas por los europeos como la gripe, sarampión y tosferian. De 120.000 maoríes en 1769, quedaban 42.000 en 1896.

En la primera y segunda década del siglo XX los dirigentes maoríes fundaron el parido Young Maori y comenzaron a desarrollar sus dotes políticas, incluso en el parlamento británico. Los jefes apoyaron medidas como la compra de la tierra, lo que provocó el rechazo del pueblo. Otros jefes tribales se dedicaron a proveer de avances a sus propias tribus, mejorando la sanidad, educación y economía. Desde ese momento, se produjo un resurgimiento de la natalidad, y en 1990 los maoríes habían llegado a 300.000 individuos. El movimiento religioso Ratana se convirtió en un partido político que consiguió mejorar las condiciones de vida de los indígenas.

Al final de la II Guerra Mundial muchos maoríes se integraron en la cultura europea de la isla. Comenzaron a trabajar en fábricas y a desplazarse a las ciudades, ya que en sus poblados no poseían ayudas para la agricultura. En 1980 el 90% de los maoríes vivía en las ciudades.

La convivencia no es fácil, ya que las estructuras sociales no contemplan la posibilidad de que los maoríes desarrollen sus propias tradiciones, enseñanzas y cultos. Hoy en día, hay un resurgimiento de las reivindicaciones de este pueblo, incluso sobre las tierras expropiadas. Aunque el analfabetismo es mayor entre la población maorí, muchos de ellos son médicos, abogados, empresarios o diputados.

LOS SAMOANOS
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Ubicación: Samoa, Nueva Zelanda, Hawai, California y Washington (EEUU) Población: 191.700 en Samoa (1995); 50.000 en Nueva Zelanda (1989); 30.000-35,000 en Hawai (1996); 90.000 en EEUU; 300-1,000 en Fiji; Lengua: Malayo-polinesia, Samoano

La vida en los poblados samoanos es apacible. Aún con la llegada de los extranjeros y el afán de cristianización, han conservado muchas de sus tradiciones y su sistema social

El archipiélago de Samoa está habitado desde el 1000 a. C. aprox. La etnia polinesia de los primeros samoanos se estructuraba socialmente en torno a las familias y los jefes (matai). Dentro de estos clanes, cuatro ocupan hasta nuestros días un papel preponderante: los Malietoa, Tamasese, Mataafa y Tuimalealiifano. Sus jefes se autodesignan "descendientes de reyes" (tama aiga).

Los holandeses fueron los primeros europeos que visitaron las islas, en 1722, pero la colonización comenzó a fines del siglo XIX. Durante décadas, Samoa fue disputada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania. Hoy en día Samoa se halla dividida en dos partes: la Samoa Norteamericana y la Samoa Occidental, con dependencia de Nueva Zelanda.

La vida en los poblados samoanos está llena de bullicio. No bien despunta el alba todos los habitantes se preparan para iniciar sus tareas. Los jóvenes se dirigen a sus cultivos de copra, las mujeres, a los arroyos para lavar o hacia el interior para dedicarse a tejer. Los hombres se reúnen para planear el día de pesca. La comida se prepara a base de ñame, taro y plátanos.

En cada familia se cocina sólo una vez cada dos o tres días, y los alimentos elaborados se almacenan en cestos colgados alrededor de la casa. Los niños mayores cuidan de los más pequeños, y sus madres suelen mantenerse alejadas de su educación si algún anciano puede hacerlo en su lugar.

Las casas de los samoanos no tienen paredes. De forma circular y tejado cónico se hallan rodeadas por persianas que tejen las muchachas con hojas de palmeras. En la vida cotidiana, y dado el clima del lugar, las horas en que el sol está más alto se aprovechan para dormir. El poblado descansa entonces de nuevo en el silencio, que sólo rompen los gritos de algunos niños bañándose en algún arroyo cercano. Al atardecer, el ritmo del poblado resurge, recibiendo a los botes que llegan de pescar.

Las mujeres lavan el pescado para purificarlo mientras los hombres separan las especies que se entregarán al jefe del poblado y son tabú para los demás habitantes. Los jóvenes ofrecen cestos de pescado a sus novias. A su vez regresan los cultivadores.

Todos se reúnen en la casa comunal para beber "kava". Entrada la noche las familias se reúnen para la cena, tras la cual los niños y ancianos se acuestan y el resto de los grupos familiares se dedican a la pesca con antorchas, al encuentro de los amantes o la caza de cangrejos, mientras otros pequeños grupos pasean por el poblado. La vida es generalmente tranquila y placentera.

Los poblados albergan a 30 o 40 viviendas, cada una presidida por un jefe o matai. Algunos de estos matai son los oradores oficiales del poblado. La organización familiar es bastante liberal. Los buenos modales y el respeto por la jerarquía social y los ancianos está muy enraizada. Entre parientes existen reglas de comportamiento incluso para las visitas, que son recibidas con amabilidad extrema. El matai o jefe es el único habitante del poblado que está exento de las tareas domésticas diarias, pero rara vez hacen uso de ese privilegio.

Los hijos adoptan el rango social de su padre. Hace años, este se adoptaba formalmente en las ceremonias de paso de la pubertad, en las que los jóvenes eran tatuados, costumbre casi desaparecida. Las ceremonias han perdido, desde el sometimiento político a los europeos, mucho de su valor, ya que los matai vieron mermado su poder. Aún así, muchas de sus costumbres siguen fuertemente arraigadas incluso en los samoanos cristianizados.

En 1961, tras años de sometimiento, los samoanos votaron por la independencia. En 1962 se creaba la nueva Constitución basada en la estructura social tradicional y un Poder Ejecutivo a cargo de dos reyes: Tupua Tamasese Meaole y Malietoa Tanumafili. Para integrar el Parlamento sólo eran electores los matai, unos 8.500 en total.

Tras años de crisis, los samoanos, siguiendo los consejos de EEUU, se han abierto al comercio extranjero y al turismo, como principal fuente de ingresos para mejorar su economía.

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Fuentes de Información - Tribus de Oceania

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1 comentario - Tribus de Oceania

@pokemaniaco1 Hace más de 5 años
Verdaderamente interesante, cuando llegue a new full user paso y te doy +10 porque es un laburón tuyo este.