Japoneses en Argentina y nikkei argentinos en Japón
Japoneses en Argentina y nikkei argentinos en Japón: El rol de la identidad nacional y étnica ene l proceso de integración de los nikkei argentinos en Okinawa.Introducción
Takashi Maeyama, en su estudio acerca del proceso de aculturación y de los japoneses en Brasil, ha señalado que al contrario de lo que el modelo de aculturación sostiene es decir la pérdida y disolución de la propia identidad cultural y nacional, - en el caso de los japoneses en el Brasil de antes de la Segunda Guerra Mundial, se produjo la toma de conciencia y hasta el fortalecimiento de la misma. No obstante, el mismo autor señala también que no por ello se debe descartar totalmente el modelo, dado que en aspectos como la estrategia para el ascenso social, se puede observar la transformación de los patrones de conducta y la adopción de valores nuevos, propios de la sociedad receptora.
El estudio de Maeyama nos muestra una perspectiva diferente desde donde observar el proceso de integración de la inmigración japonesa a Latinoamérica, frente a las tradicionales propuestas teóricas surgidas por ejemplo en los Estados Unidos, y marcando de este modo las claras diferencias de las sociedades receptoras.
Por otra parte también la nacionalidad, identidad surgida de una “comunidad imaginada”, en términos de Benedict Anderson, es expresada a través de patrones de conducta y recreada a través de símbolos compartidos entre inmigrantes temporarios latinoamericanos en Japón. Cada grupo, según su nacionalidad, recrea su identidad a través de símbolos propios y adopta estrategias particulares en cuyo trasfondo se pueden ver las historias vividas en cada país de origen.
En esta comunicación se presenta el caso de dos comunidades unidas por lazos biológicos y culturales pero pertenecientes a comunidades nacionales diferentes y en particular cómo se expresa esa diferencia nacional. Para ello, en la primera parte, a partir de lo señalado por Maeyama para el caso de los japoneses en Brasil, se planteará el caso de los japoneses en Argentina y en una segunda parte, se observará a través de los casos recogidos en la prefectura de Okinawa, la experiencia vivida por quienes han decidido regresar o la de los argentinos descendientes de inmigrantes que decidieron probar suerte allá. Se tomó en cuenta en particular: (1) en qué época han viajado; (2) el motivo argumentado; (3) qué expectativas tenían antes de viajar; (4) con qué se encontraron; (5) qué tipo de trabajo realizaron; (6) qué imagen guardan de la Argentina; (7) hasta qué punto han conseguido insertarse en la sociedad japonesa.
Finalmente, a modo de conclusión se marcan los puntos en común, las diferencias observadas entre la identidad étnica y nacional a través de los símbolos utilizados y conductas adoptadas que la expresan tanto en el caso de los inmigrantes como en el de sus descendientes; y por último los futuros pasos a seguir en este trabajo de investigación.
(1) Principales características de la comunidad nikkei de Argentina.
1. Introducción
La inmigración japonesa en la Argentina tiene características propias, adquiridas por las distintas circunstancias históricas que la fueron modelando. En lo que todos los investigadores coinciden es en su carácter eminentemente libre e indirecta. Pero en lo que los mismos investigadores no coinciden es precisamente en las implicancias de esas dos características.
Desde el punto de vista del país emisor, a nivel oficial se percibe cierto prejuicio al trata el caso de los inmigrantes libres, porque al no haber pasado por el tamiz oficial, no se puede “garantizar la calidad” de esa inmigración y se da por descontado que se trata de aquellos que por supuestas vías “normales” no podrían haber emigrado.
También en el marco más amplio de la comunidad emisora se puede percibir una predominante imagen negativa, cuyo origen se encuentra en parte también en los mismo ámbitos oficiales, dominados por cierto sentimiento de culpa respecto de la inmigración de antes de la guerra, promovida por esos mismos funcionarios. Así es que en la posguerra y para “blanquear” esa imagen, en momentos en que urgía dar una rápida solución a los problemas originados por los grandes contingentes de japoneses que retornaban repatriados de las antiguas colonias o territorios ocupados durante la guerra, utilizaron por ejemplo el recurso de desterrar viejas denominaciones y crear nuevas, para las mismas viejas prácticas, quizás con el ánimo de que no fueran reconocidas.
La segunda característica de la inmigración japonesa en la Argentina es su carácter “indirecto”, es decir que no se trató de una corriente que se dirigiera expresamente a este destino sino que se conformó de personas quienes, al no hallar las mejores condiciones – o incluso ni siquiera las prometidas – decidieron cambiar de destino y se trasladaron a este país.
Esta circunstancia reforzó la visión oficial, contra este grupo, agregando a lo anterior la imagen de “ilegales”, es decir que se trataba de aquellos que habían huido de sus responsabilidades, que habían faltado al compromiso contraído al firmar el contrato laboral, etc.
Por esas dos características mencionadas es que la comunidad en sí fue forjando a los ojos oficiales un particular carácter independiente y de hasta quizás “excesiva” iniciativa.
Al estudiar la historia de esta inmigración a través de relatos, documentos, artículos y otros materiales dejados por sus propios protagonistas, resulta una imagen completamente diferente de la versión oficial.
