Padre Quevedo - solo milagros catolicos son reales...

El jesuita Óscar González Quevedo es una importante referencia dentro de la parapsicología. A través del Centro Latino Americano de Parapsicología (CLAP), situado en São Paulo (Brasil), este religioso ha conseguido acercar a la Iglesia católica esta disciplina. MÁS ALLÁ ha hablado con él.

El jesuita Óscar González Quevedo es una importante referencia en la historia de la parapsicología mundial. Siguiendo la tradición de otros religiosos de esta congregación, como Athanasius Kircher o José María Heredia, Quevedo ha logrado crear una corriente de pensamiento que arrastra a varias generaciones de investigadores de lo insólito. Sobre todo, gracias a los acalorados debates que mantiene con espiritistas y santeros, a los que tacha de impostores y a los que reta a que demuestren su poder delante de él a cambio de 10.000 dólares. Actualmente dirige el Centro Latino-Americano de Parapsicología (CLAP) en São Paulo (Brasil). MÁS ALLÁ ha tenido la oportunidad de hablar con este religioso sobre su azarosa vida y sobre parapsicología.

Padre Quevedo - solo milagros catolicos son reales...

En primera persona


Su historia personal se confunde con la de España, su tierra natal, a través de la figura de su padre.
En 1930, cuando yo nací, mi padre era diputado. Entonces vino la Guerra Civil española y los comunistas mataron a 17.000 sacerdotes. Como mi padre siempre había defendido el catolicismo lo encarcelaron. Mi madre y yo huimos a Gibraltar y luego nos trasladamos a Tánger. Allí fue donde recibimos la noticia de que habían matado a mi padre. Murió gritando: “¡Viva Cristo Rey!”, por lo que fue beatificado por
Juan Pablo II.

¿Cómo se inició en la parapsicología?
En esa misma época un hermano de mi madre que era espiritista y jefe de un importante grupo en Tánger me inició en el mundo esotérico. Después de la guerra volvimos a España, donde realicé mis estudios universitarios, y me especialicé en parapsicología. Tuve un gran maestro en esta disciplina, el jesuita Fernando María Palmés, que había escrito un importante libro, Metapsíquica y espiritismo. Él fue quien me orientó, así como la obra del jesuita José María Heredia, un peculiar religioso mexicano que trataba de desenmascarar a los falsos mediums de principios de siglo de su país y de Estados Unidos desafiándolos públicamente. Este escribió el libro titulado La vida de un reportero en los tiempos de Cristo, una novela prácticamente desconocida pero que sirvió como fuente de inspiración a numerosos autores.

Después de estudiar Filosofía, Psicología y Teología en España, se marchó a Brasil en 1959.
Brasil apareció en mi vida gracias al padre Vicente González Cutre, que era rector en la Universidad de Comillas. Él estaba en Brasil como provincial y un día me llamó y me dijo: “Es para mayor gloria de Dios que usted vaya para Brasil”. Dicho y hecho, recalé en São Leopoldo, en el estado de Río Grande do Sul, donde concluí mi doctorado en Teología dogmática en la Universidad de Teología de esta ciudad. Me ordené el 8 de diciembre de 1961. Y a finales de ese mismo año ofrecí mi primera conferencia sobre parapsicología ante el cardenal Bettencourt.

¿Milagros o engaños?


Siempre ha sentido un especial interés por los milagros de la Iglesia católica. Incluso ha llegado a definir algunos de ellos como auténticos fenómenos paranormales.
Aunque existen muchos milagros, yo solo reafirmo la veracidad de aquellos que han sido reconocidos por el catolicismo. Por ejemplo, los más de 2.000 cuerpos incorruptos registrados en esta doctrina. Yo siempre lanzo un reto y ofrezco 10.000 dólares a cualquiera que me presente un cadáver incorrupto que no sea católico. Hoy existen 56.000 religiones y no creo que Dios haya revelado tantos cultos. Benedicto XIV dijo en el Concilio Vaticano II que “el milagro es el único criterio suficiente y necesario de la revelación”.

En los años setenta usted estudió in situ el presunto prodigio de la multiplicación de arroz que tuvo lugar en la localidad de Olivenza (Badajoz).
Fue en la Institución Benéfica San José. La historia cuenta que había dos ollas: una grande y otra pequeña. De esta última brotaba milagrosamente el arroz, que luego se pasaba a la otra. Pero lo más curioso de todo es que el arroz que se quedaba abajo no se quemaba aunque estuviera allí largo rato. Gracias a este prodigio se pudo alimentar a todos los pobres que llegaron aquel día. Fue un milagro, como cuando Cristo multiplicó panes para 5.000 personas o como cuando San Juan Bosco
multiplicó alimentos.

¿Qué piensa acerca de las famosas caras de Bélmez?
Yo he estado en Bélmez. Todo fue una farsa, un truco. Las famosas caras se realizaron utilizando elementos químicos que se hacen visibles con la acción de la luz. Había mucho dinero de por medi o. En un programa de radio desafié a Germán de Argumosa a descubrir la verdad. Logramos investigar este caso gracias a nuestro colaborador Francisco Gavilán.


FUENTE

4 comentarios - Padre Quevedo - solo milagros catolicos son reales...

@loco72 -1
yo le daria una pala y lo mandaria a trabajar...
@FDrico
Los protestantes dicen lo mismo sobre los milagros protestantes.. los musulmanes, los judios...



Los antiguos griegos y sus oráculos, los que creían en Mitra..
@enriquezm
jajajjajajaj Dios obra milagros , en lo servidores genuinos o sinceros en su relacion con Dios sean catolicos, cristianos, judios etc etc Dios es Dios de todos no nada mas de unos y Dios ama a todos.