Tribus nativas del Norte de los Andes y la Costa Oeste
Tribus nativas del Norte de los Andes y la Costa Oeste

LOS INCAS
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Los incas. Perú. Período postclásico. (1100 - 1532) Capital: Cuzco

Los incas crearon un imperio con una sólida organización política, militar y social, en continua expansión hasta la conquista, en 1532, por Francisco Pizarro.

Los incas crearon uno de los más grandes imperios americanos a finales del siglo XV. Recopilaron muchas costumbres de otros pueblos andinos, asentados antes que ellos, como los toltecas. Se establecieron en la que sería su capital, Cuzco, aproximadamente en el año 1100 d.C., y su territorio llegó a expandirse desde Ecuador hasta Chile.

El mayor logro de esta cultura se halla en su sistema organizativo, político y administrativo. La vida social giraba en torno al parentesco, (ayllu), que englobaba a grupos de personas que creían tener antepasados comunes. Dentro de estos ayllus, los individuos tenían la obligación de ayudarse en las labores diarias (ayni) y trabajar juntos por el bien común del grupo. Dentro de estos grupos de parentesco se establecían distintos repartos de poder, tanto para las celebraciones como para repartir tierras y trabajos.

Los incas realizaban sus intercambios, tanto de productos como de mano de obra, a través de estos ayllu, dado que no conocían el comercio ni la moneda.

El máximo gobernante era el Inca, al que se le pagaba tributo en forma de trabajo. Gracias a ello se elaboraron todas las creaciones de esta cultura. A su vez el gobernante pagaba al pueblo con fiestas periódicas, comida abundante, y un sistema de seguridad social que se encargaba del bienestar de viudas y enfermos, además de mantener en buen estado el patrimonio del pueblo.

Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los palacios, las obras públicas y las fortalezas como Machu Picchu. Muchos edificios complejos, como el Templo del Sol en Cuzco, fueron edificados con un mínimo de equipamiento. Cabe señalar también la construcción de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de longitud), que aterrorizaron a los españoles cuando se adentraron en el territorio, además de canales de regadío y acueductos.

Como la mayoría de las culturas precolombinas, la religión jugaba un papel importante, siendo el dios inca más señalado Viracocha, creador y señor de todas las cosas vivientes. Sus rituales se relacionaban con las labores agrícolas y la sanación de enfermedades. Parece, que tras el encuentro de la momia de los Andes “Juanita”, se ha desbancado la opinión generalizada de que los incas no ofrecían sacrificios humanos en dichos rituales.

Este complejo imperio, fue conquistado por Francisco Pizarro en 1532, quien apresó, y más tarde condenó a muerte, a Atahualpa, último de los Incas.

El pueblo inca creó una organización socio-política muy compleja y avanzada. Todo el poder de su imperio se basaba en ella.

En el cenit de su poderío, los incas habían desarrollado un sistema político y administrativo no superado por ningún otro pueblo nativo de América. El Imperio incaico era una teocracia basada en la agricultura y en el sistema de ayllus, o grupos de parentesco, dominada por el inca, que era adorado como un dios viviente.

En la organización política inca llama la atención la existencia de un sistema de poder dual, donde todas las autoridades aparecían siempre emparejadas: por ejemplo, en el caso del inca, se propone la existencia de dos incas que gobiernan en simultáneo, un inca hanan (‘arriba’) y un inca hurin (‘abajo’). De igual forma, las autoridades a nivel local eran también duales: a nivel de los ayllus, las máximas autoridades fueron los curacas; todo ayllu tenía dos curacas, uno hanan y otro hurin.

Por debajo de los incas, se encontraban las familias de los antiguos incas, las cuales formaban grupos de parentesco conocidos como panacas (‘familia noble’), quienes se encargaban de mantener el recuerdo del inca fallecido, de realizar ceremonias en su nombre y de cuidar de sus bienes y alianzas hechas en vida. Las panacas tenían gran influencia en la decisión del nombramiento de los sucesores al cargo de inca. Debajo de este sector se encontraban los jefes de los pueblos conquistados por los incas, los cuales, en caso de no ser rebeldes, recibían una educación cuzqueña y una serie de privilegios. El siguiente nivel de autoridad lo constituían los curacas, jefes de los ayllus.

La gente común estaba agrupada en la categoría de hatun runa, se trataba de campesinos miembros de un ayllu, éstos tenían la obligación de ir a la mita (trabajo por turnos) para el Estado inca. Algunos salían temporalmente de esta condición y eran movilizados fuera de su lugar de origen: a estos se les conoce como mitimaes o mitmaqunas, población que era movilizada a distintas zonas con diferentes objetivos, como obtener recursos o poblar regiones. Finalmente, cabe mencionar a los yanacona, los cuales eran separados definitivamente de su ayllu y pasaban a depender directamente del inca, para quien desempeñaban una labor especializada.

Administrativamente, todo el territorio estaba dividido en cuatro grandes regiones o suyos (‘parte’), a ello debe su nombre Tahuantinsuyu (una palabra quechua que significa literalmente ‘Tierra de los Cuatro Cuarteles’ o ‘de las Cuatro Partes’), que estaba, a su vez, subdividido en cuatro: Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu y Chinchasuyu.

Fue el inca un pueblo de agricultores avanzados: para cada zona desarrollaron una estrategia que permitía obtener el máximo provecho. Utilizaron andenes o terrazas de cultivo para aprovechar las laderas de los cerros, camellones o waru waru en zonas altas inundables, irrigaciones, etc. Es destacable la existencia de un arado de pie conocido como chaquitaclla. Los cultivos más importantes fueron la papa (patata) y el maíz, además del ají, la chirimoya, la papaya, el tomate y el frijol.

Las llamas fueron los animales básicos de transporte; también se domesticaron las vicuñas y alpacas por su fina lana. Otros animales domesticados fueron guanacos, perros, cobayas y ocas. Las principales manufacturas incas fueron la cerámica, los tejidos, los ornamentos metálicos y las armas con bellas ornamentaciones. A pesar de no contar con caballos, ni vehículos de ruedas ni un sistema de escritura, las autoridades de Cuzco lograron mantenerse en estrecho contacto con todas las partes del Imperio.

Una compleja red de caminos empedrados que conectaban las diversas zonas de las regiones, permitía esta comunicación; mensajeros entrenados —los chasquis—actuando en relevos, corrían 402 km al día a lo largo de esos caminos. Los registros de tropas, suministros, datos de población e inventarios generales se llevaban a cabo mediante los quipus, juegos de cintas de diferentes colores anudados según un sistema codificado, que les permitía llevar la contabilidad. Botes construidos con madera de balsa constituían un modo de transporte veloz a través de ríos y arroyos.

La historia inca está caracterizada por la sucesión de gobernantes, que fueron ampliando y comunicando las zonas conquistadas. Finalmente, Atahualpa, hijo de Huayna Capac, fue juzgado y condenado a muerte por Pizarro.