Por tratarse de una inmigración libre, se descubre el peso que tuvo la decisión individual al elegir este destino; cómo redes informales de información se fueron tejiendo a partir de los primeros que se aventuraron a trasladarse y establecerse y que poseían la preparación intelectual necesaria, o en todo caso la capacidad para adquirirla por propia iniciativa. En este sentido, la inmigración japonesa en Argentina revela que, más que políticas impuestas desde arriba, fue la suma de miles de iniciativas individuales las que dieron origen a una comunidad que en la actualidad se estima está compuesta por alrededor de 49.000 personas.
En este marco, el mismo carácter “indirecto” refuerza nuestra hipótesis del tipo de inmigrante que conformó esta corriente, no dispuesto a aceptar sumisamente la situación en que las compañías migratorias, reconocidas por las autoridades, los habían colocado y buscaron por sus propios medios un mejor destino.
Por todo lo observado anteriormente, podría caerse en el error de pensar que entonces, en estas circunstancias ellos se sintieran defraudados de su propio origen. Sin embargo, no fue así, ni para el caso de los inmigrantes de antes de la guerra y aunque parezca sorprendente, de los de posguerra mucho menos. Se destaca este aspecto porque al observar la composición del segundo grupo, entre ellos encontramos casos que tras regresar de ex territorios coloniales, fueron enviados a través de programas de emigración oficiales a destinos como por ejemplo la República Dominicana, adjudicándoles tierras absolutamente incultivables y luego ante sus protestas fueron derivados a Paraguay, en condiciones tampoco satisfactorias y finalmente decidieron por su propia voluntad probar suerte en Argentina.
En ninguno de los casos se ha observado un renunciamiento a su identidad nacional y menos cultural, pero quizás lo que exteriorizaban era algo más próximo a un orgullo étnico, colocándose por sobre algunos sectores de la comunidad local.
En segundo término debemos señalar qué tipo de comunidad formaron y las características del grupo conformado por sus descendientes. Aquí es posible distinguir claramente varios sub grupos, aunque en cierto sentido complementarios. La principal diferenciación se da según la región de origen – se distinguen dos grupos principales, los oriundos de Okinawa y los de las islas principales del archipiélago japonés, (dentro de este último grupo se destaca principalmente el de los de la prefectura de Kagoshima)- ; luego se distinguen aquellos arribados por el puerto e Buenos Aires y aquellos ingresados por la frontera terrestre, vía Perú, Chile o Brasil; por clases sociales: aquellos comerciantes o agricultores con formación técnica y/o educación media, de aquellos con educación básica o que venían con el objeto de trabajar como peones de fábrica o en el campo.
Con respecto a los que decidieron retornar a Japón, debemos señalar dos grandes grupos: aquellos que lo hicieron para re establecerse definitivamente y aquellos inmigrantes temporarios. Si bien no hay estadísticas precisas, se podría afirmar que entre los emigrantes a Argentina en la posguerra – precisamente aquellos que lo habían hecho con una más clara idea de radicarse en el exterior, son más los casos de retorno definitivo. En cambio, en el caso de aquellos descendientes de japoneses emigrantes de antes de la guerra (en su mayoría trabajadores temporarios), conservan esa misma característica. Lo paradójico es que al igual que sus padres o abuelos su estadía se ha prolongado significativamente, al punto de ser difícil calificarla como de “temporaria”.
A diferencia del caso de los nikkei de otros países, no se registraron casos de residentes ilegales o con documentación falsa, lo cual podría atribuirse a que entre la población argentina que escoge probar suerte en el exterior, lo hace en el país de su ascendencia y por ello un fenómeno similar al vivido en Japón, lo experimentan otros argentinos en España o Italia.
Respecto del japonés que retorna y del residente temporario nikkei se debe mencionar un factor más que afecta en alguna medida su distribución geográfica en el territorio japonés: en el caso de la comunidad japonesa en Argentina, al igual que en la del Perú, la presencia de un alto porcentaje de okinawenses. Por tratarse de una prefectura que tiene una historia particular y por ende ha desarrollado una cultura con características propias, su población ha desarrollado un fuerte sentido de la identidad local. A ello se debe sumar la también particular valoración que de los lazos sanguíneos hace esta comunidad, mucho más fuerte que en el caso de otras prefecturas del Japón. Los lazos familiares, la continuidad del linaje en una casa – sin importar su status- vinculado también al culto de los ancestros y la preservación del patrimonio, son prácticas altamente valoradas y ello constituye una causa más del retorno. Sin embargo, dado que su mercado laboral es muy reducido, con bajos salarios, es poco atractivo para los que han migrado por motivos económicos.
2.Símbolos de identidad étnica y nacional de los japoneses en Argentina.
Maeyana ha observado que la identidad nacional recién cobra importancia para el emigrante cuando sale de su país y comienza a vivir en una sociedad junto con otros grupos de diferente origen, se vuelve consciente. Este tipo de identidad nacional se manifiesta naturalmente a través de símbolos transmitidos por la educación formal.
En este sentido es convincente el planteo que hace el mismo autor, de que en el caso de los emigrantes de principios de siglo, de origen campesino, seguramente en sus aldeas nunca habían tenido contacto con un extranjero y por ello nunca habían tenido la necesidad de pensar en su identidad “nacional”- Pero al llegar al Brasil, por ejemplo, fue normal que los llamaran “japoneses”, sintieran orgullo por ello y buscaran expresarlo en particulares formas de conducta y símbolos. Esos símbolos probablemente también, aliviaron las tensiones propias del proceso de inserción en la nueva sociedad receptora. Es necesario tener en cuenta este aspecto, para no malentender ciertas conductas, como meras expresiones “nacionalistas”, porque tienen un contenido mucho más profundo.
