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Una historia diferente 9/11

11 de septiembre: ¿Una operación que se organizó desde adentro o una operación del Mosad?
Una historia diferente 9/11
El papel que jugó Israel en los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001 –hechos determinantes que moldearon la geopolítica del siglo XXI– ha sido objeto de ácidas controversias, para convertirse más tarde en un tema tabú en el seno mismo del Movimiento por la Verdad sobre el 11 de Septiembre (9/11 Truth Movement). Por tocar este tema el investigador francés Thierry Meyssan fue marginalizado, a pesar que fue este quien desenmascaró las mentiras de Washington. La mayoría de las asociaciones militantes, movilizadas bajo el lema «9/11 was an Inside Job» (El 11 de septiembre una operación que se organizó desde adentro), mantienen gran discreción en cuanto a los elementos que prueban y conducen a una implicación directa de los servicios secretos de Israel. Nuestro colega Laurent Guyénot pasa en revista varios datos tan incuestionables como desconocidos y analiza los mecanismos de aquellos que continúan a negar las evidencias.

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Mientras se va conociendo poco a poco el papel jugado por Israel en la desestabilización del mundo posteriormente al 11 de septiembre 2001, se entiende entonces mejor, la idea de que una facción del Likud, ayudados por sus aliados infiltrados en el seno del aparato de Estado de los EE.UU., sean los responsables de la operación de bandera falsa del 11 de septiembre, entonces la idea cuaja, esto se vuelve creíble y contundente, e incluso hay algunas personas que tuvieron el coraje de denunciar esto públicamente. Uno de ellos fue Francesco Cossiga, presidente de Italia entre 1985 y 1992, quien dijo el 30 de noviembre de 2007, en el diario Corriere della Sera: «Nos quieren hacer creer que Bin Laden confesó ser el autor del atentado del 11 de septiembre de 2001 sobre las torres gemelas de Nueva York —a pesar que los servicios de inteligencia de EE.UU. y europeos sabían muy bien que el desastroso ataque fue planeado y ejecutado por la CIA y el Mossad con el fin de acusar a los países árabes de terrorismo y para poder atacar a Irak y Afganistán».
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Alan Sabrosky, ex profesor de la Escuela Superior de Guerra del Ejército de EE.UU. y de la Academia Militar de EE.UU., no dudó un solo momento en proclamar su convicción de que el 11 de septiembre es una «operación clásica orquestada por el Mosad», operación llevada a cabo con la complicidad dentro del gobierno estadounidense. La voz de Alan Sabrosky suena, repercute y se transmite con fuerza dentro de los círculos de los veteranos del Ejército de EE.UU., quienes están asqueados por las infames guerras a las cuales se ven implicados y deben cumplir, todo esto a causa de una mentira, la mentira del 11 de septiembre o como fueron también las mentiras de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, es decir mentiras y más mentiras.

Los argumentos a favor de la hipótesis de una implicación del Mosad no se debe a la reputación [propaganda que goza] como servicio secreto más "poderoso" del mundo, sino más bien a un informe del propio U.S. Army School for Advanced Military Studies — Escuela de Altos Estudios Militares de EEUU— (citado por el diario Washington Times poco antes del 11 de septiembre), que describe al Mosad como siendo algo «Cínico, solapado, despiadado y astuto. Capaz de llevar a cabo un ataque contra las mismas fuerzas estadounidenses y disfrazarlo como un acto cometido por palestinos / árabes».
La implicación del Mosad, junto con otras unidades de elite israelíes, son cosas reales y evidentes por una serie de hechos poco conocidos.


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El libro en formato digital del autor Hicham Hamza, «Israel y el 11 de septiembre: el Gran Tabú» (2013) recopila la totalidad de los archivos así como otros datos del informe policial estadounidense que apunta y pone en causa la responsabilidad de Israel. Esta investigación está escrita con un rigor periodístico irreprochable, además las fuentes del libro son de acceso simple para el lector.



Los «israelíes bailarines»

