¿Donde viven los loros?


Existen en todo el mundo muchísimas especies de loros, más de 300 loros distintos y, según algunas fuentes, incluso más de 350 clases diferentes de estas aves.

En general, los loros (o mejor dicho, las psitácidas) pueblan las zonas tropicales del planeta del hemisferio sur.

La cotorra del Himalaya (Psittacula himalayana) que vive en el sur del Asia, en Afganistán, Pakistán, Nepal y la India es el loro que vive más al norte, mientras que la especie que llega más al sur es la cotorra austral (Enicognathus ferrugineus) ya que vive, en Chile, Argentina y las Islas Malvinas desde los andes hasta la tierra del fuego en la Patagonia chilena y argentina, en el extremo sur del continente sudamericano.

Donde hay más loros es en América del Sur y en Australia.
Sin embargo, también podemos encontrar estas aves en América Central, África (excepto la zona norte), en el sur de Asia y en algunos puntos de la Península Arábiga.

Por otra parte, en América del Sur, viven las amazonas o loros verdaderos. Así por ejemplo, el loro amazónico (Amazona amazonica) se encuentra en Sudamérica, en el Brasil, Bolivia, Colombia, Venezuela, Trinidad y Tobago, las Guayanas, Ecuador y Perú y las islas de Trinidad y Tobago.


En América del Sur, también podemos encontrar a los grandes y bellos loros, los guacamayos.
El guacamayo verde o guacamayo militar (Ara militaris) se encuentra en la franja oeste de América del Sur, desde Argentina hasta Colombia. Además, también vive en México.
El guacamayo jacinto vive sobre todo en el Brasil, en la parte sur fundamentalmente, en menor importancia se encuentra en los países vecinos Bolivia y Paraguay en su parte circundante a Brasil, es decir en la zona este y nordeste de ellos, respectivamente.
El guacamayo de alas verdes (Ara chloroptera) vive en la mayor parte en América del Sur ocupando la zona oeste, incluido Venezuela y Brasil, desde Colombia, hasta la zona norte de Argentina. Sin embargo, también se encuentra en el país más próximo a Sudamérica de América Central, Panamá, pero solo vive en la zona oriental de este.

En América del Norte, también viven algunos loros pero el número de loros en este lugar del planeta es más bien escaso. El loro de pico grueso o cotorra serrana occidental (Rhynchopsitta pachyrhyncha) vive en México y en el Suroeste de los Estados Unidos (Arizona) después de una reintroducción en este último país (se había extinguido en este lugar).

En África, como en América del Norte, también hay pocas especies de loros, aunque algunas más que en el continente norteamericano.
El loro gris africano (Psittacus erithacus) se distribuye por toda África Occidental y Central. En la parte oriental de África se puede ver también el loro gris africano, excepto en Etiopía, Sudán y Somalia. La distribución natural de este loro se extiende hacia el sur hasta Angola. Por lo tanto, esta especie se le puede encontrar en muchos países, como el Congo, Nigeria, Costa de marfil, Guinea, Kenia, Tanzania, República Centroafricana etc.
El loro del Senegal (Poicephalus senegalus) vive en la parte occidental de África, desde Mauritania hasta Camerún.
Los agapornis o loros inseparables son también africanos. El inseparable de cuello rojo (Agapornis roseicollis) vive en la parte oriental del sur de África, en los países de Angola, Namibia, Botswana y República sudafricana.

Las cacatúas son propias del continente oceánico, además de encontrarse en el sureste asiático en las Filipinas.
La cacatúa de moño amarillo (Cacatua galerita) vive en el norte y oeste de Australia, en Papúa Nueva Guinea y en Indonesia.
Las carolinas (Nymphicus hollandicus) viven en Australia a lo largo por todo el interior insular.
Los periquitos (Melopsittacus undulatus) son de distribución similar a las carolinas, viven en toda Australia, salvo la zona costera,
El periquito rosella vive en el sudeste de Australia y Tasmania. Incluso también en Nueva Zelanda, zona donde ha sido introducido el periquito rosella.