Un punto más que se debe destacar del estudio de Maeyama es el tema del replanteo de la identidad al que obligó la Segunda Guerra Mundial, que de todos modos tampoco significó el abandono de su identidad cultural. Antes de la guerra, ellos eran japoneses fuera de Japón. Después de la guerra pasaron a ser japoneses en Brasil. Una de sus manifestaciones fue la proliferación de nuevas religiones en la comunidad, religiones que se caracterizan por elevar los valores culturales japoneses. El mismo autor agrega que en la comunidad de pre guerra, la religión no ocupaba un lugar significativo, para los inmigrantes todos los asuntos relativos al culto religioso habían sido confiados a los familiares que quedaban en Japón. En el caso de los emigrantes de posguerra, la intención de radicarse en el exterior se hizo explícita, de modo que debían también cubrir ese aspecto. Pero en el fondo, también para quienes se habían radicado antes constituyó ésta una vía apropiada para la preservación de su identidad nacional que no generaba fricciones con la sociedad receptora. Es muy interesante el ejemplo que nos presenta sobre la difusión de la iglesia Seicho no Ie .
En el caso de los inmigrantes japoneses en Argentina, fue importante el hecho de que no se tratara de una inmigración bajo contrato, sino libre en un comienzo y por llamado luego. Ninguno de los dos gobiernos la promovió en forma activa antes de la guerra y cuando por fin se firmó el primer tratado de migración, Japón ingresa en la etapa de su rápido crecimiento económico, de modo que a partir de su puesta en vigencia sólo durante alrededor de 15 años se producirán llegadas de inmigrantes, pero ésta irá decreciendo hasta paralizarse para la década de los 70.
Durante la guerra en Argentina no se vivieron episodios tan dramáticos como los ocurridos en Perú o Brasil. Este hecho determinó que la comunidad japonesa no se viera obligada a tomar decisiones drásticas respecto de su identidad nacional japonesa. Salvo para el caso de los profesionales o aquellos que por alguna circunstancia particular, entraban al servicio público y debían naturalizase (los cuales se puede estimar que fueron una minoría), el resto podía dedicarse perfectamente a actividades productivas e incluso tener propiedades inmuebles, sin la necesidad de convertirse en ciudadanos argentinos. El hecho de que sus hijos también, - y de acuerdo a las reglamentaciones consulares- podían ser registrados como japoneses, creó un sector de segunda generación que pudo conservar indefinidamente la doble nacionalidad.
Si tuviéramos que marcar una fecha clave y un evento que provocara el replanteo de la identidad de los japoneses en Argentina éste puede haber sido la visita de los entonces príncipes herederos del Japón en 1967. En el discurso pronunciado por el príncipe Akihito ante los miembros de la comunidad congregados en la localidad de Burzaco en la provincia de Buenos Aires, en el campo de deportes de la Asociación Japonesa en la Argentina. Según testimonios de los presentes en ellos quedó grabada la frase en la que se los instaba a “ser buenos argentinos”. Esto significaba dejar de ser japoneses de paso, para convertirse en inmigrantes.
La figura del emperador es uno de los símbolos de la identidad de los japoneses en ultramar, al igual que su bandera y su lengua. En el caso de la Argentina, por temor a generar reacciones anti japonesas siempre se manifestaron discretamente. El incidente producido por la confusión generada con motivo de la celebración del natalicio del emperador Meiji en la planta azucarera Ledesma en 1910, la cual fue confundida con un paro obrero fue uno de los pocos episodios producidos en los primeros años de vida de la comunidad. Así incluso en los primeros comercios administrados no se observó por ejemplo el empleo de caracteres chinos en sus carteles. El principal motivo es que desde un comienzo no se trató de un comercio destinado a satisfacer las necesidades de la comunidad, sino que apuntaba a la sociedad receptora en general.
Quizás una de las pocas manifestaciones –símbolos de su identidad – sea su dieta y el consumo de platos típicos, que ha perdurado por más tiempo. En particular se observa en el consumo de arroz blanco, principal cereal de la dieta japonesa, que se consume paralelamente al del pan de trigo y en el caso de los okinawenses, e incluye el de verduras tradicionales (nigauri –variedad de pepino amargo-, hechima, -especie de zapallito- etc.)
(2) Nikkei argentinos en la prefectura de Okinawa.
1. Introducción
Antes de entrar en la parte principal de esta comunicación, es necesario señalar las razones de haber escogido a este grupo y sus principales características.