¿Sabe por ejemplo, que las únicas personas que fueron detenidas el mismo día en relación con los ataques terroristas del 11 de septiembre 2001 son todos israelíes? La información fue dada a conocer al día siguiente por el periodista Paulo Lima en el diario The Record, cotidiano del condado de Bergen en el Nueva Jersey, informaciones basándose en fuentes policiales estadounidenses locales.
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Inmediatamente después del primer impacto en la Torre Norte, tres individuos fueron vistos por varios testigos [habitantes del condado] subidos en el techo de una camioneta estacionada en el Liberty State Park en Jersey City, estos individuos «se regocijaban» (celebrating) «saltando de alegría» (jumping up and down), y se fotografiaban con las torres gemelas atrás en fuego. Luego trasladaron su camioneta a otro parking situado en Jersey City, donde otros testigos los volvieron a ver festejando y celebrando de manera ostentosa [los ataques terroristas].
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La policía lanzó de inmediato una alerta BOLO (be-on-the-look-out): «Vehículo posiblemente relacionado con el ataque terrorista en Nueva York. Camioneta Chevrolet modelo 2000, color blanco, con placa de New Jersey y un logo de Urban Moving Systems en la parte trasera de la camioneta, la cual fue vista en el Liberty State Park, Jersey City, NJ, en el momento del primer impacto del avión contra las Torres Gemelas del WTC (World Trade Center). Tres individuos en la camioneta fueron vistos celebrando y regocijándose después del impacto inicial y la explosión que siguió». .
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La camioneta fue interceptada y detenida por la policía unas horas más tarde, a bordo iban cinco jóvenes israelíes: Sivan y Paul Kurzberg, Yaron Shmuel, Oded Ellner y Omer Marmari. Forzados de salir del vehículo físicamente y obligados de acostarse en el suelo, el conductor, Sivan Kurzberg, lanzó entonces esta enigmática frase: «Somos israelíes. No somos su problema. Sus problemas son nuestros problemas. Los palestinos son el problema». .
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Las fuentes policiales que dieron informaciones y otros detalles al periodista Paulo Lima estaban convencidos de la implicación de estos israelíes en los ataques que ocurrieron en la mañana contra las Torres Gemelas: «Tenían mapas de la ciudad en la camioneta y en donde habían marcado algunos puntos importantes. Parecía como si supieran todo lo que iba a pasar [...] daban la impresión que estaban al corriente de los sucesos cuando se encontraban en el Liberty State Park».
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Se encontró además que estos jóvenes israelíes llevaban consigo diversos pasaportes de varias nacionalidades, casi 6.000 dólares en efectivo y billetes de avión abiertos (open) para viajar al extranjero. Los hermanos Kurzberg fueron identificados formalmente como agentes [espías] del Mosad. Los cinco israelíes trabajaban oficialmente para una empresa de mudanzas llamada Urban Moving Systems, cuyos empleados eran en su mayoría israelíes. «Yo estaba llorando. Y estos cinco tipos estaban bromeando y jactándose [de los ataques] y eso me molestaba y perturbaba mucho» , confiesa al diario The Record uno de los pocos trabajadores no israelíes de la empresa de mudanzas. El 14 de septiembre, después de recibir la visita de la policía, el dueño de la empresa de mudanzas, Dominik Otto Suter, abandonaba rápidamente el país [los Estados Unidos] con destino a Tel Aviv.
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La información divulgada por el diario The Record, información confirmada por el informe de la policía, fue retomada por los sitios de investigación como el Informe Wayne Madsen Report (14 de septiembre de 2005) y Counterpunch (7 febrero 2007). Dicha información fue también utilizada por algunos grandes medios de comunicación, pero de una manera que minimizaba su importancia: el New York Times (21 de noviembre 2001) omitió de mencionar la nacionalidad de las personas arrestadas, al igual que el canal Fox News y la agencia de noticias Associated Press. El diario Washington Post (23 noviembre 2001) aunque dijo que eran israelíes no mencionó nada acerca del conocimiento [o implicación] que tenían estos israelíes sobre los trágicos sucesos. En cambio, la revista The Forward (15 de marzo 2002), publicación de la comunidad judía de Nueva York, reveló, citando una fuente anónima de la inteligencia de EE.UU., que la empresa de mudanzas Urban Moving Systems era la cobertura de una antena del Mosad (hecho que no le impidió recibir un préstamo federal de 498,750 dólares), como lo demuestra los registros y archivos del impuesto y fisco estadounidense.
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El FBI ordenó una investigación sobre este caso, investigación que quedó plasmada en un informe de 579 páginas, investigación parcialmente desclasificada en 2005 (lo será completamente en el año 2035). El periodista independiente Hisham Hamza — que analiza este informe en detalle en su libro Israel y el 11 de septiembre: Un Gran Tabú (publicado en francés)—, demuestra de manera fehaciente y abrumadora, con una serie de elementos, la implicación de los servicios secretos de Israel en los atentados del 11 de septiembre de 2001. En primer lugar, las fotos que se tomaron estos jóvenes israelíes muestran actitudes de celebración y festejo delante de la Torre Norte en llamas: «Están contentos y sonriendo, se abrazan y se dan palmadas en sus manos».
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Para explicar este comportamiento, los sospechosos israelíes dijeron [a la policía] que estaban simplemente encantados de saber que «en adelante los Estados Unidos deberían tomar drásticas medidas para luchar contra el terrorismo en el mundo» (aunque en este momento preciso, la mayoría de la gente [y periodistas] pensaban que el avión estrellado en la primera Torre Gemela era un simple accidente de aviación y no un acto de terrorismo).
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Más grave aún, un testigo los vio posicionados ya a las 8:00 de la mañana, es decir mucho antes que el primer avión choque con la primera torre. Por otro lado, otros testigos certifican que ya estaban tomando fotos justo cinco minutos después del primer crash aéreo con la torre, hecho confirmado al verificarse el contenido de sus cámaras fotográficas y las fotos tomadas. Un ex empleado de la empresa de mudanzas Urban Moving Systems certificó al FBI el ambiente fanáticamente pro-israelí y anti-estadounidense que reinaba en dicha compañía, repitiendo las palabras que él escuchó decir de la boca misma del director Dominik Otto Suter: «Dame veinte años y nos ampararemos de sus medios de comunicación y entonces destruiremos los EE.UU».
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Los cinco israelíes arrestados estaban en contacto con otra empresa de mudanzas llamada Classic International Movers, cuatro empleados de esta otra compañía de mudanzas fueron interrogados por separado por sus vínculos con los 19 presuntos piratas secuestradores de aviones implicados en los atentados del 11 de septiembre. Uno de los cuales había telefoneado a «un individuo en Sudamérica que tenía verdaderos vínculos con militantes islámicos en el Medio Oriente».
Finalmente, «un perro policía, amaestrado para detectar con su olfato explosivos dio un resultado positivo de presencia de trazas de substancias explosivas en el vehículo de los israelíes».
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Cómo explica el investigador Hamza, la conclusión del informe nos deja pensativos y perplejos: el FBI informa a la Policía local la cual detiene a los sospechosos de la camioneta, «que el FBI no tenga más interés para investigar a estos detenidos israelíes y decide iniciar el procedimiento para una salida del país [repatriados] por migración común y corriente».
Una carta del Servicio Federal de Inmigración y Naturalización demuestra que la dirección del FBI había recomendado el cierre de esta investigación ya desde el día 24 de septiembre de 2001. Sin embargo, los cinco israelíes pasaron 71 días en prisión en Brooklyn, en la que se negaron a hablar, para pasar finalmente por el detector de mentiras que detectó todas sus incoherencias sentenciándolos como notorios mentirosos. Más tarde fueron expulsados bajo la única acusación de violación de visado [visa violations].