Las cotorras, como los guacamayos o los amazonas, viven en el continente americano, en Sudamérica mayoritariamente.
La cotorrita coliparda (Pyrrhura melanura) vive en el norte de Sudamérica, en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil.
La cotorra dorada (Aratinga guarouba) vive en el brasil, la parte noreste.
La cotorra argentina vive en América Central, en Puerto Rico pero también en América del Sur, en Bolivia (el sur), Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina (zona norte).

Muchos loros viven en los bosques tropicales húmedos, pero no todos son de lugares lluviosos y húmedos como las selvas tropicales ya que en Australia, así como en muchas zonas de África viven en lugares poco vegetados y más bien secos.
El agapornis cabeza de melocotón (Agapornis roseicollis) es originario de las zonas secas de África próximas a desiertos con poca vegetación, excepto arbustos y algunos árboles, como acacias, pero siempre cerca del agua.
El periquito australiano vive en los pastos secos, las sabanas de eucalipto y acacias y en zonas donde haya cultivos, pero como el inseparable de cuello rojo nunca muy alejado del agua.
El periquito rosella vive en las sabanas abiertas y pastos también de Australia.

Varias especies de loros se han adaptado a vivir en los ambientes artificiales creados por el hombre, como parques y jardines.
Incluso existen algunas especies de loros que viven en zonas donde antes no se encontraban gracias, entre otras cosas, a la presencia de los parques y jardines de las ciudades. Este es el caso de la cotorra argentina que vive en los parques y jardines de España, pero también ha sido introducido en los Estados Unidos, en Guadalupe (las Antillas) y en algunos países mucho más alejados de su lugar de origen como Eslovaquia, país europeo mucho más cercano a Asia que España (Miopsittacus monachus), especie nativa de América del Sur o de la cotorra de Kramer, loro africano y asiático.
Los periquitos rosella (Platycercus eximius) también se les puede ver en los jardines y parques de las zonas residenciales. Incluso se le puede ver a este ave en los campos de golf.

loros

Igual como sucede en Europa, existen loros que, en sus países de origen, han encontrado en los parques y jardines un lugar ideal para cubrir sus necesidades de comida y tranquilidad.
La cotorrita tirica (Brotogeris tirica) o cotorrita de llano, que vive en la parte oriental del Brasil, es un loro bastante abundante en los parques y jardines de las ciudades del Brasil, incluso en la misma capital de São Paulo.
El amazona de frente amarilla o loro real (Amazona ochrocephala), que vive de forma salvaje en los bosques tropicales de México, Panamá, Colombia, Venezuela, Guayana, el norte de Bolivia, la parte oeste del Perú y el Norte de Brasil, de forma regular visitan las zonas residenciales de las ciudades para descansar y alimentarse de los frutos de los árboles de los jardines y de los cultivos de estas.
En Australia, es la cacatúa rosa o galah (Eolophus roseicapillus) la que vive en pueblos y ciudades; ciudades que pueden ser muy grandes, como Melbourne, una de las ciudades más pobladas de Australia.

Aunque no es frecuente, en zonas montañosas o muy montañosas, también se pueden encontrar algunas especies de loros. La cotorrita de Derby o cotorra verde china (Psittacula derbiana) vive en las selvas lluviosas de las montañas del Tíbet, además de encontrarse también en la parte oeste de China y la India. En las montañas boscosas de las Filipinas, vive el lori arco iris de Johnstone (Trichoglossus johnstoniae). La catita andina (Bolborhynchus orbygnesius) vive en las montañas del Perú y el norte de Bolivia de más de 3000 m de altura.