Uno de los motivos por el que se inició este estudio fue el tratar de determinar la cantidad de nikkei argentinos residentes en Okinawa. El gobierno japonés lleva estadísticas precisas del número de residentes extranjeros pero en el caso de los de origen japonés, dado que el criterio de nacionalidad que rige a ambos es diferente, ello determina la presencia de japoneses con muchos años de residencia en Argentina y que nunca se naturalizaron; hijos de japoneses con doble nacionalidad o incluso naturalizados japoneses, los cuales obviamente no son registrados separadamente de la población general y por lo cual es casi imposible identificarlos. El hecho de que Okinawa constituye una prefectura insular bastante alejada geográficamente de las islas mayores del archipiélago japonés y cuya población se concentra principalmente en la isla principal del mismo nombre (Okinawa), nos hizo pensar que podría ser factible efectuar esa medición. De las fuentes publicadas sabemos que al momento de realizar este trabajo residían en la prefectura 85 argentinos. Por otra parte según la lista elaborada por algunos miembros de la comunidad de argentinos, agrupados en la Asociación Argentina de Okinawa se incluían en ella alrededor de 180 nombres, entre individuos jefes de hogares y en algunos casos incluso todos sus miembros, aunque el criterio no está explícito. Asimismo, para el caso de los japoneses, no se incluye información acerca de si vivieron en Argentina, si lo hicieron, por cuanto tiempo o si se trata simplemente de familiares de emigrantes.
En base a los datos del mencionado registro y a través de algunos medios de difusión se intentó llevar a cabo un relevamiento el cual no encontró eco en la comunidad, pero que al menos nos permitió recoger los testimonios que presentamos a continuación.
El hecho de no haber contado con una mayor colaboración por parte de la comunidad es muy significativo, confirma una de las características observadas en la comunidad de origen, es decir la predominancia de la iniciativa individual y la tendencia a la no concentración, a tratar por todos los medios de asimilarse.
Cronológicamente, podemos señalar dos grandes grupos de “retorno”: los que llegaron entre mediados de los años 70 y finales de los 80 y aquellos que lo hicieron después de 1990, aprovechando la oportunidad que les brindaba la reforma a la ley de migración japonesa que les permitió obtener un tipo de visa de trabajo.
A su vez, dentro del primer grupo encontramos primeramente aquellos japoneses emigrados en la posguerra, quienes estimaron que Argentina no les brindaría las condiciones para su progreso económico, como en un principio lo habían imaginado y en esos años se encontraron en una situación coyuntural favorable para tomar la decisión de volver. Dentro de este grupo también se incluyen aquellos con hijos menores a los cuales prefirieron darles una educación completamente japonesa.
Un segundo tipo de nikkei que viajó y terminó convirtiéndose en residente fueron los becarios prefecturales, en el período previo e inmediatamente posterior al retorno a jurisdicción japonesa de las islas en 1972. El número de este tipo de casos registra un aumento a mediados de la década de los 80, debido a que las distintas jurisdicciones administrativas dentro de la prefectura, ciudades, municipios y pueblos, ponen en marcha programas de becas similares.
Una segunda etapa puede ser delimitada a partir de 1990, con la mencionada reforma a la ley de migración. Hasta ese momento el ingreso de personas con el fin de trabajar como mano de obra no calificada no estaba permitido, pero a través de visas por estudio o entrenamiento técnico, los extranjeros lograban obtener su acceso al mercado laboral. A partir de 1990 se inició el boom de la afluencia de descendientes de japoneses al mercado de trabajo japonés.
Los nikkei argentinos recurrieron a su origen para acceder al mercado laboral, en esos momentos con una alta demanda de mano de obra no calificada. Aquí encontramos principalmente nikkei de segunda o tercera generación, descendientes de inmigrantes de pre guerra. En mayor medida escogieron como destino los principales centros industriales, por no tener además estrecha relación con sus familiares en Okinawa y más concretamente, porque el mercado laboral de esta prefectura es el menos atractivo. No obstante si encontramos casos dentro de este grupo, el principal factor de atracción es sin duda la afinidad cultural, desde el dialecto, hasta las comidas, la música, el estilo y ritmo de vida -, incluso más fuertes que las relaciones de parentesco en si.
Cabe aclarar, por último, que en todos los casos se trata de nikkei de origen okinawense. Son excepcionales los casos de nikkei argentinos originarios de otras prefecturas japonesas los que deciden radicarse aquí.
3. Símbolos de identidad nacional.
Según los testimonios recogidos se puede establecer que la necesidad de agruparse y frecuentarse es más fuerte durante los primero tiempos de residencia, pero que una vez integrados, al desaparecer la necesidad de apoyo mutuo, se reduce la frecuencia y sólo perduran aquellas asociaciones de ayuda mutua y cooperación económica.
Esta es quizás una de las características más visibles de la comunidad argentina y podría decir que coincide casualmente (o no) con las características de la comunidad de origen, que presenta un patrón de residencia disperso. Esta tendencia se ve favorecida por una mayor flexibilidad para adaptarse a la comunidad local, que podría estar vinculado a su nivel educativo, en general medio – alto, más que a otro factor.
En el caso de la comunidad nikkei peruana, la preservación de símbolos nacionales como la celebración del día de la independencia no se observa entre los nikkei argentinos. Pero poseen en común el consumo de platos tradicionales – costumbre que perdura por mucho más tiempo y en el caso de los argentinos uno de los pocos símbolos visibles, además del empleo del español entre los nikkei de segunda o tercera generación, por ser su lengua materna. La música y otras expresiones artísticas tradicionales tampoco se han constituido símbolos, aunque las peñas folklóricas y salas en donde se reúnen aficionados al tango suelen ser también sus lugares de reunión. Aquí también debe destacarse que además de ser un símbolo de la propia identidad, el tango es visto como un “producto” de consumo de la comunidad receptora y así es presentado y ofrecido.