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Omer Marmari, Oded Ellner y Yaron Shmuel, tres de los cinco «bailarines israelíes» fueron invitados a testimoniar en una emisión TV hebrea cuando regresaron a Israel en noviembre de 2001. Negando ser miembros del Mosad, uno de ellos dijo con franqueza: «Nuestro objetivo era grabar el evento»
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Finalmente, debemos mencionar un detalle importante de este caso, que puede proporcionar una explicación adicional al exuberante y extraño comportamiento de estos jóvenes israelíes: ciertos testigos indicaron en sus llamadas telefónicas a la policía, que los individuos [sospechosos] regocijándose [de los atentados] en el techo de su camioneta parecían ser «árabes» o «palestinos». En particular, poco después del colapso de las torres, una llamada anónima a la policía de Jersey City, –informa el mismo día la cadena NBC News que «una camioneta de color blanco con dos o tres tipos en el interior, que parecen ser como palestinos y ellos dan vueltas alrededor de un edificio» [con su camioneta], uno de ellos tiene una “pinta” «mezcla o combina cosas y tiene esa vestimenta tipo ’jeque’ árabe. [...] Sí, está vestido como un árabe».
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Todo apunta a creer que estas personas eran precisamente los cinco israelíes arrestados más tarde. Dos hipótesis me vienen a la mente: o bien nuestros falsos trabajadores de mudanzas estaban realmente implicados en una operación para hacerse pasar por árabes palestinos, —la otra hipótesis es— si el testigo que los describió como tales era un cómplice de los israelíes. En un caso cómo en el otro, está claro que su objetivo era iniciar un rumor en los medios de comunicación, para hacer hablar que se habían visto a árabes musulmanes que no sólo estaban regocijándose de los atentados, sino que al mismo tiempo tenían conocimiento de lo que iba a pasar. Y esa versión fue transmitida en realidad en algunas radios desde el mediodía y en la NBC News en su emisión de la tarde.
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Yo personalmente me inclino hacia la segunda hipótesis (informantes / falsos testigos cómplices en lugar de verdadero disfraz árabe) debido a que el informe policial no indica ropa exótica encontrado en la camioneta, pero sobre todo porque el informador antes mencionado, insiste en ese detalle de la vestimenta, el de la ropa árabe, y además trató de engañar a la policía dándole una falsa información de donde se encontraba efectivamente la camioneta; la cual fue interceptada porque la policía no se contentó solamente de seguir la dirección que le fue dada por este testigo sino que bloqueo todos los puentes y túneles subterráneos entre Nueva Jersey y Nueva York .
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Pero lo más importante es esto: si los israelíes no hubiesen sido detenidos al atardecer, esta historia probablemente se habría transformado en algo sensacional y hubiese sido publicada en las primeras páginas de los diarios estadounidenses con el título: The Dancing Arabs (El Baile de los Árabes), es decir acusando directamente a los árabes de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En lugar de esto, la historia fue pasada bajo silencio y no circuló que confidencialmente bajo el título The dancing Israelis, o The highfivers.
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Ehud Barak, ex jefe de la inteligencia militar israelí (Sayeret Matkal) fue Primer Ministro de Israel entre julio de 1999 y marzo de 2001. Sustituido por Ariel Sharon, se trasladó entonces a los Estados Unidos como consultor de Electronic Data Systems y para SCP Partners, una empresa pantalla [cobertura] del Mosad especializada en temas de seguridad que conjuntamente con sus socios de Holdings Metallurg y Advanced Metallurgical, tenían la capacidad de producir nano-termita. SCP Partners tenía una oficina a tan sólo 10 kilómetros de la empresa de mudanzas Urban Moving Systems. Tan solo una hora después de la desintegración de las torres, Ehud Barak aparece en las pantallas del canal BBC Mundo para señalar a Bin Laden como el principal sospechoso (Bollyn, Solving 9/11, páginas 278-280).
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200 espías expertos en explosivos
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Pocas personas, incluso entre los investigadores de la asociación norteamericana 9/11 Truthers, conocían esta historia de los «israelíes bailarines» (todavía estamos esperando, por ejemplo, que la asociación francesa Reopen 9/11 hable de esta historia en su sitio web francés, a pesar que son fuertes sobre el tema, —tienen miedo que los acusen de antisemitas, sin embargo es algo que no tiene nada que ver con el tema del 11/S —). Pocas personas saben también que en el momento de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la policía federal de los EEUU estaba muy ocupada desmantelando la mayor red de espionaje israelí identificada y operando en territorio estadounidense.
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En marzo de 2001, el National Counter Intelligence Center (NCIX) publicó este mensaje en su sitio web: «Durante las últimas seis semanas, empleados de las oficinas federales ubicadas en diferentes lugares de los Estados Unidos han informado acerca de actividades sospechosas relacionadas con individuos que se presentan como siendo estudiantes extranjeros vendiendo o encargados de entregar obras de arte». El NCIC indica que estas personas son ciudadanos de Israel, «también se han presentando a los domicilios privados de los funcionarios federales con el pretexto de vender objetos de arte».
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Luego, más tarde, en el verano, la Drug Enforcement Agency (DEA) (la Agencia de Control de Drogas en EEUU), después de haber estado bajo el acoso y hostigamiento de un gran número de incidentes de este tipo, elaboró un informe que fue publicado parcialmente por el diario Washington Post el 23 de noviembre de 2001 y por el diario francés Le Monde el 14 de marzo 2002, antes que dicho informe sea completamente accesible, en su totalidad, por la revista francesa Inteligencia Online. Este informe nos dice que 140 israelíes [espías] han sido detenidos [en los EEUU] desde marzo de 2001. Sus edades son entre los 20 y 30 años, estos [espías] están organizados en equipos de 4 a 8 miembros, estos agentes visitaron por lo menos «36 dependencias sensibles del Departamento de Defensa». Muchos de ellos fueron identificados como miembros del Mosad y del Aman (la inteligencia militar israelí), y seis de [los espías] tenían en su posesión teléfonos celulares que habían sido comprados [pagados] por un ex-vice cónsul israelí trabajando en los EEUU. Después del 11 de septiembre 2001, sesenta otros espías israelíes fueron capturados, llegando a un total de 200 el número de espías israelíes detenidos por los EEUU. Al final, todos fueron puestos en libertad. El informe de la DEA llegó a la conclusión que «el comportamiento y conducta de estos individuos [...] nos lleva a pensar que sus acciones tienen que ver con una tarea de recopilación de datos o de información de inteligencia». Pero la naturaleza exacta de dicha información recopilada se desconoce.
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Puede ser también que su espionaje exhibido haya sido solamente una especie de cobertura —una apariencia deliberada para disimular algo más profundo—, estos supuestos Israeli art students («estudiantes israelíes de bellas artes»), si tomamos en cuenta que varios de ellos han recibido una instrucción militar como la demolición controlada / experto en artefactos y explosivos, ingeniero en combate electrónico, experto en desactivación de bombas, operador radio de intercepción / activación de señales electrónicas, según las conclusiones de la DEA. Uno de los espías israelíes detenidos, Peer Segalovitz, «reconoció que él era capaz de hacer explotar y demoler con bombas a edificios, puentes, autos y todo lo que quería».
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¿Por qué estos agentes espías israelíes habrían hecho diversión sobre su verdadera misión haciendo una campaña de espionaje tan ostentosa que improductiva, y curiosamente acosando y centrada en la Drug Enforcement Agency (DEA)?
La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar por un vínculo perturbador y sorprendente, que tiene que ver más con un aspecto geográfico, aspecto que va conectar a esta red de espías israelíes con los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Michael Chertoff, un ciudadano israelí-estadounidense, hijo de un rabino ortodoxo y de una fundadora del Mosad. Michael Chertoff dirigió la División Criminal del Departamento de Justicia [de EEUU] en 2001 [administración Bush], y con ese máximo cargo, fue responsable de la retención y destrucción de todas las pruebas con respecto al 11 de septiembre 2001 —sean estas las grabaciones de las cámaras de seguridad que rodean al edificio del Pentágono o con respecto a las vigas de acero del World Trade Center [es decir, si se hubiesen conservado las vigas de acero del WTC después de su destrucción, se hubiese podido determinar científicamente si estas habían cortadas por la acción de la termita, explosivo para la demolición de edificios]. Es también gracias a él que los «bailarines israelíes» pudieron salir de los EEUU sin mayor acusación y de manera discreta. En 2003, fue nombrado para encabezar el nuevo Department of Homeland Security (Departamento de Seguridad Nacional) órgano encargado de la lucha contra-terrorismo en el territorio de EE.UU., puesto que le permite a la vez controlar la disidencia interna [protestas y ciudadanos que reclaman que se respeto la Constitución], por otro lado restringe el acceso al archivo estatal del 11 de septiembre a todo curioso que se interroga de las cosas anormales e inexplicables que ocurrieron en esa fecha gracias a la ley Sensitive Security Information.
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Según el informe de la DEA, «La localidad de Hollywood en Florida [cuidado no confundir con Hollywood, ciudad del cine en California] parece ser el punto central y de atracción de estos agentes» . De hecho, más de treinta de estos falsos estudiantes-espías israelíes detenidos poco antes del 11 de septiembre 2001 vivían en Hollywood o cerca de este pueblo en Florida, curiosamente en el mismo lugar donde se habían reunido 15 de los 19 futuros y presuntos secuestradores piratas islámicos de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas (9 israelíes vivían en Hollywood y 6 muy cerca de este pueblo). Uno de ellos, llamado Hanan Serfaty, por cuya cuenta bancaria transitó por lo menos 100,000 dólares en tres meses, había alquilado dos apartamentos en Hollywood, uno cerquísima del apartamento alquilado por Mohamed Atta y de su buzón postal en la Oficina de Correos del pueblo. No olvidar que Mohammed Atta fue presentado por Washington como siendo el líder de la banda de piratas aéreos suicidas, que se inmolaron en las Torres Gemelas.