Algunos loros viven en zonas muy amplias del planeta que abarcan incluso continentes distintos. El caso más ejemplar es el de la cotorra de Kramer que es originaria de la mitad norte de África y la parte suroccidental de Asia, y ayudado por la mano del hombre también encontramos a este loro en ciudades europeas y en el sureste de Asia.
La cacatúa rosa vive en toda Australia y en Tasmania. De hecho, es una de las cacatúas que podemos encontrar en una zona mas amplia del mundo.

En contraposición a la cotorra de Kramer, que es el loro que tiene una mayor área de distribución del mundo, tenemos especies concretas de loros que solo viven en una isla determinada y, muchas veces, de pequeño tamaño o en zonas muy concretas del mundo.

En el primer caso, tenemos al loro de frente amarilla o coré (Poicephalus flavifrons) que sólo vive en Etiopía o el agapornis de Fisher que es originario de la zona norte de Tanzania, aunque actualmente también se encuentra en los países vecinos de Rwanda, Burundi y Kenia, posiblemente por la puesta en libertad de ejemplares de esta especie mantenidos en cautividad en dichos países.
El inseparable enmascarado (Agapornis personatus) también vive de forma salvaje en Tanzania, y además en Burundi y Kenia a raíz de introducciones.
La cotorra de cuello blanco (Pyrrhura albipectus) es endémica del Ecuador, aunque actualmente sólo se encuentra en una zona muy pequeña del sur.
El loro choroy (Enicognatus leptorhynchus) vive únicamente en los bosques de Chile.

Como ejemplo de loros que viven en islas, está el loro pigmeo de la isla de Ferguson o loros que viven en las islas de Nueva Zelanda llamados karakikís (Cyanoramphus spp), como el karakikí de frente roja (Cyanoramphus novaezelandiae) que sólo vive en las remotas islas de las Antípodas (al sur de Nueva Zelanda) o el karakikí de frente naranja (Cyanoramphus auriceps) que vive en toda Nueva Zelanda.
El amazonas de Santa Lucia (Amazona versicolor) sólo se encuentra en la isla de Santa Lucia, una de las pequeñas islas de las Antillas en el mar del Caribe.
El amazona de Cuba o amazona de cabeza blanca (Amazona leucocephala) vive en Cuba, las Islas Caimán y las Islas Bahamas.
La cacatúa blanca es nativa de las islas Molucas, y en general, de Indonesia.
La cotorra de Santa Marta (Pyrrhura viridicata) solo la podemos encontrar en estado salvaje en Colombia, y más concretamente sólo habita en la Sierra Nevada de Santa Marta, situada al norte de este pais.

Características de los loros

A pesar de que las cotorras y las cacatúas son aves distintas a los loros, en múltiples ocasiones, la gente les menciona con el mismo nombre por sus grandes similitudes.
De hecho, en biología, los loros se agrupan dentro de la familia de las Psitácidas y en este grupo de aves también forman parte las cotorras, las cacatúas, los guacamayos, además de los agapornis o inseparables, los periquitos, los loris, las amazonas y los loros africanos.
Sin embargo, existe bastante confusión entre los términos loro, guacamayo y papagayo, hasta el punto que, a la práctica, se emplean indistintamente para referirse a las aves psitácidas.

Los loros o papagayos, son unos animales muy inteligentes, capaces de reproducir sonidos que oyen de su entorno, a veces, multitud de sonidos, y de pronunciar palabras, e incluso, frases enteras.
El mejor imitador del habla humana es el loro gris africano o yaco. Los amazonas son otros loros con grandes dotes para el habla. Las cacatúas, en cambio, es más difícil que aprendan a hablar. Aunque está misma virtud, en alguna ocasión, puede llegar a convertirse en un verdadero inconveniente cuando conviven estos animales con nosotros.
La capacidad de hablar de los loros como los humanos es posible gracias al gran desarrollo del cerebro. La forma típica de la lengua de los loros musculosa y muy móvil también contribuye a que los loros puedan hablar.
Los loros son los únicos animales que saben hablar como los humanos.
Aunque los loros no conocen el significado de las palabras que pronuncian, si que son capaces de decirlas en la situación adecuada porque saben asociar una determinada frase en una situación concreta.