Esta rápida integración no implica igualmente asimilación. Como se trata de un proceso en general conciente – aprendido, la asimilación no llega a ser completa. Naturalmente se pueden observar diferentes grados. Por ejemplo hemos oído acerca de la existencia de círculos de peruanos en los que sólo se habla español, pero no hemos hallado enclaves argentinos. Podemos afirmar que esto no se vincula a la presencia de miembros no – nikkei, puesto que en todos los casos de argentinos no – nikkei, el esfuerzo por aprender la lengua se da desde un primer momento, logrando un grado de autonomía significativa. En el otro extremo de la escala encontramos a los nikkei que han llegado siendo todavía niños o adolescentes y han adquirido un dominio perfecto del idioma japonés. Pero en estos casos, también depende de la edad y la escolaridad alcanzada en Argentina, la posibilidad de un mayor o menor grado de conservación del español. En el caso de los niños también se mezcla el trauma que implica insertarse en una comunidad con costumbres diferentes y además sensible a las diferencias como en el caso de la sociedad japonesa.
El esfuerzo por tratar de mimetizarse y pasar desapercibido dentro de la sociedad japonesa llega al punto de emplear un nombre de pila japonés y abandonar su nombre original en español, pero por ejemplo la dificultad en la lectura y escritura constituye para los nikkei argentinos no educados en Japón, una barrera difícil de superar.
Menos visible, aunque aparece en forma más clara en los testimonios es el grado en que perduran algunos valores adquiridos en la sociedad argentina, respecto de la familia, el empleo del tiempo libre, la preferencia por una relación interpersonal más directa y sincera, menos diplomática y protocolar. Además perduran las diferencias en la forma de pensar entre japoneses emigrantes de primera generación y la de los de segunda y tercera generación.
a) Los japoneses que volvieron.
MN nació en 1922, ha regresado solo y mantiene en reserva muchos detalles de su vida personal. Lo cierto es que declara que vive tranquilo, con un modesto ingreso que obtiene de algunas horas de trabajo, que le permiten cubrir sus gastos. A pesar de ser japonés, emplea con los argentinos que encuentra un español aporteñado. Extraña Buenos Aires y se refleja en la costumbre de concurrir todos los días desde las cuatro a las seis y media de la tarde a la sucursal de una cadena de comidas rápidas, en una de las esquinas más concurridas de la ciudad de Naha, sentarse, beber un café y mirar a la gente pasar. Nos relata que su esposa era de origen europeo pero que ya falleció. Con ella tuvo un hijo, que está casado y tiene nietos pero que no conoce.
Los misterios en torno a su persona, son llenados por rumores que circulan entre otros miembros de la comunidad argentina sobre un pasado turbio que lo condujeron a refugiarse en su isla natal. Más allá de lo que haya de cierto en todos ellos, no es irrazonable pensar que existe un grupo de gente que ha retornado buscando si no re iniciar, al menos pasar sus últimos años de vida pagando por sus fracasos en la apacible soledad que la estabilidad económica del Japón les puede brindar.
HT se había casado en 1936, pero su esposo partió casi inmediatamente para Argentina y luego por la guerra se vieron forzados a permanecer separados hasta 1951 en que finalmente pudieron reunirse. Durante la guerra había sido enviada a trabajar en Osaka. Ella ya a los 14 años había tenido la experiencia de trabajar durante cuatro años en Kawasaki.
Después de haber pasado muchos años en Argentina, cuando cumplió 61 años visitó Okinawa una vez más por deseo de sus padres (entonces tenían 90 años su padre y 84 su madre). En ese momento, contemplando el pequeño puerto de su isla, desde el bote que la conducía a ella y su esposo, se dio cuenta de la belleza de su pueblo natal y ese hecho los hizo decidir pasar sus últimos años en la isla.
Guarda muy buenos recuerdos de su vida Argentina. Nos cuenta que su esposo lo que más extrañaba era la comida y por eso, de vez en cuando compraba carne y hacía asado. Desde que su esposo falleció hace unos años atrás, una de sus alegrías es hablar español cuando algún visitante argentino pasa por su pequeña tienda. Tiene sobrinos - hijos de sus hermanos en Argentina.
TI emigró a la Argentina en 1962, como parte del proyecto de jóvenes okinawenses a ultramar. Trabajó tres años en una quinta propiedad de otro okinawense radicado, luego se tasladó a la Capital Federal en donde trabajó en diferentes tintorerías y después de diez años consiguió independizarse al adquirir su propio comercio en la localidad de Tres Arroyos, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. En uno de los momentos de mayor convulsión interna, próximos al fin del gobierno de Isabel Perón, se dio por vencido en su lucha por tratar de sobreponerse a la inflación y comenzó a considerar la posibilidad de regresar a Okinawa. En su decisión también pesó el que sus dos hijos ya alcanzaban la edad escolar (7 y 4 años). El futuro de sus hijos, el temor a que adquieran “extrañas costumbres locales”, y a que terminaran por no poderse entender con sus propios hijos, constituyó una razón más para decidir volver a Okinawa.
Después de 24 años de vida y trabajo en Okinawa, consiguió recuperar los años “perdidos” en Argentina y ahora se encuentra al mismo nivel que otros miembros de su generación que optaron por quedarse y no emigrar. No obstante no recuerda con desagrado su experiencia en Argentina y el deseo de ayudar a jóvenes nikkei argentinos lo condujo a trabajar para la reactivación de la Asociación Argentina de Okinawa.