Cuenta la leyenda que eran años en que gobernaba el Inca Viracocha, cuando aparecieron rodeando la ciudad del Cuzco los chancas, un pueblo muy belicoso de la sierra central, quienes atacaron y destruyeron la ciudad, tras de lo cual Viracocha huyó. Frente a las ruinas del viejo templo solar, el Inticancha, el general Yupanqui imploró su ayuda al dios Sol, el cual convirtió a las piedras que rodeaban la ciudad en soldados (conocidos como pururaucas) y éstos derrotaron a los enemigos.

La gente entonces aclamó a Yupanqui como su nuevo inca y éste asumió el cargo con el nombre de Pachacutec (‘el que transforma el mundo’). Con el nuevo inca, el sector militar se vio fortalecido y la expansión adquirió importancia. Pachacutec conquistó la meseta del Collao, Arequipa, el valle del Mantaro, a los chinchas (icas), Lima, entre otros territorios, y organizó el Tahuantinsuyu.

A Pachacutec le sucedió Túpac Inca Yupanqui, quien como auqui (‘príncipe heredero’) continuó la expansión por la costa y la sierra norte, dominando a los chachapoyas, los chimú y otros pueblos importantes hasta el actual territorio de Ecuador. Posteriormente, ya como inca, se dirigió al sur, donde avanzó hasta el río Maule, punto que se convertirá en la frontera sur del Imperio. Éste, no obstante, alcanzó su mayor extensión con el reinado (1493-1525) del hijo de Túpac, Huayna Cápac.

Hacia 1525, el territorio bajo control inca se extendía por la zona más meridional de la actual Colombia, por Ecuador, Perú y Bolivia y por zonas de lo que hoy en día es el norte de Argentina y Chile, abarcando un área de más de 3.500 km de norte a sur, y de 805 km de este a oeste. Los investigadores estiman que esta inmensa región estuvo habitada por una población de entre 3,5 y 16 millones de personas de distintas culturas andinas.

La muerte de Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar a su sucesor, provocó la división del Imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. La consiguiente y encarnizada lucha entre ambos, que finalizó en 1532 con la captura de Huáscar, debilitó seriamente al Imperio. En este crítico momento el conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en la costa con una fuerza de unos 180 hombres dotados de armas de fuego.

Pizarro, apoyado por distintos grupos de indígenas descontentos por la dominación inca, logró controlar el Imperio, altamente centralizado, haciendo prisionero a su jefe, Atahualpa. Temeroso de que Pizarro pudiera ordenar su destitución en favor de Huáscar, Atahualpa dio la orden de ejecutar a su antiguo rival, lo que sería una de las causas de su propia condena en el proceso al que le sometieron los españoles un año después. El 26 de julio de 1533, cuando todavía se estaba acumulando un enorme depósito de ornamentos de oro procedentes de todos los rincones del Imperio, Pizarro ejecutó al garrote a Atahualpa.

Ese mismo año, los españoles iniciaron su marcha a Cuzco. En Jauja (un punto intermedio) conocieron a Túpac Hualpa (Toparpa), quien se presentó como hijo de Huayna Cápac y legítimo heredero al cargo de inca, Pizarro lo nombró entonces como tal. Al llegar y ocupar Cuzco, recibieron la noticia de que Toparpa había sido asesinado, entonces Francisco Pizarro nombró a Manco Inca (Manco Cápac II) como nuevo soberano.

Manco Inca se rebeló contra los españoles en 1536, cercó Lima y Cuzco por algunas semanas, hasta que finalmente fue derrotado en Sacsahuamán. Tras la derrota huyó hacia el oriente, fundando un centro de resistencia conocido como Vilcabamba: por ello a él y a sus descendientes se les conoce como incas de Vilcabamba. Al morir Manco Inca, le sucedió en el trono su hijo Sayri Túpac, quien firmó la paz con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, pero falleció en 1561, siendo reemplazado por Titu Cusi Yupanqui, que reinició las hostilidades; finalmente, en 1570, asumió el poder Túpac Amaru, quien fue derrotado y decapitado en 1572 por orden del virrey Francisco de Toledo.

El arte inca destaca por su sobriedad y funcionalidad. Son de considerable importancia los trabajos realizados en tela, metal, cerámica y piedra.

Los tejidos se desarrollaron sobremanera. Las fibras de lana y algodón se teñían con colorantes naturales y luego se tejían. Para los tejidos que se usaban en las ceremonias usaban el bordado, brocado y tapicería, y eran piezas de hasta 20 metros de longitud, bellamente decoradas. Los incas además de utilizar muchas y diversas técnicas, elaboraron característicos diseños.

La tradición orfebre también ocupó un lugar importante en la cultura inca. Trabajaron el cobre, el bronce, la plata y el oro, utilizando técnicas de repujado y calado. Los motivos más comunes eran geométricos y también aparecen frecuentemente figuras zoomorfas y antropomorfas relacionadas con la mitología. Entre los objetos orfebres comunes, adquirió una gran expansión, el alfiler usado para sujetar las túnicas, que se difundió hasta más allá de los confines del imperio.

Han aparecido gran cantidad de los objetos realizados por los orfebres incas, algunos son piezas de adorno y joyería y otros muchos son objetos rituales, con motivos antropomorfos. Pero básicamente las piezas tenían mayor uso en los entornos de la corte y el gobernador supremo, que utilizaban las joyas como representación de su poder.

En cuanto a la cerámica, era modelada a mano, ya que no existían tornos. Con los moldes consiguieron fabricar en serie y las piezas tenían dos usos: el doméstico usual y el ceremonial. En las piezas de uso ritual los decorados hacen referencia a dioses y creencias, mediante técnicas policromas muy cuidadas. Muchas de estos objetos cerámicos se colocaban en las tumbas a modo de ofrendas.

Otros recipientes eran trabajados en piedra, con representaciones zoomorfas de llamas y alpacas, entre otros. En general, el arte inca era sobrio y tendía a lo funcional.

LOS MOCHES O MOCHICAS
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Moche o mochica. Período Clásico. Perú

A la cultura mochica pertenecen las construcciones de la Huaca del Sol y de la luna, en forma de troncos pirámidales. El hallazgo del "Sr. de Sipán", un monarca enterrado con su séquito, arrojó muchos datos sobre las manifestaciones artísticas.

El pueblo mochica, o moche, tomó su nombre del río peruano en cuyo valle tuvo origen (Moche), en la zona septentrional de Perú. Se desarrolló entre los años 200 y 900 de nuestra era, y a pesar de su considerable importancia, los mochícas no desarrollaron un sistema de escritura. Toda la información disponible sobre ellos se ha sacado directamente de sus restos arqueológicos, por otra parte muy abundantes, y en particular de sus trabajos en cerámica, donde pueden encontrarse múltiples representaciones y escenas sobre sus rituales vida cotidiana.

A lo largo de sus 700 años de historia, se fue expandiendo por las zonas circundantes, hasta desaparecer por causas aún desconocidas. Se cree que no era un pueblo predominantemente guerrero, aunque su sociedad era militarista y en algunas vasijas se han encontrado escenas de ejecución de prisioneros, dentro del ambiente ceremonial propio de los sacrificios a los dioses.

Vivían de la agricultura, con un complejo sistema de riego. También practicaban la pesca y en menor medida la caza. Edificaron sus pueblos cerca de las colinas, y las mayores edificaciones eran las de carácter religioso o ceremonial (huacas), de forma semipiramidal y construidas sobre terrazas. Al igual que la mayor parte de los pueblos precolombinos utilizaron adobe en sus construcciones.