La interrogante es: ¿cuál es la relación entre estos “espías israelíes” y los “terroristas islámicos?”
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Según la explicación difundida en apuros por los medios de comunicación alineados con la versión oficial de Washington, decía que los primeros sólo hacían que vigilar a los segundos. Escuchemos por ejemplo al conocido periodista francés David Pujadas [el periodista en Francia que el gobierno siempre promueve en primera línea en el combate mediático]. Pujadas en el noticiero del 5 de marzo de 2002 del canal de televisión estatal France 2, al momento de comentar la información publicada por Intelligence Online dice: «Otra vez, se trata de Israel, pero concerniente al Afganistán ahora, este caso de espionaje que perturba: una red israelí ha sido desmantelada en los Estados Unidos, más exactamente en Florida: una de sus misiones habría sido hacer un seguimiento de los hombres de Al Qaida (esto era antes del 11 de septiembre). Algunas fuentes van más lejos: indicando que el Mosad no habría proporcionado toda la información que retenía en su poder».
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Esta explicación eufemística es un buen ejemplo del damage control (controlando los daños mediáticos, es decir tratar de contrarrestar el impacto —en la sociedad civil— de una verdadera información que no debió ser dada a conocer con la desinformación, para proteger u ocultar lo que se quiere). La imagen de Israel apenas sale manchada en esta historia, ya que no podemos culpar a un servicio de espionaje por no compartir su información secreta. En el peor de los casos sólo se puede acusar a Israel de dejar o «permitir que suceda», situación que garantiza su impunidad. Así se explica, en mi opinión, la actuación de los espías israelíes encubiertos de falsos estudiantes, pero en realidad expertos en ataques de bandera falsa. De hecho, su cobertura voluntariamente grosera y poco disimulada de estudiantes, estaba destinada —a propósito— a llamar la atención de espías implicados con el arte, para así esconder su segunda cobertura, aquella para la cual estaban trabajando de verdad, es decir su complicidad y entorno con los supuestos piratas islámicos secuestradores de aviones. La primera servía de cobertura a la segunda.