Junto con su inteligencia, equiparable a los animales más inteligentes, como los primates, los loros también son conocidos por su belleza basada en plumajes de vivos y llamativos colores.

A diferencia de otros pájaros, la lengua del loro es redonda, carnosa y muy movediza. La utilizan con gran habilidad para extraer la carne de las semillas, su principal fuente de alimentación. Además, la lengua de los loros les sirve para proferir una gran variedad de sonidos que utilizan para comunicarse entre si los loros que viven en grupo y se encuentran entre el follaje espeso de la selva. En cautividad, gracias a la lengua especial de loros y a su gran inteligencia pueden aprender a hablar.
Sin embargo, los loros, cuando viven de forma salvaje, no imitan a otros animales.

Los loros tienen un poderoso pico curvado para romper la dura cascara de su alimento más habitual, las semillas y frutos, algunos tan duros como los de las palmeras.
Con el pico, los loros acostumbran a desplazarse de rama en rama. Para facilitar esta tarea, los loros pueden abrir mucho el pico gracias a la gran movilidad de la mandíbula superior.
Aunque parecido al de las aves rapaces, el pico de los loros es más corto y curvado, ya que la función que desempeña esta estructura es muy distinta a las aves de presa. El pico de las aves de rapiña está especializado en la dieta carnívora y diseñado para matar a sus presas y separar la carne de la piel, mientras que el pico de los loros está adaptada a una dieta exclusivamente herbívora (si descontamos los insectos que comen ocasionalmente estos animales).

Los dedos de los loros están dispuestos de dos en dos, dos hacia adelante y dos hacia atrás. Esta característica les permite agarrar objetos con una gran habilidad, algunos de ellos pequeños como las pequeñas semillas con las que se alimentan los periquitos y cacatúas.
En contrapartida, por el suelo estas aves son muy torpes.

Los loros son animales con una cabeza más bien grande, lo que les da una gran capacidad craneal para albergar un cerebro bastante desarrollado.

La lengua de algunos loros, los loris, es rugosa porque tienen unas papilas que les sirve a los loros para recoger el néctar y el polen de las flores de las que se nutren. Además, estos loros tienen la lengua más larga que el resto.
Para el resto de loros, aquellos que se alimentan de una gran cantidad de semillas, con la lengua fuerte y prensil consiguen colocarse las semillas de cascara dura en la posición correcta para abrirlas y comer su interior. La lengua, ademas sirve para separar la carne de la semilla de la cascara.


loros

Los loros son animales que viven en grupos, en colonias o en parejas, pero raramente viven solos, puesto que se trata mayoritariamente de animales sociales. En estos animales, la monogamia es muy común, una misma pareja de loros es para toda la vida.
Existen en Australia algunas especies de loros que pasan su vida en solitario. Este es el caso de el periquito terrestre, el loro nocturno o el kakapo.
El kea (Nestor mirabilis) marca otra excepción. Aunque la mayoría de loros son monógamas, el kea o kaká es polígamo. El kakapo no forma pareja estable, sino que, cuando llega el periodo de reproducción, varios machos se agrupan en lo que se conoce como leks para atraer a una pareja.

Los loros normalmente hacen sus nidos en el hueco de los árboles o escondidos entre las rocas.
Sin embargo, la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) hace el nido bien visible y de gran tamaño en compañía de otras parejas de su misma especie. Los nidos de la cotorra argentina son comunitarios, pero cada pareja tiene su propia cámara de cría.
Los loros nocturnos de Australia de costumbres terrestres, como el kakapo, el periquito nocturno o el loro nocturno, construyen sus nidos en el suelo.
El loro barranquero o loro tricahue (Cyanoliseus patagonus) hace el nido también en el suelo, en las paredes de los acantilados practicando él mismo el agujero con el pico hasta formar una galería de una profundidad máxima de 3 metros.