De la cultura moche destacan las huacas del Sol (48 mt.) y la de la Luna (21 mt.). Otros centros importantes son Pañamarca, en el valle de Nepeña, Huaca Cortada, Huaca Blanca y Mocollope. La cerámica ha sido dividida en cinco fases (de Mochica I a Mochica V) y tanto su decoración pictórica como escultórica han permitido conocer con bastante precisión la vida y el pensamiento de aquellas gentes. En ellas encontramos personajes, templos, viviendas, escenas cotidianas, rituales, mitológicas, animales y plantas. Su organización política fue estatal, predominando los estamentos militares y sacerdotales, y contando con especialistas y artesanos capaces de plasmar en diferentes soportes los mensajes fundamentales destinados al grupo.

Otro descubrimiento reciente (1987) se halla en la pirámide Huaca Rajada, próxima al pueblo de Sipán. Allí, aunque la pirámide en cuestión había sido saqueada en parte, se descubrió una tumba sellada de un soberano mochica. Además de numerosos objetos y adornos, se encontraron los cadáveres de dos hombre (uno de ellos probablemente un guerrero), de dos mujeres jóvenes (esposas o concubinas) e incluso una llama. Varios de los cadáveres tenían amputado el pie izquierdo. El monarca está cubierto de mantas preciosas, abanicos, pectorales y adornos de oro, plata y cobre. Algunos de los collares y objetos hallados estaban fabricados con técnicas que no se usaron en Europa hasta siglos después.

LA CULTURA HUARI
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Cultura Huari. Andes centrales, Perú. Período Clásico. 600 d. C – 1.100 d.C.

De la cultura huari destacan manifestaciones artísticas como la cerámica y tejidos. Se cree que ellos fueron los creadores de los dibujos de Atacama.

La civilización Huari o Wari se desarrolló en las tierras altas de Perú entre los años 650 y el 800, dando su nombre a la antigua ciudad de la que nos dejaron constancia. Esta cultura es conocida por sus construcciones, su vistosa cerámica y sus típicos y elaborados tejidos.

La ciudad se halla cerca de la actual Ayacucho, a unos 2.800 m sobre el nivel del mar y tiene una extensión aproximada de 2 km2 . Está formada por recintos rectangulares, dispuestos en bloques, que componen una rejilla irregular junto con las calles y caminos. Los recintos están cerrados por muros de entre 6 y 12 m de altura y contienen habitáculos que se elevan varios niveles sobre los patios abiertos. Tanto los muros como las construcciones están hechos de piedra. En las edificaciones más sofisticadas se empleaba piedra tallada y decorada.

Sus pobladores construyeron numerosos canales de riego y plantaron sus cultivos en grandes bancales para obtener mejores rendimientos agrícolas.

La influencia de esta cultura puede apreciarse en la cerámica, tejidos y otros objetos artesanales. La cerámica se caracteriza por su vistosidad y elaboración; las piezas están decoradas con dibujos de figuras humanas, pájaros, felinos y otras criaturas, e imágenes de personajes mitológicos. Dentro de la producción textil destacan las túnicas y camisas, así como tapices, sombreros, cinturones y otras prendas, muchas de las cuales están adornadas con símbolos y figuras con connotaciones rituales, similares en algunos casos a los motivos empleados en la cerámica.

A la cultura huari se cree que pertenecen los famoso dibujos gigantes de Atacama. Estos dibujos, construidos con piedras alineadas, representan, vistos desde el aire, dioses, animales y figuras geométricas.

Es posible que estas líneas simbolizasen a los antepasados totémicos en forma de animales. Este descubrimiento, al igual que el encontrado en la cultura Nazca , todavía plantea muchos interrogantes .

LOS CHIBCHAS O MUISCAS
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Chibcha o muiscas. Colombia y Panamá. Período postclásico.

Momia de Socotá (Boyacá), representativa de las prácticas funerarias de los chibchas. Cundinamarca.
Los Chibcha, o muiscas habitaban junto al río Magdalena, cerca de Bogotá, Colombia. En el pasado ocupaban parte de la actual Panamá y los altiplanos de la cordillera Oriental de Colombia, y representaron la zona más poblada entre los imperios mexicano e inca. A la llegada de los españoles se extendían por un territorio de 25.000 km2 y comprendían a más de un millón de habitantes.

Desde el punto de vista cultural, los chibchas se asemejaban al pueblo inca; practicaban la agricultura del maíz, papa y otros tubérculos andinos con ayuda de un extenso sistema de regadío. Tejían telas de algodón y eran grandes expertos en la artesanía del oro, realizando finísimas láminas decoradas con motivos de alambre o cintas, y figuras antropomorfas muy estilizadas.

Después de los incas, los chibchas constituyeron estados sometidos al control del poder personal autoritario de los caciques y formaban una unidad muy desarrollada culturalmente. Dos jefes principales, el Zipa y el Zaque, aspiraban al dominio respectivo de las zonas sur y norte del territorio, en una política de expansión que en el siglo XVI se hallaba aún en proceso de consolidación.

En centros ceremoniales se congregaba periódicamente la población para rituales donde el oro cumplía un papel fundamental. Los tunjos o ídolos, figurillas pequeñas y toscas elaboradas por especialistas que en ellas representaron seres humanos, animales y escenas de la vida política y social, eran depositadas como ofrendas en templos, cuevas y lagunas sagradas.

Además de utilizar esmeraldas como moneda para el trueque, realizaban un rito en el cual el cacique o máximo sacerdote cubría su cuerpo con polvo de oro y se sumergía en la laguna de Guatavita, a cuyo centro se desplazaba en una balsa. Esta ceremonia dio origen al mito de El Dorado que atrajo a los aventureros españoles que acudieron en busca de lugares donde abundara el oro, pero que no existían en la realidad.

La llegada de los conquistadores españoles en 1536 derrumbó sus estructuras políticas y sociales, en aquel entonces eran más de un millón de habitantes; fueron sometidos en 1541 y en el siglo XVIII su cultura ya estaba prácticamente extinguida.

LA CULTURA DE TIAHUANACO
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Tiahuanaco. Bolivia. 300-900 dC. Período Clásico. Cultura Tiahuanaco

Los pocos datos que tenemos de los habitantes de Tiahuanaco desvelan sus prácticas socio-religiosas, entre las que se incluía la trepanación.

La cultura de Tiahuanaco o Tiwanacu se desarrollo en la altiplanicie boliviana. En un lugar donde la altitud (3800 mt) determina la cantidad de recursos, los habitantes de esta zona subsistían cultivando los escasos tubérculos y gracias a la ganadería, pesca y comercio.

La sociedad estaba dominada por una élite sacerdotal que tomaba las decisiones religiosas y políticas. Los estratos sociales inferiores se dividían en grupos según su dedicación: pastores, artesanos, agricultores o pescadores. Los cultos religiosos se imponían desde los mandatarios, por lo que las religiones de los pueblos circundantes fueron absorbidas.