SH había emigrado a Argentina junto con sus padres y su hermano. Perdió a sus padres de muy joven y junto con su hermano decidieron regresar a Japón. En su caso, llegó soltero a los 25 años, con toda la ilusión creada por sus parientes a través de los maravillosos comentarios sobre el Japón y Okinawa. Pero nos cuenta que apenas llegó en julio de 1977, recibió una gran desilusión. Su familia es oriunda de un pueblo en el centro de Okinawa. En aquellos días el interior todavía carecía de pavimento, iluminación, cloacas, recuerda que pudo observar al pasar por una de las casas del pueblo un anciano dándose una ducha con una manguera desnudo en la calle.
En la Argentina había concluido sus estudios secundarios, en un colegio industrial con orientación aeronáutica. Su sueño había sido ser piloto, pero motivos económicos se lo impidieron.
Al mismo tiempo que aprendía el idioma – que desconocía totalmente, pasó por diversos trabajos, incluso viajó a la isla principal de Japón y trabajó en la prefectura de Chiba y en la ciudad de Osaka, en donde un tío suyo tenía una pequeña empresa. Luego regresó a Okinawa y por razones familiares se radicó finalmente aquí. En uno de sus trabajos conoció a su esposa que es enfermera y con la cual tuvo dos hijos. Después de doce años de trabajo compró un terreno y construyó su casa. Conserva una forma de pensar “argentina” respecto de la educación de sus hijos, a quienes les ha transmitido una imagen “ideal” de la Argentina. Uno de sus sueños es llevar a su familia a conocer su “país”.
b) Los nikkei que fueron.
ES nació en Argentina, pero cuando tenía doce años sus padres decidieron regresar a Okinawa. Así es que en 1983, junto a sus tres hermanos hicieron el viaje con grandes expectativas. Al preguntársele por el motivo, señala que la guerra de las Malvinas les hizo a sus padres tomar esa decisión. Toda la familia residía en San Miguel, en el Gran Buenos Aires.
Su hermano mayor había comenzado la universidad, el segundo estaba en tercer año de la secundaria, él estaba en sexto grado y su hermanita terminaba el ciclo preescolar. Inmediatamente, tanto sus padres, como su hermano mayor se emplearon y comenzaron a trabajar para, primeramente pagar las deudas a los familiares de su madre, que les habían prestado el dinero para regresar.
El caso de ES, puede señalarse como de exitoso. Tanto él como su segundo hermano terminaron la universidad y han obtenido un buen empleo. Su hermano trabaja en una empresa de cemento y él en uno de los dos bancos de la prefectura. Todo ello gracias al sacrificio de sus padres y su hermano mayor quien no quiso continuar sus estudios. su hermana en cambio terminó sus estudios en un junior college cristiano y decidió luego emplearse. En su caso, vemos que sigue las pautas más comunes de las jóvenes de la prefectura.
ES domina ambos idiomas porque ha continuado estudiando el español. Esto lo diferencia de su hermana, quien no quiso conservarlo y el motivo era que le causaba vergüenza utilizar la lengua, ni que sus hermanos la emplearan frente a sus amigas. Nos aclara que el mismo superó definitivamente los complejos, recién cuando ingresó a la universidad y conoció a becarios latinoamericanos. Desde entonces se ha dedicado a colaborar en el apoyo de los nikkei que residen en Okinawa.
Aún en este caso, en que no existe ningún problema de integración pues para sus amigos japoneses es uno más, nos cuenta que uno de los problemas que no ha podido superar es el grado de entrega que la empresa japonesa le exige en pro de una supuesta armonía y sentido de grupo. Por ejemplo nos cuenta acerca de la costumbre de ir a beber luego de terminada la jornada de trabajo, con su jefe y sus compañeros, pero nos aclara que no se trata simplemente de tener o no el hábito de hacerlo, sino el poseer la habilidad – los que no poseen ese hábito- que desarrollan los japoneses de poder fingir para cumplir ese requisito de mostrar armonía para con el grupo.
De todos modos nos cuenta también que gracias a una beca que recibió el año pasado pudo estudiar y trabajar en los Estados Unidos durante un año, y conocer un mundo mucho más libre para poder desarrollarse . Ahora está pensando seriamente en dejar su trabajo e ir a estudiar allá.
JG nació en Argentina, es nikkei de segunda generación. Llegó a Okinawa en 1985. Había dejado su trabajo para venir a conocer la tierra de sus padres. Después de haber trabajado en puestos temporarios, conoció a su actual esposa, quien estaba estudiando español. Gracias a su apoyo pudo dedicarse al arte, profesión que había dejado en Argentina. Tuvo la oportunidad de presentarse y ser premiado en uno de los certámenes nacionales más importantes, lo cual le abrió muchas puertas en este mundo y en una de las mejores épocas de la economía japonesa. Sus obras se exhiben no sólo en lugares públicos de Okinawa, sino en Argentina, inclusive en diversos paseos públicos de la ciudad de Buenos Aires.
Al preguntársele si considera un buen lugar para el desarrollo de jóvenes artistas nikkei argentinos, él lo niega, señalando que al igual que en otras actividades, las relaciones jerárquicas verticales existen y son un marco que limita. Además años atrás cuando todavía se vivía la prosperidad y abundancia de dinero, las empresas colaboraban con los artistas a cambio de publicidad, pero la demanda por ese tipo de colaboración ha aumentado mientras que los montos siguen siendo los mismos ( o se han reducido).