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¿Por qué el “periodista” Pujadas presentador TV en el noticiero del canal France 2, (promovido a este importante puesto mediático sólo una semana antes de los atentados del 11 de septiembre), (…) por qué Pujadas menciona el Afganistán, que no tiene nada que ver con la información que va a desarrollar en el telediario? El lapsus sólo puede ser voluntario e ilustra bien "el gran tabú", que el investigador Hicham Hamza habla en su libro: nunca mencionar el 11 de septiembre e Israel en la misma frase.
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La verdad es que probablemente no estaban espiando a los piratas islámicos implicados «oficialmente por Washington» en los atentados, sino más bien los manipulaban, los financiaban, y probablemente los eliminaron finalmente poco antes del 11 de septiembre 2001. Un artículo en el New York Times del 18 de febrero 2009 reveló que Ali al-Jarrah, primo de Ziad al-Jarrah (uno de los supuestos piratas que secuestraron el vuelo UA93) fue durante 25 años un espía colaborador informador del Mosad, infiltrado en la resistencia palestina y en el Hezbollah libanés desde 1983. Actualmente se encuentra en prisión en el Líbano. Recordemos también que el Mohamed Atta de Florida [él que estudió para piloto] era uno falso. El verdadero Mohamed Atta, quien telefoneó a su padre al día siguiente de los ataques (como lo confirmó Ziad al-Jarrah a la revista alemana Bild am Sonntag a finales del año 2002), es descrito por su familia como reservado, piadoso, evitando las mujeres y teniendo miedo de viajar en avión.
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Le habían robado su pasaporte en 1999, mientras estudiaba arquitectura en Hamburgo . El falso Mohamed Atta de Florida vivía con una bailarina de striptease, comía carne de cerdo, le gustaba los coches de lujo y de sport, los casinos y la cocaína. Según informó el diario South Florida Sun-Sentinel el 16 de septiembre 2001 (bajo el titular: «Suspects’ Actions Don’t Add Up» («El comportamiento de los sospechosos no concuerdan con la versión oficial»), información confirmada por muchos periódicos regionales [de EEUU], ese Atta es un notorio borracho, drogadicto y paga los servicios de varias prostitutas a la semana. Días antes de los ataques del 11 de septiembre 2001, el falso Atta, y cuatro otros piratas suicidas tuvieron un comportamiento similar, algo incompatible con el comportamiento de fanáticos religiosos islámicos preparándose para inmolarse.

La conexión en New York
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Según explica el ex -espía Victor Ostrovsky, renegado del Mosad (quien escribió el ensayo By Way of Deception, 1990), Ostrovsky afirma que el Mosad saca ventaja y eficacia en el espionaje gracias a su red de sayanim (colaboradores), término en hebreo que designa a los judíos que viven fuera de Israel y que están dispuestos a realizar acciones ilegales [si Israel se los pide], sin necesariamente saber la finalidad. Se puede contar miles de miles de sayanim en los USA, particularmente en la región de Nueva York, donde se concentra la comunidad judía de EEUU.

Larry Silverstein, titular del contrato de alquiler [arrendamiento] de las Torres Gemelas [curiosamente] desde abril de 2001, aparece como el prototipo perfecto de sayanim del 11 de septiembre. Larry Silverstein es un destacado miembro de la Jewish Appeal Federation of Jewish Philanthropies of New York (Asociación de filantropía de judíos de Nueva York), el mayor recaudador de fondos en territorio estadounidense para Israel (después del gobierno de EEUU, quien contribuye anualmente con tres mil millones de dólares de ayuda financiera y militar a Israel). Silverstein era también, en el momento de los ataques aéreos del 11 de septiembre 2001, un amigo íntimo de Ariel Sharon (y de Benjamin Netanyahu), con quien está en conversación telefónica todos los domingos, según el diario israelí Haaretz.

El socio de Silverstein en el contrato de arrendamiento [alquiler] de los locales adyacentes al World Trade Center (WTC), en lo que concierne a los locales comerciales de las galerías subterráneas de las torres gemelas no era otro que Frank Lowy, sionista «filántropo» cercano a Ehud Barak y Ehud Olmert, antiguo miembro de la Haganh. Por otro lado, el jefe de la New York Port Authority, que privatizó el WTC y que otorgó el contrato de arrendamiento a Silverstein y Lowy era Lewis Eisenberg, un miembro de la United Jewish Appeal Federation y ex vice presidente de movimiento sionista AIPAC. Silverstein, Lowy y Eisenberg son sin duda alguna tres hombres claves en la planificación de los atentados contra las Torres Gemelas de New York.