Las actividades diarias y sus creencias se reflejaron en sus creaciones artísticas, como por ejemplo en sus vasijas en forma de aves y cabezas humanas o en los Chulpas, construcciones funerarias características de los tiahuanacotas.

Los habitantes de la ciudad más importante, Tiahuanaco, nos han dejado restos en sus cementerios que confirman el habitual uso de la trepanación en su cultura. No sabemos con qué fin la practicaban, pero los últimos hallazgos apuntan a que los niños eran sometidos a esta operación craneal como rito de pubertad, o bien para evitar futuras enfermedades.

Las trepanaciones de Tiahuanaco se caracterizan por la perforación del inion ("la coronilla", además de por el alargamiento de los cráneos encontrados. Esto último debido, posiblemente a las curas posteriores que se realizaban al recién operado. Aunque la percepción del dolor de este pueblo era menor que la de los habitantes de las actuales metrópolis, y tenían un más eficaz sistema inmunológico, muchos de los pacientes morían tras la operación.

La cultura de Tiahuanaco desapareció misteriosamente 250 años antes de que el imperio inca conquistase la zona. Según sus leyendas tradicionales, referidas por los aymaras, sugieren que tal desaparición fue consecuencia de un terremoto o diluvio. Esta última posibilidad se halla reforzada en la cultura popular, ya que el lago Titicaca es considerado "la madre de todas las aguas".

No sólo su desaparición es una incógnita. La ciudad de Tiahuanaco aún no ha desvelado los secretos de sus grandes construcciones, como la Puerta del Sol, ni qué métodos fueron empleados para transportar las enormes piedras que aún vigilan sus ruinas.

LA CULTURA NAZCA
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Nazca. Período clásico tardío (100-800 d.C.) Perú

La cultura nazca destaca por sus trabajos cerámicos, de excelente calidad. Se les atribuyen las famosas figuras trazadas en el suelo del desierto de Nazca, que representan seres mitológicos.

La cultura Nazca se desarrolló al sur de Lima, en el antiguo Perú. Los nazcas eran un pueblo de artesanos sedentarios y reproducían a gran escala dibujos y cerámicas. Se caracterizan por sus grandes necrópolis funerarias, viviendas semisubterráneas, pirámides de uso ceremonial y sus inigualables tejidos Esta cultura no se ha distinguido por su estructura social, pues se sabe que no tenían autoridad central fuerte y no tenían clases sociales distintas.

La economía estaba basada en la agricultura, la pesca y la ganadería, ocupando el comercio y la guerra un lugar muy destacado. Para sus construcciones utilizaban muros de adobe, de forma cónica, con los que realizaban casas de planta rectangular que se agrupaban formando poblados. Existen también construcciones públicas con templos piramidales rodeados de plazas y habitaciones, de entre los cuales destacan los restos de Cahuachi.

Los muertos eran enterrados en posición fetal y envueltos en telas que testimonian una habilidad técnica muy especial. Se han encontrado tumbas en forma de botellas. Los nazcas eran creyentes de lo sobre natural y lo demuestran en sus cerámicas muy finas y policromadas (las mismas que tenían hasta 11 colores). En estas cerámicas sobresalen los dibujos de sacrificios humanos, de decoraciones mitológicas y representaciones naturalistas como aves, peces y vegetales.

La clasificación de su cerámica más aceptada es la que distingue Protonazca (200-100 a.C.) con marcadas influencias de la cerámica Paracas; Nazca temprano (100 a.C-200 d.C.), donde aparece el estilo propiamente nazca; Nazca medio (200-300 d.C.), evolución hacia motivos cada vez más simbólicos; Nazca tardío (300-600 d.C.), auge de los motivos complejos, donde incluso se alcanza a cubrir casi toda la superficie cerámica con dibujos (el denominado horror vacui, ‘horror al vacío’); y Nazca final (600-700 d.C.). La decoración, dispuesta en frisos, era realizada antes de la cocción, y se plasmaba en todo tipo de formas, en platos, cuencos, vasos y jarras. Se distinguen tres estilos básicos: uno geométrico dispuesto en frisos; otro naturalista con representaciones vegetales, animales y humanas; y uno simbólico y abstracto con motivos fantásticos, antropo-zoomorfos, de difícil interpretación.

También trabajaron el metal en láminas de cobre, plata y oro, conociéndose también técnicas más complejas como la fundición a la cera perdida, el labrado, el repujado y la incisión.

En el desierto de Nazca se encuentran grandes dibujos trazados en un área de 50 kms. de largo por 15 kms. de ancho y referidos a figuras geométricas o dibujos estilizados de aves, insectos, peces y vegetales. Estas líneas formadas de pequeñas piedras son un gran enigma para los arqueólogos del mundo. Se han conservado por más de 2000 años, gracias al clima seco de la zona donde están ubicadas. Se cree que dichos dibujos están relacionados con el movimiento estelar y la confección de un calendario agrícola, y fueron realizados arrancando las piedras de la superficie oscura para dejar al descubierto un sustrato más claro.

Pueden pasar inadvertidos, ya que dadas sus dimensiones solo se pueden apreciar en su totalidad desde el aire. Estas figuras, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, fueron descubiertas por el arqueólogo Paul Kosok y estudiadas por la matemática y arqueóloga María Reich (1903-1998). Otras muestras similares, se atribuyen a la cultura huari y se encuentran en el desierto de Atacama.

LA CULTURA CHAVÍN
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Cultura Chavín. Perú. Período preclásico. (900 - 200 a.C.)

Chavín fue la cultura dominante entre los años 900 y 200 a. C. en la zona septentrional andina. Su centro más importante radicaba en Chavín de Huantar (en el actual departamento de Ancash), y estaba constituido por un complejo templo formado por diversas estructuras rectangulares de piedra, con habitaciones interiores y pasadizos subterráneos de estructura laberíntica.
La cultura chavín, contemporánea de los olmecas, se extendió por la zona septentrional de los Andes peruanos. Sus integrantes rendían culto a una deidad felina.

El templo está decorado con esculturas que representan figuras antropomorfas con rasgos de felino y serpiente, a éstas se les conoce como ‘cabezas clavas’. En el interior se encuentra clavado al suelo El Lanzón o ‘felino sonriente’, una escultura de más de dos metros de altura que muestra rasgos de felino, serpiente y ave de rapiña.

Una característica de esta cultura es la reiterada imagen de una deidad felina sobre sus cerámicas, los monolitos, los templos de piedra, la orfebrería en oro y, en la técnica de la cerámica, la denominada asa-estribo, que consiste en un recipiente cerrado con un asa en forma de U coronada por un pico tubular.

La cultura Chavín, temporalmente contemporánea de los olmecas, debió tener una influencia cultural muy amplia, ya que se han encontrado objetos de su cultura desde Ecuador hasta la costa peruana.

LA CULTURA DE PARACAS
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Cultura paracas (600-100 a.C.) Perú. Período Preclásico

La cultura Paracas se desarrolló en siglo I a. C. Lo más representativo de esta cultura fue su maestría en el arte del tejido, resaltando los famosos mantos funerarios (el buen estado actual de estas reliquias se debe a la sequedad del terreno donde está situada la necrópolis.
La característica más relevante de la cultura de Paracas es su avanzada técnica en el tintado y confección de tejidos, como los mantos funerarios.