Entre las cosas que extraña señala la ciudad de Buenos Aires, los cafés, el caminar por la calle Corrientes, pero también nos dice que notó en su último viaje que eso también ha cambiado y ha empeorado la situación económica, por lo cual no siente deseos de pasar más de un mes en cada viaje.
No obstante, tampoco Okinawa es su lugar definitivo, a pesar de que tiene una esposa e hijos. La posibilidad de viajar le permite descargar un poco de la tensión que genera vivir en un lugar diferente del que se ha nacido y crecido. Expresa que si bien hace diecisiete años que está viviendo en Japón se sigue sintiendo como “de paso”.
AG llegó a Okinawa en 1986 con el objeto de pasar tres meses estudiando sobre la cultura del país de sus padres. Su familia es oriunda del pueblo de Ginoza y en la primera convocatoria a becarios, AG se presentó. Hacía ya seis años que había finalizado sus estudios universitarios en Psicología y había comenzado a trabajar. No obstante si obtenía la beca estaba dispuesta a pedir licencia en su trabajo y pasar los tres meses de estudio ofrecidos conociendo la tierra de la cual sus padres le habían hablado tanto. Aunque entre los postulantes a la beca no había nadie que reuniera mejores condiciones, sorpresivamente fue rechazada. El motivo: ser mujer.
Para las autoridades de Ginoza era la primera vez que ponían en práctica este programa y ya de por sí les resultaba difícil, como para sumar a las complicaciones el hecho de tener que recibir y atender a una becaria mujer.
El inesperado giro constituyó una especie de desafío para ella, quien a pesar del rechazo decidió viajar igual. Pidió a su padre que le diera solamente el pasaje de ida, viajaría con los bcarios seleccionados y luego trabajaría para pagarse el pasaje de vuelta.
Comenzó a hacer trabajos temporarios y estudiar el idioma, primero en una academia dirigida por otra nikkei argentina y luego en la Universidad de las Ryukyus. Permaneció un año y además pudo trabajar para reunir el dinero suficiente para regresar. Pero la experiencia le permitió conocer las posibilidades que brindaba el trabajar en Japón, mucho más atractivas que en Argentina. Entonces regresó sólo para poner sus asuntos en orden y volvió a Japón.
Escogió el camino laboral porque no sentía atracción por la carrera académica. Hoy lleva adelante una nueva empresa de traducciones asociada con una amiga japonesa.
SY había abandonado la carrera de bioquímica y estaba tomando un curso de programación cuando sus padres le sugirieron que viajara a Okinawa. Nos cuenta que se sentía desorientada, y estaba sin trabajo.
Estuvo en Okinawa entre 1986 y1987, dedicándose a estudiar el idioma. Al año regresó y se empleó en una compañía de seguros médicos privada en Buenos Aires. No tenía intención de regresar a Japón, pero en 1990, cuando su padre, estaba de viaje por Japón, sufrió un ataque de presión y debió ser internado. Los médicos indicaron la necesidad de intervenirlo quirúrgicamente y entonces viajaron desde Argentina primero su esposa y luego SY. La estadía en Japón fue prolongándose, de modo que decidió comenzar a trabajar. Tras una etapa como practicante en una compañía privada okinawense, pudo ingresar a la universidad y terminar su licenciatura en Cultura Internacional. Tras su graduación consiguió trabajo en una fundación, vinculada con la gobernación. El año pasado su padre finalmente fue dado de alta y regresó a Argentina con su madre. SY aún permanece en Okinawa, porque no quiso dejar abruptamente su trabajo, pero al preguntársele sobre sus planes, menciona que aún no lo ha decidido y lo que si persigue es un trabajo estable.
MI llegó de Argentina en 1988 con el objeto de aprender danzas tradicionales, obtener el grado de maestra y poder ejercer en Argentina. Le gustaba y pensó que no sería muy difícil, pero al llegar se enteró que requeriría más años de los que pensaba. En su camino conoció a quien es hoy su esposo. Con él tuvo cinco niños. La más pequeña ha nacido hace unos meses y por eso actualmente se dedica solamente a su hogar y a sus hijos. Ahora su madre también vive con ellos en un pequeño apartamento en Naha. ella estudio el idioma desde pequeña y si bien no lo hablaba cuando llegó, ahora no tiene problemas de comunicación. Con su madre a veces emplea el español y comenzó a enseñarles a sus hijos, pero a ellos no les interesa demasiado.
Ella suele preparar platos argentinos y a sus chicos les gusta mucho. Nos cuenta que los niños le dan mucho trabajo pero cuando esta por perder la paciencia escucha cassettes de un cómico argentino, Jorge Corona, y con ello se descarga.
Aunque viven en un pequeño y modesto departamento podemos ver que ha podido formar una familia feliz, libre de los tremendos complejos y complicaciones de muchas familias de clase media japonesa.
Consideraciones finales.
Los japoneses que eligieron Argentina como destino conservaron consciente o inconscientemente, su identidad japonesa adquirida. Sus hijos nacidos y educados en Argentina, adquirieron la cultura del país de adopción de sus padres. Al viajar al Japón muchos de esos hijos comprobaron que no eran japoneses, que si bien en su identidad había elementos de la cultura de sus padres adquiridas en su hogar, ya formaban un grupo diferente.