Los loros efectúan una puesta de entre 2 y 5 huevos, salvo en los loros más pequeños que la hembra puede poner hasta 7 u 8 huevos.Normalmente, es la hembra quien se encarga de la incubación de los huevos. En la mayoría de las especies, salvo los guacamayos de gran tamaño, la incubación dura unos 20 días; hasta 5 semanas para los grandes guacamayos.

Las crías de loro tardan mucho tiempo en desarrollarse. El plumaje de adulto, por ejemplo, no lo adquieren hasta los 4 años en algunas especies, aunque también hay otros loros que al cabo de pocos meses de abandonar el nido ya tienen el plumaje final. Las crías nacen aun por desarrollarse ciegos y sin plumas en el cuerpo, excepto un poco de plumón blanquecino en la espalda. Los loros pertenecen a las especies de aves nidícolas.
Pueden estar en el nido, según el tamaño del loro, entre 1 y 4 meses. Los guacamayos son las especies que más tardan sus crías en abandonar el nido.

Los loros son, en general, animales diurnos. Pero no están activos estos animales durante todo el día, sino que evitan moverse mucho durante las horas de máxima calor del mediodía. Es en estos momentos cuando se les puede ver descansando en los árboles. Por la mañana y ya al atardecer es cuando los loros se muestran más activos aprovechando este tiempo para desplazarse a los puntos de comida. En estos momentos del día es cuando mejor se pueden ver a estas aves volar los cielos de las selvas tropicales.
Aunque la mayoría de loros son diurnos, algunos pocos loros duermen por el día y están bien despiertos por la noche, como el loro nocturno (Pezoporus occidentalis). El loro nocturno, una especie endémica de Australia, permanece, durante el día, bien oculto entre la vegetación ayudado por su plumaje mimético, de color marrón oscuro con manchas verdes y amarillas.
El periquito terrestre (Pezoporus wallicus) es otra especie de loro de hábitos nocturnos que está emparentada con el loro nocturno, ambas especies viven en Australia.
El kakapo (Strigops habroptilus) también es un ave nocturna, endémica de Nueva Zelanda, pero no está emparentado con los loros anteriores.

Como todas las aves, los loros, a pesar de tener unas alas cortas, son buenos voladores, sobre todo los loros de pequeño tamaño que vuelan rápidamente y siguiendo trayectorias muy rectas.
Sin embargo, los loros más grandes y pesados, como la cacatúa negra de las palmas (Probosciger aterrimus), tienen un vuelo mucho más lento. Los guacamayos, a pesar de su gran tamaño, vuelan bastante rápido.
Otras especies de loros, más pequeñas que los guacamayos o las grandes cotorras, tienen un vuelo ondulante donde el planeo se intercala con el batir de las alas.
El kakapo, en cambio, no sabe volar. Esta especie, que vive únicamente en Nueva Zelanda, es el único loro del mundo que no sabe volar y una de las pocas aves que no tiene esta facultad junto, entre otras pocos, con el avestruz y el kiwi.

Pese a las grandes semejanzas que existen entre las distintas especies de loros, guacamayos, papagayos (o resumiendo psitácidas), podemos encontrar algunas diferencias entre la gran variedad de este tipo de aves (existen más de 300 especies de loros en el mundo). La diferencia principal de los loros es el tamaño, hay loros muy grandes de hasta 1 metro de largo y algunos tan pequeños como los colibríes. No obstante, la coloración es una característica muy evidente de los animales y especialmente en estos, los loros, tiene una gran importancia. El colorido de los loros varia mucho según el tipo de loro (guacamayo, cacatúa, lori, cotorra, etc.), e incluso, de una especie a otra. Tampoco todos los loros son tan vistosos y bellos como los que estamos acostumbrados. Este es el caso de algunas cotorras de plumaje gris apagado.
La alimentación de los loros, aunque predominantemente basada en semillas y frutos, tiene algunas excepciones en algunas especies concretas de loros. Los insectos, el néctar y el polen, e, incluso la miel son algunos alimentos preferidos u ocasionales de algunos loros. En este grupo podemos mencionar a los loris que se alimentan del néctar y polen de las flores.
El lugar donde viven los loros o área de distribución, aunque con una restricción que los limita en las zonas tropicales del hemisferio sur, es muy heterogéneo y abarca distintos continentes con hábitats también diferentes a las selvas y bosques tropicales húmedos.