Tuvo lugar en el actual departamento costero y meridional de Ica (Perú), siendo confusa su datación, que se podría aproximar al 900a.C.-400d.C. Esta cultura, antecesora de la Nazca, fue descubierta en 1927 por el arqueólogo peruano Julio César Tello, quien observó la existencia de dos yacimientos de características diferentes que representaban aparentemente dos fases sucesivas de desarrollo: Paracas Cavernas y Paracas Necrópolis, nombres que responden a las distintas tipologías de los enterramientos que contienen los hallazgos.

En tanto que en Paracas Cavernas los cadáveres aparecen en pozos excavados en la roca, en Necrópolis lo hacen en verdaderos mausoleos en forma de grandes cámaras funerarias de arquitectura más compleja.

Hay evidentes indicios de evolución entre una y otra fase, lo más destacado del conjunto son los objetos de cerámica y, principalmente, los bellos tejidos de lana o algodón de vivos colores, que suponen unas elevadas dotes de calidad técnica en la confección textil. Los temas que aparecen en esas ropas son mitológicos o simbólicos, combinándose el naturalismo con lo geométrico, todo ello con una utilización variadísima de numerosos colores y tonos.

Son característicos los mantos funerarios, de los que Julio C. Tello extrajo, en aquel entonces 429 fardos de las viejas tumbas. Los tejidos son por lo común de fondo oscuro (azul marino, rojo profundo, ocre) y están circundados por un borde grueso de color más vivo. Sobre cada de ellos se repite un motivo único bordado con paciencia y habilidad. Diosas y demonios, héroes divinizados, reyes-sacerdotes, animales antropomorfizados y fieras tutelares conforman el repertorio fantástico de estas telas. El estilo no es esquemático; alguno de sus diseños llegan a tener una complejidad casi ideográfica, conformando un arte de una fineza increíble.

LA CULTURA CHIMÚ
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Chimú. Perú. Clásico Tardío 900 - 1440

La cultura chimú poseía un sistema político dinástico. Su centro más importante es Chan Chan.
La Cultura Chimu se desarrollo en el norte del Perú durante los siglos XIV y XV. Debido a su enorme extensión, controlaba gran parte de la zona costera del norte del Perú.

La economía chimú estaba basada en la agricultura y dependía de un complejo sistema de irrigación basado en la canalización de aguas destinadas al regadío (el canal más importante era el conocido como de La Cumbre); así mismo, para el desarrollo agrario utilizaron también los guachaques o chacras hundidas.

Se cree que la dinastía chimú estuvo compuesta por nueve monarcas. El último de ellos, Minchancaman, fue derrotado por los incas, quienes conquistaron la capital chimú entre 1460 y 1480. Toda la región quedaría sometida al Imperio Inca en 1492.

En cuanto a su arquitectura es importante el trazado urbanístico que se aprecia en las ruinas de Chan Chan (1000 – 1470), que fue la capital de los chimus y que esta ubicado a 5 km de la ciudad de Trujillo, probablemente la más grande ciudad pre-hispanica de América. En el centro de esta ciudad de 20 km2 se encuentran 9 estructuras que reagrupan templos, palacios, habitaciones y graneros.

Igualmente es importante recalcar el carácter monumental de los templos del Sol y de la Luna. Utilizaban en sus construcciones el adobe y, algo característico, una estructura de plataformas superpuestas; y las edificaciones estaban decoradas con mosaicos de ladrillos de adobe o bajorrelieves que representan animales, pájaros y figuras mitológicas.

En las fronteras se construyeron fortalezas como las de Paramonga o Sacsahuamán, que están consideradas verdaderas obras de arte de ingeniería militar.

La alfarería alcanzó su más alto desarrollo, con una técnica especial y sus huacos son célebres por su depurado realismo, la fabulosa variedad de temas y su rico colorido. También es destacable la metalistería, que contiene originales diseños, como las máscaras, antebrazos, collares, etc.

Entre sus tejidos destacan los ponchos decorados con plumas de pájaros tropicales.

Inicialmente los muertos eran enterrados en arena o en las plataformas funerarias que dejaron los Mochica. Los cadáveres eran puestos en posición flexionada y sentada. Algunas veces las vasijas partidas se colocaban en la cabeza del muerto.

LA CULTURA QUIMBAYA
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Quimbayá. Colombia. Período Clásico. 200-800 d.C.

La cultura quimbaya destacó por su uso del oro en la orfebrería. Para ellos, este metal sagrado se relacionaba con el brillo y la fertilidad del sol.

La cultura Quimbaya, se desarrollo entre el 200 y el 800 d.C. en el valle del río Cauca (Colombia) y su nombre se utiliza para designar a los que habitaban estas tierras a la llegada de los españoles. Constituyeron una de las jefaturas más ricas y prósperas de los Andes septentrionales.

Junto con otros pueblos de su entorno fueron los más grandes orfebres de la América prehispánica. Utilizaron una gran variedad de técnicas: fundición en molde abierto, repujado, martillado y laminado, entre otras; con ellas realizaron todo tipo de objetos que luego fueron depositados como ofrendas en sus tumbas: cascos, narigueras, orejeras, collares, brazaletes, bastones de mando, alfileres y figuras antropomorfas y zoomorfas.

Es muy característica la fundición a la cera perdida, modelando las piezas en cera de abejas y cubriéndola luego con arcilla, de forma que al calentar el molde la cera dejaba la forma que luego sería rellenada por una aleación de oro y cobre (tumbaga) para formar figuras.

LOS CUNA
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Ubicación: Colombia y Panamá Población: 600 a 800 in Colombia, 700 en Panamá, 50,000 a 70,000 en las islas de San Blas (Panamá) -(1997 SIL). Lengua: Chibchá, cuna

La cultura kuna se reconoce por los anillos nasales que lucen sus mujeres, así como la gran cantidad de abalorios que poseen y la fascinación por el oro que revelan.
El grupo mayoritario del pueblo kuna se halla asentado en las numerosas islas del archipiélago de San Blas, junto a la costa atlántica de Panamá, donde se cree que se establecieron en el siglo XIX procedentes de la costa atlántica colombiana. Tanto en las islas como en el continente, los kunas viven de la pesca, el cultivo en zonas de bosque taladas y la confección de artesanía.

La elaboración de tejidos se aprende de madres a hijas desde muy temprana edad. Sus “molas” son telas confeccionadas a mano y lucen vistosos dibujos con motivos geométricos, zoomorfos y mitológicos. En esta mitología ocupan un lugar importante los albinos, fenómeno que se produce entre estos indígenas desde hace muchas generaciones, y a los integrantes albinos de sus familias, les llaman “los indios blancos”.

Los indios del continente pescan con anzuelos, sedales, arpones y venenos vegetales, mientras que los isleños pescan en el mar con redes, llevando a veces en sus grandes barcas a toda la familia.

Es un pueblo pacífico y acogedor, que establece sus viviendas cerca de los ríos, que se comunican con los poblados por medio de senderos. Cada familia posee diversas parcelas para el cultivo, que se hallan a veces a kilómetros de distancia del poblado. Esto sucede en el continente, ya que entre los kuna de las islas apenas existe la agricultura y subsisten casi exclusivamente de la pesca.