Al observar entre las personas entrevistadas, la época en que han viajado al Japón, podemos señalar dos etapas diferentes. Desde mediados de la década de 1970 hasta mediados de los 80 observamos la llegada de emigrantes de pos guerra que decidían regresar. En este grupo también debemos incluir a aquellos que pidieron fondos a sus familiares en vista de que el desarrollo japonés ofrecía mejores oportunidades de trabajo. La guerra de Malvinas constituye un ingrediente adicional, en el sentido de que aquellos que tuvieron la experiencia de la guerra y los duros años de la reconstrucción no estaban dispuestos a tener que pasar nuevamente por lo mismo.
En cambio el grueso del grupo que llega a partir de 1990, se trata principalmente de nikkei descendientes de inmigrantes de pre guerra, más distantes de los familiares residentes en Okinawa, quienes en general buscaban mejores ingresos y una vida más tranquila, lejos de la inseguridad económica y social de la Argentina.
Común a ambos grupos son las familias divididas, con miembros que prefieren de todos modos vivir en Argentina. En todos los casos recogidos se menciona la presencia de miembros que residen en el otro país y con quien continúan manteniendo comunicación periódica.
En el caso de los nisei o issei que partieron de Japón siendo todavía niños y retornaban de adultos es donde se observa que poseían una imagen idea de la vida en Japón y luego se han desilusionado. Esto es mucho más claro en el caso de los que vinieron durante la década de 1970. La rápida transformación y japonización de Okinawa ha contribuido a acortar las diferencias entre la imagen previa y la real.
La mayoría ha realizado trabajos temporarios no calificados durante los primero años, pero enseguida han conseguido mejorar su condición laboral y socioeconómica general.
Es común que tanto entre japoneses con largos años de residencia en Argentina, como los nikkei argentinos conserven el hábito de preparar comidas típicas, pero es menos marcada la costumbre de guardar objetos materiales que recuerden el pasado en Argentina. Si buscamos indicios acerca de ese pasado, es más probable advertirlo en ciertas costumbres como la reunirse para comer o tener largas sobremesas. Más que las celebraciones nacionales dentro de la comunidad (como el día de la madre o el de la independencia entre los peruanos), se inclinan por reuniones o fiestas privadas.
En general recuerdan sus días en Argentina con añoranza positiva. No demuestran demasiado apego con su pasado y ello refuerza la idea de que una de las características de los argentinos es la mayor flexibilidad que les permite una más rápida integración a la sociedad receptora. El empleo de la educación como medio para mejorar su situación socio - económica es significativo.
Como particularidad del caso de los okinawenses es la importancia de los lazos sanguíneos. El retorno de familias enteras por tratarse del caso del primogénito o heredero de una casa, incluso al costo del sacrificio de la educación de todos sus hijos o el desmembramiento, es destacable. Pero por otro lado esto pone al descubierto la existencia de un puente invisible entre Okinawa y los emigrantes en Argentina.
A cerca de la nacionalidad, en la mayoría de los casos no posee mayor importancia que el carácter instrumental, una mayor comodidad para poder ingresar al país. Dado que el principio de jus solis rige a la nacionalidad y al parecer no es posible renunciar, el gobierno argentino no objetaría la doble nacionalidad y en el caso japonés no exige la renuncia formal, aunque para el caso de los menores de 18 años con padres japoneses, deben optar por una al cumplir la mayoría de edad.
Al final de esta etapa de nuestro estudio fue posible concluir provisoriamente lo siguiente:
El estudio del caso de los argentinos descendientes de japoneses en Japón, nos ha permitido reunir material complementario para poder inferir qué clase de problemas pudieron haber enfrentado los inmigrantes japoneses de preguerra en Argentina y también sus hijos que regresaron tempranamente al Japón.
La estrategia adoptada por los inmigrantes japoneses de preguerra en Argentina, en su adaptación a la sociedad receptora, se reproduce en los argentinos en Okinawa, quienes tras una primera etapa de cooperación y asociación pronto se abren camino independientemente integrándose a la sociedad receptora.
Los fuertes vínculos entre ambos destinos nos pone ante el caso de una cadena migratoria contínua que ya lleva más de 90 años en funcionamiento y si bien la dirección del flujo principal se revirtió no se puede descartar completamente que en un futuro vuelva a cambiar su dirección y se ramifique.
En una siguiente etapa se observará qué sucede en el caso de la inmigración proveniente de otras prefecturas. Aunque por el actual rápido desarrollo de las relaciones y el intercambio cultural internacional, las prefecturas estén ofreciendo programas para un más activo intercambio con sus coterráneos ya radicados en distintos países del mundo, sería interesante observar qué sucede a nivel de individuos.
Más allá del carácter meramente instrumental que la nacionalidad posee para algunos de los entrevistados, comprobamos en cierta medida que no es posible dejar de considerar a la identidad nacional como un factor que puede favorecer o retrasar la integración a la comunidad receptora.
Será necesario entrevistar a otros miembros de las familias migrantes y a los que han quedado en la Argentina, para verificar sus motivaciones para elegir uno u otro destino.
Cecilia Onaha
Universidad Nacional de la Plata
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