¡Suertudo Larry! Todas las mañanas, sin excepción, Larry Silverstein tomaba su desayuno en la cafetería del restaurante Windows ubicado en el piso más alto de la torre norte del WTC. Pero en la mañana del 11 de septiembre 2001, Larry no fue ese día, tenía excepcionalmente una cita con el dermatólogo.
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Otros miembros de esta red en Nueva York pueden ser identificados. De acuerdo con el informe del NIST, el Boeing que se encastró en la torre norte “hizo un corte de más de la mitad del ancho del edificio y de alto iba del piso 93 al piso 99. Todas estas plantas estaban ocupadas por la compañía Marsh & McLennan, una compañía internacional de seguros, que también tenía sus oficinas en el piso número 100 del WTC. El Director ejecutivo de Marsh & McLennan era en esa entonces Jeffrey Greenberg, miembro de una multimillonaria familia judía que contribuyó financieramente y en gran medida a la campaña presidencial para la elección de George W. Bush.

Los Greenberg eran también los reaseguradores [en caso de catástrofe] de las torres gemelas, pero el 24 de julio de 2001 tomaron la sabía precaución, de delegar las funciones de reaseguradores [es decir sus responsabilidades a pagar en caso de catástrofe] otorgando así a sus competidores [rivales en el mercado de los seguros] la función de nuevos reaseguradores del WTC, los cuales se vieron con la costosa tarea de indemnizar millonariamente a Silverstein y Lowy después del 11 de septiembre. Y como el mundo de los neoconservadores es pequeño, en noviembre del año 2000, el Consejo de Administración de Marsh & McLennan dio la bienvenida a Paul Bremer, [quien sería más tarde] presidente de la National Commission on Terrorism (Comisión Nacional contra el Terrorismo) en el momento de los ataques a las torres gemelas, y posteriormente nombrado en 2003 como máxima autoridad de la Coalition Provisional Authority (CPA) (Autoridad Provisional de la Coalición), es decir la estructura que administra el Irak invadido por los EEUU.


Paul Bremer aparece en directo el 11 septiembre de 2001 en los estudios de la televisión NBC, donde se dirige al público. Paul Bremer habla tranquilo y relajado, mientras que 400 empleados de su compañía son declarados desaparecidos en las torres gemelas (al final serán sólo 295 los empleados fallecidos y más de 60 colaboradores muertos, según el conteo final y oficial entre las víctimas en lo que concierne únicamente a la compañía Marsh & McLennan).
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La complicidad también puede ser buscada en los aeropuertos y las compañías aéreas relacionadas con los sucesos del atentado. Los dos aeropuertos de donde despegaron los vuelos AA11, UA175 y UA93 que terminarían estrellándose en las torres gemelas (es decir el Aeropuerto Logan en Boston y el aeropuerto de Newark Liberty, cerca de Nueva York) ambos aeropuertos encargan [o delegan] la seguridad del terminal aéreo a un subcontratista —una agencia de servicios de seguridad— llamada International Consultants on Targeted Security (ICTS), una empresa cuyos fondos y capital invertido para su creación vienen de Israel. El presidente de dicha empresa era Menachem Atzmon, un tesorero del Likud [partido de extrema derecha en Israel]. Una investigación a fondo, llevaría sin duda alguna a descubrir nuevas pistas y desenmascarar a otros cómplices y complicidades.

La nueva investigación se interesaría mucho por ejemplo en indagar acerca de Zim Israel Navigational, una empresa gigante especializada en el transporte marítimo, controlado al 48% por el estado de Israel (empresa conocida por servir ocasionalmente como tapadera a los servicios secretos israelíes) y cuya sucursal en los Estados Unidos se encontraba curiosamente en las torres gemelas del WTC. Zim Israel Navigational y sus 200 empleados abandonaron sus oficinas en las torres gemelas el 04 de septiembre 2001, es decir solamente una semana antes de los ataques — «como por una bendición de Dios»— , señala Shaul Cohen-Mintz director general de la empresa.


¡No es el petróleo, estúpido!

Todos estos hechos dan un nuevo significado a las palabras de un miembro de la Comisión sobre el 11 de septiembre, el senador Bob Graham, que declaró en una entrevista con la PBS en diciembre de 2002: «hay evidencias que [ciertos] gobiernos extranjeros han contribuido a facilitar las actividades de algunos de los terroristas en los Estados Unidos». Graham, por supuesto se refería a Arabia Saudita. ¿Por qué la familia Saúd habría ayudado a Osama Bin Laden después de haberle retirado su nacionalidad saudí y poner precio a su cabeza? [Osama era buscado en su país de origen por los ataques que había realizado en Arabia Saudí].

La respuesta que da Graham como explicación, formulada en julio de 2011, es la siguiente: «la amenaza de disturbios y levantamientos sociales contra la monarquía reinante en Arabia Saudita, amenaza [y chantaje] de la parte de Al Qaida».

Los Saud [el actual rey gobernante en Arabia Saudita es de la familia Saud] habrían ayudado a Ben Laden a que realice los atentados del 11 de septiembre para «pagar como cupo» y «salvarse» de la amenaza formulada por Bin Landen de generar una revolución en su reino y en su contra. Esta teoría ridícula (Graham, a falta de argumentos lógicos desarrolla esta idea que la incluirá en su novela) .

El argumento de Graham tiene un solo objetivo: desviar las sospechas contra el único «gobierno extranjero» cuyos vínculos reales y existentes con los presuntos terroristas son concretos y están demostrados, es decir Israel, para así desviar las sospechas hacia Arabia Saudita, único competidor [geopolítico] de Israel en la región. De manera similar —pero esta vez es para morirse de risa—, cuando se lee el resumen del libro La Guerre d’après (La guerra después) (2003), del anti-árabe-saudí y neoconservador Laurent Murawiec, quien escribe: “El poder monárquico en Arabia Saudí ha tenido éxito en los últimos años y ha logrado infiltrar agentes de influencia a los niveles más importantes de la administración del gobierno de los EEUU, organizando un lobby intelectual eficaz que lo tiene a su sueldo, y que ahora controla varias prestigiosas universidades del país”.