Las casas suelen medir unos 20 metros de longitud por 5 de altura, y están construidas con madera. Los tejados se revisten con resina para impedir el paso del agua de la lluvia. Estas grandes casas son necesarias para las familias cunas, ya que las hijas y nietas, al casarse, aumentan su núcleo familiar con sus maridos e hijos. Muchas veces las parejas jóvenes establecen otra vivienda al lado de la materna, para repartirse los trabajos domésticos y el cuidado de los hijos. Los yernos trabajan para los suegros.

Las mujeres kuna pasan por tres ceremonias rituales durante sus vidas. La primera, al poco de nacer, incluye la perforación del tabique nasal y la colocación del consiguiente anillo. La segunda es de iniciación a la pubertad y la tercera la nupcial.

Su sociedad se rige por la figura del jefe, que mantiene a sus órdenes a otros hombres en diversos cargos, y se ocupan de velar por el buen estado de los caminos vecinales, solucionar pleitos y administrar justicia. El cargo de jefe suele ser vitalicio a no ser que se cometa alguna falta grave, y exige el conocimiento de las tradiciones, así como del idioma castellano para poder comunicarse con los representantes gubernamentales.

Sus vidas giran entorno a un profundo significado religioso. Creen en una vida tras la muerte de ocio y riqueza, así como que las catástrofes naturales son enviadas por Dios, que se comunica con ellos además por los hilos telefónicos hacia los cuales sienten una gran fascinación.

Su religión monoteísta se basa en el premio a la buena conducta y el castigo a la maldad. Las recompensas se traducen en una mayor caza proveniente de sus lugares sagrados, los kalu. En estos edificios míticos habitan seres sobrenaturales, ayudantes de Dios. En otros kalu habitan espíritus malignos que envían enfermedades robando la fuerza vital del alma de los humanos.

La figura del nele (chamán) hace de intermediario entre el mundo terrenal y el sobrenatural, con sus poderes innatos y su buena relación con los espíritus. Son fundamentales también en la religión kuna las estatuillas de madera o nuchus, de las que cada familia posee unas cincuenta. A estas figuras se les atribuyen poderes sobrenaturales, por lo que suelen utilizarse en los ritos del hechicero.

A los muertos se les entierra con media calabaza bajo la cabeza para su protección en el viaje al más allá, así como dos cuerdas que le ayudarán al cruzar el lago que separa los dos mundos. Pero si el difunto ha pecado mucho, se caerá de las cuerdas y le engullirá un gran monstruo marino.

Los cunas dan gran importancia al aspecto, por lo que las mujeres siempre lucen un anillo en la nariz, además de collares de conchas. Los hombres se adornan con collares de dientes de mono, y, ambos, hombres y mujeres se pintan la cara con jagua, un colorante negro, que utilizan sobre todo en las celebraciones. Asimismo las mujeres se adornan muñecas y tobillos con abalorios de vistosos colores.

LOS AYMARA
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Ubicación: Perú y Bolivia Población: 600.000 aprox. Lengua: Aymará

En la cultura aymara es de relevante importancia la posición del varón dentro de la comunidad. Son cultivadores de coca y portan pequeñas cantidades que mascan para combatir el frío. Los aymarás viven en pequeñas y superpobladas aldeas y cultivan productos para la venta como cebollas, patatas, judías, etc. También hay familias que viven en las colinas criando llamas y ovejas. Algunos campesinos trabajan como carpinteros o sastres para aumentar sus ingresos.

En su origen vivieron a unos 150 km. de Cuzco, pero tras su incorporación al Imperio Inca, una colonia se instaló en el lago Titicaca. Tras la llegada de los españoles se designaba como Aymará, tanto a los que vivían en el lago, como a los del altiplano.

Es común entre los indios andinos el cultivo de coca y su comercio. Para los aymarás, mascar coca es tan indispensable como la comida, ya que les permite resistir el frío, el hambre y el dolor, así como trabajar. De hecho es característico en los hombres llevar su bolsita de coca, que llevan siempre consigo.

La vestimenta aymará caracteriza a los hombres por un poncho hasta los tobillos, y el calzado consiste en unas sandalias de cuero sin curtir, que llevan en la mano si el terreno es árido o rocoso para que no se desgasten. Se cubren la cabeza con un sombrero hongo sobre una capucha de lana con orejeras. Las mujeres se visten con unas faldas ceñidas a la cintura con colores vivos y grandes pliegues, una manta de lana sobre los hombres que cuelga sobre la espalda y un chal que enrollan formando una bolsa a la espalda. Éste les sirve para llevar a los niños o los fardos del mercado. También les caracteriza el sombrero hongo de fieltro.

Tradicionalmente los matrimonios han vivido con la familia del marido hasta la llegada de los hijos, pero en los últimos años las parejas ya se instalan independientemente en una casa. Éstas suelen ser de piedra o adobe, con tejado de caña y el suelo de tierra apelmazada. Contienen una puerta pequeña orientada hacia el este, para que el viento no entre en la vivienda de una sola estancia, que también contiene unos nichos excavados en las paredes para colocar la ropa. Duermen sobre pieles de llama, y comen sentados en el suelo, alrededor de la olla que se coloca sobre tres piedras. Los aymarás del lago Titicaca, viven en unas islas flotantes de caña y utilizan barcas de pesca con velas, todo ello de caña.

La comida suele estar compuesta de patatas y cereales. En la montaña, de cebada y quinoa, y, en los valles, de maíz y chicha (cerveza de maíz). La carne solo llega a los más ricos y generalmente seca. Es muy raro ver carne fresca. Los aymarás no comen en público, y si han de hacerlo, se colocarán de cara a la pared.

Los niños van a la escuela y ayudan en los trabajos de la casa y el campo. Cuando tienen edad de casarse, según una costumbre ancestral, se fugan de su casa. Después su matrimonio será ratificado por la Iglesia y se establece una reconciliación con los padres.

Los aymarás son católicos, pero sus antiguas divinidades y cultos sobreviven todavía. Se consideran de origen divino, y creen que fueron creados por el dios supremo Viracocha, al igual que el sol, que surgió del lago Titicaca. Al ser un pueblo sumamente pragmático no le ha costado adaptarse al catolicismo, que combinan con sus propias tradiciones, así, identifican, por ejemplo, a la Virgen María con Pachamama (la Madre Tierra).

Todos los hechos de la vida se relacionan con la naturaleza. Una mujer embarazada no debe manejar lana para no tener un hijo peludo. Está prohibido tejer antes del parto, ya que es estambre se relaciona con un cordón umbilical retorcido. Toda trasgresión en el flujo de los acontecimientos se considera portadora de desgracia. Por ejemplo relacionan los abortos con las granizadas, y si se produce uno, se harán ofrendas para que la granizada no llegue y se enterrara el feto en una zona alta para que no se produzca un desorden en la naturaleza.

La fiesta más importante del año es el día del Santo Patrón, ya que la prosperidad del año dependerá de la misa de ese día. Para la ocasión no escatiman en gastos, decoraciones, ensayos, comida, bebido y coca.