LOS GRITOS DE LOS LOROS Y DE LOS GUACAMAYOS


Hace muchísimos años, antes de que los españoles llegaran a estas tierras, los indígenas que habitaban en las regiones próximas a los bosques del norte pertenecían a razas menos civilizadas que las que vivían en el Cuzco, en el Perú, y estaban gobernados por los incas, los emperadores que creían ser descendientes del Sol.
Estos indígenas eran los quichuas, que habían llegado a un grado de adelanto muy grande, sólo comparable en América, con la civilización de los aztecas en México.
Se llegó a decir de ellos, que eran, más que un pueblo conquistador, un pueblo civilizador.
Los quichuas extendieron sus dominios en todas direcciones llegando en sus conquistas hasta el norte de lo que es hoy nuestro país.
Las tribus que vivieron próximas a esas regiones y que tuvieron conocimiento de la cultura y el grado de adelanto alcanzado por dichos indígenas, les pidieron su cooperación, a fin de elevar la suya, aprendiendo de ellos multitud de útiles conocimientos.
Fue así como estos indígenas, entre los que se hallaban los lules, los tonocotés y otros, solicitaran al gran Imperio de los Incas que se les enviaran algunos emisarios dispuestos a impartir sus prácticas enseñanzas.
Los incas accedieron a tan loable pedido destinado a cumplir una aspiración tan noble, enviando los maestros y objetos requeridos, que llegaron algún tiempo después.
Eran personas muy capaces que sabían labrar la tierra, realizar trabajos agrícolas, hilar y tejer la lana y el algodón, emplear la piedra en las construcciones, trabajar el oro, la plata y otros metales, y que poseían otros mil conocimientos muy útiles.
Al llegar, observaron que en casi todas las cabañas de los naturales se tenían en gran estima y se criaban loros y guacamayos, que ponían una nota de alegría con su plumaje vistoso de tan hermosos y brillantes colores y con los graciosos sonidos que salían de sus gargantas cuando querían imitar el lenguaje de sus dueños, que era el que se hablaba en la región.
Los enviados de los incas, por su parte, hablaban su propia lengua, y tuvieron que realizar grandes esfuerzos para llegar a entenderse con los naturales.
Esos loros y guacamayos, que por su condición de animales domésticos ocupaban un lugar en las cabañas, asistían a las lecciones impartidas por los quichuas a sus dueños, aprendiendo ellos al mismo tiempo y gracias a las sucesivas repeticiones, el nuevo idioma usado por los extranjeros.
Esta adquisición dio a esos loros y guacamayos la creencia de su superioridad sobre sus hermanos de la selva y trataron en toda forma de ponerla en evidencia.
Para ello, hacían sus escapadas al bosque donde eran muy bien recibidos por los que allí vivían en abundancia.
Bien recibidos y muy agasajados al llegar; no así cuando los visitantes, haciendo alarde de su sabiduría, les hablaban en quichua, lengua que los de la selva no habían oído jamás. Entonces, la cordialidad terminaba.
Era el momento en que estos últimos, corrigiendo a los visitantes, empleaban su propia lengua en un tono más alto, tratando de imponerse por la potencia de su voz, ya que carecían de razón.
No se amilanaban los recién llegados ante ese despliegue de energía, y ellos, por su parte, levantaban más aún la suya, con el mismo fin.
Dando pruebas de su falta de inteligencia, ninguno de los dos grupos cedía, de manera que, pasados algunos instantes, aquello era una algarabía de gritos ininteligibles, cada vez más intensos y destemplados, que convertían la amistosa visita en el más original y singular de los torneos.
Estos torneos recién terminaban cuando los visitantes, cargados con toda su sabiduría y presunción, emprendían el regreso a sus respectivas viviendas.
Desde entonces, según cuenta esta antigua leyenda, loros y guacamayos no se han puesto de acuerdo, todavía, en sus discusiones.
Es por esto que en los bosques, donde se hallan en abundancia, se sigue oyendo esa confusión de gritos estridentes con que, a falta de razón y de entendimiento, cada uno quiere imponerse a los demás.