Al afirmar que la pista que conecta a Arabia Saudí — [en tanto que país ayudando a los terroristas del 11 de septiembre] — ha sido silenciada por la amistad que une a los Bush con la familia real Saúd, Graham y sus amigos neoconservadores utilizan a George W. Bush como un fusible, para hacer recaer sobre él la cólera popular de los ataques del 11 de septiembre. Dicha estrategia dio buenos resultados a los manipuladores de la verdad ya que el movimiento del 9/11 Truth en su conjunto, centró sus críticas contra el presidente Bush y su administración, contra los árabes y nunca pronunció el nombre de Israel. Hay que reconocer que el arte de Maquiavelo funciona así: dar el trabajo sucio a realizar a una persona y luego dirigir que la venganza popular recaiga contra esta misma persona.

El día en que, bajo la presión de la opinión pública, los medios de comunicación se verán obligados de abandonar la versión oficial de Washington, y confesar lo que verdaderamente ocurrió el 11 de septiembre, —para esa entonces ya— el movimiento de contestación 9/11Truth —completamente infiltrado ya— y su lema “9/11 is an inside job” (El 11 de septiembre es una operación que se organizó desde adentro) habrá moldeado los espíritus para que los ciudadanos arremetan contra Bush, Cheney y otros políticos de su administración, mientras que los neoconservadores [intelectuales con Israel de este diabólico plan] seguirán estando fuera de la furia popular y fuera del alcance de cualquier justicia.

Y sí, por desgracia, el día en que todo sea revelado a la opinión pública, y que la mayoría de los medios de comunicación controlados [hoy] por los sionistas no puedan preservar más “la inocencia de Israel” por lo ocurrido el 11 de septiembre, el estado hebreo podrá siempre jugar la carta de Noam Chomsky: «Israel podrá decir que los EEUU los obligó a hacerlo».

Noam Chomsky , el famoso intelectual norteamericano de origen judío que se posiciona como pensador de la extrema izquierda desde el día en que, el trotskista Irving Kristol pasó a ser un importante militante de la extrema derecha estadounidense y fundar el movimiento neoconservador en los EEUU. Chomsky no ha parado de decir desde entonces, el argumento de que Israel no hace más que obedecer la voluntad de los Estados Unidos, lo que deja suponer que Israel es el estado número 51º de los EEUU y el policía en el Medio Oriente.


Como lo he demostrado ya en otros lugares, el término más apropiado para designar a los «neoconservadores» sería la palabra «Maquiavelo-sionista». Michael Ledeen da la prueba en un artículo publicado en la revista Jewish World Review del 7 de junio de 1999 en donde él defiende la tesis de que Maquiavelo era en «secreto un judío» cómo lo fueron en el siglo XV miles de familias originalmente de confesión judía convertidos al cristianismo bajo la amenaza de ser expulsados de España si no cambiaban de religión (principalmente los denominados despectivamente «Marranos» en la Península Ibérica). "Escucha su filosofía política y entonces entenderás la música judía". Por definición, el maquiavelismo avanza y se mueve enmascarado de un discurso virtuoso (es decir, derecho humanista), curiosamente, cada vez es mayor el número de sionistas que se reclaman de esta corriente y de manera abierta: otro ejemplo puede ser dado con el libro de Obadiah Shoher, Samson Blinded: A Machiavellian Perspective on the Middle East Conflict.
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Chomsky y otras celebridades mediatizadas de la izquierda radical en los EEUU como Michael Moore, no paran de afirmar que la desestabilización [o convulsión] del Medio Oriente sería por voluntad de Washington primeramente y de Tel Aviv en segundo lugar. ¿Y la causa de la guerra de Irak? Por el petróleo, evidentemente: «Por supuesto que eran los recursos energéticos de Irak».

La pregunta no necesita incluso ser planteada. Cosas de estos tiempos, he aquí que Chomsky repite en coro el mismo refrán que pronunció Alan Greenspan, director de la Reserva Federal, quien en su libro The Age of Turbulence (2007) (Tiempos de Turbulencia) pretende revelar algo, algo que todo el mundo sabe ya: «lo más importante que estaba en juego en la guerra de Irak era el control del petróleo en la región».

A estas falsedades formuladas hay que responderles con los análisis e investigaciones verídicas, como la del profesor James Petras: Zionism, Militarism and the Decline of US Power (Sionismo, Militarismo y la decadencia del poderío de EEUU), o con el trabajo de Stephen Sniegoski The Transparent Cabal o la obra de Jonathan Cook Israel and the Clash of Civilizations (Israel y el choque de civilizaciones): “Big Oil" [el gran lobby del petróleo] que no promocionó la invasión de Irak, y que ni siquiera ha logrado controlar la extracción de un sólo pozo de petróleo, a pesar de la presencia de 160.000 soldados estadounidenses, de 127.000 mercenarios pagados por el Pentágono y el Departamento de Estado, e incluso con el apoyo de un gobierno títere, fantoche y corrupto como lo es el gobierno de Irak.

¡No!, el petróleo no explica la guerra de Irak, ni explica la guerra en Afganistán, tampoco explica la agresión contra Siria por mercenarios fanáticos interpuestos, tampoco puede explicar la guerra planeada y programada contra Irán con antelación. Y ciertamente no es el lobby del petróleo el que tiene el poder de imponer una censura, un «gran tabú» [silencio total] en lo que respecta a Israel [y su implicación en el 11 de septiembre] en toda la esfera mediática del planeta, sean estos diarios de España, por dar un ejemplo: El País, o El Mundo, o ABC, o La Vanguardia, o sean estos diarios en otro continente, como el diario El Mercurio (Chile), El Comercio (Perú), El Espectador (Colombia), por no citar que algunos en Sudamérica, todos repiten la misma cosa pero de diferente manera.