Los cabezas de familia de la comunidad se reúnen todas las mañanas para tratar los asuntos del poblado. La posición social de los hombres depende de su éxito dentro y fuera de la comunidad, de su capacidad de dar fiestas, asi como de relacionarse con personas influyentes y de su carisma.

LOS QUECHUA
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Ubicación: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile Población: 5 millones, aprox. Lengua: Quechua

Los quechuas son descendientes de los incas precolombinos, conquistados por Francisco Pizarro. Su lengua, es la más extendida de América. Su cultura festiva tiene muchas celebraciones con reminiscencias incas.
Los pueblos quechua habitaron, en su origen, las montañas meridionales de Perú, hoy en día, sus poblados se extienden desde la frontera con Colombia hasta el centro de Perú. Fueron el principal componente del imperio inca, y su lengua es hoy la más extendida de las lenguas indígenas de América, y es reconocida como lengua oficial en Perú.

Los quechua elaboraron una importante cultura antes de la llegada de los conquistadores españoles, que luego se enriqueció con la influencia del imperio Inca del que fueron descendientes y vasallos.

Son buenos agricultores (sobre todo de patata) y utilizan las llamas como animal de carga y comercio. Sus casas, de adobe, agrupadas en medio de los campos, tienen el techo de paja o hierba. En cuanto a su vestimenta, las mujeres suelen cubrirse con chales y grandes faldas en capas superpuestas. Tampoco es extraño verlas ataviadas con sombreros. Los hombres llevan calzones hasta la rodilla y ponchos que caen bajo la cintura, y se cubre la cabeza con chullus con orejeras.

Biológicamente tienen una gran capacidad torácica, característica de la altura a la que viven, y son de complexión robusta.

Han permanecido fieles a sus tradiciones, leyendas y cuentos populares. Conservan gran parte de su religión, a veces oculta bajo el catolicismo, como sus ritos agrícolas y sus juegos primitivos.

Es gente poco efusiva, excepto en sus reuniones y fiestas comunales, a las que dan gran importancia. Los días de fiesta y las ceremonias están relacionados con las estaciones del año y la vida familiar del poblado. Los espíritus de la mitología quechua están representados por los animales y por la naturaleza (ríos y lagos). El folklore se ha mantenido intacto en algunos lugares, en los que se pueden observar todavía sacrificios animales.

Durante la cosecha del maíz, estas gentes cantan y bailan alrededor de las hogueras, e incluso lo hacen en hileras por las calles acompañados de músicos que tocan sus flautas y pequeñas guitarras. Son un pueblo eminentemente festivo.

Una vez al año, cuando llega el invierno (en junio), los quechuas temen que el sol se haya alejado demasiado y peregrinan al glaciar Iolljepunco (Colloriiti), a 5.000 mt. de altitud. De allí bajan agujas y trozos de hielo que guardarán para purificar todo un año. En lo alto del glaciar rezan y después vuelven bailando a la llanura. También, en Cuzco, se celebran fastuosas fiestas que reviven la época incaica, como el festival del Inti Raymi.

Igualmente se ha conservado la tradición de los cuentos orales, relacionados con la vida cotidiana, reyes y seres mágicos. Suelen tener, estas narraciones, un carácter moral y supersticioso, del que siempre se concluye una moraleja, y sirven en la educación de los niños.

A veces, en los Andes, se producen disputas por las fronteras de los campos cultivables entre los distintos grupos o ayllus. La disputa puede intensificarse y las comunidades luchan alineadas con palos y piedras, lo que produce heridos e incluso muertes. En la cultura quechua la muerte ha de ser vengada, y ello conlleva que se produzcan nuevos derramamientos de sangre.

LOS OTAVALOS
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Ubicación: Ecuador Población: 34.000 (1993) Lengua: Quechua

Los otavalos mantienen muchas de sus tradicionas ancestrales, entre ellas la confección artesanal de tejidos. Los otavalos de la ciudad han creado empresas y subsisten del comercio textil. Los otavalos se hallan localizados sobre todo en la región de Imbabura (Ecuador), y viven a una altitud de unos 2.500 a 3.500 mts., lo que implica un clima más frío de lo habitual en el clima ecuatoriano. Esto es la razón principal por la que siempre se les encuentra envueltos en sus características ropas de lana.

Encima de una blusa de algodón y unas amplios pantalones hasta la media pierna, los hombres, llevan un pesado poncho de lana azul oscuro, un sombrero de fieltro de ala ancha sobre su peinada trenza y sandalias de tela con suela de cuerda. Las mujeres, usan un chal anudado a la frente sobre una blusa blanca bordada. Visten dos faldas de lana superpuestas, enrolladas a la cintura y sujetas con cintos hechos a mano. También se peinan en una sola trenza, que cubren con una mantilla.

Los otavalos cultivan maíz, frijoles, patatas, pimientos... en sus parcelas y huertos. Estas propiedades suelen ser muy pequeñas, ya que, por tradición, la tierra heredada es dividida equitativamente entre todos los hijos. Sólo en las laderas altas, fuera de la ciudad, subsisten de sus propias cosechas de cebada, trigo y quinoa.

En las ciudades, muchas familias crían cerdos y aves, que llevan al mercado los sábados; otros trabajan como peones o en la ganadería, pero la forma tradicional de elevar los ingresos familiares en la confección de tejidos, de los cuales son grandes fabricantes y vendedores, a la vez que han logrado adaptar sus habilidades tradicionales a la economía moderna, extendiendo cada vez más su comercio. Las familias que no se trasladan a las ciudades para trabajar en la industria textil, hacen en casa cestos, sombreros, esterillas, cuerdas, etc. Los otavalos comerciantes han realizado grandes avances económicos a partir de los años cincuenta, labrándose un lugar en el mercado internacional.

Salvo las comunidades de la ciudad de Otavalo, las casas no poseen electricidad ni agua, la cual se trae de los arroyos y se almacena en pozos compartidos por varias familias. Las viviendas son de adobe, con tejados empinados, y aberturas en las paredes para que salga el humo. Contienen poco mobiliario y un armazón de madera con esterillas de junco para dormir.

En estas zonas, no tan privilegiadas como la ciudad, toda la familia se ocupa de las actividades relacionadas con el tejido. Los niños se encargan de las tareas más fáciles (como devanar los carretes de hilo), los hombres se ocupan de instalar los telares, y de las tareas de lavado y teñido, mientras que las mujeres, tras las labores domésticas, retiran con los niños las hierbas mezcladas con la lana, y se dedican al hilado y cardado. Todo ello, para tener listas las prendas para el momento culminante de la semana: el sábado, el día en que todos los otavalos del país se concentran en la ciudad, en autobús o a pie, para vender y comprar, reunirse con los amigos y beber guarapo.

Sus territorios fueron invadidos por los incas en el siglo XV, haciendo que asimilaran su cultura durante los 50 años que precedieron la llegada de los españoles, hasta tal punto que se consideran sus descendientes. Tal afirmación, de dudosa veracidad, se apoya en ritos y costumbres incaicas que permanecen hasta nuestros días en este pueblo, pero en realidad, no se sabe de dónde provienen. Los otavalos ya fabricaban tejidos antes de la llegada de los españoles, pero a finales del siglo XVI comenzarían a ser sometidos a trabajos forzados, como atestiguan documentos de la época. Esto, aunque paradójico, les supuso un mejor futuro, ya que eran los únicos especialistas en tejidos, y aseguró una tradición que dio sus frutos.