Referencias

Los loros son aves trepadoras, en cuyo vistoso plumaje predominan los colores vivos: verde, amarillo, rojo y azul, y que se distinguen por la facilidad con que aprenden a repetir palabras.
Algunas especies tienen las plumas de la cola muy largas.
El pico es corto y grueso, duro, fuerte, de bordes cortantes. La parte superior, que es más larga que la inferior, está curvada hacia abajo y termina en una punta afilada. La parte inferior está curvada hacia arriba.
La lengua es recia, corta y carnosa. Los ojos redondos.
Las patas, que les sirven también de manos, terminan en cuatro dedos dispuestos para trepar.
Existen varias especies, entre ellas las que distinguimos con los nombres de papagayos, loros, araras o guacamayos, etc.
La especie más conocida de papagayo es verde, con algunas manchas azules y amarillas, y en el encuentro de las alas y en la extremidad de las dos remeras exteriores de cada ala tiene una mancha encarnada.
Los araras o guacamayos son aves propias de las selvas vírgenes de América, sobre todo de las cruzadas por ríos, dice el doctor Claus.
Tienen el tamaño de una gallina con el pico blanco arriba y negro por debajo. Las sienes son blancas.
Su plumaje, por demás vistoso, es rojo vivo en el cuerpo; el pecho azul y verde; las plumas exteriores de la cola son largas de un azul brillante; los encuentros, amarillos, y la cola, que es muy larga, es roja con las plumas laterales azules.
Poseen todos estos animales una voz fuerte y chillona; pero se distinguen por ser muy expresivos.
Llegan a imitar la voz humana y repiten palabras aprendidas, aplicándolas oportunamente.
Cuando se hallan reunidos en bandadas, todos gritan a la vez en forma por demás desagradable. "Es preciso haber vivido en los cálidos valles de los Andes para comprender cómo los gritos de las aras (abreviaturas de araraca, término guaraní con que se nombra a una especie de loro) pueden dominar por completo el mugido de los torrentes que se precipitan de roca en roca."
Schomburgk, citado por el doctor Claus, dice: "Animan la soledad, le dan vida, maravillando a la vez la vista y el oído."
El príncipe Wied, por su parte, impresionado por estos animales, se expresa así: "Al navegar por los ríos que atraviesan los bosques, por cerca de la costa, se ven magníficos loros, que se reconocen por su espléndido plumaje rojo, su larga cola y su voz, cuando batiendo lentamente sus alas cruzan el aire destacándose sobre el oscuro azul del cielo."
Los guacamayos cautivos fueron aves favoritas de los indios.
Humboldt dice: "Con admiración vimos araras domesticados en las chozas de los indios que corrían por los campos como entre nosotros las palomas.. Aquellos loros constituyen un verdadero adorno en los corrales indios, pues no les aventajan en belleza los pavos reales, ni los faisanes, ni los hocos. A Cristóbal Colón le chocó ya aquella manera de criar loros, aves tan distintas de las gallinas, y desde el descubrimiento de América observó que los indios comían con gusto araras o grandes loros, en vez de gallinas."
La condición de "charlatanes" de los loros ha dado motivo para que se hagan con él comparaciones. Así, de la persona que habla mucho, sin inteligencia ni conocimiento, se dice: "Habla como un papagayo", o: "Repite como un loro."