«Personalmente, yo creo que existe una conexión entre los sucesos del 11 de septiembre y el pico petrolero (peak oil), pero es algo que no puedo probar», afirma Richard Heinberg, especialista en cuestiones de energía y más precisamente con respecto a la hipótesis del agotamiento del petróleo en el mundo que desarrolla en su documental Oil, Smoke and Mirrors (Petróleo, Humo y Espejos). Para mí la tesis de Richard Heinberg tiene que ver más con una fe a lo irracional.

[Ver abajo el documental Oil, Smoke and Mirrors en su versión audio en español y podremos sacar interesantes conclusiones en este debate de ideas, entre el autor de este artículo y el especialista en asuntos de energía.]

El interesante documental Petróleo, Humo y Espejos está divido en tres partes: la primera habla de las consecuencias económicas y sociales que puede tener en nuestras sociedades el agotamiento del petróleo y cómo afectaría esta nueva realidad energética en nuestro cotidiano; la segunda parte habla del 11 de septiembre y su relación con las fuentes de energía tales que el petróleo, la tercera parte explica como el terrorismo internacional ha sido creado y manipulado por poderosas y obscuras fuerzas planetarias para generar caos mundial.
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La cultura israelí de terrorismo de bandera falsa

Se necesita hacer un recordatorio para situar mejor 11 de septiembre en un contexto histórico. Los Estados Unidos tienen una larga historia y tradición en la fabricación de falsos pretextos para desencadenar guerras. Podríamos retroceder en el tiempo, al año 1845, con la guerra expansionista emprendida por Washington contra México. Guerra desencadenada por las provocaciones estadounidenses que comenzaron en la zona de frontera con Texas (el río Nueces según México, el Río Grande según los Tejanos) y los enfrentamientos que tuvieron lugar dieron al presidente James Polk (un tejano) la oportunidad para que pudiera decir: «los mexicanos han derramado sangre americana en el territorio americano». Después de la guerra, un diputado del nombre de Abraham Lincoln hizo reconocer por el Congreso de EEUU el carácter falso y mentiroso de este pretexto de casus belli.

A partir desde esa entonces, todas las guerras libradas por Estados Unidos lo han sido bajo falsos pretextos: la explosión del buque de guerra USS Maine en la bahía de La Habana para desencadenar la guerra contra España por la posesión de Cuba, el hundimiento del cargo Lusitania para entrar en la Primera Guerra Mundial, Pearl Harbor para entrar en la Segunda Guerra Mundial, el incidente del Golfo de Tonkin para entrar en la guerra del Vietnam. Sin embargo, sólo la explosión del USS Maine, que causó pocas muertes, desvela que se trata propiamente hablando del estratagema de bandera falsa; a pesar que todos los hechos de estas historias no estén todavía completamente elucidados.


El atentado al explosivo contra la embajada de Israel en Buenos Aires (Argentina) en 1992, que causó 29 muertos y 242 heridos, fue atribuido al instante a terroristas suicidas del Hezbolá, que según los israelíes utilizaron un camión bomba. Pero el juez argentino a cargo de la investigación denunció que habían presiones de los delegados oficiales de Estados Unidos y de Israel, así como una manipulación de las pruebas y falsos testimonios de testigos para guiar la investigación en dirección de la hipótesis del camión-bomba [cosa ficticia] mientras que los hechos fehacientes indicaban que la explosión vino desde el interior del edificio de la misma embajada israelí. Cuando la Corte Suprema argentina validó estas últimas afirmaciones, el portavoz de la embajada israelí acusó a los jueces argentinos de Buenos Aires de antisemitismo.

¿Cree Usted que es una coincidencia?
Por tal razón, psicológicamente, el pueblo norteamericano, no puede aceptar los atentados del 11 de septiembre 2001 porque esto ya ocurrió en sus cabezas .
Si todo esto que estamos tratando de mostrar y comprobar, resulta ser verdadero, entonces los atentados del 11 de septiembre 2001, abre la puerta a la "hipótesis" [faltará probarlo, cosa difícil ya que estamos frente a servicios secretos con muchos recursos y que esconden o destruyen las pruebas, entonces seguiremos estando siempre en la hipótesis a falta de pruebas materiales], que esto ha sido efectivamente preparado con antelación, por gente poderosa, desde adentro, con complicidad de afuera, con objetivos claros de dominación en el mundo [el 11/9 es el pretexto para ello], pero también al interior de los Estados Unidos, contra la misma sociedad civil, contra cualquiera que defienda la constitución. También hay una dimensión que no se ha hablado: esa gente que ha planeado todo esto, al mismo tiempo esta cumpliendo un ritual, celebrando una fecha, que nosotros desconocemos por el momento la razón y el significado, pero estamos igualmente en un contexto esotérico (ver este link) —( pero igualmente las partes 17 ; 35, 44), o las extrañas configuraciones del dólar, no hay otra palabra para explicarlo mejor por el momento con respecto a esa celebración de fecha.

El 3 de noviembre de 2000 una fuente reveló que un simulacro, "Pentágono" tuvo lugar el 24 de octubre de 2000, es decir unos 10 meses antes del ataque al Pentágono del 11 de septiembre de 2001, simulacro efectuado por un órgano del ejército de los EEUU. En dicho simulacro —con una maqueta de dicho edificio—, un avión se estralla o choca contra la fachada del Pentágono, para probar la utilización de aviones como armas de ataque. En las fotos se ven los restos del avión fragmentado dentro del recinto del Pentágono. ¿Casualidad?

New York

1 comentario - Una historia diferente 9/11

RobertoTaringuer +1
Me venis a publicar esto a ésta hora LPM, se ve interesante lo guardo y lo leo mañana, es muy tarde, buen post capo!