Todos los años, en la Fiesta de los Corazas, se revive durante tres días, la cultura incaica, en un elaborado espectáculo. Asimismo, en verano, tiene lugar el acontecimiento social del año, la fiesta de San Juan, que coincide con el Intiraimi (fiesta inca del solsticio de verano), y se desarrolla a lo largo de dos semanas en las cuales cesa toda actividad.

Este pueblo excepcional conserva su lengua, su forma de vestir tradicional y otras muchas costumbres. A pesar de adaptarse a los tiempos, ha logrado conservar su identidad india, y por ello se les conoce como los indios aristócratas.

LOS DIAGUITA
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Ubicación: Chile y Argentina Población: 7000 aprox. en Argentina Lengua: kakán (derivado del aimara)

El pueblo diaguita se halla hoy en día mestizado con los calchaquíes. Aunque su cultura tradicional propia ha desaparecido, tenemos algunos datos de sus tradiciones.
La cultura Diaguita fue la más compleja y numerosa de las poblaciones aborígenes. Aproximadamente unos 200.000 indígenas conformaban este pueblo a la llegada de los españoles. Se dedicaban a la agricultura, tenían canales para regar sus cosechas de maíz, zapallo y porotos. Adoraban al Sol, el trueno y el relámpago. Tenían jefaturas similares a los cacicazgos y su familias eran monogámicas.

El pueblo diaguita vivía de la agricultura, y mantenían un buen sistema de irrigación que les permitía el cultivo de maíz, papa, frijoles, etc. También criaban algunos animales, como vicuñas, alpacas y llamas, que les suministraba lana, carne y un medio de transporte. Los productos marinos los obtenían mediante el comercio con los Changos de la costa. A la llegada de los españoles se calcula su población en unos 200.000 indígenas.

Fueron pueblos sedentarios bien constituidos. Vivían en aldeas cuyas chozas estaban elaboradas de un armazón de palos cubiertas por ramas y vegetales. Poseían almacenes donde guardaban las semillas y alimento para las épocas de poca abundancia. El jefe asignaba las tierras comunitarias a cada familia, siendo éste el hombre de mayor edad de cada grupo familiar. Practicaban la monogamia y entre sus cultos religiosos destaca la adoración al Sol, el trueno y el relámpago.

Como entidad étnica y cultural, es mundialmente conocida por la riqueza de su alfarería funeraria desarrollada durante el período Precolombino, logrando combinar de alguna manera, en forma armónica sus logros artesanales con los del pueblo inca invasor. Estas piezas cerámicas se utilizaron para guardar cuerpos, que se cree eran de niños sacrificados.

Su creatividad artística se aprecia en las figuras "jarros-pato" , que además de ser funcionales, complementan conceptos ornamentales. Sus tejidos suelen tener motivos geométricos, y estilizaciones de animales.

El pueblo diaguita se resistió a la conquista española ferozmente, pero fueron derrotados y no tardaron en extinguir su identidad étnica y cultural, obligados por los españoles al mestizaje.

Hoy en día, asentados en grupos diaguita-calchaquíes, viven o bien dispersos o bien en comunidades organizadas como la de Quilmes, Amaicha del Valle y el pequeño grupo Los Llampas. En la actualidad se organizan para luchar por sus derechos y trabajan arduamente para conservar su identidad.

LOS CHIPAYA
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Ubicación: Bolivia Población: 1.000 aprox. Lengua: Uru-chipaya

Los chipayas se caracterizan por su forma de cazar con boleadoras, su vestimenta y sus poblados, con casas cónicas. Según sus mitos podrían ser descendientes del pueblo chullpa.
Los chipayas viven en una recóndita y árida región de la provincia de Carangas. Su asentamiento más importante se halla en Santa Ana de Chipaya.

Este pueblo vive de la agricultura, ganadería y también se dedican a la caza de aves acuáticas en las lagunas saladas que rodean el poblado. Para ello utilizan trampas o su destreza con el uso de las bolas. Cazan en grupo, siguiendo el curso de algún canal poco profundo, hasta situarse a unos 300 mt. de las presas. Uno o dos de ellos acosan a los pájaros, enviándolo directamente hacia los demás, que lanzan sus boleadoras cuando pasan exactamente sobre sus cabezas, cobrándose las piezas aturdidas por los golpes de las bolas de plomo.

Son vecinos de los aymarás, pero su aspecto es diferente. Sus caras son más anchas y su piel más oscura. Visten pantalones de lana, una túnica sin mangas de lana de llama y oveja y un cinturón o cordón del que cuelgan sus boleadoras, llaves y otros pequeños objetos. También se cubren con un sombrero de ala ancha confeccionado en fieltro. Aunque tradicionalmente no usaban calzado, en la actualidad están muy difundidas las sandalias de caucho de ruedas viejas de coches. Por la noche y al amaneces se hace indispensable el poncho de lana de llama. Las mujeres se caracterizan por pasar horas peinando su cabello en diminutas trenzas.

Sus vecinos se refieren a los chipayas como los chullpa (“los que se arrastran fuera de las tumbas”), lo cual no es inexacto, ya que se han encontrado muchas características que les relaciona con los restos de la tribu enterrada en las antiguas tumbas chullpa (Carangas). Incluso los cabellos encontrados en las tumbas está dispuesto como el de las actuales mujeres chipaya.

Sus mitos les colocan como supervivientes del pueblo chullpa, que fue exterminado por el sol.. Los ritos de este pueblo son predominantemente paganos. Su divinidad principal es Pachamama (la Madre Tierra). Entre su mitología aparecen espíritus que habitan en las colinas, montañas y ríos. Suelen ofrecer sacrificios, de ovejas y llamas, y en estas ocasiones es cuando comen carne. El resto del año se alimentan principalmente de la quinoa que cultivan.

Las casas chipayas son totalmente diferentes a las de otros pueblos andinos. Son circulares y construidas de tierra y césped., con tejadoes en forma de cúpula cubiertos de hierba. Sitúan la puerta de la estancia orientada de forma opuesta al viento, para evitar las dunas. Para este pueblo no es fácil conseguir madera, se desplazan incluso a 30 km. para poder usarla en sus puertas y como soporte para los tejados. En cambio, usan como combustible la yareta, variedad del perejil.

En el lugar donde construyen sus casas, sacrifican un animal y esparcen su sangre por las paredes y tejado, también colocan un gato andino disecado para que los espíritus benignos protejan a sus habitantes. Al igual que otros grupos andinos mastican coca para combatir los efectos del frío y las alturas. La llevan en pequeños saquitos de lana, y también utilizan estas hojas para adivinar el futuro.

Es posible que las características propias de los chipayas, como sus casas y lenguaje tuvieran su origen en la cultura colla, que dominaba el valle mil años atrás. Su idioma está emparentado con el puquina, antigua lengua colla, hablada también por los uru, hoy extinguidos.

SHALOM